Archivo de Enero, 2009
El medio invariable
“Cuando nuestro interior no es agitado por los sentimientos de placer, odio, dolor o gozo, entonces podemos decir que nuestra mente se halla en estado de Equilibrio. Y cuando estos sentimientos se manifiestan, pero sin sobrepasar su justa medida, podemos decir que reina la Armonía. El Equilibrio es la gran raíz de la cual nacen todas las acciones del ser humano en este mundo. Y la Armonía es el Sendero Universal que todas ellas deberían seguir.” (Chung Yung – Kung Fu Tse)
Un regalo para un amigo
El fragmento anterior, extraído del Chung Yung o “Medio Invariable” es mi obsequio especial para José. Y en él quiero obsequiar a todos aquellos que al leer lo que les expreso en este blog, quedan con igual confusa aflicción.
Dicen los biógrafos de Confucio y Buda, por ejemplo, que los grandes Maestros eran de carácter alegre y benevolente, que se complacían mucho en el arte, sobre todo la música, instando a sus discípulos a componer, cantar y bailar; también coinciden en manifestar que eran propensos a disfrutar con agrado de la buena mesa, sin rechazar alguna exquisitez preparada en su honor, aunque en su vida cotidiana fueran sencillos para alimentarse. Al parecer, gozaban y reían como cualquiera… no aparenta esto ser acorde a los sentimientos de vacío que despierta en el alma de José la idea de la realización espiritual.
A pesar de que hace muchos años ya que el occidente disfruta de la posibilidad del acceso a las disciplinas y filosofías de oriente, la incomprensión material de muchas posturas existenciales taoístas, budistas, hindúes, sigue existiendo. Es que como se ha dicho, “el hombre no es sólo el hombre, sino él y sus circunstancias”. El haber sido educados en esta sociedad y bajo el manto de una filosofía determinada, nos condiciona a limitar nuestro entendimiento.
Se ha dado insistentemente en nuestra cultura la idea de que “nirvana” es sinónimo de vacío. Pero, yo me pregunto… ¿si hay un vacío, no debería existir un lleno? Y si es así, ¿no estamos TODAVIA en el plano de la dualidad y, por lo tanto, no hemos alcanzado todavía el Absoluto?
Nirvana es imposible de definir. En oriente, se ha buscado darle una aproximación a la idea a través de la definición por negación: no es esto, ni esto otro, ni aquello, ni lo de más allá… pero sólo se comprende lo que es a través de la experiencia directa.
Por otro lado, el concepto de imperturbabilidad y frialdad que nos han querido imponer como resultado de la realización de los estados de Conciencia superiores, no es más que la resultante de la imposibilidad, cuando no incapacidad, para traducir expresiones chinas o sánscritas a los idiomas coloquiales occidentales.
Tomemos por ejemplo el axioma taoísta “Wu wei”. Ha sido traducido insistentemente como “inacción”, limitando así sus alcances a un absurdo “dejar de actuar, no hacer”, cuando en realidad implica un ejercicio de discernimiento y voluntad en la acción extremadamente difícil de lograr. Wu wei es la acción correcta, justa, aplicada con mesura y reflexión. Es actuar sin apego a los resultados de la acción (el Yoga de la Acción del Bhagavad Gita), conciente de ellos, responsablemente a cargo de lo que hago, con la particularidad de hacerlo sin quebrar el flujo de las acciones, sin ejercer violencia interior ni exterior. Por esto es que se compara a la acción del Wu wei con el fluir del agua o el movimiento del viento: envolvente, siguiendo el curso que los objetos plantean, pero llegando invariablemente a su destino.
Así es que, el gozo de la Armonía no es ausencia de nada, sino la expresión más perfecta de todo: sentimientos, pensamientos, sin ninguna dicotomía ni fricción… la paz interior a la que suelo referirme.
El Equilibrio no nos impide estar en el mundo, sino que nos enseña a estar en él disfrutando en plena Conciencia de todas sus manifestaciones. Un atardecer no es sólo el sol que se oculta tras el mar o las montañas. Es una vibración de partículas que impulsan a la Creación a la introspección y la sintonizan con el Amor, donde soy parte… y mi corazón se expande en un deleite que no tiene medidas ni explicación. Soy Uno con lo que me rodea y el Universo está en mí.
Si algo tan simple, tan cotidiano como un espectáculo natural puede verse así de diferente, ¡cuánto más las relaciones humanas! Ya mis hijos no son mis hijos, son expresiones infinitas y maravillosas del Ser, y me siento honrada de haber podido ayudarles a estar en este plano. Ya mi pareja no es alguien de quien espero nada, sino una Luz extraordinaria que ilumina mis pasos, a través de quien la Conciencia me habla.
Mis amigos, son Hermanos del Camino… ¿nos damos cuenta cuánto puede cambiar nuestra perspectiva?
Y otro regalo para otro amigo
Para el querido Joise, un fragmento del “Savitri” del poeta, escritor y Maestro Espiritual indio Sri Aurobindo, de quien le pido lea su “Vida Divina”. Sé que gozará con las páginas de ese bello tratado de filosofía.
“Gramática del Alma
Un sol más brillante y más divino debe pronto iluminar
Esta habitación crepuscular con su oscura escalera interior,
El alma niña en su minúsculo jardín de infancia
Entre objetos diseñados para una lección apenas aprendida
Dejar atrás su primera gramática del intelecto
Y su imitación del arte de la Naturaleza de la Tierra,
Cambiar su dialecto terrenal por el lenguaje de Dios,
Estudiar la Realidad en símbolos vivientes
Y aprender la lógica del Infinito.
El Ideal debe ser la verdad común de la Naturaleza,
El cuerpo iluminado por el Dios que habita en el interior,
El corazón y la mente sentirse uno con todo cuanto es,
Un alma consciente vivir en un mundo consciente.”
Para todos, mi apretado abrazo en el corazón. Hasta la próxima semana.
Vuelo bajo el sol
“Existe, oh monjes, ese plano en el que ni hay extensión, ni… movimiento, ni el plano del éter infinito, ni aquel de ni percepción ni no percepción, ni este mundo ni otro, ni la luna ni el sol. Aquí, oh monjes, os digo que no existe ni el ir ni el venir ni el permanecer, ni la decrepitud ni el fortalecimiento, porque este es el plano llamado nirvana, sin apoyo, sin continuidad, sin objetos mentales: este es el fin del sufrimiento.” Buddha
De actos y pensamientos
Cuando leo de los esfuerzos, pruebas y ensayos que realizan en el sendero de conocerse y encontrar gozo y silencio interior, mi corazón se expande hacia el infinito, levanta vuelo y planea en las corrientes cálidas del éter, como un ave que disfruta una mañana de verano.
Cada palabra que dicen es remembranza de un desvelo de mi propio ser: el de ayer, el de hace un año o diez… tal vez el de mañana. Me reconozco en cada uno de esos actos, en el empeño y el deseo de unir el disfrute de la vida cotidiana con la vida interior, en los errores, en las pequeñas luchas diarias.
La necesidad de que actos y pensamientos marchen de manera conjunta, habla de una obligación de coherencia entre todos los aspectos de nuestro ser. Por más que concibamos a este ego finito como una impermanencia sin entidad real, en los hechos “somos” el conjunto de los skandas, agregados o aspectos con los que nos manifestamos y con los que intentamos encontrar el sendero cierto. Por lo tanto, cuando éstos se desenvuelven en armonía, direccionados por la voluntad, nuestro interior más profundo se regocija en la certeza de que nos estamos aproximando a la vía correcta.
Me relataban ustedes sus anécdotas y prácticas, tendientes todas al desarrollo de la percepción conciente y el acallamiento del movimiento mental… pero hemos de reconocer que, si bien es el aspecto medular del “trabajo” a realizar (que de algún modo hemos de llamarlo)… no es el único.
Somos en relación no sólo a nosotros mismos, sino también en relación a otros. Nuestros vínculos, acciones y la miríada de pequeños actos cotidianos, pertenecen también al plano de nuestros “ejercicios” para Ser.
Los movimientos de la conciencia de cada uno de nosotros son, entonces, hacia el exterior y hacia el interior. En tanto la conciencia se pliega hacia el interior buceando en las profundidades del individuo, analizando lo que se Es y lo que no, acallando la mente, desbrozando, se está realizando el “trabajo interior”. Éste debe ser acorde y encontrarse en avenencia con el “trabajo exterior”… que no corresponde ni más ni menos que a un conjunto de decisiones sobre lo que debemos y no debemos hacer.
Vibrando con el Cosmos
Es importante clarificar el concepto de “deber”… pues que nos suena demasiado a imposición, límite externo, autoridad… y en esto todos somos niños rebeldes que no deseamos se nos adiestre en nada sino que nos complacemos en hacer nuestra voluntad.
Deber es aquello que no violenta la Armonía Universal, lo que fluye con la misma frecuencia vibratoria que todo el Cosmos manifestado. Ante esta definición, creo que es bastante sencillo percibir lo que se debe y lo que no. En gran parte de las enseñanzas de los Maestros espirituales, se dedica mucho esfuerzo y altos contenidos de imaginación, para hacer atractivo y comprensible a los oídos y el intelecto humano una cosa tan simple como ésta. Aún así, nos resistimos y complacemos en encontrar la pajilla que nos diferencia, supuestamente, de aquél otro, en lugar de regocijarnos en la maravillosa coincidencia.
Nadie que desee con fervor en su corazón encontrarse a sí mismo, puede obrar y desenvolverse en su vida cotidiana sin realizar elecciones que apunten al mismo centro que su “trabajo interior”. Y aquí debo ponerme dura cuando afirmo que cualquier adhesión a una situación que atente contra nuestra voluntad de crecer, no es más que una justificación de nuestra mente… empeñada en “boicoteárnosla”, aferrada al falso concepto del yo, desesperada por mantener el control.
Ciertas normas de comportamiento, cierta manera de vivir, qué alimentos elegir, cómo ganar mi sustento, qué digo, cómo lo digo, que pienso, cómo corrijo mi pensamiento equivocado, cómo me ejercito… van constituyendo todo un complejo entramado que nos lleva paulatinamente a la Puerta.
Una especie de posdata
Por cierto que no puedo dejar de obsequiarle a José con el nombre de la imagen que acompañó mi escrito de la semana pasada. Es una pintura de Kwan Yin, una de las manifestaciones del boddhisatva de la compasión, perteneciente a la tradición china. No está tan alejado tampoco cuando dice que tengo un vínculo con ella, no porque me parezca, sino por mi formación. Gracias por obsequiarme la referencia con Hokusai, ¿sabías que en el arte oriental el océano representa a la mente?
¡Abrazos!… y hasta la próxima semana.
El extremo del ovillo de hilo
“No hasta que tus pensamientos cesen sus ramificaciones aquí o allá, no hasta que abandones tus pensamientos de la búsqueda de algo, no hasta que tu mente esté inmóvil como la madera o la piedra, estarás en el buen camino a la Puerta. (Huang Po)”
Darse cuenta
Estoy parada frente al mar. Percibo la textura de la arena en la planta de mis pies y, cada tanto, la caricia fresca y espumosa de las olas que alcanzan a rozar mis dedos con un arrullo, un recuerdo de otros sonidos, la cascada de las semillas que caen, una tela que se arruga, el arrastre de unos pasos… Una brisa suave, apenas existente, acompasa el movimiento del agua: espera, sopla, espera, sopla… y todo mi ser se armoniza en ese ritmo: mi corazón late con cada movimiento y descansa en la pausa.
Soy toda presencia. La mente discurre algo, pero no la escucho. Me he quedado absorta en la comprensión de que la raíz misma de mi incapacidad de ver, de disfrutar de la vida, de comprender, de que el mundo sea distinto, se encuentra en mí. La “loca de la casa”, como la llamaba Santa Teresa, es quien lleva la batuta y, generalmente, me arrastra detrás. Veo, escucho, huelo, siento, percibo y el mundo penetra en mí para su uso y concierto. Entonces, deseo, me enojo, califico, discurro y me dejo arrastrar en su parloteo incesante.
Todos mis sentimientos, entonces, se trasforman en consecuencias irreflexivas del “bombardeo” exterior y la avalancha de elucubraciones sin orden ni sentido, desatadas por analogía, contigüidad, semejanza, y reforzadas por temores, anteriores deseos y toda la mar de fondo del subconsciente.
¿Cómo puedo entonces creer que realmente “vivo”? Vida es conciencia, comprensión de las dimensiones reales del universo que se manifiesta ante mí y dentro de mí. Todo lo demás… es el transcurrir, el devenir, el movimiento. Y porque nuestra mente desea asir lo que ve, para poder ejercer control sobre ello, para “poseerlo”… es quien nos genera sufrimiento. Dejarla hacer su ruido como quien escucha la cháchara de una bandada de pajarillos en la mañana, ésa es la punta del ovillo para desenredar el camino del silencio interior y el comienzo de una nueva y verdadera forma de gozar de cada instante de la existencia.
Y el principal motivo por el cual debemos dejarla discurrir sin atender a sus reclamos es porque ella misma es impermanente y constantemente mudable: hoy desea esto, mañana aquello, presa de una constante insatisfacción por su propia naturaleza. No quiere decir esto que debemos establecernos en una apatía o indiferencia, sino en absoluto opuesto, debemos hacerlo en el entendimiento de la esencia de nuestra propia mente, aceptándola y estableciéndole límites, encauzándola como lo haríamos con un niño pequeño que necesita de nuestra guía para crecer y madurar.
El camino hacia el centro
Esta percepción equivocada de la realidad, es la fuente del sufrimiento en el que históricamente nos hemos enlodado desde que el hombre se irguió entre los otros seres vivos y miró hacia las estrellas y hacia sí mismo.
¿Hay un modo de lograr la paz y el silencio interior? Si, rotundamente. Hay muchos.Dicen los grandes Maestros que hay tantos como seres manifestados en el Universo. Pero si no hemos podido aún encontrar el propio, podemos buscar con humildad en los que otros han experimentado con éxito, mientras vamos conociéndonos más.
Es mi intención modesta y respetuosa de quienes han andado por este camino más trecho, la de platicar y explorar diferentes expresiones y senderos, intercambiando aprendizajes y enriqueciéndonos mutuamente. ¿Desean proponerme alguno para desarrollar? ¿Quieren contarme algún descubrimiento o logro obtenido? Soy toda oídos…
Les regalo ahora un fragmento del Tao Te Ching, de Lao Tzu:
VIII
El mejor de los hombres es semejante al agua,
la cual beneficia a todas las cosas, sin ser contenida por ninguna;
fluye por lugares que otros desdeñan,
donde se acerca más deprisa al Tao.
Así, el sabio:
donde mora, se acerca más deprisa a la tierra,
en el gobierno, se acerca más deprisa al orden,
hablando, se acerca más rápido a la verdad,
haciendo tratos, se acerca más deprisa a los hombres,
actuando, se acerca más deprisa a la oportunidad,
en el trabajo, se acerca más deprisa a lo competente,
en los sentimientos, se acerca más deprisa al corazón;
no lucha, y así permanece libre de error.
Hasta la semana entrante, con todo mi afecto. ¡Abrazos!
Una red de rubíes
Según siembren, así será la cosecha
Las palabras de Jesús, escuchadas por la cultura cristiana durante dos mil años, más o menos, parecen no haber calado demasiado hondo en el intelecto del individuo medio de la sociedad occidental.
La necesidad de hacernos responsables de nuestras acciones nos remite, no sólo a un saludable ejercicio de maduración sicológica, sino a una comprensión metafísica de la cotidianeidad. Cada palabra que expreso, cada acto que llevo a cabo, contienen en sí mismos toda una miríada de posibles consecuencias que establecen un entramado complejo, multidimensional e infinito, donde quedamos atrapados como la mosca en la telaraña.
¿Recuerdan la película “El efecto mariposa”(The Butterfly Efect -2004)? Si no la han visto, la recomiendo de todo corazón. Porque de algo así es de lo que estoy hablando.
A pesar del claro dictamen de compromiso que encierran las palabras de Jesucristo, una alegre amnesia parece cubrir nuestro entorno social, donde la forma se coloca por encima del fondo, y algunas esporádicas prácticas rituales hacen el efecto compensatorio para una vida ausente de conciencia.
Voy a intentar explicarme mejor. Por un momento, hagamos uso de nuestra mente racional y lógica, y tomemos el concepto fundamental y universal de la física que dice que ninguna forma de energía se crea o se destruye, sino que solamente se transforma. La misma actividad de pensar que ahora estamos desarrollando, es una actividad que produce formas de energía perfectamente medibles en perfiles y longitudes de onda, por lo tanto, cualquier pensamiento o razonamiento comporta una energía que, dirigida hacia otro ser o conjunto de seres, provoca en ellos una reacción análoga, expresada de diversas maneras, concientes o inconcientes. Los actos, por lógica, también provocan respuestas claramente percibibles por nuestros sentidos, todos ellos, manifestaciones energéticas de diferente índole.
Este entramado sutil y no visible por medios convencionales, constituye una red que nos vincula a todos los seres entre sí, vivos y no vivos, y conlleva a una cadena de causalidad que nos empuja a experiencias consecuentes de anteriores manifestaciones.
Por consiguiente, hacerme responsable de mis actos, pensamientos y sentimientos, no es más ni menos que hacerme dueño de mi vida, aceptando las elecciones hechas en el pasado (remoto o cercano) que determinan la realidad de mi presente, y sopesando con conciencia mi hoy, experimentándolo sin la proyección de una transacción económica “tanto hago, tanto obtendré”… suposición simplista que me hace ganador de un cielo o un infierno, o de una encarnación mejor.
El gozo en la impermanencia
Supongamos por un instante que estamos de acuerdo en lo postulado anteriormente y que, por consiguiente, hemos aceptado que todos los seres nos encontramos vinculados íntimamente y que nuestras acciones han de ser responsables por las consecuencias que generan a nuestro “yo” y al Universo con el que nos relacionamos.
Bajo esta concepción, el límite subyacente entre el “yo” y el “tú” es una inexistencia, por una parte, y por otra, si todos los actos, pensamientos y sentimientos son manifestaciones energéticas, cuánto más lo será nuestro cuerpo material, que día a día se degrada y transforma, y aún más lo hará después de la muerte.
¿Qué es, entonces, este Universo en el que me encuentro más que una gran danza de energía? ¿Hay algo que pueda llamar permanente en él? Bueno, si… la Conciencia, el Ser, aquello que nos gusta llamar como Lo Existente, Amor, Luz.
La comprensión de que la vida es un fluir maravilloso del que somos parte, el saber que a pesar de que nada es permanente de aquello percibible por los sentidos, hay un Algo que subyace en todo que lo hace posible y existente… todo eso despierta en nosotros un nuevo deseo, más elevado, pero deseo al fin: el de Conocer el Origen, la Fuente.
En un momento histórico lleno de dolores, sinrazones y confusión, cuánto mejor sería el mundo si viviéramos día a día en el discernimiento de esta verdad… ¿no lo creen? Tolerancia amorosa, humildad y misericordia, deberían ser los dones que tendríamos que pedir.
Les regalo, por último, un breve verso del Dhammapada:
“Todos los seres tiemblan ante el peligro, todos temen la muerte. Cuando un hombre considera esto, no mata ni hace matar. Todos los seres sienten miedo ante el peligro, la vida es preciosa para todos. Cuando un hombre considera esto, no mata ni hace matar.”
Hasta la semana próxima… ¡abrazos!



