Cultura Cuba

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Carmen y Martí


En la biografía de José Martí a Carmen Zayas Bazán Hidalgo, su esposa, le ha tocado ser la reprochada y poco entendida por el gran público que lee y conoce la obra del Apóstol cubano.

El motivo es principalmente el hecho cierto de que no entendió los enormes sacrificios que hizo su esposo para defender y sacar adelante una causa que ella no entendía y que cuando menos la dejaban indiferente, sabiendo las potencialidades intelectuales del esposo para prosperas económicamente y sostener la familia que junto a ella intentaron construir. Ese fue su eterno reproche.

“Voy lleno de Carmen que es ir lleno de fuerza”, así le dice José Martí a su amigo mexicano Manuel Mercado, durante aquella primera separación que lo aleja de su novia, rumbo al incierto destino que le esperaba en Guatemala.

Luego serán muchas las alusiones a la bella camagüeyana, siempre mostrando todo el amor que ella había despertado en él: “Ejerce ella en mi espíritu una suave influencia fortificante, a tal punto que creo ahora que bien pudiera ponerse por encima de la misma nostalgia de la patria, la nostalgia del amor”

La soledad y las pasiones lo angustian y lo hacen aferrarse al recuerdo de Carmen, la firmeza con que había defendido el amor de ambos y esa disposición a seguirlo sin importarle su condición de hombre humilde, con mucho amor y poco dinero, soñador y obcecado, con una firme resolución de patria que impedía toda prosperidad económica.

“Veo a Carmen amante y serena, enfrente de problemas graves, que no tienen muy fácil solución. Me consuela, y con su tranquilidad, me alienta. Aunque tuviera que huir por los bosques, ella me acompañaría. Y no lloraría”, ve en ella un alma gemela dispuesta a todos los sacrificios por amor, callada y observadora, almohada siempre para sus penas muchas. Así fue mientras no nació su hijo José Francisco, pero al convertirse en madre los instintos maternales fueron superiores a la comprensión del esposo y eso podemos perdonarselo.

Los difíciles y hermosos días de la luna de miel, cruzando el sur de México, por selvas y peligrosos caminos, durmiendo muchas veces a la intemperie, lo hacen valorar muchos más a su hermosa esposa:

“Aquí estamos, Carmen con aureola, yo con amor y penas”

“Carmen extraordinaria; yo feliz y triste: felicísimo…”

“Ya no hablaré de valor romano, Diré: valor de Carmen”

La llegada del hijo en tierra cubana, le hace concebir a ella la esperanza de hacerlo cambiar: “Pepe sufre mucho ahora, yo creo que más tarde vivirá mejor y más contento: ayudando a sus padres, y ayudado él por mi cariño, olvidará un poco este dolor de patria…”

Obvia era la equivocación y grande el abismo que se abrió entre estos dos seres que siguieron amándose intensamente, pese a la distancia, los silencios, las incomprensiones familiares y los deberes.

“…no esta ahora conmigo sino en Puerto Príncipe, donde Carmen se detiene, por ver si con su alejamiento me fuerza a ir a Cuba, y donde tiene a mi hijo”

“Ahora vivo solo, porque Carmen y el niño están por unos meses en Cuba…Llevo al costado una rosa de fuego, que me quema, pero con ella vivo y trabajo, en espera de que alguna labor heroica, o por lo menos difícil me redima”

Ella dirá: “Ni amor a riquezas que renuncié no soñados esplendores para lo futuro me han hecho entablar esta durísima campaña contigo, es el deber y el amor de mi hijo. Se que en tu sentir jamás he tenido razón y que has condenado mi vuelta aquí pero yo creo he hecho lo que debía”

Oteador de horizontes como era, echará una mirada a su futuro y en 1877, aún en días felices dirá a Manuel Mercado:

“Creo en mi Carmen absolutamente. La creo capaz de error, pero de errores muy pequeños; no de desamor que yo no tenga merecido”

“Casándome con Carmen, aseguro nuestra más querida paz- la que a menudo no se entiende- la de nuestras pasiones espirituales.- Afortunadamente viviré poco, tendré pocos hijos:- no la haré sufrir”

Esta sencilla pareja de cubanos cultivó su amor en medio del gran momento de definición cubana y a este momento sacrificaron su felicidad de pareja, pagando con soledad e incomprensiones esta necesidad de sacrificio.

La ruptura definitiva vino en 1891 cuando la estrechez económica del matrimonio se unió a los rumores llegados a los oídos de Carmen sobre la infidelidad del esposo y mal aconsejada decide refugiarse en el consulado español en Nueva York, para pedir su retorno a Cuba, para Martí esa fue la traición mayor de ella y no la perdonó.

Nota:Carmen Zayas Bazán Hidalgo( Camaguey, 29 de mayo de 1853- La Habana, 15 de enero, 1928)

José Martí

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Comentarios

Una respuesta a “Carmen y Martí”
  1. Hidelisa Velázquez dice:

    Es cierto que cuando se menciona esa relación Carmen Zayas Bazán . José Martí, ella queda en un lugar poco envidiable. Lo interesante de este trabajo es que se aborde como tema central delmismo. Creo que se pudiera profundizar mucho más, porque apenas se ha estudiado en detalle. Incluso, me ha hecho recordar mi desconocimiento sobre la vida de ella, su muerte, dónde está enterrada. La tumba de su hijo, Pepito Martí, el Ismaelillo, está abandonada en el cementerio de La Habana, da pena. Carmen es una figura estigmatizada en los estudios relacionados con la vida de Martí. Gracias por compartirlo.



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