Blog del escritor Andrés Casanova

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MIS LIBROS PUBLICADOS CON LA EDITORIAL EMOOBY (*)

A partir de mi encuentro a fines del año 2010 con el proyecto de la Editorial EMOOBY (cuya Dirección General la ocupan los señores João Faria y Erika Faria), cuyo objetivo se centra en aprovechar las nuevas tecnologías para la publicación de libros, mis planes de divulgación, promoción y comercialización de mi obra literaria se han centrado en la edición electrónica de la misma, tanto la ya editada en papel por diversas editoriales como la que aún permanece inédita. Ofrezco ahora esta primicia noticiosa a los lectores de mi blog alojado en monografías.com, y en lo adelante estaré compartiendo con ustedes noticias inéditas al respecto.

Desde hace varios meses, vengo publicando con la editorial portuguesa EMOOBY, la que me ha acogido en su catálogo y ya suman cuatro los libros que tengo con ella: Tormenta tropical de verano en su tercera edición; La jaula de los goces que ahora sale por segunda oportunidad; Pequeñas historias memorables también por segunda ocasión; y Las trágicas pasiones de Cándida Moreno, en su edición segunda.

Sobre la editorial, entre sus propósitos está aprovechar las nuevas tecnologías para que la literatura pueda llegar hasta el último de los lectores y además con la publicación de libros en formato electrónico contribuir al frenaje de la deforestación de bosques para la producción de papel. Su objetivo primordial está dirigido a aumentar los hábitos de lectura entre los jóvenes y adultos en los formatos de libros electrónicos los que les resultarán mucho más baratos que los editados en formato papel.

De esta manera, EMOOBY está distribuyendo mis libros a través de Xeriph, Digital, Books, Smashwords, Libranda, Publidisa y  Pubitse; y los mismos se encuentran en estos momentos en las siguientes librerías de la red electrónica: AMAZON, APPLE,  KOBO, COPIA, ABRIL,  EMOOBY, SMACHSWORDS, AMABOOK, GATO SABIDO, GRIOTI LIVROS DIGITAIS, BINARIO LIBROS, EBOOK-TECA, CATALÓNIA y POPULAR EBOOKS.

Invito entonces a mis amigos y lectores potenciales a encontrarse en alguno de esos lugares con mi literatura, que en días sucesivos irá aumentando con nuevos títulos.

(*) Editorial EMOOBY pertenece al Grupo PUBOOTECA LDA y tiene su sede en la Región autónoma de Madeira, Portugal.

Libros publicados por el autor con la Editorial EMOOBY

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ACERCA DE LA NOVELA “La muerte de un tumbador”, FINALISTA DEL I PREMIO DE NOVELA BREVE OSCAR WILDE, FALLADO RECIENTEMENTE

DADA LA IMPORTANCIA QUE TIENE PARA EVITAR EQUÍVOCOS ENTRE COLEGAS ESCRITORES, PUBLICO ESTA NOTA QUE ME HA LLEGADO DIRECTAMENTE DE MIGUEL ANGEL DE RUS, EDITOR DE EDICIONES IRREVERENTES:

Error de Ediciones Irreverentes al anunciar el Resultado del Premio Oscar Wilde de Novela Breve.

Por error achacable al jurado del Premio Oscar Wilde de novela Breve, se incluyó un único autor de la obra finalista La muerte de un tumbador al anunciar la obra ganadora y los finalistas del Premio.

Dimos el nombre de Andrés Casanova cuando en realidad  los autores de La muerte de un tumbador son Andrés Casanova y Giraldo Aice (ambos, Cuba)

El error ha quedado subsanado en la web de la editorial, lo cuál puede comprobarse en http://www.edicionesirreverentes.com/OscarWilde.html

El editor de Ediciones Irreverentes, en nombre del jurado, pide excusas a ambos autores afectados y les felicita en público por su extraordinaria novela, igual que lo ha hecho en privado.

Para que conste.

Miguel Angel de Rus
Editor. Ediciones Irreverentes

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OTROS FACTORES EXTRALITERARIOS (conclusión)

-Los programas de mano. Suelen elaborarse sobre todo para eventos de más de un día, con el sano propósito de lograr una organización medianamente aceptable, en que tanto autores como público sepan dónde dirigirse y a qué hora aproximadamente hacerlo. Desde luego, que también poseen un valor histórico pues coleccionistas hay de todo objeto, hasta de fósforos de dos cabezas, de lo cual resultará que en un futuro los autores serán tomados como fuente de consulta por los historiadores de la literatura, y es por esta razón que los autores le conceden importancia a su inclusión en ellos, sobre todo los que tienen un afán desmedido de trascendencia.

-La prensa general y especializada. Juega un papel especial en la promoción literaria y por lo tanto influye en que determinados autores sean considerados importantes, aunque desde luego ya sabemos que tal importancia algunas veces resulta artificial. Sin embargo, no se puede negar que los Consejos de Redacción de revistas literarias o no y de los periódicos constituyen grupos de poder que influyen en la opinión del gran público acerca de qué es mejor leer y en qué libros no vale la pena gastar el tiempo.

-Internet. Cierro mis reflexiones con la época postmoderna, aunque todo mi análisis se ha basado en la postmodernidad. Nunca he hablado en este texto de la época de Balzac o la de Zola, porque en aquellos tiempos existían otros parámetros para medir la actividad literaria. Para mí, quienes hoy defiendan que no hace falta una computadora para escribir una novela sólo hablan de una parte del problema, de la meramente creativa. Porque si bien es cierto que una novela puede escribirse hasta con un lápiz, lograr que sea leída por alguien ya requiere de otras condiciones. Y en cuanto al valor de Internet como factor extraliterario, no caben dudas que resulte tan poderoso como las grandes editoriales. Cito un único ejemplo: hay multitud de buscadores en la red electrónica pero solo me referiré al más universal de ellos: el Google. Si usted desea saber si alguien alguna vez ha escrito su nombre y sus apellidos en la red de redes, sea o no escritor, o si existen al menos otros individuos con sus mismos nombre y apellidos, intérnese en ese buscador y quizás quede sorprendido si no ha tenido una experiencia anterior de este tipo. Y hay más. Ya estar en Internet no depende solamente de la voluntad de los dueños de determinados sitios, porque se ofrecen a escritores (y otros profesionales) los llamados blogs que si bien sirven a los fines de promover su obra literaria por él mismo, sin la intervención de un webmaster y muchas veces de manera gratuita, al final también constituyen un grupo de poder inestimable, por la capacidad para viajar a cualquier rincón del mundo conectado a la red y por lo tanto, llevar hasta ese rincón el mensaje que más conviene a la página web que da cobijo al blog privado del autor. Aunque en este toma y daca, el autor no creo que deba renunciar a adueñarse también de su parte y servirse del sitio para promover su obra hasta el último de los rincones donde puede llegar con su mensaje de paz y de amor sin otro fin que la literatura misma.

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OTROS FACTORES EXTRALITERARIOS (Continuación)

-Los eventos. Los bien concebidos, aquellos cuyo fin primordial es el intercambio libre y democrático de criterios, siempre resultan bienvenidos. Los que se efectúan para influir sobre criterios ajenos por parte de los grupos de poder lejos de establecer un debate sano, juicioso y productivo no traen más que enemistades. Otra característica de los eventos literarios es que realmente aparte de confrontar criterios personales sobre determinados temas, no tienen el valor jurídico para cambiar políticas o leyes culturales, de ahí que desde este punto de vista no sean más que un pretexto para tener un consejo entre amigos pero no resuelvan los problemas en debate. En fin, que los eventos suelen servir para conocer a otros creadores o encontrarse con viejos conocidos, y no debemos tener acerca de ellos otras expectativas.

-Los debates públicos. Me refiero desde luego a los de tema literario, que habitualmente organiza sobre un tema alguna organización gubernamental o no. Resultan de proyección similar a los eventos aunque con dos desventajas. La primera que tienen mucho menor tiempo de duración y por lo tanto las reflexiones de los asistentes suelen ser menos profundas, porque además muchos de ellos no conocen las características del proceso de creación literaria y pretenden entrar en el debate con sus puntos de vista que han adquirido durante el estudio en otras ramas del saber (la historia del arte, la psicología, las ciencias económicas, las políticas o las socioculturales y otras similares que no van al fondo de los problemas del creador) y entonces se falsean los resultados del debate. La segunda es que el público no se escoge siempre entre los interesados en el tema y más se piensa en llenar una sala que en juntar personas que deseen y necesiten pensar el tema para buscarle una solución a los problemas que existan.

-Los talleres literarios. Generalmente están regentados por alguien con conocimientos literarios, aunque los mejores son aquellos presididos por individuos que cumplan dos requisitos: ser ellos mismos creadores con conocimientos técnicos sobre los diferentes géneros que suelen cultivar los principiantes y además tener un sentido ético acerca de la libertad de creación. Y de esta manera, a la vez que se enseña, no vayan a matarse talentos por el afán más de crear seguidores que orientar al que será de todas maneras escritor. Claro que estoy partiendo de mi aceptación de los buenos talleres literarios, aquellos que acojan a individuos que no sobrepasen los 25 años (empezar a escribir a mayor edad con buenos resultados puede ser una excepción, no una regla) y se les conceda la confianza de dejarlos crear a su libre albedrío, enseñándoles simplemente la técnica y jamás el contenido o la forma. Tampoco creo en los talleres literarios que pretenden escribir la obra ajena, o aquellos que tantas faltas le señalan a un texto que dan deseos de decirles a los asistentes al taller: “Entonces escríbanlo ustedes”.

-Las agrupaciones y organizaciones literarias. Son grupos de poder al igual que las organizaciones gubernamentales o no, que ejercen influencia sobre la sociedad o al menos sobre un sector de ella, en dependencia de su marco de acción y del poder económico, político o social que tengan. Las agrupaciones y organizaciones literarias pueden estar oficialmente constituidas, con sus estatutos, reglamentos y capacidad jurídica reconocida, o simplemente tratarse de grupos paralelos que ejercen su influencia a la sombra de otras organizaciones literarias oficiales. Como quiera que sea, ese grupo de individuos decide realmente a qué obras se les otorga el beneplácito y a cuáles se les censura, llegando incluso a determinar quiénes obtienen premios o vencen en un concurso.

-Las presentaciones de libros. Puestas de moda durante las últimas décadas del pasado siglo, no me caben dudas que su razón de ser es netamente promocional con intereses de una editorial en específico. Luego esta moda se fue extendiendo hacia otras entidades y hoy cualquiera programa una presentación. En ellas, el presentador, no hace más que halagar al autor al que generalmente tiene a su lado (cuando no es cadáver) y lo que se busca es convencer a los potenciales lectores de que compren el libro por las bondades que se le suponen muchas veces, es decir, como una hipótesis más que como una realidad.

-Las lecturas programadas en público. Cuando se trata de una tertulia en la que los presentes disfrutan de veras cada parte, suelen ser realmente un acontecimiento cultural aunque quienes lean no ostenten ningún premio de renombre ni tengan cien libros publicados. Cuando se hacen con el fin de lograr un propósito preconcebido de carácter extracultural o para satisfacer el ego de los autores, es mejor estar lejos de tales lecturas. También resulta aconsejable alejarse cuando los autores tienen que exponerse a un público al que nada le importa la literatura en general.

(Continuará)

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OTROS FACTORES EXTRALITERARIOS

En el artículo anterior no fue mi intención analizar en detalles todos los que considero factores extraliterarios para no cargar al (posible) lector de mi texto. Sin embargo, no podía callarme otros que sé influyen demasiado en la vida de un escritor como para callarlos. Son los siguientes:

-Los concursos. No solo dan dinero, sino también la posibilidad de publicar con rapidez y lograr una promoción del autor en el momento de anunciarse el fallo del jurado y del libro ganador una vez publicado. Por supuesto que hay concursos y concursos. En algunos, los organizadores dejan totalmente en manos del jurado la decisión final, y en otros los jurados resultan influidos por aquellos de manera directa o indirecta. Excluyo de esta valoración a los jurados que se dejan manipular (que es otro concepto aún más deleznable todavía) o manifiestan parcialidad hacia determinado concursante. A pesar de todo, en los concursos más puros se corre un riesgo: sólo gana una ínfima cantidad de participantes, por lo tanto puede compararse a una lotería. Aunque tiene una ventaja sobre los factores que se evaluarán más adelante: que el autor está en libertad de participar con su obra concreta, y por tanto no depende de que nadie lo nomine a la opción del concurso.

-Los premios. Se diferencian de los concursos en que no evalúan una obra literaria en particular, sino el conjunto de la obra de un autor, su influencia en la sociedad en general y otras consideraciones que muchas veces rebasan el marco de lo literario. En este caso, los nominados los determinan la organización convocante o algunos grupos que se forman bajo determinados requisitos. Si bien los jurados de concursos los conforman escritores y críticos literarios, los jurados de los premios habitualmente se encuentran constituidos por personas  que sin encontrarse lejos del terreno literario no son creadores en el sentido estricto de la palabra. Desde luego que ofrecen (algunos) dinero y sobre todo, promoción para la obra del autor galardonado, y como consecuencia, para la persona del autor mismo.

-Los reconocimientos. Los hay con dotación monetaria y otros lo son a título honorífico. Los reconocimientos suelen otorgarlos organizaciones no gubernamentales o gubernamentales, oída la propuesta de un jurado del que habitualmente forma parte la organización que otorga el reconocimiento y por lo tanto, es de suponer que se incline siempre por el candidato que más le conviene a la misma por cualquier razón. En este caso no solo se tienen en cuenta los aspectos puramente literarios del autor (el conjunto de su obra, la importancia que se le concede dentro del contexto que se evalúa, los criterios especializados sobre sus textos, etcétera) sino también aquellos que lo vinculan a determinadas acciones de interés para la persona jurídica que reconoce. Los aspirantes son seleccionados con criterios de medida predeterminados y a veces se eligen más para dar lustre a la organización convocante que para atender a la persona reconocida, aunque sin descartar que al menos el día que se informa la decisión del jurado final, el individuo recibe un homenaje en forma de discurso, regalos y diplomas, lo que a la larga no acrecienta el valor de su obra pero al menos deja satisfecha su vanidad personal (si se encuentra entre los que sienten la necesidad de sobresalir por encima de los demás).

-Las clasificaciones. De carácter parecido a los reconocimientos, aunque atañen más al propio individuo que al valor general de su obra literaria. Y si bien los reconocimientos conservan cierto valor literario porque es la obra en sí lo que prima durante los análisis de lo que podríamos llamar un jurado, las clasificaciones resultan realmente nocivas toda vez que casi siempre tienden a establecer divisiones entre los creadores que originan no pocos disgustos. Términos por ejemplo como personalidad municipal de la cultura, personalidad provincial o incluso distinguido por la obra de toda la vida (cuando aún ni la vida del individuo se ha extinguido y mucho menos ha dejado de crear) o méritos por treinta años de creador artístico (tiempo más que discutible: ¿cuándo se comienza a ser artista?, ¿acaso no es una condición innata del individuo?) realmente deberían desterrarse allí donde existan, porque cada vez que se tratan de conocer los criterios de medida que se siguen para realizar tales clasificaciones muy pocos son capaces de responder de manera precisa. Al final, se acaba por aceptar una clasificación que deja fuera a otros creadores de mayor relevancia por su obra que los clasificados. Pero no es siquiera el valor relativo de la obra, sino el hecho de que obras que un día fueron evaluadas de menores o mayores cuando transcurren cien años suelen cambiar de signo para las generaciones que entonces las disfrutan o las rechazan.

(Continúa)

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LOS FACTORES NO LITERARIOS Y LA LITERATURA DE FICCIÓN

Hace un tiempo estuve leyendo una serie de artículos en la revista digital de cultura cubana La Jiribilla (número 317 del 2 al 8 de junio de 2007) que tratan el tema de la literatura y el mercado en Iberoamérica, artículos cuyos autores son los cubanos Senel Paz, Laidi Fernández de Juan, Jorge Fornet, Daniel García e Iroel Sánchez; y además la española Lucía Etxebarria). Con el decursar del tiempo y las experiencias vividas en este terreno, releí los artículos y comencé a inquietarme, preguntándome una y otra vez: ¿Acaso a todos los escritores no nos atañe en una u otra medida este tema? ¿Acaso no estamos obligados a pensarnos a nosotros mismos en cualquier lugar que vivamos?

Y como los articulistas cubanos brindaban sus experiencias desde la capital de nuestro país, yo acabé por decirme que se estaba dando una experiencia muy válida y necesaria como información, que todos debíamos saber. Pero también me dije que faltaba preguntarnos qué les sucede a los escritores que no viven la realidad de las grandes editoriales ni las capitales de un país (sean cuales sean las razones) y sobre todo, cómo se manifiestan los factores no literarios en la literatura de ficción (en lo adelante para abreviar, “literatura”) de manera específica.

De ahí que mi inquietud acabó por convertirse en este artículo que hoy comparto con ustedes.

Sobre la literatura que se hace en la actualidad, influyen además de los factores puramente literarios (el talento de cada autor en particular y  el conocimiento técnico que puede adquirir por medio de estudios, entre otros), los que se han dado en llamar últimamente factores extraliterarios.

Sin pretender enumerar de manera exhaustiva estos últimos, me ha parecido conveniente evaluar algunos porque quien se dedique a la literatura de manera directa (como autor) o indirecta (como promotor) no deberá desconocerlos. No para cambiarlos, porque están establecidos ya por los diferentes grupos de poder culturales que han ido surgiendo y gobernando a lo largo de la historia del arte y la literatura, sino porque al conocerlos podrá trabajar con ellos y acercarlos a sus intereses.

Podríamos decir que los factores extraliterarios comienzan desde el mismo momento en que la obra sale de las manos del autor. Mientras éste mantiene su texto absolutamente inédito (nadie más lo conoce ni siquiera en manuscrito) no existe para mí literatura por cuanto no hay comunicación con los lectores. En mi criterio, los factores extraliterarios comienzan a influir sobre el texto cuando el mismo es leído al menos por un lector. Esa comunicación, esa existencia de una emisión y una recepción es lo que comienza a darle a lo escrito categoría de literatura que se está convirtiendo en mercancía.

Que luego llegue a ser literatura válida en el tiempo indudablemente dependerá en parte de la calidad literaria de lo escrito, del texto en sí mismo. La otra parte la completarán los factores extraliterarios que yo deseo evaluar aunque sea muy brevemente. Considero que los más importantes son:

Los propósitos del autor. Hay quien dice que escribe para sí mismo y yo no voy a discutir ese derecho, pero sí voy a decir que nadie escribe para no ser leído. Aún aquellos que llevan un diario íntimo, lo hacen con el afán de que un día, quizás cuando mueran o cuando ya sean tan viejos que nada los dañe, los demás puedan enterarse de qué pensaba en realidad, cuáles eran los intereses que lo movían. Se puede escribir además por considerar que la literatura aporta algo al mundo que nos rodea, ganancia en el sentido económico, político o social, y eso es una ilusión porque la literatura lo único que adiciona al mundo que nos rodea es ficción literaria, porque no derrumba un gobierno ni sana heridas emocionales, no conquista corazones ni transforma al pecador.

Lo real es que quienes tienen talento para hacerlo, escriben por unas pocas razones aun cuando no lo quieran admitir. Por deseos de acumular fama o dinero, por el secreto deseo de demostrarles a los demás ese talento o por vanidad personal. Para mí, no cuentan el desahogo personal, el amor a la mujer amada o como dicen algunos la necesidad espiritual.

Desde luego, al final de la vida los escritores comprenden que todos esos propósitos no son más que vanidad de vanidades porque desaparecido el individuo de la tierra, poco a poco comienza a ser olvidado.

El editor y el falso editor. En esta cadena extraliteraria, después que el autor decide desprenderse de su obra narrativa para hacerla circular, deberá enfrentarse a una entidad natural o jurídica relacionada con la edición del texto. Si se trata de una editorial, quienes la dirigen serán un valladar para el autor, porque son ellos los deciden en última instancia lo que se publica y lo que no se publica, bien sea por intereses económicos, políticos o sociales pues con todo derecho adquirido ejercen un efecto de censura. No encarar desde este punto de vista el papel del editor sería aplicar la perogrullesca política del avestruz. Pero me parece evidente que cualquier editor está obligado a velar por sus intereses, los que son en mayor extraliterarios, por no exagerar y decir que lo son en su totalidad.

El falso editor sería entonces aquel individuo con determinado poder en el mundo de la literatura (y digo poder que no conocimientos literarios) el que luego de leer un texto literario, o de escuchar criterios ajenos sin llegar a leerlo, comienza a promover de manera oral a su autor: también es este un factor no poco considerable en aquellos lugares donde prevalecen talleres, grupos u organizaciones literarias.

La característica de la edición. Una vez impreso el libro, lo primero que enfrenta el texto es al público lector. Y los lectores se guían para decidir su lectura, por varios criterios de medida, entre ellos:
-Si conocen otro libro o no del autor. Si lo conocen y les gustó, suelen arriesgarse con mayor facilidad a la lectura de una segunda obra del mismo.
-La portada y la contraportada del libro: generalmente, libros vistosos en su exterior son más tentadores que algunos cuyo diseño o fachada deja mucho que desear.
-El título del libro, que constituye una especie de pórtico del mismo.
-El precio, porque algunos resultan de manera objetiva inaccesibles para un lector en particular por mucho interés que tenga en la obra.
-La nota de contracubierta; casi ningún lector arriesga su escaso tiempo si no tiene al menos cierta seguridad de que va a leer un libro que vale la pena en relación con sus gustos e intereses.
-La crítica especializada. Realmente existen autoridades en la materia que resultan atendibles, aunque desde luego, advierto que un crítico en particular puede equivocarse. Soy enemigo del principio de autoridad.
-La recomendación de otro lector, porque en toda lectura influyen los gustos de la época y cuando otro lector comienza a revelarnos el tejido interno de una obra, podemos decidir si nos va a gustar o no. Eso de decir que solo se lee la literatura de calidad es un error que se puede comprobar con toda evidencia evaluando las cifras reales de los libros más vendidos, que son casi siempre los más populistas aunque carezcan de calidad alguna o sea muy inferior a la de otros libros en venta.
-La promoción de los grupos de poder, que ejercen una influencia extraordinaria sobre los lectores en potencia por el mecanismo de sugestión, más que por el de la razón.

La crítica literaria. No voy a cometer el error de afirmar que la crítica literaria carece de valor, pero sí voy a decir que diferencio una crítica especializada de otra que llamo crítica parcializada.

Para mí la crítica especializada es la honesta, aquella que si se enfrenta a una o varias obras las evalúa con seriedad, sin guiarse más que por factores de calidad y por tanto puramente literarios. Pero cuando alguien entra a considerar factores extraliterarios durante el análisis de una obra determinada, ya sean de carácter económico, político o social (y perdonen que lo puntualice) ya se convierte para mí en un crítico parcializado.

Entre los críticos parcializados incluyo a aquellos que sin jugar el papel profesional de críticos literarios determinan  reconocimientos o estímulos de cualquier tipo para los autores, es decir, personas con suficiente poder como para determinar quién sí merece ser llamado escritor y quien no lo merece. Estos críticos generalmente juzgan de oídas, por lo que les informan otros que saben algo de literatura pero que en ocasiones se dejan arrastrar por pasiones (odios, envidias, rencillas, todos factores muy humanos) y por lo tanto pierden por completo la perspectiva. De ahí que no siempre los autores más promovidos son los de verdadera calidad literaria.

El mercado. Los escritores no deben obviar la relación entre literatura y mercado. ¿No se escribe acaso por oficio? ¿En algún lugar del mundo se vive sin dinero? Creo que el único que acaba por aceptar que el escritor no tiene que ver nada con las cuestiones de la economía, es el escritor que se deja aplastar por los criterios de aquellos que manejan la economía y lo convierten a él en su asalariado.

Sin embargo, el mercado es real. Existe a nivel mundial toda una cadena de agentes literarios, editores, imprentas, promotores literarios y otros oficios que suelen aprovecharse de aquellos autores que logran la fama (ya hablamos de su inutilidad, aunque no dijimos que de todas maneras la fama es algo bien tentador porque eleva la autoestima del individuo y además, no deja de abrirle algunas puertas), y lo que buscan los integrantes de la cadena es un solo objetivo: ganar dinero o acumular poder, en dependencia de las relaciones que se establezcan en una sociedad en concreto.

Existen otros factores extraliterarios que muchas veces sin ser muy evidentes sí determinan qué autor se considera un buen escritor y cual es catalogado como un simple emborronador de cuartillas. Dentro de un conglomerado de esos factores que inciden de manera directa en la aceptación de un libro, conjunto de ellos o de un autor específico, existen algunos quizás no muy estudiados pero que merecerían un ojo crítico sobre ellos, por cuanto la experiencia refleja que ejercen influencia en ciertas decisiones y selecciones que atañen a la vida material y espiritual de los autores.

Quizás otros escritores no coincidan con estos criterios que les he expuesto. Ojalá que sea así, pues la uniformidad literaria sería lo más parecido a la (aborrecible) República Panglosiana.

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LA LECTURA COMO UNA EXPERIENCIA PRIVADA Y CÓMO DESCUBRIR EL LIBRO DE NUESTRO INTERÉS

La lectura como una experiencia privada

La lectura ajena no me interesa. Cuando leo un libro de ficción (novela, cuento o poesía) lo hago para apropiarme de él, para que su texto ya no sea del autor Fulano de Tal sino del lector Andrés Casanova. Pero tampoco su texto será el mismo que pueda leer cualquier otro lector por cercano que se encuentre a mí, como pudiera ser mi esposa o uno de mis hijos.

No hablo de interpretar el texto, porque ningún libro puede ser interpretado sino más correctamente puede decirse que un libro se disfruta o se rechaza, porque el texto para mí es una estructura flotante que sobresale o se sumerge en dependencia de nuestra intensidad de lectura.

No voy a un libro a aprender (proceso cognoscitivo) sino a aprehender (proceso de apropiación). Se aprende en la escuela, en la academia, en una universidad. En los libros de ficción lo que se hace es descubrir un mundo otro, el que su autor o autores han fabricado con su talento, la técnica adquirida y la experiencia vital.

En esta experiencia privada que es la lectura de ficción voy en busca de un goce estético al que se subordinan los valores éticos y por lo tanto:

-A menos que tenga que hacer un estudio profesional, estoy en libertad de abandonar la lectura cuando ya no me satisfaga, cuando ya no me diga nada, cuando ya no me guste.

-No todos los libros publicados son de mi interés. Hay algunos que ni siquiera abriría al azar.

-Tengo varias maneras de leer libros, en dependencia de su tipo, contenido, tiempo del que dispongo o fin que busco con su lectura. Estas maneras van desde el desorden en las páginas hasta la estricta lectura en orden de menor a mayor número de páginas. Puedo hacer trampas con el final o atenerme a lo que desea el autor que yo sepa del texto página a página: cuando tomo un libro en las manos me siento autorizado a elegir el método de lectura que me parezca.

-Leo en cualquier parte, dicho en su sentido más absoluto.

Cómo descubrir el libro de nuestro interés

No sé ustedes, pero en cuanto a mí el método habitual cuando pretendo leer un libro por vez primera es abriéndolo en la página inicial, comenzar la lectura por su primera palabra e ir corriendo la vista por sus líneas. Si en el llamado principio del libro logro captar el sentido, me impresiona o impacta esa introducción, ya ese libro ganó conmigo la primera batalla por la lectura (uso este símil para burlarme de él: nada más absurdo que comparar la lectura con una guerra, porque la lectura es más bien un acuerdo de paz entre el texto y el lector). Después habrá otros factores que incidirán en que no se abandone el libro en un rincón: que continúe siendo interesante, que se deje leer sin esfuerzo, que se corresponda con mi idiosincrasia, que no se pierda la idea dominante por alardear de tecnicismo. En fin: que sea un texto coherente de principio a fin.

No me dejo imponer lecturas. Escucho a los críticos, a otros lectores, a los libreros, a los bibliotecarios… pero al final si el libro no cumple el requisito de la coherencia no lo leo. No acepto el principio de autoridad, que es aquel que establece alguien que se cree el más conocedor de un tema o el que ejerce el poder para decidir algo.

Tengo libros imprescindibles. Aunque no pueda volver a leerlos jamás, con la experiencia que tengo hoy no me deshago de ellos como me deshice una vez en una librería de viejo de RAYUELA de Julio Cortázar, por el precio de un peso. Existen libros que aunque me los regalen no volveré a leerlos: puedo donarlos, regalárselos a otros, convertirlos en papel de desecho o venderlos: los descarto cuando debo ocupar su espacio por novedades que sólo el tiempo los clasificará como imprescindibles o descartables.

Leo mucha narrativa, buena o mala, para aprender no solo de las virtudes sino también de los errores ajenos. La poesía no puede ser tan hermética para mí que se convierta en un jeroglífico, pero tampoco tan evidente que no sea más que un discurso naturalista.

Se publica actualmente mucha mala literatura en el mundo, porque existe mayor cantidad de escritores que en siglos pasados y porque el libro ha dejado de ser pleno disfrute incluso del editor para convertirse en puro juego del mercado. Por eso mismo, no leo a cualquier contemporáneo porque sería perder el tiempo: selecciono, elijo, desecho. Los clásicos son más fáciles de incluir en mi plan de lectura, porque los buenos libros como los buenos vinos los elige el tiempo, no lo críticos, los libreros ni los promotores.

Como conclusión les diría:

*No se deje imponer lecturas por otros lectores.

*Para descubrir el libro de nuestro interés es preciso primeramente determinar qué objetivo particular buscamos con la lectura a emprender.

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MI HIJO CARLOS MANUEL LOGRÓ VENCER LA ACADEMIA

Estoy convencido de que para cualquier persona, tener un hijo es una experiencia que va más allá de las teorías, porque llena gran parte de nuestras ansias y desde luego, de nuestro tiempo. Cuando se le va viendo crecer, milímetro a milímetro, segundo a segundo, con sus grandezas y pequeñeces y hasta sus limitaciones como ser humano, es mayor la experiencia, pues entonces hay la ventaja de ayudarlo a ese crecimiento y alentarlo en los momentos malos.

Tener un hijo estudiando la carrera artística es una doble responsabilidad: hay que  impulsarlo a seguir en ocasiones cuando el ánimo le decae por razones que uno desconoce (quizás un ejercicio que no le sale, una idea que no le viene o una mano que no se le mueve presurosa hacia la herramienta de trabajo, sea el pincel o la guitarra, el propio cuerpo o la memoria).

Todo esto lo digo porque sufrí y disfruté la carrera artística de mi hijo Carlos Manuel, que gracias a Dios acabó por graduarse a mediados de este año 2010 en la Academia Profesional de Artes Plásticas de la ciudad donde vivimos (Las Tunas) y ya recientemente ha comenzado su vida laboral.

Pero a lo que quiero referirme ahora no es a sus luchas con algunos profesores que no supieron ser maestros y creían que la academia era la suma de todas las verdades del mundo, o la falta de materiales para crear como él quería; tampoco deseo hablar ahora de las ocasiones en que pensó que le faltarían las fuerzas para llegar, ni de las oportunidades en que creyó ser un superdotado para las artes. Todos esos pasos inevitables del artista los fue superando con el estudio tenaz y cotidiano, con el empleo del pincel sobre el lienzo o el carboncillo encima de la cartulina, y también el amasado del barro y la participación en las quemas de las piezas, porque si bien dentro del horno no se sabe qué va a suceder, si se trabaja antes con tesón es seguro que las piezas emergerán victoriosas del fuego. A lo que quiero referirme ahora es a la voluntad que tiene de no rendirse, de continuar por encima de obstáculos, a sabiendas de que el oficio del artista es una carrera de resistencia, no de velocidad.

Su primera exposición independiente ya fue, la hizo con piezas de cerámica basándose en parte de lo producido para su tesis de graduación (ver figura 1 con una vista parcial de la exposición realizada en el Museo Vicente García de Las Tunas), y en piezas nuevas que elaboró para esa ocasión.

FIGURA 1: Vista parcial de la instalación Islas Postmodernas

Se empeña ahora  en romper lanzas contra la parte del academicismo absurdo que se vio obligado a aprender más para aprobar asignaturas de un plan de estudios que para sentir dentro de su sangre los conceptos de los grandes maestros de todos los tiempos de las artes plásticas. Desde luego, ese matar al padre no significa que él considere vano todo lo aprendido, porque como me ha dicho: “Hubo profesores allí que supieron comportarse durante todos los cursos no como simples examinadores, sino por encima de eso como guías y mentores de mis ideas”.

De ahí que ahora se empeñe en lograr una segunda exposición, esta vez en pintura, con el propósito de ir a la búsqueda de nuevos paisajes y nuevos retratos partiendo precisamente de paisajes y retratos clásicos. Interesante trabajo que ha comenzado reproduciendo algunos cuadros de pintores de siglos anteriores, para llegar hasta sus propias figuraciones.

Esto, según él expresa, le ha servido para: “…liberarme de las cargas que me impuso la academia en el sentido de que el paisaje y el retrato eran prácticamente temas tabúes en esta época por considerarlos algunos profesores arte pasado de moda.

Si bien es cierto que no me gusta husmear en el taller de mi hijo, me he tomado el atrevimiento de presentarles una pequeña galería con trabajos que está elaborando y que de momento ha titulado PAISAJES Y RETRATOS SUBJETIVOS: estudios desde mi corazón. Dichos trabajos constituyen un estudio nada académico de clásicos cuyas obras le han impactado en esta temática. Algunos cuadros ya están terminados y otros aún se encuentra en el cabellete, en plena faena creativa, tal como se indica en los pie de fotos.

Ya tiene en bocetos una serie de paisajes que aun cuando expresan el entorno vital en el que se mueve en Cuba, se encuentran tamizados por su paisaje interior. El próximo escalón que piensa ascender como artista es trabajar los retratos desde una perspectiva post-moderna, y entonces ya tendría listos todos los cuadros para montar su próxima exposición.

FIGURA 2: VARIANTE SOBRE UN PAISAJE DE VALENTIN  SEROV

Técnica: Oleo sobre tela

FIGURA 3: VARIANTE SOBRE UN RETRATO DE VALENTIN SEROV

Técnica: Oleo sobre tela

FIGURA 4: VARIANTE SOBRE RETRATO DE FÉLIX VALLOTTON CUANDO SE ENCONTRABA EN PROCESO DE ELABORACIÓN

Técnica: Oleo sobre tela

FIGURA 5: VARIANTE SOBRE  RETRATO DE FÉLIX VALLOTTON TERMINADO

Técnica: Oleo sobre tela

FIGURA 6: VARIANTE SOBRE UN PAISAJE DE ALFRED SISLEY

Técnica: Oleo sobre tela

FIGURA 7: VARIANTE SOBRE UN RETRATO DE REMBRANDT EN PROCESO DE ELABORACION

Técnica: Oleo sobre cartulina

FIGURA 8: VARIANTE SOBRE UN CUADRO DE REMBRANDT CON FIGURA DE MUJER EN PROCESO DE ELABORACION

Técnica: Oleo sobre tela

FIGURA 9: VARIANTE SOBRE UN RETRATO DE REMBRANDT

Técnica: Oleo sobre cartulina

FIGURA 10: VARIANTE SOBRE UN CUADRO DE REMBRANDT CON FIGURA HUMANA EN PROCESO DE ELABORACION

Técnica: Oleo sobre cartulina

FIGURA 11: VARIANTE SOBRE AUTORRETRATO DE CEZANNE

Técnica: Oleo sobre lienzo

FIGURA 12: VARIANTE SOBRE UN RETRATO DE VALENTIN SEROV

Técnica: Oleo sobre lienzo

FIGURA 13: VARIANTE SOBRE UN CUADRO DE REMBRANDT CON FIGURAS HUMANAS EN  PROCESO DE ELABORACION

Técnica: Oleo sobre cartulina

Generalidades

CUANDO UN AMIGO ACABA DE MORIR

Cuando uno va hasta el ataúd, y allí lo ve tendido ya sin mirada que demuestre la respiración, cuando uno contempla en sus despojos a aquel que, como en el caso de hoy, apenas el día 15 me respondió una pregunta con la franqueza de quien no le teme a la muerte, entonces uno dice: ese hombre merece un poema al menos por su muerte. Y se levanta así de madrugada, lo escribe, apenas lo revisa para quitarle algunas rugosidades indebidas, y lo lanza al espacio a vivir para que viviendo el poema, viva el amigo.

REQUIEM POR QUIEN SUPO VER LA VIDA
a Ramiro Iglesias

Les muere el cuerpo
a quienes de la virtud hacen costumbre
aquellos cuya luz derrama donde habitan
y a quienes la sonrisa se les desborda cotidiana
porque dicen verdades sin temerle a las fieras.

Mas el alma nunca se les agota
porque se les recuerda sin dibujos
ni falsas ilusiones como humano
tendiendo mañanas sin avaricia
defendiendo el derecho a la palabra amor
a ser iguales
a no esconderse detrás de una divisa para ser
entero en sus miradas.

Ramiro Iglesias fue de los que anduvo
persiguiendo luz sin proclamarlo
de los que supo decir al azul no me lo pinten de rosado
y por esa razón siempre recordaré que fue mi amigo.
Andrés Casanova
Las Tunas, 22 de octubre de 2010-3:43 am

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ONCE LIBROS QUE ME HAN AYUDADO A SOBREVIVIR

Entre otras lecturas que debo realizar por necesidades de mi trabajo, leo por el  placer de sentirme libre de ataduras y tanto es así, que antes de que escribir fuese mi oficio, ya leía textos que para mi edad hubieran podido ser considerados nocivos por parte de las personas que pretenden dirigir la mente humana. Aclaro que tengo vicio por la lectura desde los diez años aproximadamente. He leído desde lo que se llamaban en mi época muñequitos (tebeos) hasta las obras más abstrusas que pudieran imaginarse.

Sin embargo, hubo once libros que particularmente dejaron una huella dentro de mí en algún momento de mi vida. Unos por la fuerza de sus personajes (digo fuerza porque los personajes no pueden tener psicología al no ser personas), otros por la vitalidad de su trama, aunque también la literatura de no ficción estuvo presente y en este caso los libros a que aludo me marcaron por la enseñanza moral que contienen.

Once es una cifra aproximada, han sido y están siendo más en realidad, aunque decidí redondear a esta cantidad a sabiendas de que desde luego quedarán fuera de la lista muchos libros de  importancia capital.

En un principio pensé realizar una valoración crítica de cada uno, pero esto me pareció ajeno a los propósitos del presente artículo. Solo deseaba decir que todavía existen buenos libros (no solo estos once) que vale la pena leer.

Entonces, simplemente, los relaciono sin orden de prioridad alguna, a sabiendas de que se trata de una relación de libros que quizás otros lectores no compartan:

El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (Novela), Miguel de Cervantes Saavedra
Hombres sin mujer (Novela), Carlos Montenegro
Cien años de soledad (Novela), Gabriel García Márquez
El Nombre de la Rosa (Novela), Umberto Eco
El lobo estepario (Novela), Hermann Hesse
Las guerras de los judíos (Historia), Flavio Josefo
José Ingenieros (Ensayo), El hombre mediocre
Amistad Funesta (Novela), José Martí
Rayuela (Novela), Julio Cortazar
Lituma en los Andes (Novela), Mario Vargas Llosa
La Santa Biblia en su versión española Reina-Valera de 1960

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