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Clara Cortazár

Allá por 1986, entrevisté a Clara Cortazár de Goetmann

3ed17427f4320183c9faa34f49ca5163.jpgEl pasado 26 de junio se cumplió un año de la desaparición de la Académica en Letras Celina Sabor de Cortazár. Hispanista reconocida en el ámbito internacional, fue Profesora Titular de la Cátedra de Literatura Española del Siglo de Oro en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, y Profesora de Consulta en la misma facultad.
Nos acercamos a la casa de los Goetmann, donde nos recibe amablemente Clara, hija de la profesora y el folklorólogo Augusto Raúl Cortazár. Con ella mantuvimos el siguiente diálogo.
P: ¿Cuándo y dónde nació su señora madre?
C: Mamá nació aquí en Buenos Aires el 16 de agosto de 1913. Hija de españoles: mi abuelo gallego y mi abuela castellana. Me crió en un ámbito muy hispánico. Mi abuelo era uno de los dueños del Hotel “España”, en la Avenida de Mayo, que todavía se conserva. Mis abuelos no eran personas de estudio. Eran, como muchos inmigrantes, muy inteligentes, con muchos deseos de que sus hijos llegaran a un nivel cultural al que ellos mismos no pudieron acceder, y en la medida de lo posible, les dieron carreras universitarias a todas sus hijas. Esto hizo que mi madre y mis tías tuvieran esa educación, si bien no todas llegaron a recibirse. Por ejemplo, mi tía, Josefa Sabor, es una bibliotecóloga muy prestigiosa en la Argentina y en América Latina.
P: Las vivencias en el hogar despertaron en ella dos vocaciones paralelas: la música y las letras. ¿Cómo fue que se inclinó por las Letras?
C: Sí, así es, exactamente. Mamá era muy dotada para la música. Tocaba muy bien el piano. Recuerdo mi infancia, cuando ella tenía tiempo para dedicarme. Fue ella quien estuvo en el origen de mi vocación musical., porque gracias a mi madre, la casa estuvo llena de música desde que yo nací. Papá para nada se dedicó a la parte musical. Ella tocaba la gran música. Yo recuerdo que tocaba a Bach, Beethoven, Mozart… Son esas cosas que uno mama desde la cuna y son muy importantes para la carrera que va a elegir. Pero evidentemente, en la época en que mamá tenía quince o dieciséis años, dedicarse al piano era una cosa absurda; había que estar en niveles muy superiores, y en los niveles en que mamá se movía, lo normal era entrar a una facultad. Y así ella se volcó a las Letras. Pero hasta el final -ella estuvo enferma por un infarto, no se sabía que iba a pasar- me decía: “si yo vivo, ahora que voy a tener que llevar una vida descansada, voy a poder tocar el piano”. Una de las frustraciones de la vida de mamá fue no haber tenido más tiempo para dedicarse a la música.
P: ¿Cómo fue la relación de su madre con María Rosa Lida?
C: Muy breve, muy poco intensa, desde el punto de vista de los encuentros que tuvieron. Fue extemadamente intensa desde el punto de vista de la relación intelectual. Mamá la conoció a María Rosa Lida cuando era muy joven y trabajaba en el Instituto de Filología con Amado Alonso. En 1947 Amado Alonso fue declarado prescindible y evidentemente una personalidad semejante al poco tiempo tuvo muchas propuestas y eligió EE.UU., donde se radicó terminando su vida allí. Con él se fue todo el equipo que trabajaba, entre ellos, María Rosa Lida. Mamá había tenido muy poca ocasión de trabajar en la faz literaria. Ella se recibió, luego se casó, tuvo sus hijas, se dedicó a su hogar hasta que tuve seis o siete años, época que comenzó a trabajar afuera, como docente. Ella tuvo una relación epistolar muy escasa. El momento decisivo fue por el año 57, más o menos, cuando María Rosa Lida vino a Buenos Aires a dictar un seminario sobre literatura picaresca. Y mamá, que en ese entonces no trabajaba en la Facultad, pero que era profesora de Latín y de Castellano en la escuela secundaria, siguió ese seminario, y es ahí donde María Rosa fue fundamental en la carrera de mamá. Cuando María Rosa lleyó el trabajo que mamá presentó en el seminario, la llamó -me acuerdo porque para mamá era muy importante- y le dijo -”…Celina usted tiene que ponerse a escribir. No es posible que usted no se dedique a la literatura; sus condiciones para esto son absolutamente excepcionales, ya que usted tiene un ojo crítico extraordinario y una lucidez en el análisis de las obras….” No sólo le dijo esto sino que inclusive le pidió artículos para revistas norteamericanas, entre ellas International Interview.
Mamá, a los cuarenta y siete años, era una principiante en la carrera. Su profesión hasta ese momento era de profesora de secundario. Por la misma época, mamá se presentó a un concurso como Profesora de Trabajos Prácticos de la Cátedra de Literatura Española del Siglo de Oro. En ese momento, el titular era Fermín Estrella Gutiérrez y mamá fue jefa de Trabajos Prácticos de la Cátedra. Mamá falleció después de muchos años de trabajar en la Universidad ocupando un cargo que no era de ella, y por lo tanto el sueldo tampoco lo era; además era provisorio, ya que estos cargos se renovaban y cada 31 de marzo no se sabía que iba a pasar. Y de hecho, el último 31 de marzo pasó esto, cuando le dijeron “…Señora, no necesitamos más su trabajo. Nadie puede poner en duda sus méritos; todos sabemos que Ud. es una profesora excepcional, pero el cargo lo necesitamos para otro…”. Eso para mamá fue un golpazo terrible, que luego lo superó muy bien, ya que estaba preocupada preparando su discurso de recepción en la Academia de Letras, pero el Acto de recepción fue mucho tiempo después y de hecho no se hizo a causa de su fallecimiento. El Dr. Castagnino lo puso de manifiesto el día del entierro. Siguió trabajando intensamente, pero físicamente no aguantó. Tuvo dificultades -como lo que vulgarmente se conoce como culebrilla-, un herpes que produce un dolor muy intenso, y bueno…
P.: ¿Un trabajo muy importante, como la Edición Anotada de Don Quijote, le insumió mucho tiempo?
C : La primera edición fue publicada por EUDEBA en el 89. No puedo acordarme, y te voy a decir por qué: el comedor de casa era amplísimo, con una mesa muy grande, que estaba llena de fichas y estas fichas no se podían tocar. La investigación duró aproximadamente dos años. Ademas esta edición no la preparó sola, sino con Isaías Lerner, profesor que se encuentra en EE.UU. Lerner leía, mientras mamá seguía las correcciones de las pruebas. Me acuerdo todavía la voz de Lerner, que a toda velocidad y sin ninguna entonación iba desgranando el Quijote para no perder tiempo. Y eso insumió horas y horas, muchas correcciones. Ese trabajo, que se realizó en casa, estuvo precedido por dos o tres años y un seminario que sobre el Quijote dio el Dr Marcos Morinigo. Su seminario fue la base de la edición. Un trabajo descomunal. Han trabajado sobre el texto más completo. Mamá ha tenido mucha originalidad en su enfoque del estudio del Quijote, porque creo que es la primera vez que se aplicaron los esquemas del análisis estructuralista. Es decir que mamá aplica en este caso ese tipo de esquemas que, en general, marcha muy bien para las novelas modernas, pero no tan bien para obras más antiguas, y que a través de la aplicación de este método llegó a probar hasta que punto “El Quijote” es la primera novela moderna. Hace dos años, apareció una edición publicada por Editorial Abril, corregida y actualizada.
P.: ¿En qué fecha y cómo surgió la decisión de nombrarla Académica?
C.: Si me acuerdo bien, fue el 28 de junio de 1984. Fue un año exacto antes de la fecha de su entierro. Creo que fue la cuarta mujer que ocupó ese puesto; estuvieron Victoria Ocampo, Alicia Jurado y la Sra de Battini. Ahora no sé quien ocupa el lugar dejado por mi madre. Para mamá fue muy importante el nombramiento de la Academia. La Academia fue para ella un ambiente vistoso donde se le facilitaban las cosas: frecuentaba la biblioteca de la Academia, le pedían consejos sobre qué libros se podían adquirir con los pocos fondos de que se disponía. Varias veces ella tuvo intervenciones en las sesiones, como por ejemplo cuando se le preguntó que tipo de trabajos tenía entre manos y mamá hablo de un trabajo que tenía hace mucho en preparación sobre el concepto de la parodia en Cervantes y Lope de Vega. Trabajó mucho tiempo en este tema en la obra de Quevedo, para luego aplicar sus conocimientos al Quijote y llegar a la conclusión de que la obra de Cervantes es en sí una parodia, o no. Creo que es una obra que va a ser publicada en el Boletín de la Academia. Y parece un absurdo. Es que un intelectual se siente muy raro cuando su trabajo es importante, y ella en al Academia se encontró en un ambiente que se consideraba y la consideraban importante, cosa que no ocurrió nunca en la Facultad, ya que siempre tuvo que estar luchando a brazo partido contra una institución que no favorece el trabajo de uno, ni de sus profesores, ni de sus alumnos. Mamá encontró en la Academia un ambiente que la estimuló, es por algo que ella quiso que su bilbioteca fuera de la Academia.
P.: ¿Qué enseñanzas le ha dejado su madre?
C.: Mirá, en ese sentido, yo que creo que nosotras fuimos muy priviliegiadas -mi hermana Isabel y yo-, porque hemos tenido padres excepcionales. Mi padre, Augusto Cortazár, fue también académico en Historia. No sé realmente qué enseñanzas nos dejó mi madre; lo que si sé, es que fue un hogar excepcional. Y te digo que es raro que los hijos puedan decir eso, porque a veces las cosas se ven bien desde afuera y los hijos no lo pueden vivir así. Nosotras, no; tanto mi hermana como yo no podemos dejar de decir lo que es real: Habiendo seguido cada una de nosotras una línea de vida en muchos casos divergente de lo que ellos han hecho, no podemos dejar de adminitr que hemos heredado el tesoro de lo que fueron. Y no sólo han sido excepcionales cada uno, individualmente, sino también porque han formado un matrimonio como lo formaron. Nosotras hemos vivido una atmósfera de afecto intenso, entre ellos y hacia nosotras, porque ellos no escatimaron ningún esfuerzo, ningún sacrificio. Era una familia de apertura intensa hacia todo.
P. : ¿Te exigieron para estudiar?
C.: Ellos trabajaban tanto que el defecto mayor de la familia fue ése: el que mamá y papá tenían un ritmo de trabajo tan intenso, tan bestial que nosotras nos criamos creyendo que era eso lo normal, comprendés?. Además, no sólo el trabajo porque hay que hacerlo, sino la satisfacción de una cosa bien hecha, una atmósfera de alegría, porque papá y mamá trabajaban en lo que les gustaba.
P.: ¿Ustedes tienen hijos?
C.: No, nosotros no. Mi hermana tiene tres varones grandes. Mi hermana trabaja en la Universidad de Salta en la Cátedra de Morfosintaxis; trabaja con la Sra Pérez Sals y también en un equipo que investiga para el CONICET en Lengua y Literatura Regional. Mi hermana, dentro de este equipo, se especializa en todos los aspectos religiosos manifestados en la cultura tradicional, en las coplas, en la literatura, en los cuentos, en las leyendas…
P.: ¿Y Usted?
C.: Yo estudie musicología; deserté de la parte literaria. A mi me interesó la búsqueda de la música más antigua, sobre todo la música medieval y renacentista. Luego tuve muchos contactos en Europa.
P.: ¿Con su esposo ha realizado algún trabajo en conjunto o cada uno va por separado?
C.: Con Jacques hay una confluencia, ya que en la parte medieval a mí me interesa mucho la música litúrgica, el canto gregoriano, y como él está en la parte litúrgica y eclesial en este sentido nos complementamos. Pero también trabajo en otras cosas que no son especificamente música litúrgica, porque no puedo vivir de eso. He sido profesora en la Universidad de La Plata en la Cátedra de Historia de la Música Medieval.
P.: Muchísimas gracias por la atención que han tendo ustedes para conmigo y les deseo mucha suerte en sus proyectos.
C.: No hay por qué y gracias.

El Tiempo de Azul, 17 de agosto de 1986

Foto: 2008

Clara Cortazár

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