Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Archivo de Enero, 2012

Una Revolución creadora



Puede que con machete

Haya que abrir la seda

Puede que algunas noches

Las estrellas no quieran salir

Puede que nuestros brazos

Se enrede la maleza

Pero a pesar de los pesares

Como sea ¡Cuba va! ¡Cuba va!

Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC

A la altura del 2012 la década de los 60s del siglo XX está a la distancia de medio siglo, medio siglo que para Cuba han significado un largo período de confrontaciones y transformaciones de su sociedad en busca de construir un país más justo para su población, herejía levantada a 90 millas de las costas de la potencia más poderosa del mundo, que ha hecho todo lo posible por esconder la realidad de Cuba, desprestigiar la nobleza del proceso revolucionario y crear cuanto obstáculo le es posible para impedir el avance de esta isla rebelde, cuyo pueblo en mayoría sigue creyendo en la posibilidad de un sociedad más justa, equitativa e independiente.

Al iniciarse el año de 1960 los líderes cubanos están dispuestos a seguir adelante con las transformaciones estructurales que necesita el país. Enfrentan a una oposición poderosa y violenta encabezada por la oligarquía nacional y el gobierno de los Estados Unidos, que apoyan los grupos de alzados contrarrevolucionarios que ya están en acción en muchas partes del país.

El 13 de febrero de 1960 llega a Cuba la primera delegación de alto nivel del Gobierno de la Unión Soviética encabezado por el vice-premier Anastas Mikoyan, quien firma en La Habana un convenio comercial que incluye la compra de más de 400 mil toneladas de azúcar en el año 1960 y un millón de toneladas en 1961 y hasta 1965. La parte cubana adquiere en la Unión Soviética, maquinarias e insumos para la economía de la isla, para realizar estas compras el gobierno soviético concede a Cuba un crédito de 100 millones de dólares al 2,5 % de interés anual.

Mientras el gobierno de los Estados Unidos arrecia su campaña para lograr la condena y el aislamiento de Cuba en el ámbito latinoamericano, al tiempo que aplica medidas punitivas contra el país por el “peligro que representaba su gobierno”.

La dependencia económica de Cuba de los mercados yanquis es utilizada por el gobierno de ese país para dificultar los suministros de combustibles a la isla. Ante esta situación el Gobierno Revolucionario acepta la oferta de la Unión Soviética de enviar petróleo a Cuba, en el mes de abril de 1960 llega el primer barco con el combustible ofrecido y las compañía extranjeras dueñas de la refinería del país, se niegan a refinar el crudo ruso, por lo que el estado cubano en acto de legítima soberanía, decide intervenir estas plantas el 1º de julio , iniciándose una cadena de confrontaciones directas con las compañías extranjeras radicadas en la isla, en su mayoría estadounidenses.

La reacción del gobierno de los Estados Unidos fue la suspensión de la cuota azucarera cubana en el mercado norteamericano, 2 de julio de 1960, cuota que de inmediata fue asumida por los soviéticos. La cuota azucarera cubana en el mercado norteamericano tenía un peso vital en la economía cubana y la supresión de esta era un duro golpe al país. Se iniciaba el bloqueo económico como medida coercitiva para rendir por hambre al pueblo cubano.

La contra-respuesta cubana contundente y radical, el 6 de agosto se dispone la nacionalización de las compañías: Cubana de Electricidad, Cuban Telephone Company, las empresas petroleras Esso, Texaco y Sinclair y los 36 centrales azucareros propiedad de estadounidenses en Cuba. La resolución establecía la indemnización del 2 % anual de los bonos que vencería a los 50 años.

Pasaban a manos del estado cubano propiedades que alcanzaban un valor superior a los 700 millones de dólares, lo que agudizó la confrontación entre la Revolución Cubana y su principal enemigo el gobierno de los Estados Unidos.

Ese mismo mes de agosto los Estados Unidos logran una declaración de condena a Cuba en la reunión de Cancilleres de la Organización de Estados Americanos (OEA) efectuada en San José, Costa Rica; la delegación cubana se retira y la respuesta llega de forma multitudinaria cuando el 2 de septiembre el pueblo aprueba la Primera Declaración de La Habana, leída por Fidel Castro y en la que se hace una clara denuncia a la situación de explotación imperante en los países de la América Latina.

El 26 de septiembre Fidel viaja a Nueva York para hablar ante la Asamblea General de Naciones Unidas, allí denuncia las agresiones terroristas que parten de territorio norteamericano y el apoyo y abrigo que ese gobierno daba a las bandas contrarrevolucionarias y a la reacción interna. En el acto de recibimiento a Fidel en La Habana, el 28 de septiembre, en respuesta al incremento de sabotajes y acciones contra la revolución, Fidel anuncia la creación de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), la organización más dinámica y popular de la Revolución, base del sistema participativo defensivo y ejecutivo de la Cuba revolucionaria.

La fuerte oposición del bloque oligárquico y las dificultades que crean a la economía nacional con sus sabotajes, llevó al Gobierno Revolucionario a promulgar la Ley 890 del 13 de octubre de 1960, que nacionaliza 382 empresas de capital nacional, que incluye 105 centrales azucareros, fábricas, ferrocarriles, grandes almacenes, centrales eléctricas y otros importantes objetivos económicos. Con esta medida se estataliza el grueso de la economía de capital cubano, lo que unidos al completamiento de la nacionalización de las propiedades norteamericanas en Cuba, el 24 de octubre, afianza el control estatal sobre la economía nacional.

Como respuesta a tales medidas se produce un recrudecimiento de los sabotajes y enfrentamientos dentro del país, mientras en el plano internacional los Estados Unidos establece un sistema de sanciones (bloqueo económico) que implica a terceros países. Cuba se ha visto privada de sus mercados tradicionales de los cuales dependía de una manera desproporcionada, provocando que la economía cubana tuviera que sustituir su tecnología industrial, equipamientos, maquinarias agrícolas, etc., por suministros procedentes de la Unión Soviética y los países socialistas europeos. Con ello pudo sobrevivir al bloqueo, pero no pudo evitar la gestación de un nuevo mecanismo de dependencia que a la larga afectaría no solo desde el punto de vista económico, sino político.

Después del fracaso de la conspiración del presidente dominicano Rafael Leonidas Trujillo para derrocar a la Revolución Cubana a finales de 1959, fueron apareciendo en la zona del Escambray, en la entonces provincia de Las Villas, grupos de alzados, alentados por elementos resentidos del II Frente Escambray, que no estaban de acuerdo con el proceso radicalizador revolucionario y desde el primer momento trataron de frenarlo y sabotearlo.

Esas bandas contrarrevolucionarias recibían avituallamiento logístico de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), a través de organizaciones opuestas a la Revolución. En los meses finales de 1960 se produce un incremento de estas actividades armadas en el Escambray que fueron frenadas por una amplia ofensiva en los primeros meses del año 1961 por fuerzas conjuntas de las milicias y las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), que derrotaron o dispersaron a estos grupos armados.

En enero de 1961 el gobierno de los Estados Unidos rompe sus relaciones diplomáticas con Cuba y prioriza un plan de invasión directa al país por fuerzas mercenarias entrenadas por la CIA y que tenían por misión el establecimiento de una “cabeza de playa” para instaurar un gobierno provisional que pidiera la intervención militar directa del gobierno de Estados Unidos para derrocar a la revolución Cubana.

El 15 de abril de 1961 aviones mercenarios procedentes de bases en Nicaragua y con insignias de las FAR, bombardean los aeropuertos de Ciudad Libertad en La Habana, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba, con el objetivo de destruir la mayor parte de los pocos aviones de combate con los que disponía la Revolución.

Al día siguiente, 16 de abril, en la despedida de duelo de las víctimas de los bombardeos, Fidel proclama el carácter socialista de la Revolución, como colofón a la radicalización ascendente que vive el proceso revolucionario.

Se declara la movilización general, la dirección de la Revolución comprende que está en marcha una agresión directa y al amanecer del día 17, una fuerza de tarea formada por cerca de dos mil hombres, reclutados entre los exiliados cubanos y conformada en su gran mayoría por antiguos soldados batistianos y afectados por las leyes revolucionarias, desembarcaron por la Bahía de Cochinos, al sur de la provincia de Matanzas.

La respuesta fue contundente, todo el país se puso en pie de guerra y miles de milicianos marcharon a sus trincheras dispuestos a repeler cualquier golpe, interno o externo. Mientras en la zona del desembarco el combate fue sin tregua desde que los invasores pisan tierra y en menos de 72 horas las milicias junto al Ejército Rebelde y la Policía, con la dirección en la primera línea de Fidel, derrotan a los mercenarios.

El golpe fue tan demoledor que el presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy, acepta su responsabilidad directa en los hechos.

Tras la derrota de los invasores los grupos contrarrevolucionarios del Escambray se reorganizan, pero sin lograr la unidad bajo un solo mando. La baja catadura moral de sus integrantes, sus ambiciones personales más el efectivo y decisivo enfrentamiento de las fuerzas revolucionarias, lo impidieron.

Operaban en bandas pequeñas de gran movilidad, apoyadas por campesinos de la zona, comprometidos con ellos por vínculos familiares o por miedo. Su táctica era atacar a la población civil que no cooperaba con ellos, asaltaban a milicianos aislados tratando de sembrar el terror y la desmoralización en los pobladores de la zona, evitando el combate directo con las fuerzas armadas, lo que da la catadura moral de estos hombres y sus cabecillas.

La composición social de estos alzados era principalmente de desclasados de todo tipo: lumpen proletario, testaferros de los antiguos oligarcas, antiguos soldados de la dictadura y otras lacras sociales, condenadas a desaparecer con la revolución.

En 1962 las autoridades cubanas deciden dar una batida definitiva a los bandidos en el Escambray, para ello en principio trajeron a la zona fuerzas de milicias de otros territorios del país pero, dado lo costoso de este proceder, la falta de especialización en la guerra irregular en estos intrincados parajes y el desconocimiento de la zona, se decidió en junio de 1962 crear el Buró y las Tropas de Lucha Contra Bandidos(LCB), integrada por hombres de la región, con conocimientos del territorio, entrenados y armados, lo que unido a su valor personal y alta moral combativa, permitió ir batiendo a los diseminados grupos que afectaban la serranía del Escambray.

Durante este año de 1962 se acrecentó la agresividad de los enemigos de la Revolución, encabezados por el gobierno de los Estados Unidos. Cuba continuó en pie de guerra, mejorando cada día más su capacidad combativa, reorganizando sus fuerzas armadas, con un moderno equipamiento bélico y asesoría de militares soviéticos.

El apoyo soviético incluyó la gradual y riesgosa instalación en Cuba de misiles estratégicos de mediano alcance con cabezas nucleares, atendidos directamente por las fuerzas militares de ese país. Secretamente fueron llegando a Cuba durante el año 1962, con autorización del gobierno de Cuba que estaba convencido de la posibilidad de una agresión directa de los Estados Unidos.

El descubrimiento de esta operación en octubre de 1962, por los organismos de inteligencia norteamericanos, provocó que el presidente Kennedy decretara el bloqueo naval y aéreo de la isla para impedir que continuaran llegando los misiles y con ellos cualquier ayuda al país.

La tensión en el área del Caribe subió al máximo, en Cuba se decretó la movilización general de todas las fuerzas, igual paso dieron los soviéticos y el mundo se vio abocado a un imprevisible choque entre las dos mayores potencias nucleares de la época, en un episodio que ha pasado a la historia como la “Crisis de Octubre” o “Crisis de los Misiles”.

Con al mediación de las Naciones Unidas, los Estados Unidos y la URSS iniciaron conversaciones sin la presencia de Cuba; por su parte el gobierno cubano proclama a través de su Primer Ministro Fidel Castro su derecho a defenderse, proponiendo una plataforma de entendimiento de cinco puntos, que abarca desde el cese del bloqueo económico, fin de las actividades subversivas contra la Revolución y la retirada de los Estados Unidos de la ilegal base naval de la bahía de Guantánamo.

Los cinco puntos cubanos no fueron tomados en cuenta por las grandes potencias que se atuvieron a garantizar su seguridad interna con la retirada mutua de misiles de corto alcance de las fronteras de ambos y una promesa formal del gobierno de los Estados Unidos de que no agrediría directamente a Cuba, a cambio de la retirada de los cohetes nucleares de la isla.

La Crisis de Octubre provocó una aguda divergencia entre el Gobierno Revolucionario de Cuba y las autoridades soviéticas. Cuba no estuvo de acuerdo en la manera en que se manejó la crisis, ni con las frágiles garantías que daba el gobierno de los Estados Unidos, por lo que sus relaciones con la dirección de la Unión Soviética, aunque siguieron siendo cordiales, se enfriaron.

La dirección de la Revolución llegó al convencimiento realista y objetivo de que la defensa de la soberanía nacional y las conquistas alcanzadas por el pueblo, pasaban por su capacidad de defenderse.

Historia

“El misterio que nos acompaña”


El 26 de enero de 2012 se inaugura la exposición del pintor y escultor cubano Kamil Bullaudy quien propone cinco telas de gran formato dedicadas a José Martí, junto a seis esculturas de hierro, su singular propuesta estará en la sala de exposiciones del Museo Casa Natal de José Martí hasta el mes de marzo de este año.

A continuación reproducimos las palabras del catálogo que acompaña la exposición:

Autor: Kamil Bullaudy Rodríguez

Técnica mixta, óleo/tela, esculturas de hierro.

“Interpretar a Martí es tarea que muchos se proponen y pocos logran; controversial, polifacético, contemporáneo, humilde, enigmático, cubano, son maneras de verlo e interpretarlo, más allá de los magníficos retratos que nos legó su vida pública y privada.

“Los cubanos siempre hemos tenido necesidad de Martí y acudimos a él para explicarnos “esos misterios que nos acompañan”, que se resumen en él mismo y cuya interpretación se convierte en tarea de artistas, más que de investigadores.

“Ese es el reto de Kamil, quien no pretende copiar a Martí, ni darnos una iconografía realista, y en su intento de procurarnos “su Martí” lo desdibuja entre flores y florestas en una figuración con mucho de naturaleza, y ese levitar en medio de los monte, sueño hecho y vida encontrada para los que desde hoy lo necesitamos.

“Lo humano y espiritual de su sensibilidad, frágil y sutil por naturaleza, representado en sus lienzos en contrapunteo con la necesidad del deber ser en sombras escultóricas, que con su fuerza y sobriedad metálica, completan una interpretación del héroe y del hombre que nos dejará indiferentes.”

Cultura, José Martí

Centenario de la insurrección de los Independentistas de Color


Este año marca el centenario de una de las más controvertidas páginas de la historia de Cuba, signada por la lectura sesgada, la omisión y las controversiales interpretaciones, se trata de la insurrección de los independentistas de color. Hecho acaecido a partir de mayo de 1912 y que culminó con una matanza de cubanos negros, al más puro estilo de las cacería de esclavos cimarrones de la época colonial.

La frustración de los ideales nacionalistas del liberalismo de la época, provoca el desmembramiento del Partido Liberal encabezado por José Miguel Gómez al separarse de él dos de los sectores más importantes dentro de estas fuerzas: los negros y los trabajadores.

Los negros discriminados y marginados se unen en 1908 alrededor de la Agrupación Independiente de Color que pronto se convirtió en Partido de los Independientes de Color, liderados por Evaristo Estenoz y Pedro Ivonet, dos prestigiosos líderes negros, veteranos de la guerra de independencia y con una fuerte ascendencia entre los sectores populares.

Era un partido de negros y mulatos para luchar contra la discriminación racial y contra la desigualdad social que imperaba en la Cuba de la época. Se propusieron además, la implementación efectiva de la enseñanza gratuita y obligatoria, el establecimiento de la jornada de ocho horas, la nacionalización del trabajo, para aminorar la emigración de mano de obra barata, procedente en su mayoría de España, distribución de tierras del estado, la abolición de la pena de muerte, apertura del Servicio Exterior para los ciudadanos negros, entre otras. Eran medidas progresistas que favorecían a todos los desposeídos en la isla, pero el error que se le señala fue convocar a sus bases por el color de la piel, lo que fue aprovechado por los sectores oligárquicos que agitaron el miedo a una revolución negra en contra de los blancos, el mismo “peligro negro” que se había esgrimido en la colonia para impedir el avance de independencia.

Esto le ganó el odio de los partidos tradicionales y de las clases pudientes en el poder que hicieron todo por frenar el justo movimiento de las masas negras y mestizas en el país. Por eso en 1910 aprobaron en el Congreso de la República una ley que prohibía los partidos de raza o de clases[1]. Con esta ley se hizo ilegal el Partido de los Independientes de Color y se legalizando la persecución de sus miembros, pero sin oír sus demandas justas y postergadas.

La prensa de la época jugó un papel importante para prepara a la sociedad cubana contra aquellos valientes y preclaros hombres que ahora luchaban porque se reconociera su Partido y su derecho a luchar por lo que consideraban justo. Se le acusaba de racistas y de querer imponer un poder negro en la isla y se levantó una ola de miedo al negro, junto con los rumores de presuntas violaciones de mujeres blancas por hombres negros y muchas otras noticias infundadas que aislaron al movimiento del resto de la sociedad.

Presionados por la persecución y la campaña de prensa fueron apareciendo algunos grupos de insurrectos en mayo de 1912 en Pinar del Río, La Habana, Las Villas y Oriente, en esta última provincia el movimiento era muy fuerte en las zonas de Santiago de Cuba y Guantánamo. Eran grupos que se habían alzado pero no habían realizado acciones de guerra, permanecieron movilizados como una forma de presionar al gobierno al reconocimiento de su Partidos.

El gobierno de José Miguel Gómez obligado por las “fuerzas vivas del país” y la amenaza de una nueva intervención yanqui al país[2] envió contra los alzados en Oriente las fuerzas de la Guardia Rural con el General José de Jesús Monteagudo al frente, acompañado por una fuerza de “voluntarios” muchos de ellos veteranos de la guerra de independencia, instigados por el General retirado Mario García Menocal y Deop quien “propugnaba que los veteranos debían mantener el orden y que se debía proceder con energía”[3]

En junio de 1912 comenzó el despliegue de las fuerzas del ejército por las zonas rurales de Guantánamo y Santiago de Cuba, principales foco de alzamiento de los independentistas de color, eran grupos mal armados que fueron rodeados y exterminados sin contemplación, con una saña criticada por algunos oficiales participantes en esta sangrienta represión, más de 3 000 muertos incluyendo a los dos líderes del Partido de los Independentista de Color, Evaristo Estenoz y Pedro Ivonet asesinados, a principios de agosto de 1812.

“Pocas veces se ha reparado en que la causa del movimiento insurreccional, o sea la discriminación racial, era un hecho evidente. Por otra parte también ha sido evidente que la política al uso ha utilizado elementos políticos de la raza negra para darle apariencia democrática a sus programas y actividades, sin que en verdad ello reflejara una sustancial política de igualdad en todas las actividades del país. Finalmente dentro de las condiciones de miseria en que vivía el pueblo de Cuba a principios de la República, la población negra era la que sufría más profundamente sus efectos. Todos estos hechos explican la insurrección aun cuando en ella pudieran haber elementos ambiciosos e intrigas de grupos políticos interesados en producir un trastorno de apariencia racista.”[4]

Es hora de la memoria y la recordación a quienes solo reclamaron lo que le pertenecía como seres humanos, lo prometido por Martí en una República de igualdad de oportunidades que no fructificó, por los prejuicios de las clase dominantes, las mismas que imponían en la colonia la desigualdad racial bajo el mito de la inferioridad del negro y que ahora mantenían el mismo estatus para quienes en masa pelearon por la libertad de Cuba y el reconocimiento de sus derechos.


[1] Llamada por el pueblo Ley Morúa, por el legislador que la propone, Martín Morúa Delgado, por cierto uno de los pocos negros que pasó por el Congreso de la República.

[2] Las fuerzas de los marines destacados en la Base Naval de Guantánamo salieron de la misma para “proteger las propiedades de los norteamericanos”.

[3] Julio Le Riverend,

Historia, Opinión

De América soy hijo y a ella me debo



Dentro de pocos días celebraremos el 159 aniversario de natalicio de José Julián Martí Pérez, una de las figuras más importantes dentro de la historia y la cultura cubana, no solo por sus grandes sacrificios por el logro de nuestra primera independencia, sino también por su lucidez política, que lo hizo ver más lejos que los políticos de su época, la necesidad de la unidad latinoamericana como contrafuerte al hegemonismo que desde aquellos años ya asomaba por el “norte revuelto y brutal que nos desprecia”, como dijera él para referirse a los Estados Unidos y su poderosa oligarquía.

Un momento importante en la maduración política de José Martí fue su contacto con la sociedad norteamericana. Llega a Nueva York el 3 de enero de 1880, venía de España después de haber sido deportado por el gobierno colonial español de la isla de Cuba algunos meses antes.

El contacto con aquel país en pleno apogeo de su desarrollo económico fue deslumbrante, por eso escribe en el periódico The Hour un artículo titulado “Impresiones de América” en el que expresa: “Estoy, al fin en un país donde cada uno parece ser su propio dueño.” Poco a poco el conocimiento más profundo de aquel país le hará escribir un año después: “(…) este país, señor en apariencias de todos los pueblos de la tierra, y en realidad esclavo de todas las pasiones de orden bajo que perturban y pervierten a los demás pueblos.”

En aquel país vivió las emociones de las grandes transformaciones tecnológica, la expansión de la nación hacia el oeste, las riadas de emigrantes provenientes de Europa, base de la vertiginosa transformación del país; las luchas de los trabajadores, en su mayoría emigrantes, por mejores salarios y ocho hora de labor, hechos que sirvieron para aguzar su pensamiento social, siempre al lado de los humildes, sus críticas a los métodos violentos de lucha y su comprensión paulatina de aquella gente violenta, engañada y víctima del gran capital. Todo esto en una constante dialéctica de su maduración.

En los Estados Unidos el Apóstol cubano conoció y puso al descubierto el fenómeno imperialista y advierte sobre el peligro que representaba para Cuba, las Antillas y a la larga para América Latina. El auge económico del país traía la necesidad de mercados y sus clases dominantes apuntaban hacia el dominio de las naciones de la América Latina.

Desde sus crónicas para los periódicos de Hispanoamérica no se cansa de mostrar las luces y las sombras de aquella nación y al organizar el movimiento independentista y liberador de la isla de Cuba, sienta sus objetivos políticos de impedir la anexión de Cuba al país del norte.

Su profundo espíritu analítico y su voluntad de estudiar las interioridades de los Estados Unidos, le permitieron llegar a conclusiones político sociales que aún hoy guardan una gran vigencia:

- La unidad de los países latinoamericanos como contraparte al hegemonismo de los Estados Unidos.

- El desarrollo cultural y económico de nuestra América como antídoto a la dominación de la nación del norte.

- La necesidad del desarrollo desde bases propias como contrapartida a la influencia y penetración de esa cultura basada en el pragmatismo y el individualismo exacerbado

- La esencia humanista de la sociedad, su confianza en el ser humano y su capacidad de ser bueno.

Esas y otras que se me escapan son esencias sociales de la prédica martiana, no solo contenida en documentos políticos y programáticos, sino en toda su obra intelectual y de vida.

En los días que corren, con una nueva América Latina, dispuesta al cambio e imbuida de esa necesidad de integración preconizada por Bolívar, defendida por Martí y muchos otros, recordamos al cubano mayor útil y vigente.

José Martí, Opinión

La ética en Martí

José Martí

Resulta muy de actualidad hablar de ética en Cuba, cuando la Revolución ha emprendido un camino de reencuentro con los mejores valores del hombre, relegado por sus necesidades del diario y a veces, no pocas, potenciadas a primer plano y propiciando la aparición de ese concepto que todos conocemos como “doble moral” o ese otro de, “haz lo que yo digo y no lo que yo hago”.

Para dejar bien claro de lo que estamos hablando acudamos a la definición de la palabra ética:

Ética. adjetivo. Conforme a la moral. Parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre. Conjunto de normas morales que rigen la conducta humana.

En el aniversario 159 del natalicio de José Martí hemos decidido hablar de este hombre para resaltar no solo lo que dijo sobre la ética, sino su modo de vivir, que constituye un ejemplo de cómo enfrentar la vida bajo principios morales de eticidad honesta.

Nacido en el seno de una familia humilde, creció bajo los valores de honestidad, honradez, apego a la verdad, amor al trabajo, respeto a sus mayores, obediencia y colaboración con los de más, normas ética que en conjunto conformaban lo que en nuestra sociedad llamamos una persona decente, que honra ante todo a su familia y se prepara para cumplir su misión social.

Su familia numerosa, pasó muchas estrecheses económicas pero en su seno prevaleció el principio de mantenerse con la manera honrada de ganar el sustento. Su padre, funcionario público, en una época en que fue muy común que estos vendieran sus favores a quien podía pagarlos, tuvo muchas dificultades con sus superiores por las quejas de quienes no podían sobornarlo. Baste el ejemplo de su actuación en Caimito de Hanábana, cuando interceptó un alijo ilegal de esclavos y fue destituido de su cargo, a pesar de que actuaba bajo los principios de la Ley colonial.

Aún niño, pudo contemplar el triste espectáculo de la esclavitud, enseñoreada en Cuba, como cruel anacronismo que no entendía dados sus cortos años, pero que no dejaron de estremecerlo de dolor y repulsa, al punto de sellar para consigo el compromiso de combatir aquella bárbara práctica que sometía a seres semejante a la condición de animales de trabajo a los que se podía negar todos los derechos.

Adolescente, llega a la escuela de Rafael María de Mendive y junto a él incorpora un nuevo sentimiento más elevado de comprensión y amor social, el sentido de pertenencia a una comunidad identitaria que pugna por ser libre para alcanzar sus objetivos propios, negados por su metrópoli. Nace así su amor a la patria, a su pueblo, su identificación con sus anhelos, y sin negar sus bases éticas, crece, ahora como patriota.

José Martí paga muy caro su lealtad a sus principios éticos, y no hablamos de un adulto, sino de un jovencito en la flor de la vida.

Soy de los que piensa, que ustedes los jóvenes deben acercarse a este Martí. El que tuvo la edad de ustedes, vuestras dudas y temores, sueños y convicciones, pero creció sobre ellas y con ellas para convertirse en la persona que es, el Héroe Nacional, producto de su perfeccionamiento personal, logrado en la interacción con su tiempo y la sociedad, representada por la familia, los amigos, condiscípulos, maestros y también por el gobierno colonial y los enemigos de su causa.

El mismo que a los quince años era conciente del compromiso con su país; a los dieciséis publica los primeros trabajos políticos y es detenido; a los diecisiete se enfrenta al tribunal militar y defiende el derecho de Cuba a la independencia, por lo que es condenado a prisión y trabajo forzado; a los dieciocho escribe en la misma España, El Presidio Político en Cuba y a los veinte le exige al gobierno republicano español que le concedan a Cuba los mismos derechos de libertad que ellos quieren para España.

Como ven no tuvo que esperar a madurar biológicamente para comprender cuál era su lugar en su tiempo, sino que calladamente cumplió con esos deberes que le marcaron su ética individual y social, que para Martí no iban disociada sino unida en un todo.

Respondiendo a esos principios morales emprendió lo que siempre consideró era su primero y más importante deber, contribuir al mejoramiento humano y ese principio pasaba por la independencia de Cuba, el desarrollo cultural del hombre, la dignificación de los pueblos latinoamericanos, el vencimiento de los peligros de anexión y sometimiento a los Estados Unidos, la condena a todo tipo de discriminación o coacción moral al hombre y el desarrollo de la bondad como sentimiento mayor humano.

“Ser bueno” era su paradigma ético para la formación de las nuevas generaciones, lo reitera en sus conversaciones con los niños desde las páginas de su revista “La Edad de Oro”, el niño cortés, humano, solidario, como diríamos hoy, es la base del ser humano que será mañana y junto a esto una preocupación constante por el estudio, la superación en todos los sentidos y no solo en la adquisición de títulos, sino para su crecimiento espiritual, el cultivo de la sensibilidad para lo estético, junto a lo ético.

Lo bello como categoría no solo estética, sino ética, cultivando la capacidad de ver lo bello aún en lo aparentemente feo, vivir en busca de lo hermoso y llegar a fundir de tal modo lo ético y lo estético, que cuando falte uno de ellos en el otro tengamos la sensibilidad de notarlo y luchar por corregirlo.

Hombre integral, Martí no emprendió nada sin que estuvieran presente sus principios éticos, tanto en su labor cultural, como política.

En lo cultural, sabemos que cultivó la poesía, la prosa reflexiva, la traducción, la oratoria y la enseñanza en sentido general y en todo su obra procuró desarrollar la utilidad de la virtud, es decir, nada vano, nada superfluo, ni aún en el entretenimiento, por lo que fue creando un paradigma de enseñanza, que no envejece.

En lo político, no fue Martí de los que pensaba que el fin justificaba los medios, no podían conseguirse fines elevados, si estos estaban basados en la coacción de la libertad del hombre, en la postergación de principios para facilitar objetivos o alianzas, si no se apelaba a la ética social basada en la unidad de propósitos o trasparencia en el logro de metas.

El pensamiento de Martí está basado en la nobleza de ese fin, alcanzar una República … con todos y para el bien de todos, de reconocer a la humanidad como patria del hombre; la convicción de que un principios justo es muy poderoso y que solo basado en la ética el hombre crece y es humano.

¿No son acaso estas ideas las que guían a la Revolución Cubana?, Si, lo son, pero la Revolución, la sociedad, lo somos todo y no se puede pretender llevar la moral como piel de camaleón que cambia según las circunstancias, Martí con su vida breve, telúrica y ejemplar nos da la pauta de lo que debemos ser.

Historia, José Martí, Opinión

Raíces martiana de la cultura cubana (II)



Flora. Serie de René Portocarrero

La Revolución Cubana, triunfante el 1 de enero de 1959, encuentra una cultura nacional madura y activa, fecunda y representativa, que saluda el cambio y se une a él, acepta el reto y nuevas savias que vienen de lugares disímiles. Fue necesario aceptar el reto de alfabetizar a un pueblo, masificar la cultura y vestir al arte de campesino y obrero, para fecundar el árbol de lo cubano, sin olvidar que el reto era, “(…) injertar en nuestras repúblicas el mundo”, fuera cual fuera el mundo; y nuevas formas de ver la cultura y el arte llegaron en medio de las transformaciones y la cultura cubana creció, asimiló lo que le era útil porque “(…)el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”.

Un pueblo crecido en estos años de Revolución ha consolidado una cultura donde “el ejercicio de la soberanía nacional es la mejor escuela del espíritu, y del alma de un pueblo, el único medio de mantener despiertas sus virtudes cardinales”[1]

Donde puede considerarse que la cultura es una “(…) estructura asimiladora que digiere materiales extraños y que evolucionan sin perder por ello la conciencia de su identidad. Esa asimilación le enriquece y no puede afectar su destino”[2]

Estas palabras escritas casi cien años después de la definición martiana tiene el mismo objetivo de destacar la importancia de mantener las raíces de toda formación cultural como único modo de sobrevivir a los intentos hegemonistas de las culturas dominantes del primer mundo, dueñas de los medios de comunicación y vendedoras de modelos de consumo y patrones culturales para países de “menor desarrollo” cultural.

Esta concepción cultural de José Martí cobra mayor vigencia en esta época de “globalización”, “aldea global”, “mass cultura” y todo intento de la maquinaria desculturadora del capitalismo moderno, empeñado en hacer una versión sintetizada y sin grandes problemas, de la cultura humana en general y de las diversas variantes de la misma según las experiencias de vida de cada grupo humano.

La Revolución Cubana como obra y continuidad de las luchas y el pensamiento de José Martí, basa su política cultural en este dilema de intercambio cultural, no para dar la espalda al mundo sino interactuar con él, asimilar y dar, crecer en la fusión, pero teniendo claro cuáles son las raíces que deben prevalecer para conservar la identidad de una cultura, hija ella misma del intercambio, pero rica en peculiaridades que le dan signo de otredad y fuerza.

Toda cultura está en constante cambio, la nuestra adquirió con el proceso revolucionario una base de educación para todos que la enriquece y facilita la adquisición de conocimientos e incentiva la creación y el gusto por las artes, desechando las trabas que en la década del 70 y desde el poder se le quiso imponer a la cultura con patrones falsamente científicos de un realismo alejado de la realidad.

Otro cubano imprescindible, Fernando Ortiz, devela este fenómeno de fusión cultural que ha llevado al pueblo cubano a desarrollar una cultura mestiza, de muchos componentes, pero donde sobresalen dos grandes conglomerados culturales: los de origen ibérico, venidos con el conquistados y los de origen africano, mezclados a fuerza de dolor e incomprensiones a lo largo del desarrollo de una economía plantacionista que tuvo en el esclavo africano como principal mano de obra.

A este proceso de “trasculturación”[3], Fernando Ortiz lo comparó con el famoso “ajiaco cubano”, al que constantemente se le está añadiendo un nuevo condimento y ¿qué es este proceso, sino el mismo al que alude Martí en la frase citada, solo que para Martí esto se complementa con un componente ideológico fundamental, la defensa de la autenticidad para mantener la soberanía y la libertad, por eso “el tronco ha de ser el de nuestras republicas”, lo cual tiene una vigencia primordial en este siglo XXI, en el que se proclama la creación de una cultura universal, basada en el consumo de productos culturales, “fáciles de digerir” y alienadores de la condición humana: rica, compleja y en constante desarrollo.


[1] Cheikh Anta Diop: “Los tres pilares de la identidad nacional”, en Rev. UNESCO, Nº1 5/6, 1986

[2] Ídem

[3] Concepto acuñado por Ortiz para referirse a este constante intercambio y fusión cultural. “Contrapunteo del tabaco y el azúcar”, 1940.

Cultura, José Martí

Raíces martianas de la cultura cubana (I)



Flora. Serie de René Portocarrero

“Injértese en nuestras república el mundo;

pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”

José Martí

En su célebre ensayo “Nuestra América” aparecido el 30 de enero de 1889 está esta frase que resume con certeza su concepción de cultura partiendo del mantenimiento de aquellos elementos que la hace auténtica y única aunque interactúe constantemente con el resto del acervo cultural humano.

“Nuestra América” fue escrito por José Martí a modo de resumen de sus ideas sobre el tema de la identidad latinoamericana en momentos en que se cernía sobre los pueblos de esta parte del mundo, los peligros de anexión y absorción cultural por las grandes potencias capitalistas, incluyendo a los Estados Unidos, por entonces un paradigma para la intelectualidad y la gente con poder, que veían en esos países el modelo a seguir y el ideal de nación.

Frente a ese “mimetismo” surge la palabra de Martí, advertidotas u valientes, para reivindicar todos aquellos elementos que hacen diferente estas naciones de origen latino, con fuerte mestizaje y una cultura ancestral que tiene su base en las naciones originarias que estaban en América antes de la conquista.

Este mismo proceso se produce en Cuba, aún colonia cuando Martí escribe este ensayo, pero con un pueblo que ya se reconoce otro frente a su metrópoli colonial, España; que ya ha vivido un largo trecho forjador de su nacionalidad trascultural de más de tres siglos, por entonces; que se ha levantado por su independencia y ha hecho una reafirmación de su cultura q fundida con elementos que ya le serán impersederos: la libertad y el antiimperialismo.

Toca a Martí el reconocimiento pleno de la madurez cultural de su pueblo, reconocerlo en toda su plenitud en los relatos de los emigrados revolucionarios que cuentan con orgullo los avatares de la “Guerra Grande (1868-1878); canta sus canciones, añora sus paisajes, mientras espera el reinicio de la contienda por la independencia, para incorporarse al mandato de hacer libre su nación.

Él mismo es fruto de esta cultura criolla madura y en transito de cubanía. Educado por maestros cubanos que están orgullosos de serlos, que enseñan una literatura nacional que ya ha dado sus frutos de calidad en poetas como José María Heredia, Plácido y Zenea; en prosistas como Cirilo Villaverde y Anselmo Suárez y pensadores de la talla de Félix Varela y José de la Luz y Caballero; y otros muchos que primero se reconocieron en el paisaje geográfico y social de su isla y luego fueron encontrando sus huellas en el pueblo.

La muerte de Martí fue una gran pérdida para su pueblo, su prédica vehemente y su ejemplo de vida, sirvieron para que las generaciones de cubanos en la República se dieran a la tarea de hacer la patria, completando el ideario abarcador del Maestro, enfrentándose a politiqueros y anexionistas de toda laya, que resumieron la cubanía en elementos estereotipados y serviles: rumba, mulata y ron; playa, juego y paisaje; vendidos como slogan para turistas.

Cuba era mucho más, la fragua de lo nacional siguió el derrotero martiano, en medio de la frustración y la rebeldía el pueblo cubano forjó una cultura de resistencia que soñaba en versos de Guillén; pinta en la trasparencia de Carlos Enríquez y la mulatez de Wilfredo Lam; canta sones y rumba en cualquier barrio; se permite le hermetismo del Grupo Origenista; devela las raíces en la obra de Fernando Ortiz y se vuelve compromiso político en Villena, Marinello, Carpentier y Raúl Gómez García, para ir forjando con todo ese tronco fecundo la cultura cubana, al que constantemente se inserta el mundo, para bien.

Cultura, José Martí

La Base Naval de Guantánamo, una herencia colonial



La base naval de los Estados Unidos está situada en la entrada de la estratégica bahía de Guantánamo, que tiene como características principal, una serie de profundas ensenadas a la entrada de la bahía y luego abrirse en una gran bahía de bolsa, con menor calado, dado el trabajo erosionador de los ríos que desembocan en esta bahía.

Estas estratégicas y resguardadas ensenadas de la entrada son la que ocupan el enclave naval de los Estados Unidos desde hace 114 años (1898-2012) y geográficamente ocupan un lugar privilegiado en la geografía del Caribe, casi frente al Canal de Panamá, cercano a las grandes islas de Las Antillas y con rápida comunicación con los Estado Unidos. Estas ventajas a fines del siglo XIX y principios del XX daba a Estados Unidos un punto clave para su política del “Gran Garrote” y sus intervenciones en nuestra región y hoy sigue siendo un punto neurálgico en su geopolítica.

El nombre de la región que rodea a la bahía es Guantánamo, proviene del vocablo taino Guantabano que significa “Tierra de los Ríos”. Cristóbal Colón visitó la bahía en su segundo viaje, desembarcando en el punto conocido como Punta de Pescador en 1494 y nombró a la bahía Puerto Grande. En unas de sus resguardadas ensenadas exteriores desembarcó Diego Velázquez posiblemente a fines de 1510 para iniciar la conquista de la isla de Cuba, a este lugar de llegada el lo llamó Bahía de Palmas.

Pese a su reconocida ubicación estratégica y su magnificas condiciones para abrigar un buen número de barcos permaneció despoblada durante más de tres siglos. El primer intento de poblarla estuvo a cargo del almirante inglés Edgard Vernon quien invadió la bahía en 1741 y fundó el poblado de Cumberland, como base para atacar la ciudad de Santiago de Cuba por tierra. Con una fuerza de 4.000 soldados, muchos de ellos procedentes de las colonias inglesas de Norteamérica. La fuerte resistencia de las milicias criollas, entre los que se destacaron los “Tiradores de Tiguabo” y el inclemente clima tropical hizo insostenible la posición y obligaron a Vernon a evacuar a sus fuerzas hacia Jamaica luego de un tenaz asedio por parte de los criollos.

Durante la intervención norteamericana en la guerra Hispano-cubano-norteamericana la marina de guerra de los Estados Unidos se asentó en la casi desguarnecida bahía de Guantánamo, desde donde operaron contra la ciudad de Santiago de Cuba.

Los infantes de marina desembarcaron con éxito con la ayuda naval; sin embargo mientras se internaban en el país iban chocando con la resistencia española lo cual pudieron evadir y enfrentar gracias a la ayuda de los soldados cubanos del Ejército Libertador.

En la bahía de Guantánamo los marines recibieron el apoyo de las fuerzas del coronel del Ejército Libertador cubano Enrique Thomas, quien al llegar a Playa del este, lugar del desembarco encontró a una fuerza norteamericana desconcertada ante la resistencia de los soldados españoles y con la aprobación del jefe de las fuerzas yanqui asume el mando y derrota a los españoles en el Cusco, principalmente con sus fuerzas, porque la infantería de marina se mantuvo en la retaguardia agotados por el clima y la baja moral combativa.

Los Estados Unidos asumieron control territorial sobre la bahía de Guantánamo bajo el Tratado Cubano-Norteamericano de 1903, que concedió a Estados Unidos un “arriendo perpetuo” del área. El 16 de febrero de 1903 se firmó en acuerdo de entrega oficial del enclave a la Marina de los Estado Unidos.

De esta base salieron fuerzas militares de ocupación en mayo de 1912 para “proteger” propiedades de norteamericanos en el valle de Guantánamo, principalmente en los ingenios de la Guantánamo Sugar Company ante el levantamiento armado de los Independentistas de Color, que tenían en esta zona fuertes bases sociales.

En los principios de la Revolución la Base Naval se convirtió en un centro de provocación y hostigamiento a la Revolución Cubana, con provocaciones de sus marines a lo largo de la frontera, apoyo a bandas contrarrevolucionarias que recibieron apoyo logístico desde el enclave y refugio de emigrantes cubanos que recibieron asilo en la base. En lo más álgido de la confrontación se intentó un plan de ataque a la base por parte de los grupos contrarrevolucionarios para acusar del mismo a la Revolución y provocar la intervención del gobierno de Estados Unidos.

El gobierno revolucionario de Cuba considera la presencia de los EE.UU. en Guantánamo ilegal, por estar en contra de la voluntad del pueblo de Cuba y lesivo del artículo 52 de la Convención de Viena sobre la ley de tratados (1969), que declara un vacío del tratado si su conclusión ha sido procurada por la amenaza o el uso de la fuerza en la violación del derecho internacional. Sin embargo, el artículo 4 del mismo documento indica que no aplicarán a la convención de Viena sobre la ley de tratados , los tratados retroactivos hecha antes de sí mismo.  ¡Menuda forma de lavarse las manos !

Historia, Opinión

El tema del negro en la Revolución Cubana

Íreme (Diablito). Autor: René Portocarrero

Con el triunfo de la Revolución Cubana el 1ero de enero de 1959 cambiaron muchas cosas en Cuba, llegaba al poder un grupo de revolucionarios dispuestos a liderar los profundos cambios que necesitaba la sociedad, encabezados por el Comandante Fidel Castro.

La discriminación racial latente en la sociedad pre-revolucionario tenía una profunda raíz clasista dada la pertenencia a los sectores más humildes del pueblo de las mayorías negras y mestizas, agrupadas en sociedades y hermandades que servían más para que continuaran segregados, que para luchar por una igualdad real ya refrendada en la Constitución del 40.

La demagogia populista de los gobiernos burgueses mantenían un coqueteo constante con estos sectores, para obtener sus apoyo electoral y político, en tanto continuaba la segregación, velada o abierta.

No es de extrañar que en la vanguardia de los trabajadores se destaquen líderes negros de la talla de Jesús Menéndez, Aracelio Iglesia, Lázaro Peña, mano a mano con sus hermanos de causa, fueren del color que fueren. Ellos estuvieron a la vanguardia, los dos primeros asesinados por su radical defensa de los trabajadores y el tercero el líder indiscutible de los obreros cubanos, que acompañó al proceso revolucionario hasta su muerte.

Es por ello que el líder de la Revolución, Fidel Castro aborda el problema de la discriminación racial desde los primeros días del triunfo y se pronuncia categóricamente:

“Una de las batallas en que es necesario hacer hincapié (…), es porque se acabe la discriminación racial en los centros de trabajo. No debiera ser necesario dictar una Ley para fijar un derecho que se tiene por la simple razón de ser un ser humano y un miembro de la sociedad.

“Nadie se puede considerar de raza pura y mucho menos de raza superior.

“Hay que dictar el anatema y la condenación pública contra aquellos que, llenos de pasados resabios, de pasados prejuicios, tienen el poco escrúpulo de discriminar a unos cubanos por cuestiones de piel más clara o más oscura.

Recordando a Martí Fidel dijo

“La virtud, los méritos personales, el heroísmo, la bondad, deben ser la medida del aprecio que se tenga a los hombres y no el pigmento de la piel. El problema no es cambiar el gobierno sino cambiar la esencia de lo que ha sido hasta hoy nuestra política, política colonial.[1]

Esta política ha sido prioridad de la Revolución que sostiene que la discriminación y los prejuicios raciales son antinacionales, porque atenta contra los derechos de estas personas y se pone en peligro la unidad nacional tan necesaria al proceso revolucionario.

El problema no fue de política estatal, encaminada desde un primer momento a favorecer a los más humildes, sino de pensar que con una campaña y la proclamación de la igualdad de todos los cubanos, ya se acababa el problema, cuando la realidad social del país ha demostrado que pese a todo, permanecen los prejuicios y la desventaja social de parte de la población negra cubana, en tanto quedaban insatisfacciones que no eran solo materiales sino de esencia espiritual.

Los duros años a partir de 1991, pusieron de manifiesto estos problemas como arrecife que aflora en la bajamar y afrontarlos requieren honestidad, sentido crítico y un amplio consenso participativo real para completar la obra y lograr la plenitud social de todos y con todos.


[1]Fidel Castro, 1959 citado por Pedro Serviat Rodríguez en “La discriminación y el racismo: lacras del pasado” en Revista Universidad de La Habana, pág. 164, Nº 224, ene-abr, 1985

Cultura, Opinión

Lavar con su vida el crimen


Fotograma del filme cubano “Martí el ojo del canario”

Este conmovedor pasaje de la vida de José Martí no es producto de su febril imaginación, sino un recuerdo de la infancia, cuando allá por los perdidos montes de Hanábana, en medio de las productivas llanuras azucareras del Matanzas pudo sentir, tal vez sin comprenderlo todo, la ignominia del régimen esclavista, en plena decadencia ya en los momentos que pudo sentirla cerca de sí, pero no menos cruel, no menos inhuman; así lo comprendió el niño Pepe y cuando muchos años después hace el recuento de sus vida en “versos sencillos”[1] dedica estas estrofas a esas imágenes que nunca olvidó:

El rayo surca, sangriento,

El lóbrego nubarrón:

Echa el barco, ciento a ciento,

Los negros por el portón.

El viento, fiero, quebraba

Los almácigos copudos;

Andaba la hilera, andaba,

De los esclavos desnudos.

El temporal sacudía

Los barracones henchidos:

Una madre con su cría

Pasaba, dando alaridos.

Rojo, como en el desierto,

Salió el sol al horizonte:

Y alumbró a un esclavo muerto,

Colgado a un seibo del monte.

Un niño lo vio: tembló

De pasión por los que gimen:

¡Y, al pie del muerto, juró

Lavar con su vida el crimen!


[1] El poemario “Versos Sencillos” lo publicó José Martí en Nueva York en 1891

José Martí

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