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Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Archivo de Diciembre, 2011

Esta mujer es Cuba, Haila Mompie



Yo no soy farandulero, como se dice en Cuba a la gente que vive de fiesta en fiesta, ¡pero soy cubano!, alegre, dispuesto a una broma sana, conversador y amigo de dar mis opiniones con pasión; de la vida me gusta todo y de la música me encanta esta mulata que canta, no como los ángeles, sino como sus ancestros, los nuestros, dando un tono triste y hermoso en una canción clásica de Freddy, esa mujer leyenda toda voz y nada más…pero Haila es más, va del bolero a la rumba y se mueve en la timba sin desdorar nada, porque ella nació para cantar y para alegrarnos la vida a los mortales.

Parafraseando a la gran “Entervina”, ella es “Un cuerpo, una cara, un corazón”, pero además es una voz que nos entrega alegría, reflexión y nobleza.

Para ella y para todos mis amigos, ¡FELIZ AÑO NUEVO! Porque los cubanos somos como la Siguaralla, un árbol brujo que sin permiso, no se pu’e tumbar, sino, pregunten por ahí.

Ese año nuevo, 2012 lo voy a espera con los míos y bailando con Haila, claro no podré estar en uno de esos hermosos salones de baile de mi Habana, mis pesos no me dan para eso, pero qué importa, con un DVD o un CD, la diva estará en casa.

Pásenla bien amigos, y en enero de nuevo con la manga al codo para arreglar nuestro mundo, el pedacito de cada uno y así contribuir a la paz y la prosperidad de todos.

Cultura, Opinión

El hombre que nos falta

Autora: Antonia Eiriz

Como regalo de fin de año para mis amigos, tengo estas palabras de un hombre que admiro mucho por su profesionalidad y calidad humana, es un gran comunicador, yo asumo todo cuanto escribe aquí:

El Hombre que nos falta[1]

Por Carlos Figueroa

El Hombre que nos falta está en la esquina; puede llamarse Juan o Perico, tener 15 o 78 años, ser negro, blanco o mulato, heterosexual o gay, mickey, rasta o rockero, varón, hembra o metrosexual, estudiante, campesino o mecánico. Lo importante no es de donde procede, a qué se dedica o cuales son sus preferencias de cualquier tipo. El hombre y la mujer que nos falta en los medios de comunicación cubanos es el que anda a pie, el que no ha estado ni aspira a visitar Tropicana o el Gran Teatro de La Habana. Es simplemente un gran ausente, un olvidado que se entretiene ante la televisión y sigue creyendo que los locutores de la radio son gente bonita y buenas personas. Es el gran ausente, en el que casi nadie repara y al que supuestamente están dedicados todos los espacios posibles, incluyendo la Internet.


Para algunos su presencia no es importante, digamos que es circunstancial o un elemento decorativo del montaje dramatúrgico de los noticiarios. Cuando aparece es para afirmar o negar, rara vez es juez o parte del discurso. Su criterio, cuando se tiene en cuenta, responde más a una jugarreta premeditada que al ejercicio pleno de la responsabilidad cívica y humanística de los medios.


Su ausencia ha creado en los últimos años un enroque desvirtuado de la realidad que transmitimos. “Todos quieren estar en el Noticiero”, dice Carlos Varela en su canción “El humo del tren”, y no se equivoca. Tanto en la radio como en la Televisión, la Cuba profunda no existe y cuando por un ¿error? tiene un chance, es muy poco lo que tiene o le dejan aportar. Se confunde la Cuba profunda con los logros, éxitos y conquistas productivas de unos cuantos, aquellos que lo hacen bien de acuerdo con los modelos preestablecidos.


De ahí que la gran mayoría no se vea ni se escuche representada; y de paso, siga considerando que los responsables de todo lo bueno, lo santificado y lo malo del país sea únicamente aquello que recibe durante las interminables horas de emisión de los canales televisivos y las estaciones de radio.


Para suerte de la historia iconográfica cubana, desde hace varios años, un grupo de realizadores de cine y video viene pujando una importante obra testimonial que como el Noticiero ICAIC de Santiago Álvarez —y salvando todas las distancias epocales—, podría ser el referente que mañana se exhiba como una mínima muestra de cómo era el Hombre de la esquina. Esas producciones, que siguen siendo tildadas con toda justicia de independientes, corren también —como un buen chiste del destino— la suerte de la otredad, el estigma del silencio, y no pasan de exhibirse de vez en cuando para “cumplir la norma” de tenerlas en cuenta. Sabemos que cuando traspasan al umbral de los medios masivos de comunicación con alcance nacional es por la enorme presión de los emails, las gestiones de los mecenas del momento o el error de algún programador.


La cantidad de documentales, cortos de ficción y otros que se producen desde esa otra variante “independiente” es, a pesar de los muchos intentos, precaria, limitada por su origen. Y es que las buenas intenciones no alcanzan a resolver un problema mayor: la necesidad de abrir las pantallas y los micrófonos, de escuchar y escucharnos, de disentir, de estar o no de acuerdo con el entorno que vivimos.


Es cierto que muchas de las decisiones de ese silencio casi permanente del otro en los medios pasa por el tamiz del edulcorado criterio de nuestros funcionarios; pero también por el acomodamiento y la incapacidad heredada por los realizadores para enfrentar y asumir un discurso aglutinador, diverso, multipolar y competitivo. Pasa por la estrechez de los modelos de programación y la vista corta de los comunicadores que siguen creyendo que radio, televisión, cine e Internet son lugares para entretener desde los espectáculos banales, que se educa al prójimo con didactismos aburridos, se deben decir las verdades con enmascaramientos humorísticos y tantas otras barbaridades.


De otro lado, la malformación académica de los realizadores y su desconocimiento del público para el que trabajan ponen a temblar cualquier intento de cambio en los modelos de gestión cultural de los medios de comunicación en el país.


Recientemente, durante la última edición de los Premios Caracol, el periodista y realizador radial Lázaro Sarmiento recordaba que “más de un millón de cubanos se graduaron en cursos de computación y electrónica en los últimos veinte años en los Joven Club de Computación. Dos millones 482 mil 861 estudiantes utilizaban computadoras. Y en casi todas las escuelas hay máquinas. Hay que sumar las instaladas en los hogares y en numerosas instituciones como el Ministerio de Salud Pública, muchas conectadas a la Red. El fenómeno incluye a los equipos reproductores de audio e imagen, los videojuegos y el intercambio de soportes”. Sarmiento nos recuerda, además, que ”el creciente número de cubanos que manejan una considerable cantidad de información los convierten en oyentes más exigentes”. También es cierto que “el acceso a equipos de audio y video y formatos multimedia permite una independencia de la radio y la televisión imposible de imaginar hace diez o quince años. Estas ventajas para un significativo número de personas representan un desafío para creadores y ejecutivos (…) y establecen las reglas para una competencia saludable”.


Más recientemente otro colega, el santiaguero Reynaldo Cedeño, en un enjundioso segundo análisis del programa “Mediodía en TV”, publicado en la Internet, también se sumaba a la preocupación afirmando: “Los medios de la televisión nacional no pueden actuar como eternos ”colonizadores’, secuestrar la imagen del país y suplantarla con referentes solamente capitalinos. En esa materia no vale la política del centro y la periferia. Por eso, no es cuestión de agradecer a ningún programa que se abra a todo el país como un ‘mérito’ ni un ‘favor’; sino que se precisa un cambio de filosofía: concertar esfuerzos para que desde las provincias, se conforme un canal de transmisión cotidiano, pensado y verdaderamente nacional. Pero, mientras la reticencia se deshiela, mientras las sinrazones caen, creo sinceramente que a estas alturas, la función de ventana a la cultura nacional, merecerían cumplirla otros espacios de la TV de alcance nacional, con otros equipos y conductores de mayor solidez, para bien de la cultura cubana”.En el Séptimo Congreso de la UNEAC, todavía muchos recordamos la intervención, muy publicitada por su importancia, del Historiador de la Ciudad de La Habana, Eusebio Leal, quien llamaba en sus reflexiones al respeto por el otro, por el campesino que trabaja y al que no tenemos derecho a cuestionarle sus ganancias sin saber “lo que ha costado a su propietario sacar el fruto de la tierra”. Todavía se comentan sus palabras cuando dijo: “Es necesario que cuando vean pasar a uno cualquiera de nosotros, que sea singular, lo respeten y lo estimen; que no digan nunca, como afirmábamos al principio de la Revolución: ‘Ahí va un negrito’; que no digan nunca más: ‘Ahí va un homosexual’, (…) ya que tanto hemos luchado por la libertad, que se respete nuestra singularidad”.


Pero todos estos asuntos y muchos otros, insisto, tienen una causa sobre la que invito hoy a reflexionar: El Hombre que nos falta está en la esquina y su voz en la sobremesa de todos los días, pero casi nunca en los medios de comunicación. Cuando se empiece a tomar en cuenta lo que piensa y lo que cree de nuestra realidad, de sus mejores y peores aciertos, empezaremos a ganar un terreno imprescindible para cualquiera que se decida a tener los medios como trinchera: que todos estén ahí, no importa de donde vengan ni hacia donde van.


Opinión

Aclaraciones de Blas Roca: Martí y la igualdad de derecho de negros y blancos

Al leer y encontrar ideas afines a las que uno defiende no queda más que tratar de compartirlas con los amigos, con la sana envidia de saber que otros ya han reflexionado sobre problemas que aún perviven y que las mentes flacas de los egoístas y divididores de pueblos tratan de aprovechar en su beneficio. “Solo queremos los que nos pertenece”, era el lema de los independentistas de color cubanos a principios del siglo XX, ese reclamo tiene vigencia.

El artículo que aquí reproduzco íntegramente es de la autoría del combativo dirigente comunista cubano, Blas Roca Calderío, el mulato que estaba al frente del Partido Socialista Popular al triunfo de la Revolución Cubana en 1959, a la cual se unió con la sencillez de los grandes para aportar su experiencia a la nueva era de la historia cubana. Apareció publicado en 1962, presumiblemente en el periódico HOY de los comunistas cubanos y  se reprodujo en el periódico GRANMA el 25 de junio de 2010:

Rubén Vera Cruz nos pide que aclaremos el concepto que quiso expresar Martí  cuando dijo: “No hay igualdad social posible sin igualdad de cultura”; pues, según escribe, un compañero le había dicho que el sentido de esa frase de nuestro más grande héroe nacional era que “mientras el negro no tuviera la misma cultura que el blanco no podría disfrutar de los mismos derechos”. Creemos, realmente, que el que dio tal interpretación de esa frase, no leyó bien a Martí.

Martí defendió apasionadamente la igualdad de derechos de negros y blancos, tanto con el argumento universal de que no hay causa de desigualdad en el color o la raza, como con el argumento particular y específico de que la revolución contra el yugo colonial español fundió a negros y a blancos en un solo pueblo: en el pueblo cubano, y tuvo, y no podía tener otra consecuencia, que establecer la igualdad de derechos entre cubanos negros y cubanos blancos.

El artículo donde aparece la frase citada en la carta (El Plato de Lentejas, Patria, Nueva York, 6 de enero 1894); Martí desenmascara la maniobra del Gobierno de España en Cuba que pretendía reconocer la igualdad de derechos de negros y blancos “veinticinco años después de que la revolución cubana abolió la esclavitud y suprimió en su primera constitución y en la práctica de sus leyes toda distinción entre negros y blancos”.

En ese artículo Martí demuestra que fue la Revolución del 68, aunque no triunfara en su objetivo político esencial -la independencia de Cuba-, la que abolió la esclavitud.

La revolución fue la que devolvió a la humanidad la raza negra, fue la que hizo desaparecer el hecho tremendo.

Demuestra también que la guerra fundió en un solo haz a los cubanos blancos y negros.

En la guerra, ante la muerte, descalzos todos y desnudos todos, se igualaron los negros y los blancos: se abrazaron y no se han vuelto a separar.

Y en otro pasaje expresa:

“Allá, veinticinco años hace, es donde se concedió la equidad social…Allá, veinticinco años hace, fue donde los negros sirvieron, por el mérito, a las órdenes del blanco, y los blancos, por el mérito, sirvieron a las órdenes del negro. Allá veinticinco años hace, concedió la revolución cubana al negro al paseo igual, el saludo igual, la escuela igual.”

En 1892, la Unión Constitucional -partido contra la Independencia-se oponía a la implantación del “sufragio universal” con el argumento, entre otros, que eso daría a los negros el derecho al voto. Ante esto escribió Martí: “en la curiosa duda de aquellos políticos entretenidos sobre el derecho del negro al voto, los que bebimos de los padres de la patria el romance augusto, los que conocemos el alma verdadera del país, decimos que quien fue bueno para morir, es bastante bueno para votar”.

En el artículo Mi Raza, Martí se manifiesta categóricamente contra el racismo, contra toda idea de que unos hombres sean superiores o inferiores a otros hombres por la “raza” a que pertenezcan o por el color que tengan.

“El hombre no tiene ningún derecho especial porque pertenezca a una raza u otra: dígase hombre, y ya se dicen todos los derechos. El negro, por negro, no es inferior ni superior a ningún otro hombre… Todo lo que divide a los hombres, todo lo que los especifica, aparta o acorrala, es un pecado contra la humanidad.”

“La paz -agrega adelante-, pide los derechos comunes de la naturaleza; los derechos diferenciales contrarios a la naturaleza, son enemigos de la paz”.

Partiendo de la comprensión de esos conceptos básicos sostenidos por Martí, puede interpretarse, en su verdadero alcance, la frase citada en la carta.

En esa frase, Martí no dice, en modo alguno, ni tampoco se puede deducir del párrafo que la antecede, que el negro no podría tener los mismos derechos que el blanco, hasta que no tuviera la misma cultura que éste.

Al contrario, todo cuanto dice Martí, es a favor del reconocimiento de iguales derechos a negros y a blancos, independientemente del color, por el solo hecho de ser hombres, seres humanos, intrínsecamente iguales.

La frase es un llamado a darle igual cultura a unos y a otros, a sentarlos en los mismos bancos del mismo colegio, a infundirles un concepto igual acerca de los hombres.

El blanco en general no tiene más o menos cultura que el negro en general. El analfabetismo lo mismo alcanzaba al negro que al blanco, aunque, como consecuencia de las condiciones sociales, abundara más entre los más pobres y explotados, esto es, entre la parte negra de la población. Por eso Martí pide la escuela igual.

Y no se trata sólo del alfabeto; se trata de la cultura que elimina los falsos conceptos de superioridad o inferioridad de unos u otros hombres.

Martí no era socialista, no porque, como dice el compañero con quien discutió Rubén Vera, el socialismo no fuera conocido entonces, sino porque la realidad histórica de entonces en nuestro país y en el mundo, tenían que destacar y destacaron al líder de la independencia de la soberanía y del antiimperialismo que fue Martí.

Pero Martí se inclinaba al socialismo, lo veía con simpatía, cuando se acercó a los medios obreros. Por eso dijo:

“Marx ha muerto. Como se puso del lado de los débiles, merece honor”. Por eso proclamó: “con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar”.

Por eso alentaba a su amigo íntimo, Fermín Valdés Domínguez, en su interés  por los trabajadores y por el socialismo.

Por eso tantas y tantas de sus enseñanzas conservan validez hasta el día de hoy.

La Habana, 26 de septiembre de 1962

José Martí, Opinión

Hombre de trabajo

Autor: Raúl Martínez

Con los pobres de la tierra quiero yo mí suerte echar

José Martí

La palabra de los tiempo es bueno dejarla añejar y volver a ella cuando parece que no tenemos ya qué decir, cómo decir o cuándo decir, eso es lo que pasa por mi mente en días de Pascuas cuando la humanidad toda parece estar de vigilia para encontrar la justicia, impedir que nos roben el futuro y tratar de poner un poco de orden y equidad en un mundo que tiene muy poco de ellas para los trabajan y se esfuerzan por prosperar, sacar adelante una familia y ser sencillamente seres humanos plenos.

Escuchemos la palabra de los tiempos, estas la del cubano sagaz y sensible que vivió allá en Nueva York hace más de 120 años, que nos replica un eco que tiene vigencia en esa y en otras muchas ciudades de Estados Unidos y el mundo, defiende y admira a los verdaderos creadores de riqueza, los hombres y mujeres de trabajo, los que, como siempre, ante el rejuego de bolsa o apuestas financieras son los primeros en perder, escuchemos:

“¡Qué ejército, qué ejército el que el 2 de Septiembre de este año paseó sus formidables escuadras por las calles más concurridas de Nueva York! ¡qué hermosura, qué aseo, qué grandeza! ¡Veinte mil eran, hombres y mujeres! Antaño con poner un rey la mano sobre el hombro de un calientachismes de palacio, o un cercenador de hombres, o un guardador de la puerta por donde entraba a robar placeres la Majestad, ya lo hacía caballero: ogaño, ver a estas gentes humildes, a estos pobres alegres, a estos viejos honrados, a estas mujeres enfermizas, a estos creadores de sí propios, es como recibir un titulo más decoroso y limpio de nobleza: “Hombre de trabajo”, dijo el Creador: y le puso en los labios la palabra, y entre el cabello y los ojos un cintillo de luz: desde entonces, ni ser duque, ni marqués, ni conde, ni vizconde, ni barón, es ser más que hombre: ¿cómo el que hereda una fortuna ha de ser más noble que el que la fomenta? ¿Cómo el que vive a espaldas de los suyos, o al amparo de castas favorecidas, ha de merecer más respeto que el que forcejea por abrirse paso en la tierra difícil, con la pesadumbre del desdén humano encima, abandonado a sus esfuerzos propios? Gusanos me parecen todos esos despreciadores de los pobres: si se les levantan los músculos del pecho, y se mira debajo, de seguro que se ve el gusano.”[1]


[1] 5 de septiembre de 1884. OC. Tomo X: 76

José Martí, Opinión

Novedad en el Parlamento Cubano

Discusión del tema de la discriminación racial en Cuba[i]


La Muñeca Negra. Autor Roberto Diago

Lienzo técnica mixta

El día 20 de diciembre en la Comisión de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología el Parlamento Cubano discutió por primera vez un tema que está hace ya bastante tiempo en boca de la gente, la discriminación racial. El no querer ver lo que ocurre, por ese fenómeno tan propio de tantos años de “secretismo” y el “no dañar a la Revolución”, ha hecho de este un tema de prioridad en una sociedad inclusiva por su esencia, pero perfectible si se encaran los problemas.

Ricardo Alarcón, Presidente de la Asamblea Nacional del Popular de Cuba, llamó a combatir cualquier acción de discriminación, violatoria de las leyes cubanas, como principio intrínseco de la Revolución que promueve en esencia la unidad y la solidaridad. En su intervención el Dr. Alarcón, resumió la urgencia de asumir la Historia como esencia para destruir esos flagelos que persisten hasta nuestros días.

Dijo Alarcón que el racismo era un fenómeno esencialmente cultural, incompatible con el socialismo y elogió los aportes de la Comisión José Antonio Aponte, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), cuyo trabajo propicio el debate en torno a un mal latente ante el cual es imposible cerrar los ojos.

Sobre este tema intervino el Ministro de Cultura, Abel Prieto, para expresar que no era este un momento de anecdotarios y catarsis ante el fenómeno del racismo, sino un momento crucial para construir un socialismo más justo e inclusivo, enfatizando que no se comenzaba de cero si tenemos en cuenta el legado de José Martí, de Juan Gualberto Gómez, Fernando Ortiz y el tratamiento del tema en publicaciones cubanas contemporáneas como las revistas Temas, Catauro, La Jiribilla y las tantas investigaciones que abordan la problemática racial desde el punto de vista científico y académico.

Exhortó, además, a unir esfuerzos para eliminar esas manifestaciones que de manera instintiva deben rechazar los revolucionarios y buscar en los textos de historia los aspectos identitarios que hoy no tienen todo el realce que merecen.

El escritor y etnólogo, Miguel Barnet, presidente de la UNEAC, recalcó las carencias en el sistema educacional cubano en torno al legado africano en la esencia de la nación cubana y propuso dar seguimiento al tema discriminatorio en general a través de un equipo multidisciplianrio que monitoree y analice sistemáticamente este problema.

La presidenta del Instituto Cubano de Libro, la intelectual negra Zuleika Romay, señaló la esencia cultural de los estereotipos y formas discriminatorias en Cuba, similar a lo que ocurre en otros países de América Latina, “y lo verdaderamente importante es eliminar la negativa social de que el problema existe”.

Abundó Zuleika que cualquier iniciativa para enfrentar el problema del racismo en Cuba, debe tener en cuenta las profundas raíces que lo originan y su esencia cultural, incorporada en el pensamiento de las personas a veces de manera inconciente.

También compareció en esta Comisión la directora del Centro Nacional de Educación Sexual, Mariela Castro, quien se pronunció por el enfrentamiento del racismo y de todas las formas de discriminación establecidas históricamente por los sistemas dominadores y agradeció que el problema racial se discuta hoy abiertamente para fortalecer a la sociedad socialista cubana.


[i] Versión de la nota aparecida en el periódico Granma el 21 de diciembre de 2011, firmada por la Agencia de Información Nacional.

Cultura, Opinión

Cuba 1961: La Batalla contra la Ignorancia





Para los cubanos de hoy el 22 de diciembre es un significativo día, es el “Día del Educador”, el momento para rendir homenaje a ese que día a día hace mucho por nuestra educación y enseñanza, en una tradición que nació en 1961, hace ya 50 años, cuando miles de jóvenes alfabetizadores desfilaron por la Plaza de la Revolución luego de haber cumplido con la más hermosa de las batallas emprendida por la Revolución Cubana, la lucha por la erradicación del analfabetismo, mal endémico que afectaba en 1959 a 1 032 849 cubanos, el 23, 6 %[1] de la población del país en esos momentos.

Esa gran batalla por la cultura tenía como protagonistas a 120 mil alfabetizadores populares, 100 mil jóvenes estudiantes agrupados en la legendaria “Brigada Conrado Benítez”, 13 mil brigadistas obreros y más de 34 mil maestros y profesores, que eran la vanguardia de esta hermosa tarea que hizo proclamar al año 1961, como el Año de la Educación” en Cuba.

Para ese año el país registraba 979 207 analfabetos, desperdigados por toda la geografía cubana, pero fundamentalmente, gente humilde del campo, donde casi no había escuela y las precarias vida que llevaban los campesino, le hacían ver como un lujo ese derecho a la educación que desde el nacimiento de la República en 1902, estaba refrendado por la Constitución, pero que nunca fue realidad para uno de cada cuatro cubanos.

El resultado de aquel esfuerzo fue la alfabetización de 707 212 personas, menos del 4 % de su población. Los que no aprendieron a leer y escribir en esta etapa eran personas de edad avanzada, discapacitados y algunos que se negaron a abrir sus ojos a la “luz de la enseñanza”, pero este analfabetismo residual continuó siendo atendido por las autoridades educacionales de la Revolución.

Ese 22 de diciembre en la Plaza de la Revolución se izó una enorme bandera roja, con el símbolo de la Campaña de Alfabetización y el hermoso lema convertido en meta cumplida por todo un pueblo encabezado por los jóvenes: CUBA TERRITORIO LIBRE DE ANALFABETISMO.

Hoy esos jóvenes protagonistas son adultos mayores, maestros en su mayoría, otros muchos profesionales en otras ramas, pero todos orgullosos de su protagonismo en la más noble de las batallas, base del desarrollo cultural y educacional que la Revolución de todo un pueblo propició.


[1] Esta y otras estadísticas utilizadas fueron publicadas en el periódico TRABAJADORES, el lunes 19 de diciembre de 2011

Educación, Historia

Revolución, la victoria



«Las revoluciones no son paseos de rivera»

Alfredo Guevara

La madrugada del primero de enero de 1959 salía de Cuba el presidente Fulgencio Batista Zaldivar (1901-1973), quien gobernó a sangre y fuego durante casi siete años la República de Cuba, apoyado por un fuerte grupo de poder que agrupaba a buena parte de la burguesía cubana, del capital extranjero, mayoritariamente estadounidense y a intereses de las poderosas mafias del juego, la extorsión y del negocio ilícito.

En las afueras de la ciudad oriental de Santiago de Cuba el Comandante Fidel Castro, líder indiscutible de la Revolución y Jefe del Ejército Rebelde llamaba a la Huelga General Política para impedir que en la capital del país tomara cuerpo un Gobierno Provisional encabezado por el magistrado del Tribunal Supremo Carlos Manuel Piedra y a la sombra del General Eulogio Cantillo o del joven Coronel Ramón Barquín.

La poderosa reacción de las fuerzas populares al apoyar a los revolucionarios y la rapidez del desplazamiento de las tropas del Ejército Rebelde desarmaron todas las maniobras por escamotear el triunfo a la Revolución y al pueblo.

El 3 de enero de 1959 se formó en Santiago de Cuba el Gobierno Provisional Revolucionario encabezado por el ex magistrado Manuel Urrutia como presidente y José Miró Cardona en el premierato. Del gobierno formaron parte figuras de la derecha moderada y reformistas que se habían sumado en los últimos momentos a los acontecimientos, junto a militantes revolucionarios, protagonistas verdaderos de la Revolución.

El gobierno era un reflejo de la amalgama política de estos primeros momentos y tenía por contrapeso al Ejército Rebelde y su líder el Comandante Fidel Castro que impidieron la inclinación reformista y lastrante de los primeros momentos.

Con el nombramiento de Fidel Castro como Primer Ministro, el 15 de febrero de 1959, se le dio un impulso dinamizador al cumplimiento del programa democrático-popular por él expuesto en su alegato de defensa por el asalto al Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953 en Santiago de Cuba.[1]

Lo primero que hizo la Revolución fue desmontar el aparato legal que había servido para la politiquería de la seudo-república. El Gobierno Revolucionario adquiere plenos poderes legislativo y ejecutivo; disuelve las fuerzas armadas y los organismos del estado burgués, a los partidos políticos tradicionales, el sindicalismo oligárquico y a los tribunales de urgencia. En su lugar crea nuevos mecanismos de poder basados en el derecho soberano de las mayorías desclasadas y explotadas del país. La burguesía cubana pierde el poder político.

Pero no bastaba, el 17 de mayo de 1959 se promulga en la Sierra Maestra la Ley de Reforma Agraria, paso trascendental que de un solo golpe acaba con el latifundio en Cuba. Lastre más pesado para el desarrollo del campesinado cubano. Al disponer tal medida el Gobierno Revolucionario entregó títulos de propiedad a millares de campesinos que poseían la tierra como aparceros o precarista, pero no disolvió las grandes haciendas privadas sino que las convirtió en Granjas del Pueblo y Cooperativas. La reforma agraria pasó al poder del estado cubano el 40 % de las tierras cultivables, muchas de ellas en manos de empresas y particulares estadounidenses y el resto de la oligarquía nacional.

La Ley creó también el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), organismo encargado de aplicar la ley agraria y de impulsar el desarrollo de los planes económicos de la Revolución, no solo en la agricultura, sino en otros sectores como fueron la pesca y el turismo.

En la práctica el INRA funcionó como un gobierno dentro del gobierno, dándole en los primeros momentos el impulso dinamizados que la composición del gabinete provisional impedía.

También se lleva a cabo el proceso de confiscación de los bienes mal habido de los personeros del antiguo régimen, antesala de las grandes nacionalizaciones que vendrían después.

La dinámica popular y de transformaciones de la sociedad cubana determina que a mediados de 1959 se definieran los campos políticos dentro del panorama nacional. La burguesía y sus aliados se alinean abiertamente contra la Revolución y junto a la Revolución las grandes mayorías de los humildes y desplazados.

Contra la Revolución se esgrimieron acusaciones como la violación de los derechos humanos y el ajusticiamiento indiscriminado de los opositores, tratando de desprestigiar al proceso revolucionario. En tanto desde el gobierno los elementos reformistas presionan, tratando de revertir a la revolución, al no lograrlo comenzaron las conspiraciones y confrontaciones directas con las nuevas autoridades y el pueblo.

El 14 de junio de 1959 se produce la reorganización del Gobierno Provisional, entran al mismo el Comandante del Ejército Rebelde Pedro Miret, Raquel Pérez y Raúl Roa. Estos cambios dejan cada vez más aislado al Presidente de la República en su tibia política reformista y retardadora del proceso revolucionario.

Por ese motivo el Comandante Fidel Castro, Primer Ministro del Gobierno y líder de la Revolución, renuncia al cargo el 16 de julio del 59 y denuncia la posición del Presidente. La respuesta del pueblo en respaldo Fidel fue unánime, hecho que obliga al presidente Urrutia a renunciar a su cargo al siguiente día.

El 18 de julio asume la Presidencia de la República el doctor Osvaldo Dorticós Torrado, prestigioso abogado identificado plenamente con la revolución en marcha, en tanto Fidel reasume la jefatura del gobierno el 26 de julio ante una multitudinaria concentración en la Plaza de la Revolución para conmemorar el sexto aniversario del Asalto al Cuartel Moncada.

Completando el programa de satisfacciones y demandas populares el Gobierno Revolucionario decreta la rebaja de los alquileres de las viviendas, de las tarifas eléctricas y telefónicas y la reposición en sus puestos de trabajo de todos aquellos que fueron cesanteados por motivos políticos.

Junto a ello la Revolución supo encaminar el justo reclamo de la clase obrera por lograr conquistas sectoriales que amenazaban la realización de la zafra azucarera y otras actividades vitales de la economía, demostrando que los cambios iban más allá que la conquista parcial de determinados reclamos, sino a la base estructural de la sociedad burguesa en Cuba.

El líder de la Revolución en sus constantes orientaciones explica a las masas trabajadoras, la necesidad de posponer los anhelos y evitar el caos del país; tener confianza en el proceso revolucionario como forma de alcanzar aquellos sueños inalcanzables durante años en la república y que podían ser tan peligrosos como la acción de la oligarquía nacional y sus seguidores, al correrse el riesgo de hacer ingobernable el país.

Los meses finales de 1959 fueron el inicio de la reacción terrorista contra la Revolución, sabotajes, vuelos piratas desde Estados Unidos para incendiar cañaverales y atacar objetivos económicos, las conspiraciones, como el complot del gobierno dominicano de Rafael Leonidas Trujillo contra Cuba, la sedición del comandante del Ejército Rebelde Hubert Matos en Camaguey y los esfuerzos de las autoridades norteamericanas y sus organismos de subversión por desestabilizar la Revolución y hacer fracasar el proceso democrático-popular cubano.

Para defender a la Revolución Cubana y dar una respuesta enérgica a los violentos actos de lucha contra el país, se crean las Milicias Nacionales Revolucionarias el 26 de octubre de 1959, brazo armado popular del nuevo estado cubano.

La alternativa estaba planteada, con el pueblo o contra el pueblo, así terminó el año 1959.


[1] Este documento se conoce como “La Historia me Absolverá” y contiene en síntesis el programa de la Revolución, base de las primeras medidas que tomó el Gobierno Revolucionario.

Historia

La madurez del Ejército Rebelde y el fin de la tiranía

La Revolución Cubana está por cumplir 53 años, el triunfo de la insurrección popular que liderara el Comandante en Jefe Fidel Castro desde el asalto al Cuartel Moncada el 26 de Julio de 1953 terminó por derrocar al presidente de facto Fulgencio Batista, tras casi siete años de dictadura que dejó un saldo cercano a los veinte mil muertos.

Este fue el resultado de una insurrección armada, apoyada por la mayor parte del pueblo, que cifró todas sus esperanzas en un cambio para los desposeídos de esta isla.

El Ejército Rebelde desde los primeros meses de 1958 muestra su madurez al extender la guerra a las cercanías de la ciudad de Santiago de Cuba y al macizo montañoso Sagua-Baracoa, al norte de la zona oriental, donde los comandantes Juan Almeida y Raúl Castro, abrieron el Tercer y Segundo frente respectivamente.

Otro pequeño grupo dirigidos por el Comandante Camilo Cienfuegos, operaban en las llanuras del río Cauto, en las cercanías de la ciudad de Bayamo.

En la Sierra Maestra se había establecido un pequeño territorio básico donde operaba la Comandancia del Ejército Rebelde, la estratégica emisora Radio Rebelde, establecida el 24 de febrero de 1958 para orientar al pueblo y coordinar el desarrollo militar de la guerrilla y una mínima base logística para mantener a la guerrilla, entrenar nuevos soldados y defender el territorio de las Columnas 1 y 4 de Fidel Castro y de Ernesto Guevara.

Tras la huelga de abril, el gobierno de Batista decide organizar una fuerte ofensiva contra el reducto principal de la Sierra Maestra, para intentar desalojar a los revolucionarios. El mando de la guerrilla, encabezado por Fidel, decide pasar a la guerra de posiciones para defender el territorio básico para la supervivencia del Ejército Rebelde.

De mayo a agosto de 1958 se desató la ofensiva, más de diez mil soldados de las tres armas, bien armados y con la asesoría militar de Estados Unidos no lograron desalojar al Ejército Rebelde que apenas llegaba a unos 300 efectivos

Tras duros combates el Ejército batistiano perdió la iniciativa en la provincia de Oriente, la moral de las tropas se resquebrajó y los mandos militares se replegaron a las ciudades de esta zona del país, dejando a los insurrectos dueños del campo.

En tanto la guerrilla crece, se forman nuevas columnas y frentes de guerra, armados con los pertrechos tomados al enemigo, la guerra se extendió a las provincias de Camaguey y Las Villas, con el envío de dos columnas comandadas por Camilo Cienfuegos y Ernesto Guevara, quienes tenían el objetivo de reunirse con las fuerzas guerrillera que combatían en el macizo montañoso del Escambray.

El presidente Batista presionado por las fuerzas de oposición, el empuje de las guerrillas y la “preocupación” del gobierno de los Estados Unidos, convoca a elecciones generales para noviembre de 1958 a fin de frustrar el inminente triunfo de la insurrección popular encabezada por Fidel Castro.

La oposición moderada y admitida, se presta al juego electoral, temerosa también de una salida revolucionaria, y se presenta a unos comicios amañados y de pobre participación en el que resultó electo el candidato oficialista Andrés Rivero Agüero, ex secretario particular del tirano y su primer ministro desde 1957 hasta marzo de 1958.

El 20 de noviembre de 1958 Rivero Agüero fue proclamado presidente electo para entrar en funciones el 24 de febrero de 1959, Batista se reservaba para sí la Jefatura del Ejército.

El fracaso político y el boicot popular a las elecciones eran síntomas del hundimiento del régimen, momento aprovechado por el Ejército Rebelde para desatar una ofensiva general en todo el país.

Las fuerzas revolucionarias inferiores en número y armamento, pero contando con el apoyo mayoritario del pueblo despliega una poderosa ofensiva de noviembre a diciembre de 1958, principalmente en las provincias de Oriente y Las Villas, ocupando las principales ciudades, aislando a otras, derrotando en toda la línea al Ejército de la tiranía, que desmoralizado se repliega.

Esta ofensiva provoca la renuncia del dictador Fulgencio Batista quien en la madrugada del 1º de enero de 1959 renuncia y abandona al país. Nacía para Cuba un nuevo período en su Historia, en el que las clases populares entraban a decidir sus destinos.

Historia

La guerrilla en la Sierra Maestra



Fidel Castro, en la Sierra Maestra

Tras el desembarco el 2 de diciembre de 1956 el grupo expedicionario sufrió un duro revés en un lugar llamado Alegría de Pío, aún en el llano, rodeados de fuerzas del ejército y desconocedores de la zona, fueron sorprendidos y dispersados.

Solo un pequeño grupo llegó a reencontrarse con Fidel Castro en un lugar conocido por Cinco Palmas a donde fueron llegando auxiliados por los campesinos de la Sierra Maestra.

Desde el primer momento la guerrilla establece una fuerte relación con el campesinado de la Sierra Maestra, al sur de la zona oriental del país. Lo que le permitió un lento pero sostenido fortalecimiento de un pequeño grupo de combatientes de gran capacidad de maniobra, conocimiento de l terreno y el liderazgo de Fidel Castro, un joven abogado decidido a derrocar la dictadura de Fulgencio Batista e iniciar los cambios profundos que requería la sociedad cubana.

El Ejército Rebelde, nombre que adoptó el movimiento guerrillero, se vio reforzado por combatientes reclutados por el Movimiento 26 de Julio (M-26-7) en las zonas urbanas del país y por campesinos de la zona que se incorporaron a la lucha contra la dictadura.

Esto permitió mantenerse con éxito combatiendo contra las fuerzas del Ejército Nacional que los perseguían sin tregua desde el primer día del desembarco.

Con mucho éxito se desarrolló en las zonas urbanas del país el M-26-7, organización de ideología heterogénea en la que se agruparon aquellos que querían terminar la dictadura. En las condiciones concretas de la lucha armada este Movimiento actuó con una amplia autonomía, organizando sabotajes y atentados contra colaboradores del régimen, recaudando fondos y recursos para la guerrilla. Su fuerza y actividad en estos primeros meses de la insurrección, hizo que sus dirigentes, deseosos por acabar con el régimen de Batista, sobrevaloraran el papel que jugaban estas fuerzas urbanas (El Llano) y subestimaran, aunque de modo inconciente, al núcleo guerrillero (La Sierra)

Este desencuentro táctico llevaría a las milicias del M-26-7 a proponer a la Dirección Nacional, liderada por Fidel Castro, convocar una Huelga General en el país el 9 de abril de 1958, tras una amplia ofensiva contra objetivos económicos y ataques a las fuerzas del tirano. Aceptado el plan el Ejército Rebelde participaría del mismo con acciones militares en su radio de acción de la Sierra Maestra.

El resultado fue el fracaso de la Huelga, abortada a sangre y fuego por las fuerzas del gobierno, con una alta cuota de represión y muerte, la desarticulación de muchas células del Movimiento y un gran desaliento en el pueblo.

En un análisis posterior que hizo la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio, se criticó duramente la forma sectaria de la organización de la huelga, que ignoró la dirigencia histórica del movimiento obrero, de fuerte influencia comunista; el triunfalismo y descentralización de las fuerzas dentro de la organización, que permitió que funcionaran casi como si fueran dos organizaciones independientes, una urbana (El Llano) y otra guerrillera (La Sierra).

A partir de este revés el M-26-7 se organiza centralizadamente alrededor del Ejército Rebelde y su líder Fidel Castro, reconocido como Comandante en Jefe de todas las fuerzas que enfrentaban al régimen dictatorial, fortaleciéndose su unidad con el movimiento obrero y con todas las fuerzas opositoras a Fulgencio Batista.

Historia

2 de Diciembre de 1956


El yate Granma

Hace ya 55 años ocurrió un hecho trascendente en la Historia de Cuba, ese día en la madrugaba arribaron a la cenagosa playa de los Cayuelos[1] un grupo de jóvenes dispuestos a cambiar radicalmente los destinos de este país.

La expedición venía capitaneada por Fidel Castro, un joven abogado que ya había demostrado su entrega a la causa de los humildes, enfrentando al gobierno dictatorial de Fulgencio Batista, liderando el asalto del Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. Era la clarinada necesaria para organizar al pueblo alrededor de una vanguardia joven, martiana y no mezclada con la politiquería oportunista que solo buscaba el poder para beneficios de minorías privilegiadas, dueñas del país y mantenedoras de la más grande dominación sobre la economía cubana.

En el yate Granma, acompañando al líder indiscutible de aquel movimiento popular y revolucionario estaban 81 expedicionarios, la mayoría cubanos y algunos extranjeros que compartían la herejía de estar junto a los pobres de la tierra.

Para los cubanos de hoy esta historia se ha convertido en “historia oficial” con el desgaste que puede ocasionar el guión repetido que se va perdiendo en la distancia, como cosa del pasado. Pero es necesario recordar que en aquella pléyade heroica venían los hombres que constituirían la base la vanguardia histórica de la Revolución Cubana: Fidel y Raúl Castro, Juan Almeida, Camilo Cienfuegos, Ramiro Valdés, Julito Díaz, Ciro Redondo, Ernesto Guevara, ese argentino nuestro que se forjó en las luchas guerrilleras de la Sierra Maestra, legándonos un ejemplo de desinterés e internacionalismo que todos recordamos, y muchos otros que no olvidaremos.

“Seremos libres o mártires” les dijo Fidel ante de partir a quienes venían en aquel pequeño yate salido de México un 25 de noviembre y la promesa se cumplió, muchos cayeron en la demanda, otros fueron detenidos y los que lograron llegar a la Sierra Maestra constituyeron el núcleo del Ejército Rebelde, vanguardia armada que derrocó la dictadura de Batista y emprendió las grandes transformaciones sociales en nuestro país.

En Cuba los esperaba un movimiento organizado y aguerrido, capitaneado por el joven santiaguero Frank País y por Celia Sánchez, ambos en el afán de facilitar el desembarco y permitir que el grupo llegara a la Sierra Maestra para emprender la lucha armada contra la dictadura. Era el inicio de una epopeya que trataremos de resumir en este diciembre de recuestos.


[1] Este sitio está situado al sur del municipio de Niquero en la actual provincia cubana de Granma, llamada así en homenaje a este desembarco.

Historia, Opinión

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