Cultura Cuba

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Claudio Brindis de Salas (1852-1911). El Paganini negro

AÑO INTERNACIONAL DE LOS AFRODESCENDIENTES

El más extraordinario de los músicos negros del siglo XIX cubano fue sin dudas el violinista Claudio José Domingo Brindis de Salas, nacido en La Habana el 2 de agosto de 1852, hijo del maestro de baile del mismo nombre y apellido de quien aprendió los primeros acordes del violín. A los diez años hizo su presentación en el Liceo de La Habana ya como discípulo del maestro belga Van der Gurch, residente en La Habana.

Enviado a estudiar al Conservatorio de París con los maestros Dancla, David y Sivori, entre otros; allí obtuvo un primer premio siendo muy elogiado por la crítica parisina por su virtuosismo excepcional, fue aclamado en Milán, presentándose en el célebre teatro de la Scala; Florencia, Berlín, San Peterburgo y Londres. En 1875 regresó a América, cargado de condecoraciones, “con el fantástico título de Director del Conservatorio de Haití”, viajó por Venezuela, Centroamérica y México. En 1877 estuvo en La Habana, donde no dejó de sentir el desprecio de los ricos criollos por el color de su piel, no obstante tocó en el Tacón y algunas de la ciudades del interior de la isla, pero se marchó víctima de su color en una sociedad que solo vio en él una curiosidad de feria.

Los franceses lo distinguieron con el Botón de Caballero de la Legión de Honor y los alemanes le concedieron el título de Barón. Después de giras triunfales por España y Argentina- en Buenos Aires sus admiradores le obsequiaron un violín Stradivarius- se radica en Berlín donde se casó con una aristócrata alemana con la que tuvo tres hijos. Nombrado músico de Cámara del Emperador, alcanzó a fines de siglo, los máximos honores posibles. Atenazado por las deudas, con una vida dispensada y bohemia se separa en 1898 de su familia par comenzar un camino de fracasos y olvido que lo llevó a diversas ciudades de España y luego de América.

La época del virtuosismo iba pasando, los grandes golpes de arco, los repertorios hechos para el lucimiento de facultades fenomenales ya no complacían al público y el genio de Brindis de Salas comenzó su ocaso lejos de su patria. En 1900, emprende nuevas giras en busca de resarcir su situación económica. Sus biógrafos lo sitúan en Cuba en los primeros años del siglo XX haciendo giras por los teatros del interior del país. Existen referencias de la búsqueda de sus raíces negras en un país que casi no conoce y donde solo es un fracaso económico, finalmente enfermo de tuberculosis recala en Buenos Aires en 1910 donde muere solo y olvidado llevando como su gran tesoro el Stradivarius que le obsequiaron los argentinos y que poco antes de morir empeñó. Muere el 2 de junio de 1911.

Al encontrar su pasaporte alemán se dieron cuenta de quién era aquel “negro atorrante” enterrado en una fosa común, entre sus raídas ropas las glorias pasadas de su fama recogida en crónicas y críticas que conservaba. En 1917 el diario de Buenos Aires “La Razón” inició una campaña para darle digna sepultura al “Paganini Negro” en el cementerio de las Chacaritas y le dieron solemne sepultura.

Sus restos regresaron a La Habana en 1930 donde fueron sepultados en el Panteón de la Solidaridad Musical de La Habana, con los grandes honores merecidos por su talento. Hoy sus mortales restos están en la Sala de Concierto de la Iglesia de Paula, allí descansa uno de los grandes músicos del siglo XIX homenajeado a diario por músicos y diletantes en una bellísima sala restaurada por la Oficina del Historiador de La Habana, en esta otra Habana que se enorgullece de tenerlo entre sus hijos.

Fue uno de los personajes más interesantes de la historia musical cubana. “Sus programas no revelan un gran rigor de criterio, en cuanto al repertorio. Como muchos de sus contemporáneos, prefería la “fantasía brillante”, erizada de espectaculares dificultades, a Bach o Händel”[1] como lo de cualquier virtuoso de su época, era la moda y a ella rindió culto nuestro “Paganini Cubano”, como le llamó con razón Alejo Carpentier.


[1] Alejo Carpentier: La Música en Cuba. Pág. 134-137. La Habana, 1988

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Comentarios

Una respuesta a “Claudio Brindis de Salas (1852-1911). El Paganini negro”
  1. Tomás dice:

    Cuanta riquesa humana tuvo nuestra Cuba,sin duda fuimos y somos aún,la envidia de los demás,y a pesar de nuestros errores Cuba fue un bastión de heroes,intelectuales,filosofos,poetas,arquitectos,somos gente creativa e innovadora,por éso en 56 años,casi 57, se hizo el 80 y pico% de la isla,incluyendo la habana,como le llama,el gran pianista:Enrrique Chia,LA ETERNA CUBA,y qué?,si hablamos de su género músical,no habria papel en el mundo,que alcansara para escribir sobre los genios músicales,como el gran Paganini cubano,es una pena,que muriera,como murió,Tomás.



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