Blog del escritor Andrés Casanova

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Archivo de Diciembre, 2010

OTROS FACTORES EXTRALITERARIOS (Continuación)

-Los eventos. Los bien concebidos, aquellos cuyo fin primordial es el intercambio libre y democrático de criterios, siempre resultan bienvenidos. Los que se efectúan para influir sobre criterios ajenos por parte de los grupos de poder lejos de establecer un debate sano, juicioso y productivo no traen más que enemistades. Otra característica de los eventos literarios es que realmente aparte de confrontar criterios personales sobre determinados temas, no tienen el valor jurídico para cambiar políticas o leyes culturales, de ahí que desde este punto de vista no sean más que un pretexto para tener un consejo entre amigos pero no resuelvan los problemas en debate. En fin, que los eventos suelen servir para conocer a otros creadores o encontrarse con viejos conocidos, y no debemos tener acerca de ellos otras expectativas.

-Los debates públicos. Me refiero desde luego a los de tema literario, que habitualmente organiza sobre un tema alguna organización gubernamental o no. Resultan de proyección similar a los eventos aunque con dos desventajas. La primera que tienen mucho menor tiempo de duración y por lo tanto las reflexiones de los asistentes suelen ser menos profundas, porque además muchos de ellos no conocen las características del proceso de creación literaria y pretenden entrar en el debate con sus puntos de vista que han adquirido durante el estudio en otras ramas del saber (la historia del arte, la psicología, las ciencias económicas, las políticas o las socioculturales y otras similares que no van al fondo de los problemas del creador) y entonces se falsean los resultados del debate. La segunda es que el público no se escoge siempre entre los interesados en el tema y más se piensa en llenar una sala que en juntar personas que deseen y necesiten pensar el tema para buscarle una solución a los problemas que existan.

-Los talleres literarios. Generalmente están regentados por alguien con conocimientos literarios, aunque los mejores son aquellos presididos por individuos que cumplan dos requisitos: ser ellos mismos creadores con conocimientos técnicos sobre los diferentes géneros que suelen cultivar los principiantes y además tener un sentido ético acerca de la libertad de creación. Y de esta manera, a la vez que se enseña, no vayan a matarse talentos por el afán más de crear seguidores que orientar al que será de todas maneras escritor. Claro que estoy partiendo de mi aceptación de los buenos talleres literarios, aquellos que acojan a individuos que no sobrepasen los 25 años (empezar a escribir a mayor edad con buenos resultados puede ser una excepción, no una regla) y se les conceda la confianza de dejarlos crear a su libre albedrío, enseñándoles simplemente la técnica y jamás el contenido o la forma. Tampoco creo en los talleres literarios que pretenden escribir la obra ajena, o aquellos que tantas faltas le señalan a un texto que dan deseos de decirles a los asistentes al taller: “Entonces escríbanlo ustedes”.

-Las agrupaciones y organizaciones literarias. Son grupos de poder al igual que las organizaciones gubernamentales o no, que ejercen influencia sobre la sociedad o al menos sobre un sector de ella, en dependencia de su marco de acción y del poder económico, político o social que tengan. Las agrupaciones y organizaciones literarias pueden estar oficialmente constituidas, con sus estatutos, reglamentos y capacidad jurídica reconocida, o simplemente tratarse de grupos paralelos que ejercen su influencia a la sombra de otras organizaciones literarias oficiales. Como quiera que sea, ese grupo de individuos decide realmente a qué obras se les otorga el beneplácito y a cuáles se les censura, llegando incluso a determinar quiénes obtienen premios o vencen en un concurso.

-Las presentaciones de libros. Puestas de moda durante las últimas décadas del pasado siglo, no me caben dudas que su razón de ser es netamente promocional con intereses de una editorial en específico. Luego esta moda se fue extendiendo hacia otras entidades y hoy cualquiera programa una presentación. En ellas, el presentador, no hace más que halagar al autor al que generalmente tiene a su lado (cuando no es cadáver) y lo que se busca es convencer a los potenciales lectores de que compren el libro por las bondades que se le suponen muchas veces, es decir, como una hipótesis más que como una realidad.

-Las lecturas programadas en público. Cuando se trata de una tertulia en la que los presentes disfrutan de veras cada parte, suelen ser realmente un acontecimiento cultural aunque quienes lean no ostenten ningún premio de renombre ni tengan cien libros publicados. Cuando se hacen con el fin de lograr un propósito preconcebido de carácter extracultural o para satisfacer el ego de los autores, es mejor estar lejos de tales lecturas. También resulta aconsejable alejarse cuando los autores tienen que exponerse a un público al que nada le importa la literatura en general.

(Continuará)

Generalidades

OTROS FACTORES EXTRALITERARIOS

En el artículo anterior no fue mi intención analizar en detalles todos los que considero factores extraliterarios para no cargar al (posible) lector de mi texto. Sin embargo, no podía callarme otros que sé influyen demasiado en la vida de un escritor como para callarlos. Son los siguientes:

-Los concursos. No solo dan dinero, sino también la posibilidad de publicar con rapidez y lograr una promoción del autor en el momento de anunciarse el fallo del jurado y del libro ganador una vez publicado. Por supuesto que hay concursos y concursos. En algunos, los organizadores dejan totalmente en manos del jurado la decisión final, y en otros los jurados resultan influidos por aquellos de manera directa o indirecta. Excluyo de esta valoración a los jurados que se dejan manipular (que es otro concepto aún más deleznable todavía) o manifiestan parcialidad hacia determinado concursante. A pesar de todo, en los concursos más puros se corre un riesgo: sólo gana una ínfima cantidad de participantes, por lo tanto puede compararse a una lotería. Aunque tiene una ventaja sobre los factores que se evaluarán más adelante: que el autor está en libertad de participar con su obra concreta, y por tanto no depende de que nadie lo nomine a la opción del concurso.

-Los premios. Se diferencian de los concursos en que no evalúan una obra literaria en particular, sino el conjunto de la obra de un autor, su influencia en la sociedad en general y otras consideraciones que muchas veces rebasan el marco de lo literario. En este caso, los nominados los determinan la organización convocante o algunos grupos que se forman bajo determinados requisitos. Si bien los jurados de concursos los conforman escritores y críticos literarios, los jurados de los premios habitualmente se encuentran constituidos por personas  que sin encontrarse lejos del terreno literario no son creadores en el sentido estricto de la palabra. Desde luego que ofrecen (algunos) dinero y sobre todo, promoción para la obra del autor galardonado, y como consecuencia, para la persona del autor mismo.

-Los reconocimientos. Los hay con dotación monetaria y otros lo son a título honorífico. Los reconocimientos suelen otorgarlos organizaciones no gubernamentales o gubernamentales, oída la propuesta de un jurado del que habitualmente forma parte la organización que otorga el reconocimiento y por lo tanto, es de suponer que se incline siempre por el candidato que más le conviene a la misma por cualquier razón. En este caso no solo se tienen en cuenta los aspectos puramente literarios del autor (el conjunto de su obra, la importancia que se le concede dentro del contexto que se evalúa, los criterios especializados sobre sus textos, etcétera) sino también aquellos que lo vinculan a determinadas acciones de interés para la persona jurídica que reconoce. Los aspirantes son seleccionados con criterios de medida predeterminados y a veces se eligen más para dar lustre a la organización convocante que para atender a la persona reconocida, aunque sin descartar que al menos el día que se informa la decisión del jurado final, el individuo recibe un homenaje en forma de discurso, regalos y diplomas, lo que a la larga no acrecienta el valor de su obra pero al menos deja satisfecha su vanidad personal (si se encuentra entre los que sienten la necesidad de sobresalir por encima de los demás).

-Las clasificaciones. De carácter parecido a los reconocimientos, aunque atañen más al propio individuo que al valor general de su obra literaria. Y si bien los reconocimientos conservan cierto valor literario porque es la obra en sí lo que prima durante los análisis de lo que podríamos llamar un jurado, las clasificaciones resultan realmente nocivas toda vez que casi siempre tienden a establecer divisiones entre los creadores que originan no pocos disgustos. Términos por ejemplo como personalidad municipal de la cultura, personalidad provincial o incluso distinguido por la obra de toda la vida (cuando aún ni la vida del individuo se ha extinguido y mucho menos ha dejado de crear) o méritos por treinta años de creador artístico (tiempo más que discutible: ¿cuándo se comienza a ser artista?, ¿acaso no es una condición innata del individuo?) realmente deberían desterrarse allí donde existan, porque cada vez que se tratan de conocer los criterios de medida que se siguen para realizar tales clasificaciones muy pocos son capaces de responder de manera precisa. Al final, se acaba por aceptar una clasificación que deja fuera a otros creadores de mayor relevancia por su obra que los clasificados. Pero no es siquiera el valor relativo de la obra, sino el hecho de que obras que un día fueron evaluadas de menores o mayores cuando transcurren cien años suelen cambiar de signo para las generaciones que entonces las disfrutan o las rechazan.

(Continúa)

Generalidades

LOS FACTORES NO LITERARIOS Y LA LITERATURA DE FICCIÓN

Hace un tiempo estuve leyendo una serie de artículos en la revista digital de cultura cubana La Jiribilla (número 317 del 2 al 8 de junio de 2007) que tratan el tema de la literatura y el mercado en Iberoamérica, artículos cuyos autores son los cubanos Senel Paz, Laidi Fernández de Juan, Jorge Fornet, Daniel García e Iroel Sánchez; y además la española Lucía Etxebarria). Con el decursar del tiempo y las experiencias vividas en este terreno, releí los artículos y comencé a inquietarme, preguntándome una y otra vez: ¿Acaso a todos los escritores no nos atañe en una u otra medida este tema? ¿Acaso no estamos obligados a pensarnos a nosotros mismos en cualquier lugar que vivamos?

Y como los articulistas cubanos brindaban sus experiencias desde la capital de nuestro país, yo acabé por decirme que se estaba dando una experiencia muy válida y necesaria como información, que todos debíamos saber. Pero también me dije que faltaba preguntarnos qué les sucede a los escritores que no viven la realidad de las grandes editoriales ni las capitales de un país (sean cuales sean las razones) y sobre todo, cómo se manifiestan los factores no literarios en la literatura de ficción (en lo adelante para abreviar, “literatura”) de manera específica.

De ahí que mi inquietud acabó por convertirse en este artículo que hoy comparto con ustedes.

Sobre la literatura que se hace en la actualidad, influyen además de los factores puramente literarios (el talento de cada autor en particular y  el conocimiento técnico que puede adquirir por medio de estudios, entre otros), los que se han dado en llamar últimamente factores extraliterarios.

Sin pretender enumerar de manera exhaustiva estos últimos, me ha parecido conveniente evaluar algunos porque quien se dedique a la literatura de manera directa (como autor) o indirecta (como promotor) no deberá desconocerlos. No para cambiarlos, porque están establecidos ya por los diferentes grupos de poder culturales que han ido surgiendo y gobernando a lo largo de la historia del arte y la literatura, sino porque al conocerlos podrá trabajar con ellos y acercarlos a sus intereses.

Podríamos decir que los factores extraliterarios comienzan desde el mismo momento en que la obra sale de las manos del autor. Mientras éste mantiene su texto absolutamente inédito (nadie más lo conoce ni siquiera en manuscrito) no existe para mí literatura por cuanto no hay comunicación con los lectores. En mi criterio, los factores extraliterarios comienzan a influir sobre el texto cuando el mismo es leído al menos por un lector. Esa comunicación, esa existencia de una emisión y una recepción es lo que comienza a darle a lo escrito categoría de literatura que se está convirtiendo en mercancía.

Que luego llegue a ser literatura válida en el tiempo indudablemente dependerá en parte de la calidad literaria de lo escrito, del texto en sí mismo. La otra parte la completarán los factores extraliterarios que yo deseo evaluar aunque sea muy brevemente. Considero que los más importantes son:

Los propósitos del autor. Hay quien dice que escribe para sí mismo y yo no voy a discutir ese derecho, pero sí voy a decir que nadie escribe para no ser leído. Aún aquellos que llevan un diario íntimo, lo hacen con el afán de que un día, quizás cuando mueran o cuando ya sean tan viejos que nada los dañe, los demás puedan enterarse de qué pensaba en realidad, cuáles eran los intereses que lo movían. Se puede escribir además por considerar que la literatura aporta algo al mundo que nos rodea, ganancia en el sentido económico, político o social, y eso es una ilusión porque la literatura lo único que adiciona al mundo que nos rodea es ficción literaria, porque no derrumba un gobierno ni sana heridas emocionales, no conquista corazones ni transforma al pecador.

Lo real es que quienes tienen talento para hacerlo, escriben por unas pocas razones aun cuando no lo quieran admitir. Por deseos de acumular fama o dinero, por el secreto deseo de demostrarles a los demás ese talento o por vanidad personal. Para mí, no cuentan el desahogo personal, el amor a la mujer amada o como dicen algunos la necesidad espiritual.

Desde luego, al final de la vida los escritores comprenden que todos esos propósitos no son más que vanidad de vanidades porque desaparecido el individuo de la tierra, poco a poco comienza a ser olvidado.

El editor y el falso editor. En esta cadena extraliteraria, después que el autor decide desprenderse de su obra narrativa para hacerla circular, deberá enfrentarse a una entidad natural o jurídica relacionada con la edición del texto. Si se trata de una editorial, quienes la dirigen serán un valladar para el autor, porque son ellos los deciden en última instancia lo que se publica y lo que no se publica, bien sea por intereses económicos, políticos o sociales pues con todo derecho adquirido ejercen un efecto de censura. No encarar desde este punto de vista el papel del editor sería aplicar la perogrullesca política del avestruz. Pero me parece evidente que cualquier editor está obligado a velar por sus intereses, los que son en mayor extraliterarios, por no exagerar y decir que lo son en su totalidad.

El falso editor sería entonces aquel individuo con determinado poder en el mundo de la literatura (y digo poder que no conocimientos literarios) el que luego de leer un texto literario, o de escuchar criterios ajenos sin llegar a leerlo, comienza a promover de manera oral a su autor: también es este un factor no poco considerable en aquellos lugares donde prevalecen talleres, grupos u organizaciones literarias.

La característica de la edición. Una vez impreso el libro, lo primero que enfrenta el texto es al público lector. Y los lectores se guían para decidir su lectura, por varios criterios de medida, entre ellos:
-Si conocen otro libro o no del autor. Si lo conocen y les gustó, suelen arriesgarse con mayor facilidad a la lectura de una segunda obra del mismo.
-La portada y la contraportada del libro: generalmente, libros vistosos en su exterior son más tentadores que algunos cuyo diseño o fachada deja mucho que desear.
-El título del libro, que constituye una especie de pórtico del mismo.
-El precio, porque algunos resultan de manera objetiva inaccesibles para un lector en particular por mucho interés que tenga en la obra.
-La nota de contracubierta; casi ningún lector arriesga su escaso tiempo si no tiene al menos cierta seguridad de que va a leer un libro que vale la pena en relación con sus gustos e intereses.
-La crítica especializada. Realmente existen autoridades en la materia que resultan atendibles, aunque desde luego, advierto que un crítico en particular puede equivocarse. Soy enemigo del principio de autoridad.
-La recomendación de otro lector, porque en toda lectura influyen los gustos de la época y cuando otro lector comienza a revelarnos el tejido interno de una obra, podemos decidir si nos va a gustar o no. Eso de decir que solo se lee la literatura de calidad es un error que se puede comprobar con toda evidencia evaluando las cifras reales de los libros más vendidos, que son casi siempre los más populistas aunque carezcan de calidad alguna o sea muy inferior a la de otros libros en venta.
-La promoción de los grupos de poder, que ejercen una influencia extraordinaria sobre los lectores en potencia por el mecanismo de sugestión, más que por el de la razón.

La crítica literaria. No voy a cometer el error de afirmar que la crítica literaria carece de valor, pero sí voy a decir que diferencio una crítica especializada de otra que llamo crítica parcializada.

Para mí la crítica especializada es la honesta, aquella que si se enfrenta a una o varias obras las evalúa con seriedad, sin guiarse más que por factores de calidad y por tanto puramente literarios. Pero cuando alguien entra a considerar factores extraliterarios durante el análisis de una obra determinada, ya sean de carácter económico, político o social (y perdonen que lo puntualice) ya se convierte para mí en un crítico parcializado.

Entre los críticos parcializados incluyo a aquellos que sin jugar el papel profesional de críticos literarios determinan  reconocimientos o estímulos de cualquier tipo para los autores, es decir, personas con suficiente poder como para determinar quién sí merece ser llamado escritor y quien no lo merece. Estos críticos generalmente juzgan de oídas, por lo que les informan otros que saben algo de literatura pero que en ocasiones se dejan arrastrar por pasiones (odios, envidias, rencillas, todos factores muy humanos) y por lo tanto pierden por completo la perspectiva. De ahí que no siempre los autores más promovidos son los de verdadera calidad literaria.

El mercado. Los escritores no deben obviar la relación entre literatura y mercado. ¿No se escribe acaso por oficio? ¿En algún lugar del mundo se vive sin dinero? Creo que el único que acaba por aceptar que el escritor no tiene que ver nada con las cuestiones de la economía, es el escritor que se deja aplastar por los criterios de aquellos que manejan la economía y lo convierten a él en su asalariado.

Sin embargo, el mercado es real. Existe a nivel mundial toda una cadena de agentes literarios, editores, imprentas, promotores literarios y otros oficios que suelen aprovecharse de aquellos autores que logran la fama (ya hablamos de su inutilidad, aunque no dijimos que de todas maneras la fama es algo bien tentador porque eleva la autoestima del individuo y además, no deja de abrirle algunas puertas), y lo que buscan los integrantes de la cadena es un solo objetivo: ganar dinero o acumular poder, en dependencia de las relaciones que se establezcan en una sociedad en concreto.

Existen otros factores extraliterarios que muchas veces sin ser muy evidentes sí determinan qué autor se considera un buen escritor y cual es catalogado como un simple emborronador de cuartillas. Dentro de un conglomerado de esos factores que inciden de manera directa en la aceptación de un libro, conjunto de ellos o de un autor específico, existen algunos quizás no muy estudiados pero que merecerían un ojo crítico sobre ellos, por cuanto la experiencia refleja que ejercen influencia en ciertas decisiones y selecciones que atañen a la vida material y espiritual de los autores.

Quizás otros escritores no coincidan con estos criterios que les he expuesto. Ojalá que sea así, pues la uniformidad literaria sería lo más parecido a la (aborrecible) República Panglosiana.

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ACERCA DE UN CERDO BIEN INTELIGENTE

¿Los cerdos piensan? Aunque pudiera parecerles absurdo, este de mi cuento se le puede oír pensar, aunque considero que a estas alturas, ya no sea capaz de hacerlo. De todas maneras, vale como historia pasada, aunque puedan pensar que nunca ha sucedido.

EL CERDO

Los cerdos piensan. Al menos uno que yo bien conozco y al cual el amo ha bautizado con el feo nombre de Puerco.

Puerco cada mañana se alegra con las llamadas del amo, quien le trae una vasija repleta de todos los desechos de comida del día anterior que recoge en unas cuantas casas de vecinos. A veces el alimento suele ser más suculento, cuando al amo lo visita un hombre misterioso que se protege entre las sombras de la noche y en un saco ennegrecido por el oscuro trajinar de los misterios trae un producto al que llaman pienso y Puerco nada piensa cuando el amo se lo arroja sin ningún cuidado de llenarle la cabeza con aquel polvo que lo hace resoplar pero cuando lo prueba, un olor a mar se le cuela por los agujeros de la nariz y él aspira aquel aroma que lo lleva hasta la manada antigua, cuando la madre lo parió y él se revolcaba alegre en el pantano, correteaba por los montes entre palmiches y guaninas, jugaba con sus hermanos a quién traqueaba más fuerte las semillas y pensaba que la vida siempre sería correr y jugar entre palmiches y guaninas.

Ahora son lejanos los días del palmar, confinado como vive en este corral donde lo único agradable para él es el sabroso olor a pantano, aunque no puede corretear y a veces cuando grita porque el estómago le atenaza como una lombriz hambrienta, viene uno de los hijos del amo y lo golpea en el lomo. Las noches en cambio son para él toda una felicidad, pues de alguna manera en amo ha conseguido palmiche y para que la pase tranquilo alguien le arroja unos cuantos puñados. Cierto que no es como allá en el monte, donde podía tomar toda la que quisiera alrededor de los troncos de las palmas, pero al menos el recuerdo se le mete en su cerebro estrecho y vuelve a revivir los días en que correteaba con sus hermanos y creía que la vida sería siempre el verde del monte y las carreras para llegar primero debajo de las palmas.

Fuera de estos contratiempos su vida es una felicidad en aquel estrecho corral. Es preferible no tener que desafiar los colmillos afilados de sus hermanos, porque él no era el más fuerte de la manada, y algunas veces lo desalojaban del lugar que ocupaba debajo de las palmas gracias a la ligereza de sus patas. Puerco adora la comida blanda que le echan de cualquier manera tanto el amo como su esposa o alguno de sus hijos, pues sin dificultad alguna la mastica, se llena de ella hasta el hartazgo, y luego se tiende a la larga en el corral a dormir una siesta en la que siempre sueña con la libertad del potrero, y se ve correteando debajo de los palmares y sus hermanos no le destrozan la trompa con sus colmillos, sino que lo dejan llenarse a sus antojos de palmiche.

Ahora en realidad han pasado seis meses desde que llegué a este corral, cuando me trajeron con las patas amarradas, adolorido porque me transportaban sin cuidado alguno en una bicicleta. Ahora veo al amo que no viene con la lata de mi comida sino con un cuchillo afilado en la mano.

(Del libro Cuentos para concursar)

Fragmentos de mis novelas, cuentos breves y poesías

EL AMOR NO ES COTO EXCLUSIVO DE ROMANTICOS

Con la postmodernidad (e incluso con el fin de la misma, tal como dicen algunos) se ha tendido a maquinizar todos los actos de nuestra vida cotidiana y echar por tierra no solo los movimientos artísticos literarios anteriores, no solo los vanguardismos, sino también al clasicismo y por qué no, al romanticismo como corriente dentro del arte. No voy a discutir ese tema en este momento, sino simplemente a proclamar el derecho de los escritores a permitir que sus sentimientos exploten cuando el amor toca a las puertas de su (¿se nos permite decir en la pos-postmodernidad?) corazón y luego seguir adelante, marcados por el fuego del diario vivir. Entonces también puedo defender el derecho a decir:

AMOR LO QUE SE DICE AMOR

Amor lo que se dice amor
el que te guardo
amor el que se dice amor
el que surge entre tus ojos
y se escurre por la piel de tus sonrisas
amor lo que se dice amor
el que navega entre tu edad tan enorme de no tener la edad justificada
amor lo que se dice amor
el que te corre por las venas de enamorada triste
como pequeña deidad expuesta a las urgencias de la vida
y clama entre abrazos y ternuras
entre ofensas y ruegos
entre no ser ya la que abandona
sino la que aguarda por las nubes
con la esperanza de que el cielo te cubra con sus besos.

Fragmentos de mis novelas, cuentos breves y poesías

EL ESCRITOR COMO AUTOR DETRÁS DE CADA LIBRO

El proceso de escritura de los géneros de ficción (novela, cuento y poesía) pasa por ciertas etapas que para simplificar e ilustrarlas podemos resumirlas de la siguiente manera:

1ª Nace el escritor con el don para la escritura con más o menos talento, pero siempre será una condición innata, que no depende de la voluntad del escritor, de quienes le rodean ni de una escuela, academia o universidad.

2ª El escritor vive lo suficiente como para desarrollar sus condiciones innatas para la escritura y adquirir las técnicas literarias por alguna de las vías alternativas posibles:
a)    Por la ayuda de otro escritor
b)    Con el auxilio de una agrupación de escritores tipo taller literario
c)    Por su estudio como autodidacta

Téngase en cuenta que ninguna escuela forma escritores de ficción, sea de nivel elemental, medio o universitario. No es lo mismo aprender gramática, lingüística, técnica de redacción, estilística y otras materias afines que desarrollar académicamente el don para la escritura como sí ocurre con músicos, actores, artistas plásticos y otras disciplinas del arte.

3ª El escritor acumula vivencias como ser social en el mundo que lo rodea. Fíjense que sostengo abiertamente que solo muy excepcionalmente una persona que no ha llegado a una edad o bien ha vivido en pocos años con intensidad, podría lograr obras maduras al menos en temas que requieren de la experiencia directa o indirecta de tal manera que sirvan como materia prima para la producción literaria.

4ª Es impactado mentalmente por ciertos fenómenos de carácter físico o psíquico (participa en una guerra, es abandonado por la pareja que ama realmente, es despreciado, tiene un sueño que le parece revelador, sostiene una discusión con alguien o en general, cualquier experiencia que conmueve su vida) y esos fenómenos se convierten para él en causa generadora de un efecto creativo o sea en materia prima de la obra literaria.

Alerto que los fenómenos físicos o psíquicos que experimenta un escritor también suelen ser experimentados por cualquier otra persona que no nació con el don de la escritura. Pero lo que sucede es que el escritor tiene una condición artística innata y ante fenómenos comunes y corrientes puede descubrir aristas que una mentalidad no artística es incapaz de observar.

5ª El impacto mental le origina una crisis de conciencia que lo conduce a  representar los fenómenos observados pero no en su sentido natural sino artístico. Y lo artístico posee dos componentes:
a)    Una realidad histórica, que es lo que sucede en el mundo físico en que vivimos
b)    Una realidad imaginal o ficcional, que es lo que sucede en la mente del artista en relación con esa realidad histórica

Ahora bien, representar todavía no quiere decir escribir el texto sino más bien planear la escritura, proponerse convertir en texto escrito aquello que se encuentra dentro de la mente del escritor.

6ª La siguiente etapa ya es más concreta pero también más específica de cada autor: sea cual fuere su nombre (Alejo Carpentier, Jorge Luis Borges o Juan Pérez), todo escritor elabora un plan de su obra futura.

El plan no necesariamente tiene que ser escrito. El plan puede estar dentro de la mente del escritor, e incluso puede estar dentro de su inconsciente (para usar un término freudiano). Lo que estoy diciendo con esto es que no existe una inspiración metafísica, no existe una escritura que antes no haya sido pensada en algún nivel de pensamiento (consciente, subconsciente o inconsciente) partiendo no de la nada, sino de alguna realidad histórica.

7ª Luego del plan ya sí viene la ejecución, la escritura física, porque si el plan no se ejecuta mediante el acto de la escritura, resulta obvio que no existe obra artística. Será una intención o un deseo, pero jamás un texto.

Cada autor escribe no sólo como quiere, sino también como puede. Cada escritor tiene sus herramientas particulares, incluso algunas inventadas por él mismo basándose en la experiencia de otros. Yo mismo tengo las mías en mi taller de fabricar historias, que no le confiaría a nadie en sentido absoluto.

Finalizo diciendo que:
a) No hay obra de ficción que no se parezca a su autor.
b) La ficción nace de la realidad real y de la realidad mental del escritor, por una simbiosis dialéctica de ambas.
c) El autor es dueño absoluto de su creación: no se la dicta una mente misteriosa ni una potencia divina, sino que surge de la aplicación de un don innato (que ese sí puede habérselo dado Dios) con la ayuda de un talento adquirido.
d) No se puede ser escritor de ficción si no se aprende la técnica literaria de la narrativa o la poesía.

Criterios personales sobre la técnica literaria

MINICUENTOS: ESA BREVEDAD CON TRAMA

Si un pretendido minicuento (llámese cuento breve, hiperbreve o de otra manera) carece de personajes, o si teniéndolos no entran en conflicto o bien dicho conflicto no avanza por medio de la acción hasta llegar a una solución dramatúrgica o desenlace, entonces yo afirmo que no pertenece al género narrativo por carecer de trama.

Entonces, como creo en la narratividad del género intento siempre que los minicuentos que escribo tengan su trama. Cuando lean los aquí ofrecidos por mí, podrán evaluar si en realidad son minicuentos.

ACUERDO

En la reunión, todos estuvimos de acuerdo con la congelación del agua, habida cuenta del interés que teníamos de comer hielo. Sin embargo, cuando ya habíamos logrado obtener los diez litros de agua el que presidía nos advirtió:

-El próximo año es que tendremos dinero para comprar la nevera.

SENTIMIENTO DE CULPA

Me duele el pecho por cada picardía cometida contra los perros callejeros. Sultán se queda observándome con los ojos acuosos y el pellejo sarnoso le tiembla mientras parece decirme: “No te culpo por odiarme”.

EL HIJO DEL JEFE

Me miró, quizás pensando en odiarme porque son rubio, y tanto lo soy que parezco un ario.

-Si me regalas uno, te despacho los otros nueve en la vasija, aunque sabes que está prohibido por las reglamentaciones del jefe despachar en vasijas.

Guardé silencio durante largo rato, sacando cuentas. Diez menos nueve, quedaba uno; nueve más uno equivalía a diez; diez menos uno siempre derían nueve. Resultaban tan hermosas mis cuentas, que estuve tentado de decirle: “Te lo regalo”.

Cuando iba a abrir la boca, aquella especie de mastodonte amenazador fue más preciso:

-No debes olvidar que soy el hijo del jefe.

Decidí responderle dándole la espalda.

AMISTAD

Dóvor Trinchet fue mi amigo durante setenta y dos años exactos, desde el preciso instante de su nacimiento. Juntos comimos chicharritas de plátanos en una Feria del Libro en Guadalajara, mientras los grandes escritores bebían los mejores rones del mundo en tanto picaban salmón ahumado y caviar ruso. Libros, compramos exclusivamente los nuestros: él adquirió el mío, yo el suyo.

Al cabo del tiempo, Dóvor Trinchet ganó el premio Gran Zapato de Oro convocado por Hortelosa Zapateros, S.A., adjudicado cada año al mejor reparador de calzado del mundo.

Hoy frente a su tumba, recuerdo sus palabras de despedida: “Ya no somos amigos”.

Fragmentos de mis novelas, cuentos breves y poesías

EL LENGUAJE LITERARIO

Mucho se discute en los últimos tiempos sobre el lenguaje a emplear en las obras narrativas, y los textos van desde un nivel de lenguaje tan descuidado que raya en lo soez, la chabacanería y el mal gusto, hasta un lenguaje tan elaborado que convierte la obra en una suerte de figuras retóricas cuyo descifrado requeriría de un codificador proporcionado por el autor.

El lenguaje literario más deseable es aquel que encaja en el objeto de la narración. Existen contenidos que pueden tratarse poéticamente, pero otros se resentirían con la poesía y entonces es mejor tratarlos simple y llanamente con la buena prosa.

Encontramos naturalidad y a la vez poesía sin rebuscamientos en la novela El tamaño del infierno en los siguientes fragmentos:

El día que murió Soledad me quedé más solo que el Valle de los Escarabajos… (página 67)

Ya te creíamos en la tumba, Jesús en un panteón desconocido, y ahora quieres venir en carne y hueso…” (página 177)

Jesús empieza a leer y reconocer los paisajes donde aprendió a nombrar las nubes, el agua y los escarabajos…” (página 312)

No obstante, el uso de este lenguaje sugerente no impide el empleo de una prosa directa en otras zonas de la obra, tales como:

Unos minutos después, se volvió a escuchar la voz del tío Rafael…” (página 387)

-Le suplico que me despierte antes de la hora de la comida.” (página 284)

Estamos sentados alrededor de la mesa del comedor…” (página 153)

Pretendo alertar con estos ejemplos, que el llamado lenguaje poético que algunos pretenden imponerle a la narrativa contemporánea es una camisa de fuerza. Por una parte, sólo existe un lenguaje: el adecuado al momento de la narración; por la otra, no debe de olvidarse nunca que la narración no es poesía en prosa, sino precisamente narrativa, obra de ficción caracterizada por acciones y descripciones.

Criterios personales sobre la técnica literaria

LOS AVATARES DE MI NOVELA LAS TRÁGICAS PASIONES DE CÁNDIDA MORENO (*)

Hay novelas y obras en general de un escritor, que tienen por decirlo de alguna manera nada objetiva, más suerte que otras. Novelas que aunque  el autor no las  defienda, se echan a correr por sí solas por el mundo, caen de pie dondequiera que llegan y dicho en el sentido más recto, encuentran fácilmente un editor que apueste y se arriesgue por ellas. Con esa suerte navegó por ejemplo mi novela Tormenta tropical de verano, la que luego de ser publicada en Las Tunas por la Editorial Sanlope en el año 2000, se la propuse al Gerente General de la mexicana Ediciones Coyoacán en la Feria del Libro de La Habana del 2001 y ya en el año 2003 era conocida en Ciudad México.

Pues bien, no sucedió igual con Las trágicas pasiones de Cándida Moreno, la que luego de ganar en 1993 un concurso local en realidad poco importante aunque con un jurado de lujo del que formaban parte los que andando el tiempo serían de los mejores escritores de nuestra ciudad (Guillermo Vidal, con posterioridad Premio Casa Teatro de Novela convocado en la República Dominicana; Alberto Garrido,  luego Premio Casa de las Américas en el género cuento;  y Ramiro Duarte, uno de nuestros más lúcidos críticos literarios), atravesó por un período de silencio a todas luces injusto.

Injusto porque según las bases del premio, la Editorial Sanlope debía haberla publicado de inmediato luego de haberme pagado los derechos de autor y la UNEAC de la localidad el monto del premio, y ya parada en plomo (en aquella época aún no había llegado a esa editorial el adelanto tecnológico de la maquetación computarizada), todos los bloques de las páginas conformadas que ascendían a más de 70 pues se trata en realidad de una novela breve, fueron vertidos al linotipo y convertidos de nuevo en plomo líquido para alimentar a aquella especie de monstruo mecánico que continuó levantando páginas para la editorial.

¿La causa de tal decisión? Por más que indagué, pregunté y exigí en aquella época, jamás me hablaron la verdad, sino la justificación de que estábamos en pleno período especial en el país y el papel escaseaba. Busqué alternativas, creyendo de veras en tal explicación, pero chocaba con la dura puerta de la indiferencia dondequiera que llegaba. Hasta que años después, alguien que no me aprecia tal vez quiso abrir de nuevo en mí la vieja herida, y me confesó la verdad o quizás parte de ella: la persona que entonces se encontraba al frente de aquel lugar había escuchado a una simple correctora de pruebas quien consideró mi novela impublicable. Ah, mi novela al cesto de la basura, mi novela convertida en plomo líquido, pero la razón no había sido la falta de papel ni de calidad, sino la falta de valor de los que debieron decirme la verdad de manera frontal y me hubieran evitado tantos dolores de cabeza creyendo lo que no era y reclamando lo que no tendría solución.

Años después…  como sucede en las novelas cuando se usa la técnica del resumen para adelantar la trama… le cambié de manera nada sustancial el título, la presenté nuevamente a la lectura especializada de la Editorial Sanlope (porque me había empeñado luego de saber la verdad que fuese allí donde se publicase por vez primera), y pasó la prueba de los lectores especializados, motivo más que suficiente para sentirme satisfecho: la novela había resistido el paso del tiempo, pues no le cambié más que el nombre del personaje principal, porque el anterior involucraba a una persona que ya no estaba en el mundo de los vivos y consideré una muestra de elemental respeto hacerlo.

En un artículo anterior he publicado un fragmento de esta novela,  y en la sección correspondiente a “monografías” de este mismo blog podrán leer la novela completa, aunque ya la tuve colgada durante mucho tiempo en el blog de la cultura tunera que se encuentra en http://www.tunet.cult.cu/literatura/casanova/all.php. Entonces podrán decidir si aquella traviesa correctora de pruebas (muerta años más tarde de una terrible enfermedad) tuvo la razón, o en realidad las pasiones de Cándida Moreno sí eran trágicas.

(*) Las trágicas pasiones de Cándida Moreno, Editorial Sanlope 2001, ISBN 959-251-085-7

Explicaciones acerca de algunas obras mías

ALGUIEN VOLO SOBRE EL NIDO DEL CUCO (*)

No se espere que los comentarios sobre mis lecturas tengan un orden temporal en el sentido de que ofrezca mis impresiones sobre lo último publicado en materia de ficción, no: mi plan de lectura obedece a un interés técnico-literario aunque también al del simple entretenimiento, pues leo además lo que me parece interesante una vez que hojeo las primeras páginas del libro que tengo entre las manos.

En este caso, Alguien voló sobre el nido del cuco, novela del norteamericano Ken Kessey, fue para mí desde las primeras líneas un reto a no abandonar la lectura.

Contada en primera persona por un narrador deficiente (no puede saber todo sobre todos los personajes), el autor escoge para tal función al Jefe Escoba, hijo de un cacique de la tribu haiwatha con una mujer blanca, quien a veces se convierte en supraciente (sabe todo sobre cualquier personaje) quizás por una cuestión de traducción del inglés al español, tal vez porque al autor en realidad no le importaba que la técnica narrativa más ortodoxa resultara violentada. Sea como fuere, no es según mi criterio la técnica lo más importante en esta novela.

Transcurre en un hospital para enfermos mentales, donde los pacientes padecen la tiranía absoluta de la señorita Ratched (llamada irónicamente por el narrador La Gran Enfermera, como para darnos la imagen de su poder absoluto sobre todos los ingresados en un hospital que se ha convertido en realidad en una cárcel y además en todo un sistema de desatención a los pacientes y de dominio sobre sus mentes (¿es un sarcasmo sobre la sociedad postindustrial y totalitaria?) que también de manera irónica el narrador ha bautizado como El Tinglado.

Desde luego que los temas del hospital, de los enfermos, de los sanatorios e incluso de los manipuladores de la especie humana se dan en otras novelas; sin embargo, en Alguien voló sobre el nido del cuco lo singular es que todos esos temas se unen en un todo armónico para dar lugar a lo que yo llamaría el tema del poder absoluto que por cierto yo trato en mi novela La jaula de los goces publicada en este portal en la sección de mis monografías.

Libro totalmente humano, en el que los aquejados de enfermedad mental son manejados por la Gran Enfermera como si fuesen títeres por medio de un remedo de democracia, las reuniones periódicas para tomar acuerdos ya predeterminados por la señorita Ratched, hasta que un día ingresa en la sala un líder, un rebelde, un diferente, Mc Murphy, quien llega a demostrarles a aquellos seres hasta entonces amorfos y obedientes a las leyes más absurdas de la Gran Enfermera, que quizás los enfermos mentales sean los otros, y que esos otros que los tiranizan no son tan fuertes porque pueden perder los símbolos y los atributos del poder e incluso la vida.

El final… no voy a contarlo. Estemos o no de acuerdo con el cierre de la trama por parte del autor, no caben dudas que el desenlace entre todos los posibles constituye el más lógico en correspondencia con las acciones que logra realizar Mc Murphy con la ayuda de un grupo de pacientes que no han perdido del todo el contacto con aquella realidad alienante, incluido el Jefe Escoba quien por momentos en algunas escenas pasa de la función actancial narrador testigo a la de protagonista.

Hay otros elementos de la novela que escapan a las intenciones de esta reseña desde el punto de vista de un lector cómplice, como sería preguntarse si el hecho de que los guardianes de aquellos hombres a veces indefensos sean negros, sería una señal de racismo, o si el papel de libertadoras que asumen dos prostitutas no será rebajar la función social que deben asumir otras fuerzas, progresistas y alejadas del mundo del vicio. Pero eso sería entrar en discusiones extraliterarias y de lo que hablamos aquí es de trama, no de historia.

Invito, simplemente, a leer esta obra que emplea los recursos de la novela negra para llevarnos por un sendero que a veces no se concibe que pueda existir, como dice el personaje Harding dirigiéndose a Mc Murphy cuando recién llegado, se extraña de lo que considera anomalías en el tratamiento de los enfermos: “El ritual de nuestra existencia se basa en el fortalecimiento del más fuerte a base de devorar al débil” (edición consultada, página 63).

Sobre la edición comentada:
Editorial Arte y Literatura, 2007
Traducida de la edición de 1962
Traducción: Mireia Bofill
ISBN 978-959-03-0392-0
Título de la obra en inglés: One Flew over the Cuckoo’s Nest

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