Blog del escritor Andrés Casanova

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Prendí un radio en mi infancia y hoy escribo libretos radiales

Haber prendido un radio por vez primera en la vida en fecha tan lejana como 1960 para mí ha significado más que una experiencia, el cumplimiento de un destino ineludible al que quizás ya estuviese condenado desde que me hallaba dentro del vientre de mi madre. Recuerdo lo que dijo mi padre en una pequeña donde jugaba al billar con unos amigos, cuando yo andaba por los once años y vivíamos en un pequeño pueblito. Deteniendo la acción del taco y observando las bolas de marfil comentó casi para sí mismo: “Cómo es posible que yo, persona tan emprendedora que tomé un curso por correspondencia de mecánica con una escuela ubicada en California, voy a carecer de un equipo tan necesario como es un radio, invento que aunque en Cuba no es tan novedoso aquí parece cosa de magia”.

Mi padre pidió prestado un dinero, en aquella época treinta pesos era una suma enorme en Cuba, y se fue a la ciudad más cercana llamada Victoria de las Tunas y desde la Ferretería Colomer donde compraba habitualmente sus herramientas y piezas de repuesto para los escasos vehículos que reparaba pues no había muchos en realidad en la zona, trajo aquel aparato a casa que a mí al principio me pareció enorme sobre todo por una batería forrada con cartón que debía colocarse muy cerca. Aunque todavía yo no sabía leer muy bien, deletree con mucha dificultad la marca: “RCA Víctor”, y en letras más pequeñas la nota: “La voz del amo”.

Fue toda una fiesta para aquel pueblito donde yo había nacido llamado Calixto, pues ninguno de sus moradores conocía este invento que permitía escuchar personas y música desde la distancia. Muchos niños me preguntaban con frecuencia si dentro de aquella caja estaban los hombrecitos y mujercitas que hablaban y cantaban y yo, que siempre tuve imaginación y me gustaba fabular, les decía que papá por las noches los guardaba en una caja de cartón y bien temprano les daba desayuno para luego echarlos a andar con los botones que a mí no me dejaban tocar.

Hasta que una tarde mis padres tuvieron que salir a la ciudad cercana por alguna razón que no recuerdo y mis hermanos se fueron a jugar por los alrededores. Entonces llegó el momento que siempre había soñado: prender yo mismo la radio. Con mucho temor, casi con reverencia, me fui acercando a aquel enorme aparato hasta que me atreví a hacer girar el botón de la izquierda hacia la derecha y cuando escuché el sonido que me pareció algo así como un clic, escuché una voz gruesa que decía: “Y con ustedes ya, las aventuras de Leonardo Moncada”.

Desde ese día me dije que mi destino estaría ligado para siempre a la radio y fue verdad. Desde hace más de veinte años escribo libretos radiales dramatizados que interpretan para Radio Victoria actores que son mis amigos, y que cuando los escucho desde la cabina de control imagino que muchos niños quizás puedan pensar que se trata de hombrecitos y mujercitas que están dentro del equipo de radio, como yo mismo llegué a creer en mi ahora lejana infancia.

Mis dramatizados radiales

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