Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

El son oriental


En la década del veinte del siglo XX cobra auge el son, un ritmo oriundo de la zona oriental del país, que a lo largo de muchos años fue asimilando influencias rítmicas venidas de España y África fermentados y sedimentados en la segunda mitad del siglo XIX, época en que inicia su expansión hacia el resto del país hasta llegar a La Habana a principios del siglo XX.

El son en un ritmo popular donde el canto es acompañado de percusión y guitarra, se baila en pareja y constituye una de las formas básicas de la música popular cubana.

Su llegada a la Habana se sitúa entre 1909 y 1910 acompañando las corrientes migratorias internas características de este período, que conllevó igualmente la llegada de la rumba a la zona oriental de país.

La llegada del género a las orquestas danzoneras y la creación del legendario Sexteto Habanero en 1920, consolidó al son en el gusto popular de la capital. Bailado en los sitios más humildes y rechazado por la burguesía y los gobernantes de turno, se impondría rápidamente en la sociedad cubana, difundiéndose ampliamente no solo en Cuba, sino en el mundo a través de las grabaciones de la época y por los mecanismos de distribución de las firmas norteamericanas.

Con el son se produce la irrupción en el panorama sonoro de la capital de instrumentos montunos de la parte oriental del país, como fueron los casos de la marímbula, de origen dominicano y muy difundido en Oriente, aunque en La Habana poco a poco fue desplazada por el contrabajo de similar sonido; la quijada, propiamente de un equino o vacuno, cuyo sonido al vibrar los dientes fijados a ella dan una sonoridad única al son oriental; los timbales criollos, apretados entre las piernas y percutidos con la yema de los dedos; la botija, propiamente de barro y con un hueco en su centro por el cual se sopla para obtener un sonido grave como el fotuto de cobo de los aborígenes caribeños; el diente de arado, de sonido estridente y fuerte que marca el ritmo, la guitarra tradicional y el célebre Tres, guitarra encordada de a tres pares de cuerdas, que da un sonido agudo, característico del son. En La Habana se agrega a este conjunto sonero, las claves, las maracas y finalmente una trompeta, que completa el formato tradicional de los conjunto sonero de esta época.

El son original presenta una parte repetitiva inicial, cantada en forma pausada por el solista, luego da paso al montuno, cantado por varias voces y mucho más movido rítmicamente. En esta última parte todos los instrumentos improvisan, al igual que la voz prima, con protagonismo alterno de todos, hasta que se hiciera necesario un descanso, dado lo intenso del ritmo y el baile. Lo novedoso del son está en, “darnos el sentido de la poliritmia sometida a una unidad de tiempo (…) (dentro del cual), cada elemento percutido lleva una vida autónoma”[1]

Con el son aparece el primer ritmo creado netamente en Cuba, con gran libertad de expresión, permitiendo que cada grupo tuviera una forma de tocar el son y que al mismo tiempo se asimilaran otros ritmos que lo actualizaran, en una vigencia constante que ha sobrevivido hasta nuestros días.

A principios de la década del veinte y con la aparición del “Sexteto Habanero” el son se convierte en abanderado de la música nacional en contraposición al empuje que venían ejerciendo los ritmos norteamericanos como el fox-trot y el charleston.

Mientras el son se hacia popular en toda la isla, e la región oriental, cuna de ese ritmo, se desarrollan otras formas musicales que iban a caracterizar a esa región del país.

En la raíz misma del son, manteniendo lo más puro del ritmo, se desarrolló y se mantuvo en las zonas rurales de la región Guantanamera el Changüí, una de las formas más antiguas del complejo sonero. En esencia es el son pero con predominio de la marímbula, el güiro y el tres, además de tener una coreografía más rígida en la que los bailadores casi no levantan los pies del suelo, arrastrándolos mientras giran enlazados.

En la zona de Manzanillo la introducción del órgano de manigueta, de origen francés, da lugar al surgimiento de un conjunto formado por el órgano, pailitas criollas, güiro o guayo y tumbadora. Con esta agrupación que tiene al órgano como líder se hace la “música molida”, en alusión al movimiento de la manigueta como si fuera un molino manual y se interpretan danzones, sones, polcas, guarachas y muchos otros ritmos, pero todos con el formato sonero, lo que ha dado lugar al surgimiento de una música característica de estilo propio.

Los órganos son de cilindros con cientos de puntillas que al rotar mediante manivela produce las correspondientes notas de cada pieza musical montada en el cilindro en cartón perforado con la canción que se interpreta.

La popularidad del Órgano Oriental, como se le conoce en toda Cuba, se fue extendiendo por todo el valle del río Cauto y luego a la zona de Holguín, siendo su presencia en celebraciones y fiestas populares en toda esta vasta región, formando parte del folklor campesino cubano. En La Habana fue oído por primera vez a finales de la década del veinte al venir a la capital el órgano “Isla de Cuba”.

La segunda mitad de los años veinte consolida al son oriental como la música de moda, preferencia que ha mantenido en el público cubano, pero esto es ya otra historia


[1] Alejo Carpentier, “La Música en Cuba”

Cultura, Historia

Si le ha gustado esta entrada, por favor considere dejar un comentario o suscríbase al feed y reciba las actualizaciones regularmente.


Deje su comentario

Debe para dejar un comentario.

chatroulette chatrandom