Cuentos cortos

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EL PERRO NEGRO

Siempre lo veía desplazarse con rapidez y agilidad. No usaba el ascensor, elegía la escalera. Para subir o bajar. Fumador empedernido, al instante de asomar la nariz en la vereda, ya había encendido su cigarrillo, que apuraba con fruición. Un seco “buenas”, era su saludo, que nunca omitía. Delgado, de mediana estatura, cabello grisáceo, que alguna vez fue rubio, y un par de ojos claros.

Un caniche negro y curioso llevaba en brazos, lo acompañaba en otras salidas, ocasiones también propicias para renovar su placer de fumar. Raramente salía con su mujer, por lo común huidiza, a quien solo se le veía con motivo de realizar alguna compra en los negocios cercanos o para sacar al perro.

Esta rutina de vida, imprevistamente se modificó. La parquedad habitual fue reemplazada por una sonrisa amplia y contagiosa. El saludo mínimo por comentarios acertados y oportunos. Pero cuando llevaba al perro entre sus manos, éste emitía gruñidos, parecía molesto. Su esposa cambió de aspecto: un nuevo corte de cabello, tintura y peinado renovado, intentando revitalizar una belleza perdida por el paso del tiempo. Comenzó a encender sahumerios, en especial los días viernes.

Eran muchos cambios en poco tiempo, cambios significativos sin explicación aparente, Durante un encuentro casual con la esposa, le preguntamos por su marido y la respuesta despertó nuestra curiosidad: -”José está…digo Roberto, está bien, está trabajando”- respondió.

De Roberto estábamos hablando, pero José ¿Quien era?. Algo raro estaba sucediendo por lo que decidimos averiguar por nuestra cuenta. Así nos enteramos que tenía un hermano mellizo, antiguo novio de su esposa. Nadie podría asegurar si esa relación había finalizado, pero si, que despertaba sospechas. Parece que los hermanos tenían conductas y actitudes muy distintas. Atando cabos, comenzamos a pensar si el cambio radical de actitud, obedecía a que estábamos conversando con otro.

La equivocación de la esposa de Roberto nos orientó a suponer que se trataba de otra persona. ¿Estábamos frente a José? ¿Dónde estaba Roberto?. La intriga fue en aumento. Era evidente la disparidad en las expresiones y modo de actuar, de acuerdo con lo que conocíamos. Por otra parte, el empleo de sahumerios había aumentado. Se lo percibía varios días por semana.

¿Se había producido un reencuentro entre los antiguos novios?  ¿Nunca se separaron? ¿Qué sucedió?. Eran interrogantes de difícil respuesta. Un vecino de piso hizo la denuncia a la policía. Era una actitud audaz, basada en una presunción.

La solicitud fue rechazada. Aparentemente, las evidencias presentadas no eran válidas. Y entonces, ocurrió algo insólito. Durante una de las salidas llevando el perro en brazos, sufrió una mordedura importante en la mano derecha, que lo obligó a un tratamiento médico quirúrgico de emergencia, en una clínica de la zona, complementado por una transfusión de sangre, consecuencia de la importante hemorragia ocurrida.

En la documentación que llevaba consigo, tenía un carnet de la Cruz Roja a nombre de Roberto, fechado tres meses atrás, con su grupo sanguíneo, B negativo. Entonces, no le realizaron las pruebas previas de compatibilidad sanguínea y lo transfundieron. Una hora más tarde, lo trasladaron a Terapia Intensiva, visiblemente deteriorado. Concluyeron que había padecido una severa intolerancia a la transfusión. Procedieron a realizar las pruebas de compatibilidad y se comprobó la diferencia del grupo sanguíneo, era A positivo.

La discordancia entre los datos obtenidos y los del carnet, motivó una denuncia policial de las autoridades del establecimiento sanitario, ante tal anormalidad. Como resultado de la investigación, se comprobó que el paciente, no era Roberto sino José.

¿Dónde estaba Roberto?. Su desaparición había pasado totalmente desapercibida. Podría decirse que de un día a otro, todo había cambiado. Los interrogatorios realizados a la pareja, ya sea juntos o por separado, fueron concordantes. A raíz de una pelea con su mujer, Roberto decidió irse de su casa, con destino incierto, no dejando una señal que permitiera ubicarlo. El incidente habría determinado el reencuentro de la mujer con su ex pareja. Aparentemente, esta situación habría ocurrido cuando comenzaron los cambios ya mencionados.

Un par de meses más tarde, se produjo un incendio en la caja de transformadores eléctricos, ubicada en la puerta de entrada al edificio, por lo que se clausuró el suministro de gas. Resuelto el problema eléctrico, se realizó una inspección en todos los departamentos del edificio, para verificar la existencia de alguna pérdida.

Al llegar al departamento donde vivía Roberto, se apreció un intenso olor a gas, proveniente de un pequeño placard esquinero ubicado en un ángulo del comedor, construído con ladrillos y revoque, perfectamente pintado, que pasaba casi desapercibido. Tenía una puerta de madera, tipo persiana, que al abrirla resultó ser falsa; solo cubría la pared. Era necesario derribarla para controlar la pérdida de gas, proveniente de un caño que por ahí descendía. Se procedió a voltearla y, efectivamente, el olor a gas que de ahí surgía, era muy intenso.

Pero este hecho permitió encontrar, muy bien envuelto en bolsas de consorcio, el cadáver de Roberto. El hallazgo fue tapa de diarios y revistas durante una semana y tema central en las noticias. La pareja fue detenida y la palabra ¿Porqué? quedó flotando. El perro negro, cuya mordida desencadenó el comienzo del fin, fue adoptado por un investigador forense.

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Comentarios

2 respuestas a “EL PERRO NEGRO”
  1. Alberto Chab dice:

    ¡Excelente! Se podría hacer una película tipo El secreto de sus ojos.
    Saludos
    Alberto

  2. ceara5.carlos@gmail.com dice:

    Gracias Alberto por tu comentario. El lector siempre agrega un punto de vista que hemos omitido.
    Un cordial saludo.
    Carlos



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