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Blog del escritor Andrés Casanova

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LAS RUPTURAS EN LAS OBRAS DE NARRATIVA

Llamo ruptura a un cambio o modificación en cualquiera de los elementos siguientes dentro de la obra de narrativa: narrador, espacio o tiempo.

En la literatura de siglos pasados, las rupturas requerían de una serie de justificaciones por parte del narrador. Esto era así porque básicamente sólo se empleaban dos tipos de narradores:

El omnisciente, un narrador que todo lo sabía porque podía estar en cualquier lugar, incluso dentro del cerebro de los personajes, y podía permitirse expresiones tales como: Diez años antes, exactamente el 3 de julio de 1863, don Fernando había advertido a su hijo que…” o bien: “En ese preciso instante, mientras la señora Juana estaba sentada en la sala de su amiga Rosa, su esposo llegaba a la casa de su amante en…

El narrador testigo, un hombre o una mujer que a cada paso tenía que justificar todo lo que nos contaba, explicándonos la procedencia de su saber, citándonos fuentes exactas de donde obtuvo los datos, tal como sucede en muchas novelas del siglo XIX.

En la narrativa contemporánea, sin embargo, las narraciones se han vuelto más ágiles y las rupturas se logran sin restarle fluidez al relato, sin necesidad de recurrir a explicaciones superfluas que le quitan fuerza a la narración y a veces la convierten en aburrida y monótona. Y aunque en ocasiones las rupturas resultan bruscas, siempre será válida siempre que no confunde al lector.

A continuación se toman ejemplos de la novela El tamaño del infierno para ilustrar las rupturas de narrador y de espacio, pues las de tiempo ya fueron ejemplificadas en un artículo anterior.

Ruptura del narrador

En la página 148 de la citada novela, cuando ya el lector se sobreentiende que está identificado con los personajes, se describe a la abuela en estado de reposo de la siguiente manera:

La luz del quinqué ilumina las canas y la almohada. Envejecen los nietos o los bisnietos y rejuvenecen los hijos; aparecen las vías del ferrocarril y aquel viaje de León a México; cuando él se fue allá en Zuhuatlán y volvió casi cuatro años después a los andenes de Buenavista, cuando fui con los primeros seis y con mi hermano a recibirlo con los bigotes encanecidos y los ojos tristones, desangelados, como si hubiera vivido muchos malos amaneceres (…) Sopla el viento entre ocales, olmos, magnolias y acacias y después pega en las vigas de los cuartos del fondo (…)

Toda esta cita se encuentra en el original en un solo párrafo. Sin embargo, no resulta difícil discernir por parte del lector avisado que no hay un solo narrador, sino dos: un narrador omnisciente hasta Buenavista que narra de forma impersonal, pero acercándose al espacio donde se encuentra la abuela (en la cama) y remontándose al tiempo pasado (el viaje de León a México) por medio de su penetración en el cerebro de la abuela; y otro narrador personal que es la abuela misma narrando en primera persona la experiencia del viaje (obsérvese que para ilustrar lo he subrayado e inicia en la expresión clave cuando fui, que tiene la misión de informarle al lector el inicio de la ruptura del narrador).

Observe además cómo se alternan los dos narradores bajo la fórmula OMNISCIENTE-ABUELA-OMNISCIENTE, separados por las expresiones Buenavista y Sopla el viento.

Ruptura del espacio

En la página 192 de la obra de referencia, comienza la descripción de la sala de la casa perteneciente a la abuela, y se nos sitúa en primer plano el teléfono, para sugerir que se espera una llamada. Suena el timbre, Luis Felipe (hijo de la abuela) toma el teléfono y es Evangelina su hermana quien habla. Sostienen una conversación, luego toma el aparato la abuela y continúa conversando con la hija. En la página 197 comienza el párrafo que describe la despedida de la madre y la hija, pero siempre desde la casa de la abuela (espacio que llamaremos E1). Nótese cómo se produce la ruptura del espacio (página 198) de E1 a E2 (la casa de Evangelina) sin explicación ni justificación de ningún tipo:

E1:…La anciana observa otra vez los retratos de cada uno de sus nietos, ellos parece que ríen, mueven los cachetes, las narices y hasta echan trompetillas, guiños y cuentos plagados de insolencias. Vuelven a sonar los silbatos de los patios de Nonoalco, un tranvía se detiene en el Chopo y la Rosa y las nubes caminan lentamente desde el Chiquihuite hasta el Ajusco“.

Aquí aparece un punto y aparte y continúa el mismo narrador omnisciente narrando en el mismo tiempo pero en la casa de Evangelina. Veamos:

E2:Evangelina ordena a su sirvienta que ponga el mantel y los cubiertos en la mesa del antecomedor

Como conclusión a estos aspectos, pudiéramos decir que las rupturas en las obras de narrativa agilizan el relato, evitándole al autor esa especie de camisa de fuerza que significa estar justificando los cambios, tanto del narrador como del espacio o el tiempo.

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