Cuentos cortos

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Archivo de Marzo, 2017

LA PEOR NOTICIA

El anuncio causó estupor.

La noticia se expandió a una velocidad increíble. La angustia y la desesperación fueron el factor común que envolvió a todos. Rostros desencajados, no daban crédito a lo que escuchaban. Se difundió la peor noticia en muchos años.

-¿Y ahora qué sucederá?- era la pregunta que se hacían todos. La televisión suspendió la emisión de sus programas, para dedicar todos los espacios a comentar los conmovedores acontecimientos. Las emisiones radiales se transformaron en una cadena repetitiva de información, en base a boletines extra.

Los diarios adelantaron sus ediciones y duplicaron las tiradas, informando hasta el más mínimo detalle. La noticia fue muy escueta y demoledora: “Por tiempo indefinido quedan suspendidos los servicios de telefonía celular”. ¡Increíble! ¿Cómo encarar la vida ante este desastre? ¿Qué harán las manos sin el teléfono?

Habrá que volver a conversar con los demás, cara a cara. ¡Qué antiguo! La vida tendrá que ordenarse en otra dimensión. ¿Qué pasará con Facebook? ¿Y con Twitter? No mas Whatsap, ni fotos, ni selfies, ni mensajitos. No más música durante el viaje.

Volver a los teléfonos públicos, teniendo la precaución de disponer  de una cantidad suficiente de monedas para una llamada. Se acabaron las conversaciones interminables en colectivos, subterráneos y trenes. ¿Qué hacer ante tan tremenda dificultad?.

Cuesta mucho pensar con claridad. ¡Se acabaron las novedades del día, de cada hora, de cada momento!. Una pérdida irreparable, impensada, sorpresiva.

Esa mañana, el sonido de la campanilla del despertador pareció diferente, de mayor intensidad.

Como en un acto reflejo y sin pensarlo dos veces, tomó el celular y llamó a su hermano. El timbre sonó tres veces y escuchó: ¡-Hola!-.

-¡Ah!-exclamó-. Estaba soñando.

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SORTEO DE NAVIDAD

Transcurría el mes de diciembre y los días eran cada vez más calurosos. La proximidad de la finalización del del año generaba un clima de excitación, incentivado por el inminente sorteo de la Lotería de Navidad. Todos esperaban beneficiarse con el premio mayor. Doña María, soñó con el número 21034. Al día siguiente se lo comentó a su marido, un peluquero italiano, bien parecido, de bigote recortado y ojos azules. La respuesta no fue la esperada.

-Son tantos números que ése, no sale- contestó. Y no habló más del asunto.

A doña María se le empañaron los ojos. No disponía de dinero suficiente para adquirir un vegésimo. ¿ Y si salía premiado?.

Lo comentó en su trabajo, un taller de costura donde concurría por las tardes. Lamentaba la falta de comprensión de su esposo y sus compañeros de labor, procuraron acompañarla y mitigar sus angustias.

Raúl Ricci, un muchacho de 20 años, era el cadete encargado de entregar y retirar las prendas a domicilio. Se acercó a doña María y suavemente le tocó el hombro derecho:

-No se preocupe- dijo. Yo lo compro y si sacamos algo, lo repartimos, mitad para cada uno.

-¡Muchas gracias Raúl!- fue la respuesta emocionada de ella.

Y llegó el día esperado…La radio encendida desde temprano, comenzó con la trasmisión interminable del sorteo. Dos horas más tarde, “cantaron” el 21034, con el premio mayor. Doña María reía y lloraba al mismo tiempo. Raúl se acercó, besó su mejilla y exclamó:

-La suerte está con nosotros. El lunes cobro y lo repartimos-.

Las horas siguientes fueron de alegría. Los proyectos se superponían unos con otros. ¡Qué lejano parecía el lunes ese fin de semana!. Doña María era la mujer más feliz de la tierra.

Llegó el lunes al trabajo. Abrazos, felicitaciones y besos fueron la constante de ese día.

-¿Y Raúl?-preguntó con preocupación.

-Avisó que no podía venir-. Parece que su madre está enferma; tal vez venga mañana…

Al día siguiente, Raúl no apareció. Pero al tercer día, envió un telegrama donde anunciaba su renuncia.

Nunca más lo vieron.

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EL PERRO NEGRO

Siempre lo veía desplazarse con rapidez y agilidad. No usaba el ascensor, elegía la escalera. Para subir o bajar. Fumador empedernido, al instante de asomar la nariz en la vereda, ya había encendido su cigarrillo, que apuraba con fruición. Un seco “buenas”, era su saludo, que nunca omitía. Delgado, de mediana estatura, cabello grisáceo, que alguna vez fue rubio, y un par de ojos claros.

Un caniche negro y curioso llevaba en brazos, lo acompañaba en otras salidas, ocasiones también propicias para renovar su placer de fumar. Raramente salía con su mujer, por lo común huidiza, a quien solo se le veía con motivo de realizar alguna compra en los negocios cercanos o para sacar al perro.

Esta rutina de vida, imprevistamente se modificó. La parquedad habitual fue reemplazada por una sonrisa amplia y contagiosa. El saludo mínimo por comentarios acertados y oportunos. Pero cuando llevaba al perro entre sus manos, éste emitía gruñidos, parecía molesto. Su esposa cambió de aspecto: un nuevo corte de cabello, tintura y peinado renovado, intentando revitalizar una belleza perdida por el paso del tiempo. Comenzó a encender sahumerios, en especial los días viernes.

Eran muchos cambios en poco tiempo, cambios significativos sin explicación aparente, Durante un encuentro casual con la esposa, le preguntamos por su marido y la respuesta despertó nuestra curiosidad: -”José está…digo Roberto, está bien, está trabajando”- respondió. De Roberto estábamos hablando, pero José ¿Quien era?.

Algo raro estaba sucediendo por lo que decidimos averiguar por nuestra cuenta. Así nos enteramos que tenía un hermano mellizo, antiguo novio de su esposa. Nadie podría asegurar si esa relación había finalizado, pero si, despertaba sospechas. Parece que los hermanos tenían conductas y actitudes muy distintas. Atando cabos, comenzamos a pensar si el cambio radical de actitud, obedecía a que estábamos conversando con otro.

La equivocación de la esposa de Roberto nos orientó a suponer que se trataba de otra persona. ¿Estábamos frente a José? ¿Dónde estaba Roberto?. La intriga fue en aumento. Era evidente la disparidad en las expresiones y modo de actuar, de acuerdo con lo que conocíamos. Por otra parte, el empleo de sahumerios había aumentado. Se lo percibía varios días por semana.

¿Se había producido un reencuentro entre los antiguos novios?  ¿Nunca se separaron? ¿Qué sucedió?. Eran interrogantes de difícil respuesta. Un vecino de piso hizo la denuncia a la policía. Era una actitud audaz, basada en una presunción: -”¿Roberto donde está?-, nos preguntamos.

La solicitud fue rechazada. Aparentemente, las evidencias presentadas no eran válidas. Nos preguntábamos: -¿Roberto donde está?-. Y entonces, ocurrió algo insólito. Durante una de las salidas llevando el perro en brazos, sufrió una mordedura importante en la mano derecha, que lo obligó a un tratamiento médico quirúrgico de emergencia, complementado por una transfusión de sangre, consecuencia de la importante hemorragia ocurrida.

En la documentación que llevaba consigo, tenía un carnet de la Cruz Roja a nombre de Roberto, fechado tres meses atrás, con su grupo sanguíneo, B negativo. Entonces, no le realizaron las pruebas previas de compatibilidad sanguínea y lo transfundieron. Una hora más tarde, lo trasladaron a Terapia Intensiva, visiblemente deteriorado. Concluyeron que había padecido una severa intolerancia a la transfusión. Procedieron a realizar las pruebas de compatibilidad y se comprobó la diferencia del grupo sanguíneo, era A positivo.

La discordancia entre los datos obtenidos y los del carnet, motivó una denuncia policial de las autoridades del establecimiento sanitario, ante tal anormalidad. Como resultado de la investigación, se comprobó que el paciente, no era Roberto sino José.

¿Dónde estaba Roberto?. Su desaparición había pasado totalmente desapercibida. Podría decirse que de un día a otro, todo había cambiado. Los interrogatorios realizados a la pareja, ya sea juntos o por separado, fueron concordantes. A raíz de una pelea con su mujer, Roberto decidió irse de su casa, con destino incierto, no dejando una señal que permitiera ubicarlo. El incidente habría determinado el reencuentro con su ex pareja.

Aparentemente, esta situación habría ocurrido cuando comenzaron los cambios ya mencionados. Un par de meses más tarde, se produjo un incendio en la caja de transformadores eléctricos, ubicada en la puerta de entrada al edificio, por lo que se clausuró el suministro de gas. Resuelto el problema eléctrico, se realizó una inspección en todos los departamentos del edificio, para verificar la existencia de alguna pérdida.

Al llegar al departamento donde vivía Roberto, se apreció un intenso olor a gas, proveniente de un pequeño placard esquinero ubicado en un ángulo del comedor, construído con ladrillos y revoque, perfectamente pintado, que pasaba casi desapercibido. Tenía una puerta de madera, tipo persiana, que al abrirla resultó ser falsa; solo estaba la pared. Era necesario derribarla para controlar la pérdida de gas, proveniente de un caño que por ahí descendía. Se procedió a voltear una de las paredes y, efectivamente, el olor a gas que de ahí surgía era muy intenso.

Pero este hecho permitió encontrar, muy bien envuelto en bolsas de consorcio, el cadáver de Roberto. El hallazgo fue tapa de diarios y revistas durante una semana y tema central en las noticias. La pareja fue detenida y la palabra ¿Porqué? quedó flotando. El perro negro, cuya mordida desencadenó el comienzo del fin, fue adoptado por un investigador forense.

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Carlos E. Araujo

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