Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Archivo de Noviembre, 2010

Aquí estamos

Hace apenas unos días terminó de pasarse por la televisión cubana una telenovela que lleva precisamente ese título, “Aquí estamos”, título recurrente y que buena parte de nosotros aquí en Cuba, acogimos como un “provocación” de esas que necesitamos para mirarnos por dentro, reflexionar y tratar de hacer catarsis en esta época tan convulsa que vivimos.

La obra pone en el tapete una parte de nuestra realidad social cubana, basando en los jóvenes el desarrollo de una trama que algunos no quieren reconocer, porque a su entender la cultura debe reflejar lo que queremos ser y no lo que somos, una forma de esconder la cabeza en la arena cuando la desorientación llega  y queremos dar una idea de lo posible y no de lo real.

“Aquí estamos” no lo refleja todo pero es una parte, somos los responsables ante esos jóvenes de que hayamos llegado a esta encrucijada de desencanto, de  país a media, reflejado en las consignas de los muros, pero real en el día a día de las dificultades con las que crecemos desde hace medio siglo, por muchas razones, algunas no en nuestras manos, pero todas conducentes a un quietismo desmovilizativo que es más peligroso que una invasión extranjera o que un cambio traumático que suena más a pretexto que a realidad.

“Aquí estamos nosotros, las dos o tres generaciones de cubanos que soñamos desde hace ya mucho con el paraiso en la tierra, la razón para un gran sacrificio que nos ha mantenido con grandes sueños, pero que en realidad están siempre pospuesto porque nos hemos propuesto  metas de titanes, sin poner los pies sobre la tierra.

Somos un país con un alto indice de educación, un sistema de salud  aceptable, una seguridad social demasiado complaciente y una improductividad de espanto, una burocracia paralizante y una economía subterránea en crecimiento  en detrimento de los más y beneficio de los que administran recursos.

Nuestras fuerzas productivas necesitan ser desatadas, estimuladas en todas sus posibilidades  para crecer no como pichones con la boca abierta, sino como seres humanos libres, dignos y tenidos en cuenta como grupo e individualmente.

Aquí estamos y estaremos.

Opinión, Política

Carmen y Martí


En la biografía de José Martí a Carmen Zayas Bazán Hidalgo, su esposa, le ha tocado ser la reprochada y poco entendida por el gran público que lee y conoce la obra del Apóstol cubano.

El motivo es principalmente el hecho cierto de que no entendió los enormes sacrificios que hizo su esposo para defender y sacar adelante una causa que ella no entendía y que cuando menos la dejaban indiferente, sabiendo las potencialidades intelectuales del esposo para prosperas económicamente y sostener la familia que junto a ella intentaron construir. Ese fue su eterno reproche.

“Voy lleno de Carmen que es ir lleno de fuerza”, así le dice José Martí a su amigo mexicano Manuel Mercado, durante aquella primera separación que lo aleja de su novia, rumbo al incierto destino que le esperaba en Guatemala.

Luego serán muchas las alusiones a la bella camagüeyana, siempre mostrando todo el amor que ella había despertado en él: “Ejerce ella en mi espíritu una suave influencia fortificante, a tal punto que creo ahora que bien pudiera ponerse por encima de la misma nostalgia de la patria, la nostalgia del amor”

La soledad y las pasiones lo angustian y lo hacen aferrarse al recuerdo de Carmen, la firmeza con que había defendido el amor de ambos y esa disposición a seguirlo sin importarle su condición de hombre humilde, con mucho amor y poco dinero, soñador y obcecado, con una firme resolución de patria que impedía toda prosperidad económica.

“Veo a Carmen amante y serena, enfrente de problemas graves, que no tienen muy fácil solución. Me consuela, y con su tranquilidad, me alienta. Aunque tuviera que huir por los bosques, ella me acompañaría. Y no lloraría”, ve en ella un alma gemela dispuesta a todos los sacrificios por amor, callada y observadora, almohada siempre para sus penas muchas. Así fue mientras no nació su hijo José Francisco, pero al convertirse en madre los instintos maternales fueron superiores a la comprensión del esposo y eso podemos perdonarselo.

Los difíciles y hermosos días de la luna de miel, cruzando el sur de México, por selvas y peligrosos caminos, durmiendo muchas veces a la intemperie, lo hacen valorar muchos más a su hermosa esposa:

“Aquí estamos, Carmen con aureola, yo con amor y penas”

“Carmen extraordinaria; yo feliz y triste: felicísimo…”

“Ya no hablaré de valor romano, Diré: valor de Carmen”

La llegada del hijo en tierra cubana, le hace concebir a ella la esperanza de hacerlo cambiar: “Pepe sufre mucho ahora, yo creo que más tarde vivirá mejor y más contento: ayudando a sus padres, y ayudado él por mi cariño, olvidará un poco este dolor de patria…”

Obvia era la equivocación y grande el abismo que se abrió entre estos dos seres que siguieron amándose intensamente, pese a la distancia, los silencios, las incomprensiones familiares y los deberes.

“…no esta ahora conmigo sino en Puerto Príncipe, donde Carmen se detiene, por ver si con su alejamiento me fuerza a ir a Cuba, y donde tiene a mi hijo”

“Ahora vivo solo, porque Carmen y el niño están por unos meses en Cuba…Llevo al costado una rosa de fuego, que me quema, pero con ella vivo y trabajo, en espera de que alguna labor heroica, o por lo menos difícil me redima”

Ella dirá: “Ni amor a riquezas que renuncié no soñados esplendores para lo futuro me han hecho entablar esta durísima campaña contigo, es el deber y el amor de mi hijo. Se que en tu sentir jamás he tenido razón y que has condenado mi vuelta aquí pero yo creo he hecho lo que debía”

Oteador de horizontes como era, echará una mirada a su futuro y en 1877, aún en días felices dirá a Manuel Mercado:

“Creo en mi Carmen absolutamente. La creo capaz de error, pero de errores muy pequeños; no de desamor que yo no tenga merecido”

“Casándome con Carmen, aseguro nuestra más querida paz- la que a menudo no se entiende- la de nuestras pasiones espirituales.- Afortunadamente viviré poco, tendré pocos hijos:- no la haré sufrir”

Esta sencilla pareja de cubanos cultivó su amor en medio del gran momento de definición cubana y a este momento sacrificaron su felicidad de pareja, pagando con soledad e incomprensiones esta necesidad de sacrificio.

La ruptura definitiva vino en 1891 cuando la estrechez económica del matrimonio se unió a los rumores llegados a los oídos de Carmen sobre la infidelidad del esposo y mal aconsejada decide refugiarse en el consulado español en Nueva York, para pedir su retorno a Cuba, para Martí esa fue la traición mayor de ella y no la perdonó.

Nota:Carmen Zayas Bazán Hidalgo( Camaguey, 29 de mayo de 1853- La Habana, 15 de enero, 1928)

José Martí

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