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Comentarios sobre mis lecturas

Homenaje a Rubén Darío

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Mario Ramón Mendoza (ver https://tierramutante.wordpress.com/) está organizando una gran fiesta: celebrar en Youtube los 130 años de la aparición del poemario Azul, de Rubén Darío. Por tal motivo, será presentado Azul verde… Verde azul, primer libro llevado en vivo a la red en la historia de la literatura mundial por los poetas antologados en homenaje al nicaragüense que es además de la América y del mundo.

Entonces… el 15 de agosto es la fiesta. Aquí están mis poemas.

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Tormenta tropical de verano: sinopsis, resumen y muestra de dos capítulos.

Título del libro: Tormenta tropical de verano

Género: Novela

Carátulas originales:

Sinopsis:

A la vez que novela de espionaje, es también la historia de una obsesión amorosa como si el espejo de Sthendal fuera paseando a lo largo del camino de la realidad cubana en la última década de un milenio agonizante. De manera poco frecuente para la literatura cubana, en ella coexisten y se cruzan como personajes espías, santeros, jineteras, obreros y cristianos, resultando la burla ad infinitum de todos los géneros narrativos. Desde un lenguaje paródico, esta deliciosa tragicomedia está situada en el ojo mismo de la tormenta, en esa zona de calma que precede a la destrucción y al caos.

Resumen argumental:

Novela cuya trama presenta, cual un juego de máscaras, a dos espías que se mueven en la Cuba actual. Se trata de una pareja de españoles (gallegos que fingen ser catalanes) con residencia en la ciudad cubana de Cienfuegos aparentando haber pertenecido al movimiento anti—franquista, cuando la realidad es que como agentes de la CIA cumplen la misión de mantenerse al tanto del montaje de una estación termonuclear soviética. Al desaparecer la URSS, se involucran en un accidente ocurrido a una jinetera (como se les llama en el país a las prostitutas cubanas de la actualidad). Novela de espionaje cuyos principales ingredientes son acción, turismo y sabor tropical.

Esta es una obra, aunque de ficción, sobre la vida cotidiana de la Cuba de ahora mismo, la que se está viviendo en sus calles. No obstante, es preciso aclarar que los nombres y situaciones presentados en la narración son rigurosamente ficticios. Ahora bien, aunque la ficción queda enmarcada entre paralelos imaginarios y meridianos rescatados de un mapa inexistente, nunca en sí misma es un invento descabellado. Por lo tanto, todo lo relatado podría estar sucediendo en alguna parte del archipiélago cubano.

Muestra de los dos primeros capítulos:

I

La ciudad de Cienfuegos, como todas las ciudades cubanas, estaba desbordante de alegría aquel domingo en horas de la tarde. La gente caminaba despreocupada de un lugar a otro, mientras algunos bebían ron sentados en los bancos del parque y cantaban a voz en cuello. De pronto, los relámpagos comenzaron a presagiar la tormenta; los truenos semejaban explosiones de potentes minas y el ambiente fue cargándose de una humedad viscosa. La gente corría, tratando de protegerse de las lloviznas que poco a poco iban convirtiéndose en gruesos goterones de agua.

Felipe atravesó la amplia avenida ahora en penumbras y observó la hilera de carretones tirados por caballos. La intensidad del aguacero disminuyó y pudo ver a los dos pasajeros encima del carretón sin techo.

—¡Voy hasta el puerto! —gritó el cochero al verlo llegar.

Subió maquinalmente los dos escalones del carretón. Mientras esperaba la partida, estuvo recordando la discusión con su madre momentos antes por las ofensas de ella contra su esposa a quien consideraba una prostituta. Matilde no te quiere, le dijo despectiva la madre en el instante que él se llevaba la primera cucharada de comida a la boca; enojado, lanzó el plato hacia delante y salió a exponerse a la lluvia y al mal tiempo, a subirse en este carretón en espera de la partida para quedarse en algún lugar cercano a su casa.

El cochero le habló a una jovencita que se encontraba en la acera. A pesar de la oscuridad, Felipe adivinó que era hermosa.

¿Te decides? —casi le gritó el cochero.

Ella pareció dudar unos instantes.

—¿Y si la lluvia arrecia en medio del camino?

—Es la única posibilidad que tienes de llegar al puerto antes de las siete.

La jovencita determinó subir. Había espacio suficiente entre el joven del arete brillante en una oreja y el hombre canoso que tenía una botella de ron en la mano. Sin embargo, optó por colocarse cerca de la escalera rozando con el vestido a Felipe. Éste pudo advertir unos muslos bronceados, de aspecto virginal, suaves y sin rastros de vellos. Sintió la hinchazón entre las piernas y cuando intentó pensar en su reciente discusión con la madre porque no cesaba de ofender a Matilde, la luz de un rayo alumbró el carretón en que se desplazaban por una de las calles pedregosas de la ciudad. En ese instante, la lluvia se precipitó de una manera violenta.

—¡Pare esta basura, cochero! ¡Frene el caballo o me tiro del coche! —empezó a gritar la muchacha, acercándose a Felipe.

Un nuevo relámpago iluminó el camino mientras los cascos del caballo continuaban golpeando las piedras con un ritmo cadencioso. Felipe olfateó el aroma del pelo de la muchacha, la fragancia a jazmines de su cuerpo, y no pudo contenerse. Dejando caer un brazo sobre su espalda desnuda fue a buscarle sus dedos con la mano libre.

—¡Detenga esta basura, cochero! ¡Deténgala o me lanzo aquí mismo!

—¡Pásame la botella, pásame la botella! —gritaba el de los aretes, manoteando como una mujerzuela muy cerca de su compañero de aventuras.

Felipe no escuchaba el bullicio de los restantes pasajeros ni el del conductor. Ajeno incluso a la lluvia torrencial, se mantenía atento sólo a sus manipulaciones en el cuerpo de la jovencita.

—¡Detenga esta mierda le he dicho!

Felipe reaccionó cuando ella se puso de pie. Entre él y los otros dos pasajeros intentaron detenerla, pero fue inútil. Liberándose de sus brazos, se arrojó al suelo dando varias volteretas en la calle. La lluvia arreció aun más y el carretón continuó la marcha apresurada.

—Usted pudo haber frenado el caballo —dijo Felipe en tono dubitativo.

—Era imposible: en ese momento bajábamos una loma —se defendió el cochero, aceptando la botella de manos del de los aretes.

—En esa bajada no hay quien frene un caballo. Nos hubiéramos matado todos —recalcó el otro de una manera amenazante y Felipe optó por callar.

—De habernos volcado, estaríamos todos muertos —concluyó el cochero, limpiándose la boca con el envés de la mano y luego agitó la fusta en el aire golpeando con furia al caballo.

A partir de ese momento ignoraron a Felipe, como si estuvieran convencidos de que era un cobarde, de que no valía la pena escuchar sus opiniones. Bebían de la botella sin brindarle a la vez que recordaban a la jovencita.

—No sé cómo se llama. Siempre usaba mi carretón para venir hacia la zona céntrica de la ciudad.

—Uy, chico, no me hagas cosquillas —le rogó el de los aretes a su acompañante y luego advirtió—: Esa niña es una jinetera.

—¡Ay, qué cosquillosa eres, niña! —dijo burlón el otro y cambiando de tono precisó–: Claro que es una jinetera. Oí cuando le dijo a una amiga que tenía concertada una cita con un extranjero y estaba apurada por llegar a la zona del puerto.

—¿Tú la conocías? —indagó el cochero sin mucho interés.

—Tanto como conocerla claro que no. Pero la he visto en una casa techada con guano cerca de donde ustedes tienen la piquera de los carretones.

—La he llevado muchas veces hasta el puerto aunque no imaginaba que se dedicara al negocio de buscar dólares negociándole su aparato a los extranjeros.

—En realidad, parece que está tratando de ingresar al oficio. Porque nunca la he visto con ninguno de los que se pasean por el parque.

Entre uno y otro trago, avanzando contra la lluvia, desentendidos por completo de la presencia de Felipe, comentaban lo sucedido a partir de que la muchacha se había puesto de pie amenazando lanzarse a tierra si no se detenía el carretón.

—¿Por qué no viramos? Quizás se ha hecho daño y pudiéramos auxiliarla —sugirió el de la botella.

—¡No seas cobarde! —gritó histérico el de los aretes—. ¿Quieres que perdamos el dinero que vamos a ganar con el negocio de esta noche?

—No, muchachos, no nos conviene —intervino conciliador el cochero—. Nadie vio cuando se tiró y no podrán acusarnos de haberla abandonado—hizo una breve pausa y el tono ahora fue patético—. ¿Y si estuviera muerta?

—Además, se lanzó porque quiso —remató el de los aretes con voz casi femenina.

El vehículo se detuvo. Felipe entregó una moneda amarilla y luego de dar las gracias comenzó a caminar en dirección a su casa. A encontrarse con Matilde.

II

La ciudad de Cienfuegos ha amanecido alegre, como todas las ciudades de Cuba. Felipe, con los rastros del sueño en los ojos, camina por la calle sin darse cuenta de la alegría ajena. Lo ha decidido: hoy no irá al trabajo; ofrecerá después cualquier excusa y se acabó. Está preocupadísimo: la jinetera a esta hora podría encontrarse metida en una caja gris; quizás la estén llorando unas hermanas tan buenas hembras como ella; tal vez la madre grita desconsolada al lado del féretro: ¡Ay, Maritza, Maritza!, ¿por qué se te ocurrió que la solución a nuestros problemas era meterte a puta? Claro, Felipe va pensando que unos ojos pardos y un pelo negro en contraste con una piel tirando a morena no pueden llevar otro nombre que el de Maritza, el mismo nombre de la muchacha de catorce años que él amó cuando era apenas un adolescente, aunque nunca tuvo valor para declarársele.

Y absorto en tales pensamientos que lo acercan a la lujuria llega a la funeraria, un espacioso edificio recién construido pintado de color verde, con puertas de cristal y persianas pulimentadas.

Observa a la gente, curiosea por las distintas salas y busca con la vista a cualquier conocido para entablar una conversación sobre las lluvias recientes o la sequía que se ha ido, la escasez de productos agropecuarios o las dificultades para comprar una goma de bicicleta. Al fin descubre al viejo que acostumbra pedirle cigarrillos.

—Hola, varón. ¿Qué buscas por aquí?

—Me han dicho que una prima mía murió en un accidente —miente Felipe para provocar al viejo. Sabe que éste se entera de los pormenores de cuanto sucede en la ciudad.

—¿Cómo se llama su prima?

—Maritza. Se llama Maritza.

El viejo piensa unos instantes.

—¿Me regala un cigarro, varón? —interroga con el deseo reflejado en los ojos.

Felipe se encoge de hombros, extrae la cajetilla y saca de ella un cigarro.

—¿Sabes si a Maritza la están velando aquí? —indaga, aclarándose la garganta y sin alargar la mano todavía.

El viejo le arrebata el cigarro de papel, lo acaricia unos instantes y luego de partirlo en dos pedazos lleva una mitad a los labios guardando la otra en el bolsillo.

—Maritza… —murmura el viejo como pensando—. Maritza…

Felipe siente rabia.

—Contesta mi pregunta —exige—. ¿Están velando a mi prima aquí?

—No hay ninguna Maritza —contesta el viejo y se retira arrastrando los pies rumbo a la cafetería.

Felipe decide mirar en las capillas. En horas tan tempranas un desconocido podría llamar demasiado la atención y vacila antes de echar a andar. Le fastidia haberle regalado de balde el cigarro al viejo vicioso y lucha en su interior por olvidarse de él. Finalmente, se acerca a las dos capillas ocupadas por cadáveres y luego de la pesquisa se siente derrotado. En la primera, una anciana reposa el último sueño con las mandíbulas apretadas; mirar la muerte tan de cerca le provoca náuseas y tiene que sobreponerse para no arquear en presencia de los familiares, gente desconocida para él. En la segunda capilla, un joven vestido con uniforme militar sonríe mientras una mujer llora inconsolable encima del féretro donde él descansa hasta la eternidad.

Empieza a alejarse de la funeraria. Sus pasos recios resuenan contra el asfalto. Cuánto le alegra no haber encontrado dentro de uno de los ataúdes el cadáver de una muchacha que hubiera podido llamarse Carolina, Maritza o Yamisleidis. Una muchacha quinceañera que le habría vendido su futuro a un rico comerciante español, a un negociante holandés en pieles o a un traficante de drogas colombiano, lo misma da.

Lea en el próximo artículo:

Las trágicas pasiones de Cándida Moreno: sinopsis, resumen y muestra de dos capítulos.

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MARTÍ VISTO DESDE CERCA POR SUS CONTEMPORÁNEO

SINOPSIS: Contiene la descripción de un libro re-editado en el año 2012 que trata la figura de José Martí, Héroe Nacional cubano, por personas que le conocieron de cerca.

Confieso haber leído tantas veces a Martí como sobre Martí, que consideraba conocerle. El Martí niño, el del presidio político; el adolescente que dijera a la madre en memorables versos: “…por tu amor no llores: Si esclavo de mi edad y mis doctrinas, Tu mártir corazón llené de espinas, Piensa que nacen entre espinas flores”; y el adulto, maduro ya, pensador, filósofo puede decirse, poeta, traductor, diplomático, organizador, patriota, el que para colofón de su existencia convirtió la fe por la libertad de los cubanos (y no simplemente la independencia de España) en una obra de entrega, entrega de su vida en Dos Ríos.

Sin embargo, fue este conocimiento de Martí logrado por mi parte en su propia obra, lo que él decía sobre sí mismo; y por la otra, la descripción de un Martí evaluado por personas que no lo conocieron mientras estuvo en vida. No quiero decir que le reste importancia a este método de formarse un criterio personal acerca de cualquiera, héroe o no. Pero digo que es un método incompleto.

Me hacía falta descubrir al Martí visto por sus contemporáneos, quienes lo hubieran tratado personalmente, alguien que lo hubiera visto como Carlos Aldao “…en Broadway, envuelto en un paletó de tejido de astracán raído…”, o como Juan Artiga a quien le fuera presentado en el muelle neoyorquino Pierten de la Compañía Trasatlántica Española y que lo describe como “…un hombre de mediana estatura, pulcramente vestido” y del que dice haberle llamado extraordinariamente la atención la enorme frente que poseía; o los que como José María Vargas Vila dijera de él que tenía “…verbo de Apóstol y de Profeta”. En fin, que este libro del que hoy les hablo (Yo conocí a Martí, con selección y prólogo de Carmen Suárez León) (*) les permitiría conocer a Martí tomados de la mano de quienes le siguieron porque confiaban en sus ideas o por el contrario los que sin haberle seguido por no compartir sus criterios tuvieron que admitir que fue un hombre diferente al común de los hombres de su tiempo. Se trata de 34 testimonios que nos ayudan a formarnos una imagen más completa del que fuera bautizado años después de su muerte como Apóstol de la Independencia y más tarde declarado Héroe Nacional.

Permítanme describirles bibliográficamente este texto publicado en el año 2012 por el Centro de Estudios Martianos y que parte de una primera edición realizada en 1998 por la Editorial Capiro (una de las editoriales territoriales cubanas del llamado sistema Rissograph), lo que demuestra el valor de las publicaciones de las provincias: pueden ser referentes para las editoriales nacionales. En este caso, la nueva edición es con un papel Bond de alta calidad, una cubierta en cuatricromía basada en una obra de Ever Fonseca y 206 páginas estructuradas en tres partes: un prólogo de 6 páginas, algo que se agradece pues nos orienta acerca del contenido sin abrumarnos con datos; 184 páginas que abarcan los testimonios; y las restantes dedicadas a una breve ficha de los autores y al índice. Libro instructivo, ágil para la lectura y sustancioso por las descripciones que nos complementan unas con otras la visión tanto del físico de Martí como de su lado sentimental, sus costumbres y su ideología.

A no dudarlo, leer estos textos ayudaría en la función magisterial, tanto presente como futura, porque puede inculcar en las jóvenes generaciones el conocimiento cercano de un hombre que en el siglo XIX interpretó de la forma más certera las vías de lograr la libertad tan anhelada por muchos cubanos y la manera en que debería conducirse un gobierno con todos y para el bien de todos, sin exclusiones de ningún tipo.

No caben dudas de que Martí escribió mucho y en los géneros más diversos, y que en la época que le correspondió vivir el género epistolar era casi obligatorio para mantener la comunicación con personas lejanas. Además, existen algunas fotografías suyas tomadas con la tecnología ahora atrasada de aquellos años y también retratos que le hicieron algunos pintores. Ahora bien, las descripciones que encontrará el lector en estos textos acerca del físico, las ideas y el carácter de Martí las han hecho entre otros Enrique Collazo, Rubén Darío, Juan Gualberto Gómez, Enrique Loynaz del Castillo, María Mantilla, Amado Nervo, Federico Edelman, Julio Burrel, Alberto Plochet, Sotero Figueroa, por indicar algunos a manera de ejemplo, lo que confiere un carácter diverso a este libro. Se trata en todo momento de personas que lo vieron de cerca, lo escucharon reír y reflexionar sobre temas variados, lo alentaron en momentos de tristeza y le ayudaron en su pobreza material sobre todo en Nueva York, o comprendieron que era un conductor de hombres libres signado como él mismo dijera “con la estrella que ilumina y mata”.

Advierto que este libro no es para leer simplemente, sino para estudiar, para descubrir a un Martí contradictorio, a ratos muy diferente a como nos lo han hecho creer hasta hoy mismo algunos historiadores movidos más por intereses personales que amantes de la verdad histórica.

Entonces, a quien desee lograr una visión personal de José Martí tal como lo vieron sus contemporáneos, al lector acostumbrado a investigar la diversidad dialéctica de los seres humanos por sí mismo, le recomiendo que haga todo lo posible por leer el libro Yo conocí a Martí.

(*) Sobre la edición reseñada:

Edición: Silvia Águila Fonseca

Diseño y composición: Nydia Fernández Pérez

Obra de cubierta: Hombre palma, laurel y luna, 1973, Ever Fonseca

Primera Edición. Editorial Capiro, 1988

Edición referida: Centro de Estudios Martianos, 2012

ISBN: 978-959-271-187-7

Comentarios sobre mis lecturas

POESIAS POR UN CONGRESO DE POETAS PARA RECUPERAR EL FUEGO (Idiel García)

Ya antes expliqué los propósitos de estos artículos con poemas sobre el tema genérico sobre la paz cuando publiqué dos obras de XIOMARA MAURA RODRIGUEZ (verlos en MI BLOG DE MONOGRAFIA.COM o bien en MI BLOG EN LA PÁGINA DE LA CULTURA CUBANA) y especifiqué que todos los interesados en enviarme sus colaboraciones con una breve ficha bio-bibliográfica debían hacerlo a mi correo electrónico (). Para los que no leyeron el artículo anterior sobre el tema, los invito que lean además la convocatoria al Primer Congreso Internacional de Poetas del Caribe pinchando SOBRE ESTE ENLACE o bien SOBRE ESTE OTRO.

En esta oportunidad les brindo la posibilidad de leer EN BUSCA DEL HOMBRE PERDIDO del poeta Idiel García (*) quien nos llama a meditar acerca del silencio que guardamos mientras vemos pasar todas las injusticias a nuestro lado, y la mayor de ellas, los crímenes que se cometen a nombre de una guerra que supuestamente busca la paz. Porque la convocatoria del poeta-sujeto lírico es para que el hombre salve al hombre.



EN BUSCA DEL HOMBRE PERDIDO



Para Laura y Alain,

por la luz.

Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún,

para que el amor con que me has amado, esté en ellos,

y yo en ellos.

Juan: 17.26.

…la Gran Piedra Negra

será todo:

aplastará la cabaña

y a todo el pueblo Piaroa.

Poema Piaroa

I

Hombre de todos los confines

y de todos los tiempos

y de todas las vidas

y muertes que siguen a este tiempo

/y a los otros

¿no ves las almas a la espera de un grito

/una pequeña voz

/un roce de ala

/un salmo?

abovedadas de estiércol

pasan por

tus ojos

las nubes

como columnas de soldados

hacia la piedra de los sacrificios

un montón de niños sin cabezas

/ni manos

pasan por tus ojos

acompañados de siete calaveras

y te quedas viendo pasar los tanques

/los carabineros

/los portaaviones

/y los gases prohibidos

/y los generales

con sus pasmos de estómago

nada dices

mientras la muerte pasa por tus ojos

/o los ojos del mundo

y nada puedes decir en esta hora maldita

tus ojos están vendados

/no tienes ojos

las puertas de tu alma

están clausuradas con siete velos

y los soldados van todos los días a la guerra

con arsenales de cabezas decapitadas

también la muerte pasa por sus ojos

mas no la pueden ver

y con los arsenales van las esperanzas

/y con las esperanzas los cadáveres

/y con los cadáveres la miseria

/y con la miseria los muertos

/y con ellos

/nosotros

hombre de todos los confines

y de todos los tiempos

y de todas las vidas

y muertes que siguen a este tiempo

/y a los otros

maldita sea mil veces tu ceguera.

II

Hombre /te convoco

para salvar al hombre

a ti /señor de los arenales

/cementerios

carnicerías donde pastan las sierpes

su hambrienta espera

alma del monolito

grieta donde sus misterios

lloran las aves rotas

evaporadas por la lejanía

a ti /que no te muestras

/menudo

/arrobado

/solo como el silencio

esperas tal vez la mano

que no te salvará del cieno

al que te empuja

/la soberbia

tu afán de ser también un dios

a ti /hijo del hombre y no de Dios

/padre del hombre y no de Dios

/hermano del hombre más pequeño

/y también su enemigo

/y enemigo también de Dios

/gigante-enano de siete

/y ninguna legua

a ti /que permaneces como el tronco

más viejo y podrido

del árbol genesiaco

sembrador de esperanzas y desesperanzas

/suicida

/asesino

/decadente

/loco

tal vez último eslabón de la perdida

cadena de la vida y la muerte

hijo del olvido

criatura del odio y la ira

mi día presente y futuro

en esta hora maldita

cuando la espada asola

en los cerros donde el miedo se sienta

como al amigo al que uno habla

en la solemnidad de una confesión

hombre /te convoco

para salvar al hombre.

III

Hombre de todos los confines

y de todos los tiempos

y de todas las memorias

/y desmemorias

un ramillete de muerte

germina como un rosal

en nuestro corazón

una gran nube abrirá la boca

para tragarse el mundo

y habrá una lluvia de cabezas

veo un desfile de hongos abiertos

/sobre el mar

una vorágine de hormigas

con cien mil antorchas

una gran hoguera

en la que Dios vierte sus libaciones

y un derrame de ojos amoratados

y una vertiginosa creciente de bocas cocidas

atadas a las patas de los caballos

y un bullir de manos

/clavadas a maderos

puestos en cruz sobre la tierra

y mientras todo esto pasa por mis ojos

como una ríspida promesa

continúas sentado con la boca entre las piernas

/y el coraje entre las piernas

/y la sabiduría entre las piernas

/y todo lo demás entre las piernas…

ahora que la Piedra de los Piaroas

amenaza también tu cabeza

sigues como un muerto

que anhela el reino de la nada

para saciar tu hambre de la nada

/con ese miedo

que de nada te ha de servir

/cuando la nada sea

¿por qué cierras los ojos

mientras la grulla del Hades

/ejecuta su danza?

¿por qué te sientas en la gran sala

/de los deshabitados

como si una tela de araña

te amarrara los pies

al siglo de los sonámbulos?

tú que ardías para besar un sexo

que se abre cual un asesinato

ahora estás sentado y frígido

como un mal aventurero

no sabes que la incertidumbre

es la esfinge que devora a los que habitan

/el reino de los quietos.

IV

Vi tus manos sostener un enjambre de abejas

con patas de negro terciopelo

y una garra penetraba el umbral de la cereza

y un vendaval de caballos rojos

mordía la muchedumbre

con un hambre que hacía doler la fe

/de los bienaventurados

vi una pálida luciérnaga

entre las fauces del tigre de William Blake

/y un ojo sin luz

/y una boca sin voz

/y unas manos sin ser ya para nada

/y un hombre moribundo

sentado en un muelle ya borroso

viendo pasar un barco

en el que su propia sombra se iba

/como una novia

vi que un espasmo sacudía las estatuas

y el corazón de Dios se estremecía

/bajo la luz de un cirio

la sal caía sobre las cabezas como lluvia

y los edificios temblaban bajo la luz

de un cielo acuchillado por un tonto

y los pasos del hombre chocaron contra las puertas

/de los burdeles

y las bocas de los muertos fueron cocidas con huesos

/de niños recién nacidos

y las paredes fueron devastadas por un abrazo unánime

/y casi infinito

porque aquel que en vida no encontró la sombra del perdón

ni perdonó la sombra de los otros

en la muerte fue como un niño

vi tu sombra alargarse en la tierra herida

y sacarse del pecho un corazón

enjoyado por una calavera

/y cantar un himno

/y enroscarse

/y devorarse a sí misma

como en un laberinto de espejos

y lo que vi fue lo que no vi

/y lo que escuché fue lo que no escuché

/y donde estuve fue donde no estuve.

V

Tú /pequeño entre las cosas de esta tierra

donde la muerte es grande

con ese horror a cortar la mentira por lo sano

/a cortar el miedo por lo sano

/a cortar la pobreza por lo sano

con la mirada puesta en una fe que se pudre

¿hasta cuándo serás el hijo de la noche?

¿hasta cuándo será la muerte el premio

/un gajo de zarza

/una bufanda roja

en el cuello de una niña transparente?

tú /que de antiguo vienes

/abre los brazos

para acunar los torsos descabezados

de los hijos del hombre

cuyos oídos han muerto de lujuria

/abre los ojos para ver

la sombra de la llama que se apaga

/abre tu corazón

como el zagal que recibe a su hembra

bajo la sombra de un olivo

en el que la luz se posa como un beso

/de piedra.

VI

Hombre de todos los confines

y de todas las tierras

y de todos los lenguajes

/vivos y muertos

escucho el canto de una granada

cernirse como un cuervo

/sobre tu corazón

una canción fúnebre

cantada por un niño

te veo caer desde una gran roca

/hacia otra gran roca

salir de ti para perderte

tender las piernas sobre un hilo

la cabeza sobre un hueco

esperar te veo sobre un túnel

la mano

/que no te será tendida

la salvación

/que no te será dada…

ahora que hasta las dunas

están a punto de huir despavoridas

/te sientas a esperar

y no sabes qué pensar ni decir de ti mismo

una mano de uranio

cava sobre tu pecho el vacío

por donde se te irá

/toda la risa

/y el llanto

y cuando no puedas llorar ni reír

¿qué harás con tu lámpara?

VII

Ahora que Damocles otra vez levanta su espada

¿vas a cruzar las manos?

eres tú el árbol de la vida

/y puedes renacer

eres un volcán que dormita

/y puedes estallar

puedes estallar y sin embargo duermes

¿qué harás cuando la extinción reclame tu presencia

/cuando los cuervos caigan sobre el páramo

/cuando los chacales alcen sus gritos

/de matanza?

¿qué vas a hacer entonces

si todo será el cuerpo del espanto

y el día echará su sangre

/sobre las eras?

que has habitado con las palabras atadas a la boca

/y las manos ajadas

/y los pasos escuálidos

/y bajo tierra

que has visto caer ciudades

/reinos antiguos

/torres

/credos

/filosofías

que te has sentado ante la vida

como el que pone sus ojos en la noche

y no sabe luego qué hacer

/con las estrellas

¿qué harás cuando el espanto

venga sobre ti /qué pasará

cuando toda esa muerte

/termine de caer?

ahora las campanas aúllan enloquecidas

lanzan sus temblores hacia la vía láctea

/hincan su grito

/ajenas a cuanto acontece

/abren sus heridas

/para que la furia del hombre

/no eyacule sobre Dios

¿adónde miras? ¿a quién suplicas?

está plantado el árbol

y es siempre primavera.

VIII

De tu sueño de siglos

/y siglos de siglos

te convoco a despertar

como el recién nacido al escudo de su madre

como la noche

/al sol que se asoma

/por entre las cumbres negras

/en la alta madrugada en penumbras

como el cervato a la espesura

/en el fragor

/de cientos de jaurías

como las jóvenes liebres

/de la pradera rígida

/por el invierno

/a la hierba recién brotada

/de los cascotes blancos

como el niño que siente temor de la noche

/a los pasos esperanzadores del padre

como los ojos ciegos de la ternura

/a la luz tenue de una plaza

/llena de palomas

como el anciano al hombro del hijo ajeno

como el mar a la luna que en él se mira

como los guerreros al brillo de los escudos

/forjados en el más fino oro

/de la dignidad humana

como el universo a su maraña de espacios

/y tiempos

como un lecho de flores blancas

/a la novia recién salida

/del baño…

/yo

/Idiel García

/poeta y dos veces muerto

te convoco a despertar.

IX

Todo esto vi

a pesar de la muerte que flotaba en el viento:

un jardín donde apacentaba un cielo

/de bestias amarillas

que se agarraban las manos

para bailar en círculos

alrededor de un río blanco

como una luna embarazada

/eran bestias hermosas

/como muchachas

/con sus ojos llenos de soles

/y sus corazones

/como la plata fina de un anillo

/bestias amorosas

/me decían adiós desde el sueño

un manojo de almas

con alas como racimos de uvas

tenían las manos atadas

y alzaban sus voces flamantes de fuego

/las vi quedarse adormecidas

/bajo un olivo de oro

/y eran sus manos un grito suave

/una caricia que se abría

/para recibirme

una manada de ciervos

cruzar una gran pradera

un mar esmeraldino

con un delfín de verde inocencia

un remolino de peces payasos

un bosque de blancas florecillas

como un séquito de novias

subían la escalera del templo sagrado

para recibir en su seno las migas

siempre abundantes de la esperanza

/eran flores menudas

/cual semillas

/donde dormitaba marzo

/y la lluvia

la primavera posarse en la ventana

de un ciego

/y de sus ojos

/brotar una flor candorosa

/como un niño que se avergüenza

/de su temprana desnudez

un colibrí nadando sobre la flor del lirio

esto ocurrió en mi sueño

pero tenía la llama

/de las médulas

que han gloriosamente ardido.

X

Hombre de todos los confines

y de todos los tiempos

y de todas las vidas

y muertes que siguen a este tiempo

/y a los otros

¿por qué te cubres el rostro?

¿por qué acentúas

esa diferencia que no posees

/aun cuando tu ser es único

/en cada ser?

¿por qué plantas en tierra fértil

el árbol de la discordia?

¿por qué fabricas castillos

con la sangre de tu hermano

/con el corazón de tus hijos

/con las cabezas de tus ancestros

y por qué usurpas carne de tu carne

para alimentar el molino de las espadas?

¿por qué desarraigas tu propio corazón

y te sientas a verte desangrar

/hasta los huesos?

¿no sabes que de esa sangre

están hechas tus miserias

/las de tus hijos

/e hijos de tus hijos?

¿por qué te das la espalda

/y no la mano?

¿por qué haces a unos dioses

/y a otros ángeles caídos?

¿por qué eliges la espada

/y no la rosa?

desde Homero hasta el poeta futuro

/desde el Partenón hasta el Central Park

/desde la Ciudad Sagrada hasta Machu Picchu

/desde Yahvé hasta Viracocha

/desde la Gran Pirámide hasta Stonehenge

/desde el Moái Paro hasta el David

/desde Vishnú hasta Obatalá

/desde el primero hasta el último hombre de la tierra

/en cualquier tiempo y lugar de la tierra

/¡tú eres uno solo!

(*) Idiel García (La Criolla, Cuba, 1980). Poeta, narrador y ensayista. Ha obtenido, entre otros, Premio en el Encuentro Nacional de Talleres Literarios en el género de cuento para niños, La Habana, 2007. Premio Nacional de Cuento César Galiano, La Habana, 2011. Premio Nacional de Reseña Crítica Segur, Cienfuegos, 2012, y el Premio “IV Concurso Internacional de Poesía Ángel Ganivet”, Helsinki, Finlandia, 2012. Su obra ha sido incluida en las antologías Faz de tierra conocida y La calle de Rimbaud. Tiene publicado los poemarios Los días de mi muerte, Editorial Capiro, 2007; El jardín de las delicias, Editorial Sed de Belleza, 2010; Cementerio de sombras, Editorial Capiro, 2013. Es miembro de la AHS y egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Ha colaborado con las revistas Umbral, Cómo, Guamo, Esquife, Hacerse el cuerdo y Ariel.

Comentarios sobre mis lecturas, Fragmentos de mis novelas, cuentos breves y poesías, Generalidades

ALGUIEN VOLO SOBRE EL NIDO DEL CUCO (*)

No se espere que los comentarios sobre mis lecturas tengan un orden temporal en el sentido de que ofrezca mis impresiones sobre lo último publicado en materia de ficción, no: mi plan de lectura obedece a un interés técnico-literario aunque también al del simple entretenimiento, pues leo además lo que me parece interesante una vez que hojeo las primeras páginas del libro que tengo entre las manos.

En este caso, Alguien voló sobre el nido del cuco, novela del norteamericano Ken Kessey, fue para mí desde las primeras líneas un reto a no abandonar la lectura.

Contada en primera persona por un narrador deficiente (no puede saber todo sobre todos los personajes), el autor escoge para tal función al Jefe Escoba, hijo de un cacique de la tribu haiwatha con una mujer blanca, quien a veces se convierte en supraciente (sabe todo sobre cualquier personaje) quizás por una cuestión de traducción del inglés al español, tal vez porque al autor en realidad no le importaba que la técnica narrativa más ortodoxa resultara violentada. Sea como fuere, no es según mi criterio la técnica lo más importante en esta novela.

Transcurre en un hospital para enfermos mentales, donde los pacientes padecen la tiranía absoluta de la señorita Ratched (llamada irónicamente por el narrador La Gran Enfermera, como para darnos la imagen de su poder absoluto sobre todos los ingresados en un hospital que se ha convertido en realidad en una cárcel y además en todo un sistema de desatención a los pacientes y de dominio sobre sus mentes (¿es un sarcasmo sobre la sociedad postindustrial y totalitaria?) que también de manera irónica el narrador ha bautizado como El Tinglado.

Desde luego que los temas del hospital, de los enfermos, de los sanatorios e incluso de los manipuladores de la especie humana se dan en otras novelas; sin embargo, en Alguien voló sobre el nido del cuco lo singular es que todos esos temas se unen en un todo armónico para dar lugar a lo que yo llamaría el tema del poder absoluto que por cierto yo trato en mi novela La jaula de los goces publicada en este portal en la sección de mis monografías.

Libro totalmente humano, en el que los aquejados de enfermedad mental son manejados por la Gran Enfermera como si fuesen títeres por medio de un remedo de democracia, las reuniones periódicas para tomar acuerdos ya predeterminados por la señorita Ratched, hasta que un día ingresa en la sala un líder, un rebelde, un diferente, Mc Murphy, quien llega a demostrarles a aquellos seres hasta entonces amorfos y obedientes a las leyes más absurdas de la Gran Enfermera, que quizás los enfermos mentales sean los otros, y que esos otros que los tiranizan no son tan fuertes porque pueden perder los símbolos y los atributos del poder e incluso la vida.

El final… no voy a contarlo. Estemos o no de acuerdo con el cierre de la trama por parte del autor, no caben dudas que el desenlace entre todos los posibles constituye el más lógico en correspondencia con las acciones que logra realizar Mc Murphy con la ayuda de un grupo de pacientes que no han perdido del todo el contacto con aquella realidad alienante, incluido el Jefe Escoba quien por momentos en algunas escenas pasa de la función actancial narrador testigo a la de protagonista.

Hay otros elementos de la novela que escapan a las intenciones de esta reseña desde el punto de vista de un lector cómplice, como sería preguntarse si el hecho de que los guardianes de aquellos hombres a veces indefensos sean negros, sería una señal de racismo, o si el papel de libertadoras que asumen dos prostitutas no será rebajar la función social que deben asumir otras fuerzas, progresistas y alejadas del mundo del vicio. Pero eso sería entrar en discusiones extraliterarias y de lo que hablamos aquí es de trama, no de historia.

Invito, simplemente, a leer esta obra que emplea los recursos de la novela negra para llevarnos por un sendero que a veces no se concibe que pueda existir, como dice el personaje Harding dirigiéndose a Mc Murphy cuando recién llegado, se extraña de lo que considera anomalías en el tratamiento de los enfermos: “El ritual de nuestra existencia se basa en el fortalecimiento del más fuerte a base de devorar al débil” (edición consultada, página 63).

Sobre la edición comentada:
Editorial Arte y Literatura, 2007
Traducida de la edición de 1962
Traducción: Mireia Bofill
ISBN 978-959-03-0392-0
Título de la obra en inglés: One Flew over the Cuckoo’s Nest

Comentarios sobre mis lecturas

LUNA DEL AMOR INFAME

El premio Rafael Soler 2006 en el género de cuento que concede la Editorial Oriente lleva una ilustración bastante llamativa: un hombre de edad avanzada detrás de una reja asido fuertemente contra los barrotes con ambas manos, y la mirada añorante hacia fuera, hacia el mundo de la libertad.

Quiero referirme primeramente a las temáticas en LUNA DEL AMOR INFAME, el libro a que hago referencia, porque luego de haberlo leído por primera vez por puro placer y dos veces más para desentrañar algunos de los intersticios constructivos empleados por el autor, he llegado a una conclusión y no exagero: se trata de un libro imprescindible, porque marca un hito en el quehacer narrativo de la literatura cubana actual.

En cuanto a las interioridades de este volumen, aseguro que sus cuentos formarán parte de diversas antologías (ya de hecho uno de ellos: BLACK STONE RIVER, lo está) del cuento cubano contemporáneo, porque a un depurado lenguaje, una factura técnica impactante y una concisión donde lo fundamental es lo preciso, lo imprescindible, agrega un cuarto factor que los lectores del volumen podrán advertir apenas lean la primera línea: una renovación total de temas en la cuentística cubana, que comenzaba ya a lucir agónica lo mismo por exceso que por defecto, con manidos argumentos más propios de crónicas periodísticas diarias en buenos periódicos e historias de ficción tan ficcionalizadas que al parecer carecen de tema. Porque este libro está llamado a trascender gracias a que ha sido capaz de resolver el gran conflicto del escritor de narrativa: convertir la historia real en trama literaria por medio de una imaginación que conduzca a la comunicación con el lector de cualquier latitud porque lo que le interesa al autor es la realidad literaria.

En un balance apretado de temas y sin agotar a los lectores con un análisis crítico a destiempo, les informo que del total de ocho relatos incluidos en LUNA DEL AMOR INFAME, siete de ellos bordean el tema de la delincuencia en Cuba sin prejuicios raciales ni ditirambos políticos, y de esos, dos transcurren en la cárcel, pero no en una cárcel edulcorada sino en la que no se admite en ciertos círculos propagandísticos. El octavo cuento reevalúa el tema de la ayuda médica internacionalista cubana con tintes más realistas (que no naturalistas) que el de las noticias donde se nos presentan a superhéroes que en verdad sabemos no lo son, porque muchos de ellos viven alrededor de y entre nosotros.

Libro audaz, oportuno y muy bien escrito, muy bien revisado y excelentemente editado, que ese escritor que es GIRALDO AICE y la Editorial Oriente nos posibilitan leer hoy. Y es que Aice no es buen escritor porque haya ganado el premio Rafael Soler de 2006 con este libro, es que precisamente obtuvo el premio porque es todo un escritor que se ha mantenido al margen de comidillas literarias, chismes de pasillos y murmuraciones de salón, para dedicarse a lo único que debe hacer un verdadero escritor: escribir.

¡Atención críticos literarios que me están leyendo!: advierto que Aice tiene una obra importantísima (tanto publicada como inédita) de la cual este libro es sólo una (buena) muestra, obra que si no la descubren los cubanos porque se cumpla lamentablemente una vez más aquello de “nadie es profeta en su tierra“, la descubrirán de todas maneras en Madrid, Lisboa o Hong Kong porque estamos ante un escritor verdadero, de los que tarde o temprano hay que estudiar.

Ojalá con Aice no suceda que se le ignore: sus amigos quisiéramos que quienes deben promoverlo como se merece porque cuentan con todas las vías para ello, lo hagan a tiempo. Antes de que nos lo roben en Hong Kong, Lisboa o Madrid. Porque entonces sí podríamos decir (con tristeza más que con alegría) que a nuestro amigo no se le pudo ocultar ni con la LUNA DEL AMOR INFAME.

(De la edición reseñada: Giraldo Aice, Luna del amor infame; Editorial Oriente, 2007. Edición: Asela Suárez. ISBN: 959-11-0576-2)

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EL ENTENADO, NOVELA DE JUAN JOSÉ SAER (*)

Les comento sobre la novela El entenado, del escritor argentino Juan José Saer, la  que leí en su edición del 2006 del Fondo Editorial Casa de las Américas de La Habana, con un prólogo de Daniel Balderston que yo, aunque enemigo como soy tanto de leer prólogos como de escribir adjetivos, leí con verdadero interés y me atrevo a calificarlo de excelente.

Novela de difícil lectura en el sentido textual porque su estructura es en bloques compactos, sin división en capítulos ni otras de las marcas habituales que caracterizan a la novelística más tradicionalista, sin embargo el interés por la trama no decae ni un instante porque en todo momento el narrador en primera persona que es a su vez el personaje principal, nos está tendiendo esas trampas que sabe urdir un buen escritor por mediación de su narrador: ofrecernos pistas intrigantes para que nos veamos obligados a continuar la lectura página a página porque leer la última no resolvería la sed de conocer todos los detalles, pues más que un desenlace particular a lo que nos mueve esta obra es a descubrir las motivaciones internas de cada personaje, su función dentro de la trama y el destino de cada uno.

El argumento es realmente de esos que no se olvidan con facilidad: un adolescente, huérfano y con sed de mundo, decide convertirse en grumete de un barco que parte con destino a las supuestas Indias (América), en aquellos años iniciales cuando recién descubierto el continente americano, ya se sabía que era posible llegar al mismo desde Europa por la ruta del poniente. Desde que está en alta mar, comienzan las desdichas de este jovencito, que debe enfrentarse a las intrigas de aquel submundo que tiene leyes propias, tal como dice en la página 29: “En esa situación tan extraña le esperan, al grumete, adversidades suplementarias. La ausencia de mujeres hace resaltar, poco a poco, la ambigüedad de sus formas juveniles, producto de la virilidad incompleta“. Pero no serían las adversidades encima del barco las últimas que tendrá que sufrir, sino el cautiverio durante diez años de unos indios caníbales que por razones que bien se explican en las páginas finales de la novela, no llegan a devorarlo y él puede regresar a Europa, desde donde ya envejecido cuenta las peripecias sucedidas desde su ascensión al barco.

Novela muy bien pensada, de una técnica impecable, a la vez que parece una novela histórica sin serlo sino la más pura de las ficciones de su autor, emplea ciertos recursos propios de las novelas de aventuras, y se dan de la mano intriga, acción y un lenguaje depurado de este maestro de la escritura que es Saer.

(*) Juan José Saer, Serodino, provincia de Santa Fe, 1937. La edición de su novela comentada en este artículo está clasificada con ISBN 959-260-157-7

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ACERCA DEL LIBRO NARRATIVA ARGENTINA CONTEMPORANEA (*)

Tuve la suerte de encontrar un día, como perdido entre los estantes de la librería de la ciudad donde vivo, Narrativa argentina contemporánea (Editorial Arte y Literatura, La Habana, 2006; 267 páginas; ISBN 959-03-0365-X; Selección y prólogo de Basilia Papastamatíu), volumen que agrupa a 26 narradores con el propósito según la propia seleccionadora de “…reunir relatos que ilustren lo más ampliamente posible la gran diversidad que exhibe esta narrativa y que parece corresponder a la misma heterogeneidad y multiculturalidad del pueblo argentino…”

Se trata de un libro orientador, no regido por los valores que adiciona el mercado a los autores, por lo tanto hay algunos desconocidos, si bien otros han sido al menos algo promocionados entre los lectores cubanos y considero que a nivel mundial. Entre estos, aparecen Abelardo Castillo, Andrés Rivera, David Viñas, Haroldo Conti, Mempo Giardinelli, Ricardo Piglia y Rodolfo Walsh; los restantes en mi consideración, son prácticamente desconocidos para el gran público, lo que no les resta ni un tanto así de valor literario.

Sin embargo, como toda selección o antología a la larga siempre resulta incompleta porque en su conformación incide más de un factor (intereses del antologador, facilidades para llegar a los textos, conocimiento previo de los autores en el mercado del libro, etc.), a esta que ahora estoy comentando le faltarían autores como Carlos Roberto Morán y Miguel Ángel Molfino , por solo citar dos autores de los que al menos yo he podido conocer sus narraciones, quizás no en toda la extensión necesaria, pero es una realidad que algunas (¿o muchas?) veces un solo texto nos dice que su autor es capaz de escribir unos cuantos más de tanta calidad o mayor como ese leído por nosotros. Y desde luego, para mí es cuestionable aunque lo haya fundamentado la compiladora, que falten textos poco conocidos de Jorge Luis Borges y de Julio Cortázar.

No es mi intención con este artículo inaugural del tema Comentarios sobre mis lecturas ir más allá de la mera descripción y la incitación a la búsqueda de la obra o los autores que pretendo traer a este espacio, porque allí encontrará el lector textos realmente memorables.

Entre todos, uno que me impactó favorablemente fue Estación Coghlan, de Mempo Giardinelli, relato que ya desde su arrancada es toda una provocación para que el lector continúe leyendo: “Mi amigo Luis Delgado, quien como yo siempre quiso morir a tiempo, ahora está esperando que lo mate” (obra citada, página 168). En apenas cinco páginas se nos plantea un conflicto bien intenso entre el narrador-personaje y el personaje principal del cuento, y las diferentes acciones van llevando a la solución dramatúrgica del conflicto. Es de esos cuentos que además de ejemplares por la técnica que nos enseñan sin mostrarla de manera evidente, nos impulsan a escribir un nuevo cuento.

Yo mismo, lo confieso, de no haber sido porque todo el tiempo que me dejan otras obligaciones lo dedico a trabajar en tres novelas inéditas (de diferentes formas: revisión final, escritura creativa y última revisión), hubiera emprendido una nueva versión de ese cuento con otro final, solo como ejercicio literario, no para publicarlo desde luego, sino para practicar la técnica literaria de la que Mempo es todo un maestro.

(*) TEXTOS Y AUTORES QUE APARECEN EN LA EDICIÓN DEL LIBRO RESEÑADA:

La mujer de otro (ABELARDO CASTILLO); Tres tazas de té (ANDRÉS RIVERA); Inevitable hermano (ANGÉLICA GORODISCHER); Caballo en el salitral (ANTONIO DI BEREDETTO); Abel regresa esta noche (DAVID VIÑAS); Caballero estafador (ELVIO E. GANDOLFO); Como un león (HAROLDO CONTI); El centro cultural (HEBE UHART); Aventuras de los miticistas (HÉCTOR LIBERTELLA); Sacristán (JUAN JOSÉ HERNÁNDEZ); Como el gesto que no es calandria atroz (LEANDRO KATZ); La fiesta ajena (LILIANA HEKER); Verano rojo (LILIANA HEER); El carapálida (LUIS CHITARRONI); El frasquito (LUIS GUSMÁN); Tango (LUISA VALENZUELA); Estación Coghlan (MEMPO GIARDINELLI); La causa justa (OSVALDO LAMBORGHINI); El fluir de la vida (RICARDO PIGLIA); Lata peinada (RICARDO ZELARAYÁN); La larga risa de todos estos años (RODOLFO FOGWILL); Esa mujer (RODOLFO WALSH); El valet de chambre de Monsignore (SUSANA AGUAD); El pañuelo (SUSANA SZWARC); Espejismos (TUNUNA MERCADO); Como absolutamente nada en el mundo (VICENTE BATTISTA)

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