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Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 
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ANTONIO MACEO, DE NUEVO EN CUBA


El 1ro de abril de 1895 llega a Cuba el Mayor General Antonio Maceo Grajales acompañado por un reducido número de expedicionario desembarcaron por playa Duaba, Baracoa. Los expedicionarios partieron el 25 de marzo de Puerto Limón, Costa Rica en el vapor “Adirondack” hasta la isla Fortuna del grupo de Las Bahamas donde abordaron la goleta “Honor”.

Al frente de la expedición marítima venía el general Flor Crombet encargado por José Martí a traer con éxito a tierras cubanas al Mayor General Antonio Maceo. El contingente estaba formado por 23 patriotas entre ellos, además de Antonio Maceo y Crombet, los generales José Maceo y Agustín Cebreco.

Luego del desembarco se dirigieron al lugar conocido como Alto del Pino donde sostuvieron el primer combate con fuerzas españolas a las puertas mismas de la ciudad de Baracoa, lo que sirvió para que sus pobladores supieran quien era la figura que había llegado a su territorio.

La presencia en Cuba del Titán de Bronce se regó por todo la zona oriental del país sirviendo de aliciente a los miles que ya estaban en la manigua y de impulso a otros muchos que se unieron a la causa independentista.

Días después, el 11 de abril llega José Martí y Máximo Gómez por Playitas de Cajobabo, Imias con lo que la Revolución tenía en Cuba a sus principales líderes.

Historia

SER CULTO ES EL ÚNICO MODO DE SER LIBRE


El 31 de marzo de 1959 nació  uno de los primeros proyectos culturales de la recién triunfante Revolución Cubana, la IMPRENTA NACIONAL DE CUBA constituida en base a las imprentas nacionalizadas de algunos periódicos capitalinos y con su sede inicial en la calle Reina teniendo como director al intelectual cubano Alejo Carpentier.

La Imprenta Nacional nació bajo el principio revolucionario de hacer libros baratos y en tiradas grandes a fin de hacerlos accesible al pueblo, ese gran protagonista de la Revolución un tercio de los cuales no sabía leer ni escribir en aquellos momentos.

Para más simbolismo se escogió la edición de la obra más significativa en lengua castellana, “Don Quijote de la Mancha” vendido aprecio popular en pequeño formato y  en papel periódico, modesto y simple pero que salió a la calle a pregonar que aquella Revolución al igual que el hidalgo manchego venía acompaña de las “locuras nobles” para “deshacer entuertos” y “luchar contra molinos de vientos”.

Desde mis “años altos” puedo dar fe de cuánto me beneficié en lo personal con aquella “gran locura” que puso en mis manos de niño pobre cientos de títulos por centavos y pude ver el mundo como ancho y vasto y crecí en mis sueños de ser alguien, gracias a esta idea basada en esa genuina idea fidelista de “no decirle al pueblo cree sino lee”.

El que tenga ojos que lea, el que tenga fe que entienda, el que tenga memoria que recuerde…

Cultura

DESPEDIDAS DEL MAESTRO


Ese agitado 25 de marzo de 1895 fue un día decisivo en la vida de José Martí, le urgía estar en Cuba, pero la presión de la diplomacia y el espionaje español hacía más difícil el encontrar una embarcación para venir a la isla, en el mismo día en que escribió el Manifiesto de Montecristi trata de tranquilizar a sus seres queridos, de que entiendan sus razones para estar en medio de la guerra y las amorosas razones de amor para que le recuerden.

Aquí están otras dos cartas de ese día martiano, la primera a las hermanas Mantilla Miyares, esa niñas que ha visto crecer y en cuya formación puso todas sus esperanzas en los jóvenes; carta de padre y amigo que aconseja a sus niñas para que trabajen en aquellos en lo que pueden ser más útiles, al tiempo que las hace entender que nada es más grande en la condición humana que la virtud.

La segunda misiva a sus colaboradores más cercanos, Gonzalo de Quesada y Benjamín Guerra a quienes dice más entre línea de lo que queda en la tinta, son los hermanos preocupados por la vida del Delegado y el amigo, los hombres testigos de sus desvelos, uno de ellos, Gonzalo, el primero en ver en él al Apóstol de Cuba; el otro Benjamín el honesto tesorero del Partido Revolucionario Cubano, ambos, manos ejecutoras de sus deseos cuando el deber lo pone en los campos de Cuba, entender esto es conocer más a Martí, hagamos silencio y que la lectura nos deje la impresión grata de esos días de gloria del mejor de los cubanos:

Mi María y mi Carmita:

Salgo de pronto a un largo viaje, sin pluma ni tinta, ni modo de escribir en mucho tiempo. Las abrazo, las abrazo muchas veces sobre mi corazón. Una carta he de recibir siempre de Vds., y es la noticia, que me traerán el sol y las estrellas, de que no amarán en este mundo sino lo que merezca amor,–de que se me conservan generosas y sencillas,–de que jamás tendrán de amigo a quien no las iguale en mérito y pureza.–Y ¿en qué pienso ahora, cuando las tengo así abrazadas? En que este verano tengan muchas flores: en que en el invierno pongan, las dos juntas, una escuela: una escuela para diez niñas, a seis pesos, con piano y español, de nueve a una: y me las respetarán, y tendrá pan la casa. Mis niñas ¿me quieren?–Y mi honrado Ernesto.-Hasta luego. Pongan la escuela. No tengo qué mandarles–más que los brazos. Y un gran beso de su

Martí

(Montecristi) 25 de marzo (1895)[1]

Gonzalo y Benjamín:

Partimos. Toda palabra les parecería innecesaria o escasa. Cuanto puedo pedirles, está dicho. Ni sosiego, ni oportunidad, he hallado para ninguna declaración pública, que pudiera parecer más verbosa que útil. Ya será luego, con la majestad del país. Guíenlo todo, si aún tenemos autoridad, sin pompa y sin triunfo, ni más ansia que la de cumplir, con el mayor silencio, la mayor suma de deber. ¿No me regañan? ¿No me dicen predicador e intruso? ¿No me han olvidado aún las mujeres y las niñas o me piensan aún, de vez en cuando? ¿Y Flor, y Serafín y Rodríguez, y Hatton? Yo, tal vez pueda contribuir a ordenar la guerra de manera que lleve adentro sin traba la república, tal vez deba, con amargo valor, obedecer la voluntad de la guerra, y mi conciencia, y volver a abrazarlos. No flaquearé por ningún exceso, ni por el de la aspiración, fatal al deber, ni por el de condescendencia.–Amo y venero cuanto sacrificio respetable se hace alrededor de mí. Voy con la justicia.

Partimos, pues. Les dejo parte.–Ahí, pidan poco. Lo que dejo preparado, con lo natural ese hace. Enseguida, Hatton.–Por el orgullo

del cariño de Vds. de la dulce hermandad de Vds., es más fuerte.–

Su

Martí

(Montecristi) 25 de marzo (1895)[2]


[1] José Martí. Epistolario, t.5, p. 127.

[2] Ídem

José Martí

MONTECRISTI, OTRA CARTA DEL APÓSTOL

El 25 de marzo de 1895 José Martí estaba en el pequeño pueblo dominicano de Montecristi, junto al  General Máximo Gómez se ocupaba de preparar una pequeña expedición que le llevara a Cuba; para él era necesaria su presencia  y la de los líderes históricos de la inclusa Guerra Grande, en Cuba se combatía ya desde el 24 de febrero y urgía consolidar la Revolución en marcha.

Fue un día desicivo, los preparativos del pequeño contingente se unían a la necesaria comunicación con sus colaboradores en Nueva York y otras parte de Las Antillas, esa noche escribió el célebre Manifiesto de Montecristi, documento programático del movimiento independentista cubano, pero hubo tiempo para escribir  una breve y hermosa carta a su estoica madre, la última, la necesaria en la hora de alistarse para el combate y sin saber del destino que le deparaban los acontecimientos, esa carta también merece ser recordada, porque traspira toda convicción de un hombre dispuesto al sacrificio y conocedor del  gran dolor de su madre ante los peligros que corre su hijo:

José Martí

MANIFIESTO DE MONTECRISTI



En esta casa (Montecristi, República Dominicana) perteneciente entonces a Máximo Gómez fue redactado este documento

Hace 120 años se había reiniciado la guerra por la liberación de Cuba del colonialismo español, esta vez dirigida por el Partido Revolucionario Cubano, un novedoso mecanismo político creado por José Martí para aunar a los cubanos en torno a la independencia de Cuba, la prosperidad de la isla y la creación de una República nueva en América Latina que tuviera por basamento la dignidad plena del hombre.

El 25 de marzo de 1895 en la pequeña ciudad dominicana de Montecristi nuestro José Martí redacta una proclama dirigida al pueblo de Cuba donde quedan puntualizados las razones para luchar por la independencia y asegurar un futuro digno para todos los cubanos. Este documento es conocido en la Historia de Cuba como “Manifiesto de Montecristi”

El pueblo al que convoca el Apóstol es un pueblo mestizo forjado en la fragua trasculturada de más de cuatro siglos de coloniaje y explotación de mano de obra negra y esclava.

Tiene ya en este final del siglo decimonónico una personalidad propia, contradictoria y variopinta, que hace temer a unos y sentirse extraños a otros dentro de este conglomerado social que de todos modos ha madurado y pugna por ser libre.

Cuba era en el período de entre-guerras (1878-1895) una fragua de ideas moviéndose entre dos polaridades de pensamiento político, por una parte el radical independentismo que ya ha dado pie al levantamiento de un pueblo por su libertad y que reposaba de forma turbulenta y crítica en la emigración combativa y en la Cuba profunda de los campos y los humildes que espera una nueva clarinada. En el otro extremo la recurrente idea autonomista, versión nueva del viejo reformismo burgués que espera prosperidad y reconocida personalidad política, bajo la corona del león ibérico.

Penden sobre la isla otro peligro, las pretensiones anexionistas de la república yanqui alimentada por el egoísmo de esta misma clase burguesa, que por proteger sus caudales y privilegios prefiere olvidar sus naturales sueños de libertad y autodeterminación.

La ilusión pasajera de leyes moderadas que dieran a las clases dominantes en Cuba el status de provincia española, se desvaneció en menos de una década, decantando posiciones de una buena parte de la intelectualidad y la clase media de la isla, que desengañados vuelven a la primigenia idea del independentismo.

En este período fecundo y presagiante las autoridades españolas resuelven de forma institucional (1886), el problema que los independentistas ya habían resuelto de modo práctico desde la Guerra Grande: la libertad de los esclavos.

Comenzó un pulseo fuerte entre las dos tendencias políticas de la isla por ganar el favor del negro: si bien España concedió, tras intensa lucha de la población negra, determinados derechos civiles a esos sectores; las fuerzas independentistas consiguieron la mayoritaria adhesión de estos, con un programa que le daba la plena igualdad social en una República, “con todos y para el bien de todos”.

Este panorama socio-político en la Cuba de la “Tregua Fecunda”, hicieron valorar a José Martí que las condiciones para el reinicio de la guerra por la independencia estaban creadas y la población lista para emprender una Revolución que terminara con el coloniaje, impidiera las pretensiones de anexión de los norteamericanos y alcanzara una República de igualdad y respeto para todos.

Era la República ideal que aliviaría los males de la nación y la pondría con justicia en el concierto de las naciones libres, al tiempo que desempeñaba un papel de protagónico equilibrio entre las dos Américas: La prepotente y pujante del norte y la mestiza y pobre del sur.

¿Estaba la nación preparada para ello?

¿Veía el pueblo en la Revolución que se iniciaba, algo más que la anhelada separación de España?

¿Habían desaparecidos las contradicciones y prejuicios en un pueblo, donde aún se escuchaba el eco del látigo?

Estas y otras muchas interrogantes podrían definir el devenir histórico de la nación en el que una sociedad se empeñó en realizar su sueño posible.

Historia, José Martí

LA QUIERO TODA SOBRE MI TUMBA


En mi diario andar habanero, paso con frecuencia frente a esta hermosa tarja de granito verde donde con letras de bronce están inscrito estos hermosos versos de la cubanísima matacera Carilda Oliver:

“Cuando niña mi abuela

Trajo un poco de tierra española

Cuando se fue mi madre

Llevó un poco de tierra cubana

Yo no guardaré conmigo ningún poco de patria

La quiero toda

Sobre mi tumba”

Es su definición hermosa y breve sobre ese sentimiento del emigrante en tierras extrañas, ese ser siempre el otro entre los que viven allí, la nostalgia que vivimos cuando nos alejamos del lugar en que hemos nacido.

Yo emigrante interno de mi isla, añoro ese pedazo de tierra de mis memorias primeras, y vuelvo una y otra vez a sus calles con cierta regularidad, para darme cuenta del tiempo que ha pasado, de los recuerdos que guarda cada rincón donde amé y fui amado; de los lugares donde descubrí cosas medulares para mi vida…y releo la tarja con su sentido de reafirmación y dolor de lejanía y siento el alma llena de todos los que emprendieron el éxodo buscando un sueño, escapando del hermano diferente o añorando riquezas que en muchos casos fueron quimeras y en los que envejecieron con una visión desfasada de la Patria y tratan de espantar los recuerdos que duelen y quedarse con ese poquito de “tierra” y añoranza que se llevaron.

Opinión

24 DE FEBRERO, UN GRITO DE CUBA POR SU INDEPENDENCIA


El 24 de febrero de 1895 se produjo un hecho esperado y gloriosos en la historia de la isla de Cuba, entonces colonia de España con el apoyo de los sectores ricos de la sociedad colonial, tanto criollos como peninsulares, incapaces de sacar lección de la decisión de los cubanos por ser libres, tras los diez primeros años de cruenta lucha por su independencia.

Se iniciaba un nuevo período de guerra para expulsar de la isla el colonialismo español enraizado desde hacía cuatro siglo en la Mayor de las Antillas. Esta vez el movimiento emancipador venía encabezado por un hombre de claras ideas separatistas, actualizado en el panorama político de su momento histórico y decidido a cambiar no solo la condición política de la isla, sino su basamento social lastrado por la esclavitud de hombres y mujeres de origen africano que apenas 9 años antes habían sido emancipado por el gobierno de España, poniendo fin a su oprobiosa condición.

Mucho tiempo antes en 1868 los primeros cubanos que se levantaron por su independencia liberaron de la servidumbre a sus esclavos y los llamaron como iguales a luchar por la patria común que de un modo u otro habían construido.

José Martí y su Partido Revolucionario Cubano, estaban al frente de aquel segundo momento de las luchas por la libertad de la isla, desde el exilio, apoyado por la emigración cubana asentada en los Estados Unidos llamó a la unidad de todos, sin distinción de clases, ni razas, proponiendo la creación de la República que tuviera por Ley primera la dignidad plena del hombre y donde se conquistara toda la justicia posible para los pobres de la tierra, esos que fueron mayoría en la adhesión al movimiento y los primeros en morir en los campos de batalla.

Se iniciaron, ese 24 de febrero, los más cruentos días para el pueblo cubano, España no estaba dispuesta a perder lo que consideraba parte inseparable de su territorio, ni los dividendos que esta próspera colonia dejaba al fisco real, por lo que se empeñó en sofocar a toda costa aquel movimiento popular y revolucionario.

El saldo fue la muerte de más de 300 mil personas, combatientes y civiles, la destrucción de las dos terceras parte de las riquezas del país, la pérdida de valiosos líderes cubanos en el empeño libertario, entre ellos el propio José Martí y el inclaudicable general Antonio Maceo, síntesis ambos de los mejores valores de la patria mestiza y libre que aspiraban a construir.

La intervención norteamericana en junio de 1898 mediatizó la posible victoria de las armas cubanas y dejó pendiente sobre el futuro de Cuba la alternativa anexionista que siempre fue la aspiración de los intereses de las oligarquía, tanto la yanqui, como buena parte de los sectores criollos y peninsulares presentes en Cuba.

La República de Martí, “con todos y para el bien de todos” quedaba pospuesta.

Historia, José Martí

UN CRITERIO SOBRE LA FERIA DEL LIBRO DE LA HABANA


Ir a la FERIA DEL LIBRO de La Habana es una tradición que me he impuesto como otros miles de cubanos que vivimos en la capital, porque era un modo de confrontar lo que hacen otros con los que se produce en Cuba en materia editorial. Ver los libros de mi gente junto a los cientos de ejemplares que llegaban de toda América Latina y algunos países de Europa, era un modo de comparar, saber cuan cerca o lejos estábamos en materia de diseño, contenido y calidad en general.

Pero ahora la FERIA DEL LIBRO que veo es un gran bazar, una candonga de banalidad que se dirige de forma central al objetivo de venderle a estos “indios con levita” (que somos nosotros) parte de sus frustraciones, sus sueños truncos, sus ansias de tener y que los indianos adquieren como trofeo del bueno, todo en 3D desde la religión a los mangas, deslumbrando a un público juvenil, infantil y de adultos cosificados que hace colas, gasta dinero a manos llenas y luego sale con su carga de “novedades”, con su autoestima por las nubes porque ellos llevan mucho afuera para cubrir la falta de lo que no tiene dentro.

Es verdad que nosotros no tenemos una industria editorial, capaz de enfrentar esta avalancha de libros para el hogar, consejo para la autoestima, , entretenimientos a granel, pero priorizar este bazar de feria, con los mejores lugares del recinto expositivo, que casi no encuentres a las editoriales serias, que cuando la encuentres la veas a la defensiva rodeada de esta avalancha de afiches de Messis y de Ronaldos, eso es claudicar ante el mercado, perder la esencia de lo que era la FERIA DEL LIBRO DE LA HABANA, un lugar de encuentro y de saberes desde el lado más progresista de la humanidad.

Ha se me olvidaba también existe un programa cultural, serios y muy publicitado por los medios, a donde va los especialistas, los estudiantes y alguno que otro ciudadano de a pie, lector empedernido y que descansa sus pies en las salas de conferencias y coloquios, para luego volver a l BAZAR de las ilusiones que nos trajeron los conquistadores del mercado.

Cultura

CELINA, LA REINA DE LOS CAMPOS DE CUBA


Desde que nací vengo escuchando la voz de esta guajira cubana que se dio a la tarea de defender el “punto cubano”, las décimas cantadas y la música campesina toda que se hace en Cuba. La recuerdo junto a su esposo y compañero en el arte Reutilio Domínguez, quien supo hacerle una segunda voz que resaltaba el timbre claro de sus tonadas. Esa es Celina, la mujer devota de Santa Bárbara, el Changó de la cultura afrocubana que con sus colores rojo y blanco en su bata paseó por el mundo esa manera eterna de inmortalizar lo auténtico.

Gracias Celina te recordaremos siempre y trataremos que tu música siga viva en la cultura de tu pueblo.

Cultura

UNA REPÚBLIACA JUSTA: VIABLE Y AUTÓCTONA.


A propósito del 162 aniversario de José Martí y a los cambios a los que estamos abocados en estos años de renovación socialista, he desempolvado un trabajo muy esclarecedor y objetivo sobre la praxis martiana en la política y la sociedad de la Cuba de hoy, recuerdo que este artículo, hasta donde sé inédito, fue escrito en el 2003 en ocasión del 150 aniversario de José Martí por una persona que por poco tiempo dirigió el Museo Casa Natal de José Martí, vaya pues su publicación como un homenaje a ella y a todos los que han laborado en esta institución a los largo de estos 90 años de fructífera labor:

Autora: MsC Elizabeth Azopardo Núñez.

Introducción:

Hay frases martianas muy conocidas que hacen referencia a sus ideas acerca del tipo de gobierno que éste consideraba oportuno para Cuba y América. Entre las más populares se encuentra la parafraseada en el título de este trabajo. Sin embargo, a juicio de la autora, poco se reflexiona -en el qué hacer diario- sobre el tipo de democracia que él preconizaba.

Martí, como todos los hombres, fue un hombre de su época. La contradicción que genera el desarrollo del pensamiento en general y en particular del pensamiento cubano y martiano, es que este fenómeno es excluyente con la trascendencia que alcanza en su madurez su pensamiento. Ambos fenómenos se condicionan y a la vez se presuponen.

Este trabajo se propone como objetivo analizar, desde el punto de vista del contexto contemporáneo, la viabilidad de un gobierno autóctono, fundamentado en los postulados económicos, políticos, sociales y éticos expresos en el ideario martiano, lo que niega la condición martiana de ser un hombre de época objeto de otros trabajos, pero a la vez la presupone.

La importancia del tema se revitaliza a partir de la desaparición de otros paradigmas contemporáneos de trascendencia universal; tales como, el liberalismo y el socialismo real. Ausente de los mismos, los pueblos han quedado desvalidos en relación con la teoría revolucionaria; mas aún por la tendencia reconocida de importar al Continente las formas de gobierno de los de Europa y EEUU.

No obstante, la autora le concede al trabajo otra importancia práctica a niveles menos estatales. Bajo la máxima de que no puede hacer patria, quien no lleva la patria a su almohada, las reflexiones sobre la política doméstica, por llamarle de alguna manera, tienen merecida significación. Desde este plano de análisis, el contenido de este trabajo sienta pautas al qué hacer cotidiano del individuo y de los grupos sociales -ya sea en el ámbito comunitario, laboral, o nacional-; así como, sobre la formación de valores.

Entre los aspectos a tratar se encuentran: la vigencia de las consideraciones socioeconómicas y políticas republicanas en José Martí y de la república moral latinoamericana qué él preconizaba.

Entre la literatura fundamental utilizada se encuentra el documento rubricado por Martí y Gómez[1] el 25 de marzo de 1895, conocido como “El Manifiesto de Montecristi”, su discurso en el liceo cubano, Tampa” el 26 del noviembre de 1891, su artículo La República Española ante la Revolución Cubana y otras obras del Maestro.

DESARROLLO:

  1. Vigencia de las consideraciones socioeconómicas republicanas en José Martí.

En el presente epígrafe se hace un análisis de los principales postulados martianos referidos al ámbito socioeconómico, en la república cubana y latinoamericana que auguraba.

Él consideraba cómo uno de los vicios que se debía eliminar en las jóvenes repúblicas de América para dejar zanjada la etapa colonial, el de la mono producción, a la cual denominaba como “única industria[2]

De todos es conocido que la mono producción, la mono exportación y el mono mercado son consecuencias del desarrollo capitalista primero e imperialista después, en los países que el mundo desarrollado ha considerado históricamente como sus tributarios. Al respecto Martí afirmaba: “Quien dice unión económica, dice unión política. El pueblo que compra, manda. El pueblo que vende, sirve. Hay que equilibrar el comercio, para asegurar la libertad. El pueblo que quiere morir, vende a un solo pueblo, y el que quiere salvarse, vende a más de uno[3]”.

La diversificación de la producción y el mercado aún en la contemporaneidad tiene trabas objetivas. Desde finales del siglo XV, exceptuando el breve período de existencia histórica del CAME[4], todos los estados tributan al mismo mercado: el Mercado Capitalista Internacional. El dominio de ese mercado se encuentra desde finales del siglo XIX monopolizado y actualmente en manos de las trasnacionales, verdaderos pulpos del capital. Ellos imponen los precios y con la última oleada neoliberal[5], poco o nada queda en poder de las naciones.

En épocas de Martí aún el liberalismo tenía alguna oportunidad, pero en la actualidad, la diversificación de la producción no deja de ser una mera intención y el neo liberalismo una patraña. La internacionalización del poder capital, actual campo de dominio de las trasnacionales, ha polarizado la riqueza mundial, haciendo que se manifieste a esta escala la Ley de la Acumulación Capitalista enunciada por Marx[6].

La solución a esta situación que pudiera hacer viable los postulados martianos está en luchar por un nuevo orden económico internacional- idea defendida por el Comandante en Jefe, Fidel Castro[7]. Encontrar paliativos, alternativas en la unidad latinoamericana. Al poder de las trasnacionales no queda más remedio que imponer la unión de las naciones desfavorecidas por el capital. Tal es la intención del Alba.

La objetividad de esta propuesta requiere de una intensa labor política, en el orden subjetivo. Convencer a los gobiernos de “Nuestra América” que la única alternativa para la supervivencia es la unidad, tema también abordado por Martí cuando afirmaba: “El alma de Bolívar nos alienta; el pensamiento americano me transporta. Me irrita que no se ande pronto. Temo que no se quiera llegar. Rencillas personales, fronteras imposibles, mezquinas divisiones, ¡cómo han de resistir, cuando esté bien compacto y enérgico, a un concierto de voces amorosas que proclamen la unidad americana![8]”.

En la actualidad existe, sobre las democracias latinoamericanas, una presión económica insoslayable, instigada por los organismos internacionales del poder capital; tales como, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional y otros. Los privilegios de que goza los EEUU por acuñar la moneda internacional de mayor circulación y la deuda externa, siempre creciente, que pende sobre ellos, constituyen dificultades para lograr la unidad.

En relación con la moneda única americana tuvo oportunidad Martí de referirse en la Comisión Monetaria Internacional Americana, celebrada en Washington en el año 1891. En el informe presentado por el Apóstol, el 30 de marzo, como delegado por el Uruguay, por encargo de la Comisión nombrada para estudiar las proposiciones de los delegados de los Estados Unidos de Norteamérica, argucia: “Toda alteración en una especie de moneda que sirve para comerciar, se ha de hacer en acuerdo con los países que comercian en la moneda de esa especie. La moneda que cubre los saldos de comercio ha de ser mutuamente aceptable a los países que comercian”.

El poder hegemónico de EEUU no beneficia la intención martiana. No se quiere ser reticente en el tema que no por archiconocido deja de ser crucial, más es imposible avanzar en el análisis sin dejar de mencionarlo.

También el Maestro se refirió a la tiranía de los extranjeros menesterosos que los sangran y corrompen, y a la desposesión de riquezas proveniente de gabelas inmorales[9], cuando analizaba el nefasto efecto del dominio colonial sobre la economía cubana. Aun cuando han cambiado los sujetos y las formas, las acciones en el mundo actual logran efectos similares.

En el ámbito social, a todos los niveles, el enemigo asecha, por lo que hay que abrir paréntesis para analizar los postulados martianos en este campo. Para la república cubana y Latinoamérica, Martí clamaba por la humanidad, la cultura, la integridad, la laboriosidad y el establecimiento de la igualdad en las relaciones sociales. Fundamentaba estos argumentos en el derecho de todos al trabajo y la equidad en las costumbres[10].

Desgraciadamente, las nuevas condiciones creadas en Cuba con el derrumbe del campo socialista[11], han acentuado diferencias y creado caldo de cultivo para privilegios ya erradicados por el socialismo. Para América Latina es aún peor. La corrupción, los vicios, la miseria, el trabajo infantil, la violencia doméstica, la discriminación de las minorías y otros, son males que fructifican.

Por la lucha contra la violencia, el crimen, los vicios, las costumbres señoriales, el olvido a las minorías, la pereza, la servidumbre y el temor al negro[12], alzaba el Apóstol de la independencia su bandera y si descuidamos la vigilia seguiremos en deuda con él. En relación con el racismo afirmaba: “Sólo los que odian al negro ven en él odio”[13] y en su discurso de Tampa, del 26 de noviembre de 1891 decía: “ …faena de fundar, por este pueblo de amor que ha levantado cara a cara del dueño codicioso que nos asecha y nos divide; por este pueblo de virtud, en donde se prueba la fuerza libre de nuestra patria trabajadora; por este pueblo culto, con la mesa de pensar al lado de la mesa de ganar el pan,… por este templo orlado de héroes, y alzado sobre corazones”. Así veía Martí a Cuba ¿La Cuba de su Tiempo?

No basta una intención recurrente con los postulados martianos, es necesaria una actitud enérgica en la aplicación práctica de estos principios; especialmente ahora que las condiciones económicas concretas en el país, han creado caldo de cultivo para que se renueven en la esfera de la conciencia, vicios del pasado.

Es necesario en el ámbito nacional continuar trabajando por el acercamiento de los ingresos provenientes del trabajo honesto a las necesidades del pueblo trabajador, hay que abrir espacios y estímulos para el trabajo creativo en bien de la sociedad, cerrando las puertas al egoísmo individual, los privilegios de castas y grupos sociales; así como, a sus fuentes de ingresos. Pero sobre todo hay que lograr que el discurso vuelva a los cánones de la práctica y deje de ser - tanto en Cuba como en Latinoamérica- retórica donde se ocultan las exenciones.

Como se ha podido observar en el análisis realizado, en el aspecto económico social aún queda mucho por trabajar en el contexto latinoamericano y cubano para acercarnos a los postulados de la república justa y viable, basada en conceptos autóctonos a que Martí aspiraba. No cabe duda que corresponde a las generaciones actuales cumplir con tal compromiso histórico.

  1. Vigencia de las consideraciones políticas republicanas en José Martí.

En el presente epígrafe se abordan algunas de las referencias martianas al gobierno y la política. En ellas se expresa la esencia de la república justa que consideraba oportuna constituir.

Se requiere para la política -aseveraba Martí- inteligencia, talento, justicia, garantía del derecho ajeno; así como, recordar con unción el esfuerzo excelso[14]. La expresión -a su juicio- debía ser saludable e inmersa en una atmósfera donde imperase la libertad de pensamiento. Al respecto afirmaba: “La unidad de pensamiento, que de ningún modo quiere decir la servidumbre de la opinión, es sin duda condición indispensable del éxito de todo programa político…”[15]. Complejo problema.

El referido ejercicio de la democracia requiere indiscutiblemente de la creación de espacios de comunicación y cultura de esta disciplina. La imposición de criterios es método de la ignorancia. No es necesario eludir el enfrentamiento, siempre que las ideas se expresen de forma saludable para el bien común[16].

La autora de este trabajo considera que tanto en Cuba como en Latinoamérica hay que reflexionar sobre la democracia participativa, luchando contra el vicio de aseverar para evitar problemas, de imponer para ahorrar tiempo, de decidir por otros, violando los derechos ajenos y de cerrar espacios a la creación productiva. Ello no es fácil e implica toda una cultura de la comunicación.

Martí creía en el civilismo de los guerreros, en la indulgencia y en la reflexión y hasta consideraba posible una guerra benéfica y culta[17]. La forma de gobierno para él debía tener el espíritu de la redención, formas viables de sí propias nacidas; así como, ímpetu ejecutivo y empleo de todas las energías[18].

Indiscutiblemente afirmarlo es fácil, cumplirlo no. El verdadero poder se ejerce con mesura, precisamente porque si es poder, no requiere de otros atributos. Y cabe preguntarse ¿estamos exentos de extremismos, competencia de mandos, caudillismo, arrogancia, venganza estéril, parcialidad, rencor provocativo, demagogia y cohecho[19]?

Existe una vieja máxima que dice que el poder corrompe ¿es cierta?. Para Martí el poder no debía herir de palabra o de obra[20], más bien educar. Ello no quiere decir que su tolerancia no tuviera límites. No se trata de un Cristo, como algunos quieren hacer ver, por eso afirmaba –“la libertad que sólo arrollará a los que le salgan, imprevisores, al camino…”[21] “… no nos maltraten, y no se les maltratará…”; y reiteraba: ”al acero responda el acero y la amistad a la amistad”[22]

Bella palabra la de amistad, difícil tarea la de hacer una república “Con todos y para el bien de todos”[23] Al respecto deben reflexionar no sólo los estados, sino también el hombre común. La intolerancia y la inflexibilidad excluyente imposibilita la unidad. La unidad se logra en la diversidad. La diversidad de cultos, creencias, inclinaciones, preferencias, cultura, estatus sociales, etc., no pueden ser motivos de excepción. Para Martí era suficiente el amor a la Patria, a Nuestra América como punto de partida para el trabajo común.

Son muchas las causas justas que unen a un pueblo, una familia, un grupo o nación, pero la más bella de ellas es precisamente la devoción a los ancestros, el respeto por los que hicieron posible el llegaran hasta aquí, que fueran los hombres que somos hoy. Con sólo 16 años Martí nos enseñaba el significado de Patria. Muchas después volvió a reflexionar sobre ello. Sin chovinismo de nación y con el concepto de la patria grande que es la humanidad, volvamos el rostro a los hermanos de América y del mundo que hoy se encuentra terriblemente amenazado por políticas exclusivas y reaccionarias.

“Política- decía Martí- es una ocupación culpable cuando se encubren con ella, so capa de satisfacciones indebidas, la miseria y desdicha patentes, la gran miseria y gran desdicha, del pueblo que los soberbios y los despaciosos suelen confundir con su propia timidez y complacencia. Y sí por ventura, como pudiese suceder, no se tiene fe en el mínimo recurso abierto para la cura urgente y radical; si por ventura se estuviese convencido de que el alivio aceptado no llega, ni por sus componentes puede llegar nunca, adonde llega el mal terrible, algo habría tan grave como el mal, la responsabilidad de los que a sabiendas recomendaron el falso remedio”[24].

Ante tal disyuntiva solo cabe preguntar ¿qué tendencia política asumir cuándo se quiere resolver los problemas que aquejan a la humanidad, cuando se quieren nuclear alrededor de las nobles causas a las amplias mayorías? Indiscutiblemente una política inteligente y flexible, donde se encuentre bien definidos los problemas y se le busquen colectivamente soluciones a estos.

En el epígrafe anterior se ha analizado la posición política de Martí ante la república autóctona y viable que deseaba para América. En él resalta la unidad sobre la base del acatamiento de la diversidad, del ejercicio honesto de la expresión y el respeto a la historicidad, con el reconocimiento respetuoso a las actitudes excelsas de aquellos hombres que dieron con denuedo la máxima energía a la nación.

  1. Vigencia de la república moral latinoamericana.

Indiscutiblemente uno de los aportes más significativos de Martí en el ámbito político es su ética. Además de las ideas socioeconómicas y políticas, sobre la república viable y justa, la ética martiana tiene especial relevancia.

El Apóstol de la independencia de Cuba exhortaba a la abnegación y el sacrifico por un bien común, del cual su propia vida era ejemplo. Un hombre que sufrió por su tierra, por su familia y por la libertad de su patria y que jamás cejó en el empeño de luchar por el amor, ni por la nación cubana, es digno ejemplo en el accionar cotidiano de cualquier hijo nacido en América.

Para él la dignidad y el decoro debían ser la ley primera de la república[25], lo cual pone de manifiesto su gran sentido humanista. Al respecto planteaba: “En mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre: envilece a los pueblos desde la cuna el hábito de recurrir a camarillas personales… Levántese por sobre todas las cosas esta tierna consideración, este viril tributo de cada cubano a otro. Ni misterios, ni calumnias, ni tesón en desacreditar, ni largas y astutas preparaciones para el día funesto de la ambición. O la república tiene por base el carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con sus manos y pensar por sí propios, el ejercicio íntegro de sí y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás; la pasión, en fin por el decoro del hombre, -o la república no vale una lágrima de nuestras mujeres, ni una sólo gota de sangre de nuestros brazos”.

El respeto al individuo, a sus derechos como ser humano, constituían los fundamentos de una república justa. ¿Y qué entendemos por dignidad, respeto, virtud, honradez, integridad y decoro?.

Según la opinión que se defiende en este trabajo el primer paso de un gobierno para asegurar la dignidad el hombre es su derecho al trabajo: la posibilidad de ser útil[26], de ganar con el sudor de su frente el sustento de sus ascendientes y sus descendientes. El hombre que tiene que robar o prostituirse para lograr la manutención de su familia, no puede tener decoro y es el Estado el que debe asegurar que cada vez más, que los ingresos provenientes del trabajo se acerquen a las necesidades del hombre.

Después la sociedad debe asegurar, como aseveraron los padres de la nación, la educación y la salud del hombre, para permitir el ejercicio pleno de su integridad. El respeto, la honradez, la virtud y la integridad se cultivan. “Ser culto es el único modo de ser libre- decía Martí.[27]

Para el pleno desarrollo de todas las capacidades, el hombre debe ser educado y saludable; pero, a pesar de lo anterior ser una verdad de Perogrullo, millones de hombre en el continente viven hoy en condiciones de insalubridad e ignorancia.

Simultáneamente Martí criticaba en la república latinoamericana las calumnias, los descréditos, los dimes y diretes, la envidia, el odio y las ingratitudes[28]

En relación con el tema refería: “ ¡Se dice cubano, y una dulzura como de suave hermandad se esparce por nuestras entrañas, y se abre sola la caja de nuestros ahorros, y nos apretamos para hacer un puesto más en la mesa, y echa las alas el corazón enamorado para amparar al que nación en la misma tierra que nosotros, aunque el pecado lo trastorne, o la ignorancia lo extravíe, o la ira lo enfurezca, o lo ensangriente el crimen!” y alertaba: “…ni hemos de entretenernos tanto como entonces en dimes y diretes de localidad, ni en competencia de mandos, ni en envidias de pueblo, ni en esperanzas locas!…

Debe reflexionarse entonces hasta que punto se está en la actualidad exenta de estos males que agobian el espíritu y envilecen el trabajo.

CONCLUSIONES:

La contradicción entre el carácter epocal de la formación del pensamiento martiano, como el de otro de los artífices de nuestra historia, y su vigencia actual, que hace de su estudio un quehacer contemporáneo, sienta pautas cómo método para el estudio del pensamiento en general y del pensamiento cubano en particular.

En este trabajo se ha recreado la trascendencia del pensamiento martiano como fundamento para la práctica sociopolítica y cultural contemporánea en Cuba y Latinoamérica, haciendo un análisis de sus principales aportes en el ámbito socioeconómico, político y ético.

No cabe duda que la república “Con todos y para el bien de todos” y el “Culto a la dignidad plena del hombre” son eslogans enarbolados por el pueblo y la actualidad cubana. No obstante el trabajo presentado obliga a reflexionar sobre su aplicación en la práctica sociohistórica cotidiana.

Muchos y largos son los caminos a recorrer aún -a juicio de la autora- en el contexto contemporáneo, para completar el proyecto enunciado por el Apóstol. Muchos de sus postulados han sido logrados en Cuba, otros están frenados por las condiciones que impone el poder capital internacional, los vicios del pasado que aún subsisten en nuestras prácticas políticas y sociales.

Especial énfasis se hace en lograr que el trabajo siga siendo la fuente principal de ingresos, en que éste se la base para dignificar al hombre y que el camino de la igualdad social regrese a nuestros cánones de conducta.

Mucho peor es la situación para América y el mundo, donde los sistemas políticos se ven maniatados por la política neocolonial implantada por los Estados Unidos de Norteamérica y que tanto hiciera sufrir a Martí en el invierno de 1891, cuando el “Vecino poderoso” sentaba las bases de este proyecto. Desgraciadamente, diez años después era la bien amada Cuba de José Martí, el laboratorio de ensayo para su aplicación posterior a las Jóvenes repúblicas de “Nuestra América” sin que ardua labor y su verbo apasionado hayan podido impedirlo.

Agradecemos a todos este espacio de reflexión en honor al más Universal de los cubanos.

Bibliografía martiana mínima:

José Martí: Obras completas. Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1975, t 4, pp. 91-101

José Martí: Ob. Cit., t 4, pp., 41-42

Ídem, p. 113

Ídem, p. 119

Bibliografía martiana de consulta:

José Martí: Obras completas. Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1975, t 2, pp. 75-77. DE PATRIA, NUEVA YORK, 30 DE JULIO DE 1892. CARACTER.

José Martí: Ob. Cit., t 6, pp. 64-54. CONGRESO INTERNACIONAL DE WASHINGTON. Su historia, sus elementos y sus tendencias. Nueva York, 2 de noviembre de 1889.

José Martí: Ob. Cit., t 8, pp. 97-101. CARTAS DE MARTÍ. Nuestras tierras latinas.

José Martí: Ob. Cit., t 1, pp. 89-98. LA REPÚBLICA ESPAÑOLA ANTE LA REVOLUCIÓN CUBANA.

José Martí: Ob. Cit., t 5. pp. 333-335. LOS MOROS EN ESPAÑA

José Martí: Ob. Cit., t 7. pp. 98-102. LOS CÓDIGOS NUEVOS

José Martí: Ob. Cit., t 1. pp. 271-272. RESOLUCIONES.

José Martí: Ob. Cit., t 3. pp. 137-138. LA SEMANA CUBANA.

José Martí: Ob. Cit., t 5. pp. 449-450. LAS ESCUELAS DE SAN CARLOS.

José Martí: Ob. Cit., t 4. pp. 269-279. DISCURSO EN EL LICEO CUBANO, TAMPA”26 DE NOVIEMBRE DE 1891

José Martí: Ob. Cit., t 4. pp. 283-286. DISCURSO EN CONMEMORACIÓN DEL 27 DE NOVIEMBRE DE 1871, EN TAMPA” 27 DE NOVIEMBRE DE 1891

José Martí: Ob. Cit., t 4. pp. 110-112. A FEDERICO HENRÍQUEZ Y CARVAJAL

Montecristi, 25 de marzo, 1895

José Martí: Ob. Cit., t 6, pp. 54-63. CONFERENCIA WTERNACIONAL AMERICANA. Nueva York, 2 de noviembre de 1889 al Director de La Nación.


[1] Máximo Gómez dominicano que llegó a ser Generalísimo y Jefe del Ejercito Libertador en las contiendas de 1868 y 1895 en Cuba.

[2] José Martí: Obras completas. Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1975, t 4, pp. 95

[3] Ídem. T6 pp. 160

[4] Consejo de Ayuda Mutua Económica (1947-1990)

[5] Década de los años 90 del siglo pasado.

[6] Marx, C El Capital. Tomo I. Editora Política La Hababa 1973

[7] Castro, Fidel La Crisis Económica y Social del Mundo. Editora Política La Habana 1886

[8] Ídem. T7 pp. 111

[9] Ídem. T 4 pp. 96

[10] Ídem. T 4 pp. 136

[11] 1989-1993

[12] Ídem. T 4 pp. 95

[13] Ídem. T 4 pp. 95

[14] Ídem. T 4, pp. 100

[15] Ídem. T 1, pp. 423

[16] Ídem. T 4, pp.273

[17] Ídem. T 4, pp. 122

[18] Ídem. T 4 pp. 99, 100

[19] Ídem. T 4 Pp. 96

[20] Ídem. T Pp. 48

[21] Ídem. T 4, pp. 94

[22] Ídem. T4 Pp. 97

[23] Ídem. T4 Pp. 238

[24] Ídem. T4 pp. 193

[25] Ídem. T 4 Pp. 270

[26] Ídem. T 3 pp. 112

[27] Ídem. T 8 pp. 89

[28] Ídem. T 4 pp. 273

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