Blog del escritor Andrés Casanova

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Crónica de una feria del libro: EN EL PATIO DE LA UNEAC CON UN GRUPO DE AMIGOS

En esta fresca tarde del primero de marzo en el patio de la UNEAC, amplia casona que acoge siempre a los amantes de las artes, nos convocamos esta vez un grupo de amigos, colegas escritores, de aquí y de allá, y con el trasfondo de otros que conversaban con sus botellas color ámbar, nosotros nos dedicamos a lo nuestro. Hablar de libros publicados por Ediciones Unión.

Títulos que recomendamos buscar, porque luego de los análisis y las lecturas de nuestras consideraciones particulares, concluyo que aunque no es posible leer todos los libros que se editan, sí es necesario llegar al menos a un grupo de los que resulten imprescindibles.

Cada uno de nosotros defendió los libros escogidos desde hace varios días: Variaciones al arte y a la fuga (de Francisco López Sacha); Aunar lo imprevisible (de Gustavo Pérez); Acercamientos y complicidades (de Ricardo Viñalet); Las nubes en el agua (de Alberto Garrandés); y Las ruedas de la fortuna (de Félix Sánchez Rodríguez). Los presentamos, en ese mismo orden, Antonio Gutiérrez Rodríguez, Odalis Leyva Rosabal, Marina Lourdes Jacobo, Xiomara Maura Rodríguez y yo. Los cinco coincidimos en esta suerte de juicio donde el tribunal que dará el veredicto final se formará en el futuro por los posibles lectores, que estamos en presencia de textos que continúan prestigiando la literatura cubana.

Aquí les dejo lo que personalmente opino  sobre Las ruedas de la fortuna porque me resultaría imposible por cuestiones de tiempo reproducir lo dicho por los restantes colegas.

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LAS RUEDAS DE LA FORTUNA O EL DESENCANTO DE TULIO

De las múltiples lecturas que pueden hacerse de una obra literaria, yo voy a quedarme con aquella que está en correspondencia con mi ideario estético: la literatura de ficción es simplemente eso, realidad literaria. Puede tener un cierto contacto con esta realidad en la que usted, yo, el otro, el otro y el otro respiramos, vamos al baño, sufrimos uno que otro día una rabia por alguna burocracia o una injusticia de cualquier funcionario público que creído reycito sin corona nos atropella, pero no por eso deja de ser ficción, sus seres que la pueblan siguen siendo simples personajes que no personas, con caracterización psicológica pero jamás con cerebro propio ni psicología.

Carátula de Las ruedas de la fortuna

Carátula de Las ruedas de la fortuna

Quien escribe a los personajes es el autor, pero cuando los suelta a vivir en sus ficciones ya los pierde, ellos viven su propia vida dentro de la realidad literaria, y así le ha sucedido a Félix Sánchez con Tulio Ojeda, a quien en una novela anterior (Tulio y los elefantes verdes, Editorial Oriente 2009, ISBN) lo puso a vivir la aventura de participar en un maratón amistoso apoyado por la Radio Victoria de esa novela (no la de ninguna realidad real) y la embajada en La Habana de la República Democrática Alemana, nombre de país que hoy ya no existe, y en el cual a pesar de una serie de manipulaciones que hicieron ciertos funcionaritos que querían el triunfo para Yamilé, negra y mujer, porque representaba los ideales de la Federación de Mujeres Cubanas de aquel lugar de la ficción, logra Tulio la victoria gracias al apoyo de sus fans capitaneados por Cristo y su aplanadora, un muchacho que terminará los días de Las ruedas de la Fortuna ingresado de por vida en el Hospital para Dementes.

Ahora en Las ruedas de la fortuna (como en aquel cuento de Onelio Jorge Cardoso de título similar, aunque aclaro que Cardoso sólo se refiere a una rueda; además, a pesar de la imagen de la carátula, las ruedas de la novela de Félix se refieren a las de uno de los llamados bicitaxis que circulan por muchas calles cubanas) Tulio tiene otro sueño que vencer: que la nueva Alemania, cuyos manes edilicios se comprometieron a asumir todos los compromisos contraídos por las dos Alemania antes de la caída del Muro de Berlín, cumplan con otorgarle el viaje al país de sus sueños, donde quizás esté perdida la alemanita Brigitte Ubel, su entrenadora en el maratón y de quien acabó enamorándose. Y entre cartas al nuevo embajador ahora en un año terrible para los habitantes de ese país metido dentro de las ruedas que yo llamaría sin fortuna (pasaban por lo que “alguienes” decidieron llamar eufemísticamente período especial en lugar de decirle monda y lirondamente crisis económica terrible, si es que deseaban agregarle algún adjetivo diferenciador de lo que sucede en otros países de la realidad real), luchas contra la burocracia de la ciudad provinciana donde vive y búsqueda de un método de supervivencia a cualquier precio, Tulio se convierte en bicitaxista.

Claro que no voy a contarles la novela, aunque deseos  no me falten de hacerlo porque disfruté cada una de sus 306 páginas de esta edición que hace Ediciones Unión con ISBN 978-959-308-006-4, porque en sólo tres días llegué a la página final, en un maratón de lectura similar al de la amistad protagonizado por Tulio, y al maratón de sueños del personaje por lograr sus objetivos de ir a Berlín o a Frankfurt (que es otra historia paralela en esta obra) y no sólo ser abrazado por los viejos combatientes contra el fascismo de Hitler sino también encontrar a Brigitte Ubel, que luego de la desaparición de la RDA también desapareció del pueblo donde parecía que iba a unir su vida a la de Tulio.

Bien, esta novela tiene varias subtramas tan interesantes como los sueños de Tulio. La historia de los propios bicitaxistas, quiénes eran en la vida anterior a la crisis en la que están metidos y donde encontrar una tenca lo que se vuelve un problema de vida o muerte; la de Luis, el tío de Tulio, uno de los que busca tencas clandestinamente en la presa en compañía de un grupo de amigos, exponiéndose a que los inspectores le decomisen el producto por perjudicar los intereses estatales; el asesinato de cuatro bicitaxistas, caso en cuya solución tendrá participación destacada la compra de unos binoculares profesionales a un marinero contrabandista; la existencia de la vendedora de libros de uso, que prefiere aquellos de papel absorbente porque ya no dan papel sanitario por la libreta de abastecimientos; la existencia en el lugar de la nueva moneda para duplicar la anterior en nombre pero no en valor; la bolsa negra; los cambios de jefes incompetentes y dogmáticos que suben y suben como la espuma por una escalera que al parecer llega al cielo… y muchas más allá.

Podría referirme al virtuosismo de narrador del autor Félix Sánchez pero quizás ustedes no me crean porque a él se le ocurrió poner en la dedicatoria del libro, entre otras, la siguiente: “Para tres buenos amigos: Lázaro Zamora, Carlos Esquivel y Andrés Casanova”, y ustedes tendrían derecho a pensar que los estoy engañando, que hablo bien de este libro porque soy cómplice en la amistad. Por suerte, puedo recurrir a lo que llamo el principio de autoridad, que es aquel por medio del cual se le cree al de más prestigio entre dos que testifican: este libro mereció el Premio Guillermo Vidal UNEAC de las Tunas (así dice la carátula del libro, aunque debemos recordar que es uno de los llamados Premios Nacionales en cuyas bases se recoge la obligación de ediciones Unión de publicarlo) que en 2010 estuvo compuesto por un jurado que podríamos decir de lujo: Ernesto Pérez Castillo, Lourdes González Herrero y Ramiro Duarte Espinosa.

En fin amigos, que de las múltiples lecturas que tiene todo libro como estructura flotante que se le considera por la escuela de los estructuralistas y yo así lo creo, los invito a que busque cada uno de los presentes la suya propia adueñándose de este libro para que conozcan la suerte final de Tulio Ojeda.

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