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Cuentos, Ejercicios y Herramientas de Coaching para Adueñarte de Tu Potencial en el Minuto Presente

 
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La Segunda Oportunidad - Tu Minuto de Coaching - por Guillermo Echevarría

Era el primer taller de negociación que yo facilitaba en esa escuela de negocios y quería hacer un buen trabajo. Los participantes del seminario provenían de rubros tan diferentes como gastronomía, química o construcción. El primero de los cuatro encuentros semanales que duraba el curso acababa de terminar y, ahora veía con una claridad absoluta todo lo que no había funcionado. Pero lo que más me llamaba la atención era haberme dado cuenta, recién al terminar, que había olvidado planificar algunas cosas básicas de un seminario y, encima, típicas de mi estilo de capacitación.
Como, por ejemplo, entregar etiquetas autoadhesivas con los nombres de los participantes para facilitar el diálogo entre ellos. O ganar tiempo pidiéndoles que para el segundo encuentro vinieran con un caso personal de negociación, porque –aunque no todos lograran traerlo- al menos se iban a sus casas con la inquietud y yo podía arrancar el encuentro entrenándolos en la habilidad de encontrar oportunidades cotidianas de negociación. -¿Por qué había pasado por alto éstas y otras cosas al momento de diseñar la actividad?- me preguntaba ahora, ya en un afán de descubrir algo más que de reprocharme lo que me había olvidado. Todavía me quedaba una semana para preparar el segundo encuentro y estaba decidido a capitalizar en algo la experiencia del primero.

Dándole vueltas al asunto descubrí que no era la primera vez que me ocurría algo así. Al terminar algunas reuniones comerciales también me había dado cuenta de cosas que podría haber dicho o hecho. Y no se trataba de puntos que hubieran sido mencionados durante el encuentro, sino ideas que yo intuía que ya estaban en mi mente antes de la reunión. Como si al finalizar algo yo me abriera a una manera más penetrante y efectiva de ver la realidad. Pero si esa mirada ya estaba disponible en mi mente esperando a que yo la utilizara ¿qué sucedía o qué era lo que yo hacía después de una reunión que me generaba pensamientos distintos, de mayor lucidez?

Estuve toda la semana buscando respuestas. Cuando sólo faltaba un día para el segundo encuentro y me encontraba haciendo los últimos preparativos me crucé con este planteo: -¿Lo que yo quiero es entender qué es lo que sucede luego de un encuentro o quiero poder utilizarlo para aprovechar mejor el resto de este seminario? Entonces tuve una idea: ¿Y si me situara mentalmente en el final del próximo encuentro? Es decir, si ya hubiese terminado el segundo encuentro ¿qué estaría pensando? ¿Me lamentaría de no haber hecho algo diferente? ¿Qué es lo que sí me gustaría ver realizado?
Se me ocurrió que podía convertir la idea en un ejercicio. Así que, sentado en mi oficina, cerré los ojos y, haciendo de cuenta que el segundo encuentro había terminado, dije en voz alta: terminó el encuentro, ¿hay algo que me gustaría haber hecho diferente?
Esperé unos instantes y volví a repetir la misma frase. Gradualmente pude verme a mí mismo en ese futuro guardando los materiales del seminario y despidiendo a los participantes. A medida que iba entrando en la emoción del momento, las expectativas empezaron a llegar: Me gustaría que hubieran completado una ficha de evaluación parcial del encuentro; ó hubiese sido bueno pedirles las direcciones de mail y así poder enviarles algún material de lectura para la semana; también podría haberles propuesto…
Las mejoras llegaban a montones, tanto que tuve que abrir los ojos y anotarlas para poder acordármelas después, pero la que más me gustó fue: Podría haberles pedido que hicieran el mismo ejercicio que yo estoy haciendo ahora, pero aplicado a lo que ellos esperen llevarse del seminario.

Entusiasmado por compartir los resultados de mi experimento, me puse a preparar la ficha de evaluación y a implementar los otros cambios que se me habían ocurrido haciendo el ejercicio. El momento llegó. Los participantes entraban en el salón, saludaban y se iban sentando alrededor de la gran mesa alargada en la que trabajábamos. Cuando ya todos estábamos presentes, conté que había traído una herramienta para diseñar futuro que podía ser muy útil para planificar reuniones de negociación.
Al terminar un seminario- empecé a decir- ¿Hay algo que sintieron que les hubiera gustado que fuera diferente? Es decir –aclaré- algo que recién al finalizar se dieron cuenta de que hubiese sido muy positivo haberlo hecho.
Sonia, una ejecutiva atractiva que usaba anteojos pequeños y trabajaba como representante comercial de una empresa química, tomó la palabra y dijo: -Sí. A mí me ha pasado, en más de una ocasión, sentir que me hubiese gustado participar más. Hacer comentarios y preguntas en lugar de guardármelos creyendo que podían molestar.
-¡A eso me refería!
-dije entusiasmado. De la misma forma que en una mesa de negociación, todos están aquí para algo. Los quiero invitar a que cada uno se conecte con su “para qué vine” y que, a partir de eso que quieren lograr, se pregunten: si faltaran sólo diez minutos para que este seminario termine ¿Qué cosas me hubiese gustado hacer de otra manera? –y aclaré- Este ejercicio nos va a servir como práctica para prepararnos más efectivamente para una negociación.
-¿Es como mejorar algo que todavía no pasó?
–preguntó Ignacio, el más joven de todos, pero que ya estaba haciendo funcionar su propio emprendimiento.
-Sí. Se trata de transportarte al momento en que el seminario está ocurriendo o terminando y que te preguntes qué harías si tuvieras la oportunidad de vivirlo por segunda vez. ¿Hay algo que te gustaría hacer de una manera más enriquecedora o productiva que la habitual?


Antonio, un gerente de planta, que estaba haciendo carrera en una empresa fabricante de puertas y ventanas dijo- a mí nunca me gustó lamentarme de lo vivido, ni pensar en los tiempos verbales hubiera o hubiese, pero en este caso lo utilizaríamos para aclararnos de lo que queremos vivir en el futuro, ¿no?
-Exacto
–aprobé- pero no necesariamente tienen que lamentarse por lo que no pasó. También pueden hacer el ejercicio conectándose con lo que les gustaría que estuviera pasando en ese momento y pensando en los cambios que todavía están a tiempo de realizar.
-Ahora que sólo quedan unos minutos para que termine este taller
–empezó Antonio con voz de despedida- te cuento que a mí me hubiese gustado conocer a los demás participantes. Hizo una pausa y todos nos quedamos mirándolo. Podría, por ejemplo, –continuó- haber aprovechado los recreos para conversar y relacionarme con ustedes en lugar de matar el tiempo haciendo llamadas por teléfono o salir a fumar sólo. Sus palabras quedaron resonando en el salón. La actuación había sido tan sentida y verdadera que estábamos todos contagiados con la emoción de que ya era demasiado tarde para hacer algo porque, efectivamente, el curso acababa de terminar.
-¿Para qué te hubiese gustado relacionarte más con nosotros?
–pregunté yo buscando que fuera más específico y tomara conciencia de sus objetivos.
-¿Para conseguir novia? – disparó con picardía Marcela, encargada de recursos humanos de una compañía gastronómica.
-¿Por qué no? –dije, mientras Antonio, en vano, intentaba esquivar los chistes y explicar al resto del grupo que sus intenciones eran sólo profesionales.
-Más allá de la broma, –intervino Marcela- adhiero a lo que dijo Antonio. Y volviendo a colocarse en el futuro del seminario dramatizó: Así, en lugar de ser sólo estudiantes individuales, nos hubiésemos podido convertir en un grupo de aprendizaje con el que contar para compartir nuestros desafíos de negociación en el futuro.
Las dramatizaciones de Antonio y Marcela habían divertido al grupo. Entonces, Ignacio, sugirió: Podríamos pasarnos nuestras direcciones de mail y, de esa forma, ponernos en contacto mañana mismo. Comenzaron a pasarse mails y a intercambiar tarjetas y tuve que pedirles que lo dejaran para el corte así podíamos seguir enfocados en el ejercicio.

Era el turno de Oscar, Jefe de mantenimiento de una planta de lácteos, y nos hizo una confesión muy personal. Contó que en más de una ocasión, luego de un seminario, había llegado a su casa con la sensación de no haber rescatado nada nuevo. Y todo, por dedicarse a hablar más fuerte que el resto y discutir cualquier cosa que el entrenador compartiera. Enseguida se ofrecieron varios que le prometieron callarlo avisándole cariñosamente en cuanto consideraran que se estaba poniendo pesado con sus intervenciones. Oscar agradeció la ayuda y otros compartieron que el ejercicio les estaba permitiendo tomar conciencia de que al terminar ese tipo de actividades solían proponerse aprovechar la próxima de una manera diferente. Pero que al empezar un nuevo seminario, se olvidaban de lo que les había pasado en el anterior y a último momento descubrían que habían vuelto a repetir exactamente la misma experiencia de otras capacitaciones.

Y como, cada vez que uno de los participantes le contaba al resto de qué manera quería vivir su segunda oportunidad, inmediatamente los otros compañeros ofrecían alguna solución, se fue creando un sentimiento de equipo que no había aparecido en el primer encuentro. Con las expectativas futuras de cada uno en mente nos pusimos de acuerdo en el tipo de seminario que queríamos e implementamos todo tipo de estrategias para lograrlo.

Al empezar el tercer encuentro noté que el grupo había crecido aún más. Durante la semana se habían puesto de acuerdo por mail y decidieron pedirme si podía desarrollar los tres puntos que más les estaba costando implementar. Además, varios se habían reunido para preparar sus casos de negociación y, entre broma y broma, se habían auto-bautizado Los Notables.
Cuando finalmente llegó el cuarto encuentro, el entusiasmo era general. Marcela trajo jugo de naranja para todos; Antonio, unos chocolates para premiar a los que hubieran tenido éxito con su caso de negociación personal y Sonia llenó el centro de la mesa con sandwichitos de miga para celebrar que había obtenido un ascenso negociando con su jefe. El momento emotivo tuvo lugar cuando, con afectuosa ironía, le entregaron a Oscar el Oscar de Oro al Escuchador Revelación.

Cuando llegó la evaluación final uno por uno fueron contando cómo el seminario los había enriquecido y varios de ellos dijeron que nunca antes le habían sacado tanto provecho a un curso.
Hasta mi, a veces insoportable, lado más exigente estaba totalmente entusiasmado, e incluso sorprendido, con la velocidad de los resultados y sospeché que la satisfacción del grupo no solamente se basaba en lo productivo de las herramientas y ejercicios que habíamos realizado. Evaluar el seminario desde el futuro les había permitido tomar conciencia de qué era lo que querían practicar e incorporar en esas tres semanas restantes. Habían adecuando el curso a los intereses y las expectativas futuras que efectivamente tuvieron al finalizar: que, además de obtener nuevos conocimientos de negociación, disponibles también en el manual, podían convertir a ese grupo en un laboratorio donde ensayar ser los negociadores que sus desafíos les estaban exigiendo.
Una semana después del cierre, Los Notables, se pusieron de acuerdo y escribieron una carta a la institución pidiendo que abrieran el curso Negociación Efectiva nivel dos. Más adelante hicimos un tercer nivel y varios seminarios de liderazgo.

Tomarnos unos minutos para decidir cómo queríamos vivir el seminario en una segunda oportunidad nos mantuvo presentes en cada momento, nos permitió convertir un taller de doce horas en veintiún días de aprendizaje en equipo y, aunque nadie se puso de novio, fue el microclima donde nacieron otro tipo de proyectos y una amistad que, todavía hoy, continúa.

Tu Minuto de Coaching

Cuando te esté costando tomar la decisión de enfrentar algo o a alguien dedica un minuto a imaginar que ya lo hiciste o que ya dijiste todo eso que le querías decir a otra persona. Visualízate a ti mismo en ese momento. ¿Cómo estas? ¿Valió la pena hacerlo de esa manera?
Evalúa como te sientes después de realizarlo o decirlo y decide si hacerlo de esa manera te hace bien, si hace bien a tu entorno y si, en definitiva, te convierte en la persona que quieres ser o la destruye. Todavía tendrás una segunda oportunidad para elegir quien ser frente a lo que pasa.

*Éste artículo forma parte del libro Tu Minuto de Coaching de Guillermo Echevarría.

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Comentarios

2 respuestas a “La Segunda Oportunidad - Tu Minuto de Coaching - por Guillermo Echevarría”
  1. julio c valdez a dice:

    Muy interesante, Guillermo. Y esa frase de Ignacio: “Es como mejorar algo que todavía no pasó?”, es genial. Creo que lograste romper un condicionamiento raigal en quienes asisten a cursos y seminarios: usualmente llegan llenos de expectativas y posibilidades, sigue un proceso de dejarse llevar por el facilitador como si se entregaran a alguien “externo” y culmina con una sensación de que todo pudo ser diferente (retomando las expectativas iniciales). Sólo que tú les tendiste una emboscada (en el sentido travieso del término) y adelantaste el final de la película, colocando a cada cual ante sus propias expectativas y posibilidades. Y les diste no sólo la posibilidad de expresarse, sino de participar activamente en el curso del proceso formativo. Tendrè en cuenta esto en mi trabajo como educador. Gracias…

  2. Guillermo Echevarria dice:

    Gracias, Julio!
    La lectura que haces del artículo es excelente y lo potencia.
    Y sí, fué una emboscada al automático de los participantes.
    Y es que sus resultados también son los míos. Yo doy un seminario para brindar algo valioso. El automático de la vida intenta que los participantes se vayan igual que cuando llegaron y yo quiero que empiecen un camino nuevo, aunque tan sólo hayan cambiado (o afirmado) su dirección en unos pocos grados.
    Un abrazo,
    Guillermo Echevarría



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