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Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Archivo de Abril, 2011

Crónica sobre Jesse James de un corresponsal llamado José Martí


Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas:

- y mi honda en la de David.

José Martí

En 1882 moría a manos de un miembro de su banda Jesse W. James, tenía 35 años y había emergido de la guerra civil de Norteamérica como un “héroe”, más por su audacia que por su nobleza. La tradición popular engrandeció su arrojada audacia y empequeñeció sus crímenes, que no fueron pocos.

“Era héroe de la selva. Su bravura era tan grande, que las gentes de su tierra se la estimaban sobre sus crímenes”[1] y el vaquero ganó leyenda de bandido romántico que robaba a los ricos para dárselo a los pobres, condición que José Martí desmitifica en un artículo enviado desde Nueva York para el periódico venezolano, «La Opinión Nacional» haciendo énfasis en su criminalidad al asaltar bancos, trenes y cuanto lugar con dinero quedara al alcance de sus pistolas y los veloces caballos de su banda.

“(…) Empezó a vivir cuando había guerra, y arrancó la vida a mucho hombre barbado, cuando él aún no tenía barba (…) Fue de los guerrilleros del Sur, para quienes era la bandera de la guerra escudo de rapiña. Su mano fue instrumento de matar. Dejaba en tierra al muerto, cargado de botín, iba hacer reparto generoso con sus compañeros de proezas, que eran tigres menores que lamían la mano de aquel magno tigre”[2]. La objetividad se vuelve irónica para abordar el rasgo mistificador del “bandido bueno” y dejarlo en lo que era realmente, un salteador llevado a la condición de héroe porque “(…) los pueblos inquietos, que ciegos a veces por ese resplandor que tras de sí deja la bravura, veían en el ladrón osado a un caballero del robo (…)” [3]

Luego de caracterizar a Jesse James, José Martí se pregunta, ¿dónde hallan, como quieren hallar diarios y cronistas, hazañas de caballero manchego en ese ensangrentador de los caminos?”, y enjuicia al Gobernador, por obviar la justicia y valerse de los mismos métodos que el bandido para quitarlo del medio: “¿Pues que respeto merece el juez, si comete el mismo crimen que el criminal?”[4]

Finalmente una velada ironía cierra este trabajo que no es solo una crónica sobre Jesse James sino de la sociedad que lo engendró:“(…)Y los corregidores que lo persiguieron en vida, le sepultaron en féretro suntuosísimo, que de su bolsa pagarán, o de la del Estado: el cadáver fue a ser puesto en tierra de la heredad materna, en tren especial, y no en tren diario: llevan los cordones del féretro del bandolero los corregidores del lugar y millares de personas, con los ojos húmedos de llanto, acudieron a ver caer en la fosa a aquel que rompió tantas veces con la bala de su pistola el cráneo de los hombres, con la misma quietud serena con que una ardilla quiebra una avellana. Y los empleados de la policía del lugar quedaron arrebatándose la yegua veloz que montó el bandido.”[5]

Ya se sabe porque esa insistencia a olvidar la historia, a no mirar al pasado y a seguir en esta espiral efímera que es la vida humana, los tiempos son otros, la sociedad es otra y la misma, pero lo que ayer fue avance hacia el oeste, a toda costa, hoy sigue “hasta el infinito y más allá”, pero con los jinetes mejor armado dispuesto a conquistar el botín, no importa quien caiga…


[1] La Opinión Nacional, Caracas, 1882. O.C. t. 13, pág. 239

[2] Ídem

[3] Ídem, pág. 240

[4] Ídem, pág. 341

[5] Ídem, pág. 341

José Martí

Haití: La patria que del cepo nació a la academia


Allá al este de Cuba, como quien dice a la izquierda del cuerpo, nos duele Haití, tanto como para poner a su disposición todo lo que podemos y lo que no tenemos para que no muera la sepa libertaria de América, la nación negra que forma parte indisoluble de nuestra historia común de gente sin historia, varada en estas isla empotradas por la naturaleza al sur del gran imperio que nunca nos ha dejado de considerar su traspatio, lugar de influencia y mal ejemplo que hay que extirpar para que no crezca.

Haití ya no es mediática, las consecuencias de los males de siglo brotan de tanto en tanto, en epidemias, terremotos, sequías, ciclones y todo el arsenal del Apocalipsis, al que han contribuido en gran medida las “grandes naciones”, que no olvidan el agravio de una nación poniéndose en pie para derrotar a las tropas élites de Napoleón y levantar patria sobre las cenizas y sus contradicciones, bien aprovechadas en doscientos años de dependencia.

En estos días de abril tan significativos para otra isla hereje, como es la mía, celebrando los cincuenta años de otro “agravio” no perdonado[1], quiero recordar la deferencia que por Haití y su pueblo tuvo nuestro José Martí.

El título de este trabajo son palabras de nuestro Apóstol, admirado de la hombrada de la pequeña nación americana que pese a su pobreza pudo forjar una cultura, en merecidos elogios a Edmond Héraux, el poeta amigo de Cuba: “En él, como en todos los poetas haitianos, los versos sobre la patria adorada, la patria que del cepo nació a la academia, la patria que lleva en la frente el bonete de doctor y en los tobillos aún la marca del hierro, tienen el temple y la luz de una espada encendida”[2]

En 1894 el tema haitiano es tratado por Martí en el periódico “Patria”[3] para rebatir el argumento del “peligro negro” ante la revolución independentista que el promueve, son sus palabras:

“Hay diferencia esencial entre el alzamiento terrible y magnífico de los eslavos haitianos, recién salidos de la selva de África, contra los colonos cuya arrogancia perpetuaron en la república desigual, pariesense a la vez que primitiva, sus hijos mestizos, y la isla en que, tras un largo período preparatorio en que se ha nivelado, o puesto en vías de nivelarse, la cultura de blancos y negros, entran ambos, en suma casi iguales, a la fundación de un país por cuya libertad han peleado largamente juntos contra un tirano común”[4].

La argumentación política de Martí, no oculta la admiración por la Revolución de Haití, marca sus características y diferencias con la sociedad cubana de su tiempo a modo de desechar el “miedo al negro” como argumento para no emprender la “guerra necesaria”.

Señala que sobre ese miedo se apoya el colonialismo español para impedir la independencia y denigrar al gobierno haitiano simpatizante de la causa de Cuba, por eso su defensa del derecho de los cubanos a ser independientes, pasa por la reafirmación de las cualidades desarrolladas en la sociedad haitiana: “Haití es tierra extraña y poco conocida, con sus campos risueños como en la soledad de flores de oro del África materna, y tal gentío ilustrado, que sin que quemen los labios puede afirmarse que ese volcánico rincón ha producido tanta poesía pura, y libros de hacienda pública, jurisprudencia y sociología, como cualquier país de igual número de habitantes en tierras europeas, o cualquier república blanca hispanoamericana. Callarlo sería mentira,-O miedo…”[5]

Estas valoraciones de respeto y admiración crecieron con sus visitas a la “volcánica”, “telúrica” y “gran nación”, adjetivos que no dejó Martí de usar para definir a ese pueblo y a esa sociedad.

Allí recibió el apoyo para la causa de Cuba, de su gente humilde, de sus intelectuales y de las autoridades, a sabiendas de que los cubanos emprendían un camino que cien años atrás habían recorrido sus ancestros.

En Cabo Haitiano, ciudad que amó y que le dejó el recuerdo de muchos nobles haitianos y de una emigración cubana decidida, pasó sus últimas horas antes de venir a Cuba en un abril tenso y preludiador. Allí vive Hulpiano Dellundé, un cubano que los acoge y oculta cuando el “Nordstrand” llega este puerto, hay fuertes presiones de la diplomacia española sobre el gobierno haitiano, quienes ordenan detenerlos en caso de llegar a ese puerto.

Desde su escondite Martí escucha la vida diaria del pueblo haitiano y le escribe su último homenaje, un pedazo de Haití que no olvidaremos:

“El sol es leve y fresco. Chacharea y pelea el mercado vecino. De mi silla de escribir, de espalda al cancel, oigo el fustán que pasa, la chancleta que arrastra, el nombre del poeta Tertulien Guilbaud, el poeta grande y pulido de «Patria», - y el grito de una frutera que vende “¡caimite!. Suena, lejanos tambores. En las piedras de la calle, que la lluvia desencajó ayer, tropiezan los caballos menudos. Oigo “le bon Dieu”, -y un bastón que se apoya en la acera. Un viejo elocuente predica religión, en el crucero de las calles, a las esquinas vacías. Le oigo: “Es preciso desterrar de este fuerte país negro a esos mercaderes de la divinidad salvaje que exigen a los pobres campesinos, como el ángel a Abrahan, el sacrificio de sus hijos a cambio del favor de Dios…”

Esa noche de miércoles santo, 10 de abril de 1895, el “Nordstrand” zarpa de Cabo Haitiano con su carga de madera rumbo a Jamaica y seis pasajeros rumbo a la gloria, uno de ellos era José Martí.


[1] La derrota en Playa Girón de la invasión mercenaria entrenada y pagada por el Gobierno de los Estados Unidos de América (17, 18 y 19 de abril de 1961)

[2] Obras Completas de José Martí. Tomo 5, pág. 466

[3] 31 de marzo de 1894, en Obras Completas de José Martí. Tomo 3, pág. 105

[4] “Los cubanos de Jamaica y los revolucionarios de Haití”. 31/3/1894. O.C., t. 3, pág. 105

[5] Ídem

José Martí, Opinión

DICHA GRANDE



“Desembarco en Playita”, dibujo del pintor

santiaguero Hernández Giró

La llegada de José Martí a Cuba el 11 abril de 1895 está antecedida por una serie de dificultades y obstáculo que se empeñaban en impedir su necesaria presencia en los campos insurrectos donde esperaban cientos de combatientes mambises enfrentados a las fuerzas colonialista desde el memorable 24 de febrero de 1895 en que se levantaron para conquistar la independencia de la isla.

Desde ese momento para Martí era una angustia estar fuera de Cuba, sabía que su lugar estaba allí, junto a los que arriesgaban la vida y vivían las penurias de la guerra, por eso emprende el viaje a República Dominicana, en busca del Generalísimo sorteando el peligro del espionaje español que lo persigue e intenta impedir lo que saben es un hecho, su incorporación a la lucha emancipadora en Cuba.

En medio de la tranquilidad de saberse cumplidor de sus deberes para con su pueblo, José Martí escribe a Tomás Estrada Palma, poco antes de emprender el deseado viaje que lo conduzca a Cuba:

“Acaso faltan pocas horas para emprender el camino, impedido y demorado hasta hoy; y las palabras son naturalmente escasas, e inútiles. (…) No habrá dolor, humillación, mortificación, contrariedad, crueldad, que yo no acepte en servicio de mi patria. Tal vez fuera nulo mi empeño de hacer entender plenamente a los hombres la absoluta consagración de un ser humano al bien ajeno, con desistimiento voluntario de todas las tentaciones o ambiciones que afean o desvían usualmente la mayor virtud: pero esa es mi consagración.” (José Martí, O. C. T. 4: 117)

El 1º de abril de 1895, la pequeña expedición, conformada por José Martí y Máximo Gómez, acompañados además por los cubanos Francisco Borrero, César Salas, Ángel Guerra y el dominicano Marcos del Rosario sale de Montecristi en la goleta “Brother”, cuyo patrón John Bastian se había comprometido con Martí a llevarlo hasta las costas de Cuba, mediante el pago de una suma de dinero que el Delegado le adelantó.

Horas después, la pequeña goleta arriba a la isla de Gran Inagua, posesión británica de Las Bahamas, en lo que se suponía fuera una escala de rutina. Pero las circunstancias de guerra en la que ya estaba envuelta la isla de Cuba, junto con el férreo cerco del espionaje español en torno a la figura del Apóstol, determinaron que las autoridades inglesas se esmeraran en el registro de la embarcación, hasta el punto de querer incautarle las armas personales que llevaban los expedicionarios, pese a que no conocían la identidad de los viajeros.

Estas presiones de las autoridades aduanales de Gran Inagua acobardaron al patrón de la goleta quien poco después comunica a Gómez y Martí que dos de los tres marineros había desertado y que sin ellos no podías zarpar, intenta eludir su compromiso y Martí lo enfrenta con firmeza hasta que logra que le devuelva el dinero íntegro que le había entregado por la encomienda no cumplida.

Máximo Gómez se refiere a este episodio en estos términos: “Yo vi a Martí resuelto, cuando no contento el destino con la desgracia con la cual acababa de fustigarnos, dispuso fuésemos traicionado y abandonados en el mar, por los mismos que se habían comprometido mediante una retribución adelantada, a conducirnos a la tierra amada(…)(De Zendegui: 1954: 207)

Varados en Inagua José Martí hace ingentes esfuerzos por encontrar una solución, su principal contacto en la isla es el cónsul de Haití, persona noble y arriesgada que se identifica con la causa de los cubanos. A las dos de la tarde del día cinco de abril arribó al muelle de Inagua el vapor carguero “Nordstrand”, de bandera alemana conducido por el capitán Heinrich Julius Theodor Lowe(1)

Presentado por el cónsul haitiano José Martí conoce al capitán Lowe y sostiene con él una larga conversación en su camarote, tras la cual logra convencerlo para que los admita como pasajeros semi-clandestino en su buque ofreciéndoles 500 pesos como garantía contra riegos.

El día 5 de abril abordan el barco con pasaportes falsos expedidos por el cónsul M. B. Barbes, en la madrugada del 6 atracan en Cabo Haitiano para tomar mercancía, en tanto los expedicionarios se ocultan en casas de amigos hasta la medianoche del 9 de abril en que abordan nuevamente el vapor.

El 10 de abril escribe a Gonzalo de Quesada y Benjamín Guerra, su voluntad de llegar a Cuba es manifiesta:

(…) Volvemos a salir-si no llegáramos ahora, volveríamos a salir. Eso es lo que han de desear saber. Corrimos riesgo de encallar, de ser asediados en un islote sin salida, de ser clavados en él: nos salvamos del riesgo. (…) El cable, no he debido usarlo, porque por que por él, que está vigilado o vendido, se sabría nuestro camino,(…) (José Martí, O. C. T. 4: 121)

Salen nuevamente rumbo a Gran Inagua a donde arriban en la madrugada del 11, allí les informan que se conoce de su presencia en el Nordstrand y de la búsqueda que han emprendido cañoneras españolas e inglesas para detenerlos. A las diez de la mañana zarpan nuevamente, en medio de un mal tiempo que dificulta la navegación por el Paso de los Vientos. La capacidad marinera de la nave, su velocidad, el hecho de ser un buque prácticamente nuevo(2) y la pericia de su capitán, le permiten burlar la vigilancia y acercarse a las costa del sur de Guantánamo aproximadamente hasta una milla, momento que aprovechan los valientes expedicionarios para tirar el bote al agua y en medio de un torrencial aguacero llegar a las costas cerca de las diez de la noche por la Playita de Cajobabo.

Lo ocurrido esa noche tiene mucho de legendario y místico, seis hombre y una sola voluntad, esperan el momento justo para llegar a tierra cubana, la marejada bate los farallones imponentes y ellos deciden abordar el bote. “Yo no sabía lo peligroso que es la arrancada de un vapor para una embarcación menor que este arrimada a su costado”(De Zendegui:1954:210) escribirá Máximo Gómez.

En realidad ninguno de ellos es marinero y solo con voluntad enfrentaron a golpe de remos las tres millas que los separaba de la tierra cubana, el temporal arrecia y en la oscuridad la posibilidad de hallar el rumbo desaparece, Martí lo resume así: “Ideas diversas y revueltas en el bote. Más chubasco. El timón se pierde(…)la luna asoma, roja bajo una nube”(José Martí: O. C. T. 19: 215), es la esperanza de llegar sanos a la costa y el bote enrumba en medio de la noche hasta tocar tierra en aquella pequeña playita pedregosa.

Aquí encontró Martí la mano amiga del campesino cubano, y cien años después Guillermo De Zendegui recorrió estos lares, buscando las huellas del Apóstol, su testimonio lo dejó en un libro desconocido por muchos pero imprescindible para conocer las huellas de nuestro Martí en su paso por estas tierras, con sus palabras quiero terminar este recuento:

“ Playitas tiene una extensión aproximada de doscientos metros y apenas cincuenta pasos de profundidad. A su respaldo, el farallón se eleva como una muralla de impresionante verticalidad; solo una difícil ruta natural la hace accesible por tierra; la que inevitablemente debió seguir Martí. A golpe de machete va discurriendo la trocha por el abra de dos montes, a la derecha de la playa. Del otro lado es ya visible el caserío de Cajobabo.

“Grande debió ser la sorpresa del campesino Leyva, que fungía de alcalde de barrio, cuando a su casa llegó a pedir abrigo aquel puñado de patriotas.

“No hace mucho vivían aún los vecinos que aseguraban haber quemado el bote de los expedicionarios; y sobrevive un miembro de aquella familia(1953) cuya franca y oportuna ayuda hizo exclamar a Martí:

“- Yo no olvidaré nunca todo lo que ha ocurrido esta noche; pero mucho menos el encuentro con esta gente, a este fogón y a este café”(De Zendeguí: 1954: 211)

(1)El capitán Lowe nació en Arnis, Silecia, Alemania el 6 de febrero de 1859, casado con Agnes Marteus, con la que tuvo cinco hijo, se radica en Hamburgo. Fue capitán de la marina, inspector del puerto de Amsterdan durante la Primera Guerra Mundial y murió a los 76 años el 1º de febrero de 1935.

(2)El Nordstrand, era un carguero de flete, construido en los astilleros de Neptum de Rostock, con el Nº de construcción 139 para los armadores Langel-Kiel y botado al agua en 1893. Casco de acero, eslora 64,30 mts. y 9,80 de manga. Desplaza un tonelaje de 886 ton. Propulsión mixta de velas y máquina de 400 C.V. Velocidad de 9,5 nudos.

BIBLIOGRAFÍA

- De Zendegui, Guillermo: Ámbito Martiano: La Habana, 1954

- Gómez Toro, Bernaldo: La famosa expedición Gómez-Marti(1895): 1953

- Guerra Díaz, Ramón: Lowe y el Nordstrand(Conferencia): 2004

- Martí, José: Obras Completas. La Habana, 1991

Cultura, Historia, José Martí

La flor nacional de Cuba


En Cuba existe una flor de color blanco muy aromático, de hojas lanceoladas envainadoras, conocida vulgarmente como “mariposa”. Por su exquisito perfume es muy popular en Cuba donde se les utiliza en ramos de novia, para adornar los altares y en los cabellos de las mujeres, costumbre que nuestra tradición popular atribuye a las campesinas que desde antaño adornaban con “mariposa” sus largas cabelleras. Su nombre científico es Hedychium coronarium, familia Zingiberáceas y es muy abundante en la época de lluvia, durante la cual su floración va acompañada de su aromático e inconfundible perfume. Es de origen asiático, pero prolifera con facilidad en los campos de Cuba, a las orillas de ríos y estanques.

El 13 de octubre de 1936 fue declarada símbolo nacional de Cuba, por su vinculación a las luchas independentistas del pueblo cubano. En aquellos días de combate contra el poder colonial español las mujeres cubanas, combatientes o simpatizantes de la causa cubana, utilizaban los ramos de “mariposas” para ocultar mensajes con destino a las fuerzas insurrectas.

Pero en esta época su uso como adorno en la cabellera femenina se convirtió en símbolo de rebeldía entre las cubanas y modo de identificación con los combatientes por la libertad de Cuba. Llegó a ser tan importante su valor simbólico que se hizo necesario ocultarla de la vista de los soldados españoles porque eran una muestra evidente de “infidencia”.

Como símbolo patriótico la “mariposa” representa la pureza de los ideales de los cubanos y el amor por la paz justa de los que luchan por obtener la independencia de su patria, por eso ese día en una exposición internacional de flores celebrada en Buenos Aires, los cubanos proclamaron a la sencilla flor de la “mariposa”, su flor nacional.

Costumbres, Cultura

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