Asociación de Ex alumnos de la UNAM en Aguascalientes

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Discurso en la UNAM. Compilación David Gómez Salas

DISCURSO EN LA UNIVERSIDAD (1920).
José Vasconcelos Calderon

Llego con tristeza a este montón de ruinas de lo que antes fuera un ministerio que comenzaba a encauzar la educación pública por los senderos de la cultura moderna. La más estupenda de las ignorancias ha pasado por aquí asolando y destruyendo, corrompiendo y deformando, hasta que por fin ya sólo queda al frente de la educación nacional esta mezquina jefatura de departamento que ahora vengo a desempeñar por obra de las circunstancias; un cargo que sería decorativo si por lo vano de sus funciones no fuese ridículo; que sería criminal si la ley que lo creó no fuese simplemente estúpida.

Doloroso tiene que resultar para toda alma activa venir a vigilar la marcha pausada y rutinaria de tres o cuatro escuelas profesionales y quitar la telaraña de los monumentos del pasado, funciones a las que ha sido reducida nuestra institución por una ley que debe calificarse de verdadera calamidad pública.

Pero esta tristeza que me invade al contemplar lo que miramos sería mucho más honda, sería irreparable, si yo creyese que al llegar aquí iba a entregarme a la rutina, si yo creyese que iba a meter mi alma dentro de estos moldes, si yo creyese que de veras iba a ser Rector sumiso a la ley de este instituto. No; bien sé, y lo saben todos, que el deber nos llama por otros caminos, y así como no toleraríamos que los hechos consumados nos cerrasen el paso, tampoco permitiré que en estos instantes el fetiche de la ley selle mis labios: por encima de todas las leyes humanas está la voz del deber como lo proclama la conciencia, y ese deber me obliga a declarar que no es posible obtener ningún resultado provechoso en la obra de educación del pueblo si no transformamos radicalmente la ley que hoy rige la educación pública, si no constituimos un ministerio federal de educación pública.

Ese mismo deber me obliga a declarar que yo no he de conformarme con estar aquí bien pagado y halagado en mi vanidad, pero con la conciencia vacía porque nada logro.

La tarea de conceder borlas doctorales a los extranjeros ilustres que nos visiten y de presidir venerables consejos que no bastan para una centésima de las necesidades sociales no puede llenar mi ambición. Antes iré al más sonado de los fracasos que consentir en convenirme en un cómplice de la mentira social.

Por eso no diré que nuestra Universidad es muy buena y que debemos estar orgullosos de ella. Lo que yo debo decir es que nuestras instituciones de cultura se encuentran todavía en el periodo simiesco de sola imitación sin objeto, puesto que, sin consultar nuestras necesidades, los malos gobiernos las organizan como piezas de un muestrario para que el extranjero se engañe mirándolas y no para que sirvan.

He revisado, por ejemplo, los programas de esta nuestra Universidad, y he visto que aquí se enseña literatura francesa con tragedia raciniana inclusive y me hubiese envanecido de ello, si no fuese porque en el corazón traigo impreso el espectáculo de los niños abandonados en los barrios de todas nuestras ciudades, de todas nuestras aldeas, niños que el Estado debiera alimentar y educar, reconociendo al hacerla el deber más elemental de una verdadera civilización.

Por más que debo reconocer y reconozco la sabiduría de muchos de los señores profesores, no puedo dejar de creer que un Estado, cualquiera que él sea, que permite que subsista el contraste del absoluto desamparo con la sabiduría intensa o la riqueza extrema, es un Estado injusto, cruel y rematadamente bárbaro.

No por esto que os digo vayáis a creer que pasa por mi mente el cobarde pensamiento de ofenderos insinuando que sois vosotros los culpables. Bien sé que muchos de vosotros habéis dedicado todas vuestras energías, con desinterés y con amor, a la enseñanza. Sin embargo, no habéis podido evitar nuestros fracasos sociales; no habéis servido todo lo que debíais servir acaso porque siempre se os ha mantenido con las manos atadas, y a causa de esto bien podéis afirmar que no sois vosotros los responsables, puesto que no habéis sido los dueños del mando.

No vengo, por lo mismo, a formular acusación contra determinadas personas; simplemente traigo a la vista los hechos, y cumpliendo con el deber de juzgarlos declaro que el departamento universitario, tal como está organizado, no puede servir eficazmente la causa de la educación nacional. Afirmo que esto es un desastre, pero no por eso juzgo a la Universidad con rencor. Todo lo contrario; casi la amo, como se ama el destello de una esperanza insegura. La amo, pero no vengo a encerrarme en ella, sino a procurar que todos sus tesoros se derramen. Quiero el derroche de las ideas, porque la idea solo en el derroche prospera.

Os he dicho que yo no sirvo para conceder borlas de doctor, ni para cuidar monumentos, ni para visar títulos académicos, y sin embargo yo quise venir a ocupar este puesto de rector que tan mal se aviene conmigo; lo he querido porque he sentido que, este nuevo gobierno, en que la revolución cristaliza como en su última esperanza, tiene delante de sí una obra vasta y patriótica en la que es deber ineludible colaborar.

La pobreza y la ignorancia son nuestros peores enemigos, y a nosotros nos toca resolver el problema de la ignorancia. Yo soy en estos instantes, más que un nuevo rector que sucede a los anteriores, un delegado de la Revolución que no viene a buscar refugio para meditar en el ambiente tranquilo de las aulas, sino a invitaras a que salgáis con él, a la lucha, a que compartáis con nosotros las responsabilidades y los esfuerzos.

En estos momentos yo no vengo a trabajar por la Universidad, sino a pedir a la Universidad que trabaje por el pueblo. El pueblo ha estado sosteniendo a la Universidad y ahora ha menester de ella, y por mi conducto llega a pedirle consejo.

Desde hace varios años, muchos mexicanos hemos venido clamando porque se establezca en México un Ministerio de Educación Federal. Creo que el país entero desea ver establecido este ministerio, y al ser yo designado por la Revolución para que aconsejase en materia de educación pública me encontré con que tenía delante de mí dos maneras de responder: la manera personal y directa que hubiese consistido en redactar un proyecto de ley del Ministerio de Instrucción Pública Federal, proyecto que quizá habría podido llegar a las cámaras, y la otra manera, la indirecta, que consiste en venir aquí a trabajar entre vosotros durante el periodo de varios meses, con el objeto de elaborar en el seno de la Universidad un sólido proyecto de ley federal de educación pública.

Me resolví a obrar de esta segunda manera, que juzgo mucho más eficaz, y habiendo tenido la fortuna de merecer la confianza del señor Presidente de la República, vengo a deciros: EI país ansía educarse: decidnos vosotros cuál es la mejor manera de educarlo. No permanezcáis apartados de nosotros, venid a fundiros en los anhelos populares, difundid vuestra ciencia en el alma de la nación.

Suspenderemos: las labores universitarias si ello fuese necesario, a fin de dedicar nuestras fuerzas al estudio de un programa regenerador de la educación pública. De esta Universidad debe salir la ley que de forma al Ministerio de Educación Pública Federal que todo el país espera con ansia.

Para realizar esta obra urgentísima no nos atendremos a nuestras solas luces, sino que solicitaremos la colaboración de todos los especialistas, la colaboración de la prensa, la colaboración del pueblo entero, pero queremos reservar a la Universidad la honra de redactar la síntesis de todo esto.

Lo hacemos saber a todo el mundo: la Universidad de México va a estudiar un proyecto de ley para la educación intensa, rápida, efectiva de todos los hijos de México. Que todo aquel que tenga una idea nos la participe; que todo el que tenga su grano de arena lo aporte.

Nuestras aulas están abiertas como nuestros espíritus, y queremos que el proyecto de ley que de aquí salga sea una representación genuina y completa del sentir nacional, un verdadero resumen de los métodos y planes que es necesario poner en obra para levantar la estructura de una nación poderosa y moderna.

Para deciros esto os he convocado esta noche. El cargo que ocupo me pone en el deber de hacerme intérprete de las aspiraciones populares, y en nombre de ese pueblo que me envía os pido a vosotros, y junto con vosotros a todos los intelectuales de México, que salgáis de vuestras torres de marfil para sellar pacto de alianza con la Revolución. Alianza para la obra de redimirnos mediante el trabajo, la virtud y el saber.

El país ha menester de vosotros. La Revolución ya no quiere, como en sus días de extravío, cerrar las escuelas y perseguir a los sabios. La Revolución anda ahora en busca de los sabios. Más tengamos también presente que el pueblo sólo estima a los sabios de verdad, no a los egoístas que usan la inteligencia para alcanzar predominio injusto, sino a los que saben sacrificar algo en beneficio de sus semejantes.

Las revoluciones contemporáneas quieren a los sabios y quieren a los artistas, pero a condición de que el saber y el arte sirvan para mejorar la condición de los hombres. El sabio que usa de su ciencia para justificar la opresión, y el artista que prostituye su genio para divertir al amo injusto, no son dignos del respeto de sus semejantes, no merecen la gloria.

La clase de arte que el pueblo venera es el arte libre y magnífico de los grandes altivos que no han conocido señor ni bajeza. Recuerdo a Dante proscrito y valiente, y a Beethoven altanero y profundo. Los otros, los cortesanos, no nos interesan a nosotros, los hijos del pueblo.

Los hombres libres que no queremos ver sobre la faz de la tierra ni amos ni esclavos, ni vencedores ni vencidos, debemos juntarnos para trabajar y prosperar. Seamos los iniciadores de una cruzada de educación pública, los inspiradores de un entusiasmo cultural semejante al fervor que ayer ponía nuestra raza en las empresas de la religión y la conquista.

No hablo solamente de la educación escolar. Al decir educación me refiero a una enseñanza directa de parte de los que saben algo en favor de los que nada saben; me refiero a una enseñanza que sirva para aumentar la capacidad productora de cada mano que trabaja y la potencia de cada cerebro que piensa.

No soy amigo de los estudios profesionales, porque el profesionista tiene la tendencia a convertirse en parásito social, parásito que aumenta la carga de los de abajo y convierte a la escuela en cómplice de las injusticias sociales. Necesitamos producir, obrar rectamente y pensar. Trabajo útil, trabajo productivo, acción noble y pensamiento alto, he allí nuestro propósito.

Pero todo esto es una cumbre; que debe cimentarse en muy humildes bases, y sólo puede fundarse en la dicha de los de abajo. Por eso hay que comenzar por el campesino y por el trabajador. Tomemos al campesino bajo nuestra guarda y enseñémosle a centuplicar el monto de su producción mediante el empleo de mejores útiles y de mejores métodos. Esto es más importante que adiestrarlo en la conjugación de los verbos, pues la cultura es un fruto natural del Desarrollo económico.

Los educadores de nuestra raza deben de tener en cuenta que el fin capital de la educación es formar hombres capaces de bastarse a sí mismos y de emplear su energía sobrante en el bien de los demás. Esto que teóricamente parece muy sencillo es, sin embargo una de las más difíciles empresas, una empresa que requiere verdadero fervor apostólico.

Para resolver de verdad el problema de nuestra educación nacional, va a ser necesario mover el espíritu público y animarlo de un ardor evangélico, semejante, como ya he dicho, al que llevara a los misioneros por todas las regiones del mundo a propagar la fe. Al cambiar la misión que el nuevo ideal nos impone, es menester que cambien también los procedimientos del heroísmo.

Me refiero a esto; todavía hasta nuestros tiempos lo mejor de la sociedad femenina de nuestra raza, las almas más nobles, más refinadas, más puras, se van a buscar refugio al convento, disgustadas de una vida que sólo ofrece ruindades. Huyen de la sociedad porque no ven en ella ninguna misión verdaderamente elevada que cumplir. Demos pues, a esas almas la noble misión que les ha estado faltando; facilitémosles los medios de que se pongan en contacto con el indio, de que se pongan en contacto con el humilde, y lo eduquen, y veremos cómo todos acuden con entusiasmo a la obra de regeneración de los oprimidos; veremos cómo se despierta en todos el celo de la caridad, el entusiasmo humanitario.

Organicemos entonces el ejército de los educadores que substituya al ejército de los destructores. Y no descansemos hasta haber logrado que las jóvenes abnegadas, que los hombres cultos, que los héroes todos de nuestra raza, se dediquen a servir los intereses de los desvalidos Y se pongan a vivir entre ellos para enseñarles hábitos de trabajo, hábitos de aseo, veneración por la virtud, gusto por la belleza y esperanza en sus propias almas.

Ojalá que esta Universidad pueda alcanzar la gloria de ser la iniciadora de esta enorme obra de redención nacional.

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El escudo de la Universidad Nacional Autónoma de México. Compilación de David Gómez Salas

Fue aprobado por unanimidad en la sesión celebrada por el Consejo de Educación el 27 de abril de 1921. El rector José Vasconcelos Calderón presentó la propuesta para sustituir el escudo anterior, por el actual. Texto de la propuesta:
Considerando que a la Universidad Nacional corresponde definir los caracteres de la cultura mexicana, y teniendo en cuenta que en los tiempos presentes se opera un proceso que tiende a modificar el sistema de organización de los pueblos, substituyendo las antiguas nacionalidades, que son hijas de la guerra y la política, con las federaciones constituidas a base de sangre e idioma comunes, lo cual va de acuerdo con las necesidades del espíritu, cuyo predominio es cada día mayor en la vida humana, y a fin de que los mexicanos tengan presente la necesidad de fundir su propia patria con la gran patria Hispano-Americana que representará una nueva expresión de los destinos humanos; se resuelve que el Escudo de la Universidad Nacional consistirá en un mapa de la América Latina con la leyenda “Por mi raza hablará el espíritu”; se significa en este lema la convicción de que la raza nuestra elaborará una cultura de tendencias nuevas, de esencia espiritual y libérrima. Sostendrán el es codo un águila y un cóndor apoyado todo en una alegoría de lo volcanes y el nopal azteca.
En noviembre de 1954, José Vasconcelos explica ante la Confederación Nacional de Estudiantes, entre otras cosas, lo siguiente:
¿Qué es el escudo? El escudo es, en primer lugar, una protesta en contra de aquel pequeñito anhelo que arrodillaba a la juventud en lo que se llamó el altar de la patria jacobina. Altar sin Dios y sin santos. Altar en que muchas veces el caudillo sanguinario ha suplantado al héroe y al santo. Altar que, en todo caso, está cerrado con techos de concreto a la penetración de los efluvios que vienen de lo alto. Y luego, ¿cuál patria?; no la grande que compartimos con nuestros mayores del imperio universal español, sino la muy reducida en el territorio y en la ambición, que es el resultado de los errores del periodo de formación que nos costara la pérdida de Texas y de California. Después de la Revolución, que tantas esperanzas engendró porque no se ligaba con ningún pasado sombrío; porque en sus comienzos no intentaba continuar la Reforma sino rectificar la Reforma, resultaba indispensable provocar el crecimiento del alma nacional. Y ya que no podíamos reconquistar territorios geográficos. No quedaba otro recurso que romper horizontes y ensanchar el espacio ideal por donde el amor, ya que no la fuerza, pudiera conquistar heredades del espíritu, más valiosas a menudo que la disputada soberanía territorial. El paso inmediato, en consecuencia, era obvio: reemprender el esfuerzo ya secular pero abandonado y saboteado por las dictaduras nacionalistas, de ligar nuestro destino con los países de nuestra estirpe española, en el resto del continente.
La independencia del sur, con Bolívar, con San Martín, había engendrado no sólo nacioncitas, a lo liberal británico; también había inventado el anhelo de constituir con los pueblos afines por el lenguaje y la religión, federaciones nacionales poderosas. Nosotros no pudimos conservar ni siquiera la confianza de Centroamérica, a efecto de haber construido una vigorosa federación del norte, aliada con el grupo disperso de los pueblos ilustres de Las Antillas. Todo por culpa de las dictaduras y de la confusión doctrinaria de la Reforma, que en su odio a España, nos deformó el patriotismo subordinado al recorte territorial y a la mentira de una soberanía fingida.
Rota, desde hacía tiempo, nuestra solidaridad con los hermanos de la América Española y de España, un sentimiento reducido e intoxicado además de falsas patrioterías, mantuvo en opresión nuestros pechos hasta que la Revolución despertó exigencias nobles, informes. Ensancharlas era el deber de la Universidad. Símbolo gráfico de esta eclosión del alma mexicana, fue el diseño del escudo entonces nuevo, cuya historia estoy describiendo. Consta el escudo de dos elementos inseparables: el mapa de América Española que encierra en su fondo, y el lema que le da sentido. Por encima del encuadramiento, un águila y un cóndor reemplazan el águila bifronte del viejo escudo del Imperio Español de nuestros padres. Ahora, en el escudo, el águila representa a nuestro México legendario, y el cóndor recuerda la epopeya colectiva de los pueblos hermanos del continente.
Figurada de esta suerte la unidad de nuestra raza, sólo faltaba pedir al Verbo una expresión que marcara la ruta de los destinos comunes. Me vino ésta, de súbito, y fue la voz de un anhelo que se rehacía en la Universidad y había de retumbar por todos los confines de la lengua: es el lema un compromiso quizás demasiado ambicioso.
POR M RAZA HABLARÁ EL ESPÍRITU, es decir, deberemos ser algo que signifique en el mundo. Y en primer lugar dije raza porque la tengo, la tenemos. Nuestra raza, por la sangre, a se sabe, es doble, pero sólo en México, en el Perú, en el Ecuador, donde hay indios. En el resto de América nuestra raza es una mezcla de base latina, española e italiana que no excluye una sola de las variedades del hombre; ni el negro del Brasil, ni el chino de las costas peruanas. Una raza compuesta que lo será más aún en el futuro. De allí la tesis de la raza cósmica que implícitamente está con tenida en el escudo y que hoy anuncian historiadores como Toyn bee, como fatal conglomeración humana en todo el planeta. Pero por lo pronto, hay que comenzar recordando que somos latinos. Dentro de lo latino, nos impelen hacia adelante los gérmenes de las más preciadas civilizaciones: el alma helénica y el milagro judío-cristiano, el derecho de la Roma pagana y la obra civiliza dora de la Roma católica.
En nuestro abolengo hay nombres envidiados de todas las naciones, como Dante Alighieri, magno poeta de todos los tiempos. En nuestro pensamiento hay torres como Santo Tomás y San Buenaventura. Y particularmente en la América nuestra, del Paraguay a California, es el cordón franciscano la disciplina de la obra civilizadora que todavía se prolonga y que no hubiera alcanzado realización sin el esfuerzo quijotesco que guió la Conquista. Raza es, en suma, todo lo que somos por el espíritu: la grandeza de Isabel la Católica, la Contrarreforma de Felipe II que nos salvó del calvinismo, la emancipación americana que nos evitó la ocupación inglesa intentada en Buenos Aires y en Cartagena y que, con Bolívar, fijó el carácter español y católico de los pueblos nuevos. Nuestra raza es, asimismo, toda la presente cultura moderna de la Argentina, con el brío constructor de los chilenos, la caballerosidad y galanura de Colombia, y la reciedumbre de los venezolanos. Nuestra raza se expresa en la doctrina política de Lucas Alamán, en los versos de Rubén Darío y en el verbo iluminado de José Martí. Todo esto es lo que el lema contiene y coordina para en caminarlo hacia la grandeza imperial. Nos despierta el emblema el orgullo fecundo y la ambición noble de los pueblos que no se contentan con recibir hecha la historia sino que la engendran, la conforman, le imprimen grandeza. Quise, en fin, dar a los jóvenes por meta, en vez de la patria chica que nos dejó el liberalismo, la patria grande de nuestros parentescos continentales.

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Los virus como material de construcción

“En forma tradicional, las vacunas están hechas de virus atenuados, pero siempre existe el riesgo de que éstas se reviertan y provoquen en el individuo la enfermedad que se buscaba prevenir, y el ejemplo más tangible es el de la vacuna de la polio, cuyos rebrotes muchas veces se deben a virus revertidos”, expuso Laura Alicia Palomares Aguilera, investigadora del Instituto de Biotecnología (IBt) de la UNAM y ganadora del Premio de Investigación 2009 de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC), en el área de Ingeniería y Tecnología.

Ella forma parte del grupo de cuatro universitarios que obtuvo uno de los cinco reconocimientos que dio la AMC, y el trabajo con el que ganó el galardón consiste en el diseño de procesos racionales de producción de estructuras virales recombinantes, y justo una de sus aplicaciones es la de fabricar vacunas 100 por ciento seguras.

“Lo que hacemos es producir proteínas de diferentes virus y hacer que éstas se ensamblen de forma idéntica a los virus originales, pero sin su material genético, lo que permite elaborar vacunas que nunca se revertirán ni generarán virulencia, lo que es una gran ventaja en el campo de la prevención de enfermedades”, expuso.

Estas posibilidades mencionadas por Palomares van más allá del área de la salud, porque estos acomodos proteínicos también pueden ser usados para producir vectores que se podrían emplear en terapia génica e incluso para crear nanomateriales, es decir, nanotubos que pueden ser recubiertos con partículas metálicas como paladio, plata, platino e incluso oro.

“Nosotros no desarrollamos la estrategia de producir partículas virales, de hecho esto se hace desde hace 15 años, más bien generamos estrategias racionales de producción. Lo que hacemos es manipular las composiciones virales para obtener condiciones y características diferentes, y en eso radica la innovación”, expuso.

Inventora precoz

“Desde niña, quería hacer investigación que incidiera en la sociedad y cuyos resultados pudieran transferirse en la industria, y eso es lo que he estado realizando últimamente”, comentó Alicia Palomares, quien desde los ocho años ya diseñaba, por lo menos en su fantasía, sistemas direccionales automovilísticos, laboratorios submarinos o granjas de cucarachas que servirían para adicionar nutrientes a diversas golosinas (“¡y quién diría que con el paso de los años la mayoría de mi trabajo estaría ligado a las células de los insectos!”).

“Siempre he estado a la caza de problemas por resolver o procesos que se puedan mejorar; por eso, haber estudiado Ingeniería Bioquímica —aunque lo hice no de manera un tanto coyuntural pues quería ser bióloga marina— fue lo ideal para mí, porque me dio una visión muy diferente de las cosas”.

Egresada del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, “fui formada con la idea de que debíamos ser emprendedores, pero también enfrenté uno de los inconvenientes que tienen las universidades privadas, que ahí no existe la investigación”.

Al concluir sus estudios, y quizá no con el plan fijo pero sí con la inquietud de ser investigadora, Palomares entró a trabajar en un laboratorio, “nada parecido a aquellos que me imaginaba de niña, porque fue en el de una compañía cervecera, pero ahí aprendí a perfeccionar muchos procesos y a comprender mejor cómo se mueve la iniciativa privada y qué es lo que solicita”.

Esta noción ha hecho que Alicia Palomares haya logrado lo que pocos investigadores en México, llevar la ciencia básica a niveles industriales, como demuestran las asesorías y proyectos que realiza con diversas empresas, como Birmex, Protein Sciences Corporation y Boehringer Ingelheim Vetmedica.

Rivalidad y colaboración científica

El equipo de Palomares es uno de los más reconocidos en lo que a ensamblaje de virus se refiere, tanto que “uno de nuestros más acérrimos competidores, el equipo de Manuel Carrondo y Paula Alves, del Instituto de Tecnología Biológica de la Universidad Nueva de Lisboa, no sólo envió a una de sus alumnas a estudiar conmigo, sino que cuando fue su examen de grado me pidieron que viajara a Portugal para representar un papel curioso que requería ir un poco más allá de las labores de un jurado típico, el de oponente principal”.

Eso dice mucho de cómo se dan las cosas en la ciencia, puede haber rivalidades, pero en el fondo todos somos amigos que estamos al tanto de los avances de los demás, porque a fin de cuentas lo que hacemos es una labor conjunta, y en lo que se refiere al conocimiento, todos avanzamos juntos”, concluyó.

Fuente: Boletín UNAM-DGCS-721 - Cuernavaca, Morelos -  4 de Diciembre de 2009

Salud

La universidad pública es un espacio de debate crítico, con respeto y tolerancia

Ellos son una pequeña, pero destacada muestra de la diversidad de contenidos, de la apertura de proyectos, de la multiplicidad de voces que conviven en esta casa de estudios. Son los ganadores del Premio Universidad Nacional (PUN) y de la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos (DUNJA), quienes recibieron el galardón de manos del rector José Narro Robles.

Francisco Bolívar Zapata, presidente en turno de la Junta de Gobierno, dijo en la ceremonia que los reconocimientos proporcionan orgullo y deben ser aliciente para sumar capacidades en beneficio de la UNAM.

La universidad pública y autónoma, sostuvo, es un espacio laico de libertad, cuestionamiento y de sentimiento fundamental para el crecimiento de la nación. En ella deben debatirse de manera crítica, plural, intensa y comprometida, pero con respeto y tolerancia, opiniones y posiciones.

Es un crisol donde deben emerger, a través de la investigación, el análisis y el consenso, mejores alternativas para la solución de los problemas más importantes de la nación.

La UNAM, añadió, tiene la obligación de formar a las nuevas generaciones, proporcionando el andamiaje intelectual imprescindible que permita que las aspiraciones de justicia, libertad y equidad tengan soporte sólido.

En representación de los universitarios distinguidos con el PUN, Gina Zabludovsky Kuper aseguró que los reconocidos “estamos impregnados de los espacios universitarios. La UNAM es nuestra vida, a la que debemos nuestro saber y nuestro más profundo ser. Ya no podemos diferenciar entre ella y nosotros mismos.

“Estamos con nuestra mente, tacto, olfato y paladar. “La vida nos sabe a UNAM y tenemos el privilegio de paladear, cotidianamente, una cocina condimentada de respeto, tolerancia y pluralidad”.

Los trabajos por lo que nos premian, consideró, son resultado del empeño colectivo y el debate con estudiantes y colegas, en tanto que la continuidad de nuestras labores es posible por las autoridades que orientan, administran y defienden a esta institución.

Ante miembros de la Junta de Gobierno y del Patronato, profesores e investigadores eméritos, directores de facultades, escuelas, institutos y centros, la académica recordó que en el 2010 se celebrará el cumpleaños 100, “es importante festejarlo en grande, porque ahí están nuestros orígenes de universidad nacional, liberal y laica”.

En el teatro Juan Ruiz de Alarcón, y a nombre de los galardonados con la DUNJA, Leonardo Lomelí Vanegas sostuvo que esta casa de educación ha estado al servicio de las mejores causas del país.

Ante los desafíos que enfrenta la nación, expuso, es necesario volver los ojos hacia la historia y valorar en su justa dimensión lo mucho que se ha alcanzado, y la manera en que la UNAM ha contribuido a esos logros.

Los universitarios “hemos sido actores fundamentales en la construcción del México moderno. No existe un sólo sector de la actividad económica, de la participación política, de la organización social, de la vida cultural, en la que no hayan destacado las contribuciones de sus egresados”, dijo.

No hay mejor manera de celebrar un centenario, que refrendando el compromiso social y capacidad para poner el conocimiento al servicio del país, apuntó.

Lomelí Vanegas expuso que la distinción constituye un importante estímulo para continuar “con nuestra carrera académica y renovar el compromiso con la institución. Hago votos porque este reconocimiento augure a cada uno de los galardonados trayectorias exitosas que contribuyan a refrendar el liderazgo de esta institución en los diversos ámbitos de su quehacer académico y cultural”.

Los ganadores del Premio Universidad Nacional 2009 fueron: Cecilio Álvarez y Toledano, en el área de Investigación en Ciencias Exactas; Carlos Prieto de Castro, en Docencia en Ciencias Exactas; Martha Patricia Ostrosky, en Investigación en Ciencias Naturales; Héctor S. Sumano López, en Docencia en Ciencias Naturales, y Gina Zabludovsky Kuper, en Investigación en Ciencias Sociales.

También, Juan José Sánchez Sosa, en Docencia en Ciencias Sociales; Ramón Martínez Escamilla, en Investigación en Ciencias Económico-Administrativas; Alfonso Gómez Navarro, en Docencia en Ciencias Económico-Administrativas; María Rosa Palazón Mayoral, en Investigación en Humanidades; Laura López Morales, en Docencia en Humanidades; José Quiñónez Melgoza, en Investigación en Artes, y Juan Roberto Mora Catlett, en Docencia en Artes.

A ellos se suman, Roberto Ávila Antuna, en Docencia en Educación Media Superior Ciencias Exactas y Naturales; Mary Elaine Meagher Sebesta, en Docencia en Educación Media Superior Humanidades, Ciencias Sociales y Económico Administrativas; Ramón Domínguez Mora, en Innovación Tecnológica y Diseño Industrial; Carlos Bernal Salinas, en Arquitectura y Diseño, y Elsa María Cross y Anzaldúa, en Creación Artística y Extensión de la Cultura.

En tanto, recibieron la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos 2009: William H. Lee Alardín, en Investigación en Ciencias Exactas; Marco Aurelio Ramírez Argáez, en Docencia en Ciencias Exactas; Xochitl Pérez Martínez, en Investigación en Ciencias Naturales; Miriam Rodríguez Sosa, en Docencia en Ciencias Naturales; María Isabel Ramírez Ramírez, en Investigación en Ciencias Sociales, y Juan Felipe Silva Pereyra, en Docencia en Ciencias Sociales.

Junto con ellos, Leonardo Lomelí Vanegas, en Investigación en Ciencias Económico-Administrativas; Norman Jonathan Wolf del Valle, en Docencia en Ciencias Económico-Administrativas; Axel Arturo Barceló Aspeitia, en Investigación en Humanidades; Gabriela Martínez Miranda, en Docencia en Educación Media Superior Ciencias Exactas y Naturales; Netzahualcóyotl Soria Fuentes, en Docencia en Educación Media Superior Humanidades, Ciencias Sociales y Económico-Administrativas; Cynthia Trigos Suzán, en Arquitectura y Diseño, y Fernando Eimbcke Damy, en Creación Artística y Extensión de la Cultura.

A la ceremonia asistieron Alejandro Carrillo Castro, presidente del Patronato Universitario; Sergio M. Alcocer Martínez de Castro, secretario General, y Estela Morales Campos, Carlos Arámburo de la Hoz y Sealtiel Alatriste, coordinadores de Humanidades, de la Investigación Científica y de Difusión Cultural, respectivamente, entre otros.

Boletín UNAM-DGCS-713

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Gaceta No. 1 Parte 1 de 2

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PARA LA CURIOSIDAD NO HAY ASUNTOS PEQUEÑOS

PARA LA CURIOSIDAD NO HAY ASUNTOS PEQUEÑOS

La académica Ana Cecilia Noguez Garrido obtuvo el Premio de Investigación 2009, de la AMC, en el rubro de Ciencias Exactas.

Sus investigaciones han puesto a la UNAM a la vanguardia, ya que la física comenzó a trabajar con partículas que estaban por debajo de lo microscópico incluso antes de que la palabra nanómetro entrara al vocabulario científico

Antes de que el concepto de nanómetro entrara al vocabulario científico, la doctora Ana Cecilia Noguez Garrido ya realizaba trabajos con objetos que estaban muy por debajo de la escala microscópica, “sólo que en aquellas épocas los llamábamos partículas muy, muy pequeñas”.

A dos décadas de distancia, Noguez aún continúa en esta línea de investigación, que aunque se enfoca en lo diminuto, tiene un impacto gigantesco, como demuestra el hecho que actualmente es una de las científicas mexicanas más citadas en el mundo.

Por esta razón, la Academia Mexicana de Ciencias (AMC), que de cinco Premios de Investigación que concedió en 2009, dio cuatro a la UNAM, designó a la profesora como ganadora en el área de Ciencias Exactas, porque además de una trayectoria destacada, cumple con otro requisito indispensable para alzarse con este galardón, tener menos de 43 años.

Sólo quien encuentra muy temprano su vocación acumula tal cantidad de logros siendo tan joven, y la profesora Noguez es el mejor ejemplo, porque “desde niña sabía que quería ser física, o al menos científica”.

“Esto se debe a que desde pequeña era muy curiosa, algo que no he perdido. De hecho, la curiosidad es lo que me mueve a realizar mis investigaciones… sí, está el deseo de obtener resultados, pero subyacen las ganas de explicarme las cosas, la curiosidad es la que me impulsa”, comenta.

Esta inquietud, lo mismo la ha llevado a aprender guitarra (“no muy bien”), hacer diseño gráfico y dibujo (“sin saber con certeza qué es lo que hago”) y a aventurarse como estudiante de licenciatura a innovar en áreas donde pocos se habían adentrado antes (“eso sí, desde el principio; aunque lo nanométrico aún no recibía ese nombre, sabía que estaba haciendo investigación de frontera”).

“Hice mi tesis de licenciatura sobre las propiedades ópticas de los nanocompositos (materiales que a partir de dos elementos forman un compuesto con propiedades diferentes), y esta publicación rápidamente tuvo repercusiones a nivel internacional, tanto, que llegué a presentar mi trabajo en congresos fuera de México, y eso me abrió un mundo muy diferente al que usualmente vive un estudiante que se queda en su facultad”, expuso.

Conocimiento en evolución

En un principio, para estudiar estas “partículas muy pequeñas”, Noguez se valió de la teoría de la electrodinámica, “pero a través de los años aprendí técnicas basadas en la mecánica cuántica de primeros principios, que no fue sencillo. He dedicado gran parte de mi trabajo a desarrollar modelos y teorías fundamentados en la mecánica cuántica”.

La investigadora explicó que lleva varios años estudiando las propiedades de quiralidad en sistemas nanométricos y su actividad óptica. “Desarrollamos un método de primeros principios donde se pueden estudiar nanotubos y nanopartículas, único en el mundo. En ese sentido, en la UNAM estamos a la vanguardia”.

Estos desarrollos han sido aprovechados por especialistas a nivel internacional y han sido de gran ayuda en diversas investigaciones; tanto que, con frecuencia, su equipo es invitado a participar en diversos proyectos. “De hecho, tenemos pendiente una colaboración con la Universidad de Northwestern, en Evanston, Illinois, con un grupo experimental muy reconocido que hace nanotubos de carbono, de los cuales nosotros interpretamos su actividad óptica”.

Nanopartículas metálicas, diminutas y de grandes aplicaciones

Salud, medicina, terapias, marcadores biológicos, nuevos materiales e incluso electrónica molecular son sólo algunos de los campos que se abren a partir del estudio de las nanopartículas metálicas, y en esto, Noguez Garrido ha marcado la pauta desde hace más de una década.

“Estas nanopartículas tienen una propiedad muy particular: por su tamaño, las ondas electromagnéticas producen en ellas lo que se conoce como plasmones de superficie, que generan densidades de carga que dependen de la forma y tamaño de la partícula y producen campos electromagnéticos locales muy intensos que calientan y queman células, lo que serviría en ciertas terapias, aunque éstas actualmente están en etapas muy preliminares”, explicó la catedrática.

Como se ve, queda mucho por hacer en este campo, “aún es mucha su riqueza, pues todavía hay mucho por entender y estudiar”.

Un premio deseado

“Desde que entré a la Facultad de Ciencias ya sabía que existía el Premio de Investigación de la ACM y sabía que sería un honor ganármelo, especialmente porque lo habían obtenido maestros a los que admiro mucho, como el doctor Víctor Manuel Romero Rochín”, compartió Noguez Garrido.

La profesora recuerda que el día que recibió la noticia del galardón regresaba del Cinvestav, donde la habían premiado por ser una de las científicas más citadas de México en la última década. No habían pasado ni 10 minutos cuando sonó el teléfono y recibió la noticia por parte del vicepresidente de la Academia, “ahí dije, me voy a casa con mi familia, mi día fue redondo y hoy ya nada puede superar esto”.

Después de reflexionar sobre el significado de este galardón tan anhelado, afirma que para ella simboliza la conclusión de un ciclo.

“Este es un premio para investigadores jóvenes, pero con madurez, y eso me lleva a replantear mi vida académica. Ya he pasado por las promociones, las primas y el SNI, y creo que ahora puedo pensar en problemas científicos más ambiciosos, que requieren más tiempo, y dejarme de preocupar por las promociones. Éste es el momento justo para decir, ‘ya llegué aquí, y ahora puedo plantearme otras metas’”, concluyó.

Fuente:
Boletín UNAM-DGCS-711
1 de Diciembre de 2009.

Ciencias Exactas

Palabras del Ingeniero Javier Barros Sierra

Palabras del Ingeniero Javier Barros Sierra

34º Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México

5 de mayo de 1966 – 20 de abril de 1970

 

Hoy es un día de luto para la Universidad

 

(Discurso pronunciado el 30 de julio de 1968 por el Ing. Barros Sierra, minutos después de haber izado la bandera nacional a media asta en manifestación de duelo por los acontecimientos sangrientos suscitados los días previos en el barrio universitario del centro de la Ciudad de México).

 

“Hoy es un día de luto para la Universidad; la Autonomía está amenazada gravemente. Quiero expresar que la institución, a través de sus autoridades, maestros y estudiantes, manifiesta profunda pena por lo acontecido.

 

“La Autonomía no es una idea abstracta, es u ejercicio responsable que debe ser respetable y respetado por todos.

 

“Una consideración más: debemos saber dirigir nuestras protestas con inteligencia y energía.

 

“ ¡Que las protestas tengan lugar en nuestra Casa de Estudios!

“No cedamos a provocaciones, vengan de fuera o de dentro…

 

“La Universidad es lo primero, permanezcamos unidos para defender, dentro y fuera de nuestra casa, las libertades de pensamiento, de reunión, de expresión y la más cara: ¡nuestra Autonomía! ¡Viva la UNAMI ¡Viva la Autonomía Universitaria!”

 

Vamos pues, compañeros, a expresarnos.

 

(Barros Sierra pronunció este discurso minutos antes de que encabezara la manifestación del 1 de agosto de 1968. En esta movilización participaron todas las autoridades universitarias, los integrantes del Consejo Universitario, los dirigentes de la Asociación de Trabajadores Administrativos de la UNAM y del Sindicato de Profesores de la UNAM, así como maestros, estudiantes, trabajadores y padres de familia de la UNAM y del IPN. Las cifras de participantes en la movilización se calcularon entre 100 y 150 mil personas).

 

“Al saludarlos fraternalmente, quiero comenzar con indicar que, por petición de numerosos sectores de maestros y estudiantes de la Universidad, y para demostrar una vez más que vivimos en una comunidad de nuestra manifestación se extenderá hasta la esquina de Insurgentes y Félix Cuevas “Se efectuará en ese lugar una expresión en forma de discursos y retornaremos a nuestra Casa por la misma ruta. Quiero decir que confío en que todos sepan hacer honor al compromiso que han contraído. Necesitamos demostrar al pueblo de México que somos una comunidad responsable, que merecemos la autonomía, pero no solo será la defensa de la autonomía bandera nuestra en esta expresión pública; será también la demanda, la exigencia por la libertad de nuestros compañeros presos, la cesación de las represiones. Será también para nosotros un motivo de satisfacción y orgullo que estudiantes y maestros del Instituto Politécnico Nacional, codo con codo, como hermanos nuestros, nos acompañan en esta manifestación. Bienvenidos. Sin ánimo de exagerar, podemos decir que se juegan en esta jornada no solo los destinos de la Universidad y el Politécnico, sino las causas más importantes, más entrañables para el pueblo de México. En la medida en que sepamos demostrar que podemos actuar con energía, pero sólo dentro del marco de la ley, tantas veces violada, pero no por nosotros, afianzaremos no sólo la autonomía y las libertades de nuestras casas de estudio superiores, sino que contribuiremos fundamentalmente a las causas libertarias de México. Vamos pues, compañeros, a expresarnos. Y no necesito repetirles una vez más que estemos alertas sobre la actuación de posibles provocadores. Los provocadores, lo señalo desde ahora, si los hay espero que no, confío en que no—, serán objeto del repudio mayoritariamente abrumador de la comunidad universitaria. Y yo, lo digo desde ahora y sin ambages, seré el primero en denunciar los ante nuestra universidad y ante la opinión pública. Muchas Gracias”.

 

Nuestra lucha no termina

 

(Al finalizar la manifestación del 1 de agosto, durante el mitin realizado en la explanada de rectoría, el rector pronunció este discurso —publicamos sólo fragmentos del mismo—, y posteriormente pidió un minuto de silencio en memoria de los caídos durante la represión del 26, 27 y 28 de julio).

 

“Hemos demostrado al mundo que nuestras instituciones son participantes directas de un destino justiciero que priva en México.”

 

“La fuerza del uso de la razón, sin menoscabo de la energía, dio lugar a exponer ante el pueblo la figura de la Universidad que está consciente de sus principales problemas y angustias.”

 

“Nunca me he sentido más orgulloso de ser universitario como ahora… porque es la Universidad, son nuestras instituciones las que generan el espíritu con que habremos de afrontar los problemas pero también que sabe apreciar sus triunfos’.

 

“Nuestra lucha no termina con esta demostración. Continuaremos luchando por los estudiantes presos, contra la represión y por la libertad de la educación en México”.

 

Los exhorto a que asuman, la defensa moral de la Universidad

 

El miércoles 18 de septiembre de 1968 el ejército mexicano ocupó las instalaciones de Ciudad Universitaria, acción en donde fueron detenidas más de 500 personas. Al día siguiente, el Ing. Barros Sierra publicó la siguiente declaración:

 

“La ocupación militar de la Ciudad Universitaria ha sido un acto excesivo de fuerza que nuestra casa de estudios no merecía. De la misma manera que no merecía nunca el uso que quisieron hacer de ella algunos universitarios y grupos ajenos a nuestra institución.

“Habrá que repetir que el conflicto estudiantil no fue engendrado por la Universidad.

“La atención y solución de los problemas de los jóvenes requieren comprensión antes que violencia. Seguramente podrían haberse empleado otros medios. De las instituciones mexicanas y de nuestras leyes y tradiciones se derivan instrumentos más adecuados que la fuerza armada.

“Por otra parte, los universitarios que con arbitrariedad y obstinación hicieron uso de recintos y bienes de la Universidad para su acción política, reflexionarán ahora en el grave daño que han causado a su casa de estudios.

“Así como apelé a los universitarios para que se normalizara la vida de nuestra institución, hoy los exhorto a que asuman, dondequiera que se encuentren, la defensa moral de la Universidad Nacional Autónoma de México y a que no abandonen sus responsabilidades.

“La Universidad necesita, ahora más que nunca, de todos nosotros.

“La razón y la serenidad deben prevalecer sobre la intransigencia y la injusticia.

“La Universidad debe ser reconstruida, una vez más, porque es parte esencial de la nación. Los universitarios sabremos cumplir con este deber.

“Esperemos que los deplorables hechos que confrontamos no afecten irreparablemente la democracia en la República”.

…es insostenible mi posición como rector, ante el enfrentamiento agresivo y abierto de un grupo gubernamental…

 

Renuncia

 

Texto de la renuncia al cargo de rector que presentó Barros Sierra a la Junta de Gobierno de la UNAM. El funcionario fue orillado a tomar esa determinación debido a las presiones y críticas que recibió del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz y de otros círculos oficiales. A los tres días de presentada la renuncia la retira, después de haber recibido el apoyo de la Comunidad Universitarias y de otros círculos de la sociedad civil.

 

“México DF a 23 de septiembre de 1968.

H. Junta de Gobierno de la Universidad Nacional

Autónoma de México.

P r e s e n t e.

 

“Ustedes conocen de sobra los últimos hechos que han afectado a nuestra casa de estudios. Sin necesidad de profundizar en la ciencia jurídica, es obvio que la autonomía ha sido violada, por habérsenos impedido realizar, al menos en parte, las funciones esenciales de la Universidad. Ello, independientemente del respeto al domicilio, en este caso los recintos universitarios, basado en el artículo 16 de la Constitución aunque este aspecto ha sido objeto de amplios debates y se han sostenido opiniones discrepantes. Me parece importante añadir que, de las ocupaciones militares de nuestros edificios y terrenos, no recibí notificación alguna, ni antes ni después de que se efectuaran.

“Cabe insistir en que la Universidad no engendró el llamado conflicto estudiantil, sino que este repercutió sobre aquélla. A ningún hombre sensato escapará que no estaba en nuestras manos la solución del problema. Tan sólo podíamos, y así se hizo en las últimas semanas hasta el límite de nuestras capacidades, tal como fue en los años anteriores, cumplir con nuestro deber educativo. Repetidamente dijimos a los jóvenes que debían seguir, en sus luchas, los caminos de la razón, de la ley y del diálogo, sin incurrir en provocaciones ni en actos violentos. En esta tarea nos tropezamos con la incomprensión y aun con el encono de algunos, tanto dentro como fuera.

 

“Ojalá, dicho sea de paso, que los estudiantes recapaciten ahora en su conducta y contribuyan., en la parte que les toca, a que se restablezca la tranquilidad pública, marco indispensable para el avance de la democracia y de la justicia en México.

 

“Los problemas de los jóvenes sólo pueden resolverse por la vía de la educación, jamás por la fuerza, la violencia o la corrupción. Esa ha sido mi norma constante de acción y el objeto de mi entrega total, en tiempo y energías, durante el desempeño de la rectoría.

 

“Mas la situación presenta ahora una nueva fase: estoy siendo objeto de toda una campaña de ataques personales, de calumnias, de injurias y de difamación. Es bien cierto que hasta hoy proceden de gentes menores, sin autoridad moral; pero en México todos sabemos a qué dictados obedecen. La conclusión inescapable es que, quienes no entienden el conflicto ni han logrado solucionarlo, decidieron a toda costa señalar supuestos culpables de lo que pasa, y entre ellos me han escogido a mí.

 

“La Universidad es todavía autónoma, al menos en las letras de su ley; pero su presupuesto se cubre en gran parte con el subsidio federal y se pueden ejercer sobre nosotros toda clase de presiones. Por ello es insostenible mi posición como rector, ante el enfrentamiento agresivo y abierto de un grupo gubernamental. En estas circunstancias, ya no le puedo servir a la Universidad, sino que resulto un obstáculo para ella.

 

‘En virtud de las consideraciones anteriores, me veo en la imperiosa necesidad de presentar a ustedes mi renuncia irrevocable como rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, con la súplica de que sea aceptada de inmediato.

 

“Debo agradecer a ese honorable cuerpo universitario la confianza, la solidaridad y el estímulo con los que continuamente me honró.

 

“También quiero dejar constancia de la colaboración y comprensión que obtuve siempre del Consejo y Patronato universitarios; de los señores directores de Facultades, Escuelas e Institutos, así como de los colaboradores nombrados por mí y de la gran mayoría de los maestros, investigadores, funcionarios, estudiantes y empleados de nuestra Institución.

 

“Por último, aprovecho el muy digno conducto de ustedes para expresar mis votos más fervientes por que nuestra Universidad logre superar en breve su actual crisis, como ha sabido hacerlo tantas otras veces.

 

“A t e n t a m e n t e

Javier Barros Sierra”

 

Nos obliga a todos los universitarios, a servir al país con nuestro mayor empeño y con un patriotismo activo.

 

(Parte del texto escrito por Barros Sierra en donde acepta continuar al frente de la UNAM, Esta actitud la asumió el Rector después de haber recibido el apoyo de la Junta de Gobierno de la UNAM, del Consejo Universitario y de la comunidad universitaria, con el fin de que siguiera en sus funciones).

 

“Seguiré trabajando por nuestra institución. Al hacerlo, me alienta la voluntad de todos los miembros de nuestra comunidad que desean dedicarse a reconstruirla. He servido solamente, y no variará mi línea de conducta, a la Universidad Nacional Autónoma de México”.

 

“Nuestras tareas inmediatas serán: Restablecer el orden universitario y demandar al gobierno la desocupación de nuestros recintos por las fuerzas militares, para reanudar cuanto antes las labores…’.

 

“…Si ningún universitario debe ser víctima ocasional de injurias y calumnias, sólo por el cargo que desempeña, ningún miembro de nuestra casa de estudios debe recurrir a la ofensa a funcionario alguno. La razón, los argumentos claramente expuestos, las demandas legalmente manifestadas, deben ratificar que pertenecemos a una institución cultural.

 

“La nación ha hecho suya a la Universidad, como lo dijo en 1910 su fundador; esta realidad ha sido, en el actual conflicto, plenamente comprobada ella nos obliga a todos los universitarios, a corresponder con nobleza y a servir al país con nuestro mayor empeño y con un patriotismo activo.

 

“A la joven generación, en ocasiones incomprendidas, porque quiere romper con hábitos de los adultos, la aguardan empresas que exigirán su más decidido esfuerzo, su imaginación y su desinterés. Para poder cumplir con ellas, para ser dignas de sus ideales, debe ser una generación preparada en el estudio y la acción creadora…”

 

“…La Universidad tiene una misión principal: Formar hombres; educarlos; hacerlos útiles a México. Los jóvenes lo saben, los maestros lo enseñan, los trabajadores colaboran en esta vasta tarea…”.

 

Fuente: CUADERNO DE EDUCACIÓN SINDICAL # 44. Secretaría de Prensa y Propaganda del STUNAM.

http://www.stunam.org.mx/8prensa/cuadernillos/cuaderno44.htm

 

Sociología

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