Cálidas manos amorosas

La experiencia de practicar diferentes terapias complementarias, ha sido una de las más movilizadoras de toda mi existencia. Sin lugar a dudas, el brindar ayuda y contención a las personas que necesitan “algo más” que lo que la medicina occidental tradicional propone, es enriquecedor para la persona que hace las veces de amigo, oído atento, terapeuta y consejero.

Por estos factores, hice tanto hincapié en mis últimas entradas respecto de la seriedad de la formación de quien va a brindarnos este tipo de terapéuticas. Cuando una persona busca un apoyo adicional para optimizar o mejorar los resultados de sus tratamientos, se encuentra expuesta a ser engañada o manipulada, pues su estado sicológico y emocional es frágil, ya sea que estemos hablando de un cuadro de estrés o de una enfermedad somática.

Sólo quien enfrenta el acontecimiento terapéutico con convicción y humildad puede llamarse un buen terapeuta. Y quien no lo hace así, no sólo vulnera la confianza de quien se ha puesto en sus manos y la honra de quienes son serios y responsables, sino que se pierde del más grande tesoro: su propio crecimiento y evolución como ser humano.

El contacto permanente con aquellos que necesitan de nuestro apoyo, nos transforma en seres más sensibles y permeables al sufrimiento de otros. Nos vuelve más reflexivos y agradecidos de nuestros propios dones y, maravillosamente, nos permite explorar formas de sanar el cuerpo, la sique y el espíritu de modos no convencionales, regidos por la intuición y el autofortalecimiento.

De escépticas reflexiones

Como toda persona de formación académica profunda en el campo de las ciencias (ostento algún título en Biología y Química, por ahí), pensaba que todo lo que no pudiera ser medido, pesado o mensurado de alguna manera era susceptible de ser considerado dudoso. Alguna intervención en el posteo anterior, me recordó vivamente a mi propia mente inquisitiva. ¡Qué extraños recovecos recorre el hombre para convencerse de su propia entidad!

En mi caso, me utilicé de conejillo de Indias para comprobar si era posible lograr la superación de la enfermedad, la angustia o el estrés a través de un ejercicio controlado de respiración, relajación y ciertas posturas determinadas. Fue en los inicios de mis estudios de Yoga, cuando comprobé la eficacia del mismo para diferentes problemas que me aquejaban: superé la fase infecciona de mis rinitis estacionales, la gastritis nerviosa y la irregularidad de los ciclos menstruales. Sin contar los plus adicionales de sueño regular y profundo, elasticidad, ausencia de agitación ante cualquier actividad física y algunas tonterías que nos agradan mucho a las mujeres: ojos y cabello brillante y piel fresca.

A lo largo de los años dando clases de Yoga, ayudé en diversas afecciones a muchos alumnos, indicándoles determinadas posturas o ejercicios de respiración cuando eran necesarios. Desde artritis y artrosis a insomnio, pasando por asma, recuperaciones quirúrgicas o afirmación de terapias sicológicas.

Esto me hizo creer que es posible contribuir a la salud humana por medio de apoyos terapéuticos probados en otras culturas, y emprendí el camino de estudiar diferentes alternativas. Así, arribé al Primer Nivel de Reiki hace nueve años, al igual que las técnicas de Magnified Healing (Sanación Magnificada) y tras algunos años, la Masoterapia con algunas técnicas específicas: Shiatzu, Tailandés o Ayurveda.

Sea cual fuere la técnica, el instrumento que se utiliza siempre es el mismo: las manos. Tal vez porque el hombre es, en realidad, un ser muy básico, disfruta ampliamente y le conforta el contacto con las manos. Las manos son quienes exploran, sienten, “escuchan” al cuerpo del otro para comprender lo que le ocurre.

Cuando una sesión terapéutica se inicia, una vez ubicado el paciente en la camilla y sintiéndose cómodo, basta concentrarme en él para que las palmas de las manos se “activen”. Puedo percibir entonces la sensación de aumento de la temperatura gradual y una especie de cosquilleo o vibración de muy alta frecuencia en el centro de la mano. Sin necesidad de tomar contacto directo con el cuerpo del paciente y recorriéndolo, es perfectamente posible determinar los puntos corporales donde existen bloqueos o congestiones, los cuales son generadores de hiperactividad orgánica o disfunción, según el caso.

También son detectables los bloqueos emocionales y el exceso de actividad mental. ¿Cómo? se preguntarán: pues porque la mano se transforma en un receptor-dador, una especie de antena parabólica portable, para ser más simples. Aumentos casi imperceptibles de temperatura, ligeros abultamientos o depresiones en la piel, incremento de la humedad, ubicados en puntos estratégicos del cuerpo, pueden “hablarnos” de lo que le pasa a nuestro paciente. Una conversación pausada y cariñosa, confimará y mejorará nuestra evaluación diagnóstica y los resultados del tratamiento aplicado.

Concluir que es posible

Si me piden que explique de una manera racional cuáles son los procesos físicos que ocurren en el momento que el terapeuta brinda Reiki u otra terapia energética, me sería muy difícil responder.

Puedo establecer que soy una persona a la cual le gusta ser convencida con argumentos sólidos respecto de cualquier cuestión. Ofende a mi inteligencia que subestimen mi capacidad de comprender sobre diversos temas, así que me gusta responder bajo la misma óptica a los tópicos que planteamos aquí, pero… ¿cómo darles una comprobación de aquello que no es plausible de ser medido por ninguna tecnología de las actualmente existentes?

Sólo podemos aseverar que todo en el Universo es energía y que la materia, es sólo un ordenamiento determinado de dicha energía.

Podemos pensar que, como tal, la materia es susceptible de sufrir modificaciones por acción de otras manifestaciones energéticas más intensas. Lo cual puede comprobarse: si acerco un papel al fuego, éste se quema, reduciéndose a cenizas.

Si la materia orgánica es un entramado energético en constante cambio, ¿no puede ser modificado, entonces, por la actividad del pensamiento, otra manifestación energética más sutil y penetrante?

Y si somos una entidad más allá de nuestra propia mente, ¿no cabe pensar que ese Ser que trasciende materia y pensamiento ha de poseer una cualidad energética aún mayor?

Mas no importa cuál respuesta encontremos: sólo puedo aseverar que es real, tanto como cada latido de mi corazón.

¡Un inmenso abrazo  a todos!

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Comentarios

20 respuestas a “Cálidas manos amorosas”
  1. Júdith Mora V dice:

    Ah! esto me encanta, porque de alguna forma trabajo con energías, pero aquellas que emanan de la palabra, y sobre todo, del pensamiento… esos informadores internos que tanto bien o tanto mal nos pueden hacer… creo en el poder de la energía manifiesta.

    Me gustaría Celeste explicaras un poco la diferencia entre las técnicas que mensionas, aunque no lo creas, sólo una vez me he dado un masaje, y a veces siento que hace tanta falta. Qué direncia al Magnified Healing de la Masoterapia con sus técnicas específicas?

    Un abrazo y un beso energético pa’ tu jeje
    Jud.- ♥

  2. Júdith Mora V dice:

    Ops, perdón, es “mencionas”… pena total :S

  3. delia civalero dice:

    Hola Celeste:
    Sobre lo de hoy habría mucho para tejer, no te ofendas por la analogía, soy tejedora empedernida y amo esa actividad, así que si viene de mí es un elogio, jajaja. Ahora me voy a limitar a lo que más me impactó y en otra visita sigo con otras cosas. A los 30 años comencé con problemas de cervicales y una artrosis incipiente que se fue manifestando de a poco en rodillas y hombros, más o menos a esa edad me dediqué al yoga, actividad que sigo hasta la actualidad. Pasé por períodos de mayor o menor molestia por la artrosis, seleccioné del yoga las posturas que podía hacer sin problemas y que yo sentía que necesitaba, hasta que con el tiempo me armé una rutina que sigo diariamente. Cambié hábitos de alimentación y durante más de 2 años hice una alimentación naturista muy rigurosa, ya no la mantengo con tanta exigencia pero trato de que sea lo más sana posible.
    Los tratamientos que hacía antes a través de la medicina tradicional, sesiones de fisioterapia, nunca me daban resultado ya que estaba bien unos días y después volvía a lo mismo. Ese camino lo abandoné, sigo con el cuidado natural en la alimentación, los ejercicios respiratorios y demás posturas yoga, y esta enfermedad, que ya se no tiene cura, se ha ido atenuando, ya no siento dolores y cuando se presenta alguno enseguida detecto que es postural con lo cual lo corrijo rápidamente.
    Esta es mi única experiencia de las llamadas “terapias alternativas”, no he tenido mayores problemas de salud así que no se me planteó la necesidad de recurrir a ellas, si fuera necesario quizás lo haría porque no creo que la medicina tradicional pueda solucionarlo todo.
    Un abrazo y la seguimos.
    Delia.

  4. María Celeste Cécere dice:

    Delia querida… ¿sabías que dentro de la terapéutica tradicional se están empezando a incluir ciertas “cositas” para el tratamiento de la artrosis? Gracias a la experiencia desarrollada en China, muy bien documentada, investigando los resultados con método científico, la comunidad médica ha comenzado a recomendar a los pacientes la práctica de Tai Chi como modo de recuperación de la movilidad y mantenimiento de la misma… y ya sabemos los abundantes puntos en común entre Tai Chi y Yoga. Además, ha comenzado a aplicarse una terapia con suplementos dietéticos que permiten la recuperación del cartílago desgastado; me refiero a aquellos que combinan la glucosamina con el sulfato de condroitina. Ambas se encuentran naturalmente en el cuerpo humano, pero la primera es partícipe de la formación y reparación del cartílago, mientras que la segunda es un preventivo de la degradación del mismo por las enzimas. En los pacientes afectados de las distintas formas de artrosis, los niveles corporales de las dos se encuentran disminuidos, por lo que la adición de este suplemento dietario contribuye a la disminución del dolor y la inflamación, y detiene el proceso degenerativo en el 80 % de los casos.
    También se encuentra en estudio el tratamiento con acupuntura, pues se ha podido determinar que produce analgesia real y mejoramiento de la movilidad. ¿Qué te parece?
    ¡Ah! Y la analogía con el tejido no me molesta: yo misma soy una tejedora persistente, jajaja. Lo llamo mi “laborterapia”.
    Dulce Jud… ¡uf! ¡qué preguntita! Es bastante extenso de responder, porque la Masoterapia es casi, casi, tan vieja como el hombre… en un ratito lo hago, ¿si? Es promesa.
    ¡Besos a las dos!

  5. Iván Salazar Urrutia dice:

    María Celeste: En el blog de nuestra Mora subí un cuento un poco largo; te pido lo leas. Ahí se plantean asuntos dificiles de hacer de otra manera.
    ¿Por qué no entender el mundo como energía? Por las consecuencias que ello conlleva a una mente abierta. “Sólo podemos aseverar que todo en el Universo es energía y que la materia, es sólo un ordenamiento determinado de dicha energía.” Bien.
    Un abrazo, Iván VANCHO

  6. Jose Itriago dice:

    ¡Qué bien!
    Todo es un asunto de fe. Y la tuya es a prueba de balas.
    Preguntas:
    “¿cómo darles una comprobación de aquello que no es plausible de ser medido por ninguna tecnología de las actualmente existentes?”
    Bueno, quizás no “medido”, pero al menos debía ser comprendido. Tampoco es comprensible con base a la ciencia actual, sólo obedece a un esquema de presunciones con cierta lógica, que son plausibles.
    De todas maneras, no puedes esperar explicar todo. Definitivamente hay cosas que se creen o no. La vida después de la muerte, por ejemplo, no tiene explicación científica: es un asunto de fe. Crees o no que hay otra vida después de ésta. Que existe una energía que fluye a otra dimensión o como quieras explicarla. Vancho dice que todo es energía y la materia uno de sus ordenamientos. Puede ser.
    Cada día aprendemos algo nuevo, quizás insólito.
    Hace unos días leía sobre un grupo científico que logró detener la luz, incluso hacerle un holograma. Se puede detener un paquete de luz, incluirle información y después soltarlo.
    Hace apenas unos años esto era imposible de imagina. Hoy es algo que se estudia seriamente con fines comerciales.
    Cosas veredes amigo Sancho, fablar las piedras.

  7. María Celeste Cécere dice:

    Bueno, vale: tal vez no sea más que tener fe. Lo que pasa es que no me gusta utilizar la palabra fe, porque es de esas que están tannn vapuleadas. Hasta es dogma de algunas religiones. Y me parece que creer ciegamente en que algo es así, porque si nomás… no conforta ni conforma a una persona inteligente. Y si nuestra inteligencia también es un don divino, ¿no es maravilloso poder cuestionar para crecer?
    Recuerdo vivamente como me impresionó cuando, en mi adolescencia, leí la biografía de María Montessori, pedagoga italiana que revolucionara a finales del siglo XIX y principios del XX el modo de vincularse con el niño en el acto educativo. Ella solía preguntarle a sus hijos cuando volvían de la escuela: ¿Qué has preguntado hoy de interesante?, pues tenía la convicción que una mente aguda, capaz de cuestionar los conocimientos que eran dados por reales, contribuía positivamente al crecimiento del individuo y de la sociedad en su conjunto.
    Y con eso tiene que ver el tema de lo que las tecnologías son capaces de hacer hoy y que era impensable hace unos años. Evolución científica. El hombre crece exponencialmente en el campo científico… y los científicos, a pesar de lo que cree mucha gente, son lo seres más espirituales que se pueda concebir: es imposible comprender cómo funcionan muchas cosas en la naturaleza, desde las estrellas a la fecundación de una flor, pasando por los neurotrasmisores o la conformación de los cristales, sin que nos convenzamos absolutamente de que existe un Orden Cósmico tras de esa maravilla. Que cada uno le llame como le guste, pero la Voluntad Inteligente que coordinó las cosas para que sean como son… es evidente. No un señor barbado sentado en una nube que saca los objetos de una caja, pero en la última instancia y como suele preguntarme mi niña de siete años, ¿adentro de qué está el universo? ¿es oscuro o brillante? yo creo que es redondo… jajaja, y son las reflexiones de una nena.
    Vancho, el cuento me pareció precioso. Creo que siempre hay que pensar en lo que no vemos pero está. Cuando uno se sintoniza con esa percepción, comienza a darse cuenta de la cantidad infinita y maravillosa de experiencias que hay a nuestro alrededor. Y esto sólo se logra si sembramos en los niños la capacidad de creer en lo que no es tangible.
    Sigo en deuda con Jud sobre su pregunta, pero por ahora estoy al límite de tiempo disponible. Un beso a todos.

  8. Iván Salazar Urrutia dice:

    José, vamos -creo- bien encaminados; debemos hacer pie firme en un razonamiento que nos ponga en el límite. Desde ahí, aventurar, buscar, mente abierta, avanzar y retroceder; evitar los actos de fe -entendida ésta como una paralización de la búsqueda y congelamiento de una respuesta-.
    Si toda materia es energía, podría decirse -quizás- que toda energía se puede “materializar”. Un ejemplo pedestre o un interrogante pedestre es: Si un defecto físico, bilógico, material, afecta al espíritu de las personas, a su estado de ánimo, ¿podría un cambio de ánimo mejorar lo biológico? Es decir, ¿esos caminos son “de ida y vuelta? Sospecha: ¿Si una madre se conecta mentalmente con su hijo recién nacido y “sabe” cuando éste tiene un malestar o un riesgo, puede esa comunicación ser “de ida y vuelta? Si pudiera ser, si cabe la sospecha, entonces ¿Cómo?
    Por último -mentira, no es “último”, pero suena bien- si un fierro caliente, emite energía en forma de luz y calor,¿puede otra fuente de energía emitir luz y calor? Si es tenue, ¿puede alguien verla? (ver fotos Kirilin).
    Si en el humano este ordeamiento de la materia logra un alto nivel -quizás el ´mas alto nivel- ¿no es lógico pensar o derivar un razonamiento que señale al hombre como la inteligencia más desarrollada de la materia en la tierra y por tanto la conciencia de la vida terrestre, única vida concocida por nosotros? ¡Qué responsabilidad! ¡Qué gusto el asumirla!
    Besos y abrazos para todos; perdona la intrusión María Celeste.

  9. Jose Itriago dice:

    Respondiendo a Vancho, con el perdón de Celeste, digo que sí, que es de dos vías. Definitivamente creo el estado de ánimo influye lo biológico. Lo he visto demasiadas veces como para dudarlo. Otra cosa es cuándo podremos operar con estos aspectos, cómo hacerlo. Celeste de nuestro corazón, la amada Celeste, tiene respuestas en una disciplina que domina a la perfección y realmente me imagino que existen razones para que sienta esa comezón en las manos y que no es sugestión.

    En cuanto al efecto Kirilian, tan discutido, me remito a copiarte de Wikipedia:

    La fotografía Kirlian está directamente relacionada con el fenómeno eléctrico de los fuegos de san Telmo. Los creyentes opinan que este halo es un tipo de energía vital o «aura». Se ha demostrado que la fotografía Kirlian sólo indica variaciones de presión, humedad, contacto a tierra y conductividad. La descarga de corona es un fenómeno bien conocido que se explica en física elemental.

    El efecto más famoso de la fotografía Kirlian ocurre cuando se «fotografía» una hoja de planta, luego se arranca un fragmento de la hoja y ésta se vuelve a fotografiar. En la segunda foto se ve una imagen borrosa de la sección inexistente. Como se utilizan las mismas placas de vidrio, la humedad de la sección cortada es la que genera la imagen fantasma. Ese efecto fantasma en cambio no se encuentra en experimentos controlados y bien realizados, pero sigue siendo un punto de argumento para los creyentes.

  10. María Celeste Cécere dice:

    ¡Qué bien, cómo me gusta esto! Me encanta que dialoguen… esa es la idea. No lo considero una intrusión, para nada.
    Respecto a la posibilidad de percibir de alguna manera la energía, parece que hasta ahora no tenemos muchos recursos. La cámara Kirlian, como bien acota José, permite fotografiar el efecto corona. En un principio generó mucha espectativa, porque se pensaba que podía fotografiar el campo energético creado por un cuerpo, confirmando así de manera científica la percepción que tienen muchas personas de ese “halo vital” de los seres.
    Que el cuerpo energético es visible para muchas personas no es ningún misterio. Los primeros en dedicarse a investigar a las personas con capacidades alternas fueron los norteamericanos, quienes crearon el concepto de “parapsicología” para denominar a todas las potencialidades que excedían el campo sicológico y que no podían ser explicadas de un modo científico, y hasta crearon carreras universitarias y laboratorios donde todas estas cosas se pusieron a prueba.
    Con el paso de los años, la palabra se transformó en sinónimo de charlatanería, pues se inició una especie de “caza de brujas” destinada a denostar a todos los que manifestaran tener alguna capacidad por el estilo. Y a ello hay que sumar los incorregibles de siempre que intentaban comerciar con un montón de fraudes al respecto. Así, se dejó de considerar una investigación seria, y las universidades cerraron sus laboratorios de investigación, o al menos, lo investigaron de manera un poco menos expuesta, porque era inegable que estas capacidades existían.
    Resumiendo, el “ver” (literalmente) el campo energético que se forma alrededor de un cuerpo es factible, con un poco de ejercitación… ¡pero no es demostrable! Así que volvemos al punto de origen.
    Vancho, en filosofía se dice que el hombre es tal en tanto que es el único que puede tomar conciencia de sí y de todo lo que le rodea. Tal vez esa característica propiamente “humana” tenga que ver con una energía de más alta vibración… no sé, ¿qué te parece?
    Y para mi dulce Jud, va la respuesta que debía. Magnified Healin o “Sanación Magnificada” es una técnica de transferencia de energía similar a Reiki. La técnica es muy parecida, pues se realiza por imposición de manos en puntos aproximadamente iguales a los de Reiki. La única diferencia importante de destacar, es que en M.H. el terapeuta realiza una integración del paciente a la energía de la tierra y del cielo, lo ubica como parte integrante del cosmos. Así, la armonización se hace en función del hombre como una pieza interactiva de la manifestación, ayudando a que el paciente comprenda su rol activo y deje de verse como víctima de la enfermedad y la angustia.
    En Masoterapia, el tratamiento es más fácil de comprender por el paciente porque, tal como mencionaba más arriba, los seres humanos somos muy básicos y el contacto con el cuerpo nos resulta estimulante emocionalmente. De esa manera, el hecho de tocar con las manos el cuerpo, masajeando o activando puntos, se visualiza como más efectivo, aunque en realidad es tan eficiente uno como otro.
    Por ejemplo, un síndrome vertiginoso (contractura de espalda alta con compresión cervical, inmovilidad, mareos, dolor de cabeza y náuseas) puede ser tratado con terapia energética o con sesiones de Masoterapia, ya sea masaje tradicional o digitopuntura (shiatzu, por ej.), pero lo más frecuente es que el paciente se incline por un masaje, ya que no “siente” que otras alternativas puedan solucionar su problema.
    De cualquier manera, cuando se lleva cierto tiempo en este tipo de terapias, se va desarrollando un cierto método que es propio, y que tiene que ver con aquellas técnicas que nos resultan más efectivas. Así, es imposible dar un masaje sin involucrar movimiento energético, ¿se entiende?
    Les dejo un beso inmenso a todos…

  11. Júdith Mora V dice:

    Bueno, y yo gracias a esta conexión de porra me he perdido los diálogos… gracias por responderme bonita, leí a vuelo de pájaro porque hoy SI tengo sueño jajaja, sólo quería que supieras que leí y que comento mañana… y mañana si leo a todos con calma…

    Besos borrachos (de sueño eh? sólo de sueño jejeje

  12. Iván Salazar Urrutia dice:

    María Celeste: No sé si “energía con más alta vibración” sea la conceptualización apropiada. pienso en que hasta el el concepto de Conciencia es debatido. Podemos pensar que hay algo en el humano que lo hace diferente del resto de los seres vivos del planeta Tierra (que una planta es dirente que un insecto, que éstye es diferente que un lagarto, y éste diferente que un mamífero. Dentro de cada uno de ellos hay también diferencias. Que entre los mamíferos hay pequeñas diferencias que al análisis particular semejan grandes diferencias; entre ellos, lo homínidos. Pero los homínidos son también entre ellos diferentes. Los humanos, la conciencia; diferentes entre sí)
    Debo atender una urgencia, luego sigo
    Chao,. Besos

  13. Iván Salazar Urrutia dice:

    María Celeste, Todos, todas: Disculpen.
    En fin, la diversidad es la norma. Sin embargo, y a pesar de la diversidad, la organización de la materia en el animal o en la vida llamada humano ha llegado a un nivel tal que desarrolla cualidades -subjetividades- extraordinarias, si las comparamos con otras materias biológica u otras materias vivas: la inteligencia, la conciencia. Tal es así, que crean un pensamiento que se interroga sobre sí mismo; es decir la inteligencia preguntándose sobre la inteligencia. genera un mundo -crea un mundo-, el mundo del lenguaje, de los conceptos -epistemología, semiótica-; luego crea el mundo virtual que parece sea infinito y su apropiación sea prácticamente imposible. De pronto, entonces, actuando como Dios; con la soberbia que caracteriza a los dioses.
    Aquellos que aventuran su vida en procura de develar los arcanos, primero de la vida, luego del magnetismo del existir; aquellos son catalogados de locos, de paganos. Reconocemos efectos de la vida, efectos del existir, pero nos acoquinamos al elaborar la pregunta.
    Puede ocurrir entonces que la respuesta esté más cerca de lo imaginado -¡imaginación!-, pero al no tener la pregunta la respuesta se escabulle.
    Invito a un mínimo: somos la materia viva más altamente organizada conocida, somos la conciencia de la vida; sus responsables.
    Mientras tanto, somos amigos, compañeros de viaje cuyos cuerpos no se conocen, pero cuyo pensamiento y emoción estila en estos blogs: aprendemos a amarnos en lo que somos. Por eso Mora es más que lo que pensamos…

  14. Júdith Mora V dice:

    Perfectamente entendido Celes… me encanta esto, es más que interesante… gracias mi bella.

    Leyendo a Vanchito me viene a la mente la conexión energética que tenemos con algunas personas, como ejemplo personal acoto el caso de mi hermana y yo… nuestra conexión mental es bárbara, nos sentimos cuando alguna de las dos está de malas, de bajón, de tristeza, de forma impresionante. Vivimos separadas geográficamente y nos extrañamos hasta la médula porque siempre hemos tenido una relación muy especial. Es entonces cuando de pronto suena un mensaje de celular y ya la que lo recibe sabe perectamente que viene de la otra… mis hijas al verme la cara de inmediato dice: ah! esa es mi tía jeje… no sólo es mental, la siento, la siento y me duele en ocasiones -normalmente cuando está pasando por una angustia de esas que hacen llorar (y ella es más lágrima floja que yo jajaja)- es bello. Me pasa igual con otras tres personas, incluso uno es alguien a quien nunca le vi la cara, pero con quien me unió un sentimiendo muy profundo y especial… esto me fascina.

    Coincido contigo Vancho, hemos aprendido a amarnos en lo que somos y es obra inicial de Morita… a quien le envío mis mejores energías positivas y un beso que vuele y le llegue derechito al corazón, donde a ella le gusta recibirlos jeje

    Besos energéticos a tod@s

  15. Iván Salazar Urrutia dice:

    María Celeste: Con tu venia, permíteme referirme a Blanca Estela.
    Blanca, te escribí en el blog de Mora, pero no aparece aún; quiero que sepas que estoy contigo; que constituímos una gran hermandad y que nuwestras emociones no tienen aduanas, ni fronteras. Sea quien sea, sea como fuere, estamos contigo. Eres fuerte, y eres también hermosamente débil, o feble, ¡Ahí está el secreto! de nuestra maravillosa fragilidad surge la fuerza. Sé tu misma; no te esfuerces, no rechines los dientes -además, porque provoca dolor de cabeza-, tu éxito eres tú, Ten fe en tí. Nadie más que tú (si fuera otra persona, le diría lo mismo; porque uno es profundo como un abismo, mínimo como el roce de una lágrima).
    Te amamos. VANCHO

  16. Osvaldo Bonini dice:

    Oh mi querida María Celeste, permíteme afirmar que no he leído a nadie que pretenda ofenderte en tu capacidad de comprensión sobre los temas de los cuales ostentas sendos títulos académicos, es más, creo que no dudaríamos en formar un ejército contra quien se anime. Pero, en mi caso, agradecería respetes mi carácter personal escéptico ante determinados puntos.
    Cuando planteé el tema del trance, me refería al pasaje de un estado inicial psicofísico a un estado posterior, que creo que es más adecuado que decir final. Lo pregunté porque me parece muy importante ya que –por lo que he visto- la mayoría de las personas recurren a estos métodos alternativos de sanación cuando la medicina convencional no alcanza. O sea, tienen un recorrido previo del cual arrastran, básicamente, desesperanza.
    Por ejemplo, y siguiendo en referencia a mi experiencia, he tenido sesiones de fisioterapia. Desde el comienzo al fin del tratamiento se me enseñaron varios ejercicios útiles. Además me enchufaron aparatos que no me sirvieron para nada. Luego de los tratamientos me pasó que comprendí que alguno de mis músculos se encontraban inactivos y bien podía haberlo solucionado con un hábito deportivo. Pero hay algo para destacar en esto, el trato y el ambiente dentro del lugar era especial, diferente. Ya al entrar allí se podía percibir un ambiente apacible y contagioso. Sicológicamente era el lugar donde me iban a tratar bien y resultaría un paréntesis de paz y tranquilidad.
    También, en mis sesiones de Reiki, mi estado previo poseía buena concentración de psicofármacos. Por eso aún no he comprendido muy bien de donde provinieron los resultados. Lo que sí aseguro firmemente, y con coincidencia al ejemplo anterior, la persona que me trató, la que conozco muy bien y me conoce, es una mujer excepcional, tierna, cariñosa, humilde. No fue llamada por nadie ni tampoco cobró dinero por su aporte, solo se entero por la situación que yo atravesaba y respondió con su ayuda. Su trayectoria como persona inspira confianza, y su persona en sí trasmite algo, una sensación muy tierna.
    Solía pretender mover objetos con mi mente, como un juego de niño. Lo había visto en la tele. También hoy veo como hay yogures mágicos y cremas aún más mágicas. Conozco personas que están realmente convencidas que el producto que consumen es verdaderamente esencial y le atribuyen la magia. Yo, definitivamente me mantengo observando, ya que no estoy convencido que sea el producto que consumen o su propia necesidad de convencerse de su fantástica acción.
    Regresando al Reiki, me fui por las ramas, es sabido que todo se mueve con impulsos eléctricos y todo lo que tiene esa energía adquiere un campo magnético. Cuando mayor es la energía, mayor es el campo que puede ser atraído o rechazado dentro de toda materia según sea su carga. Esta atracción o rechazo pone la energía en movimiento. Por eso no dudo de la interacción de dos cuerpos. Pero sí me mantengo escéptico a creer que, por ejemplo, en este momento ambos estemos pensando en lo mismo por causa de una armonía de energías en vez de ser por símiles experiencias y vivencias que nos hacen llegar a las mismas conclusiones.
    De todas formas, a pesar de todo lo desconfiado que soy, me mantengo expectante e informado –al menos lo intento- sobre estos temas y sobre el desarrollo científico de los descubrimientos que sobre materia se vienen desarrollando. (El bosón de Higgins, ¿te acuerdas? Big Bang, agujeros negros, expansión del Universo, etc.)
    He llegado tarde, pero este es un tema que me gustaría seguir conversando. Además me gustaría saber sobre tus experiencias en acupuntura y digitopuntura que actualmente están tan de moda y tiene que ver con centros neurálgicos del organismo.
    José, ¿Qué es eso de un holograma a la luz? ¿Detener sin transformarla? ¿Me puedes pasar el vínculo?
    Y comentando las opiniones, sí que pienso en fe, pero no como dogma ni como final, sino como parte del ser, como lo más necesario para la aventura que viene. También prefiero hablar de interacción de energías en vez de Orden Cósmico, por ser energía e interaccionar es dinámica y puede cumplir con patrones establecidos, pero al ser dinámica estos patrones pueden modificarse. Tampoco me creo que exista una Voluntad Inteligente que creó todo el Universo, creo que somos simplemente materia dentro de materia con un orden lógico y que todo, hasta lo intangible es un orden en otro orden.
    Con respecto al efecto corona, ustedes ya saben que mi trabajo es con extra alta tensión de energía eléctrica. Me gustaría invitarlos a ver por la noche el halo de los conductores eléctricos dentro de la estación. Es fascinante. También he tenido experiencias con las carga eléctricas en mi ex-laboratorio fotográfico. Los positivos y los negativos suelen poseer imágenes extrañas según sea a qué fueron expuestos. Una experiencia propia fue una pila que puse para nivelar la bandeja del relevador de un positivo, y la estática en los negativos solía ser desesperante.
    Y en cuestión de confesar, me encanta la manera de expresarse de Vancho que siempre, hasta en la lógica y el análisis profesional, encuentra la vuelta para convertir todo en diferentes formas poéticas. Diría un soñador con energía y los pies en la tierra.
    Un beso graaaaande a todos.

  17. María Celeste Cécere dice:

    ¡Ay Osvaldo! Que lo único que quería decir es que no tengo posibilidades de explicar científicamente el tema, jajaja. Un abrazo gigante… y espérenme un poquito que ya les posteo otra entrada.

  18. Iván Salazar Urrutia dice:

    M. Celeste, amiga de vereda: para los que leyeron EL VAJERO aquí les va

    EL VIAJERO II

    -Buenos días, señor ¿usted es el Sr. Boris Saavedra?
    -Sí, yo soy.
    -¿Me permite un momento? Por favor…
    -¡Cómo no! ¿Nos conocemos…?
    -No. No nos conocemos… Pero usted tiene un hermano llamado Cristian Saavedra…
    -Sí, claro ¿lo conoce usted?
    -No, no lo conozco. Mire señor, vengo llegando recién a Chile. Del aeropuerto viajé directamente a Talca, para hablar con usted…

    Era un señor moreno, de aproximadamente 1.65 m, quizás 50 años, moreno. Al hablar mostraba una pequeña tapadura de oro, usaba bigote de pelo negro. Vestía un terno de color gris, camisa blanca y una corbata de color violeta oscuro con franjas amarillas ribeteadas de blanco. No era obeso, pero su contextura era más bien gruesa. Pronunciaba las palabras mucho mejor moduladas que nosotros, los chilenos; parecía de sonrisa fácil. Yo diría que era una persona que inspiraba confianza. Cuando se sacó el sombrero –gris, de ala corta- mostró una cabellera negra muy tupida en los extremos de la cabeza, pero sobre ella, detrás de una amplia frente, poco pelo que peinaba hacia un costado.

    Fuimos al café más cercano: el Ibiza. Aunque no había nadie –serían las 11:00 de la mañana- nos sentamos en la mesa más lejana, casi debajo de aparato de TV.

    -Si usted no conoce a Cristian ¿cómo es que sabe de él? ¿por qué viene de Costa Rica para hablar conmigo? ¿Cómo es que…
    -Disculpe don Boris. De verdad, no tenemos mucho tiempo para aclarar todas sus dudas; muy razonables, por cierto…
    -Pero es que…
    -Sí, Don Boris, lo sé. Su hermano Cristian corre mucho peligro… igual que su amiga Rachel.

    Me desarmó. Cuando dice aquello, quedé mudo; no supe cómo reaccionar.

    -¿Cómo se llama?
    -Juan. Juan Bejares. Perdone que me ahorre preliminares; es que tanto usted como yo estamos muy apurados, nos necesitan…
    -Si, es cierto; pero ¿cómo sabe usted…? Yo no he conversado con nadie.
    -Qué bueno. ¡Es usted religioso, Don Boris?
    -No. No lo soy. Creo en Dios, pero a mi manera.
    -¿De modo que no ha conversado con ningún sacerdote?
    -¡No! Con ninguno…
    -¿Con alguien más? ¿Ha hablado con alguien sobre su hermano o sobre Rachel?
    -No. Con nadie… bueno, no; lo he conversado con una amiga de Rachel…
    -¿Con Paulina?
    -Sí, con Paulina. ¿Cómo sabe usted…
    -Es que me encontré con ella; yo lo buscaba a usted. Está bien.
    -Mire Boris, le puedo llamar así, ¿verdad? Usted dígame Juan, no más; así, a secas.- y sonrió. Efectivamente era de confiar; esa sonrisa me convenció.

    - ¿Podemos ir al Hospital? Quisiera ver inmediatamente a Rachel.

    Ese inmediatamente me sonó como una orden perentoria. Nos dirigimos inmediatamente al Hospital. Como ya me conocían no hubo problemas para pasar al pabellón donde estaba Rachel. Juan me pidió le mostrara el médico a cargo; le expliqué que eso no existía, que había turnos. Le indiqué el médico de turno. –no, me dijo, no va a servir. ¿Existe algún cura? Sí, le dije, el cura Pablo. Es un buen hombre, de barba larga, parece como que viviera en el hospital. Vamos, dijo Juan, quiero conocerlo. Lo buscamos en los pasillos: lo encontramos ayudando a caminar a un enfermo para llevarlo del baño a su cama.

    Juan espero que terminara su tarea y lo abordó. Le habló algo al oído y con brazo sobre el hombro del cura Pablo lo llevó por el pasillo. Cuando yo lo seguía, Juan me hizo un gesto para detenerme.

    Como demorara en volver, fui camino a la cama de Rachel. Ahí estaba Juan con el cura Pablo. El cura asentía, Juan explicaba algo con gestos parsimoniosos. Luego le puso ambas manos en los hombros y lo miró fijamente; el cura Pablo le miraba con suma atención. Algo le dijo Juan: luego ambos se abrazaron y Juan se volvió sonriendo hacia mí.

    -Sabía que me esperabas. Vamos a tu casa ¿te parece?

    Cuando llegamos a casa, Juan se dejó guiar hasta el dormitorio de mi hermano. Lo miró largo rato y luego se volvió hacia mí y pidió lo llevara a la cocina. Me pidió sal, miel refinada, yodo; tomó la tetera y la revisó a la luz de la ventana. No, no sirve; tendrá que comprar otra.

    -¿Por qué? Pregunté, sintiéndome absolutamente incómodo; quizás ignorante e inseguro.
    -Porque tiene sarro. Necesitamos que hiervas agua en una tetera sin sarro…

    Juan me pidió algunas otras cosas que me dijo no lo comentara. Fui al supermercado de la otra cuadra y compré todo lo solicitado.

    Juan me enseñó a hacer un brebaje que debía darle a Cristian en cucharadas pequeñas cada hora. Debía sentarlo en la cama, ponerle una mano en el estómago y darle a beber la pócima; luego mantenerlo sentado unos tres minutos más y ponerle mi mano izquierda en la frente y mi mano derecha en la espalda, en la cintura. Luego acostarlo y acomodar una almohada bajo las rodillas. Que no era necesario ni bueno hablarle.

    Luego nos sentamos en los cómodos sofás de mi casa. Hubo un largo silencio que finalmente rompió él.

    -¿Sabe usted qué le pasa a su hermano?
    -No.
    -No es fácil de explicar, pero su hermano está en lo que podríamos llamar un viaje…
    -¿Un viaje a dónde…?
    - A otra dimensión… al interior…
    -No le entiendo ¿qué dimensión? ¿al interior de qué? ¿quién es usted? ¿cómo supo usted de mi hermano Cristian?
    -Dígame Juan; me llamo Juan. Vengo de Costa Rica, soy tico… así nos dice y así nos decimos nosotros mismos. En Costa Rica tenemos algo así como un Instituto, una organización, un grupo de personas que trabajamos en lo que trabaja Rachel y Cristian; solo que ellos lo hicieron solos, por su propio esfuerzo. Ellos no conocen bien en qué se metieron. Tal vez lo hicieron por curiosidad, tal vez por afán de investigar, o porque tenían una inquietud y una capacidad natural para… para eso, para viajar.
    -¿Cómo supo usted, o cómo supieron ustedes de esto que hacían Rachel y Cristian?
    -No sé cómo decírtelo, Boris.- sonrió. –Son de aquellas cosas difíciles de explicar: lo más parecido a una explicación es que alguno de nosotros también viajó y se encontraron con Rachel; ella contó lo que hacía y contó de Cristian. Esto último fue difícil de comprender o entender por nosotros, porque digamos que en ese lugar no es fácil hablar y por lo tanto nos demoramos en comprender qué era Cristian, qué tenía que ver con lo que hacía Rachel. Así, comprendimos tarde que tu hermano, que Cristian, también viajaría; tratamos de impedirlo y no pudimos… por eso me enviaron…

    Otro gran silencio.

    Boris sentía que vivía una fantasía. Nada le parecía lógico. Pero efectivamente en el dormitorio de el lado estaba su hermano; en el hospital, Rachel. Por otra parte Juan mostraba conocer lo que ocurría.

    -Te cuesta creerme ¿verdad?

    Boris asentía con la cabeza. Ese extraño que hablaba raro lo tenía seducido. Pensaba que cualquier locura que dijera, él estaba dispuesto o predispuesto a creerle.

    -¿Cómo los vamos a sanar… a traerlos de vuelta? ¿Podemos…?
    -Sí, podemos; no será fácil… pero, sí, podemos.
    -Dijo usted o yo creí oírlo decir que corrían riesgo ¿qué les puede pasar?
    -No sé si me creerá. Le pido que abra su mente a posibilidades nuevas. Verdades nuevas que pueden ser, aunque yo no lo convenza; aunque le queden dudas. Piense en el espíritu, en aquello que es diferente a la materia conocida y que cada uno de nosotros tiene. Piense en la conciencia. Imagine usted que es una energía y que como tal tiene muchas y variadas expresiones, como densidad, vibración… y otras. Piense que entre ellas, entre esas diversas energías existe una relación, una vinculación. ¿Me sigues? Bueno, imagine que en esa relación se establece una especie de… espacio; eso es, un espacio donde habita esa energía, ese espíritu. Digamos que constituyen un mundo, un mundo diferente al conocido por nosotros… Bueno ahí está Rachel y tu hermano…

    -¿Juntos?
    -No… no creo. Tal vez buscándose.
    -… ¿y cuál es el peligro? Porque dijiste…
    -Sí, que hay peligros. Esas energías no son… como te digo: no son inocuas. Esas energías expresan con mayor pureza, fuerza y plenitud lo que aquí en este mundo conocemos como el bien y el mal… entre otras cosas. También el amor, las emociones,… no sé, en fin, todo. Todo lo que tú conoces como conciencia, como espíritu, o como le llames, todo ello está en ese mundo, aunque más.
    -¿La disputa histórica del bien y del mal? No me digas, se trata de las aventuras infantiles del lado oscuro… Por favor, Juan. Yo no creo en lo que dices: la lucha del bien y del mal… Perdóneme, pero…
    -Vamos, Boris, yo no te he dicho la lucha del bien y del mal; te he dicho de la existencia de lo que nosotros llamamos bien y de lo que nosotros llamamos mal. Concordarás conmigo que en el ser humano es un momento muy importante cuando logra discernir entre el bien y el mal; o entre lo bueno y lo malo…
    -Sí, claro; pero no como personificaciones del bien y del mal…
    -Tú los personalizas; del lugar que hablamos yo diría que es difícil personificar… además no creo exista el bien puro ni el mal puro; y entre el bien y el mal, como abstracciones, ha de existir mediaciones. ¿Tú crees que entre las polaridades no hay mediaciones?
    -No sé, no lo había pensado…
    -Pero sí habías pensado en las polaridades: tesis-antítesis y la síntesis como superación.
    -Sí, claro; Hegel, la dialéctica…
    -No sólo Hegel, Marx también; no solo Marx, también Enrique More, en Inglaterra… Pero sigamos con lo nuestro Boris, no tenemos mucho tiempo: para terminar de definir este tema. Primero vamos donde Cristian, es hora de darle de beber…

    Me dejó hacerlo para corroborar que lo hacía bien. La mano en la frente debía tener los dedos juntos y no tomarle la cabeza como una garra; más bien era sostenerlo con los dedos juntos y no tensos. Lo de la espalda o cintura estuvo bien. Como derramé algo de agua, me dijo que no importaba que le diera dos cucharadas, que la mano en el estómago o donde terminaba el esternón debía ponerla antes del brebaje y dejarla un leve tiempo después que Cristian lo hubiera bebido…

    -Te cuento todo esto, a pesar del apuro que tenemos, porque entiendo eres un hombre de ciencias; es decir, un hombre que no lo voy a convencer por fe, sino por razonamiento. Sólo te pido me perdones o me tengas paciencia si no soy lo suficientemente claro…
    -No, no te preocupes; te agradezco lo que haces. Me guardaré algunas dudas. Pero no sé por qué te tomas la molestia de explicarme; mi preocupación es más bien qué va a pasar con mi hermano y Raquel.
    -A eso voy. Tendrás que ayudarme. Pero deseo entiendas bien lo que vamos a hacer. ¿En qué estábamos…?
    -En lo de la dialéctica…
    -Ah, sí. Buena memoria. Si hablamos de polaridades, debemos hablar también de dónde se da esta polaridad; el problema del espacio-tiempo; y debemos hablar también de la mediación que permite que los contrarios sean contrarios. Muchas veces nos movemos más bien en las mediaciones que en las polaridades. Por eso son importantes. Y debemos hablar del todo. La mediación es algo así como el factor pragmático que permite que la relación dialéctica se dé. El Todo es el factor –el concepto no es muy correcto- que permite que las polaridades existan: es el fundamento del ser. Pero ahora esto último no importa mucho. Ahora importa que comprendas que para que la relación bipolar se dé debe existir una mediación que faculta esa relación y que encierra en sí misma el carácter que le otorga a cada factor su carácter contradictor.
    -¿Para qué me va a servir ahora todo esto?
    - Vamos a intentar tú y yo un viaje. Un viaje especial que nos llevará –eso espero- a encontrar a tu hermano y a Rachel. Viajaremos, al igual que ellos, por esos mundos… llamémoslo paralelos.
    -Pero si yo de eso… no sé, de lo que hacía mi hermano, no sé nada; nada de nada.
    -Yo te enseñaré. Ya empecé a enseñarte: toda esta conversación es para eso. Déjate guiar por mí…
    -¿Y si nos pasa lo mismo que a ellos?
    -No. Te prometo que no nos pasará lo mismo.
    -¿Y podrá mi hermano… despertar, y volver a ser como antes… y Rachel?
    -Eso espero. Al menos tu hermano. Ojalá de una vez Rachel. ¿Estas de acuerdo?

    Naturalmente que iba a estar de acuerdo. Qué no haría yo por mi hermano.

    Juan me hizo recostarme en el suelo, sobre unas frazadas y me hizo relajación. Fue una agradable sensación. Su voz se hizo cálida, amical, como familiar. Me hablaba con gran comprensión; daba la sensación que adivinaba lo que yo sentía. Me explicó muchas cosas mientras yo estaba relajado; me hizo imaginar cosas. Algunas de estas cosas eran como absurdas, como un juego: que unas frutas, que zapatos, que cambiar el color de los zapatos; me hizo imaginar el patio de mi cada de infancia, el pestillo con que cerrábamos un pequeño portón del gallinero, en fin, muchas cosas. Cuando me costaba imaginar, Juan me ayudaba con una pregunta precisa. ¡Incluso me pidió que durmiera un poco, porque él iba a dar de beber a Cristián! ¡y yo dormí! Desperté con un leve toque en el hombro derecho; recordé que me había dicho al inicio de mi relajación que no me preocupara si me dormía, que un toque en el hombro derecho me despertaría. Así fue. Luego me dijo que imaginara un lugar agradable, donde yo me sintiera bien y pudiera descansar. Yo imaginé una especie de herradura a orillas del mar, donde acompañaba a mi padre a pescar. Mientra él tiraba su lienza al mar, yo jugaba entre las enormes piedras que coronaban cada punta de esta herradura que permitía que las olas del mar murieran lentamente en una arena muy fina y muy amarilla. En la cima del lado Sur de esta herradura había una planicie llena de paja y pequeños palitos secos, todos ellos circundados de pequeñas plantas con aún más pequeñas flores. Escogí ese lugar y Juan me hizo ver gaviotas y oírlas graznar mientras pasaban sobre mi cabeza. Incluso vi un desfile ordenado de pelícanos que volaba rasantes sobre las pequeñas olas. Me hizo pisar la arena de la playa sin tener que bajar las piedras de esa suerte de pequeño acantilado. Caminé dejando huellas que con el agua se borraban. Por instrucciones de Juan me imaginé de nuevo en la cima de las rocas; una vez ahí me hizo mirar al otro extremo de la herradura. Sobre las rocas había un hombre que me hacía señas: me sorprendí porque Juan no había orientado que viera a un hombre, como cuando me orientó a ver las gaviotas y a escuchar sus graznidos. ¿Qué ves al otro lado de la playa? Veo a un hombre. ¿Qué hace? Veo que agita sus brazos como haciendo una señal de saludo. Piensa que a tu lado hay un binocular: tómalo y ve quien está haciendo señales. Lo hice, miré y ¡Vi a Juan que sonreía! Hola, mírame ahora en la playa. Miré hacia el bajo y lo vi haciéndome señas. Volví la vista al montículo de piedras y ya no estaba. Sentí que me dijo ven, o que me gritó o que me hizo señas. Fui hacia él, igual que cuando “bajé” la primera vez: en forma instantánea.

    -Hola ¿estás bien?
    -Sí.- le contesté con una seguridad que me extrañó.
    -Bien. Tú trabajarás desde aquí. Yo iré… más lejos; pero estaré viniendo a verte…
    -¿Cómo… trabajaré?
    -Te recostarás allá arriba; yo te acompañaré. Luego te concentrarás… o te imaginarás estar un lugar donde yo te acompañaré. Seguirás ahí hasta que yo vuelva. Yo vuelvo a través de ti, es decir contigo o no volveré…
    -¿Qué haré… ahí?
    -Pues, nada- sonrió -…o casi nada. Ya te explicaré. Vamos.
    Me puso una mano en el hombro y, bueno, ya estábamos arriba, en mi refugio.

    Enseguida me pidió que me recostara, que cerrara los ojos, que me relajara, que me concentrara. Es invierno me dijo, hace frío; estás casi desnudo. No sientes frío. Mírame.

    Efectivamente, al abrir los ojos lo vi. Su rostro era como una máscara, no tenía expresión ¡no tenía ninguna expresión! Apenas lo distinguía, pues la luz era muy tenue.

    -¿Y el mar…?- le pregunté.
    -Aquí no hay mar- me respondió, y añadió –aquí hay sólo tierra. Recuerda Cristian que yo vendré por ti. Recuerda lo que conversamos. Adiós.

    Y Juan desapareció. Yo quedé en medio de una gran oscuridad. Perdido. Solo.

    Pareciera que hubiera llovido mucho; todo tenía aspecto de humedad, el aire, la tierra donde pisaba… y hasta uno sordos ruidos que parecían truenos. Acostumbrados mis ojos, poco a poco, a la oscuridad, miré en torno mío y efectivamente vi tierra como fangosa, hojas cafés o amarillentas y podridas.
    Un ruido indefinible se acercaba hasta donde yo estaba. Solo por precaución retrocedí unos dos pasos, justo a tiempo: al trote ciego pasó casi rozándome una piara de cerdos que en su apremio dejaban tras de sí algo como nubes o más bien como manchones de un color negro tan intenso como no recuerdo haber visto antes. Inmediatamente después saltaron como del suelo pequeñas chispas de fuego o de luces rojas similares a las estrellitas de navidad con las que jugábamos de niño. Me acerqué curioso para ver qué producían esas pequeñitas estrellas de color rojo tan intenso. Seguí estas apariciones hasta un pozo que apenas se adivinaba en la noche; al asomarme vi borbotones de un líquido semejante al líquido que aloja un volcán como el Poás en Costa Rica. Como todo fuego me atrajo con su influencia hipnótica que imagino cautivó la mirada del hombre desde tiempos ancestrales. De pronto uno de esos borbotones creció y se elevó peligrosamente; me retiré asustado y sorprendido. Fue una escapada providencial pues surgió fuera de esta especie de noria una serpiente dorada con un cuerpo que hubiera jurado era de metal, de un metal ardiendo. No sé cómo ni porqué, pero tuve la seguridad que me atacaría; retrocedí buscando reconocer algo que me sirviera como defensa; entonces vi la figura de una mujer fantasmagórica, cubierta de un vestido largo negro u obscuro, vestido que se desgarraba a cada paso. Pareciera más bien que no era un vestido, sino u montón de harapos que se había puesto encima no más para proteger su cuerpo de la desnudez. Al caminar para interponerse entre la serpiente metálica y yo me percaté que cojeaba, que estaba a punto de caerse. Intenté detenerla pues no me cabía duda que la serpiente la mataría; un gesto enérgico de su brazo huesudo, con trapos colgando y cayéndose, me detuvo casi paralizándome. Al hacer ese gesto de autoridad dejó ver en el otro brazo una guadaña que usaba como bastón o muleta. Se fue directo contra la serpiente y le lanzó un guadañazo que con agilidad esquivó la serpiente. Entonces se irguió echando el cuerpo hacia atrás amenazando con saltar sobre la mujer; pero esta en vez de retroceder avanzó temerariamente gritando con voz aguda algo que no comprendí. La serpiente seguía su actitud amenazadora, de su boca la lengua bípeda parecía un látigo que azotaba el aire; dos cerdos o jabalíes pasaron corriendo cerca de la mujer, pero esta con un violento giro de su guadaña les hirió a ambos y les hizo caer dentro de la noria de donde salió una gran llamarada que iluminó la escena. Efectivamente se veía en la serpiente una especie de escamas de metal que cubría su piel; pensé que eran escamas de cobre, aunque de cobre radiante, al rojo vivo, tal vez a punto de derretirse. La mujer mostró su rostro entre pedazos de tul u otro género en forma de tiras desgarradas. Su rostro era el rostro de la furia más grande pudiera recordar; se fue sobre la serpiente con decisión casi suicida; ésta se abalanza sobre ella y yerra su golpe o más bien dicho su mordedura, lo que permite a la mujer pisarle la cabeza con su pie. La serpiente emite un silbido aterrador y se retuerce con violencia; logra soltarse del pie de la mujer y retrocede hacia la noria que parecía estallaría por la intensidad de la luz que emanaba. La mujer sigue inexorablemente tras la serpiente blandiendo su guadaña y gritando esas incoherencias que parecían un grito de guerra atemorizante. La sierpe se devuelve con rapidez hacia la noria y repta para perderse en ella; de pronto su cola se divide en dos y su cabeza mira por última vez a la mujer y a mí; vi como esa cabeza de ofidio se transformaba en la cabeza de un cabro con unos ojos desorbitados que me miraban llenos de horror y miedo. Quise gritar; decirle a la mujer que no lo atacara, cuando ella se fue con todo y guadaña sobre el animal y juntos –ella y el cabro- se hundieron en el pozo cuya luz fue tan fuerte que hube de cubrirme los ojos, enceguecido como frente a un gran flash que aumentaba a cada rato su intensidad.
    Un leve movimiento bajo mis pies me hizo mirar hacia atrás y cual sería mi espanto cuando me percato que estoy parado al borde un gran abismo y que la tierra bajo mis pies está cediendo; alcancé a avanzar unos cuantos pasos y todo el promontorio donde estuve parado se cayó estrepitosamente. Decidí seguir avanzando, no sea cosa que siguieran los deslizamientos. La oscuridad volvía a atemperar la luz cegadora y las sombras se apoderaron rápidamente del lugar. Al poco andar mis pies se fueron hundiendo en el fango; al tratar de zafarme se aceleró el proceso de hundimiento y ya directamente sentí una gran fuerza que me succionaba. Al manotear en procura de algo en qué sostenerme, sentí miles de gusanos que vivían en el fango. Gusanos chicos, grandes, delgados, gordos, cual de todos más viscosos; incluso distinguí cosas algo así como babosas, sapos que comían gusanos mientra otros gusanos se comían a los sapos. Alrededor de todos ellos, millones de pelotitas redondas y ovaladas que interpreté como huevos. Vomité sobre ellos; fue un acto absolutamente incontrolado. Mi vomito alteró la vida de todos esos seres que se alborotaron y en pocos instantes se comieron todo. Extrañamente me sentí bien luego de vomitar; ya no me parecía tan asqueroso ese montón de gusanos y otros animales, algunos conocidos y otros –muchos- absolutamente desconocidos, pero igualmente viscosos. Fue entonces que observé aves que parecían murciélagos que pasaban rasantes, cogían gusanos o lagartos, o sapos y a mordiscos apresurados los mataban en pleno vuelo. No tenía tiempo de preocuparme de ellos, mi cuerpo se hundía cada vez más; la gusanera me llegaba ya a los hombros, al cuello; mis brazos a duras penas se mantenían fuera, y yo los agitaba sobre mi cabeza para evitar los murciélagos gigantes que pasaban golpeando con sus alas sobre mi rostro.

    Tuve la clara sensación que mis pies tocaban agua, o al menos líquido. Sin dudar levanté mis brazos y me impulsé hacia abajo. El descender fue mucho más lento de lo por mi previsto; los animalejos se deslizaban por mi rostro, trataban de levantarme los párpados que yo mantenía fuertemente apretados, otros pujaban por entrar entre mis labios. Algo me mordía las orejas y trataba de penetrar hasta mi oído. Me era imposible bajar los brazos para protegerme; parece que levantarlos para descender más fácil fue un error. Sentí que algo reptaba por mi nariz y entraba hasta mi garganta. Traté de no desesperarme; debía cuidar mi poco de oxigeno. Tragué con fuerzas; a la tercera vez sentí que se desprendía el gusano o lombriz y lo tragué. Recuerdo haber pensado: ya te las verás con los jugos gástricos. La falta de aire se comenzó a hacer insoportable. Recordé mis cursos de buceo a apnea: es una sensación de angustia que se puede controlar. Pero yo nunca había podido controlarlo. Sentí que perdería el conocimiento. Recordé el ejercicio en la playa, volví a ella y con los pies rodeados de agua de mar respiré suave y profundamente; juraría que escuché una palabra desde la lejanía: agatodaimon; no tuve tiempo para averiguar, retorné de inmediato a mi situación en el barro y supe que la sensación de angustia por ahogo había pasado. Recuerdo haber pensado que ojalá saliera pronto de esta situación pues mi sistema nervioso no volvería a avisarme de la falta de aire y podía morir envenenado por la falta de oxigeno; vagamente recordé que los gritos de la mujer se parecía a la palabra de la playa, aunque levemente diferente: kakotodaimon o algo así. Me fui hundiendo lentamente, como en cámara lenta; abrí los ojos y vi un gran sapo con cara de mujer vieja y desdentada, de mis ojos salieron pequeñas cuchillas que se clavaron en la frente de la vieja la que con un grito se fue hacia atrás y llenó todo el espacio de sangre. Me muero, pensé. Luego me vino un pensamiento alterno: me vivo; estoy naciendo de nuevo. Casi sin fuerzas, a duras penas, abrí mis párpados y vi una luz amarilla con visos anaranjados, sonreí. Un joven casi adolescente se aprestaba a abrazarme. Me desmayé.

    Desperté flotando en un agua extrañamente quieta; en ella se reflejaban tonalidades de luz de un anaranjado suave, como cuando recién sale el sol.

    -¿Cómo estás?- me preguntó Juan, a mi lado.
    -¡Juan!- exclamé. Creo nunca me había alegrado tanto de ver a alguien. -¿Qué haces aquí?
    -Te estaba esperando.
    -¿Y mi hermano?
    -Lo encontré. Nos espera.
    -¿Cómo está?
    -Está bien. Bueno, estará bien.- y añadió: -Debes volver, Boris.
    -¿A dónde?
    -A tu lugar de reposo, frente al mar.- me puso la mano en el hombro y dijo con voz de mando: -Vete, ya.

    Abrí mis ojos de asombro: estaba sobre las rocas frente al mar, a mi lado, casi junto a mi rostro pequeñas flores protegidas del viento salino del mar. En la playa, mirándome, Juan. Me puse a su lado. Durante un buen rato nada dijimos. Ese hombre era para mí el hombre más confiable del mundo; no sé por qué.

    -Vámonos a casa, Boris.
    -Vámonos a casa, Juan.

    Ambos nos fuimos a mi nido sobre las rocas. Me tendí de espaldas, le sonreí y cerré mis ojos. Su mano en mi hombro me indicó la tarea: -Boris, despierta hermanito. Abrí mis ojos y vi a Juan que sonreía; yo también. Me puso una mano en el esternón y sentí un flujo de energía. Cerré mis ojos y me dejé llevar. Luego su mano en mi frente y yo me dispuse a sentarme; cuando sentí su mano en la espalda, en mi cintura, supe que todo estaba bien.

    Cuando fuimos al cuarto de Cristian, me sorprendí de ver al cura del Hospital sentado a su lado.

    -Hola- dijo –que bueno que están aquí. ¿Todo bien?
    -Sí- respondió Juan –Todo bien.

    Se acercó a mi hermano, le puso una mano en el hombro y le dijo: -Cristian, despierta, ya.

  19. Júdith Mora V dice:

    Permiso Celestita…
    IVAAANNNN Iván Iván Iván… espero espectante la otra parte, oh si, tiene que haberla, con Rachel incluída… además, me la debes eh? jajajajaja

    Un beso, enooorrrrrmeee con olor a mar… sencillamente estupendo.

    Júdith… con la h jajaja ♥

  20. Jose Itriago dice:

    No había leído esta sorprendente y maravillosa narración. Es un género diferente de los que nos tienes acostumbrados, aunque uniendo el que dejaste en el sitio de Osvaldo y éste, me parece que hay un vínculo en las imágenes. Pareciera que te la inspiración anda por esos temas. No pido segunda parte, como la querida Jud, porque creo que no la tiene. Pido otra narración, porque esto cada vez se pone mejor.
    Felicitaciones



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