Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 



José Martí, autor, Miguel Díaz Salinero

Una de las razones de la vigencia del pensamiento de José Martí está dada por la contemporaneidad de sus ideas, que nos permite acudir a él, no como fuente literaria únicamente, sino como hombre de estos tiempos que está a nuestro lado para enfrentar los retos de la humanidad de hoy.

En su obra vamos de asombro en asombro, unas veces sintiéndonos aludidos, otras encontrando respuestas y las más de las veces comprometiéndonos. El escritor que hay en Martí no solo es revolucionario porque innova en cuanto a las formas, sino porque expresa una nueva visión de la realidad.

En sus escritos siempre hay una estrecha relación entre lo ético y lo estético, para él no hay separación entre la belleza del contenido y la profundidad de lo que se dice y el compromiso con lo que defiende. El poeta, el periodista, el intelectual es el mismo líder de los cambios que propugna para su país, su gente, la humanidad. “Patria es humanidad”, expresó alguna vez y no dejó por regionalismos estrecho de pensar en su América, Nuestra América.

Su concepción de lo revolucionario está dada por la capacidad del hombre de ser vanguardia, marchar junto a lo nuevo, servir a las mayorías, ser heraldo del futuro y auténticamente nacional al mismo tiempo que solidario con todos los seres humanos.

Su obra intelectual va dirigida a resaltar los valores autóctonos de Latinoamérica, frente a corrientes que en su época y en esta se empeñan en imitar culturas ajenas, tan solo por considerarlas superiores a la propia.

En su viseral ensayo “Nuestra América” se ocupa de dejar claros sus hitos culturales para un mundo nuestro, nuevo y posibles:

“La historia de América, de los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria…

“Injértese en nuestras repúblicas el mundo, pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas…

“Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación. El vino de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino!

“…el lujo venenoso, enemigo de la libertad, pudre al hombre liviano y abre la puerta al extranjero…”

Ese es nuestro Apóstol el advertidor, el maestro, soñador y luchador por un mundo mejor que fuera en realidad enaltecedor del ser humano por su espiritualidad, su cultura y su capacidad de amar al otro, nociones que vale la pena defender en un mundo que tiende a exaltar a los triunfadores y egoístas, no importa en qué, ni por qué, aunque su huella sobre la tierra sea solo un escándalo frívolo o la triste historia de una vida de estrella.

José Martí

EL CHE HABLA DE JOSÉ MARTÍ



Hace unos día encontré estás notas escritas por mí sobre este acercamiento que tuvo nuestro Che a la figura de José Martí. Lo traigo a colación porque en esta época en que estamos intentando rescatar valores y buenos ejemplos para el cubano joven, esta sencilla referencia del Guerrillero Heroico puede servir de guía a quienes se amarran al “teque manido”, el discurso cerrado y la verborrea que solo los complace a ellos por lo que dicen y no por lo que llegan, esta sencilla manera de dar una lección de historia queda para todos los que con responsabilidad pedagógica o no enseñamos a las nuevas generaciones:

El 28 de enero de 1961, aniversario del natalicio de José Martí y en un año en el que Cuba se había comprometido ante el mundo librarse del flagelo del analfabetismo, se produjo este hermoso encuentro del Comandante Ernesto Guevara con un grupo de entusiastas jóvenes que lo aclamaban; con su peculiar manera de dirigirse al pueblo el Che dijo:

“Hoy se cumple un nuevo aniversario del natalicio de José Martí, y antes de entrar en el tema quiero prevenirles una cosa: he escuchado hace unos momentos: ¡Viva el Che Guevara!, pero a ninguno de ustedes se les ocurrió hoy gritar: ¡Viva Martí!… y esto no esta bien…”

Más adelante explica a los jóvenes allí reunidos lo que significa Martí para los revolucionarios, “…Martí fue el mentor de nuestra Revolución a cuya palabra había que recurrir siempre para dar la interpretación justa de los fenómenos históricos que estábamos viviendo, y el hombre cuya palabra y cuyo ejemplo había que recordar cada vez que se quisiera decir o hacer trascendente en esta patria… porque José Martí es mucho más que cubano; es americano, …su voz se escucha y respeta no solo aquí en Cuba sino en toda América”

El guerrillero argentino-cubano que conoce del arraigo del Apóstol en el pueblo cubano profundiza en el modo mejor de rendirle homenaje al inspirador ideológico de la Revolución Cubana:

“Se puede honrar a Martí citando sus frases bonitas, frases perfectas, y además, y sobretodo, frases justas. Pero se puede y se debe honrar a Martí en la forma en que él quería que se le hiciera, cuando decía a pleno pulmón: “La mejor manera de decir es hacer”

La ejemplar vida del Guerrillero Heroico fue su mejor modo de rendirle homenaje al Cubano Mayor. El pudo conocerlo poco, como bien dice en otros momentos, había leído algo de su poesía y aprendió de su obra y ejemplo con los cubanos en la preparación de la insurrección, en la guerra y ya triunfante la Revolución pudo aquilatar el valor de la vida y la obra de José Martí, no solo para los cubanos, sino para los latinoamericanos y los desposeídos de la tierra, con los que quiso su suerte echar.

Sus palabras de ese día se centraron en explicar a los jóvenes cubanos el modo de honrar a Martí enfatizando su identificación con aquella máxima martiana que expresa: “Todo hombre verdadero debe sentir en la mejilla el golpe dado a cualquier mejilla de hombre” porque para él ese aforismo definía a un revolucionario en la lucha por lograr la plena emancipación humana, por eso murió Martí, por eso también murió el Che.

Al terminar su alocución, después de recordarles el amor de José Martí por la niñez y la juventud, el Che les pidió a los allí reunido que lo despidieran como lo habían recibido,”…pero al revés: con ¡Viva Martí que está vivo!”

Historia, José Martí

LA POLÍTICA CULTURAL A FINES DE LOS 60 EN CUBA



En medio de la defensa de su existencia y ante el nuevo frente que se abría en el sector de la cultura y la intelectualidad, los últimos años de la década de los 60 fueron definitorio para una política cultural ambigua practicada desde el Consejo Nacional de Cultura, dirigido básicamente por personas procedentes del Partido Socialista Popular pero con un apoyo tácito desde el gobierno.

Era una política cultural dirigida a frenar el “diversionismo ideológico”, “pequeño burgués” proveniente de un “sistema capitalista decadente” que influía de un modo u otro en Cuba.

Fueron los años del movimiento “hippies” norteamericano, extendido por todo el mundo incluyendo a Cuba donde La Habana tuvo su embrión de peludos, homosexuales, fuertemente reprimidos por “marginales” y corruptores de la juventud.

Como pasa siempre, en el mismo saco fueron enviados a las tristemente célebres Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) cientos de jóvenes y no jóvenes, por muchos motivos, religiosos, vagos, homosexuales y una larga etc. Que no debe enorgullecer a nadie.

La cultura revolucionaria fue entendida a pie juntilla como la cultura del hombre revolucionario, ateo y heterosexual y fueron años muy difíciles para los que no entraban dentro de estos parámetros.

En 1967 Carlos Rafael Rodríguez en conversación con alumnos de la Escuela Nacional de Arte define con claridad posiciones con respecto a la creación y los creadores:

“…De una parte existe el peligro de la invasión administrativa en la esfera del arte. Quiere esto decir que desde un punto de vista central cualquiera sea el Partido…o sea la administración haya uno o varios funcionarios que juzguen lo que debe o no debe ser exhibido.

“Y la experiencia nos aconseja a ser muy cauteloso en esa materia, porque en este caso puede ocurrir que los gustos individuales, de los funcionarios se conviertan por obra y gracia de las autoridades, en gustos nacionales”[1]

Fenómeno que permeó la cultura cubana de ese período por su carga de convocatoria revolucionaria, la exclusión de la “evasión” de los escritores y creadores en otros temas que no fueran directamente de la realidad revolucionaria que se vivía entonces, el fantasma del “realismo socialista” era muy corpóreo y mucho panfleto y oportunistas pasaron a sustituir una cultura más diversa y enriquecedora.

También el Che se refiere a este fenómeno de la libertad de creación en el socialismo:

“Cuando la Revolución tomó el poder se produjo el éxodo de los domesticados totales: los demás revolucionarios o no, vieron un camino nuevo. La investigación artística cobró nuevo impulso. Sin embargo las rutas estaban más o menos trazadas y el sentido del concepto fuga se escondió tras la palabra libertad. En los propios revolucionarios se mantuvo muchas veces esta actitud, reflejo del idealismo burgués en la conciencia”[2]

Eso fue interpretado por mucho como un espaldarazo al realismo socialista que en medio de la creación de la nueva sociedad se intentó imponer como la nueva cultura de un pueblo que ya tenía una cultura diversa desde lo popular hasta la más ilustrada.


[1] Carlos Rafael Rodríguez: “Problemas del arte en la Revolución” en Revista Revolución y Cultura. Nº 1. La Habana, 1967

[2] Ernesto Guevara. Guevara, Ernesto: El socialismo y el hombre en Cuba, en Lectura de Filosofía. Tomo II. Pág. 583 La Habana, 1968

Cultura

“PALABRAS A LOS INTELECTUALES” 55 AÑOS



Uno de los temas más importantes para los intelectuales y artistas al triunfo de la Revolución, era la libertad de creación, por lo que desde inicios hubo tensiones con ciertos sectores intelectuales que desde la Revolución adoptaban una posición más dogmática, era el caso del enfoque asumido por los redactores de “Lunes de Revolución”, tabloide cultural del periódico “Revolución”, dirigido por Guillermo Cabrera Infante, quienes desde sus páginas comenzaron a “pedir cuentas” a los escritores y artistas por su obra de “evasión de la realidad” y de poco o ningún compromiso social antes del triunfo de la Revolución, atacando directamente al grupo Orígenes y su mentor José Lezama Lima.

En estos círculos intelectuales había muchas preguntas sin contestar y desde la dirección de la Revolución no había una política cultural definida, como no fuera la línea de “Lunes de Revolución”, que protagonizó una protesta por la censura del documental “PM”, financiado por este semanario y que fue interpretado como un ataque a la libertad de expresión y provocó un malestar evidente entre los intelectuales de La Habana.

Por tal motivo la dirección de la Revolución convocó a los intelectuales a una reunión realizada en la Biblioteca Nacional José Martí, los días 16, 23 y 30 de junio de 1961. El objetivo era debatir los temas que preocupaban a este sector. Fue un proceso extenso, en el que se expresaron diversos criterios, y que terminó cuando Fidel, después de escuchar todos los criterios, dejó definida la política cultural del proceso revolucionario en sus palabras de resumen, conocidas hoy como “PALABRAS A LOS INTELECTUALES”:

“Si a los revolucionarios nos preguntan qué es lo que más nos importa, nosotros diremos: el pueblo. Y siempre diremos: el pueblo. El pueblo en su sentido real, es decir, esa mayoría del pueblo que ha tenido que vivir en la explotación y en el olvido más cruel. Nuestra preocupación fundamental siempre serán las grandes mayorías del pueblo, es decir, las clases oprimidas y explotadas del pueblo. El prisma a través del cual nosotros lo miramos todo es ese: para nosotros será bueno lo que sea bueno para ellos; para nosotros será noble, será bello y será útil todo lo que sea noble, sea útil y sea bello para ellos.

“Comprendemos que debe ser una tragedia para alguien que comprenda esto y, sin embargo, se tenga que reconocer incapaz de luchar por eso. Nosotros somos o creemos ser hombres revolucionarios; quien sea más artista que revolucionario no puede pensar exactamente igual que nosotros. Nosotros luchamos por el pueblo y no padecemos ningún conflicto, porque luchamos por el pueblo y sabemos que podemos lograr los propósitos de nuestras luchas.

“Y la Revolución tiene que tener una política para esa parte del pueblo, la Revolución tiene que tener una actitud para esa parte de los intelectuales y de los escritores. La Revolución tiene que comprender esa realidad, y por lo tanto debe actuar de manera que todo ese sector de los artistas y de los intelectuales que no sean genuinamente revolucionarios, encuentren que dentro de la Revolución tienen un campo para trabajar y para crear; y que su espíritu creador, aun cuando no sean escritores o artistas revolucionarios, tiene oportunidad y tiene libertad para expresarse. Es decir, dentro de la Revolución.

“Esto significa que dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada. Contra la Revolución nada, porque la Revolución tiene también sus derechos; y el primer derecho de la Revolución es el derecho a existir. Y frente al derecho de la Revolución de ser y de existir, nadie -por cuanto la Revolución comprende los intereses del pueblo, por cuanto la Revolución significa los intereses de la nación entera,- nadie puede alegar con razón un derecho contra ella. Creo que esto es bien claro.”[1]

A pesar de la claridad de estos conceptos, a lo largo de estos años su aplicación ha sido coyuntural y selectiva de acuerdo al momento histórico y a la percepción de los “funcionarios” erigidos en guardianes de esta política.

Durante este período el debate sobre la creación artística y literaria se mantuvo con fuerza frente a los intentos de estrechar el horizonte de la creatividad con la justificación del compromiso social.

Como consecuencia directa de esta reunión y su posición se dejó de publicar el semanario “Lunes de Revolución”, por el cual algunos lloran todavía y a los pocos días nació la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) el brazo integrador de la intelectualidad cubana a la Revolución


[1] Fidel Castro: Palabras a los intelectuales. La Habana, 1961

Cultura

DE PALABRAS A LOS INTELECTUALES Y OTRAS CONSECUENCIAS


Me preguntó cuántos de los menores de 30 años en Cuba han leído “Palabras a los intelectuales”, aquel discurso “parte aguas” de Fidel el 30 de junio de 1961 en la Biblioteca Nacional de Cuba. Yo diría que muy pocos y menos aun los que lo han estudiado como documento programático para las políticas culturales y sociales que vendría después.

Ese discurso fue el resumen de dos días de discusiones, polémicas y diálogos de una intelectualidad cubana que requería respuesta ante un hecho concreto que sentó precedente:

Días antes se había prohibido la proyección del documental “PM” dirigido por Sabás Cabrera Infante, tendencioso y provocador, financiado por el poderoso e influyente semanario cultural cubano “Lunes de Revolución” que dirigía su hermano Guillermo Cabrera Infante y detrás del cual estaba el calenturiento cerebro de Carlos Franqui.

“PM” era un documental de La Habana de noche, pero no de La Habana casinera, de prostíbulos y bares, como la dejada atrás por la Revolución Cubana, era una “Habana oscura” con carteles lumínicos apagados y la visión de ciudad sitiada. ¿Podía ser de otra manera tras la invasión de Girón y el auge de las conspiraciones contra la revolución en el poder?

Era una manera sesgada, provocativa y nada objetiva, era simplemente contrarrevolucionaria esa imagen de La Habana en ese momento y bajo esas circunstancias.

Le tocó al ICAIC[1] y en particular a Alfredo Guevara, tomar la decisión y prohibió y tras esa decisión vino el asustadizo revuelo de la intelectualidad y en especial del grupo que estaba tras “Lunes de Revolución”, ellos que impugnaron a Lezama y el grupo Orígenes, que clamaron por “liberalizar la cultura” y sacarla de manos de aquel “grupo elitista”, se sintieron heridos por aquella censura lógica, política y valiente.

Fueron días de miedos, de defensa de la libertad de expresión, de liberalismo burgués ingenuo y oportunista que Fidel y la dirigencia de la Revolución, se encargaron de aclarar, poner en su lugar, sin debilidades ideológicas, pero sin abusos de poder: La Revolución tenía derecho a defenderse, defender el derecho del pueblo a sus conquistas y fue lo que hizo, quedó bien claro aquella frase que resume una política cultural: “Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución ningún derecho”, eso quedó claro y mantiene plena vigencia. Volveremos sobre el tema


[1] Instituto Cubana de Arte e Industria Cinematográfica

Cultura

MÁXIMO GÓMEZ, NOTAS SOBRE SU PENSAMIENTO POLÍTICO Y SOCIAL


Un 17 de junio 1905 muere en La Habana el Mayor General Máximo Gómez Báez nacido en República Dominicana pero al que los cubanos tenemos en el sitial de los Héroes nuestro, no solo por su desinteresado aporte a las luchas por la independencia sino porque lo hizo desde arraigadas convicciones éticas que lo afianzan entre los grandes hombres de nuestra historia.

Quiero hacer un breve acercamiento al pensamiento social y político que muchas veces no es tenido muy en cuenta al valorar a este genial estratega militar, patriota cubano incondicional que supo darle a Cuba lo mejor de sí y recibir de ella no solo el reconocimiento por sus méritos sino la oportunidad de crear una familia que lo afianzó en nuestras vidas con raíces propias.

Las más importantes valoraciones del pensamiento del Generalísimo[i] están contenidas en sus propios escritos, esos nacidos de la necesidad de llevar memoria de sus acciones militares, sus criterios y testimonios, válidos hoy para conformar su personalidad y su pensamiento político social.

Él dice que su llegada a Cuba se produce tras su “ciega” participación en los “oscuros” acontecimientos de Santo Domingo y lo valora como una “casualidad”. En esos momentos se siente desarraigado al perder status social y su patria, aunque el procede de una familia “venida a menos”. Allí en Dominicana deja hijos y viene a Cuba con una formación cristiana de raíces populares y el oficio militar aprendido en las guerras contra los haitianos y en las luchas intestinas de los suyos.

Al llegar a Cuba parece hacer tabla rasa de su vida pasada se afinca como campesino en un pueblito oriental en las laderas de la Sierra Maestra, El Dátil, acompañado de su madre y dos hermanas.

El fenómeno de la esclavitud es algo que choca a su ética y lo que determina la radicalización de su pensamiento, aún antes de comenzada la guerra por la independencia en Cuba. Emilio Roig apunta que Máximo Gómez fue abolicionista antes que independentista.

Sus primeras notas autobiográficas se refieren a “Cuba país de esclavos” y tiene radicales ideas sobre la esclavitud, sin posiciones racistas y declara que a través de ellos (los esclavos) “aprendió a amar al hombre”.

En estas notas deja sentado que fueron sus necesidades de justicia social las que lo llevaron a incorporarse a la guerra por la independencia.

Su concepto de raza es superior al predominante en la sociedad colonial cubana de su época. El escribirá en carta al General Ramón Blanco, que no hay diferencia de raza y que cree en una sola raza, la humana. Que los valores humanos eran los que determinaban las diferencias entre los hombres. Será este pensamiento social el que lo acerque a José Martí.

En su obra deja claro su pensamiento social, declarándose “socialista”, siempre y cuando sea para la distribución de las riquezas sociales entre los pobres.

Hay en él una concepción “antillanista”, compartida con Houston, Betances y Martí y en esos momentos de lucha por la independencia de Cuba insta a los dominicanos a apoyarla en su intento y dejando en claro sus posiciones con respecto a los Estado Unidos, para él las relaciones que deben existir entre Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico, se anteponen a la falta de identidad con los Estados Unidos.

A Francisco Carrillo le escribe en 1887 su preocupación por el auge que va teniendo el anexionismo y las consecuencias para Cuba y las Antillas. En 1893 escribe un análisis sobre la situación cubana y los peligros de que España pudiera intentar salir de Cuba y ponerla en manos de otros extranjeros.

Está muy clara su posición antianexionista y siempre que tiene una oportunidad la expresa, no se cruzó de brazos y a su modo y como pudo trató de alcanzar la República para los cubanos. Su gran pecado como cubano, fue sentirse extranjero cuando el país lo necesitaba para conducir las riendas de la futura República, la constitución de la República preparó las condiciones para que así fuera: “Solo podía ser presidente de Cuba, un cubano de nacimiento o un extranjero que hubiera peleado 30 años por la independencia”…solo faltaba el nombre.


[i]Así lo llaman los cubanos desde los días de las guerras por la independencia

Historia

EL TEMA DEL NEGRO EN LA REVOLUCIÓN CUBANA

Hace 136 las autoridades españolas de la Isla decidieron abolir el régimen de esclavitud al que estaban sometidos más de cien mil africanos o descendientes de estos en la isla. Era la consecuencia lógica de la crisis del sistema económico basado en la mano de obra esclava que durante más de tres siglos marcó la sociedad colonial en Cuba.

Ya los cubanos en el alzamiento que encabezó Carlos Manuel de Céspedes en el ingenio “Demajagua”, declararon el derecho de los esclavos a ser libre y él de forma personal dio la libertad a los de su dotación, diez años de guerra radicalizaron de tal modo a la sociedad que el negro, al luchar por la libertad de Cuba se hace libre si era esclavo, si ya lo era se reafirma como parte de un movimiento que lo integraba y que no solo era por la independencia de España, sino por la abolición de esta infame institución.

Con la creación de la República burguesa, la demagogia populista de los gobiernos burgueses mantenían un coqueteo constante con estos sectores negros, mayoritarios combatientes por la libertad de Cuba y a los que el propio Martí llamó a crear la República “con todos y para el bien de todos”, el objetivo era obtener su apoyo electoral y político, en tanto continuaba la segregación, velada o abierta en todos los sectores de la sociedad cubana.

Con el triunfo de la Revolución Cubana el 1ero de enero de 1959 cambiaron muchas cosas en Cuba, llegaba al poder un grupo de revolucionarios dispuestos a liderar los profundos cambios que necesitaba la sociedad, encabezados por el Comandante Fidel Castro.

La discriminación racial latente en la sociedad pre-revolucionario tenía una profunda raíz clasista dada la pertenencia a los sectores más humildes del pueblo de las mayorías negras y mestizas, agrupadas en sociedades y hermandades que servían más para que continuaran segregados, que para luchar por una igualdad real ya refrendada en la Constitución del 40.

No es de extrañar que en la vanguardia de los trabajadores se destaquen líderes negros de la talla de Jesús Menéndez, Aracelio Iglesia, Lázaro Peña, mano a mano con sus hermanos de causa, fueren del color que fueren. Ellos estuvieron a la vanguardia, los dos primeros asesinados por su radical defensa de los trabajadores y el tercero el líder indiscutible de los obreros cubanos, que acompañó al proceso revolucionario hasta su muerte.

Es por ello que Fidel  aborda el problema de la discriminación racial desde los primeros días del triunfo y se pronuncia categóricamente:

“Una de las batallas en que es necesario hacer hincapié (…), es porque se acabe la discriminación racial en los centros de trabajo. No debiera ser necesario dictar una Ley para fijar un derecho que se tiene por la simple razón de ser un ser humano y un miembro de la sociedad.

“Nadie se puede considerar de raza pura y mucho menos de raza superior.

“Hay que dictar el anatema y la condenación pública contra aquellos que, llenos de pasados resabios, de pasados prejuicios, tienen el poco escrúpulo de discriminar a unos cubanos por cuestiones de piel más clara o más oscura.

Recordando a Martí Fidel dijo

“La virtud, los méritos personales, el heroísmo, la bondad, deben ser la medida del aprecio que se tenga a los hombres y no el pigmento de la piel. El problema no es cambiar el gobierno sino cambiar la esencia de lo que ha sido hasta hoy nuestra política, política colonial.[1]

Esta política ha sido prioridad de la Revolución que sostiene que la discriminación y los prejuicios raciales son antinacionales, porque atenta contra los derechos de estas personas y se pone en peligro la unidad nacional tan necesaria al proceso revolucionario.

El problema no fue de política estatal, encaminada desde un primer momento a favorecer a los más humildes, sino de pensar que con una campaña y la proclamación de la igualdad de todos los cubanos, ya se acababa el problema, cuando la realidad social del país ha demostrado que pese a todo, permanecen los prejuicios y la desventaja social de parte de la población negra cubana, en tanto quedaban insatisfacciones que no eran solo materiales sino de esencia espiritual.

Los duros años a partir del Período Especial (Década de los 90), pusieron de manifiesto estos problemas como arrecife que aflora en la bajamar y afrontarlos requieren honestidad, sentido crítico y un amplio consenso participativo real para completar la obra y lograr la plenitud social de todos y con todos.

[1]Fidel Castro, 1959 citado por Pedro Serviat Rodríguez en “La discriminación y el racismo: lacras del pasado” en Revista Universidad de La Habana, pág. 164, Nº 224, ene-abr, 1985

Historia, Opinión, Política

ANTONIO MACEO, EL GRAN ADALID CUBANO


El 14 de junio de 1845 nació cerca de la ciudad oriental de Santiago de Cuba, Antonio Maceo Grajales, un  negro libre de aquella colonia española que era Cuba en el siglo XIX, hijo de una familia creada por Marcos Maceo y Mariana Grajales,  pequeños agricultores que vivían de la tierra y dieron a su prole numerosa el ejemplo de la prosperidad basada en la honradez y el trabajo. Los historiadores escriben sobre la influencia que sobre esta familia tuvo Mariana Grajales, mujer de temple y de principios que no quiso tener hijos siervos, sino hombres preparados para hacer el bien y vivir del esfuerzo de sus manos.

Esta fue una familia de héroes en la que Antonio Maceo fue la expresión más alta del patriotismo y el mérito, porque al unirse a las luchas por la independencia de Cuba en 1868, fue destacándose por sus dotes de militar y de jefe, a tal punto que en una sociedad esclavista y de grandes prejuicios raciales, tuvo el mérito grande de ser visto como el gran paladín de la libertad de su tierra.

José Martí dijo que él, “tiene tanta fuerza en la mente como en el brazo” y admiró al intrépido  militar mambí forjado en las luchas por la independencia de Cuba.

Intransigente y valiente, se opuso al Pacto de Zanjón, cuando los más débiles se cansaron de la guerra y pidió una entrevista al Capitán General Arsenio Martínez Campos para expresarle su desacuerdo al término de la guerra, si esto no significaba, la independencia total de Cuba y  la abolición de la esclavitud.

Su genio militar brilló como nunca en 1895 cuando junto al Generalísimo Máximo Gómez emprendió la invasión del occidente de la isla de Cuba, para incorporarlo a la guerra y destruir las bases económicas del colonialismo español, cumplida su misión y en medio de una resistencia victoriosa frente a las fuerzas españolas murió en combate el 7 de diciembre de 1896.

Nadie en Cuba pudo negar sus méritos,  la admiración por su genio militar han opacado un tanto sus capacidades estadísticas y su pensamiento  marcadamente independentista y al lado de los humildes.

Historia

ELENA BURKE


El 9 de junio de 2002 se nos fue la “Señora Sentimiento”, esa voz clara y profunda que marcó toda una época en las décadas del 50, 60, 70 y 80 del siglo XIX cubano, aunque ella será recordada y escuchada siempre por esa manera suya de cantarle a los sentimientos más íntimos del ser humano.

La “voz del feeling” con perdón de cuantas quieran ayer y hoy apropiarse de una corona que fue solo de ella, porque le sobraban las orquestas y los grandes espectáculos y le bastaba una guitarra y la compañía íntima de un pequeño grupo de seres humanos cómplices, pendiente de sus letras, de su gestualidad y esa manera suya de llegarnos al corazón.

Cuando los devastadores años 90 pasaron por nosotros, era un rumor triste que estaba enferma y los que la amamos lloramos porque el SIDA era un monstruo reinante y había tocado a la reina, para escuchar con ella sus penas y trasmitirnos el mensaje de su realidad entre nosotros.

Elena nuestra de tantas canciones: “Duele”, “Lo material”, “Para vivir”, “Mi son al son”, tantas y tantas canciones que a veces no estrenó ella, pero que luego de decirlas a su modo, ya no queríamos oírla por otro, Elena de la pantalla chica y blanco y negro, Elena del cuarteto de Orlando de la Rosa y las D’Aida, Elena que se despidió de nosotros con aquella canción de “Amigas” acompañada de Omara Portuondo y Moraima Secada, otras leyendas de los años míos, los años de la Revolución, esos que no cambio por nada porque son historia.

Cultura, Sin categoría

LA VOZ DE LA PRENSA, DILEMA DE PERIODISTAS


Voy hablar del periodismo en Cuba, ejercido cada vez más por jóvenes que salen a la calle en busca de la “noticia” que socialmente interese a todos, con sensibilidad para la mayoría y que responda a “principios éticos y programáticos del que paga”, llámese como se llamé: pueblo, estado, partido, dueño, que al final ejerce la misma función, velar por sus intereses que pueden ser los de una mayoría o de una minoría.

La noticia en época de internet tiene la inmediatez de un suspiro, basta que ocurra y siempre habrá quien lo vea, como siempre, pero ahora siempre habrá quien tenga un teléfono móvil, una tableta o cualquier otro artilugio electrónico para que ese hecho quede en la mente de miles. Eso es periodismo ciudadano, tan sesgado, peligroso, brutalmente objetivo y tan dado a ser destapador de chismes, intimidades de figuras públicas o simplemente del desgraciado que tuvo a mal cruzarse con este testigo malicioso de sus actos.

Periodismo es ante todo objetividad, responsabilidad, belleza literaria y militancia, por eso la prensa plana cubana se cubre de crónicas que usted sabe a dónde van desde el primer párrafo, entrevistas en los que el periodista induce el camino de las respuestas, pocas imágenes y ningún seguimientos cuando es un hecho de inmediatez.

El periodismo televisivo y radial, se abren más a un trabajo pegado al problema, tratan de acercarse al ciudadano y vencer los “molinos de vientos” de los funcionarios, siempre atrincherados en las justificaciones y las carencias, y su público en Cuba es muy grande, porque internet en poca y mala en la isla, y los que se empatan con ella, van al casino de la banalidad y a la trampa de la necesidad inmediata, a lo lúdico y al espejismo de ese mundo virtual que requiere ante todo el antídoto de la cultura para no terminar siendo un zombi de las modas o aplastado por esa avalancha de información (relevante o irrelevante) que es la verdadera censura universal.

De todos modo la voz de la calle sigue siendo un criterio de verdad fuerte en Cuba y en esa no hay censura…piensa Liborio, piensa

Opinión
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