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Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Archivo de Marzo, 2011

José Martí: Manifiesto de Montecristi



Para los cubanos la sola mención de este documento trae al menos la recordatoria de que esa proclama escrita íntegramente por José Martí, está muy relacionada con los objetivos de aquellas generaciones lideradas por el Apóstol para alcanzar la independencia de Cuba, hoy quiero ponerla a disposición de personas de todo el mundo, porque en el manifiesto se expresan las motivaciones de estos cubanos, no solo para tener himno y bandera, sino para darse una vida digna sostenida por el trabajo, en una sociedad multirracial en la que por mucho tiempo el “miedo al negro” detuvo las ansias de libertad de muchos cubanos.

Con mesurada prosa Martí va desmenuzando los objetivos de la “Guerra Necesaria” que ya había comenzado en Cuba el 24 de febrero de 1895 y que como siempre dijo no era solo para alcanzar la independencia de Cuba, sino para construir una República “con todos y para el bien de todos” y “para impedir a tiempo” la expansión de los Estados Unidos por nuestro pueblos de América. Esas son sus motivaciones políticas e ideológicas, el sol no se puede tapar con un dedo, por eso tiene la vigencia que tiene en este mundo de tantos desafíos, donde la ética se mide por los intereses de grupo y las responsabilidades sociales con los desposeídos, son simplemente ignoradas o manipuladas por quienes pudieran ayudar mejor a crear un mundo mejor. Leamos y meditemos, esta también son palabras para hoy:

MANIFIESTO DE MONTECRISTI

EL PARTIDO REVOLUCIONARIO CUBANO A CUBA

La revolución de independencia, iniciada en Yara después de preparación gloriosa y cruenta, ha entrado en Cuba en un nuevo período de guerra, en virtud del orden y acuerdos del Partido Revolucionario en el extranjero y en la Isla, y de la ejemplar congregación en él de todos los elementos consagrados al saneamiento y emancipación del país, para bien de América y del mundo; y los representantes electos de la revolución que hoy se confirma, reconocen y acatan su deber,-sin usurpar el acento y las declaraciones sólo propias de la majestad de la república constituida,-de repetir ante la patria, que no se ha de ensangrentar sin razón, ni sin justa esperanza de triunfo los propósitos precisos, hijos del juicio y ajenos a la venganza, con que se ha compuesto, y llegará a su victoria racional, la guerra inextinguible que hoy lleva a los combates, en conmovedora y prudente democracia, los elementos todos de la sociedad de Cuba.

La guerra no es, en el concepto sereno de los que aún hoy la representan, y de la revolución pública y responsable que los eligió el insano triunfo de un partido cubano sobre otro, o la humillación siquiera de un grupo equivocado de cubanos; sino la demostración solemne de la voluntad de un país harto probado en la guerra anterior para lanzarse a la ligera en un conflicto sólo terminable por la victoria o el sepulcro, sin causa bastante profundas para sobreponerse a las cobardías humanas y a sus varios disfraces, y sin determinación tan respetable-por ir firmada por la muerte -que debe imponer silencio a aquellos cubanos menos venturosos que no se sienten poseídos de igual fe en las capacidades de su pueblo ni de valor igual con que emanciparlo de la servidumbre.

La guerra no es la tentativa caprichosa de una independencia más temible que útil, que sólo tendrían derecho a demorar o condenar los que mostrasen la virtud y el propósito de conducirla a otra más viable y segura, y que no debe en verdad apetecer un pueblo que no la pueda sustentar; sino el producto disciplinado de la resolución de hombres enteros que en el reposo de la experiencia se han decidido a encarar otra vez los peligros que conocen, y de la congregación cordial de los cubanos de más diverso origen, convencidos de que en la conquista de la libertad se adquieren mejor que en el abyecto abatimiento las virtudes necesarias para mantenerla.

La guerra no es contra el español, que, en el seguro de sus hijos y en el acatamiento a la patria que se ganen podrá gozar respetados, y aun amados, de la libertad que sólo arrollará a los que le salgan, imprevisores, al camino. Ni del desorden, ajeno a la moderación probada del espíritu de Cuba, será cuna la guerra; ni de la tiranía.-Los que la fomentaron, y pueden aún llevar su voz, declaran en nombre de ella ante la patria su limpieza de todo odio,-su indulgencia fraternal para con los cubanos tímidos o equivocados, su radical respeto al decoro del hombre, nervio del combate y cimiento de la republica, -su certidumbre de la aptitud de la guerra para ordenarse de modo que contenga la redención que la inspira, la relación en que un pueblo debe vivir con los demás, y la realidad que la guerra es, -y su terminante voluntad de respetar, y hacer que se respete, al español neutral y honrado, en la guerra y después de ella, y de ser piadosa con el arrepentimiento, e inflexible sólo con el vicio, el crimen y la inhumanidad.-En la guerra que se ha reanudado en Cuba no ve la revolución las causas del júbilo que pudiera embargar al heroísmo irreflexivo, sino las responsabilidades que deben preocupar a los fundadores de pueblos.

Entre Cuba en la guerra con la plena seguridad, inaceptable sólo a los cubanos sedentarios y parciales, de la competencia de sus hijos para obtener el triunfo, por la energía de la revolución pensadora y magnánima, y de la capacidad de los cubanos, cultivada en diez años primeros de fusión sublime, y en las prácticas modernas del gobierno y el trabajo, para salvar la patria desde su raíz de los desacomodos y tanteos, innecesarios al principio del siglo, sin comunicaciones y sin preparación en las repúblicas feudales o teóricas de Hispano-América. Punible ignorancia o alevosía fuera desconocer las causas a menudo gloriosas y ya generalmente redimidas, de los trastornos americanos, venidos del error de ajustar a moldes extranjeros; de [extrema idea o] [teoría incierta] [teoría de mera][1] dogma incierto o mera relación [local, accidental en] a su lugar de origen, la realidad ingenua de los países que conocían sólo de las libertades el ansia que las conquista y la soberanía que se gana por pelear por ellas. La concentración de la cultura meramente literaria en las capitales; el erróneo apego de las repúblicas a las costumbres señoriales de la colonia; la creación de caudillos rivales consiguiente al trato receloso e imperfecto de las comarcas apartadas; la condición rudimentaria de la única industria, agrícola o ganadera: y el abandono y desdén [punible] de las fecundas razas indígenas en las disputas de [dogma] credo o localidad que esas causas de los trastornos en los pueblos de América mantenían, -no son, de ningún modo los problemas de la sociedad cubana.

Cuba vuelve a la guerra con un pueblo democrático y culto, conocedor celoso de su derecho y del ajeno; o de cultura mucho mayor, en lo más humilde de él, que las masas llaneras o indias con que, a la voz de los héroes primados de la emancipación, se mudaron de hatos en naciones las silenciosas colonias de América; y en el crucero del mundo, al servicio de la guerra, y a la fundación de la nacionalidad le vienen a Cuba, de trabajo creador y conservador en los pueblos más hábiles del orbe, y del propio esfuerzo en la persecución y miseria del país, los hijos lúcidos, magnates o siervos, que de la época primera de acomodo, ya vencida, entre los componentes heterogéneos de la nación cubana, salieron a preparar, o -en la misma Isla continuaron preparando, con su propio perfeccionamiento, el de la nacionalidad a que concurren hoy con la firmeza de sus personas laboriosas, y el seguro de su educación republicana. El civismo de sus guerreros; [la pericia práctica de sus pensadores] [realidad] [la aspiración y la cultura] el cultivo y benignidad de sus artesanos; [y sus hábitos políticos] el empleo real y moderno de un número vasto de sus inteligencias y riquezas; la peculiar moderación del campesino sazonado en el destierro y en la guerra; el trato íntimo y diario, y rápida e inevitable unificación de las diversas secciones del país; la admiración recíproca de las virtudes iguales entre los cubanos que de las diferencias de la esclavitud pasaron a la hermandad del sacrificio; y la benevolencia y aptitud crecientes del liberto, superiores a los raros ejemplos de su desvío o encono,-aseguran a Cuba, sin ilícita ilusión, un porvenir en que las condiciones de asiento, y del trabajo inmediato de un pueblo feraz en la república justa, excederán a las de disociación y parcialidad provenientes de la pereza o arrogancia que la guerra a veces cría, del rencor [provocativo] [agresivo] ofensivo de una minoría de amos caída de sus privilegios; de la censurable premura con que una minoría aún invisible de libertos descontentos pudiera aspirar, con violación funesta del albedrío y [de los demás hombres, y de la] naturaleza humanos, al respeto social que solo y seguramente ha de venirles de la igualdad probada en [la virtud y la cultura] las virtudes y talentos; y de la súbita desposesión en gran parte de los pobladores letrados de las ciudades, de la suntuosidad o abundancia relativa que hoy les viene de las gabelas inmorales y fáciles de la colonia, y de los oficios que habrán de desaparecer con la libertad.-Un pueblo libre, en el trabajo abierto a todos, enclavado a las bocas del universo.- rico e industrial, sustituirá sin obstáculo, y con ventaja, después de una guerra inspirada en la más pura abnegación, y mantenida conforme a ella, al pueblo avergonzado donde el bienestar sólo se obtiene a cambio de la complicidad expresa o tácita con la tiranía de los extranjeros menesterosos que los desangran y corrompen. No dudan de Cuba, ni de sus aptitudes para obtener y gobernar su independencia, los que en el heroísmo de la muerte y en el de la fundación callada de la patria, ven resplandecer de continuo, en grandes y en pequeños, las dotes de concordia y sensatez sólo inadvertibles para los que, fuera del alma real de su país, lo juzgan, en el arrogante concepto de sí propios, sin más poder de rebeldía y creación que el que asoma tímidamente en la servidumbre de sus quehaceres coloniales.

De otro temor quisiera acaso valerse hoy, so pretexto de prudencia, la cobardía: el temor insensato; y jamás en Cuba justificado, a la raza negra. La revolución, con su carga de mártires y de guerreros subordinados y generosos, desmiente indignada, como desmiente la larga prueba de la emigración y de la tregua en la isla, la tacha de amenaza de la raza negra con que se quisiese inicuamente levantar, ] por los beneficiarios del régimen de España, el miedo a la revolución. Cubanos hay ya en Cuba de uno y otro color, olvidados para siempre -con la guerra emancipadora y de trabajo donde unidos se gradúan -del odio en que los pudo dividir la esclavitud. La novedad y aspereza de las relaciones sociales, conguientes a la mudanza súbita de hombre ajeno en propio, son menores que la sincera estimación de cubano blanco por el alma igual, la afanosa cultura, [el evangélico amor de libertad] el fervor de hombre libre, y el amable carácter de su compatriota negro. Y si a la raza le nacieran demagogos inmundos, o almas [vehementes] habidas cuya impaciencia propia azuzase la de su color, o en quienes se convirtiera en injusticia con los demás la piedad por los suyos,-con su agradecimiento y su cordura, y su amor a la patria, con su convicción de la necesidad de desautorizar por la prueba patente de la inteligencia y la virtud del cubano negro la opinión que aún reine de su incapacidad para ellas, y con la posesión de todo lo real del derecho humano, y del consuelo y la fuerza de la estimación cuanto en los cubanos blancos hay de justo y generoso, la misma raza extirparía en Cuba el peligro negro, sin que tuviera que alzarse a él una sola mano blanca. La revolución lo sabe, y lo proclama: la emigración lo proclama también. Allá no tiene el cubano negro escuelas de ira, como no tuvo en la guerra una sola culpa de ensoberbecimiento indebido o de insubordinación. En sus hombros anduvo segura la república a que no atentó jamás. Sólo los que odian al negro ven en el negro odio; y los que con semejante miedo injusto traficasen, para sujetar, con inapetecible oficio, las manos que pudieran erguirse a expulsar de la tierra cubana al ocupante corruptor.

En los habitantes españoles de Cuba, en vez de la deshonrosa ira de la primer guerra, espera hallar la revolución, que ni lisonjea ni teme, tan afectuosa neutralidad o tan verás ayuda, que por ellas vendrán a ser la guerra más breve, sus desastres menores, y más fácil y amiga la paz en que han de vivir juntos padres e hijos. Los cubanos empezamos la guerra, y los cubanos y los españoles la terminaremos. No [no nos maltraten, y no se les maltratará.] Respeten, y se les respetará. Al acero responda el acero, y la amistad a la amistad. En el pecho antillano no hay odio; y el cubano saluda en la muerte al [bravo] español a quien la crueldad del ejercicio forzoso arrancó de su casa y su terruño para venir a asesinar en pechos de hombre la libertad que él mismo ansía. Más que saludarlo en la muerte, quiere la revolución acogerlo en vida; y la república, será tranquilo hogar para cuantos españoles de trabajo y honor gocen en ella de la libertad y bienes que no han de hallar aún por largo tiempo en la lentitud, desidia y vicios políticos de la tierra propia. Este es el corazón de Cuba, y así será la guerra. ¿Qué enemigos españoles tendrá verdaderamente la revolución? ¿Será el ejército, republicano en mucha parte, que ha aprendido a respetar nuestro valor, como nosotros respetamos el suyo, y más sienten impulsos a veces de unírsenos que de combatirnos? ¿Serán los quintos[2], educados ya en las ideas de humanidad, contrarias a derramar sangre de sus semejantes en provecho de un cetro inútil o una patria codiciosa, los quintos segados en la flor de su juventud para venir a defender, contra un pueblo que los acogería alegre como ciudadanos libres, un trono mal sujeto, sobre la nación vendida por sus guías, con la complicidad de sus privilegios y sus logros? ¿Será la masa, hoy humana y culta, de artesanos y dependientes, a quienes, so pretexto de patria, arrastró ayer a la ferocidad y al crimen el interés de los españoles acaudalados que hoy, con lo más de sus fortunas salvas en España, muestran menos celo que aquel con que ensangrentaron la tierra de su riqueza cuando los sorprendió en ella la guerra con toda su fortuna? ¿O serán los fundadores de familias y de industrias cubanas, fatigados ya del fraude de España y de su desgobierno, y como el cubano vejados y oprimidos, los que, ingratos e imprudentes, sin miramiento por la paz de sus casas y la conservación de una riqueza que el régimen de España amenaza más que la revolución, se revuelvan contra la tierra que de tristes rústicos los ha hecho esposos felices, [de la mujer de Cuba, y padres felices y autores de hijos] y dueños de una prole capaz de morir sin odio por asegurar al padre sangriento un suelo libre al fin de discordia permanente entre el criollo y el peninsular; donde la honrada fortuna pueda mantenerse sin cohecho y desarrollarse sin zozobra, y el hijo no vea entre el beso de sus labios y la mano de su padre la sombra aborrecida del opresor? ¿Qué suerte elegirán los españoles: la guerra sin tregua, confesa o disimulada, que amenaza y perturba las relaciones siempre inquietas y violentas del país, o la paz definitiva, que jamás se conseguirá en Cuba sino con la independencia. ¿Enconarán y ensangrentarán los españoles arraigados en Cuba la guerra en que puedan quedar vencidos? ¿Ni con qué derecho nos odiarán los españoles, si los cubanos no los odiamos? La revolución emplea sin miedo este lenguaje, porque el decreto de emancipar de una vez a Cuba da la ineptitud y corrupción irremediables del gobierno de España, y abrirla franca para todos los hombres al mundo nuevo, es tan terminante como la voluntad de mirar como a cubanos, sin tibio corazón ni amargas memorias, a los españolea que por su pasión de libertad ayuden a conquistarla en Cuba, y a los que con su respeto a la guerra de hoy rescaten la sangre que en la de ayer manó a sus golpes del pecho de sus hijos.

En las formas que se dé la revolución, conocedora de su desinterés, no hallará sin duda pretexto de reproche la vigilante cobardía, que en los errores formales del país naciente, o en su poca suma visible de república, pudiese procurar razón con que negarle la sangre que le adeuda. No tendrá el patriotismo puro causa de temor por la dignidad y suerte futura de la patria.-la dificultad de las guerras de independencia en América, y la de sus primeras nacionalidades, ha estado, más que en la discordia de sus héroes y en la emulación y recelo inherentes al hombre, en la falta oportuna de forma que a la vez contenga el espíritu de redención que, con apoyo de ímpetus menores, promueve y nutre la guerra, -las prácticas necesarias, a la guerra, y que ésta debe desembarazar y sostener. En la guerra inicial se ha de hallar el país maneras tales de gobierno que a un tiempo satisfagan la inteligencia madura y suspicaz de sus hijos cultos, y las condiciones requeridas para la ayuda y respeto de los demás pueblos,-y permitan-en vez de entrabar-el desarrollo pleno y término rápido de la guerra fatalmente necesaria a la felicidad pública. Desde sus raíces se ha de constituir la patria con formas viables, y de sí propia nacidas, de modo que un gobierno sin realidad ni sanción no la conduzca a las parcialidades o a la tiranía.-Sin atentar, con desordenado concepto de su deber, al uso de las facultades íntegras de constitución, con que se ordenen y acomoden, en su responsabilidad peculiar ante el mundo contemporáneo, liberal e impaciente, los elementos expertos y novicios, por igual movidos de ímpetu ejecutivo y pureza ideal, que con abnegación y nobleza idéntica, y el título inexpugnable de su sangre, se lanzan tras el alma y guía de los primeros héroes, a abrir a la humanidad con la independencia de Cuba una república trabajadora; [y pacífica, segura, levantada,] sólo es lícito al Partido Revolucionario Cubano declarar su fe en que la revolución ha de hallar formas que le aseguren, en la unidad y vigor indispensables a una guerra culta, el entusiasmo de los cubanos, la confianza de los españoles y la amistad del mundo. Conocer y fijar la realidad; componer en molde natural, la realidad de las ideas que producen o apagan los hechos, y la de los hechos que nacen de las ideas; ordenar la revolución del decoro, el sacrificio y la cultura de modo que no quede el decoro de un solo hombre lastimado, ni el sacrificio parezca inútil a un solo cubano, ni la revolución inferior a la cultura del país, no a la extranjeriza y desautorizada cultura que se enajena el respeto de los hombres viriles por la ineficacia de sus resultados y el contraste lastimoso entre la poquedad real y la arrogancia de sus estériles poseedores, sino al profundo conocimiento de la labor del hombre en el rescate y sostén de su dignidad:-ésos son los deberes, y los intentos, de la revolución. Ella se regirá de modo que la guerra pujante y capaz dé pronto casa firme a la nueva república.

La guerra sana y [robusta] vigorosa desde el nacer con que hoy reanuda Cuba, con todas las ventajas de su experiencia, y la victoria asegurada a las determinaciones finales, el esfuerzo excelso, jamás recordado sin unción, de sus inmarcesibles héroes, no es solo hoy el piadoso anhelo de dar vida plena al pueblo que, bajo la inmoralidad y ocupación crecientes de un amo inepto, desmigaja o pierde sus fuerzas superior en la patria sofocada o en los destierros esparcidos. Ni es la guerra el insuficiente prurito de conquistar a Cuba con el sacrificio tentador, la independencia política, que sin derecho pediría a los cubanos su brazo si con ella no fuese la de crear una patria más a la libertad del pensamiento, la equidad de las costumbres, y la paz del trabajo. La guerra de independencia de Cuba, nudo del haz de islas donde se ha de cruzar, en plazo de pocos años, el comercio de los continentes, es suceso de gran alcance humano, y servicio oportuno que el heroísmo juicioso de las Antillas prestas a la firmeza y trato justo de las naciones americanas, y al equilibrio vacilante del mundo. Honra y conmueve pensar que cuando cae en tierra de Cuba un guerrero de la independencia, abandonado tal vez por los pueblos incautos o indiferentes a quienes se inmola, cae por el bien mayor del hombre, la [firmeza aún vaga todavía insegura] confirmación de la república moral en América, y la creación de un archipiélago libre donde las naciones respetuosas derramen las riquezas que a su paso han de caer sobre el crucero [universal] del mundo. ¡Apenar podría creerse que con semejantes mártires y tal porvenir, hubiera cubanos que atasen a Cuba a la monarquía podrida y aldeana de España, y a su miseria [estéril avara] inerte y viciosa! -A la revolución cumplirá mañana el deber de explicar de nuevo en el país y a las naciones las causas locales, y de idea e interés [humano] universal, con que para el adelanto y servicio de la humanidad reanuda el pueblo emancipador de Yara y de Guáimaro una guerra digna del respeto de sus enemigos y el apoyo de los pueblos, por su rígido concepto del derecho del hombre, y su aborrecimiento de la venganza estéril y la devastación inútil. Hoy, al proclamar desde el umbral de la tierra venerada el espíritu y doctrinas que produjeron y alimentan la guerra entera y humanitaria en que se une aún más el pueblo de Cuba, invencible e indivisible, séanos licito invocar, como guía y ayuda de nuestro pueblo, a los magnánimos fundadores cuya labor renueva el país agradecido,-y al honor, que ha de impedir a los cubanos [mancillar o] herir, de palabra o de obra, a los que mueren por ellos.- Y al declarar así en nombre de la patria, y deponer ante ella y ante su libre facultad de constitución, la obra idéntica de dos generaciones, suscriben juntos, la declaración, por la responsabilidad común de su representación, y en muestra de la unidad y solides de la revolución cubana, el Delegado del Partido Revolucionario Cubano, creado para ordenar y auxiliar la guerra actual, y el General en Jefe electo en él por todos los miembros activos del Ejército Libertador.

Montecristi, 25 de marzo de 1895.


[1] Hemos utilizado la versión de las obras completas donde se ponen entre corchetes algunas ideas o palabras que en el borrador original hizo Martí, para facilitar su entendimiento hemos dejado aquellas que se refieren a ideas o conceptos.

[2] Quintos: soldados españoles reclutados entre la gente humilde para hacer la guerra en Cuba. Uno de cinco, por eso era el “Quinto”

Historia, José Martí

Pensando en Libia, releyendo a Martí

Como salidos de una espiral del tiempo releo los reportes que desde Nueva York hace José Martí sobre la situación levantisca de los árabes (moros) frente a los colonialistas europeos que presionan y ocupan aquellas estratégicas tierras no sin susto constante por la resistencia de estos pueblos del desierto. La objetividad del cronista nos trasporta a una situación pasada que se replica en el presente. Pretextos viejos para ambiciones nuevas, prepotencia imperial frente a pueblos “periféricos” dispuestos a defender su dignidad y su cultura.

No se sabía de petróleo en aquellas ardientes arenas, pero la lectura del pasado gana una actualidad terrible, porque los motivos reales son los mismos, los “civilizadores” vuelven para dar lección, a proteger a “civiles” a punta de misiles, a culpar de salvaje todo lo que es distinto, a proteger todo lo que es cómplice. ¡No aprenden!, el orgullo ciega y la soberbia ampara mezquinos intereses, releamos las notas de Martí y meditemos el presente:

“-Saben nuestros lectores como está ardiendo, visible en unos puntos y latente en otros, una gran rebelión religiosa en las comarcas árabes del África, que hacen de la fe en la religión de Mahoma la bandera de su independencia de los invasores europeos, que no ocultan su anhelo de adueñarse al cabo de aquellos hermosos países y del Sultán de Turquía, cuyo gobierno odian. Y la tierra árabe se ha llenado de redentores. Uno se llama El Mehdí, y guía a la tribu Sanoussi en Trípoli, donde predica que es él el esperado Messiah de Islam. El Mehdí también se llama a si mismo, otro, pero ese no es hombre de armas, como el de la tribu de Sanoussi, sino un reformador religioso en apariencia inofensivo, que anda enseñando a las gentes el Korán que ha enmendado. Y ahora aparece un tercer El Mehdí, que es también hombre de armas, y ya ha domado en más de un encuentro las de Egipto.

“-Explica estas apariciones la profecía árabe que fija para el fin de este año la venida de un Mehdí redentor, profecía que aprovechan esos caudillos entusiastas para sacudir el poder del sultán, contra el cual se rebeló ya el infortunado khedive Ismael, depuesto por el influjo de los poderes europeos, y el fiero Hussein, gran sherif de la Meca, que murió asesinado a manos de un derví.[1]

“Argel amenaza unirse a la rebelión; la rebelión ocupa toda la comarca tunecina; los rebeldes se muestran fieros, activo: y terribles, y dispuestos a toda clase de guerra; el Ministro de Guerra de Francia cree que, en tanto que las tropas se defienden de los insurrectos que los atacan, no ha de empeñarse la guerra hasta octubre, porque entonces se verá el ejército libre de epidemias, ni ha de aspirarse más que a tener las costas como hoy, ocupadas y defendidas por buques de guerra y por torpedos. Egipto contra Inglaterra; Túnez contra Francia; Argel complicado en la revuelta; Turquía azuzando a los tunecinos, y enviando tropas a Trípoli… ¿son éstos por ventura hechos casuales?[2]

“… España teme que si las tropas de Inglaterra y Francia invaden el Egipto, no haya alfanje en cinto, ni caballo sin jinete, ni moro sin espingarda, de Egipto a Marruecos. Ve España como la morisma está encendida, y Túnez muerde colérico el freno de Francia, y Trípoli parece campo de batalla, y lo es ya Egipto, y se anuncia general alzamiento contra todos los cristianos, y el sultán de Marruecos es impotente para domar a los moros tunecinos que llenan sus comarcas, ni a los airados marroquíes. Cuenta España sus soldados, y ve que tiene 130,000, los cuales no echará sobre Marruecos sí la querella de Egipto no para en guerra que encienda toda la morería del norte de África, mas sí moverá contra África sus huestes, si el alzamiento de los moros pone en riesgo sus dominios africanos,(…)”[3]


[1] La Opinión Nacional de Caracas. Marzo de 1882. Tomo 23. Obras Completas de José Martí, 249

[2] Ídem. Octubre, 1881.Tomo 14, 82

[3] Ídem. Tomo 14, 505

José Martí, Opinión

Lo nuestro, nosotros

Amigos míos,  las tecnologías de la comunicación  no son solo asombrosas sino también encubridoras, como hace la luz, que de tan brillante no te deja ver los caminos, a veces se necesita atenuar el brillo, saber que somos pequeñas piezas del andamiaje humano y estar bien seguro de qué queremos en la vida.

Cuando Monografía me ofreció la posibilidad de un Blog solo pensé en que fuera útil pata algo y me pareció que  a conocer la cultura de mi país era una buena idea, porque se dice mucho de nosotros los cubanos por el mundo, a veces no tan cierto, muchas veces mentiras y otras tantas vanalidades que no hacen el perfil de una nación.

Vivimos es un país hermoso, con ese equilibrio de naturaleza que son las zonas subtropicales, donde predomina el verde y parece como si la primavera viviera eternamente entre nosotros. En menos de cuatrocientos años, esta isla se ha hecho la cuna de un pueblo mestizo, como todo el Caribe, donde el conquistador llegó, no para vivir sino buscando riquezas y presumir en su península lejana y desde entonces ajena. contraproducente fue que la resistencia hiciera que en menos de cien años, ya había en esta isla un pueblo nuevo  que reconocía sus diferencias con respecto al hispano, que oía hablar de un rey lejano, pero que por más de dos siglo hizo muy poco por este pueblo que se defendía de piratas y comerciantes ajenos, reafirmandose como pueblo para sí, creando un patrimonio material y cultural que llega al siglo XVIII, ¡las luces de nuevo!, con una madurez tal que va a producir el despegue espectacular de una poderosa clase criolla, rica y pretensiosa, que hicieron de esta isla un emporio de productos tropicales durante el siglo XIX, ellos se sabían distintos, pero vendieron su alma al diablo, cuando vieron en la mano de obra africana y esclava, la llave de sus riquezas, que por supuesto los ató de pies y manos a una monarquía española caduca, a quien compró títulos e influencias, mientras le convino, al tiempo que miles de esclavos entraron en este país en menos de cincuenta años, esta es la esencia de los grandes contrastes de nuestra cultura, sus raíces hay que buscarlas en este negro y sus desendientes, mezclado y transculturado, pero siempre ignorado a la hora del cuajo…esta es otra historia.

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