Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Raíces martiana de la cultura cubana (II)



Flora. Serie de René Portocarrero

La Revolución Cubana, triunfante el 1 de enero de 1959, encuentra una cultura nacional madura y activa, fecunda y representativa, que saluda el cambio y se une a él, acepta el reto y nuevas savias que vienen de lugares disímiles. Fue necesario aceptar el reto de alfabetizar a un pueblo, masificar la cultura y vestir al arte de campesino y obrero, para fecundar el árbol de lo cubano, sin olvidar que el reto era, “(…) injertar en nuestras repúblicas el mundo”, fuera cual fuera el mundo; y nuevas formas de ver la cultura y el arte llegaron en medio de las transformaciones y la cultura cubana creció, asimiló lo que le era útil porque “(…)el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”.

Un pueblo crecido en estos años de Revolución ha consolidado una cultura donde “el ejercicio de la soberanía nacional es la mejor escuela del espíritu, y del alma de un pueblo, el único medio de mantener despiertas sus virtudes cardinales”[1]

Donde puede considerarse que la cultura es una “(…) estructura asimiladora que digiere materiales extraños y que evolucionan sin perder por ello la conciencia de su identidad. Esa asimilación le enriquece y no puede afectar su destino”[2]

Estas palabras escritas casi cien años después de la definición martiana tiene el mismo objetivo de destacar la importancia de mantener las raíces de toda formación cultural como único modo de sobrevivir a los intentos hegemonistas de las culturas dominantes del primer mundo, dueñas de los medios de comunicación y vendedoras de modelos de consumo y patrones culturales para países de “menor desarrollo” cultural.

Esta concepción cultural de José Martí cobra mayor vigencia en esta época de “globalización”, “aldea global”, “mass cultura” y todo intento de la maquinaria desculturadora del capitalismo moderno, empeñado en hacer una versión sintetizada y sin grandes problemas, de la cultura humana en general y de las diversas variantes de la misma según las experiencias de vida de cada grupo humano.

La Revolución Cubana como obra y continuidad de las luchas y el pensamiento de José Martí, basa su política cultural en este dilema de intercambio cultural, no para dar la espalda al mundo sino interactuar con él, asimilar y dar, crecer en la fusión, pero teniendo claro cuáles son las raíces que deben prevalecer para conservar la identidad de una cultura, hija ella misma del intercambio, pero rica en peculiaridades que le dan signo de otredad y fuerza.

Toda cultura está en constante cambio, la nuestra adquirió con el proceso revolucionario una base de educación para todos que la enriquece y facilita la adquisición de conocimientos e incentiva la creación y el gusto por las artes, desechando las trabas que en la década del 70 y desde el poder se le quiso imponer a la cultura con patrones falsamente científicos de un realismo alejado de la realidad.

Otro cubano imprescindible, Fernando Ortiz, devela este fenómeno de fusión cultural que ha llevado al pueblo cubano a desarrollar una cultura mestiza, de muchos componentes, pero donde sobresalen dos grandes conglomerados culturales: los de origen ibérico, venidos con el conquistados y los de origen africano, mezclados a fuerza de dolor e incomprensiones a lo largo del desarrollo de una economía plantacionista que tuvo en el esclavo africano como principal mano de obra.

A este proceso de “trasculturación”[3], Fernando Ortiz lo comparó con el famoso “ajiaco cubano”, al que constantemente se le está añadiendo un nuevo condimento y ¿qué es este proceso, sino el mismo al que alude Martí en la frase citada, solo que para Martí esto se complementa con un componente ideológico fundamental, la defensa de la autenticidad para mantener la soberanía y la libertad, por eso “el tronco ha de ser el de nuestras republicas”, lo cual tiene una vigencia primordial en este siglo XXI, en el que se proclama la creación de una cultura universal, basada en el consumo de productos culturales, “fáciles de digerir” y alienadores de la condición humana: rica, compleja y en constante desarrollo.


[1] Cheikh Anta Diop: “Los tres pilares de la identidad nacional”, en Rev. UNESCO, Nº1 5/6, 1986

[2] Ídem

[3] Concepto acuñado por Ortiz para referirse a este constante intercambio y fusión cultural. “Contrapunteo del tabaco y el azúcar”, 1940.

Cultura, José Martí

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