Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Archivo de Octubre, 2010

El viaje clandestino de José Martí a La Habana



En 1876 la familia Martí Pérez se encuentra residiendo en Ciudad de México, esta era la única opción que encontraron para reunirse con el hijo amado, deportado a España y que terminado sus estudios no podía regresar a la patria colonizada. Albergaban aquellos humildes seres la esperanza de salir adelante y que la vida en esta ciudad fuera mucho mejor que en La Habana, donde la numerosa familia apenas si sobrevivía con las pequeñas entradas económicas del padre Mariano Martí.

Fueron meses de alegría y penas llevados con el estoicismo propio del emigrado y en verdad todo iba en mejoría lenta, con el hijo saliendo adelante en el periodismo, incursionando en las letras y relacionándose con lo más granado de la intelectualidad y la bohemia mexicana.

El duro clima de la capital azteca, marcado por la altura de la meseta no asentó a las hijas de la familia, ya había muerto Ana, recién llegados a la ciudad y ahora era Antonia quien enfermaba, tenía doce años y la mejoría no se alcanzaba; doña Leonor decide regresar a La Habana con su hija, en un viaje planeado para toda la familia, pero que las estrecheses económicas hicieron solo posible el viaje de ella con la niña. En México quedó Mariano con las otras dos hijas (Carmen y Amelia) en espera de poder viajar a Cuba.

José Martí que vive con su padre y hermanas ve la estrechez de su vida, la salud que se agota para sus seres queridos y la tristeza por la separación del terruño y de la madre, por eso decide viajar a Cuba para juntar recursos que permitiera la reunificación de los suyos. Era una decisión riesgosa, porque su condición de deportado político le impedía regresar a la isla.

No eran solo estos los motivos que estimulan su viaje a La Habana, tiene en planes trasladarse a Ciudad de Guatemala, establecerse allí en un clima social más propicio para él, tras la llegada al poder de Porfirio Díaz en México, busca en la capital cubana el apoyo de la familia Domínguez, cuyo padre es de origen guatemalteco y había sido incluso mentor del presidente de ese país Justo Rufino Barrios, cree que con estos avales y sus amistades en esas tierras pudiera tener un destino promisorio.

Conocidas sus intenciones, se oponen al viaje sus familiares y amigos, inclusos el padre de su novia Francisco Zayas Bazán, quien le ofrece el dinero necesario para embarcar al resto de la familia para Cuba. Con dignidad y delicadeza rechaza Martí el ofrecimiento, evitando las deudas de gratitud con un hombre que no lo valora digno de su hija y que se ha opuesto al compromiso de ambos, dada las situación económica del novio.

El 29 de diciembre de 1876 José Martí parte en tren para Veracruz a donde llega en horas de la tarde con la intención de embarcar hacia Cuba. En la madrugada del 2 de enero sale rumbo a Cuba en el vapor Ebro, horas antes escribe a Manuel Mercado:

“Esta la suerte desafiada, y pronto estará probablemente vencida:-voy al fin a La Habana, con documentos correctamente legales, y nombre de Julián Pérez, segundos nombres míos, con lo que me parece que me hago a mi mismo una menor traición (…)(1)

Más adelante le explica los objetivos del viaje a La Habana:

“(…) Es necesario darle ropa que las cubra, y buena vida que vivir; preparar su salida, colocar a mi padre, emprender este risueño y favorecido viaje a Guatemala: si todo eso logro, bien venido sean los riesgos graves de una prisión probable (…)”(2)

“(…) Podría ser que yo cayese preso, pero no estaría constantemente incomunicado, y el viaje de ellas, comprado con mi libertad, ya que tanto han sufrido por mi culpa; siempre se haría (…)” (3)

El 6 de enero llega a La Habana, lo esperan en el muelle, su madre, Antonia su hermana y su cuñado Manuel García, esposo de Leonor (La Chata), en cuya casa se alojó.

A Mercado le cuenta:

“Llegué a La Habana, y corrí riesgo; pero el bien que en una parte se siembra, es semilla que en todas partes fructifica; unos de mis viejos y paternales amigos de España ocupa aquí una alta situación y su afecto me ha salvado de un peligro que de otro modo hubiera sido grave (…)” (4)

Se refleja en esta y en otras dos cartas que envía al amigo desde La Habana, la gran dificultad que afronta para reunir el dinero necesario para el viaje de su padre y hermanas, así como para alquilarles una casa propia y arreglar de alguna forma el destino de su familia paterna.

Necesita 200 pesos oro para girar a México, en La Habana no tiene trabajo, es un ilegal que no puede ejercer la profesión que le ha permitido ganarse la vida en México, el periodismo.

¿De dónde obtener este dinero, que no es poco?

En La Habana tenía un solo lugar al que acudir, un lugar donde fue siempre un hijo y hermano y en el que siempre encontró las puertas abiertas: el hogar de la familia Domínguez. Allí en Industria y San Miguel, vive el noble José Mariano Domínguez Salvajauregui con sus hijos adoptivos, Fermín y Eusebio Valdés Domínguez, médico uno, abogado el otro, gozando de una sólida posición económica y un prestigio social, garantía del apoyo que necesitaba este brillante joven que era José Martí, aguijoneado por los deberes hogareños y la necesidad de fomentar un hogar junto a Carmen.

Sabemos de su presencia entre los Domínguez, durante aquellos discretos días habaneros en los que contó de sus planes de ir a Guatemala, de sus sueños de casarse con Carmen, del dolor de ver a su familia dispersa, pobre y enferma, de la necesidad de traer sosiego para aquellos dignos ancianos y sus jóvenes hermanas; aquellos día en que leyó el borrador de su drama “Adultera” a los amigos reunidos en la entrañable casona de Industria y San Miguel.

Si a alguien podía acudir con confianza para obtener la necesaria ayuda monetaria, era a estos amigos, por esto insistió en volver a La Habana, su inquieta ciudad.

Imaginemos estos días en una ciudad que late con el batir de las armas insurrectas en el estoico oriente, en la contradicción de los que se cansan y el heroísmo de los que no ven más alternativas que la libertad. De eso también escribe Martí a Mercado desde La Habana:

“De esta tierra, que no es aún la mía, he de decirle visibles tristezas, avergonzadas observaciones, y, presentes fundadas esperanzas. Es digno de un hombre la pasión que lo arrastra y que lo ciega; y adorando a mi patria;(…)esta mi conducta es garantía de la costumbre que ahora tengo de la preponderancia de la revolución, vencedora últimamente en lid campal contra el renombradísimo caudillo que venía, con más susto que brío, de la desalentada y dividida España.

De ella vienen, originarias, legítimamente del Gobierno, proposiciones de autonomía que los insurrectos aún no aceptan; aquí vuelven grupa ante nuestras caballerías de relámpago y rayo las fuerzas españolas; estos éxitos acrecen el valor y autoridad del que los conquista, y amenguan la energía y exigencia del que los sufre; tal es favorable para nosotros, sin ser por eso decisiva, la situación de estos momentos. Pero como jamás vi, entre tanto tal insolencia de torpeza, ni tal relajamiento de caracteres, - villanos caracteres bizantinos- me espanto y me sofoco, e iré a los mares en busca de natural grandeza y aire libre.-(5)

De Don José Mariano Domínguez, recibe Martí cartas de presentación para viejos afectos en su patria guatemalteca y es cosa sabida, cuánto admiró y quiso el viejo capellán a este muchacho que vio crecer junto a sus hijos.

Es por eso que no extraña encontrar la firma de José Martí en el testamento del noble anciano, fechado el 8 de febrero de 1877.

Este documento, hasta donde sabemos inédito, se encuentra en el Archivo Nacional de Cuba y es una importante pieza para el estudio de la controvertida figura de Fermín Valdés Domínguez, por los datos que aporta para esclarecer su origen y desarrollo familiar.

Pero si importante de por sí ya era, su valor se acrecienta ante la certidumbre de la firma de José Martí avalando como testigo, las palabras de este hombre que acogió a su mejor amigo y en cuyo hogar encontró siempre apoyo y tranquilidad de espíritu.

Notas:

  1. José Martí, epistolario. Tomo 1:61, 1993
  2. Ídem
  3. Ídem:63
  4. Ídem: 65
  5. Ídem: 67

José Martí

De nuevo aquí como el ave fenix

Me sentí incomunicado, alejado de esta comunidad de MONOGRAFIA a la que ya siento mi familia intelectual, por eso estaba algo triste, perdí la comunicación y posiblemente no pueda seguir mi blog MARTI OTRA VISION, pero desde aquí y con una plataforma más amplia puedo escribir sobre mi isla, tan asediada y  mentida por quienes no la quieren por tosuda y tan íntegra.

Somos hijos de Martí y con una fuerza que nace de las dificultades tratamos de hacer lo correcto, cada cual desde su lugar, nuestro Fidel tratando de llamar la atención sobre la paz mundial, aunque yo muy en particular, me gustaría que hablara más de nosotros y nuestros problemas, porque la humanidad empieza por casa y no podemos seguir olvidandonos de la “punta del pie”.

Existir como sociedad distinta es nuestro mérito, con miles de problemas, pero aquí no hay ningún tipo que tenga millones de dólares mientras otros pasan hambre. Lo demás es luchar por mejor, pero, ¡ojo, sin

perder el poder, porque sino estos sueños se van pal´carajo y costó mucho llegar, para rendirnos ahora.

Mis condolencias y la de mi pueblo para los argentinos, Kisner era un amigo y levantó vuestras esperanza y la dignidad de ese pueblo que siempre ha estado muy cercano a nuestro corazón.

Agradecimientos grandísimos para Viviana Chafer y el equipo de MONOGRAFIA que hizo tanto por este cubano de a pie, gracias amigos, no los defraudaré, mientras me soporten aquí estaré.

Ramón

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