Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Archivo de Agosto, 2011

Gonzalo de Quesada y Arostegui, compilador de las obras de José Martí


Los cubanos todos tenemos una deuda con Gonzalo de Quesada y Arostegui, tal vez el colaborador más cercano a José Martí en los últimos años de su vida, el hombre que se ganó por derecho propio el título de discípulo de Martí, aunque la historiografía posterior lo sitúe un poco más a la derecha de lo que estaba nuestro Héroe Nacional, no viéndolo desde la óptica de hoy sino desde la lectura de sus trabajos en esa misma época en que Gonzalo fue su mano derecha en los afanes de fundar a Cuba.

Desde las lecturas de hoy y el acontecer posterior, habría que preguntarse si Gonzalo entendió del todo las posiciones antimperialista del Apóstol, sus inquietudes por la nación que querían fundar y la república que proclamó y defendió desde el Partido Revolucionario Cubano y su periódico Patria. Eso es tema para otro estudio.

Lo innegable es la devoción de este hombre por José Martí y la tarea que se impuso al proponerse entregarnos a los cubanos, de todos los tiempos, la gran obra intelectual del Maestro, desconocida prácticamente en la Cuba que nacía y en peligro de ser tergiversada, sino se le tenía lo más completa posible. Ese, entre otros, fue el mérito de este cubano culto y abnegado.

Gonzalo de Quesada y Arostegui, inicia en 1900 una hermosa labor bibliográfica que tendrá un altísimo valor para la nación cubana, ese año justamente el 19 de mayo sale a la luz en Washington el primer volumen de las obras completas de José Martí:

“En el quinto aniversario de su consagración heroica se publican estas páginas -a manera de guía para posteriores y más perdurables ediciones- como primera piedra del monumento que le ha de levantar mi admiración y mi gratitud.”[1]

En medio de sus múltiples obligaciones diplomáticas[2]Gonzalo de Quesada encuentra tiempo para ir recopilando y organizando los tomos correspondientes de los escritos de José Martí, la simiente necesaria para que su pueblo y los pueblos latinoamericanos conocieran el pensamiento del más universal de los cubanos, ese que lejos de su patria había laborado por su libertad, independencia y su futuro y que tan desconocido era en este primer período de vida republicana.

Ante la indiferencia oficial por el empeño de Quesada este no se rinde y de su propio peculio paga la edición de los primeros quince volúmenes, misión que solo dejó de cumplir cuando lo rindió la muerte[3], aunque dejó la encomienda a su hijo que continuó la titánica labor.

“Acuérdese de que ya dije en el segundo volumen que estas publicaciones no eran más que “guía para posteriores y perdurables ediciones”. Esas las harán los literatos. Mi misión -y apenas hay tiempo para ella- es ir a la mina y sacar el mineral. ¡Trabajo de obrero infeliz; pero sincero! (…) después vendrán los artistas y escogerán. Para el obrero tenga, pues, generosidad y justicia (…) Deje de ser por un momento artista y sea obrero.”[4]

La publicación de estos primeros tomos, más la persistente labor de las personas que conocieron a Martí[5], publicando en la prensa de la época documentos del Apóstol, hicieron que la obra de este no solo fuera conocida sino que creciera de forma militante en los sectores más progresistas de la sociedad cubana.

Desmeritar este esfuerzo de Gonzalo de Quesada y Arostegui y de su hijo Gonzalo de Quesada y Miranda, sería, parafraseado a Martí, negar que el sol tiene manchas, pero que solo los desagradecido hablan de ellas, mientras los agradecido, hablan de su luz.


[1] Quesada y Arostegui, Gonzalo: Prólogo Volumen I Obras Completas de José Martí. Washington, 1900

[2] Gonzalo fue el primerembajador de Cuba ante el gobierno de los Estados Unidos y luego lo fue enAlemania.

[3] Gonzalo de Quesada murió en Berlín el 9 de enero de 1915

[4] Carta de Quesada a Néstor Carbonell, 4/9/1909

[5] Fermín Valdés Domínguez
fue otros de los que insistieron en dar a conocer la obra de José Martí en la
prensa de la época.

José Martí, Opinión

Baracoa, 500 años



Está de aniversarios Baracoa, la ciudad primada, paisaje y leyenda asentados en una bahía de media luna que el almirante bautizó Puerto Santo y santificó con una tosca cruz que daba un sentido de propiedad sobre aquellos hermosos parajes dominados por una montaña en forma de yunque sobresaliendo en medio de una exuberante naturaleza ya ocupada por gente laboriosa y pacífica que esa vez fue amiga y los auxilió en su bregar por encontrar el Catay fabuloso.

Casi veinte años después, llegaban en son de conquista unos trescientos hombres comandados por el Adelantado Diego Velázquez, puede ser que no mirase mucho aquel paisaje, ahora hostil, con una población advertida de las atrocidades cometidas por el hombre blanco y barbado en la isla vecina; allí plantó su bandera y dijo misa el español, presidida aquella ceremonia, quizás por la “Cruz de la Parra” dejada por Colón.

Un 15 de agosto de 1511, comenzaba para Cuba el ciclo histórico, el bullente ajiaco aliñado con sangre y ambiciones de oro, jalonado con la rebeldía de aquella raza noble taína que convirtió los intrincados montes de Baracoa en el refugio imbatido de Guamá, señor de aquellas serranía donde resistió muchos años sin pedir, ni dar cuartel.

Eso es Baracoa, el inicio del todo, El Génesis Cubano, la que durmió su rebeldía en la lejanía de la ambición hispana, que la hizo capital “primada de Cuba” para luego quedar suspendida del olvido y la leyenda, arrinconada en el Paso de los Vientos a merced de las convulsiones en Saint Dominique, refugio del orgullo criollo de esas posesiones francesas y capital hermosa de ese hocico del caimán cubano, agreste refugio del aborigen, del cimarrón escondido en los pliegues de sus montes y del mambí indomable que forjó su sueño identitario y lo defendió con el culto de lo propio.

¡Salud ciudad, que no te quedaste detenida en el tiempo, sino que destilaste el sumo de la cubanía para darnos hoy esa esencia mestiza, tan cubana y tan baracoana!

Cultura, Historia

Despertar de la conciencia nacional



La década del veinte del siglo XX en Cuba es conocida por los historiadores como la “Década Crítica”, por el cúmulo de acontecimientos que se sucedieron en ella y por el protagonismo que fueron ocupando las fuerzas sociales, hasta ahora marginadas o indiferentes ante el fenómeno de la política nacional, en manos de un grupo de “Generales Y Doctores”, que secuestraron prácticamente el aquella república castrada y modelada por los Estados Unidos para servir sus intereses, dejando a esta “casta” el gobierno de la misma, que significaba ante todo el erario público, como fuente de riqueza y corrupción, todo esto comenzó a cambiar en esta década con el protagonismo de una nueva generación, sin complejos de culpa y sí dispuesta a cambiar aquella situación vergonzosa.

Con el inicio de la Primera Guerra Mundial se produce una demanda muy alta de productos alimenticios y otros insumos, entre ellos el azúcar que mediante una gran especulación alcanzó altísimos precios en poco tiempo, este repunte de los precios del azúcar repercutió en la economía monoproductora de Cuba y provocó un auge de las inversiones y un alza en la producción de este producto. Las grandes ganancias de todo lo que tenía que ver con la producción azucarera trajo un período de bonanza económica conocido como “danza de los millones ” o período de las “vacas gordas ” que tuvo su drástico fin al término de la guerra 11 de noviembre de 1918, y la brusca caída de los precios del azúcar lo que originó la crisis de 1920-1921, cuyos efectos inmediatos fueron la quiebra bancaria y la ruina de los propietarios nacionales en beneficio de los financistas de Estados Unidos, pero que se hizo sentir con más fuerza en los sectores humildes de la sociedad cubana que perdieron el sustento de sus familias en un duro período económico conocido como “de las vacas flacas”.

El desarrollo de la crisis coincide con la llegada al poder del presidente Alfredo Zayas, y con el protagonismo de nuevas fuerza políticas y sociales conformadas principalmente por los jóvenes, desinhibidos del derrotismo y la frustración de las fuerzas que habían hecho la guerra independentistas o aquellos que de una forma u otra habían estado por la independencia real y renovaban su compromiso junto a las fuerzas nuevas en este proceso conocido en nuestra historia como el “despertar de la conciencia nacional” frente a las poderosas fuerzas de la oligarquía nacional entreguista y los monopolios extranjeros, principalmente norteamericanos.

En diciembre de 1922, a la luz de las reformas universitarias que están produciéndose en América Latina y como parte de los nuevos tiempos que vive el país, el joven estudiante de derecho Julio Antonio Mella funda la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y pasa a destacarse como líder de esa generación al encabezar en enero de 1923 la huelga estudiantil que ocupa la Universidad de la Habana y obliga al gobierno de Zayas a crear la Asamblea Universitaria, integrada por 30 profesores, 30 graduados y 30 estudiantes, facultada para elegir al Rector, modificar los estatutos y los planes de estudios del alto centro docente al tiempo que reconoce la personalidad jurídica de la FEU.

Julio Antonio Mella McFarland (1903-1929) matricula a los 19 años en la Universidad de La Habana como alumno de Derecho y Filosofía y Letras, sobresaliendo por sus dotes de líder y en las prácticas estudiantiles. En 1922 participa en una manifestación contra la Enmienda Platt, destacándose por sus posiciones martianas y antiimperialistas, así como una rápida identificación con el movimiento obrero.

Es el líder de los estudiantes universitarios y creador de su organización la FEU, del Congreso Nacional de Estudiantes y de las luchas por la Reforma Universitaria. Mella fundó, además, el Ateneo José Martí -dedicado a estudiar la obra del Maestro- y la Universidad Popular José Martí -para trabajadores-, las revistas “Alma Mater” y “Juventud”, así como el Grupo Renovación de estudios marxistas. Durante 1924 crea la Federación Anticlerical de Cuba y el periódico “El Libertador” y en julio de 1925, la sección cubana de la Liga Antiimperialista de las Américas y el Instituto Politécnico Ariel.

La “Protesta de los Trece”[1], encabezada por Rubén Martínez Villena, tuvo por móvil el rechazo a la corrupción gubernamental, algo que era consuetudinario a todos los gobiernos de la República después de la segunda intervención. La escena política republicana sólo había contado hasta el momento con caudillos y políticos corruptos, un pequeño grupo de patriotas en oposición crítica y un incipiente movimiento obrero, así como diversas formas de protesta desde huelgas, sublevaciones, hasta el bandidismo. Este viril acto de rechazo a la corrupción estatal la encabezan un grupo de intelectuales jóvenes que luego formarían la base del “grupo minorista” que encabezó estos enfrentamientos contra la corrupción y por la dignificación de la sociedad y sus instituciones, con un amplio temario y con influencia en amplios sectores de la sociedad cubana. Esto contribuyó al desarrollo de una tendencia independentista de inspiración martiana y más tarde antimperialista.

Dos hechos trascendentes ocurren en 1925: del 2 al 7 de agosto nace la Confederación Nacional Obrera de Cuba y el día 16 del mismo año, el Partido Comunista fundado por Mella y el socialista Carlos Baliño, entre otros, que pronto es ilegalizado, procesados sus líderes y perseguidos sus integrantes.

Del 2 al 6 de agosto de 1925 se reúne en la ciudad de Camaguey el congreso obrero que acordó la fundación de la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC), la cual agrupó en forma unitaria a los representantes más honestos de las organizaciones sindicales de diferentes ideologías del país. Asistieron 160 delegados de 128 organizaciones. Su convocatoria fue impulsada en mayor medida por la Federación Obrera de La Habana, encabezada por Alfredo López, que había constituido en 1921 un primer paso de unidad al agrupar a unas 29 organizaciones.

Alfredo López (1894-1926) era un obrero tipográfico nacido en Sagua la Grande y que desarrolló una activa vida en las organizaciones sindicales de la época, se inició en la Asociación de Tipógrafos y fue un factor importante en la creación en la Federación Obrera de La Habana (1921) y luego en la creación de la CNOC. Su identificación ideológica con el anarcosindicalismo no le impide simpatizar con las ideas socialistas y antiimperialistas que se gestaban en Cuba en esos momentos. Desde 1923 conoce y colabora con Julio Antonio Mella.


[1] El 18 de marzo de 1923 un grupo de trece jóvenes intelectuales cubanos realizan una protesta pública por la fraudulenta compra del Convento de Santa Clara por el gobierno de Alfredo Zayas en poco más del doble de su costo en una operación clara de desfalco al fisco de Cuba, por primera vez un hecho de esta envergadura era repudiado por ilegal por un grupo desconocido de jóvenes en nombre de la dignidad de la sociedad cubana. Al día siguiente estos jóvenes firmaron un manifiesto que dieron a conocer en la prensa en el que aparecía los protagonistas: Rubén Martínez Villena, José Antonio Fernández de Castro, Calixto Masó, Félix Lizaso, Alberto Lamar Schweyer, Francisco Ichaso, Luis Gómez Wangüemert, Juan Marinello Vidaurreta, José Z. Tallet, José Manuel Acosta, Primitivo Cordero Leyva, Jorge Mañach y J.L. García Pedrosa.

Historia

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