lig tv izle
justin tv

Cómo Hacer Que Las Cosas Pasen

Cuentos, Ejercicios y Herramientas de Coaching para Adueñarte de Tu Potencial en el Minuto Presente

 
promosyonbank.com promosyon canta

Ser la variable - ¿Cómo cambiar los resultados en la ecuación de tu vida? - Tu Minuto de Coaching - Guillermo Echevarria

 Ser la variable

¿Cómo cambiar los resultados en la ecuación de tu vida?

 Soñaba con trabajar en Carrier desde que uno de sus ejecutivos había dado una charla en mi universidad contando los programas de formación y desarrollo del personal que tenían.

Ya me había postulado a una de sus pasantías a través de la bolsa de trabajo de la universidad, pero pasaban los meses y no me llamaban. Entonces decidí anotarme para otro de los puestos que ofrecían. Luego de tres semanas sin respuesta no estaba precisamente entusiasmado y, desde el ventanal del café en el que paré a desayunar algo, empecé a preguntarme de qué servía el título universitario si no me permitía conseguir trabajo.

 En eso entró un vendedor ambulante y empecé a seguirlo con la mirada mientras iba dejando sobre las mesas unas reglas gigantes con tablas de multiplicar y fórmulas matemáticas impresas. Fue entonces que me acordé de Margarita, la profesora de Matemática. ¡Cómo olvidarme! Con ella era imposible copiarse en los exámenes. En el colegio le decíamos La Maga porque se sabía todos los trucos y siempre tenía un as escondido: el 1 que, en un abrir y cerrar de ojos, pasaba de su manga a nuestro boletín de calificaciones. Entonces se me vinieron las imágenes del día que a Margarita se le ocurrió hacer un juego para explicar cómo funcionaba la ecuación x - k = y

 Mi relación con la matemática nunca había sido buena. Veníamos peleando desde el primer día y, aunque no podía evitar encontrármela cada año, hacía mucho que ya no le dirigía la palabra si no era para criticarla.

Cinco de nosotros fuimos intimados a presentarnos en el frente donde Margarita nos encargó a cada uno la, no demasiado honorable, misión de sostener una de las letras o signos de la ecuación, pero en tamaño gigante y de un rojo que, de viejo, ya era rosa. A mi me tocó la x.

Margarita explicó que a la k se le llamaba la constante porque su valor se mantenía fijo, que, en cambio, x podía tomar cualquier valor y que, por eso, se le llamaba la variable. Cuando terminó de decir que la letra y representaba el resultado y que variaba según los valores que tomara x, el que sostenía la k dijo, poniendo cara de pobre tipo: Realmente lo siento, pero no hay nada que pueda hacer por ustedes. Nos reímos con su cara de constante al tiempo que Margarita me indicaba: Echevarría, elija un número cualquiera para que veamos cómo impacta en el resto de la ecuación.

-¿Se refiere a mí?

-¿Acaso hay algún otro Echevarría en ésta clase?-dijo con ironía.

-No lo sé. Yo soy la variable –dije y haciendo una reverencia acalaré-  Sr. La Variable.

Creo que Margarita digirió el chiste sólo porque sintió que sumaba a lo que estaba queriendo explicar y, dentro de todo, la clase estaba avanzando.

-El drama lo tengo yo –intervino la y refiriéndose a mí– porque dependo de tus idas y venidas. Y vos –agregó prepoteando a la k- nunca te movés.

-Una persona podría usar esta ecuación –continuó Margarita mientras la clase nos hacía caras para que nos riéramos- para saber cuanto dinero le va a quedar por mes una vez que descuente los gastos fijos. El dinero que gana sería x, los gastos fijos de teléfono, alquiler y comida serían k y el dinero que le sobra sería y.

-Si una persona gana 1500 (x) y gasta mensualmente 1000 (k), le sobrarán 500 (y). Tomó una tiza y escribió: 15001000 = 500. Y si esa misma persona pasara a ganar 2000 y siguiera teniendo 1000 de gastos ¿Cuánto le sobraría?

-Mil - respondimos a coro.

¿Cómo explicar lo que pasó después? Supongo que en ese momento sentimos que teníamos que disculparnos frente a nuestros compañeros por el hecho de que todo estuviera saliendo demasiado pedagógicamente perfecto. La cuestión es que con una mirada nos pusimos de acuerdo y empezamos a subir el tono de la supuesta pelea entre la constante, la variable y el resultado. En instantes el frente de la clase se había convertido en un saloon del lejano oeste. A tal punto que Margarita tuvo que salir corriendo a buscar a un celador.

Por nuestra actuación estelar nos ganamos el aplauso de toda la clase y varias amonestaciones.

Hasta el último día de colegio no dejamos de reírnos con las anécdotas de esa clase, ni de quejarnos de la inutilidad de todas las fórmulas jeroglíficas que nos hacían aprender de memoria. Si ninguno de nosotros pensaba ser físico nuclear, ni -Dios no lo quisiera, rezábamos- profesor de matemática. Y, reconozco que, cada vez que Margarita se quedaba sin palabras, por no poder contestar de qué manera tanta álgebra podía llegar a servirnos para algo en la vida, nos invadía una enorme satisfacción.

Yo soy la variable –me reí, recordando aquella clase.

Soy la variable –repetí y, de algún modo, la frase me sonó distinta… Cuando el de la mesa de al lado levantó la cabeza me di cuenta de que había pensado en voz alta, y entonces comprendí: Yo soy la variable. ¿Y si empiezo a ser la variable de mi ecuación? –dije.  Llamé al mozo, pagué la cuenta y salí del café.

 Por primera vez comencé a contarle a amigos, profesores y a cualquiera que se me cruzara, que yo quería trabajar en Carrier; investigué más acerca de la organización y el negocio de refrigeración buscando en la web, conseguí los datos del gerente del área de la que quería formar parte y… por una de esas casualidades que se dan cuando hemos decidido hacer lo que haga falta para lograr lo que queremos, me topé con una persona que conocía a alguien que había trabajado en la empresa. Me puse en contacto con el ex – Carrier y sin ningún problema me pasó tres o cuatro datos clave  de la empresa y del perfil profesional que buscaban. Ahora ya sabía qué puntos de mi curriculum necesitaba resaltar y cuáles dejar de lado.

Con toda esa información le envié una carta al gerente enumerando diez razones por las que quería trabajar en Carrier y, específicamente, en su área.

 A los pocos días me citaron para tener una entrevista con el gerente del área de Marketing en las mismísimas oficinas de Carrier. ¡Por fin! Estaba feliz, pero bastante nervioso.

-Leí su carta y las razones por las que Usted quiere trabajar con nosotros –arrancó el gerente- pero hay una de ellas acerca de la cual me gustaría pedirle explicaciones.

-¡Zas! No le gustó –pensé mientras contestaba con mi mejor sonrisa: -¿A cuál se refiere?

-¿Qué quiso decir con eso de ser la variable?-aclaró. Yo no sabía si el tema le había disgustado o qué así que decidí contestar algo bien breve para pasar a otro tema: -Nada. Es una expresión que inventé y que seguramente se me escapó en el entusiasmo por escribir la carta.

-Bueno, pero ¿puede explicar de qué se trata? –desafió. ¿Le interesaba mi idea o qué?

-Claro, se trata de que… casi por casualidad descubrí que las ecuaciones sí pueden servir para algo más que aprobar un examen.

-¿En qué sentido?

-Y, porque todo el tiempo estamos decidiendo entre ser la constante o ser la variable.

-Me parece que no le estoy entendiendo- dijo. Echó un vistazo a la sala y preguntó: ¿Sería capaz de explicarlo usando ése pizarrón como si se tratara de la presentación de un proyecto?

Entonces entendí que ya no había más lugar para el telegrama y la modestia. Era mi gran oportunidad para impactar o seguir buscando trabajo.

-¡Cómo no! –dije mientras me ponía de pié y me preguntaba qué iba a decir. Con sutil ironía la vida me volvía a mandar al frente junto a las ecuaciones.

-Sólo se trata de mi experiencia –empecé- Quiero decir, de lo que me pasó a mí buscando trabajo.

-A ver –dijo el gerente y giró en su silla para ver mejor.

- Bueno… -continué- reconozco que hacía rato que estaba esperando que la universidad me consiguiera un trabajo a través de su bolsa de empleo. Sentía que después de haber estudiado tanto me lo merecía y, como no llegaba, empecé a enojarme y a quejarme por todo. Había arrancado hablando con toda franqueza de mis problemas buscando captar la atención del gerente.

-Incluso –seguí- me remonté a mis épocas del colegio y empecé a lamentarme de lo mal que me habían enseñado, de la crisis por la que está pasando el país y hasta de la poca dedicación de mis padres para ayudarme a encontrar mi vocación. Me acerqué al pizarrón, escribí 1000 – 1500 =  - 500 y expliqué: si mis recursos de tiempo y energía eran 1000, al quejarme, me la pasaba diciendo que las circunstancias eran más grandes que yo, digamos 1500, y como consecuencia mi ánimo estaba en menos quinientos.

-Ajá, ¿pero a dónde está yendo?

-Bueno –dije sintiendo que se me acababa el tiempo de exposición- la verdad es que ya estaba por abandonar todo, cuando se me ocurrió preguntarme ¿y si pasara del por-qué-a-mí al y-por-qué-no-a-mí? y decidí probar de aceptar mi historia, mi país, mis maestros e incluso me dije sí a mí mismo con mis pros y contras. -hice una pausa mientras pensaba qué podía hacer para lograr un gesto de aprobación del gerente y agregué- Porque ¿acaso no era yo el protagonista de la película al que le tocaba que todas esas circunstancias y experiencias pasadas sumaran?

-Ok, entiendo la reflexión –dijo serio- pero ¿y el trabajo?

-Bueno, es cierto que la reflexión no cambió en nada mi situación laboral, pero al menos había dejado de pelearme con todo. Y, al dejar de restar, mi ecuación empezaba a dar 1000 + 1500 = 2.500. Acababa de escribirlo cuando pensé: ¡Si me viera Margarita!

-Perdón que insista, – dijo- pero ¿y el trabajo?

-Bueno, fue entonces que se me ocurrió preguntarme en qué consistía dejar de ser la constante en mi búsqueda laboral y pasar a ser la variable de mi ecuación.

-¿Y? -dijo deseando ponerle fin a la historia. 

-Descubrí que hasta el momento sólo había hecho lo que yo consideraba suficiente para conseguir un trabajo, pero no lo necesario.

- ¿Y lo de ser la variable? –me apuró.

-Justamente, me dí cuenta de que ser la variable consistía en variar mi estrategia las veces que hiciera falta hasta conseguir ese trabajo –y rematé- Ahí fue cuando pensé ¿por qué no hacer algo que nunca hice? Y escribí la carta.

-Ok –dijo el gerente por primera vez y agregó- Ya había dejado de restar, había empezado  a sumar… ¿y entonces?

-Entonces me pregunté en qué consistía multiplicar. Y, numéricamente, mi ecuación daba una diferencia no menor –dije al tiempo que escribía: 1000 x 1500 = 1.500.000

-Un millón y medio… Claro, pero… –dijo mientras dejaba su silla y se acercaba al pizarrón en lo que a mi me pareció un intento por disimular que el número lo había sorprendido tanto como a mí cuando hice la cuenta por primera vez - Pero… ¿se puede saber de qué manera impactó la ecuación en su búsqueda laboral?- preguntó poniéndome en el aprieto de decir qué iba a pasar con nuestra entrevista. Así que decidí arriesgar todo y saltar al vacío.

-El impacto también fue enorme porque finalmente… ¿me contrataron? –dije con una sonrisa.

-Guillermo, – dijo pronunciando mi nombre por primera vez- le confieso que estuve mirando su currículum y tengo que decirle que le falta experiencia para el puesto que estamos buscando cubrir.

-Entiendo- dije bajando la mirada.

-Lo que me impactó fue su carta –continuó- Por eso fue que quise conocerlo personalmente porque ésa es la actitud que necesitamos en la empresa…

-Claro… qué bueno… –murmuré intentando esbozar una sonrisa en medio del dolor que me había causado la estocada de la falta de experiencia. Entonces dijo: -¿Qué le parece completar su currículum agregando una experiencia laboral en Carrier?

 Pasé en Carrier mis primeros años en una corporación y aprendí muchísimo más de lo que había imaginado. Aquel gerente, que en la entrevista me había parecido distante, resultó ser un gran jefe y me animó a dedicarme a lo que ya empezaba a descubrir que me gustaba: la transformación de las personas.

Un año después de haber ingresado a la compañía logré que me incorporaran en el área de Recursos Humanos donde me encargué de coordinar el programa de mejoramiento de la calidad. Ganamos algunos premios por nuestro trabajo y fuimos invitados a presentarlo en Mendoza y luego en Miami. Fueron años de mucho aprendizaje donde también hice mi carrera como coach ontológico.

Pero sobre todo me acuerdo de un día en el que yo estaba esperando con impaciencia a que mi antiguo jefe de Marketing liberara la sala de capacitación para poder dejar todo listo para la siguiente reunión. Cuando finalmente se abrió la puerta y empezaron a salir los vendedores de la empresa, ya casi no me quedaba tiempo para ordenar la sala y necesitaba que evacuaran más rápido que en un incendio. Pero, en lugar de apurarse, los vendedores me saludaban, me sonreían y uno, incluso, se detuvo a darme la mano…

Por fin pude atravesar la puerta y me puse a acomodar las sillas, prendí el aire acondicionado y estaba borrando el pizarrón a toda velocidad cuando vi escrito:

1000 x 1500 = 1.500.000

  *Ésta historia forma parte del libro Tu Minuto de Coaching de Guillermo Echevarria

www.guillermoechevarria.net   www.facebook.com/tuminutodecoaching

 

    Compartir este post en:
  • Facebook
  • Twitter
  • menéame
  • Delicious
  • Technorati
  • Digg
Sin categoría

Si le ha gustado esta entrada, por favor considere dejar un comentario o suscríbase al feed y reciba las actualizaciones regularmente.


Deje su comentario

Debe para dejar un comentario.

Iniciar sesión

Ingrese el e-mail y contraseña con el que está registrado en Monografias.com

   
 

Regístrese gratis

¿Olvidó su contraseña?

Ayuda