Blog del escritor Andrés Casanova

Blog en Monografias.com

 

HIPÓTESIS DE MANUEL GAYOL MECÍAS SOBRE LOS AGUJEROS

Hace unos días atrás en este blog publiqué el artículo titulado LA NARRATIVA EN LAS TUNAS VISTA DESDE LA OBRA DE RAMIRO DUARTE (puede leerlo en MI BLOG EN MONOGRAFIAS.COM y en MI BLOG EN LA PÁGINA DE LA CULTURA CUBANA), en el cual entre otros aspectos analicé lo que considero las obsesiones de todo escritor, en este caso las que tuvo mi desaparecido amigo Ramiro. Dicho análisis lo realicé por mediación de su cuento breve Túnel, movilidad y silencio en cuya descripción sinóptica entre otras cuestiones expresé: “La noche del velorio, el túnel mediante el cual se accede a esta capital de un país innombrado permanece cerrado por reparación”.

La lectura del artículo completo al parecer motivó a mi amigo el escritor cubano MANUEL GAYOL MECÍAS residente en California, a compartir conmigo su trabajo titulado El horado de Dios y yo, luego de obtener su autorización, a su vez lo comparto con ustedes.

El horado de Dios

Por Manuel Gayol Mecías (*)

Dudo que los orificios o agujeros sean indicadores, señales o caminos del vacío; o para aclarar mejor: de ese vacío que lleva hacia la Nada.

A mi modo de ver, cualquier agujero puede conducir a una dimensión sorprendente. A través de un foramen podríamos ver lo que nunca habíamos imaginado, como lo narró Jorge Luis Borges en su cuento El aleph. Los túneles y las cuevas son senderos hacia lo inesperado. Los laberintos son las posibilidades aterradoras de lo desconocido.

Desde hace algunos años se han descubierto los agujeros negros en el espacio interestelar, y ya se sabe que en el universo hay una infinitud de estos agujeros. Sabrá Dios si la red de laberintos de los embudos negros dan lugar a otros universos, y todos juntos, concavidades, laberintos y universos constituyen una infinita secuencia de la energía del ámbar.

De cierto, el ojo de una cerradura ha sido (y es) un recurso nunca gastado para la imaginación de cualquier historia y/o poema. De hecho, los ojos están situados en dos cuencas por donde entra no sólo la energía solar, sino además la fuerza de la vida de los otros. Lo que el mismo Antonio Machado y también Octavio Paz han reconocido como la otredad, que maravillosamente nos rodea y nutre, porque es interacción de vida que se introduce por la voz en los corredores de los oídos, con los alimentos mediante la boca, mediante el olor a través de las hornacinas de la nariz y por el tacto en los poros de la piel. En fin, los seres humanos estamos formados por agujeros que nos permiten vivir.

El aire de la vida y de la poesía penetra por todos los orificios del cuerpo; es como si nosotros, a través de la piel, tuviéramos la posibilidad de rehacernos constantemente.

Las ventanas y las puertas son dos metafóricas y extraordinarias aberturas. Por una ventana alcanzamos a saber que más allá, en la cercanía o la distancia, hay algo que se añora. La ventana podría ser el cuadro de otra vida real, de un paisaje nuevo, según nuestra imaginación y temperamento; y es que abrir una ventana puede significar una manera más de respirar el mundo o sentir la brisa de un poema perpetuarse en la memoria.

La puerta, por su parte, puede ser no solo la entrada o la salida a/de un ámbito de riesgo: el sueño o la pesadilla, la vida o la muerte, sino además el regreso al (o la pérdida del) origen. Pero para cualquiera de ellas, el vano de la puerta no tiene por qué ser siempre un hueco o vacío falto de solidez, o falto de realidad, sustancia o entidad, sino que puede conformar un sentido profundo de relación humana; hasta puede llegar a ser una puerta estelar hacia una galaxia impensable.

Un volcán es el agujero o pasadizo hacia las entrañas de la tierra, y decir esto también significa el hecho virtual de poder llegar al magma de la vida, a nuestro mismísimo centro de gravedad física.

Sin embargo, la mujer, por encima de todo, es sin ambages la excelencia del agujero… En realidad, a la hora del amor, el que se entrega es el hombre, cuando realiza el sexo con la mujer que lo acoge y lo cobija mediante su vulva. Ahí también comienza la vida esplendorosa no solo como placer, sino asimismo como reproducción, como nuevo comienzo. Más tarde, nacemos por esa carnosa y agridulce angostura para hacernos más humanos.

Cada vez que una persona muere deja un agujero imaginario en el espacio donde vivió. Detectar ese agujero quizás sea una oportunidad para los que aún vivimos intentando conocer la redención, intentando sentir la energía del ámbar que podemos descubrir dentro de nosotros mismos, o de ese ser que se marchó, que ya no está visible.

A mi modo de ver, todos los agujeros, orificios, hoyos, cuencas, corredores, pasillos y huecos pueden ser ilimitados. Porque todos vienen de esa especie de foramen universal e infinito que se encuentra en la profunda dimensión imaginaria de los sueños… Ese sentido de vida viene del horado de Dios.

(Bell, California, 2000 - 2006)

(*) Manuel Gayol Mecías es el director y editor de Palabra Abierta (www.palabrabierta.com). Escritor y periodista cubano. Graduado de licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana, en la Universidad de La Habana en 1979. Fue investigador literario del Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas (1979-1989). Posteriormente trabajó como especialista literario de la Casa de la Cultura de Plaza, en La Habana, y además fue miembro del Consejo de redacción de la revista Vivarium, auspiciado por el Centro Arquidiocesano de Estudios de La Habana. Ha publicado trabajos críticos, cuentos y poemas en diversas publicaciones periódicas de su país y del extranjero, y también ha obtenido varios premios literarios, entre ellos, el Premio Nacional de Cuento del Concurso Luis Felipe Rodríguez de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) 1992 por su cuaderno La noche del Gran Godo, publicado 19 años después por Neo Club Ediciones de Miami. En el año 2004 ganó el Premio Internacional de Cuento Enrique Labrador Ruiz del Círculo de Cultura Panamericano, de Nueva York, por “El otro sueño de Sísifo”. Trabajó como editor en la revista Contacto (de la ciudad de Burbank, California), en 1994 y 1995. Desde 1996 y hasta 2008 fue editor de estilo (Copy Editor), editor de cambios (Shift Editor) y coeditor en el periódico La Opinión, de Los Ángeles, California. Actualmente, es miembro del Consejo Asesor de la Fundación Paella for the World y reside en la ciudad de Eastvale, California. Desde 2011 hasta la actualidad ha vuelto a trabajar como editor en el periódico La Opinión.

OBRAS PUBLICADAS: Retablo de la fábula (Poesía, Editorial Letras Cubanas, 1989); Valoración Múltiple sobre Andrés Bello (Compilación, Editorial Casa de las Américas, 1989); El jaguar es un sueño de ámbar (Cuentos, Editorial del Centro Provincial del Libro de La Habana, 1990); Retorno de la duda (Poesía, Ediciones Vivarium, Centro Arquidiocesano de Estudios de La Habana, 1995); La noche del Gran Godo (Cuentos, Neo Club Ediciones/Alexandria Library, Miami, 2011); Ojos de Godo rojo (Novela, Neo Club Ediciones/Alexandria Library, Miami, 2012) y Marja y el ojo del Hacedor (Novela, Neo Club Ediciones/Alexandria Library, Miami, 2013). Próximamente saldrá publicado su libro de ensayos Viaje inverso. Hacia el reino de Imago (Una mirada al centro de la fábula).

Generalidades

Si le ha gustado esta entrada, por favor considere dejar un comentario o suscríbase al feed y reciba las actualizaciones regularmente.

Comentarios

Una respuesta a “HIPÓTESIS DE MANUEL GAYOL MECÍAS SOBRE LOS AGUJEROS”

Trackbacks

  1. El horado de Dios | Palabra Abierta


Deje su comentario

Debe para dejar un comentario.

chatroulette chatrandom

Iniciar sesión

Ingrese el e-mail y contraseña con el que está registrado en Monografias.com

   
 

Regístrese gratis

¿Olvidó su contraseña?

Ayuda