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MEMBRILLOS PARA AFRODITA

Cuando el sol calienta los frescos días de otoño, aparecen los membrillos para llenar de placer el paladar. Fruta deliciosa pero  imposible de comer cruda, debido a su alta concentración de taninos, acidez y astringencia. Por tal razón, no hay otra opción que hundirse en la cocina y prepararse para disfrutarla en casi todas sus versiones: jalea, dulce en pan, cascos en almíbar o chutneys.

 

 

El membrillo es natural de climas templados, nació en Creta, aunque otros estudiosos sitúan su origen en la región del Cáucaso, en el sudoeste cálido de Asia.

 

 

Remontando a la historia, hay quienes definen que el misterioso fruto del Jardín del Edén, el que Adán ofreció a Eva, no fue una manzana, sino un dorado membrillo deliciosamente perfumado. Si se acepta que el Edén estaba situado en Mesopotamia, hay muchas probabilidades de que crecieran membrillos y no manzanos.

 

 

En la antigua Grecia, en la región de Cydonia, en la Isla de Creta, los membrillos o manzanas de Cydonia, eran ofrecidos a Afrodita, diosa del amor, como símbolo de pasión y fecundidad. Este fruto, además, tenía un significado especial para los recién casados de la época, quienes debían morder uno antes de entrar en la habitación nupcial. Según Plutarco, las novias griegas mordían un membrillo para perfumar su boca, así, ese primer beso no sería desagradable.

 

 

Pero, se supone que esta fruta fue entregada por Paris a Afrodita como premio durante su juicio en la elección de la diosa más hermosa y seductora descrita por Homero, convirtiéndose luego en “la manzana de discordia”.

 

 

Los membrillos son compañeros ideales de platos con pollos o cerdo y chutney, los que se pueden maridar con vinos tintos suaves.

 

 

La textura dura y el gusto ligeramente ácido del membrillo desaparecen al hervirlo en azúcar, que acompañado con un queso se transforma en el conocido postre vigilante. Si de experimentar se trata, pueden probar un queso brie, con una copa de un vino fortificado: podría ser Malamado Malbec, de Familia Zuccardi, vino de alto contenido alcohólico. De entrada dulce y suave, intensamente aromático, prevalecen las notas a frutos secos, ciruelas, membrillos y canela.

 

 

Sólo es cuestión de animarse y convertirse en la diosa Afrodita.

 

 

 

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Comentarios

Una respuesta a “MEMBRILLOS PARA AFRODITA”
  1. Iván Salazar Urrutia dice:

    Ana, me averguenzo de escribir luego de ¡taaantos meses! sin hacerlo. Siempre me ha gustado tus escritos; pero no te escribo, porque generalmente no tengo nada que agregar. pero debiera hacerlo, para que sepas que existe un interlocutor.
    Con esto de los membrillos acá -en Chile- nos retrotraemos a la infancia: tomábamos uno para ir al Colegio y lo llevábamos a golpes contra todas las paredes de las casas en el trayecto. Al llegar, el pobre membrillo ya no daba más y nos salpicaba con sus jugos los dedos y los pantalones cortos. En tal condición incarles el diente era una sabrosura; en el laboratorio de nuestra boca terminaba por regalarnos su última acidez, esa dulzura casi cremosa, para luego secarnos la lengua para provocar otro mordisco. Y en la mesa de los pobres, siempre adornaba los panes resecos con una mermelada suficientemente priete como para poder cortarla en finas láminas que se quedaban luego esperando les cayera un poco de nata de la leche de ayer.
    Mi sorpresa fue cuando mi padre me disputó un buen pedazo de esta mermelada, la casi molió con un tenedor y luego la bañó generosamente con un vino tinto de la temporada; su rostro pleno de satisfacción me llevó a repetir este sacramento hasta el día de hoy.
    Gracias por hacer que no olvide lo que no se debe olvidar.
    VANCHO



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