El aliento de la vida

“Toda pena mata el Yoga en quien sobriamente come y moderadamente se recrea, en quien con templanza cumple las acciones, en quien sin exceso duerme y sin demasía vela.

Cuando sus domeñados sentidos se fijan en el Yo y no ansía cosa alguna apetecible, entonces está armonizado.

Semejante a inmóvil llama de lámpara que arde en quieto ambiente es el yogui de subyugado pensamiento que se abstrae en la contemplación de su Yo.”

(Bhagavad Gîta - Estancia Sexta, Slokas 17 a 19)

Dando los primeros pasos

Cuando hace unos cuantos años tuve mi primera experiencia en el camino del Yoga, dos cosas me impactaron profundamente… justamente las dos cosas que acaban de ver en el párrafo anterior. Primero, esa imagen de un sadhu, de un hombre santo, cuya mirada se pierde absorta en algún punto interior. En segundo término, las slokas del Bhagavad Gîta que transcribí.

Ambas impactaron en mí, porque visualicé el estado de paz de un ser que se ha entregado totalmente, por un lado, y comprendí que el camino era mucho más simple y que se resumía en encontrar el punto de equilibro en la vida cotidiana, por el otro. Simpleza no excenta de dificultad, de tropiezos, de caídas y volver a comenzar… y seguir intentando, siempre seguir intentando.

Por cierto, el Bhagavad Gîta o “Canto del Señor”, forma parte constitutiva del Mahabhârata, una de las dos grandes epopeyas de la tradición india, junto con el Ramayana. Ambas epopeyas relatan los sucesos de la vida de dos avataras, Krishna y Rama respectivamente, encarnaciones del dios Vishnu, el conservador, quien desciende a la tierra a dar instrucción a los hombres cuando el camino del conocimiento se olvida.

En el Bhagavad Gîta, Krishna instruye a su discípulo Arjuna sobre diversos tópicos pero, especialmente, sobre el camino del Yoga: qué es y cómo lograrlo.

Existen innumerables versiones de dicho texto, algunas más estrictas en su traducción, otras más libres y poéticas. Cualquiera que encontremos nos dará una pauta de qué estoy hablando. Para aquellos que les guste leer y les encanten (como a mí) las historias llenas de situaciones fantásticas, guerreros valientes y damas bellas y encantadoras, la lectura del Mahabhârata resultará entretenida además de altamente instructiva respecto de la filosofía de la India… siempre y cuando se sientan capaces de enfrentar los dieciocho tomos originales en inglés o los cuatro en español.

Las epopeyas se relatan aún hoy, a la sombra de un árbol en todos los poblados de la India, como un modo de acercar a todos, jóvenes y viejos, instruidos o iletrados, los fundamentos filosóficos que constituyen todo un modo de ver la vida y experimentarla en consecuencia.

Sonido interior

A pesar de que el silencio de “ese otro  lado” de la pantalla, no me permite apreciar si están progresando en sus prácticas, quiero creer que todos están logrando maravillas. Es por ello que he planeado para esta entrega, acercarles dos videos rescatados de la red. En el primero, vamos a aprender a apreciar el “sonido interior” que produce la respiración yóguica.

Si bien se presenta como una característica propia de un tipo particular de práctica de Yoga, puedo asegurarles que la percepción del sonido de la respiración es palpable en cualquier práctica, ya sea de Hatha Yoga o meditación. Siempre que realicemos una interiorización y nos concentremos sobre la respiración, el sonido se percibirá. Con el sonido, podrá también experimentarse la impresión fácilmente identificable de la energía en movimiento.

Vamos a ver el video:

Bien. Ahora sabemos cómo respirar de manera yóguica… y no sólo eso: hemos comprendido que la respiración se escucha interiormente. Y que ese sonido nos ayuda a percibir el fluir de la energía.

La fuente de energía por excelencia en nuestro planeta proviene del sol. Él es quien permite la vida en todas sus manifestaciones y, como dador de energía, es venerado por los yoguis en la forma de Surya. Cada día, al levantarse el sol en el horizonte, es saludado con devoción y agradecimiento por sus dones.

Aquí les regalo la “Salutación al Sol”:

Y con esto, hemos sentado las bases de nuestra práctica. Silencio interior, auto-observación y agradecimiento por los dones que recibimos, son los fundamentos de una vida libre y fructífera.

Espero sus comentarios para orientar el contenido del blog hacia lo que ustedes necesiten… y espero el cuento que prometió Delia, por supuesto.

¡Abrazos!

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Comentarios

14 respuestas a “El aliento de la vida”
  1. delia civalero dice:

    Querida Celeste, nada mejor me podrías haber pedido; hoy llueve en Buenos Aires y mientras me desayunaba en la galería estremecida por el fresco de la lluvia y la humedad de la tierra, perdida entre el parloteo de los teros, las calandrias y benteveos, entre mate y mate me preguntaba cómo comenzaría mi día; ya hace mucho tiempo que dejé de llevar y traer chicos del colegio, mis nietos están tan lejos que solo puedo mimarlos vía Internet…y aparecés vos con tu pedido, qué mejor que empezar el día relatando un cuento!
    Es importante mencionar el contexto dentro del cual Joseph Cambell sitúa esta historia: “el de los mitos y cuentos populares sobre la maternidad de las vírgenes cuyos vientres alojaron al protagonista de la redención”, también es necesario despojarse de prejuicios acerca de los mitos y verlos como lo que son, historias cargadas de símbolos que se abren a los misterios primordiales más insondables, aquellos a los que la razón no puede llegar y que laten en la profundidad de la consciencia humana.
    Y va la historia:
    “Un tirano-titán llamado Taraka había usurpado el gobierno del mundo y según la profecía sólo un hijo del Alto Dios Shiva podría derrotarlo, pero Shiva era el modelo de dios del yoga; apartado, solitario, sumergido en la meditación, era imposible que Shiva se interesara en engendrar un hijo. Entonces Pavarati, una doncella hija de Himalaya el rey de la montaña, se retiró a las altas colinas para llevar una vida ascética y decidió cambiar la situación del mundo compitiendo con Shiva en la meditación. Alejada, sola, ayunando desnuda bajo el sol ardiente, su hermoso cuerpo se convirtió en una frágil estructura de huesos, su piel se volvió apergaminada y dura, el cabello desgreñado y crecido.
    Un día un hermoso joven se acercó a ella y le preguntó porque se destruía con tales torturas y ella le contestó que con eso buscaba que Shiva saliera de su estado de equilibrio y fuera atraído hacia ella lleno de amor. El le dijo que Shiva era el dios Aniquilador del Mundo y nadie sabe nada de su nacimiento, pero ella le contestó que Shiva siendo pobre es la fuente de la riqueza, siendo aterrador es la fuente de la gracia y no podría haber nacido porque es el creador de lo increado y que Shiva era su amor.
    El joven se quitó su disfraz; él era Shiva”
    Fin del relato del encuentro entre Shiva y Pavarati lo demás ya lo diste a conocer en tu anterior entrada.
    Gracias y un abrazo para todos.
    Delia

  2. Júdith Mora V dice:

    Querida amiga
    hay algo que me ocupa, y es que no logro respirar bien, aún me mareo cuando lo hago. Esto me llama poderosamente la atención, y es que cuando estuve en embarazo de mi hija mayor, hice el curso psicoprofiláctico, pero cada vez que hacíamos las respiraciones, no podía seguir porque me mareba muchísimo y me dolían las manos. No obstante cuando me llegó el momento de dar a luz, las quise realizar para calmar un poco los dolores de parte y me hiperventilé, al punto que manos y piés se me engarrotaron, sobre todo las manos, a lo que el médico me pidió de inmediato que parara en prevención por la bebé. ¿Hay algo que no esté haciendo correctamente o es ya una cuestión de condición física? Hice ballet por 6 años, luego atletismo y gimnacia olímpica, luego gimnacia rítmica y jazz, y más entradita en años pues las máquinas del gimnacio y las clases de bailoterapia… subo montañas con agilidad, aún a pesar de mis años y los cigarritos eventuales jeje -cada vez menos- y nunca he tenido problemas con la capacidad respiratoria… esto me llama muchísimo la atención.

    Me gustó mucho la Salutación al Sol… qué relajante.

    Un beso, y como siempre, muy bueno.
    Jud.- ♥

  3. María Celeste Cécere dice:

    Querida Jud… ¡Hola! Creo que la problemática puede radicar en el hecho de que la respiración, en cualquiera de las actividades atléticas que realizaste o en el curso de psicoprofilaxis, se realiza inhalando por la nariz y exhalando por la boca. Esto lleva, espontáneamente, a que la exhalación sea abrupta, rápida.
    Los mecanismos respiratorios se fijan con el tiempo y uno tiende a repetir inconcientemente lo que está aprendido. Por eso yo decía en la entrada anterior que hay que reaprender a respirar.
    En la respiración yóguica, no sólo se intenta lograr una respiración completa, que abarque las tres regiones pulmonares, sino que se afirma la inhalación y exhalación por la nariz, completando el cuadro con una exhalación que nunca debe ser menor, en tiempo, a la inhalación.
    Con el paso de los días y la práctica, la exhalación se va alargando. Luego se trata de lograr una acompasamiento: inhalación cada vez más lenta (en doce tiempos, por ej), exhalación en dieciocho tiempos; luego, exhalación en veinticuatro tiempos… ¿se entiende?
    Cada vez más lenta y profunda, aumentando el tiempo de exhalación… ¡y siempre POR LA NARIZ!

  4. María Celeste Cécere dice:

    Perdón, me olvidaba: por eso es que es tan importante poder percibir el sonido de la respiración, ya que ayuda a medir el tiempo de inhalación y exhalación.

  5. Joise Morillo dice:

    Excelente entrega María Celeste, hacemos personas que nos preocupamos por la paz interior, eso también llamo yo paz espiritual, admiro la capacidad Yogui de brindar esa posibilidad mediante la relajación del cuerpo y la mente, aun cuando eso se debe aprender mediante la práctica, su resultado, en el de relax simultaneo es infaliblemente efectivo, la técnica se basa en aspirar la mayor cantidad de aire posible, en tal medida, el O2, mediante los lóbulos pulmonares pasan a la sangre, y esta lo transporta en cantidades más elevadas según el al cance de vuestra adquirida técnica, al cerebro -un cerebro sin oxigeno esta muerto- esta cantidad de oxigeno os da la capacidad de pensar más profundamente, ver más interiormente, ver mas allá de lo que la simple observación nos concede, por ende, reflexionar de mejor manera y llevar una vida más acertada y ordenada tendiente a estructurar lo espiritual con lo bondadoso externo de nuestro entorno.

    Vivir en paz no es tan difícil, lo difícil es lograr como concertar un modelo de desenvolvimiento donde las cosas que nos rodeen nos afecten de la forma más benigna posible, eso debemos obtenerlo nosotros mismos, con nuestro modo de interpretarnos y guiarnos por el sendero de la paz y libertad espiritual, de tal forma que las cosas no gratas que os hayan podido ocurrir no son la culpa del otro, sino de vos mismo, por no ser cauto y ver las cosas mas allá de lo superfluo y que se antepone a vos. Esa es una posible ventaja del Yoga mediante su sistema bien ejecutado, os enseña a ser prudente con vos mismo, tanto de cuerpo como de alma.

    (Yo particularmente afirmo, que no importa la religión que profeséis, nada os impide practicar Yoga)

    Simplemente porque el cuerpo no tiene religión, la religión está en la mente, para el yoga necesitamos las dos cosas, el cuerpo y la mente, entonces: ¿Porque no combinar, crear un sincretismo en la medida que os sintáis felices de acuerdo a vuestras convicciones y la salud del cuerpo, mediante una excelente respiración y una buena alimentación?
    ¡Os ama!
    Joise

  6. María Celeste Cécere dice:

    Gracias Joise… coincido con tu apreciación de que Yoga va más allá de una religión determinada. Yoga es un estado y una actitud, como bien lo definiste, y eso es algo que trasciende la forma, el concepto de lo que creemos o dejamos de creer.
    Un abrazo muy especial…

  7. Blanca Estela Saavedra Donoso dice:

    El Yoga, el Zen, la Meditación Trascendental y el Cristianismo
    Por el Dr. Manuel Guerra

    ——————————————————————————–

    En los últimos tiempos, el mundo occidental se ha dejado llevar por el afán obsesivo de dominar la naturaleza y de tener más cosas, con la particularidad de que, una vez conseguidas, se sigue trabajando a ritmo creciente para cambiarlas por otras más novedosas. Pero, a pesar de contar con recursos jamás soñados, el hombre occidental parece sentirse más desgraciado que nunca.

    Hastiados del activismo y de la técnica, grupos e individuos occidentales sienten una creciente fascinación por la psicotécnica oriental. De ahí la divulgación del yoga, del Zen y de la meditación trascendental en sus diferentes manifestaciones. No pocos se preguntan en qué medidas son compatibles con el cristianismo esos sistemas. Pero, antes de valorar estas corrientes de procedencia o impronta hindú y budista, se impone describir las etapas de su infiltración en Occidente y su trasfondo doctrinal.

    Los libros religiosos del hinduismo y del budismo, traducidos al inglés, son puestos al alcance del hombre occidental por un equipo de especialistas, que -bajo la dirección de Max Muller- publicó en 50 volúmenes los libros sagrados de Oriente.1 A partir de esos años se multiplican los estudios parciales, especialmente del budismo zen y los del yoga. La atracción que ejercen actualmente el yoga y el zen ofrece todos los síntomas de una moda y, por lo mismo, de algo pasajero. Pero resulta innegable el impacto que está produciendo.

    El terreno estaba preparado. La siembra de ideas ya se había realizado sobre todo entre los Intelectuales. Los gurúes2, los roshi3, etc. itinerantes, se han encargado de que los recursos psicotécnicos de Oriente y, con frecuencia, sus ideas hindú-budistas enraícen y germinen en grupos más o menos amplios por los países europeos y americanos.

    En los primeros años de la posguerra, se pensó que la quiebra espiritual de Occidente ofrecía una oportunidad excelente para la penetración del budismo, etc. Sin embargo, se quedó en ilusión. En Europa los budistas -con pagodas en casi todas las capitales de nación y en otras ciudades importantes- son unos 20,000, en Hispanoamérica 160,000, en Estados Unidos 200,000, en Asia unos 300 millones. Mejor suerte estadística ha tenido el hinduismo: 770,000 en Africa, en América 770,000, 350,000 en Oceania, 200,000 en Europa y en la India son 475 millones4.

    Vertiente psicotécnica de estas doctrinas orientales

    Si se hiciera una encuesta entre los occidentales, probablemente casi la totalidad respondería que de Buda y del budismo, del hinduismo y de sus dioses, apenas conocen el nombre.

    No obstante, también más de un occidental, cansado del activismo técnico y con escasa formación cristiana, puede dejarse seducir por el exotismo oriental. El agotamiento, el hastío de la vida y los trastornos psíquicos, junto con una hábil propaganda de la eficacia a la vez sedante y estimulante del yoga, del zen, etc., ha empujado a muchos a iniciarse en esos sistemas en su vertiente psicotécnica, o sea, en lo que tienen de praxis. Esta servirá en no pocos casos de trampolín de lanzamiento a la teoría, a la aceptación de las doctrinas subyacentes.

    1. El panteísmo y el pancosmismo del yoga

    La palabra yoga sugiere a muchos la práctica regularizada de ejercicios físicos, gimnásticos y mentales (reconcentración, meditación), e incluso una concepción exótica del ser y de la vida. El yoga es ciertamente eso, pero también algo más. Hay muchas clases de yoga, pero todas coinciden en la meta u objetivo último: la unión del hombre con su ser más profundo (armonía, equilibrio interior) y con lo Absoluto, lo Uno-Todo, con Brahmán -panteísmo, del yoga hindú5 -, con el Universo -pancosmismo, del yoga budista y jinista6 -, así como la desatadura de la cadena de la reencarnación, que arrogaría el alma a este mundo con tantos anillos cuantos sean los cuerpos vivificados por la misma alma.

    El yoga as algo mucho más complejo que lo que suele entenderse por esta palabra en Occidente, donde apenas se conocen los rudimentos psicotécnicos del hatha-yoga y del raja-yoga, de ordinario fuera de su concepción teórica del cuerpo humano y de su contexto filosófico y religioso. Para los verdaderos yoguis -practicantes del yoga-, su sistema es una forma de vida integral: existe un modo yóguico de comer, de beber, de realizar la higiene de los diferentes miembros y funciones fisiológicas, de vivir durante el día y de dormir, así como de trabajar, aprender, enseñar, amar, obedecer, mandar, etc.

    2. Origen budista del Zen

    El zen es considerado por muchos como la cima del budismo. Todavía en nuestro tiempo, es la norma única de vida de algunos millones de bonzos y sus discípulos en Japón. La palabra “zen” es la forma abreviada del japonés zenna, transliteración del sánscrito dhyana. La raíz de la palabra sánscrita aúna el doble aspecto de “pensamiento” y “ejercicio”. Zen significa, pues, el proceso de concentración de la mente en un solo punto u objeto.

    Zen es el apelativo ordinario de la “Doctrina del corazón de Buda”, nombre de una de las escuelas o sectas budistas dentro de la rama denominada Mahayana (”Gran vehículo”). Sus enseñanzas se encaminan a la autorrealización o plena realización del propio yo, a saber, a la obtención de la “iluminación”, similar a la que había tenido Buda.

    En el siglo XII el zen pasó de China a Japón. En nuestros días ha irrumpido en Occidente, precisamente cuando está en decadencia creciente en Oriente. Así lo reconoce el famoso roshi Yasutani: “En la India, lugar donde nació Buda, el zen ha dejado de existir prácticamente y, según tengo entendido, está muerto virtualmente en China …Solo en Japón vive todavía, aunque está declinando incesantemente; es probable que no haya diez maestros verdaderos [de zen] en todo Japón”7.

    Los objetivos del zen se pueden reducir a tres:

    a) El desarrollo del poder de concentración. Lo proponen como el resultado de la unificación de la mente y de su aplicación en un solo punto. En este aspecto, coincide en gran medida con el yoga, aunque difieran los métodos empleados. Los rayos solares, concentrados por medio de una lupa, tienen efectos sorprendentes; además de calentar, queman. La luz de la mente unificada mediante la atención y los ejercicios zenistas -posturas, cuenta de las respiraciones, etc.- producirían resultados extraordinarios.

    b) Alcanzar la “iluminación”. La iluminación o autorrealización, plena realización de la mente, es la culminación del zen, una mirada interior e intuitiva a lo esencial de las cosas y de uno mismo: el despertar a la propia naturaleza verdadera, o, lo que es lo mismo, a la naturaleza de todo lo existente. No es resultado de ningún proceso dialéctico ni de la comprensión lógica e intelectual, ni, por supuesto, fruto de la ayuda divina.

    c) La actualización del “camino” supremo en la vida. Un objetivo permanente del zen es la entrega a cualquier acción -por insignificante que parezca- con atención y conciencia plenas. El zen es una técnica de vida, que concede la máxima importancia a las más sencillas acciones cotidianas: levantar la mano, masticar la comida, tomar un libro, beber una taza de té, preparar un florero. Con todas esas acciones, hechas con la máxima atención posible, uno vive el zen y se ejercita en él8.

    3 - La meditación trascendental: un término equívoco

    Es promovida por una gran organización con sede central en la India; tiene una amplia ramificación con las filiales en Suiza, Alemania y Estados Unidos.

    Como el yoga y el zen, consta de unos recursos psicotécnicos que se apoyan en un trasfondo doctrinal determinado. Y como ellos -excepto en algunos casos de orientación simplemente pragmática, psicotécnica- el movimiento de la “meditación trascendental” o “tántrica”, más que infiltrar la religiosidad oriental en Occidente en contra del cristianismo, aspira a conseguir una síntesis de ambos. Refleja con nitidez el espíritu ecléctico de los hindúes.

    Aunque se denomine “meditación”, no lo es el sentido que esto término tiene en Occidente. No es una reflexión especulativa o filosófica ni simplemente discursiva sobro una idea, un tema o una realidad. Tampoco se trata de una meditación de índole religiosa o espiritual, es decir, una oración hecha con la mente o los pensamientos, que se compaginan con el corazón, los afectos, y desemboca en la adoración de Dios, en la acción de gracias, en reparación, en petición. La meditación trascendental se caracteriza por la ausencia deliberada de todo esfuerzo en los ejercicios de interiorización. Se deja que la “meditación”, la concentración, la interiorización, el gozo y la calma broten por sí mismos en el interior de las personas.

    Trasfondo doctrinal: el hinduismo y el budismo

    El concepto básico y originario de la divinidad en el hinduismo es politeísta. Admite la existencia de 33 millones de dioses, que algunos multiplican por diez. Pero en la vida religiosa de los hindúes el politeísmo se convierte casi siempre en henotenismo: según las diversas necesidades, circunstancias y regiones se dirigen a una sola deidad, quedando las restantes como en la penumbra y prácticamente como no existentes. Es el caso de Krisna en la sociedad internacional para conciencia de Krisna.

    Este politeísmo real y honoteísmo práctico se compaginó muy pronto con el panteísmo o creencia en Brahmán (en sánscrito, palabra de género neutro), “lo Uno, lo Todo, lo Absoluto”. De Brahmán proviene por emanación (evolucionismo regresivo) -como la tela de arena- el universo y sus cosas, o sea, el maya (”ilusión” en sánscrito). Como el calor no es el fuego, pero irradia de él, así maya (lo múltiple, lo apariencial y transitorio, lo percibido por los sentidos) no se confunde con lo Uno-Todo, pero irradia de ello, de Brahmán, y no puede subsistir sin ello. Para su desgracia, el hombre suele dejarse fascinar por maya: es el samsara, es decir, la pegajosidad o vinculación subjetiva del hombre a maya. La aspiración suprema de los hindúes es la liberación de samsara y la fusión de su alma -perdida su individualidad- con Brahmán.

    El budismo ha sido y es considerado como ateo, si bien en realidad no lo es del todo. Buda permanecía en silencio cuando se le preguntaba acerca de la divinidad. Pero el budismo es un movimiento heterodoxo, deshojado del hinduismo. Y no pudo evitar la temprana irrupción del politeísmo hindú. Pronto los budistas creyeron en miles de dioses, pero los textos más antiguos recomiendan no acordarse de ellos. Por tanto, no creen en la divinidad en cuanto causa eficiente o hacedora y conservadora de las cosas e influyente en el mundo o en el destino de los hombres. En cierto sentido admiten la divinidad en cuanto “causa final” o imán de todas sus aspiraciones; es el nirvana, especie de “cielo” sin Dios ni ángeles. El nirvana es el estado de lo subsistente del hombre tras la muerte, una vez purificado del todo. Se trata de un estado de “aniquilamiento” del samsara y de todo deseo de lo caduco, lo apariencial. Entre los medios para conseguir esa “extinción” total del deseo, descuella la “huida” o separación del mundo (vida eremítica y cenobítica de los bonzos), el yoga, el zen y la reencarnación. En el budismo, como en el hinduismo, no hay inmortalidad o subsistencia después de la muerte del alma personal, ni, menos aún, resurrección de los muertos.

    El budismo no cree en la existencia del alma. En cambio, admite algo intrínseco a todos los seres que “sienten” y subsisten a pesar de las mutaciones de lo apariencial. Es lo que en el zen se denomina ordinariamente “naturaleza búdica” o “de Buda”, y también “naturaleza esencial”, “naturaleza verdadera”, “yo verdadero”.

    Como ésta se halla en todo lo que “siente” -hombres, animales, plantas-, la reencarnación puede tener lugar no sólo en otro hombre, sino también en un perro, mono, libélula, en cualquier animal e incluso en algún árbol o planta, de acuerdo con el grado de “mérito” o “demérito” acumulado en las existencias anteriores. Cuando esa “naturaleza búdica” consigue purificarse del todo, pasa al nirvana. Es ya “lo totalmente iluminado” subsistente a la serie de reencarnaciones.

    Vestigios de Dios

    El Concilio Vaticano II habla de los vestigios de Dios que se encuentran también en las religiones no cristianas: “La Iglesia Católica no rechaza nada de lo que en estas religiones (concretamente el hinduismo, budismo, islamismo y judaísmo) hay de santo y verdadero”. No se refiere a ellas en cuanto no cristianas, sino en la medida en que recogen destellos de la Verdad que es Cristo, “camino, verdad, y vida” (1o 14,6) y exigencias de lo natural o inherente a la naturaleza misma del hombre, hecha o dispuesta así por Dios9. Por eso, a continuación añade; “considera con sincero respeto los diferentes comportamientos y sistemas de vida, los preceptos y las doctrinas, que, aunque discrepen mucho de lo que ella profesa, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombros” (Nostra aetate, 2b).

    Si se trata de discernir qué aspectos son compatibles con el cristianismo y cuáles no, puede asentarse un principio general. El yoga, el zen y la meditación trascendental podrían ser de algún modo compatibles con el cristianismo en su vertiente psicotécnica, no en cuanto a su trasfondo ideológico y religioso10.

    1. ¿Doctrinas de salvación?

    Por lo mismo, del yoga un cristiano puede asimilar (en la medida en que lo sirvan para el dominio de sí mismo) todo un conjunto de técnicas y ejercicios físicos, gimnásticos, respiratorios, los recursos psicomentales y de concentración. Pero resulta inaceptable la doctrina subyacente -la explicación teórica de esos recursos psicotécnicos y de sus resultados- que presenta al yoga como doctrina de salvación.

    Respecto de los restantes aspectos, salta a la vista -a través de lo expuesto en los apartados anteriores- que el diagnóstico desfavorable se apoya en síntomas tan inequívocos como su concepto de la divinidad, afectado profundamente de panteísmo (yoga hindú) o de pancosmismo (yoga budista o jinista); sus confusas y equívocas explicaciones de la naturaleza humana y de sus relaciones con las demás realidades; su disolución de la responsabilidad y conciencia personal; su desvalorización del trabajo en el mundo y de las realidades temporales; su reducción de la superación humana al autodominio, y de la oración a la autoconcentración, frutos del esfuerzo personal, sin apenas resquicio para la intervención divina (yoga hindú), que es totalmente excluida en el yoga búdico.

    Quien se inicia en el yoga o en cualquier movimiento de impronta hindú, corre el riesgo de recibir primero las lecciones y prácticas relativas a los recursos psicotécnicos, compatibles con el cristianismo. Esa puede ser su intención, con el deseo de no pasar de ahí. Pero, con frecuencia, en la mente del gurú o del iniciador lo psicotécnico no es sino una especie de anzuelo. Une vez aceptado, el gurú trata de sacar del recinto cristiano a quien se inicia: es más frecuente que pretenda habituarlo -ordinariamente con cierto forcejeo más o menos resistente- a las doctrinas hinduístas, precipitándolo en el sincretismo y en el relativismo, disolventes de lo específicamente cristiano. De hecho, el gurú Maharaj Ji suele tardar unos dos años en decir a los asiduos a sus lecciones y sesiones que él es un avatara11 de Jesucristo y una mujer residente en Estados Unido lo sería de la Virgen María. Precisamente el panteísmo, que puede ser presentado de modo más capcioso para los cristianos sin formación teológica, y la reencarnación de las almas, fácilmente reconocible por cualquiera, pueden servir de hitos orientadores a la hora de discernir cuándo se pasa de la praxis psicotécnica a la teoría o creencia hindúes.

    2. El pancosmismo y el irracionalismo, rasgos definitorios del zen

    Algunos de sus propagadores enseñan que el budismo zen es una escuela de sabiduría, y no propiamente una religión. Aún admitiéndolo, según los verdaderos maestros de Zen, sólo el primer grado de zen y el segundo son asequibles a los cristianos. Y esto siempre en un plano meramente natural. No hace falta subrayar el concepto equivocado que tienen de la contemplación cristiana y de sus efectos. Hablan de ella como si su origen, su naturaleza y sus frutos fueran búdicos, de índole meramente natural y psicotécnica, no verdaderamente sobrenaturales.

    Los zenistas no suelen hablar de Dios de lo sobrenatural, para afirmarlo ni para negarlo. Aparentemente sólo se preocupan de llegar a conocimiento vivencial, a una experiencia más profunda, fructuosa e íntima del propio ser. A primera vista, todo parecería, compaginable con el cristianismo, excepto el reencarnacionismo y el nirvana y poco más. Quien así piense no ha calado en la esencia del zen y del budismo. Por eso, resulta imprescindible poner de relieve un criterio esclarecedor; consiste en detectar el talante naturalista del zen, que se manifiesta en dos aspectos más o menos diluidos en los libros y en las iniciaciones.

    El pancosmismo (del griego pan -todo-, y kosmos -universo, mundo-) es una especie de panteísmo, secularizado y radicalmente desacralizador. De suyo es una consecuencia y reflejo del “ateísmo” budista. Una y otra vez reaparece en las fuentes zenistas la creencia en la identificación del ser propio con el Ser cósmico, raíz y esencia profunda de todas las cosas. Pero este ser (aunque se escriba con mayúscula a veces) no es Dios (monoteismo) ni lo Uno-Todo (panteísmo hindú), sin el ser que todos somos en conexión con todos los seres.

    El zen es una vivencia personal, inmediata e indecible; algo esencialmente subjetivo, ilógico e irracional. El zen propiamente no es una filosofía, ni una religión. No enseña nada por vía de análisis intelectual, ni exige la aceptación de algo por medio de la fe. Tampoco contiene verdades inmutables, obligatorias para sus adeptos. Priva de valor a los escritos sagrados y a su interpretación. La vivencia personal -en su raíz psicológica- está por encima de cualquier autoridad y de las explicaciones subjetivas.

    El subjetivismo e irracionalismo del zen sintonizan, en gran medida, con dos de las características del hombre occidental en nuestro tiempo. Esta afinidad ayuda a explicar su irrupción en Occidente.

    La contemplación cristiana: realidad sobrenatural

    El hombre está hecho “a imagen de Dios” (Gen 1,26) y para Dios. De ahí que la aspiración mística y la necesidad de recursos acéticos en orden a conocer mejor lo divino y de alcanzar la unión con Dios sea algo connatural al hombre; forma parte de la vocación que el hombre tiene desde su mismo origen e inhiere en lo más profundo de su ser. Por eso, es lógico que aparezca de diferentes maneras también fuera del cristianismo. El yoga, el zen, la meditación trascendental, pueden ser considerados como diversas modalidades de esa aspiración natural del hombre a su perfeccionamiento y felicidad, que de modo pleno y verdadero sólo puede realizarse en el cristianismo.

    Lo decisivo para el cristiano es vivir plenamente las exigencias de su fe y sus implicaciones ascéticas, a imitación de Jesucristo. “Dios, que ha creado al hombre -escribe el Dr. Alvaro del Portillo-, se le ha ido manifestando de diversos modos hasta que, una vez llegada la plenitud de los tiempos, sobrevino la encarnación de Jesucristo, el Verbo Divino, enviado por el Padre para darnos a conocer todo aquello que Dios ha querido comunicarnos y hacernos participar de la misma vida divina. Este rasgo -este progresivo acercamiento de Dios al hombre, esta gratuita apertura al hombre de la intimidad divina- caracteriza de modo propio y singular la religión proclamada por Jesucristo, y la distingue radicalmente de cualquier otra: el cristianismo, efectivamente, no es una búsqueda de Dios por el hombre, sino un descenso de la vida divina hasta el nivel del hombre. Es Dios quien se manifiesta, se descubre, se revela, quien busca a los hombres, para infundir en ellos su misma vida. Punto de partida de la fe cristiana es, por tanto, la aceptación, la recepción llena de fe (obediencia de la fe) de aquello que Dios ha dado: sólo después; una vez recibido y aceptado libremente el don de Dios, surge la necesidad de una respuesta por parte de la criatura. La religión cristiana es pues, una irrupción de Dios en la vida del hombre: olvidar este hecho supondría reducir la vida del cristiano a una especie de humanismo religioso -a la búsqueda puramente racional de un, Dios lejano, para que se nos muestre propicio- o, en el plano de las relaciones con los demás hombres, a un mero sociologismo o a un moralismo antropológico, sin más horizonte que la ética de los valores”12.

    La vida de fe en el cristianismo supone la colaboración del hombre. Pero, sobre todo, es obra de Dios, del Dios personal, Uno y Trino, trascendente al hombre a la vez que inhabitante en él. Por eso, es posible la conversión instantánea sin preparación previa alguna: lo cual es imposible tanto en el yoga como en el zen. Piénsese, por ejemplo, en la conversión de San Pablo (Act 9,1 ss.), la de Alfonso de -Ratisbona en el siglo pasado (20-|-1842) y la de André Frossard en nuestros días (8-VII-1935).

    En la contemplación cristiana, la unión con el Padre de los cielos no tiene parangón en el plano horizontal, subjetivo, antropocéntrico, en el que se mueve el zen. Y es que la contemplación cristiana no se agita en el mundo interior cerrado del yo, sino que se abre a Dios, a nuestro Padre y centro de nuestra vida íntima, que es, con palabras de Paul Claudel, Quelqu’un qui soit en moit plus moi-meme que moi (Alguien en mi más yo mismo que yo). Resuena el eco profundo del intimior intimo meo de San Agustín, quien llama así a Dios “más íntimo” a mi mismo que “mi propia intimidad” o, si se prefiere, que “mi misma intimidad”.

    La vida del cristiano en cuanto tal se apoya en el soporte objetivo de la filiación divina, en su participación de la naturaleza divina, en su condición de hijo -con frecuencia pródigo- de Dios, inserto en Cristo, el Hijo de Dios. El cristiano no participa de la esencia divina por naturaleza, efecto de una concepción panteística, anuladora de lo individual, sino por gracia santificante. La vida y mística cristianas son esencialmente vida y mística de fe y de gracia. De ahí que la práctica ascético-mística quede en segundo plano, pues a Dios no se llega a base de esfuerzos, de concentración, de recursos psicotécnicos, como la iluminación búdica y zenista. Aunque no prescinda de ellos, el cristiano sabe que más que elevarse él hasta Dios, es Dios quien se adelanta, se le manifiesta y se comunica con él. Dios está en un plano distinto. El hombre debe saltar, pero sabe que sólo podrá ascender al plano sobrenatural, divino, si Dios, desde arriba y desde dentro de él mismo, lo toma y eleva.

    La filiación divina, realidad objetiva, se convierte en el plano subjetivo, personal, en la contemplación y amor filial a nuestro Padre Dios, que serán definitivos y totalmente beatificantes en el más allá de la muerte, para el alma de cada bienaventurado antes de la Parusía o venida gloriosa del Señor y, después de ella, también para el cuerpo resucitado. Se salva o se condena cada persona, no un alma o un yo profundo vivificadores de un sin número de cuerpos a lo largo de sus sucesivas reencarnaciones. La contemplación cristiana, por emplear una fórmula no rara en las Actas de los mártires, debe ser continua die noctugue -de día y de noche-, de modo que todos los estratos y sectores de nuestra personalidad están transidos de luz y amor divinos. Por esta razón “el cristiano, condenado a muerte, da gracias”13 y, con la gratitud, a veces se siente inundado por un pozo -en ocasiones desbordante- incluso en el momento mismo del martirio14.

    San Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, nos indica la tarea y destino puesto por Dios a sus elegidos: “ser conformes, conformados, a la imagen de su Hijo”, Jesucristo (Rom 8,29). Esta conformación se realizará incluso en cuanto al cuerpo. Pues en la Parusía “Cristo transfigurará nuestro cuerpo conformado a su cuerpo de gloria” (Phil 3,20), o glorioso, resucitado. Jesucristo no sólo es nuestro “modelo” (alguien distinto a quien miramos en orden a reproducir en nosotros su forma de pensar, reaccionar y ser) al estilo de Buda para los budistas. Tampoco se limita a influir en nuestra vida desde fuera, en cuanto causa eficiente, al modo de Krisna según las creencias de sus devotos. Jesucristo es, además, y debe ser nuestro “molde”, dentro del cual es preciso vaciarse, fundirse, para alcanzar la perfección humana y cristiana. De ese modo, se hará realidad la afirmación paulina: “Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí” (Gal 2,20). No cabe duda que las manos de la Madre de El y nuestra, la Virgen, facilitan muchísimo al cristiano el acierto en su transformación en quien -en cuanto hombre- se parece sólo a ella.

    Siempre, pero quizás en nuestro tiempo más que nunca, se impone redescubrir y vivificar los tesoros del cristianismo, tal vez olvidados a causa de la fascinación del mítico progreso científico-técnico, y por el despotismo de la imagen y de lo sensorial.

    La irrupción de lo oriental: yoga, zen, etc., puede hacernos revivir lo ocurrido hace mucho tiempo a Eisik, un judío pobre de Cracovia, según una antigua narración simbólica. En sueños recibió la orden de ir a Praga. Allí le esperaba un tesoro enterrado bajo el puente del Rey, pero había centinelas de día y de noche. No se atrevió a excavar bajo el puente; lo hizo alejado del mismo. Más los centinelas lo vieron y le interrogaron hasta que contó el sueño. El jefe de la guardia se echó a reír. Pero, recapacitando, refirió que en sueños él había recibido la orden de ir a Cracovia, pues en la casa de un rabino llamado Eisik, detrás del horno, hallaría un fabuloso tesoro escondido. Apenas oyó su nombre, el judío regresó a Cracovia, excavó en su propia habitación, detrás del horno de su casa y encontró un inmenso tesoro. El cristiano puede soñar la tentación de “abandonar la casa del padre” para hallar la armonía interior y la felicidad, pero el verdadero tesoro -la contemplación de Dios y el gozo del espíritu en el más acá y en el más allá de la muerte- lo tiene en su misma casa -en la Iglesia- en la riqueza inagotable de la fe cristiana.

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    1. Sacred Books of the East, Oxford, 1879-1910.

    2. Gurú: persona merecedora de respeto y obediencia en particular los padres. Ahora es un tecnicismo, referido a los “maestros espirituales” que inician en el yoga.

    3. Roshi (”maestro” en japonés), titulo honorífico concedido a los grandes iniciadores en el budismo zen.

    4. Population and vital statistics Report, 1972, de la ONU.

    5. La palabra “hindú” suele reservarse a los pertenecientes a la religión del hinduismo.

    6. Jinismo: religión fundada por Vadhamana Mahariva, llamado Jina (s. VI a.c.). De substrato panteísta, no admite, sin embargo, una divinidad personal. En su lugar pone las realidades materiales, animadas e inanimadas, que considera eternas. Admite la reencarnación de las almas y lleva hasta el extremo la ahimsa o no violencial”.

    7. Cfr. Ph. Kapleau, Los tres pilares del zen. Enseñanza práctica e iluminación, México, 1975, p. 269.

    8. Tada: en el zen “el camino supremo, la perfección misma”. Literalmente “sólo”, “únicamente”. Si la mente se ocupa en ideas distintas de lo que está haciendo, no está en tada. Es como el contacto inmediato e inmanentista con la vida y el universo, en el que no cabe la intervención de Dios.

    9. M. Guerra, Historia de las religiones, t. II, ps. 335-369.

    10. Algunos aspectos del yoga, zen, etc., son inadmisibles incluso científicamente, por oponerse a las conclusiones ciertas de la medicina y la psicología.

    11. Avatara (”descenso” en sánscrito), descenso de un dios que “deitica” a un ser mítico o histórico a partir de un momento de su vida.

    12. Alvaro del Portillo, Escritos sobre el sacerdocio, Palabra, 4a ed., Madrid, 1976, ps. 97-98.

    13. Tertullianus, Apol 1, 12.

    14. D. Ruiz Bueno, Actas de los mártires, Madrid, 1974; con abundantes testimonios de los primeros cristianos.
    (Tomado de SAEMB, revista de la Sociedad Argentina de Ética y Moral Médica y Biológica, Bs.As., Argentina, Segundo Trimestre, 1986.)

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    Celeste: en quien pones tu confianza?, en quien crees?
    Te sirves de dos mesas?
    Hace mucho tiempo deseé escribir esto, pero no me atrevía. Hoy lo hago sólo por el amor que profeso al próximo ( projimo)

  8. María Celeste Cécere dice:

    Querida Blanca: no conozco al Dr. Manuel Guerra, de quien has citado una larga exposición sobre lo que él juzga las diferencias y similitudes del cristianismo, el yoga, el hinduismo, el buddhismo y demás, pero puedo responderte desde mi corazón que hay cosas que comparto y cosas que no.
    Jamás me arrogaría la vanidad de creer que mi verdad es absoluta y, con toda humildad, creo que si todos los hombres del mundo hicieran lo mismo, las palabras y los espacios sólo serían puentes de amor y comunicación verdadera entre todos los seres.
    Con quien yo dialogo, con quien aspiro a vivir mi realidad, es ese “Alguien en mi más yo mismo que yo” que cita el escrito, y de esa mesa me sirvo… y de corazón, SÉ que es la misma mesa de la que te sirves, y la misma de la que se sirven otros hermanos que no profesan tu religión, porque Dios está más allá de la limitada comprensión de mi mente, de la tuya, de la de cualquiera… Dios no es mente, es más que eso y subyacente en eso.
    Por eso: experimenta y goza de la experiencia de Dios que tienes y observa en silencio al otro, al prójimo. Escucha, mira, ve. Dios nos habla de muchas maneras, porque en su infinita sabiduría y amor nos conoce… ¿o acaso lo dudas? La multiplicidad del universo manifiesto es una de las muestras de Su magnificencia. ¿No crees que Él sabe cómo debe hablar al corazón de cada uno de sus hijos?
    El más especial y amoroso abrazo para ti, que te considero mi hermana.

  9. delia civalero dice:

    Espero que esta intervención mía no sea interpretada como un intento de polemizar, nunca lo hago porque respeto todas las opiniones, coincidan o no con las mías, además pienso, igual que Celeste, que a la verdad se puede llegar por muchos caminos. Las personas que los transitan no vienen de otra galaxia, son seres humanos que viven o han vivido en un tiempo determinado y están o estuvieron inmersos en la cultura que les tocó vivir, identificados en mayor o menor medida de los valores, creencias y costumbres de su sociedad. Su religión, ideología o filosofía se edificó sobre esos cimientos y por lo tanto está en estrecha relación con ellos.
    Nadie, ni antes ni ahora, puede creer sanamente que está en posesión de verdades absolutas y si así lo afirma es por que se ha identificado con los postulados de su mente y olvida que la mente es tan solo un instrumento del ser humano, muy valioso pero de alcance limitado….sus límites están dados por el tiempo y el espacio, por lo tanto sólo puede hablar con seguridad de lo que puede ser percibido, medido, cuantificado, analizado, etc. sensiblemente.
    Dependiendo de la actitud de cada individuo la mente podrá abrirse a una dimensión más amplia, la de la consciencia, por darle un nombre, ya que se trata de un nivel indecible por su infinitud; ese es el nivel al que apuntan las religiones cuando no se encierran en dogmas, o normas que pretenden ser absolutas.
    En todos los tiempos hubo personas que percibiendo esa dimensión universal, común a todos los hombres, han vivido profundamente la unidad esencial del Ser, y se han sentido unidos más allá de las posturas filosóficas o religiosas, entre ellos y sin pretender citarlos a todos, nombro algunos provenientes del cristianismo, como Ismael Quiles -pionero en la Argentina en el estudio del pensamiento oriental y precursor en la enseñanza del Yoga- Thomas Merton, Bede Griffiths, Raymond Pannikar, Anthony de Mello, Brian J. Pierce, John Main y Laurence Freeman- fundador y continuador respectivamente del Movimiento Mundial de Meditación Cristiana- Willigis Jager, monje benedictino y maestro Zen, y otros que no recuerdo, todos se nutrieron de las milenarias enseñanza de Oriente y del misticismo cristiano. Para quienes en razón de su creencia religiosa tienen algún temor o prejuicio, podría acudir a las experiencias de cualquiera de ellos que sin dudas quedarán reconfortados y afirmados en su amor por la verdad última.
    En lo que a mí respecta conocí al yoga y más tarde comencé con la meditación en ambientes de origen cristiano, poco a poco me fui dando cuenta que no hay ninguna necesidad de ponerle nombres de pertenencias a estas disciplinas porque todas conducen a una apertura a lo que es eterno, al origen primordial de donde todo surge y adonde todo Es; diferencias? primacías? eso sólo se conoce en la diversidad, pero donde sólo se Es, lo que prima es el Amor…que al decir de Jager es “la estructura básica del Universo”. Nadie ni nada, queda afuera de esa estructura, todos Somos en Lo Mismo.
    Delia

  10. Joise Morillo dice:

    Queridas Blanca y María Celeste, admiro a ambas, no por su intelecto solamente, sino porque “Dios” les dio la virtud de ser mujer, asi como amo a mis homólogos en sexo, esa sencilla capacidad de amar es la que se refiere amar al prójimo, y eso no lo define ninguna religión, sino, la razón humana, el hecho que yo sea cristiano no implica que odie al musulmán, al hindu, ni al budista, incluso al anglicano por no ser católico, ni al mormón, ningunas de esas doctrinas indican o tienen fe de que Dios haya sembrado en la mente: odiar y matar gente en nombre de él , lo que está escrito es producto del hombre, que en función de un liderazgo a propuesto doctrinas en nombre de Dios. Sin embargo la fe, os exhorta a creer en algo y esa creencia solamente se consolida con la reflexión, la meditación, el uso del intelecto.

    Fides et ratio, Concilio Vaticano II.

    Conoceros a vos mismo, es un mensaje escrito en el Dintel del templo de Delfos que os indica de conocerse no solo como ente que ejecuta, sino como la razón de ser hombre en sí, superior a las bestias porque piensa y razona precisamente.

    Jesús concibió un mensaje muy poderoso que se funda en el amor, y nosotros lo hemos aceptado, no por religión, sino, por la verdad que encierra ¿cómo crece la humanidad? ¿Matando o amando? Esto es el origen de la fe en Jesucristo, por ello es que Santo Tomas de Aquino concibe la “V” vía de aprehender a Dios como la de utilizar la razón, esa que nos ha dado una inteligencia superior “Dios”. Ahora bien, para utilizar la razón debéis tener un cerebro sano, un cerebro sano necesita oxigeno, mientras más oxigeno le llegue al cerebro mediante la sangre, el cerebro funciona mejor, incluso obtiene memoria, y el oxigeno lo obtiene la sangre por la respiración. Entonces esa es una razón para utilizar el Yoga como sistema de concentración mental; utilizando adecuada y efectivamente de la respiración.

    Entonces con ello podéis concentraros en la palabra de Dios mediante Jesús, el verbo hecho carne, ¡si es verdad si tenéis fe no necesitáis de ningún método! Simplemente creer pero de alguna forma necesitáis la razón, pero resulta que existen seres humanos que para llegar a una razón necesitan pensar mucho por lo tanto concentrarse, y el yoga es una buena forma.
    Por ello es que parafraseando al Dr. Manuel Guerra apoyo lo siguiente.

    “Por lo mismo, del yoga un cristiano puede asimilar (en la medida en que lo sirvan para el dominio de sí mismo) todo un conjunto de técnicas y ejercicios físicos, gimnásticos, respiratorios, los recursos psicomentales y de concentración”

    Añado: Sin necesidad de ninguna otra forma de doctrina religiosa sino la de vuestra firme convicción.

    ¡Os ama!

  11. Joise Morillo dice:

    ¡Os ama!

    Joise

  12. Osvaldo Bonini dice:

    No te enfades reina, por favor. Es que aún estoy danzando en la mañana junto a mariposas, en la orilla del mar. Se me hace muy difícil opinar, no logro alcanzarte y en mi despegue caigo por mi propio peso.
    Un beso grandote.

  13. Joise Morillo dice:

    ¡Bravo Delia!

  14. delia civalero dice:

    Gracias Joise, tu bravo me reconforta y seguramente también al Sol Celeste que compartimos en una amistad que si bien no tiene una presencia física se derrama por toda el alma. Si acá nos encontramos es porque algo nos atrae, porque vemos más concordancias que discrepancias y porque…lo disfrutamos!
    Hasta la próxima.
    Cariños.
    Delia.



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