Beber de la fuente
“Saludo a Shiva, el primer Señor del Yoga que enseñó el
hathavidya a (su esposa) Parvati el cual, como una escalera,
conduce hacia el rajayoga.” (Hatha Yoga Pradipika)
Algunas palabras sobre tradición
Cuentan las tradiciones de India que en lo más alto de los Himalayas, en la cumbre del monte Kailasha, medita por la salvación de los hombres el señor de la misericordia Shiva, quien habita allí desde el comienzo de los tiempos con su consorte Parvati y allí vivirá hasta que el último de los mortales alcance la Liberación, porque ese fue su deseo.
Y porque ama profundamente a cada uno de sus hijos, él es quien instruye sobre los caminos que conducen al estado de profundo Conocimiento. Su primera y mejor discípula es Parvati, y a ella fue que reveló el sendero del Yoga.
Por esto, Shiva es considerado Padre de todos los Yoguis y a él se le ofrendan cada una de las prácticas que de Hatha Yoga se realizan. Y estas palabras intentar explicar el por qué el sabio Svatmarama, en su introducción del Hatha Yoga Pradipika, dedique el primer sloka o verso a honrar a Shiva. Por cierto, el Pradipika, que data del siglo XIV, es el tratado específico de Hatha Yoga, donde se explican asanas, se habla del pranayama y su importancia y se declara la función de esta práctica dentro del contexto del Raja Yoga.
En la práctica
Pero ustedes podrán cuestionarme (y con razón), que tanta palabra no es más que eso: aire lleno de sonidos. La práctica es otra cosa. Y si nos preguntamos por dónde habría que comenzar si nuestro interés es genuino, les diría que el punto fundamental y primero para practicar Yoga es saber respirar.
Como bien lo acotó Delia en mi entrada anterior, la respiración es el inicio para el logro de muchas cosas y, aunque creamos que sabemos hacerlo porque es algo que realizamos inconcientemente desde nuestro primer minuto de vida fuera del vientre materno, la realidad es que no sabemos aprovecharnos al máximo de sus bondades.
Partamos por comprender algo que la física moderna ha explicado abundantemente, que no es ficción o superstición: todo en el universo es energía. Nuestro cuerpo es energía en permanente cambio. Nuestra mente, un torbellino de energía que se moviliza de un objeto a otro de atención.
Esa energía se expresa, cambia, se concentra, se desplaza… se desperdicia. Perdemos cantidades impresionantes de energía en la realización de actividades no productivas para nuestro ser, disminuimos su calidad por una alimentación deficiente y una vida sedentaria, desmejoramos nuestra vida, enfermamos. Todo por no poder comprender que somos algo más que lo que nuestros ojos pueden ver. Que hay un cuerpo, sutil y no percibible por nuestros sentidos, constituido por energía. Y que ése es el que nos mantiene vivos, activos, el que nos impulsa y nos expresa.
El control y aprovechamiento eficiente de la energía se realiza a través de la respiración. Respirar bien no es sólo mejorar la oxigenación celular, lo cual ocurre, por cierto. Es aprender a gobernar ese cuerpo energético… con las extraordinarias consecuencias de poder dominar las actividades de la mente y optimizar las funciones corporales, equilibrando el metabolismo general, ganando salud.
Así es que, la idea es: aprendamos a respirar. Reconozcamos primero que nuestra respiración es extremadamente estrecha pues, cuando mucho, abarca la región costal, perdiéndose de esta manera un alto porcentaje de la capacidad pulmonar total. Las regiones abdominal y clavicular no se utilizan en una respiración promedio. También existen casos, en las personas con alguna patología como enfisema pulmonar, por ejemplo, o en el pasado por modas como el corsé, en que la respiración es exclusivamente clavicular. Ahora, si recordamos un poquito de anatomía, sabremos que los pulmones tienen forma de cono truncado, con la base hacia abajo y que, por lógica, la región que más cantidad de alveolos pulmonares tiene y que realiza una respiración más eficaz, es la inferior. Por ello es que los animalitos o los bebés, que no pueden o no han tenido tiempo para desaprender lo bueno, respiran abdominalmente en estado de reposo… y con todo el pulmón en caso de actividad física intensa, como correr o llorar.
Hecha la base teórica, vamos a ejercitar. ¿Cómo hacemos? Más que unas palabras que podrían ser interpretadas de manera incorrecta, veamos un video que encontré en la red, donde un simpático practicante de yoga nos enseña el cómo:
Sólo me resta decirles que la práctica de la respiración yóguica completa puede realizarse sentados en una silla, con la espalda recta y bien apoyada, o acostados en una superficie cómoda pero no blanda… ¡y no se duerman, por favor!
Presten atención al movimiento respiratorio, concéntrense sobre él… pero sé que podrán contarme otras cosas que ocurrieron espontáneamente como consecuencia de este ejercicio.
Promesas y regalos
Mi obsequio especial de esta serie de entregas que hoy empiezo es para mi tocayita acapulqueña Celestina y para Osvaldo. La promesa, que una vez por semana les traeré un ejercicio para incorporar a la vida cotidiana, fácil y efectivo.
Todo mi afecto para ustedes… hasta la próxima semana ¡Abrazos!
Cuando la mente descansa
“2- YOGA CHITTA VRITTI NIRODAH
Cuando cesa la agitación de la Mente (pensamientos, emociones y sensaciones fluctuantes) surge el estado real del YOGA.
3-TADA-DARSHTU-SWARUPE-VASHTANAM
Entonces ‘QUIEN VE’ queda establecido en su Naturaleza Original.”
(Yoga Sutras, Patanjali – Cap. I)
El camino del gurukula
El término “gurukula” al que hago referencia en el subtítulo, se refiere al método tradicional, antiguo y prevaleciente, de transmisión de las enseñanzas espirituales de un Maestro calificado a un discípulo con la predisposición adecuada para recibirlas. Se denomina Maestro calificado a aquél que posee experiencia de aquello sobre lo que instruye, siendo en el caso de los Maestros espirituales una condición necesaria la experiencia de conocimiento del Ser, el samadhi, nirvana, la comunión con lo divino.
Parece poco probable que si nos inscribimos en un curso de cualquier disciplina, llámese meditación, yoga, tai-chi, o la que nos complazca o interese más, vayamos a pedirle a nuestro instructor sus credenciales, para constatar si quien tenemos delante es alguien capacitado o no. En líneas generales, vamos a algún lugar sugerido por un amigo, conocido o pariente, quien puede recomendar las bondades de dicho instructor. Alégrense: parece ser que la Energía Divina siempre se pone en juego cuando nuestro interés es genuino y no corremos riesgos de ser llevados frente a un estafador. Eso sí, el interés debe ser verdaderamente genuino.
La fotografía que ilustra la entrada de hoy data de 1954 y fue tomada a orillas del río Ganges, siendo el Swami Sivananda quien se encuentra sentado y su discípulo Swami Vishnu-devananda, parado junto a él. Mi maestro de yoga, Gabriel Iglesias, fue discípulo de Swami Vishnu-devananda, en un internado de perfeccionamiento realizado en Uruguay en 1986. Así que, humildemente, puedo decirles que mi formación en Hatha-yoga proviene en línea directa de Maestros capacitados.
Pero… ¡caramba! He puesto un término que es el culpable de tanta confusión: Hatha-yoga. Éste es, sin lugar a dudas, el aspecto del yoga más conocido en occidente. Tanto, que se confunde en líneas generales a todo el Yoga con este aspecto, mínimo y puntual.
Para un practicante de cualquier otra línea de Yoga, resultaría casi insultante la confusión pues, tal como dijéramos en la entrada anterior, Yoga hace referencia a todas las disciplinas que tienen como objeto último reunir o volver a su origen el Ser individual con el Ser Universal. Fíjense que la introducción de los Yoga Sutras muestra desde ese preciso instante el objetivo del Yoga y su naturaleza.
Hatha-yoga se refiere específicamente a la disciplina que se ocupa del acondicionamiento físico, por decirlo de alguna manera, del aspirante a yogui. Da las pautas para la realización de las posturas (asanas) y mejora las facultades respiratorias (pranayama) con la finalidad de armonizar las energías del sol (ha) y la luna (tha) que circulan en el cuerpo humano, a través de la multitud de canales del cuerpo energético o pránico, llamados nadis. Esta circulación, una vez armonizada, elevará la energía por el canal ascendente denominado shushutma y que corre en igual sentido que la columna vertebral, para llevarla al asiento superior, donde se concentrará y purificará los centros que nos aproximan al estado meditativo.
Si bien es un método antiguo y sobradamente probado, la práctica física intensiva de las asanas no es el único, pues esto circunscribiría la realización sólo a las personas con un estado físico esplendoroso. De allí las confusiones que suelen presentarse. La palabra “asana” significa literalmente “postura”. Cualquier postura, por lo tanto, podría considerarse una asana. Pero esto sería pueril pues, reconocemos que las hay mejores y peores. En la práctica de Hatha-yoga, existe un espectro extremadamente amplio de variaciones para cada asana, considerando diversas limitaciones o estados físicos, al punto tal que puede establecerse una serie clásica (la Rishikesh, por ejemplo) adaptada para personas de la tercera edad o para embarazadas, e inclusive para niños… o para discapacitados motrices.
Lo importante en la práctica física es realizar la compresión, relajación y purificación de cada centro de la manera adecuada. No es tan importante la perfección en la postura del loto o llegar a ponerse cabeza abajo. Eso… son sólo fantasías.
La realización y la experiencia vienen de la mano de un solo factor: perseverante voluntad. El método es absolutamente variable e indistinto. Ahí está lo maravilloso del caso… que cualquiera, en la cultura que sea, por la disciplina que más acorde a su naturaleza practique, puede alcanzar la realización.
Los cuatro Yoga principales
Podemos hablar de que existen cuatro vías o sendas principales dentro del Yoga. Cualquier otra a la que nos refiramos será un tributario, un sendero alternativo, pero de un modo u otro, formará parte de alguno de estos cuatro Yoga principales, a saber: Karma Yoga, Bhakti Yoga, Gnana Yoga y Raja Yoga.
El Hatha-yoga, al cual nos hemos referido el día de hoy, forma parte de las diferentes expresiones constitutivas del Raja Yoga o Yoga Real, también denominado Ashtanga Yoga en directa referencia a los ocho aspectos a desarrollar por el yogui según Patanjali.
La práctica principal del Raja Yoga es la meditación. Toda otra disciplina que se practique es un aspecto preparatorio o complementario a la misma. El objetivo fundamental del Raja Yoga es el control definitivo de la mente para el logro de la Conciencia Universal y un ulterior maha-samadhi o absorción en el Absoluto.
Sin embargo, los Maestros coinciden en recalcar que cualquier aspirante a la Realización deberá andar por los caminos que le plantean los cuatro Yoga. La vida del discípulo conjugará espontáneamente el estudio y comprensión cabal de los textos sagrados (Gnana Yoga), la devoción a la Divinidad (Bhakti Yoga) y el servicio desinteresado (Karma Yoga), junto a la práctica cotidiana de la meditación.
Para los curiosos e insaciables
Por último, y antes de despedirme, les dejo a aquellos que siempre desean un poquito más, un link en español de los Centros de Yoga Sivananda:
http://www.sivananda.org/montevideo/om/
Y me despido hasta la semana próxima… ¡Abrazos!
Un yugo delicioso
“Resuelvan todos sus problemas a través de la meditación. En lugar de vanas especulaciones religiosas, busquen de hecho la comunión con Dios.
Limpien su mente de los escombros de los dogmas teológicos; dejen que penetren en ella las frescas y bienhechoras aguas de la percepción directa de la verdad. Pónganse en armonía con la activa Guía Interior; la divina voz posee la respuesta para cada uno de los dilemas de la vida. Aún cuando el ingenio del hombre para buscarse dificultades parece ser inagotable, el Auxiliador Infinito no es menos ingenioso.” (Lahiri Masaya)
De los muchos caminos para andar
A pesar de la difusión extrema que ha tenido en occidente en los últimos cien años la práctica del Yoga, no está de más detenernos un poco a reflexionar sobre esta maravillosa disciplina, cuyos orígenes se pierden en la sombra de los tiempos, en las civilizaciones primigenias del valle del Indo. No deseo exponer todo un tratado de antropología sobre el tema, ya que carezco de la formación académica al respecto, mas, humildemente, intento recordar que no ha sido posible establecer una fecha aproximada para datar los umbrales de estas prácticas.
Al parecer, mientras el hombre europeo se encontraba organizado en poblados de madera y paja, toda una civilización construía ciudades de piedra para habitar, y transitaba ya los caminos del recogimiento interior, oculta a los ojos de otros pueblos.
Con posterioridad, después de ocurridas las invasiones de las tribus arias, el conjunto de disciplinas antes mencionadas dieron en llamarse Yoga, término proveniente del sánscrito yug, es decir “unión, lazo, atadura”, de donde también proviene el conocido término yugo, utilizado para denominar el tiento con que se unce a los bueyes al tiro del carro… más todas las acepciones por extensión.
Es claro entonces, que la denominación Yoga hace hincapié en el objeto de la disciplina, el cual es nada menos que el enlazar o reunir el alma humana con su origen divino. Igual concepto que el término latino religión, el cual proviene de re-ligare, o volver a unir. Donde se nos clarifica cuál debería ser el objeto primordial de toda confesión religiosa, aunque a veces, tanto en oriente como en occidente, éste se diluya en un mar de ritos y observancias.
Yoga constituye uno de los seis sistemas tradicionales de la filosofía hindú, basados en los Vedas, conjuntamente con el Sankya, la Vedanta, la Mimansa, el Nyaya y el Vaisesika. El texto que alimenta a las distintas prácticas de Yoga se debe al rishi Patanjali y se denomina los Yoga Sutras. Cualquier practicante de alguna línea de Yoga debería considerar como su obligación indiscutible, estudiar el texto de los Yoga Sutras y recibir instrucción sobre ellos, pues son el fundamento que sostiene y da sentido a la práctica… si desconozco el para qué hago lo que hago… ¿por qué lo estoy haciendo?
Para aquellos que estén interesados, sugiero que investiguen los estudios realizados por Carl G. Jung sobre el Yoga como práctica y como movimiento filosófico, en la época en que el mismo comenzó a arribar a occidente de la mano de los primeros maestros.
Una bella muestra
A esa misma época, corresponden las palabras que transcribí al inicio y que son un fragmento de las enseñanzas del Lahiri Mahasaya a sus discípulos. He querido acompañar sus palabras con una fotografía del maestro, para que pudieran conocerle aquellos que no hubieran tenido esa experiencia con anterioridad.
Lahiri Mahasaya vivió en Benarés, India, entre 1828 y 1895. Impartía enseñanza de Kriya Yoga a todos aquellos que se le acercaran y que él, en su sabiduría, considerara aptos para recibirla, sin distinguir edad, sexo o religión a la que pertenecieran. Además de su amplitud de criterio, es importante destacar de él que era un padre de familia, con las ocupaciones y responsabilidades que ello conlleva, lo cual no fue obstáculo alguno para obtener su realización espiritual e instruir a miles de discípulos.
Cuando en la vorágine de nuestra vida cotidiana nos excusemos a nosotros mismos diciendo “yo no puedo hacerme tiempo para esto, tengo muchas responsabilidades” recordemos por un momento a algunos seres que, como bello muestrario de realizaciones, nos antecedieron en el mundo.
Una promesa a cumplir
Como sé que algunos amigos leen regularmente lo que escribo en este espacio, debo hacerles una promesa, la cual cumpliré estrictamente, con las bendiciones y la inspiración divina. En mis próximas entregas, exploraré el camino del Yoga, intentando hacer un análisis de algunas de sus vías, de acuerdo a la naturaleza del practicante. Pero no esperen erudición o extensas exposiciones plagadas de datos. Sólo un estudio obtenido por la lectura y la experiencia.
¡Abrazos a todos y hasta la próxima semana!
El medio invariable
“Cuando nuestro interior no es agitado por los sentimientos de placer, odio, dolor o gozo, entonces podemos decir que nuestra mente se halla en estado de Equilibrio. Y cuando estos sentimientos se manifiestan, pero sin sobrepasar su justa medida, podemos decir que reina la Armonía. El Equilibrio es la gran raíz de la cual nacen todas las acciones del ser humano en este mundo. Y la Armonía es el Sendero Universal que todas ellas deberían seguir.” (Chung Yung – Kung Fu Tse)
Un regalo para un amigo
El fragmento anterior, extraído del Chung Yung o “Medio Invariable” es mi obsequio especial para José. Y en él quiero obsequiar a todos aquellos que al leer lo que les expreso en este blog, quedan con igual confusa aflicción.
Dicen los biógrafos de Confucio y Buda, por ejemplo, que los grandes Maestros eran de carácter alegre y benevolente, que se complacían mucho en el arte, sobre todo la música, instando a sus discípulos a componer, cantar y bailar; también coinciden en manifestar que eran propensos a disfrutar con agrado de la buena mesa, sin rechazar alguna exquisitez preparada en su honor, aunque en su vida cotidiana fueran sencillos para alimentarse. Al parecer, gozaban y reían como cualquiera… no aparenta esto ser acorde a los sentimientos de vacío que despierta en el alma de José la idea de la realización espiritual.
A pesar de que hace muchos años ya que el occidente disfruta de la posibilidad del acceso a las disciplinas y filosofías de oriente, la incomprensión material de muchas posturas existenciales taoístas, budistas, hindúes, sigue existiendo. Es que como se ha dicho, “el hombre no es sólo el hombre, sino él y sus circunstancias”. El haber sido educados en esta sociedad y bajo el manto de una filosofía determinada, nos condiciona a limitar nuestro entendimiento.
Se ha dado insistentemente en nuestra cultura la idea de que “nirvana” es sinónimo de vacío. Pero, yo me pregunto… ¿si hay un vacío, no debería existir un lleno? Y si es así, ¿no estamos TODAVIA en el plano de la dualidad y, por lo tanto, no hemos alcanzado todavía el Absoluto?
Nirvana es imposible de definir. En oriente, se ha buscado darle una aproximación a la idea a través de la definición por negación: no es esto, ni esto otro, ni aquello, ni lo de más allá… pero sólo se comprende lo que es a través de la experiencia directa.
Por otro lado, el concepto de imperturbabilidad y frialdad que nos han querido imponer como resultado de la realización de los estados de Conciencia superiores, no es más que la resultante de la imposibilidad, cuando no incapacidad, para traducir expresiones chinas o sánscritas a los idiomas coloquiales occidentales.
Tomemos por ejemplo el axioma taoísta “Wu wei”. Ha sido traducido insistentemente como “inacción”, limitando así sus alcances a un absurdo “dejar de actuar, no hacer”, cuando en realidad implica un ejercicio de discernimiento y voluntad en la acción extremadamente difícil de lograr. Wu wei es la acción correcta, justa, aplicada con mesura y reflexión. Es actuar sin apego a los resultados de la acción (el Yoga de la Acción del Bhagavad Gita), conciente de ellos, responsablemente a cargo de lo que hago, con la particularidad de hacerlo sin quebrar el flujo de las acciones, sin ejercer violencia interior ni exterior. Por esto es que se compara a la acción del Wu wei con el fluir del agua o el movimiento del viento: envolvente, siguiendo el curso que los objetos plantean, pero llegando invariablemente a su destino.
Así es que, el gozo de la Armonía no es ausencia de nada, sino la expresión más perfecta de todo: sentimientos, pensamientos, sin ninguna dicotomía ni fricción… la paz interior a la que suelo referirme.
El Equilibrio no nos impide estar en el mundo, sino que nos enseña a estar en él disfrutando en plena Conciencia de todas sus manifestaciones. Un atardecer no es sólo el sol que se oculta tras el mar o las montañas. Es una vibración de partículas que impulsan a la Creación a la introspección y la sintonizan con el Amor, donde soy parte… y mi corazón se expande en un deleite que no tiene medidas ni explicación. Soy Uno con lo que me rodea y el Universo está en mí.
Si algo tan simple, tan cotidiano como un espectáculo natural puede verse así de diferente, ¡cuánto más las relaciones humanas! Ya mis hijos no son mis hijos, son expresiones infinitas y maravillosas del Ser, y me siento honrada de haber podido ayudarles a estar en este plano. Ya mi pareja no es alguien de quien espero nada, sino una Luz extraordinaria que ilumina mis pasos, a través de quien la Conciencia me habla.
Mis amigos, son Hermanos del Camino… ¿nos damos cuenta cuánto puede cambiar nuestra perspectiva?
Y otro regalo para otro amigo
Para el querido Joise, un fragmento del “Savitri” del poeta, escritor y Maestro Espiritual indio Sri Aurobindo, de quien le pido lea su “Vida Divina”. Sé que gozará con las páginas de ese bello tratado de filosofía.
“Gramática del Alma
Un sol más brillante y más divino debe pronto iluminar
Esta habitación crepuscular con su oscura escalera interior,
El alma niña en su minúsculo jardín de infancia
Entre objetos diseñados para una lección apenas aprendida
Dejar atrás su primera gramática del intelecto
Y su imitación del arte de la Naturaleza de la Tierra,
Cambiar su dialecto terrenal por el lenguaje de Dios,
Estudiar la Realidad en símbolos vivientes
Y aprender la lógica del Infinito.
El Ideal debe ser la verdad común de la Naturaleza,
El cuerpo iluminado por el Dios que habita en el interior,
El corazón y la mente sentirse uno con todo cuanto es,
Un alma consciente vivir en un mundo consciente.”
Para todos, mi apretado abrazo en el corazón. Hasta la próxima semana.
Vuelo bajo el sol
“Existe, oh monjes, ese plano en el que ni hay extensión, ni… movimiento, ni el plano del éter infinito, ni aquel de ni percepción ni no percepción, ni este mundo ni otro, ni la luna ni el sol. Aquí, oh monjes, os digo que no existe ni el ir ni el venir ni el permanecer, ni la decrepitud ni el fortalecimiento, porque este es el plano llamado nirvana, sin apoyo, sin continuidad, sin objetos mentales: este es el fin del sufrimiento.” Buddha
De actos y pensamientos
Cuando leo de los esfuerzos, pruebas y ensayos que realizan en el sendero de conocerse y encontrar gozo y silencio interior, mi corazón se expande hacia el infinito, levanta vuelo y planea en las corrientes cálidas del éter, como un ave que disfruta una mañana de verano.
Cada palabra que dicen es remembranza de un desvelo de mi propio ser: el de ayer, el de hace un año o diez… tal vez el de mañana. Me reconozco en cada uno de esos actos, en el empeño y el deseo de unir el disfrute de la vida cotidiana con la vida interior, en los errores, en las pequeñas luchas diarias.
La necesidad de que actos y pensamientos marchen de manera conjunta, habla de una obligación de coherencia entre todos los aspectos de nuestro ser. Por más que concibamos a este ego finito como una impermanencia sin entidad real, en los hechos “somos” el conjunto de los skandas, agregados o aspectos con los que nos manifestamos y con los que intentamos encontrar el sendero cierto. Por lo tanto, cuando éstos se desenvuelven en armonía, direccionados por la voluntad, nuestro interior más profundo se regocija en la certeza de que nos estamos aproximando a la vía correcta.
Me relataban ustedes sus anécdotas y prácticas, tendientes todas al desarrollo de la percepción conciente y el acallamiento del movimiento mental… pero hemos de reconocer que, si bien es el aspecto medular del “trabajo” a realizar (que de algún modo hemos de llamarlo)… no es el único.
Somos en relación no sólo a nosotros mismos, sino también en relación a otros. Nuestros vínculos, acciones y la miríada de pequeños actos cotidianos, pertenecen también al plano de nuestros “ejercicios” para Ser.
Los movimientos de la conciencia de cada uno de nosotros son, entonces, hacia el exterior y hacia el interior. En tanto la conciencia se pliega hacia el interior buceando en las profundidades del individuo, analizando lo que se Es y lo que no, acallando la mente, desbrozando, se está realizando el “trabajo interior”. Éste debe ser acorde y encontrarse en avenencia con el “trabajo exterior”… que no corresponde ni más ni menos que a un conjunto de decisiones sobre lo que debemos y no debemos hacer.
Vibrando con el Cosmos
Es importante clarificar el concepto de “deber”… pues que nos suena demasiado a imposición, límite externo, autoridad… y en esto todos somos niños rebeldes que no deseamos se nos adiestre en nada sino que nos complacemos en hacer nuestra voluntad.
Deber es aquello que no violenta la Armonía Universal, lo que fluye con la misma frecuencia vibratoria que todo el Cosmos manifestado. Ante esta definición, creo que es bastante sencillo percibir lo que se debe y lo que no. En gran parte de las enseñanzas de los Maestros espirituales, se dedica mucho esfuerzo y altos contenidos de imaginación, para hacer atractivo y comprensible a los oídos y el intelecto humano una cosa tan simple como ésta. Aún así, nos resistimos y complacemos en encontrar la pajilla que nos diferencia, supuestamente, de aquél otro, en lugar de regocijarnos en la maravillosa coincidencia.
Nadie que desee con fervor en su corazón encontrarse a sí mismo, puede obrar y desenvolverse en su vida cotidiana sin realizar elecciones que apunten al mismo centro que su “trabajo interior”. Y aquí debo ponerme dura cuando afirmo que cualquier adhesión a una situación que atente contra nuestra voluntad de crecer, no es más que una justificación de nuestra mente… empeñada en “boicoteárnosla”, aferrada al falso concepto del yo, desesperada por mantener el control.
Ciertas normas de comportamiento, cierta manera de vivir, qué alimentos elegir, cómo ganar mi sustento, qué digo, cómo lo digo, que pienso, cómo corrijo mi pensamiento equivocado, cómo me ejercito… van constituyendo todo un complejo entramado que nos lleva paulatinamente a la Puerta.
Una especie de posdata
Por cierto que no puedo dejar de obsequiarle a José con el nombre de la imagen que acompañó mi escrito de la semana pasada. Es una pintura de Kwan Yin, una de las manifestaciones del boddhisatva de la compasión, perteneciente a la tradición china. No está tan alejado tampoco cuando dice que tengo un vínculo con ella, no porque me parezca, sino por mi formación. Gracias por obsequiarme la referencia con Hokusai, ¿sabías que en el arte oriental el océano representa a la mente?
¡Abrazos!… y hasta la próxima semana.
El extremo del ovillo de hilo
“No hasta que tus pensamientos cesen sus ramificaciones aquí o allá, no hasta que abandones tus pensamientos de la búsqueda de algo, no hasta que tu mente esté inmóvil como la madera o la piedra, estarás en el buen camino a la Puerta. (Huang Po)”
Darse cuenta
Estoy parada frente al mar. Percibo la textura de la arena en la planta de mis pies y, cada tanto, la caricia fresca y espumosa de las olas que alcanzan a rozar mis dedos con un arrullo, un recuerdo de otros sonidos, la cascada de las semillas que caen, una tela que se arruga, el arrastre de unos pasos… Una brisa suave, apenas existente, acompasa el movimiento del agua: espera, sopla, espera, sopla… y todo mi ser se armoniza en ese ritmo: mi corazón late con cada movimiento y descansa en la pausa.
Soy toda presencia. La mente discurre algo, pero no la escucho. Me he quedado absorta en la comprensión de que la raíz misma de mi incapacidad de ver, de disfrutar de la vida, de comprender, de que el mundo sea distinto, se encuentra en mí. La “loca de la casa”, como la llamaba Santa Teresa, es quien lleva la batuta y, generalmente, me arrastra detrás. Veo, escucho, huelo, siento, percibo y el mundo penetra en mí para su uso y concierto. Entonces, deseo, me enojo, califico, discurro y me dejo arrastrar en su parloteo incesante.
Todos mis sentimientos, entonces, se trasforman en consecuencias irreflexivas del “bombardeo” exterior y la avalancha de elucubraciones sin orden ni sentido, desatadas por analogía, contigüidad, semejanza, y reforzadas por temores, anteriores deseos y toda la mar de fondo del subconsciente.
¿Cómo puedo entonces creer que realmente “vivo”? Vida es conciencia, comprensión de las dimensiones reales del universo que se manifiesta ante mí y dentro de mí. Todo lo demás… es el transcurrir, el devenir, el movimiento. Y porque nuestra mente desea asir lo que ve, para poder ejercer control sobre ello, para “poseerlo”… es quien nos genera sufrimiento. Dejarla hacer su ruido como quien escucha la cháchara de una bandada de pajarillos en la mañana, ésa es la punta del ovillo para desenredar el camino del silencio interior y el comienzo de una nueva y verdadera forma de gozar de cada instante de la existencia.
Y el principal motivo por el cual debemos dejarla discurrir sin atender a sus reclamos es porque ella misma es impermanente y constantemente mudable: hoy desea esto, mañana aquello, presa de una constante insatisfacción por su propia naturaleza. No quiere decir esto que debemos establecernos en una apatía o indiferencia, sino en absoluto opuesto, debemos hacerlo en el entendimiento de la esencia de nuestra propia mente, aceptándola y estableciéndole límites, encauzándola como lo haríamos con un niño pequeño que necesita de nuestra guía para crecer y madurar.
El camino hacia el centro
Esta percepción equivocada de la realidad, es la fuente del sufrimiento en el que históricamente nos hemos enlodado desde que el hombre se irguió entre los otros seres vivos y miró hacia las estrellas y hacia sí mismo.
¿Hay un modo de lograr la paz y el silencio interior? Si, rotundamente. Hay muchos.Dicen los grandes Maestros que hay tantos como seres manifestados en el Universo. Pero si no hemos podido aún encontrar el propio, podemos buscar con humildad en los que otros han experimentado con éxito, mientras vamos conociéndonos más.
Es mi intención modesta y respetuosa de quienes han andado por este camino más trecho, la de platicar y explorar diferentes expresiones y senderos, intercambiando aprendizajes y enriqueciéndonos mutuamente. ¿Desean proponerme alguno para desarrollar? ¿Quieren contarme algún descubrimiento o logro obtenido? Soy toda oídos…
Les regalo ahora un fragmento del Tao Te Ching, de Lao Tzu:
VIII
El mejor de los hombres es semejante al agua,
la cual beneficia a todas las cosas, sin ser contenida por ninguna;
fluye por lugares que otros desdeñan,
donde se acerca más deprisa al Tao.
Así, el sabio:
donde mora, se acerca más deprisa a la tierra,
en el gobierno, se acerca más deprisa al orden,
hablando, se acerca más rápido a la verdad,
haciendo tratos, se acerca más deprisa a los hombres,
actuando, se acerca más deprisa a la oportunidad,
en el trabajo, se acerca más deprisa a lo competente,
en los sentimientos, se acerca más deprisa al corazón;
no lucha, y así permanece libre de error.
Hasta la semana entrante, con todo mi afecto. ¡Abrazos!
Una red de rubíes
Según siembren, así será la cosecha
Las palabras de Jesús, escuchadas por la cultura cristiana durante dos mil años, más o menos, parecen no haber calado demasiado hondo en el intelecto del individuo medio de la sociedad occidental.
La necesidad de hacernos responsables de nuestras acciones nos remite, no sólo a un saludable ejercicio de maduración sicológica, sino a una comprensión metafísica de la cotidianeidad. Cada palabra que expreso, cada acto que llevo a cabo, contienen en sí mismos toda una miríada de posibles consecuencias que establecen un entramado complejo, multidimensional e infinito, donde quedamos atrapados como la mosca en la telaraña.
¿Recuerdan la película “El efecto mariposa”(The Butterfly Efect -2004)? Si no la han visto, la recomiendo de todo corazón. Porque de algo así es de lo que estoy hablando.
A pesar del claro dictamen de compromiso que encierran las palabras de Jesucristo, una alegre amnesia parece cubrir nuestro entorno social, donde la forma se coloca por encima del fondo, y algunas esporádicas prácticas rituales hacen el efecto compensatorio para una vida ausente de conciencia.
Voy a intentar explicarme mejor. Por un momento, hagamos uso de nuestra mente racional y lógica, y tomemos el concepto fundamental y universal de la física que dice que ninguna forma de energía se crea o se destruye, sino que solamente se transforma. La misma actividad de pensar que ahora estamos desarrollando, es una actividad que produce formas de energía perfectamente medibles en perfiles y longitudes de onda, por lo tanto, cualquier pensamiento o razonamiento comporta una energía que, dirigida hacia otro ser o conjunto de seres, provoca en ellos una reacción análoga, expresada de diversas maneras, concientes o inconcientes. Los actos, por lógica, también provocan respuestas claramente percibibles por nuestros sentidos, todos ellos, manifestaciones energéticas de diferente índole.
Este entramado sutil y no visible por medios convencionales, constituye una red que nos vincula a todos los seres entre sí, vivos y no vivos, y conlleva a una cadena de causalidad que nos empuja a experiencias consecuentes de anteriores manifestaciones.
Por consiguiente, hacerme responsable de mis actos, pensamientos y sentimientos, no es más ni menos que hacerme dueño de mi vida, aceptando las elecciones hechas en el pasado (remoto o cercano) que determinan la realidad de mi presente, y sopesando con conciencia mi hoy, experimentándolo sin la proyección de una transacción económica “tanto hago, tanto obtendré”… suposición simplista que me hace ganador de un cielo o un infierno, o de una encarnación mejor.
El gozo en la impermanencia
Supongamos por un instante que estamos de acuerdo en lo postulado anteriormente y que, por consiguiente, hemos aceptado que todos los seres nos encontramos vinculados íntimamente y que nuestras acciones han de ser responsables por las consecuencias que generan a nuestro “yo” y al Universo con el que nos relacionamos.
Bajo esta concepción, el límite subyacente entre el “yo” y el “tú” es una inexistencia, por una parte, y por otra, si todos los actos, pensamientos y sentimientos son manifestaciones energéticas, cuánto más lo será nuestro cuerpo material, que día a día se degrada y transforma, y aún más lo hará después de la muerte.
¿Qué es, entonces, este Universo en el que me encuentro más que una gran danza de energía? ¿Hay algo que pueda llamar permanente en él? Bueno, si… la Conciencia, el Ser, aquello que nos gusta llamar como Lo Existente, Amor, Luz.
La comprensión de que la vida es un fluir maravilloso del que somos parte, el saber que a pesar de que nada es permanente de aquello percibible por los sentidos, hay un Algo que subyace en todo que lo hace posible y existente… todo eso despierta en nosotros un nuevo deseo, más elevado, pero deseo al fin: el de Conocer el Origen, la Fuente.
En un momento histórico lleno de dolores, sinrazones y confusión, cuánto mejor sería el mundo si viviéramos día a día en el discernimiento de esta verdad… ¿no lo creen? Tolerancia amorosa, humildad y misericordia, deberían ser los dones que tendríamos que pedir.
Les regalo, por último, un breve verso del Dhammapada:
“Todos los seres tiemblan ante el peligro, todos temen la muerte. Cuando un hombre considera esto, no mata ni hace matar. Todos los seres sienten miedo ante el peligro, la vida es preciosa para todos. Cuando un hombre considera esto, no mata ni hace matar.”
Hasta la semana próxima… ¡abrazos!
Destellos de Realidad
En el juego de la vida
Como suele ocurrir muchas veces, nos entretenemos jugando a los juegos que nos propone la vida… y nos distraemos y olvidamos de las cosas verdaderamente importantes. O tal vez no nos olvidamos, pero se transforman en una molesta sensación tras nuestras orejas, que nos taladra insistentemente su demanda de atención.
¿Recuerdan el texto de Chopra del último post? Esa necesidad de develarse necesita expresión… o al menos, discusión e intercambio.
Dice nuestro amigo José en su participación: “Te insisto en que sólo te desnudarás de todas las máscaras adoptadas y perfeccionadas a través de tus años, cuando tengas que enfrentar la muerte, cuando nuevamente estarás absolutamente sola, aun cuando te rodeen decenas de personas, queridas o no. En ese momento, por fin, tu ser consciente y el inconsciente se fundirán y quizás podrás saber si cumpliste tu destino.”
Es absolutamente indiscutible lo que nos plantea… pero no voy a ser yo quien le responda. Voy a tomarme el atrevimiento de copiar a nuestro amigo Celestino en su última intervención en el blog de Mora, para de esa manera contestar a qué me refiero cuando hablo de “vivir esa entidad concientemente”. Escuchen lo que dice (porque creo que puedo escuchar su voz cuando se expresa):
“Pienso que…
…Ser un Ser Inteligente…
…es ser un Infinito atrapado en algo sumamente pequeño y frágil, que lo contiene,
…o por lo menos, durante un tiempo trata infructuosamente de contenerlo.
…es como queriendo tratar de contener una Tormenta en una pompa de Jabón.”
“Luego empiezas a soñar y te conectas,
…revisas, analizas e interpretas,
refuerzas tus teorías de las múltiples esencias,
y llegas a pensar… y quieres traspasar, a otras dimensiones,
tu Yo interior se multiplica y percibes su grandeza,
es un Universo que es mas grande por dentro que por fuera.
…ha llegado el momento de expandirse?…
el espíritu se inquieta y quiere proyectarse,
…y trascender…
…y descubrimos que una parte de nosotros,
a través de no sé que extraño fenómeno de capilaridad…
posee la extraña propiedad de lograr traspasar
los límites brillantes…iridiscentes y frágiles
de la burbuja sin herirla ni dañarla.
Y Milagrosamente Conecta…con las Estrellas…
…Contacta con otros seres,
que sufren y padecen los mismos menesteres…
Si…si es posible pasar del Universo Interior al Exterior…
…y viceversa.
Y aprende a salirse,
Y empieza a retozar…
Y regresa…y luego te despiertas…
…entonces revisas tus manos…
…y descubres en ellas,
para tu asombro, polvo de estrellas…
…es un polvo radiante, que todo lo inunda…
…que todo lo baña y todo lo cambia.
…podría ser algo muy parecido a un isótopo radioactivo.
Y todo empieza a cambiar, la luz es impresionante…
…los colores, como mas brillantes…
…la belleza de las cosas, aflora con presteza…
No hay penas, ni lamentos…
…todo es otra cosa!!!
Todo es viejo conocido, pero con una cara nueva…
…y hasta el viejo poema,
te dice cosas nuevas.”
¡Gracias Celestino por tanta poesía para sugerir tu interioridad! Y remítanse al texto completo, que es maravilloso, para poder disfrutar de la experiencia de nuestro amigo.
Es en la vida donde experimentamos esos instantes de comprensión absoluta. Es en el juego cotidiano donde aprendemos a ver la presencia que intuimos.
Los caminos del arte y los atajos desafortunados
Cuando el individuo percibe estas cuestiones de la Realidad subyacente en el universo circundante, comienza una búsqueda que ya no puede detenerse. A lo largo de la historia, infinidad de seres han intentado manifestar sus pequeños o grandes descubrimientos sobre sí mismos y los otros seres de la manifestación, a través de la palabra, las artes plásticas, la música, la danza. El arte es un camino privilegiado y no han sido pocos los artistas que han mostrado un costado profundamente espiritual y místico.
¿Pero qué es el misticismo? A pesar de que la mente racional a buscado deteriorar el sentido de la palabra, con un éxito relativo, peyorativizándola y haciéndola sinónimo de sueño utópico, delirio y otras acepciones más o menos pseudo-científicas, desde su misma etimología (gr. mystikos arcano, misterio) nos remite a aquello que se encuentra dentro de la profundidad de nuestra alma.
Me han visto citar más de una vez a Kabir, el gran poeta indio, conocido no sólo por su poesía, sino por su absoluta realización espiritual, manifestada en sus palabras y en su vida. Ha habido muchos poetas dentro de la tradición cristiana, sobre todo en la lengua hispana…pero, ¿conocen a algunos de otras culturas, como por ejemplo, el gran William Blake?
El maravilloso escritor, grabador y artista inglés dio, no sólo en su obra en vida, sino en las consecuencias de la misma, una gran cadena de arte como expresión de la búsqueda del ser humano… aunque algunos caminos de búsqueda se convirtieran en atajos desafortunados.
Una magnífica y certera expresión de Blake, que dice: “Si las puertas de la percepción fueran abiertas el hombre percibiría todas las cosas tal como son, infinitas”, dio título a una de las obras de Aldous Huxley (Las puertas de la percepción), que junto a “Moksha” (que toma la expresión del hinduismo para el estado de liberación del Ser) y a “Cielo e Infierno” (que parafrasea nuevamente a Blake), y constituyen la médula de los escritos en los que el intelectual y autor recopila sus experiencias con drogas en la exploración de la Conciencia y la realización del Ser.
Más allá de las justificaciones abundantes que muchos podrían citar respecto de que en muchas culturas (la chamánica, por ejemplo, y nos vamos a Castaneda) se consumen drogas como disparador a las experiencias místicas y espirituales, me interesa destacar que ninguna es necesaria cuando nuestro Ser entra en armonía con el Universo. He pasado gran parte de mi vida, desde muy pequeña, advirtiendo esos… destellos de Realidad.
Ha habido grandes artistas que los han vivido… ¿quieren regalarme anécdotas que conozcan al respecto? Como por ejemplo, que Jim Morrison llamó “The Doors” a la formación musical que lo tuvo como líder debido al libro de Huxley y que era un brillante joven que escribía poemas excelentes. No recordemos sólo de él que tomó uno de esos atajos desafortunados, ya que había tenido experiencia de “destellos”.
¡Abrazos a todos!
Caminando por el borde del abismo
Tras los vínculos
Es interesante ver cómo se construyen a lo largo de una vida un sinnúmero de justificaciones sobre lo que somos o hemos dejado de ser, sobre lo que hacemos o no, sobre lo que creemos o ignoramos.
Todas estas cosas sobre las que establecemos el soporte estructural de nuestra existencia no son más que elecciones sucesivas en las que definimos por un “si” o un “no” un algo, que pasará a convertirse en una convicción sobre la que sostendremos el peso de nuestras decisiones posteriores. Así, sin compenetración conciente en el momento de definir aquello por lo que optamos, trascurrimos el tiempo de nuestra vida “enmascarados” y olvidados de quién somos y hacia dónde nos dirigimos.
Bajo este concepto, las relaciones que establecemos no están exentas de la contaminación de nuestros prejuicios, entendiendo los mismos como un modo de valuación anticipada de lo que el otro es o representará para mi, de lo que nuestro intercambio puede aportarme en vías de mi desarrollo… y eso, en tanto y en cuanto yo sea perceptivo de que todo vínculo me modifica.
Ahora bien, puedo preguntarme: ¿si la identidad propia es una ficción de la que me compenetro y las identidades ajenas están teñidas de mis ideas preconcebidas sobre el mundo y los seres… como puedo calificar a mi universo como auténtico? ¿No es acaso un sueño, una quimera, una irrealidad? ¿Qué es lo verdaderamente real?
Sé que hay algo que es real y que desconozco. Eso lo dice mi intuición. Mi percepción absoluta, íntegra y total de esta manifestación que me rodea. Puedo comprender, sin la interrupción del intelecto del que se condolía Hölderlin, el orden que posibilita el devenir del cosmos. En algún punto, descifro que participo de él aunque no pueda explicar cómo, y que todo el universo respira de manera consonante. Incluyendo a los otros seres que palpitan a mi lado.
¿No es entonces más que deseable, imperativo, el conocer mi propio yo para poder reconocerme en mi relación con el otro?
La comprensión de mi propia finitud, la convicción de tener que enfrentarnos solos a los arcanos de nacer y morir, no son más que el conocimiento intuitivo de que la manifestación contiene una realidad inmanente que también trasciende lo materialmente percibible.
Soy un “alguien” tras de mi. Ese es quien verdaderamente soy. Desnudo de mis propias imágenes y sin más que mi luminoso temor de lo acontecerá sin mediar mi voluntad.
¿Y si hubiera otro modo de experimentarlo? ¿Si pudiéramos marchar desde y hacia lo auténtico sin que fuera traumático? ¿Si fuera posible vivir esa entidad concientemente?
Dar el salto
Comprender, aceptar y decidir que se es algo más que lo que creemos intelectualmente es el paso decisivo para comenzar a avanzar en el camino de re-conocerse y de re-conocer a los seres con quienes nos vinculamos.
Vivir la realidad de lo que se es, esa es la propuesta de cada día.
El poeta que cité en mi entrada anterior es, como bien acotara Osvaldo, el gran Kabir. Hoy les obsequio con un fragmento de un libro llamado “Hijas de la alegría” de Deepak Chopra, a cuento de lo que hablaba en mis párrafos anteriores:
“…La incógnita susurra ‘Estoy aquí. ¿Me ves?’ Quizás estás paseando y un pájaro se posa sobre una valla. El sol acaricia sus plumas de una forma especial y quizás sus brillantes ojillos se fijan en ti. En ese instante contienes la respiración. Algo está diciendo: ‘¿Acaso no soy perfecto? ¿Podría existir un momento mejor?’ Ésa es la X. Ése es el misterio. En momentos de belleza, silencio y quietud, tu alma te da una pista. Quiere que cojas el hilo que te conectará con la fuente.
…Esos vislumbres del alma son tan maravillosos que quieres más. Y aunque pienses que has olvidado su sabor, no es así. Hay una parte de tu mente que siempre busca más. T u yo interno, que es tu conexión sutil, está siempre atento aunque tu yo externo esté tan atareado como de costumbre. El deseo es la cosa más poderosa que existe. Quiere lo que quiere. A lo mejor durante un tiempo vas de aquí para allá queriendo una cosa u otra, pero por muy buenas que sean esas cosas, al final te aburres. Tu yo interno tiene que descubrir algo. Tiene que dejar de buscar la felicidad en las cosas y encontrar la esencia de la felicidad.
… Esta esencia es el néctar de la vida. Tu alma quiere que pruebes más, y tú sabes que quieres más. De modo que el proceso es como un gemelo de sí mismo. El amor te busca, porque la esencia siempre fluye con el flujo de la vida. Y tu deseo busca la esencia. Es como querer enamorarse, pero afecta a todos los aspectos de tu vida, no sólo a tu relación con una persona.”
Mis queridos… ¡abrazos!
Conociéndome, conociéndote
En el espacio entre mis cejas
Cuando pienso en las infinitas posibilidades que encierra este Universo que habitamos, les confieso que se me corta la respiración. Y no me refiero a las posibilidades materiales solamente, no a las infinitas ecuaciones de distancias ni los inacabables arcoiris de belleza, sino al maravilloso hecho de pertenecer a un plano que se manifiesta a sí mismo de innumerables maneras. Y de todas ellas, somos nosotros pequeña partícula de polvo que danza en los mares del tiempo y el espacio.
Desde que el hombre tuvo noción de su propia entidad, ha pasado por los siglos indagándose sobre el origen de su propio ser y ha imaginado respuestas de las más variadas. Ha buscado satisfacer su necesidad de trascendencia de los modos más discímiles posibles. Pero, en definitiva, ha buscado acercarse a lo que Es. El modo… es otra cuestión.
Si hablamos de conocer, pareciera que no hay secretos en el término en sí. ¡Nada más equivocado! Cuando digo que conozco, puedo estar refiriéndome a lo que percibo a través de mis sentidos o a lo que, a lo largo de mi vida, he ido incorporando en forma de conceptos y definiciones universalmente aceptadas. Pero hay un tercer nivel de conocimiento, uno que está ligado a nuestra capacidad de percibir la realidad de una manera íntegra, dándonos acceso a la comprensión de los hechos, de las situaciones e, inclusive, del marco conductual de un individuo, de un modo total. Este tipo de conocimiento es vivencial e intuitivo… pero, lamentablemente, poco frecuentado por el común de las personas.
El adoctrinamiento del que somos objeto ni bien llegamos al mundo, va desarrollando estructuras de pensamiento que nos alejan de esta particular manera de conocer. Se desarrolla en el niño la técnica de aprendizaje por repetición, por imitación, por imposición, y se lo distancia de su natural capacidad de intuir. Así, cuando llegados al mundo adulto, cuando nuestro Ser pugna por ser conocido… nuestra mejor herramienta se encuentra olvidada en los recovecos de una mente llena de ruido y preocupaciones, distante en un mundo angustiado por las cuestiones de subsistencia material, confort y obligaciones.
Entonces, cuando me pregunto ¿quién soy?… descubro que no me conozco. Encuentro que detrás de las máscaras y los roles hay alguien… de quien intuimos es nuestra auténtica y verdadera parte.
¿Por dónde dejar escapar a ese ser que Soy? ¿Cómo darle posibilidades de manifestarse? ¿Cómo hago para que se desarrolle, crezca, se expanda hasta ocupar el lugar que merece, todo mi YO?
Un buen método es el arte. Todas las manifestaciones artísticas provienen del campo del conocimiento abroquelado detrás de las estructuras. Usamos las palabras (ortografía y sintaxis incluidas), los pinceles y telas, las cuerdas y los amplificadores, como vías, materiales necesarios de expresión… formas para contener lo que no tiene forma.
El hombre de ciencia conoce frecuentemente la respuesta a sus desvelos de esta manera.
El hombre espiritual se conoce y conoce el Objeto de su búsqueda por esta misma vía.
Entonces me pregunto: ¿me conozco? Y si mi respuesta es ambigua… ¿con qué criterio puedo decir que te conozco?
Una duda, un regalo
Mi duda es: ¿cuánto creen que se conocen? ¿Cuánto piensan que conocen a aquellos que la vida ha puesto cerca suyo?
Mi regalo… un poema:
“Rechaza toda imaginación y fortalécete en lo que eres.
Cada morada enciende sus lámparas. Como eres ciego, no las ves.
Un día tus ojos se abrirán de pronto y verás; y las cadenas de la muerte caerán por sí solas.
Nada que decir, nada que escuchar, nada que hacer.
Aquel que vive, aunque muerto, no morirá jamás.
Porque vive en soledad, dice el asceta que Su casa está muy lejos.
Tu Señor está junto a ti y, sin embargo, trepas a lo alto de la palmera para buscarlo.
El sacerdote va de casa en casa, para iniciar al pueblo en la fe.
Pero ¡ay!, la verdadera fuente de vida está a tu lado mientras te pones a adorar la piedra que tú mismo levantaste.”
No voy a contarles de quién es… seguro que alguno lo sabe. Cuéntenmelo… y respondan a mis dudas. ¡Abrazos!






