SANTIAGO DE CUBA
Estos balcones naturales, ¡cuánta nostalgia!
Hay días que es difícil escribir, tanta es la nostalgia y los temas, que las palabras se atascan como en un embudo sin salir o saliendo falta de fuerza y sinceridad. Muchos dicen que en ese momento hay que acudir al “oficio”, insistir volver a insistir y salir adelante, como hacemos con el trabajo que no siempre sale del alma sino de la obligación.
Amanecí con muchas imágenes de una ciudad a la que quiero mucho, una ciudad caribeña y caliente, de gente extraordinaria, sin dobleces, amantes de la vida y orgullosos. Con ellos compartí una parte de mi tiempo de joven estudiante y muchas veces acudí entre sus calles empinadas y su gente fogosa, a recapitular esta vida bien vivida, porque ellos tienen un ritmo de vivir como si mañana no existiera y todo habría que hacerlo hoy para estar tranquilos.
Hablo de Santiago de Cuba, la hermana mayor de las ciudades orientales, allí estudié, viví, amé y fui correspondido, para luego llevármela en el corazón y los sentidos a cualquier parte que fui.
“Chago” es más que ese folklor delirante de sus congas y el mulaterío, hembra o macho, que la hace famosa, es ciudad cálida, de pequeños secretos concebidos en medio de confesiones de fiestas o días en sus parques, tras jornadas de estudios.
Por eso es trova, tradición, historia y ese orgullo de ser cubano, pero oriental, una condición que se fue perdiendo con la famosa partición del “Gran Oriente”, diluida en cinco partes que miran más al Caribe que a tierra firme, aunque esta tenga tantas cosas.
Santiago es mi segundo hogar, allí nací como “hombre pleno y libre”, desde allí viví aquellos años 70 de “cacería de brujas” donde el divisionismo ideológico fue la “herejía mayor”, si en La Habana había que demostrar la pureza de “sangre revolucionaria” adherida al guión marxista, ir al Cobre era entre nosotros, nuestro secreto, aunque en realidad no fuéramos los grandes devotos, pero nos daba la gana y era el modo de ser distintos; hubo otras pequeñas herejías en medio de aquella ortodoxia que siempre fue más dura en provincia.
Nosotros, jóvenes entre 20 y 25 años, éramos el proyecto de “hombre nuevo”, y teníamos que tirar el ploc a tierra para poder vivir nuestro años, los irrepetibles años estudiantiles, en medio de una ciudad “caliente”, nada monástica, en los que el ron no nos faltó, aunque al otro día en el aula la concentración no fuera la misma, era el riego de ser joven.
Eran los años de la “croqueta” a 10 centavos, el refresco a medio, pero mucha precariedad que saldábamos con alegría y el cambio de “Cara” según la comida, que muchas veces repetía en las tardes una sopa grasienta y con un trozo de hueso al medio. Ni la hermosa vista desde el comedor de Quinteros nos hacía mejor la digestión.
“Santiago, Santiago, eres la mata y la cuna”, allí aprendí mucho, tuve un par de extraordinarias profesoras de pedagogía: Marta Marcos y Josefina, allí aprendí con ellas a amar la carrera de enseñar y nunca olvidaré aquella frase de la Dra. Marta Marcos, “la vida es una carrera, lo fundamental es garantizar que todos salgan parejo, pero cada uno llegará tan lejos como le den sus capacidades” y cerraba con aquello de que, “alguien tiene que barrer las calles y hacer los oficios”.
Eran los años del 100 por ciento de promoción, en primaria y secundaria, mientras que el embudo se trababa en la Universidad, porque allí el claustro no regalaba nota, ni calificaba un “él quiso decir”, sino “él dijo”.
“Es Santiago, no os asombréis de nada”, dijo Navarro Luna y es verdad, la ciudad es distinta, no solo por su arquitectura, sino por su gente, la gente que dice al pan, pan y al vino, vino y que es mejor verla en su ambiente, en medio de sus carnavales, que no son fastuosos, sino intensos; donde una mano sale en cualquier parte a ayudarte y luego sigue su camino, la ciudad de la “Mujer de Antonio”, de “Lágrimas negras” de “Lola Kindelán”, de las “Frutas del Caney” y de los amores para no olvidar, porque se hicieron al toque del tambor y al ritmo de la corneta china, quien no vivió eso, “NO SABE LO QUE ES LA VIDA”
“LA REVOLUCIÓN ES TAN HUMANA QUE HAY QUE CONCEBIRLA CON AMOR”
Esas palabras que comparto plenamente las dijo Miguel Díaz-Canel[1] en el Congreso de la FEU[2] reunidos por estos días en La Habana y traen a mi pensamiento la concreción de estas en el día d día del cubano de hoy.
La Revolución es una obra de amor, surgió de la necesidad de cambios de un pueblo, una sociedad y la voluntad de una vanguardia, pero se concreta en el hacer diario donde el mismo que te dirige y te arenga, te lleva a una madeja de Dédalo de trámites y oficinas por el más banal de los asuntos, que hace más difícil la vida de los seres humanos que habitamos en este archipiélago de eterno verano y grandes contradicciones.
Estimula escuchar tales cosas de un dirigente de los máximos niveles, contrastando con la mala educación, el burocratismo, los sobornos, pequeños o grandes, los horarios de las oficinas de trámites, tan flexibles como cada uno quiera y el “mal trato”, físico, mental a un pueblo que es Revolución, hizo la Revolución y en su gran mayoría aún cree en ella.
El ser humano en el centro de los problemas que confrontamos, sin que predomine un “sálvese el que pueda”, que deslegitimiza las esencias de la Revolución, hasta el grado que la gente de a pie habla de ella como el “Estado” cuando cualquier entuerto no sale bien.
Revolución es entrega, ideología es convicción en lo que creo, respeto es lo que cada uno de nosotros espera en esta lucha por la vida que aún quiero seguir llamando “obra de todos” y confianza, es la que aspiro seguir teniendo en la Revolución.
[1] Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros
[2] Federación de Estudiantes Universitarios
DÍA DE LOS PADRES EN CUBA
Por tradición arraigada en le sociedad cubana desde el siglo XX se instituyó el tercer domingo de junio como el “Día de los Padres”, la otra parte de la ecuación, esos que por miles de motivos no están junto a sus hijos, unas veces porque su rol de proveedor familiar los hacen alejarse en búsqueda de la prosperidad para el hijo y la familia, otras porque la formación “machista” de este mundo latino nuestro lo hace entrar en contradicción con “ella”, ahora más liberada, necesitada de hacer su proyecto, de participar en el juego social y proveedora también, en una nueva armonía que en la sociedad cubana hace a la mujer decisora y protagonista, más allá del hogar.
Pero hablamos de nosotros, los padres, siempre vilipendiados con aquello de que: “Madre es una sola, padre puede ser cualquiera”, burda manera de mirar la paternidad como el simple acto de procrear, cuando hemos crecido con nuestros hijos, viéndolos aprender, asustándonos por los cambios que nos roban a nuestro niñito o nuestra niñita, pero orgullosos al verlos convertirse en ciudadanos buenos o angustiados si se nos enferman o eligen un camino difícil o equivocado, de todos modos estamos ahí para ellos, muchas veces con mamá a nuestro lado, otras solos o con una madrastra a cuesta, es la vida.
No es fácil ser padre, cuando tienes que pelear por un poco del cariño de tu hijo, porque las desavenencias de un frustrado amor, llevan al rompimiento y lo dejan a él o a ella en calidad de rehén del rencor y/o de los celos.
He visto a padres multiplicarse en pa y ma, esa fórmula que no es muy frecuente pero se da, porque la vida es algo más que un estereotipo.
¡Felicidades papás del mundo, luchen por sus hijos y por su futuro mejor!
FREDDY ASIEL ÁLVAREZ, EL MEJOR PICHER CUBANO DEL MOMENTO
Cubano al fin, no puedo prescindir del beisbol, la pelota como todos los cubanos decimos, y sigo el mejor momento de la serie con un play off que lleva delante a los “naranjas” de Villa Clara 2-0, con amenaza de pasar la escoba a unos combativos matanceros, que como el Ave Fénix, vienen de la ceniza de la mediocridad a discutir el campeonato cubano.
Les traigo la entrevista que publica el diario Granma al mejor pícher del momento Freddy Asiel Álvarez, quien ha ganado cuatro juegos en play off este año y amenaza con más:
“No me gusta que me pongan un pie delante”
Freddy Pérez Cabrera
Cuenta Rosario Mercedes Sáez, madre de Freddy Asiel Álvarez, que cuando su hijo era pequeño solía jugar a las bolas, su pasatiempo preferido. Era raro el día en que ella no tuviera que intervenir ante los muchachos porque él no aceptaba la derrota, y ahí mismo se armaba¼
“No le gusta perder ni en las bolas”, dice la mamá, quien reafirma cómo, al parecer, esa es la conducta que lo ha hecho convertirse en uno de los mejores lanzadores del país.
Días antes de que ganara este martes su cuarto juego del crucial play off e impusiera récord de 33 entradas consecutivas sin permitir carreras, Granma se trasladó hasta su natal Sierra Morena, donde Freddy Asiel tomaba un descanso para atender a la familia.
¿Qué disfrutas más, ganar un buen juego de pelota o cabalgar a pelo sobre La Santiaguera o Candita?
“No me pongas en ese dilema. Ambas cosas las disfruto muchísimo, al igual que escuchar una canción de Cándido Fabré”.
¿Este Freddy Asiel de los play off ha cambiado en algo?
“No me gusta que nadie me ponga un pie delante; sin embargo, ahora soy más maduro y estoy concentrado en lo que hago; además, la entrega a los entrenamientos ha sido mayor”.
¿Cómo es tu preparación?
“Corro mucho y hago algo de pesas, sin caer en excesos. También observo al contrario y me preparo psicológicamente, un aspecto importante para un lanzador”.
¿Y el control?
“Creo que nací con ese don. Siempre he sido un pitcher muy controlado, desde los juveniles”.
Algunos te consideran el que mejor tira en Cuba los lanzamientos pegados.
“Respeto esa opinión, pues también me gusta hacerme respetar por los bateadores con rectas duras y pegadas. Esa es una bola muy difícil de batear”.
Imagino que ese pitcheo te haya traído problemas.
“Quien no quiera que se lo lance no debe pararse en home“.
¿Qué estás tirando en estos momentos?
“Recta, curva y slider, todas me llegan bastante temprano. La recta, por ejemplo, a 94 millas, y sostenida a 91. La slider puede sobrepasar las 83 y a esa velocidad no es fácil de batear”.
¿Prefieres los bateadores zurdos o los derechos?
“Indudablemente, por mi forma de lanzar, prefiero a los derechos, pero bueno, me da igual cualquiera. Me cuido de todos por igual”.
¿Te desconcentra un buen batazo?
“No. Sigo haciendo mi trabajo y trato de concentrarme más para sacar los outs que me faltan”.
¿Qué esperas de la final?
“Un buen play off y regalarle a mi afición dos o tres triunfos. Trataré de aportar para que el equipo se saque la espinita que tenemos clavada hace tantos años, en los cuales no hemos podido coronarnos a pesar de llegar muchas veces a la final”.
¿El año del Villa Clara?
“Si de mí depende, que preparen la fiesta en el Sandino”.
Tomado de Granma, edición digital, 13/6/2013
¿SEREMOS COMO EL CHE?
Casi todo los cubanos de mi época, los que éramos niño al triunfar la Revolución, miramos aquellos años sesenta como algo hermoso, lleno de esperanzas, donde los sueños podían cumplirse nada más que de desearlo. Era la etapa romántica de la Revolución Cubana, donde la gente de a pie, el pueblo protagonista de los rápidos cambios que se producían en el país teníamos como compulsión el “cambio” tan necesario para nuestro país de pobres, de analfabetos, de obreros sin trabajos, de gente con sueños truncados pero también con un sólido grupo de intelectuales y gente de conocimientos vivo y actuante, que no vaciló en unirse al nuevo proceso.
En 1967 muere Ernesto Guevara de la Serna en Bolivia, nuestro querido Che, el que desde mis 17 años de entonces yo había aprendido a querer por su sinceridad al escribir, por su imagen que daban la seguridad del líder y sus sueño de futuro. Lo mistifiqué, como todos los niños cubanos de entonces, por eso sabemos que ser como él era algo importante, era entregarse a una causa, ser bueno, “sentir en nuestra mejilla cualquier golpe dado en mejilla de otro” y ser “perfecto”, porque en aquellos años para un muchacho de preuniversitario él era la meta posible.
Los años venideros de crecimiento personal y estancamiento social fueron años de cuestionamiento del modelo, parecía que aquel hombre era inalcanzable y a pesar de que mucho había leído de él y sobre él, lo veía diluirse en la mística de izquierdas y derechas sin que ese fuera el “modelo de hombre” que yo quería.
El Che es un tiempo, una figura que debe seguir diciéndonos cosas para alcanzar una sociedad más justa para todos, es un ejemplo de hombre y de dirigente, que se trazó metas más grandes que sus circunstancias mismas, pero que ha quedado para recordarnos la época hermosa de los sueños, cuando todo parecía al doblar de la esquina y la que todavía nos preguntamos ¿Dónde se torció?
VIAJE A UN PAÍS QUE YA NO EXISTE
Arleen Rodríguez Derivet
Fresquito acabo de leer esta crónica escrita por mi querida Arleen Rodríguez Derivet, hace bastante tiempo no leía algo tan hermoso, bien escrito y sobre todo con un estilo que me atrapó desde el título.
Trata sobre su llegada a la República Socialista de Vietnam, ese país entrañable para todos los cubanos, el país protagonista de la más tenaz resistencia frente a la intervención extranjera durante todo el siglo XX, país de gente estoica, de voluntad inquebrantable que ganó una guerra que los imperialistas tratan de sepultar en los pliegues del tiempo, como para no recordar un pueblo unido y decidido.
Esta bella crónica, cuánto extrañaba tu estilo amiga mía, nos hace pensar en la importancia del oficio al momento de reflejar emociones sin desbordes, pero con la necesaria humanidad e inteligencia para el lector.
He aquí la crónica, de la cual mantuve su título:
«Solo 11 horas separan la vida en La Habana de la que transcurre en la capital vietnamita, pero el sentido del tiempo se extravía en cuanto se cubre la distancia física entre las dos ciudades. Volar 12 horas y media seguidas, con una escala de cinco y seguir volando medio día más, en el mismo sentido en que se mueve la Tierra sobre su eje, puede provocar unas incertidumbres temporales de pánico. «Mal de viajero» o jet lag le llaman los expertos. García Márquez dijo alguna vez que era un simple retraso del alma que demora una semana en cruzar el Atlántico.
«Por suerte, el aeropuerto de Hanoi es el menos complicado del mundo. Apenas se pasa el control de Inmigración y se recoge el equipaje, se puede salir sin más exigencias. Salvo que seas una mujer como Isabel Santos, más desesperada por encender un cigarrillo que por estirar las piernas. «En Vietnam las mujeres no fuman en público», trata de explicarnos el traductor, frente a los gestos de hostilidad de los hombres aglomerados ante un cenicero colectivo. La actriz no se queja, pero pasa por alto el aviso. Bajó con tantas ilusiones del avión de Aeroflot que nos trajo de Moscú, que nadie puede prohibirle que canalice las emociones a su estilo.
«Isabel dirigirá aquí una coproducción cubano-vietnamita, basada en las memorias del camarógrafo del Noticiero Icaic Latinoamericano más cercano a Santiago Álvarez.
«Iván Nápoles, el hombre que filmó los pies en sandalias de Ho Chi Minh y el histórico sepelio del líder vietnamita; el que supo captar como ningún otro las imágenes que llenan la obra del más grande documentalista latinoamericano, regresa a Vietnam con 80 años y un montón de antiguas libretas escolares llenas de notas que mañana serán una película y más tarde un libro.
«Pero, Los ojos de Santiago —título que Isabel escogió en homenaje al legendario director cubano— no es un documental de la historia. El deslumbrante ambiente del Vietnam actual, es también protagonista del proyecto que busca mostrar todas las expresiones de la renovación nacional a través de una mirada que recuerda todo y apenas reconoce nada.
«A las puertas mismas de Hanoi, en la autopista que conduce del aeropuerto a la ciudad, Iván miraba a un lado y a otro y solo podía reconocer el calor húmedo y la tradicional hospitalidad de los anfitriones en la sonrisa fácil del traductor Lou Hai.
«Aquí había una carreterita tan estrecha que si venía otro carro de frente, teníamos que parar. Y no había edificios, ni construcciones, solo arrozales por todas partes», nos dijo el viejo camarógrafo, con la voz quebrada por la emoción, mientras cientos de hombres y mujeres jóvenes sobre veloces motocicletas, cruzaban la ancha vía, ahora rodeada de altos edificios y avisos publicitarios. ¿Cuánto conocerán ellos la historia que trae Iván en sus cuadernos?
«No hay por qué especular. Apenas empezamos el viaje a un país que, ciertamente, parece haber dado paso a otro, pero sin moverse un milímetro de ciertas esencias que siguen erguidas, como la bandera roja de la estrella amarilla que ondea en los edificios públicos.
«Y a primera vista, hay que decirlo, despierta simpatías y admiración, la ola del cambio que está en marcha, revolucionándolo todo hace ya casi tantos años como los que lleva Iván lejos de Vietnam.»
Tomado del periódico Juventud Rebelde, 12/6/2013 versión digital
Promocionan al casabe como Patrimonio Nacional cubano
Realmente interesante que se quiera declarar al casabe como Patrimonio Cultural de la Nación, patrimonio que compartimos con el área del Caribe y Venezuela, dado el origen de este plato de la cocina de los pobladores originarios de estas islas provenientes en principio de la cuenca del Orinoco en Venezuela. Mis recuerdos del casabe son pocos, porque en las zonas urbanas del oriente cubano no se consume mucho, aunque sí en las áreas rurales donde muchos campesinos lo preparaban por su fácil elaboración y conservación.
Junto con la hamaca, el bohío y el ancestral uso de toponímicos de origen arahuaco, es poco lo que nos queda de esta raza noble y laboriosa que llegó a Cuba en oleadas desde las otras islas y que fue la primera víctima del conquistador español, más presto a su enriquecimiento que en aprender de aquellos pueblos.
Sabemos poco de ellos, pero hay una realidad, resistieron apegados al monte, en un cimarronaje rebelde que los llevó a sobrevivir en parajes intrincados del macizo Sagua-Baracoa y en la Sierra Maestra, lugares en los que persistieron hasta nuestros días agrupaciones humanas de lenta asimilación a la cultura europea, con una endogamia que mantuvo más o menos puras sus características raciales y con un legado cultural, rastreable aún en esas regiones de Cuba.
CAMAGÜEY, abril 20.— Promover el casabe como Patrimonio Cultural de la Nación estará entre los objetivos de la Tercera Jornada de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo, se anunció hoy en la más central de las ciudades del oriente cubano, destacó PL.
Daimi Ruiz, directora de la Casa de la Diversidad Cultural camagüeyana dijo que en el análisis sobre la cultura aborigen cubana: su resistencia cultural y legado, (del 21 al 25 de mayo), especialistas de todo el país reflexionaran también en torno a la cultura alimentaria.
Apuntó que el casabe se mantiene en la dieta alimentaria en diversas regiones del país y es uno de los más autóctonos y antiguos que se conserva hoy en la ciudad de Camagüey, así como que formó parte indisoluble de la dieta del Ejército Libertador.
Los estudiosos consideran que el casabe o pan de yuca forma parte del legado de la cultura taína asentada en gran parte del archipiélago cubano, desde antes de la llegada de los españoles (1492) hasta inicios del siglo XVI.
Las investigadoras camagüeyanas Mirlyett Malvares y Odalys Brito precisan que para la fabricación del casabe, los aborígenes emplearon diferentes objetos propios del ajuar taíno tales como raspadores y guayos de piedra, con los cuales pelaban y rallaban la yuca.
El estudio demuestra asimismo que en la región los aborígenes utilizaban los burenes, una especie de platos cerámicos, para extender la masa deshidratada (catibía) que luego colocaban sobre el fuego para su cocción definitiva en forma de tortas.
Además, el alimento no solo constituyó una dieta básica de los aborígenes sino también de los españoles que arribaron con la conquista (de ahí el refrán “a falta de pan, casabe”) y según datos de los llamados Cronistas de Indias, lograban alcanzar rendimientos notables que impactaban a los europeos.
Documentos facilitados a Prensa Latina por la directora de la Casa de la Diversidad Cultural camagüeyana, acentúan que a finales del siglo XVI, el casabe fue desplazado, en casi toda Cuba, por el trigo importado de España y México, manteniendo su fabricación en algunas zonas del interior del país, entre las que se destacaba la villa de Puerto de Príncipe, hoy Camagüey.
Demuestran las evidencias que en el siglo XIX, la producción casabera en la comarca era considerada superior en calidad a la proveniente de algunas zonas de occidente y se registra la existencia de numerosos establecimientos o estancias dedicadas al plantío y cultivo de la yuca amarga, para la elaboración del casabe y el almidón.
La especialista comentó que en la zona de Sierra de Cubitas, al norte de la ciudad de Camagüey, se mantiene la tradición de fabricar el casabe, un plato tradicional que forma parte de las ofertas del San Juan Camagüeyano, fiesta popular tradicional que tiene lugar del 24 al 29 de junio de cada año.
La Tercera Jornada de la Diversidad Cultural para el Diálogo y en Desarrollo en Camagüey, se incluye entre las acciones que se desarrollarán en Cuba en el contexto del Día Internacional de la Diversidad Cultural que se celebra el 21 de mayo y el Día de África, el 25 de mayo.
ME LLAMO RAMÓN
Ya estoy en la edad del recuento, de hablar de mis recuerdos y de mí, porque cada uno es cada uno y nadie será otro, aunque le gusten las cosas que hace y pretenda seguir sus pasos, en realidad cada ser humano traza su propia senda y eso es lo hermoso de la aventura de la vida.
Me llamo Ramón, pero pude llamarme Hilario, porque eso dice el “santoral al dorso”[1] de mi día de nacimiento, pero mi sonoro nombre de dioses egipcios se lo debo a un señor bien cubano amigo de mis padres y mi madre, gente práctica y bondadosa quiso que este varón se llamara RA-AMON, que es la forma de interpretar mi nombre, todo un anagrama para nombrar al dios del sol entre los antiguos egipcios.
De eso me enteré después, mi familia pobre y sin linaje ni dinero, tenía a bien contarme sobre mi abuelo mambí, por parte de madre, que peleó en la guerra por la independencia, un mulato tuerto que desposó a mi abuela de ¡13 años!, y la hizo feliz más de treinta con el orgullo de los desheredados por lo poco que le tocó en la vida.
También la prosapia familiar contaba con mi abuela Pastora, una isleña (de Islas Canarias) con los ojos más azules y hermosos que pude yo ver, pero con un genio de rompe y raja, que no le quitaba toda la bondad de la mujer paridora y trabajadora que tuvo que hacerse a sí misma y siempre buscar a un hombre, para que la protegiera, como si ella lo necesitara.
De esa familia hablaré en otra ocasión, pero les digo que esas dos razones de origen me hacen lo que soy hoy, un cubano orgulloso de su historia y su país, no solo de la que cuentan los libros, sino la que he ido escuchando de labios de protagonistas y herejes buenos, esos que desconfían de la “buena historia oficial” que todos los países tenemos.
Según mi madre ya a los diez años leía bien y mis preguntas no daban para su corto sexto grado y sin mentirme me fue creado la hermosa leyenda de cómo son las cosas, aún creo en ellas.
Soy un grafómano empedernido, de ver y de hablar nunca me harto y siempre busco a la gente porque sin personas cercas la vida no tiene ningún sentido, … me empeciné en conocer mucho más allá de mi ámbito y en medio de años de cierre y desinformación quise saber de la gente que vivía fuera de mi isla, mi isla larga y hermosa que he recorrido en buena parte y de la que nunca he salido, ni para bien, ni para mal.
Ahora navego con ustedes y a veces me parece que estoy en otro planeta, por las preguntas que leo, los asombros y la ingenuidad hermosa de la gente que es lo más hermoso que le ha ocurrido a la sociedad.
Bendita internet que me brinda el espacio para el grito o el susurro desde mi isla, que también soy yo y somos todos, una isla sola queriendo ser un archipiélago.
[1]Los almanaques de cuando yo nací traían el santoral cristiano de cada día al dorso de la hoja individual del día, de ahí el nombre popular
EL EXPERIMENTO DEMOCRÁTICO CUBANO, SU DESGASTE, FRACASO Y SALIDA REVOLUCIONARIA (final)
Fidel Castro en la Sierra Maestra
En medio del trabajo organizativo de la organización revolucionaria, Fidel Castro tuvo que abandonar Cuba, dada su intransigente oposición a la dictadura batistiana, las denuncias contra la represión y los crímenes, la crítica a la línea conciliadora de los políticos tradicionales y su creciente popularidad, lo que hace temer por su vida.
Desde su salida de la cárcel el gobierno presionaba por todos los medios a periódicos y emisoras para impedir que Fidel Castro pudiera hacer uso de ellos, clausurando el periódico, “La Calle”, que le ofreció sus páginas para posibilitarle sus denuncias; prohibiendo los actos políticos en los que debía participar y haciendo casi imposible sus movimientos seguros en La Habana.
En 1955 había ya otras fuerzas políticas con postura de lucha frontal contra el régimen junto al M-26-7, sobresalía el Directorio Revolucionario de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), dirigido por José Antonio Echeverría, partidarios de la lucha armada como salida revolucionaria a la situación política del momento; en tanto el reprimido Partido Socialista Popular de los comunistas cubanos, resueltamente opuestos al régimen, tenía otra opinión en cuanto a la lucha armada, se oponían a ella y en realidad fueron un peso muerto en estos momentos de definición revolucionaria.
Entre tanto Fidel se había radicado en México, país que escogió por su cercanía geográfica y sus simpatías políticas con los revolucionarios cubanos, allí organizó una expedición para iniciar la lucha armada en Cuba, antes de partir concreta alianza con el Directorio Revolucionario de la FEU, para coordinar los modos de llevar a cabo esta lucha contra la tiranía.
Mientras el M-26-7 crea las condiciones en Cuba para la insurrección nacional, fundamentalmente en la provincia de Oriente, donde el joven dirigente revolucionario Frank País García preparaba el levantamiento de la ciudad de Santiago de Cuba en apoyo al desembarco de los expedicionarios que venían con Fidel.
Los primeros meses de la guerrilla en la Sierra Maestra fueron muy duros, dadas la condiciones naturales de la zona, el reducido número de combatientes y la intensa persecución por la fuerzas del ejército, pero contaron desde el primer momento con el apoyo incondicional del campesinado de la zona lo que le permitió un lento pero sostenido fortalecimiento de un pequeño núcleo combativo de gran capacidad de maniobra y conocimiento del terreno.
Con la ayuda logística del M-26-7 en las zonas urbanas, principalmente de dos figuras imprescindibles en estos primeros momentos, Celia Sánchez Manduley y Frank País García, quienes hicieron llegar un grupo de combatientes provenientes de la clandestinidad en la zona del oriente cubano; se consolida un núcleo guerrillero fuerte que se mantuvo todo el año 1957 combatiendo de forma irregular con las fuerzas del Ejército que le perseguía constantemente.
Con mucha rapidez se desarrolló el M-26-7 en las zonas urbanas del país, con un auge creciente en La Habana y Santiago de Cuba. En las condiciones objetivas del momento, esta ramificación del Movimiento revolucionario actuó prácticamente de forma independiente del mando guerrillero de la Sierra Maestra, sobrevalorando sus fuerzas en estos espacios urbanos y relegando al Ejército Rebelde a un papel de apoyo a la insurrección urbana que la dirección del Movimiento en el “Llano” pensaba convocar para dar al traste con la dictadura.
Era la experiencia histórica de la Revolución del 30, pero los tiempos habían cambiado. El M-26-7 en las zonas urbanas inició en los primeros meses de 1958 un plan de sabotajes y atentados en todo el país, con el objetivo de preparara las condiciones para que sus milicias apoyaran el movimiento a la Huelga General que ellos creían debía ser el fin de la dictadura.
El 9 de abril de 1958 estas fuerzas revolucionarias llamaron a la Huelga General, tras lograr la aprobación de la Dirección Nacional del M.26-7. La guerrilla apoyaría con acciones en su radio de acción, el plan acordado para derrocar a Batista. No se tomó en cuenta las fuerzas del régimen, ni la preparación de esta huelga dentro del movimiento obrero cubano, que fue convocado de forma sectaria e improvisada, esperando que fueran las acciones de las milicias quienes paralizaran el país. Tampoco se contó con la izquierda y se perdió la oportunidad de aunar fuerzas por el objetivo común.
El resultado fue el fracaso de la Huelga General, el régimen de Batista sacó a la calle a sus fuerzas represivas y desarticuló muchas células revolucionarias del Movimiento, muriendo muchos combatientes valiosos y dejando como saldo de la misma un gran desaliento en la población tras la ola de crímenes y el no cumplimiento del objetivo de derrocar al tirano.
En el análisis posterior que hizo la Dirección Nacional del Movimiento se criticó la forma sectaria de organización de la huelga, que ignoró a la dirigencia histórica de los trabajadores cubanos, de gran influencia comunista; el triunfalismo y descentralización de las fuerzas del Movimiento que en la práctica funcionaba como dos organizaciones: una urbana (el Llano) y otra guerrillera (la Sierra).
A partir de este revés el Movimiento 26 de Julio se reorganizó centralizadamente con el Ejército Rebelde como núcleo principal y el liderazgo de Fidel Castro Ruz, bajo cuya dirección primó el criterio de unir a todo que estuviera contra la dictadura, buscando un acercamiento a la dirigencia obrera en Cuba.
El Ejército Rebelde da muestra de madurez en los primeros meses de 1958 al extender la lucha armada a las cercanías de de la ciudad de Santiago de Cuba (Tercer Frente)[1] y al macizo Sagua-Baracoa (Segundo Frente)[2], al tiempo que un pequeño destacamento incursionaba en los llanos del río Cauto[3].
En la Sierra Maestra se había consolidado un pequeño territorio básico donde radicaba la comandancia, con algunas facilidades de campaña y donde radicaba la Columna 1 al mando de Fidel; algo alejado pero en la propia Sierra Maestra estaba el campamento del Comandante Ernesto Guevara, quien organizó en su área no solo armería y taller para reparar armas, sino la emisora “Radio Rebelde”, el órgano informativo del Ejército Rebelde, que en la medida que avanzaba la guerra fue replicada por otras plantas en Cuba y el exterior. Convirtiéndose en factor fundamental en la información y la propaganda política de la revolución en marcha.
Tras el fracaso de la Huelga de Abril, el régimen decide emprender una ofensiva general contra el reducto principal en la Sierra Maestra para intentar derrotar al Ejército Rebelde. Pese a su desventaja en número y en poder de fuego el mando rebelde decide pasar a la guerra de posiciones para defender el territorio básico para la supervivencia de la guerrilla.
Entre los meses de mayo a agosto de 1958 se desató la ofensiva contra el reducto rebelde, más de 10 000 soldados muy bien armados y con asesoría del gobierno de Estados Unidos no lograron derrotar al contingente guerrillero que apenas llegaba a los 300 efectivos.
El bombardeo indiscriminado a la zona, la detención y asesinato de campesinos y la declaración de la Sierra Maestra como zona de guerra, permitió que miles de soldados desde todas las direcciones intentaran una y otra vez desalojar a una fuerza guerrillera, conocedora de la zona donde combatía y asistida por la moral de saberse defensores de una causa justa, no pudieron derrotarlos y perdieron la iniciativa estratégica que pasó a manos de las fuerzas revolucionarios que con rapidez se multiplicaron y asediaron las grandes ciudades de la antigua provincia de Oriente.
Se formaron nuevas columnas, armadas con las armas y el pertrecho ocupados al Ejército durante la ofensiva, con ellas se amplió el campo de operaciones entendiéndose la guerra hacia la zona central del país con el envío de dos columnas[4] cuyo objetivo era unificar las fuerzas que luchaban en aquella región.
Entre tanto el régimen de Batista mantenía una dura represión en las ciudades, cometiendo múltiples asesinatos en todo el país, tratando de someter al pueblo a base del terror. La policía nacional, los servicios secretos del dictador y los tristemente célebres “Tigres”[5] sembraban el luto en toda la nación.
Presionado por la fuerte oposición armada y la preocupación del gobierno de los Estados Unidos, su principal apoyo político, el gobierno de Batista convoca a elecciones generales para noviembre de 1958, para intentar una salida reformista a la insurrección y con el fin de aplacar la guerra civil que se extendía por casi todo el país.
La oposición moderada y admitida por el tirano, presionada por el gobierno de los Estados Unidos acepta la salida eleccionista pese a la impopularidad de la misma en un pueblo que se sabía muy cerca del triunfo. Fue la última oportunidad de la reacción derechista para evitar una salida revolucionaria al conflicto de Cuba.
El candidato oficialista lo fue Andrés Rivero Agüero, colaborador muy cercano al tirano y su primer ministro entre abril de 1957 a marzo de 1958. Por la oposición, haciéndole el juego a la dictadura estaba el viejo político Carlos Márquez Sterling, con un desconocido partido del Pueblo Libre, fraccionado de la ortodoxia reformista.
Las elecciones mostraron el grado de oposición al régimen de Batista, solo se voto en las ciudades dominadas por el régimen y pese a ello el abstencionismo fue masivo, la Revolución llamó al pueblo a no votar y el pueblo se sumó al repudio. Una muestra del fracaso fue el hecho de que en las dos mayores ciudades del país, La Habana y Santiago de Cuba votó solo el 2 % de los electores, en una farsa que dio como triunfador al candidato de Batista., que debía tomar posesión el 24 de febrero de 1959, reservándose Batista la jefatura del Ejército.
El fracaso político y el boicot a las elecciones eran síntomas del hundimiento del gobierno batistiano, momento aprovechado por el Ejército Rebelde para desatar una ofensiva general en todo el país y con el apoyo mayoritario del pueblo.
Las fuerzas revolucionarias inferiores en número y armamento desplegaron una ofensiva general, principalmente en la provincia de Oriente y en la central de Las Villas, zona esta última donde Camilo y Che lograron victorias que desmoralizaron al Ejército, en tanto en la provincia de Oriente, el Ejército se replegó a sus cuarteles de las grandes ciudades.
A finales de diciembre de 1958 el Ejército Rebelde estaba en plena ofensiva, asediando las ciudades de Santiago de Cuba y Guantánamo, en tanto Ernesto Guevara asaltaba la ciudad de Santa Clara y otro tanto hacía Camilo Cienfuegos en Yaguajay, lo que significó el fin de la dictadura.
Presionado por sus mismos seguidores y principalmente por el gobierno de los Estados Unidos, Batista renunció el 31 de diciembre de 1958 y abandonó el país.
En La Habana se intentó un gobierno reformista que escamoteara la victoria al Ejército Rebelde, la firme postura de Fidel Castro llamando a la Huelga General para impedir el nuevo golpe contra el pueblo hizo definitiva la victoria revolucionaria el 1 de enero de 1959.
[1]Tercer Frente “Mario Muñoz”, dirigido por el Comandante Juan Almeida
[2] Segundo Frente “Frank País”, dirigido por el Comandante Raúl Castro
[3] Dirigido por el entonces capitán Camilo Cienfuegos
[4] Una de las Columnas estaba al mando del Comandante Ernesto Guevara y la otra comandada por el Comandante Camilo Cienfuegos.
[5] Esta era un grupo paramilitar que dirigía el tristemente célebre Rolando Masferrer, pandillero al servicio del régimen que organizó un terrible grupo de asesinos que cometió innumerables crímenes.
EL EXPERIMENTO DEMOCRÁTICO CUBANO, SU DESGASTE, FRACASO Y SALIDA REVOLUCIONARIA (4)
Abel Santamaría Cuadrado, segundo jefe del Movimiento que asalto rl cuartel Moncada en Santiago de Cuba el 26 de Julio de 1953
A Fulgencio Batista le apoyaron en su nueva aventura un grupo de políticos derechistas conocidos como “Tanquistas”, de línea dura y reaccionaria, remanentes de las organizaciones terroristas que operaban desde 1933 en el ámbito social cubano. A ellos se unieron otros políticos que estaban en funciones administrativas dentro del gobierno depuesto (congresistas, gobernadores, alcaldes, etc.) y que de modo oportunista se suman al golpe; y el Ejército Nacional con su oficialidad intermedia que fue la base del madrugonazo asestado a la constitucionalidad del país, más que al desacreditado gobierno de Carlos Prío al que apenas quedaban varios meses en el poder.
Se pretendía con el golpe impedir la llegada al gobierno de las fuerzas reformistas que bajo el liderazgo de Eduardo Chibás se había convertido en la principal oposición y con ello impedir el auge de los movimientos sociales y la influencia de las fuerzas progresistas en el escenario social cubano.
Batista justificó el golpe como una forma de eliminar la corrupción política de los gobiernos auténticos, poner fin a la demagogia de dichos gobernantes y acabar con la violencia política imperante en el país.
En su nuevo mandato de facto Fulgencio Batista impulsó un modelo económico basado en una mayor intervención del estado a fin de aplacar las inquietudes sociales que los males estructurales de la sociedad capitalista cubana provocaban:
Aplicó una política contra el movimiento obrero que autorizaba los despido y favorece la violación de los derechos ganados en largos años de lucha y refrendados por la Constitución del 40.
Implanta un Plan de Desarrollo Económico y Social que pretende impulsar la economía nacional, crear nuevos empleos y contrarrestar al combativo movimiento obrero de la época. El Plan terminó siendo un programa de Obras Públicas con énfasis en La Habana y los estratégicos enlaces con Varadero y el aeropuerto, con la Vía Blanca como eje de este “desarrollo” que estimulaba el turismo de juego y ocio regenteado por la mafia norteamericana y en contubernio con el tirano.
Este Plan se conoció como “política de gastos compensados” y consistía en el incremento de los gastos públicos para lograr una relativa y artificial reanimación económica, creación de empleos temporales, principalmente en la construcción, apoyo a la industria especulativa, préstamos de dineros públicos a compañías norteamericanas y cubanas, auge del turismo en complicidad con la mafia de los Estados Unidos; desarrollo de planes económicos e industriales de altos gastos de materia prima, importadas de los Estados Unidos, medidas todas que beneficiaban a corto plazo a la burguesía cubana y principalmente a los personeros del régimen y sus socios, que se enriquecieron con la especulación y el fraude.
El auge económico del país era artificial, tenía su base en las reservas de divisas del estado que se gastaron en grandes obras de infraestructura y suntuarias que no beneficiaron a los trabajadores cubanos, dado que la creación de empleos fue temporal y el grueso de las inversiones se hicieron en La Habana. El resultado a largo plazo fue el endeudamiento del estado, aumento de la inflación, empeoramiento de la situación económica social del pueblo, principalmente fuera de la capital y la creación del espejismo desarrollista centrado en La Habana.
De la incondicionalidad del gobierno de Batista a los intereses de los Estados Unidos dan fe el incremento de las inversiones de este país que subieron de 657 millones de dólares en 1950 a mil millones de dólares en 1958, lo que denota las “condiciones” que creó el régimen para que fluyera el capital yanqui hacia Cuba.
Los políticos tradicionales le hicieron el juego a Batista, elaborando fórmulas de mediación y conciliación que les permitiera compartir el poder con Batista, siempre ignorando los intereses populares. Surgieron los pactos entre grupos políticos en Cuba y en el exilio buscando una salida electorera, pero la situación política, la crisis económica y estructural, junto a la radicalización de las fuerzas populares hicieron fracasar esas maniobras.
La reacción ante el golpe de estado fue muy diversa y dejó al descubierto la crisis moral de los políticos tradicionales: los auténticos vacilaron, un grupo apoyó a Batista y otros volvieron al débil y gastado abstencionismo. Los ortodoxos desorientados y divididos estaban prácticamente desintegrados como partidos, tras la muerte de Chibás el partido perdió liderazgo. Su principales líderes se agruparon entre los abstencionistas, aunque los hubo que colaboraron solapadamente con Batista.
La izquierda, representada por el Partido Socialista Popular llamó a crear un Frente Democrático para luchar por el rescate de la democracia en el país. El poco peso político que tenía en la sociedad cubana, motivado por la represión y su vacilante historia de alianzas y apego a las orientaciones de la internacional comunista, determinó la débil repercusión de su llamamiento
El movimiento obrero enfrenta el momento dividido y debilitado por la labor de las reacción interna desde el gobierno, la dirección reformista de Eusebio Mujal apoyó el golpe, en tanto los combativos sindicatos progresistas, pasaban por un momento difícil de reagrupación y definición de sus objetivo, pero condenaron el golpe.
La reacción más radical al régimen de facto llegó desde la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), ellos pidieron a Prío la entrega de armas para enfrenta el golpe, salieron a la calle denunciando a Batista como golpistas, pero su falta de organización determinó la decepción inicial.
En medio de la desorientación ideológica y el derrotismo político del momento se produjo la denuncia del joven abogado ortodoxo, Fidel Castro Ruz, ante el tribunal de Garantía Constitucionales, acusando a Batista de violar la Constitución de 1940, de conspiración y de ilegal las acciones emprendidas por su régimen.
Fue un gesto viril, infructuoso y estéril que terminó por convencerlo que la solución no estaba en las tácticas de los políticos tradicionales, ni en el terrorismo individual, sino en la lucha armada organizada y movilizadora de las grandes masas del pueblo.
Este convencimiento lo llevó a organizar a un grupo de jóvenes, la mayoría provenientes de las filas de la ortodoxia, seguidores de Chibás y sus prédicas adecentadoras y nacionalistas, con los cuales organizó un Movimiento cuyo principal objetivo era luchar con las armas contra el régimen de Fulgencio Batista, combatir contra los males de fondo de la sociedad cubana y organizar a la sociedad teniendo como base los postulados martianos de, “Con todos y para el bien de todos”. Encabezando este Movimiento estaban Fidel Castro Ruz y Abel Santamaría Cuadrado.
El programa del Movimiento incluía la solución del problema agrario en Cuba, con la distribución de tierras a los campesinos, erradicación del desempleo, flagelo que lastraba a la sociedad cubana; programas de educación y salud para todos; la conquistas de las libertades públicas y la democracia política, castigo a los enemigos del pueblo y el rescate pleno de la soberanía de la nación.
Tras varios meses de preparación el Movimiento organiza el ataque a los cuarteles, “Moncada” en Santiago de Cuba y “Carlos Manuel de Céspedes” en Bayamo, acción que se llevó a cabo el 26 de Julio de 1953. El intento terminó en un fracaso militar, pero representó el inicio de un gran movimiento nacional popular contra el régimen de Batista.
La dictadura reaccionó con una brutal represión contra los asaltantes, muchos de los cuales fueron asesinados luego de hechos prisioneros, en tanto se extendía a todo el país los intentos por aplastar el movimiento revolucionario.
Fidel y los sobrevivientes del asalto fueron condenados a largas penas de prisión en un proceso donde Fidel fue separado de sus compañeros y juzgado en solitario, para acallar su voz ante la opinión pública cubana. A pesar de ello su alegato en el juicio que se le siguió en octubre de 1953 fue reconstruido por él desde su celda, impreso y distribuido bajo el nombre de, “La Historia me Absolverá”, documento que contribuyó a que fuera ampliamente conocido por el pueblo el programa de los jóvenes que había ido a pelear a Santiago de Cuba y Bayamo, para contribuir con su sacrificio al cambio necesario que esperaban los cubanos.
La movilización política popular y de las fuerzas progresistas del país presionaron al gobierno de Batista para que amnistiara al valiente grupo de jóvenes, ya conocidos desde entonces como “los moncadistas”, objetivo que se logra el 15 de mayo de 1955.
Ya en libertad Fidel continua la tarea de aglutinar a las fuerzas opositoras al régimen de Batista en un Movimiento que ahora tenía un nombre, “Movimiento 26 de Julio (M-26-7)”, que nucleaba alrededor de los moncadistas a otros grupos revolucionarios que quería lograr los mismos objetivos: “Acción Libertadora”, “Movimiento Revolucionario Nacionalista” y “Acción Revolucionaria Nacional”, entre otros.








