Blog del escritor Andrés Casanova

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Archivo de Agosto, 2010

EL PROCESO DE CREACIÓN DE MI NOVELA La jaula de los goces

Hubo para mí tres momentos muy importantes durante la creación de La jaula de los goces (ISBN 959-11-0315-8; publicada por Editorial Oriente, de Santiago de Cuba, en el año 2001, con 162 páginas en formato 19 cm. x 12 cm.): mientras la pensaba, durante su escritura y en la fecha de su publicación. Si comparto aunque sea brevemente este tema es porque quizás a los lectores les resulte interesante conocer aproximadamente cómo se fragua una novela y los escritores que me lean puedan compartir experiencias similares o diferentes, e incluso no estar de acuerdo con algunas cuestiones que afirmo.

Nació dentro de mí de la siguiente manera: algún día del año 1989 concluía la lectura de la novela La nave de los locos y comparaba su argumento con algunas experiencias personales en ciertas oficinas a las que concurría una y otra vez en relación con trámites imprescindibles para construir mi vivienda, oficina en la cuales chocaba una y otra vez contra la barrera infranqueable del burocratismo.

No es que anteriormente no hubiera chocado con ese mal (humano por demás; los perros ni los gatos se sientan frente a buroes) que nos conduce en ocasiones a tratar a los demás como si no existieran, sino que en caso se me hacía evidente la inferioridad del burócrata, su posición de homúnculo o de pequeño rey sin corona, cuyo único poder es hacernos esperar innecesariamente, negarnos un derecho elemental ante la vida y vernos a sus pies cual modernos esclavos rogándole por favor, déjeme pasar por esa puerta cerrada con diez candados.

Primero escribí un cuento titulado El mecanismo que incluí en mi libro El reloj, ese asesino y a medida que iba a esperar una y otra vez a las innumerables oficinas que por toda la ciudad tenía la entidad llamada Dirección Municipal de la Vivienda lo que llegó a convertirse para mí en un suplicio, concebí la escritura de una novela.

En aquella época, creía en el valor de la literatura para cambiar en bondad la maldad de nuestras almas humanas. No sabía que entre otros especimenes del género, el burócrata no lee novelas ni otros textos como no sean los de la propia burocracia. Y cuando se ve obligado a leer textos que atacan al burocratismo, no se reconoce jamás en ellos.

Uno y otro día pensando en cómo llevar a la realidad literaria una realidad real, me condujo a personajes que podrían representar personas.

Los nombres al principio fueron los mismos de sus actores reales, aunque al final los escogí por su sonoridad en unos casos, en otros por la burla que significaban contra personas que conocía y eran así de estúpidos. La carga semántica y psíquica de los nombres de mis personajes siempre ha ejercido una magia sobre mí, por lo que jamás desprecio buscarlos dentro de las posibilidades por su originalidad.

Caminaba por las calles y pensaba en los nombres. Esperaba en una cola y creaba una situación. Estaba en mi trabajo y de pronto se me ocurría una escena. Observaba a un burócrata y descubría en él un gesto que jamás le había visto.

De aquella manera, tuve una idea inicial de una novela que cual un panóptico, estaría rodeando la vida de mis personajes para observarlos en un original experimento como si fueran aninamalitos de laboratorio. De ahí el primer título que tuvo esta novela: Panopsis.

Con aquel bagaje inicial ya la obra estaba lista para su escritura. Los nombres de los personajes no eran simples patronímicos o apellidos supuestos, sino que se trataba de seres de ficción que se agitaban dentro de mi cerebro, acompañándome a cualquier lugar que viajaba, invadían mis sueños y no me dejaban tranquilo durante el día.

Ya yo sabía a estas alturas que Clasto Edginebrés sería el hilo conductor de la trama y un primo mío llamado Rolando me aportó desde la lucidez de sus bocetos pictóricos que me dejaba en los libros de literatura que me devolvía, un nombre inquietante: los Universianos, seres de piel como escamas brillantes, puro surrealismo que fue conformando mi mundo fabular.

Clasto de inicio fue un policía porque la novela pretendía ser del género que suele llamarse novela negra, e investigaba un crimen que nadie había cometido. Sin embargo, con el paso de las horas, los días, las semanas y los meses, Clasto se fue convirtiendo en un filósofo, oficio más acorde con aquel absurdo mundo que iba fabricando en las notas escritas en cualquier tipo de papel y a escondidas de mi jefe en ese tiempo, el ingeniero José Ángel Avadí quien ahora reside en Ecuador y fue en realidad el crítico de mis capítulos iniciales, a partir de que le confesé que aprovechaba los ratos de la merienda y las reuniones burocráticas en las que debía participar en su compañía para elaborar el plan de una novela.

Cuando ya tuve terminado un proyecto coherente por cada capítulo y Gaspar se convirtió en la sombra de un poder omnímodo en aquella oficina a la que llegaba Clasto Edginebrés en un pequeño bote de remos para solicitar una planilla con el propósito de regresar al Continente, lugar de donde venía, me dije que algo no funcionaba correctamente en aquel proyecto: Gaspar era solamente una especie de recepcionisto que impedía la entrada de enemigos en los predios de su jefe, es decir, un fiel cancerbero que cuida al amo de ningún peligro.

Al comprender que la lógica interna de la novela no funcionaría de tal manera, la transformé en La jaula de los goces, no ya como una oficina de trámites burocráticos (ese era el mundo fabular en sus inicios) porque se trataba de un espacio demasiado estrecho para mis propósitos.

La oficina pasó a ser la Isla de Creti, algo más coherente con la llegada de Clasto en un bote de remos en tanto que el recepcionista tomó el nombre de Caivás Edjuvitas, especie de Ministro del Interior de lo que a partir de ese momento pasaba a ser Creti, la isla donde gobernaría como rey eterno Gaspar Único, por obra y gracia de la Sociedad Universal de los Goces.

Una vez acordado conmigo mismo que Gaspar Único regiría los destinos de Creti, formé un gobierno que se encargaría de mantener incólume la burocracia, ya ahora no tanto como burocracia pura sino como absurdo mundo donde sus habitantes “piensan y hablan al revés y sin verbos”.

Como el gobierno de Creti requería de algunos personajes imprescindibles en un reino absurdo, fueron apareciendo con el transcurso de los días la reina Lila, esposa de Gaspar que se encargaba junto al maestresala Benedicto, algo así como el sacerdote principal de la Sociedad Universal de los Goces, de alimentar a los mendigos con sopa de chorizos donde no navegaba ningún chorizo; Benjamín Toresano, edecán absoluto del Rey Gaspar y en realidad el verdadero gobernante; el canciller del reino Cornelio Huerta, individuo cuyo éxito esencial era el triunfo entre los hombres debido a la hermosura y ligereza de su esposa Idelfonsa Isabel. Fui delineando poco a poco los restantes personajes de una isla donde a lo azul se le llamaba verde y lo marrón se conocía como amarillo. La negación del valor de los significados para confundir a los habitantes de aquel absurdo mundo donde la verdad y la mentira eran simples quimeras.

Los antagonistas aparecieron sin que yo mismo lo advirtiera, como una consecuencia del espacio fabular que vivía dentro de mí mientras iba viviendo de manera cotidiana en un mundo real donde a veces encontraba a reyes tan absurdos como Gaspar Único. Primero diseñé la figura genérica de los mendigos que vivían de la sopa que por caridad obligada, para que no se rebelaran, les repartían la reina Lila y el maestresala Benedicto; luego necesité de alguien que luchara por el derecho de ellos a la vida ya que no eran capaces de luchar por sí mismos y me pareció que debía existir entonces un tal Juan Dequidad que los liberara de la fábrica de ilusiones y de las medias lunas azules que les grababan los guardias de Caivás Edjuvitas cuando acumulaban la cantidad límite de puntos en sus tarjetas de conteo.

Juan Dequidad fue surgiendo por la urgencia que yo tenía de conducir la trama hacia un final al menos optimista, pues no he sido partidario que ninguna de mis novelas les deje un sabor salitroso en la boca a los lectores, porque soy de los que piensa que si bien la literatura no resuelve nuestros problemas, al menos debe ayudarnos a convertir el mundo que nos rodea en un cálido rincón donde pasar la noche.

Cuando encontré a Juan Dequidad, Clasto Edginebrés comprendió que su lugar en Creti no podía ser el de simple espectador y entonces se sintió obligado a buscar a aquel hombre invisible al que solamente podían ver los mendigos. Encontré la Isla de las Rosas, un lugar que sin llegar a ser una realidad corpórea requería estar enclavado entre coordenadas posibles. La lógica del mundo fabular mío tenía que prevalecer por encima de los absurdos de la vida real.

La publicación de la novela fue algo más difícil, aunque yo sabía que era el precio que debería pagar por haber escrito una obra no apta para los grandes circuitos comerciales de la literatura.

Es un texto humanista, aunque a la vez consciente de que el hombre no puede salvarse a sí mismo, razón más que suficiente para que no ganara ningún concurso a los que envié la obra y fuera rechazada por editoriales extranjeras: entonces vivíamos en Cuba una crisis terrible, la de los noventa del siglo veinte, que anuló casi por completo la industria editorial.

Esto de querer publicar lo que se escribe siempre lo he defendido como una necesidad del escritor, más que como un derecho. Si bien el acto de la creación es algo personal, cuando el mismo concluye estamos urgidos de comunicarnos con el lector, de ahí que considere el proceso de escritura incompleto si el texto no llega a convertirse en obra posible de ser evaluada al menos por un lector. Aunque ese lector sea solamente el editor.

El editor es alguien bien importante en esta cadena de la comunicación entre el emisor (escritor) y el receptor (lector). Puede salvar una obra de una gran cantidad de pifias que cometemos los escritores porque de tanto releer nuestra obra la aprendemos de memoria y ya no vemos los defectos ni las estupideces que a veces escribimos.

Gracias a la editora Lina González Madlum La jaula de los goces perdió páginas que le sobraban y que yo no las hubiese descubierto por mí mismo. Fue un largo proceso de trabajo por el correo electrónico que a veces llegó a agotarme, incluso creí que no resistiría las buenas exigencias de Lina obligándome a podar lo innecesario: estuve a punto de retirar la novela de la editorial porque soy un gran impaciente y no veía el momento en que saldría impresa, sin saber que la demora fue para el bien del texto original mío.

Este es el proceso habitual que aproximadamente debe seguir cualquier escritor si desea que su libro no perezca con el tiempo. Entre el proceso de la escritura y el de la publicación llueven muchas lágrimas, más que alegrías. Ahora que se habla tanto de mercado y literatura yo me digo: con ese tipo de literatura que se escribe con las entrañas no hay quien pueda ir al mercado. Pretenderlo sería tan absurdo como procrear hijos con la intención de que trabajen para sostenernos como si fuesen nuestros empleados, o más absurdo aún: conformarnos a que los reycitos sin corona nos encierren en La jaula de los goces.

Explicaciones acerca de algunas obras mías

¿CUALQUIERA PUEDE ESCRIBIR NARRATIVA?

Entre mis planes estaba que mi segundo artículo fuese una conversación sobre mi obra literaria, de tal manera que pudiese explicarles a mis (posibles) lectores cómo he concebido cada una de mis novelas, los materiales que he usado para ello, cómo emplee la técnica literaria en cada una, y una serie de detalles que pudieran resultar de interés. Sin embargo, las preguntas que me han formulado varios lectores luego de haber publicado una convocatoria en la dirección URL

http://www.tunet.cult.cu/literatura/casanova/all.php,

convocatoria mediante la cual invito a escribir junto conmigo una novela a 200 manos, me obligaron a posponer aquella intención para abordar este asunto de hoy que podría resultar polémico.

Digo para empezar, que describir por escrito un hecho del que se ha sido testigo o ha sido contado por otro, pudiera realizarlo cualquier persona medianamente instruida que domine las reglas fundamentales de redacción, algo de estilística y tenga una adecuada ortografía, técnicas todas que pueden aprenderse en un aula o con auxilio de un manual o un profesor. Incluso, esa persona podría describir adecuadamente lo que ha visto o está mirando, luego revisarlo y con algunos retoques formales lograr un texto comprensible para el lector.

Ahora bien, yo no hablo acerca de describir hechos de lo que llamamos la realidad real, sino de escribir narrativa, entendiendo como tal los géneros cuento y novela, los que caen dentro del campo de la realidad literaria, y que por lo tanto no se ocupan de una historia verídica sino que relatan una trama, o lo que sería igual, un texto o discurso narrativo que a pesar de parecer la realidad misma del mundo que nos rodea, pertenece al mundo de la ficción. Téngase en cuenta que ficción no es sinónimo de mentira. Ficción quiere decir crear una nueva realidad ideada por un escritor partiendo de la ya existente y conocida por todos.

Y ya que decido meterme en esta especie de jardín, trataré de no dañar las flores, aunque me propongo llegar hasta el final del mismo.

En primer lugar, digo que el acto de escribir narrativa requiere de que la persona que va a realizarlo en primer lugar tenga el talento para ello, que no es la simple imaginación, ni el saber describir de manera ramplona lo que está mirando, ni siquiera redactar adecuadamente un texto de varias páginas: hay que haber nacido con ese talento. Según unos, lo da Dios; según otros, es un resultado de lo genético lindando con lo hereditario; pero con independencia de la explicación que se acepte para eso que llamamos talento para…, lo que sí considero que no sea discutible es que cada persona de manera individual nace más apta para determinados oficios que para otros. Hay quienes suelen ser digamos unos excelentes choferes, sin embargo, son incapaces de manejar un arma con puntería. Lo que quiero decir con este ejemplo ilustrativo es que quien haya nacido para periodista no quiera convertirse en ingeniero porque va a fracasar; el que está dotado con grandes iniciativas como comerciante de implementos deportivos, casi de seguro que si se pone a vender alimentos fracasaría. ¿Pueden ser todos boxeadores, o todos médicos, o todos constructores de casas, o todos artistas plásticos, o todos actores? Considero que no: cada cual está constituido desde su nacimiento para determinados oficios (por no encerrarlo a uno solo) y el acto de escribir narrativa desde este punto de vista es un oficio más.

¿Todos los que nacen con talento para ser escritores de narrativa llegan a serlo? La respuesta mía es no, porque no todos comprenden que una vez que descubrimos nuestro talento, si pretendemos desarrollarlo estamos obligados al duro ejercicio del aprendizaje de la técnica del oficio. Y es ahí cuando fracasan muchos: cuando no quieren comprender que existe una técnica narrativa que se ha ido sedimentando durante años por la historia, que cada escritor que ha sentido la necesidad de un nuevo procedimiento técnico ha tenido que inventarlo (comparo este fenómeno con la invención del primer martillo por parte del carpintero, o del primer cuchillo por parte del carnicero, o de la primera planilla por el burócrata prehistórico) y los investigadores o críticos literarios han ido sistematizando tales descubrimientos en lo que se ha llamado la Teoría Literaria.

Entonces, ¿cualquiera puede escribir narrativa? Mi respuesta: no. Sólo pueden escribir narrativa quienes hayan nacido con el talento para hacerlo. ¿Todos los que tienen talento para escribir narrativa lograrán hacerlo? Mi respuesta: no. Sólo llegan a escribir narrativa entre los que nacieron con el talento para hacerlo, aquellos que comprenden que este es un oficio con sus reglas, y que deben aprenderse antes de intentar escribir palabras que a la larga formarán oraciones, y oraciones que formarán párrafos y párrafos que llenarán páginas.

Prometo hablar en otro artículo acerca de algunos elementos técnicos de la narrativa contemporánea, para aquellos que están interesados en conocer ciertos secretos del oficio.

Criterios personales sobre la técnica literaria

MI PRIMER ARTICULO EN MONOGRAFIAS.COM

Hoy, en la tarde del sábado 14 de agosto de 2010 doy inicio a la primera entrada a mi blog en Monografias.com, como una vía de comunicarme con mis lectores potenciales, porque sé que les interesarán mis conversaciones.

Sobre mí, debo comenzar por decirles que soy un escritor cubano con 7 novelas publicadas y una veintena de libros de diferentes géneros que permanecen aún inéditos, siempre en busca de algún editor interesado.

Vivo en una ciudad del oriente cubano, Las Tunas, otrora conocida como El Balcón de Oriente, por el hecho de ser la primera ciudad que encontraba el viajero cuando iba a adentrarse en lo que entonces se llamaba precisamente la provincia Oriente, de ahí que a los oriundos de estos lares se nos llame de manera genérica orientales. En la actualidad, esta provincia se ha convertido en cinco (Guantánamo, Santiago de Cuba, Granma, Holguín y Las Tunas). Antiguamente nuestra ciudad se llamaba Victoria de las Tunas por la relación que tenía con un hecho de guerra entre Cuba y España durante el siglo XIX.

Sobre mi obra literaria, me autodefino como un escritor que aborda desde lo social a lo filosófico, pasando por la intimidad humana aunque en general los temas que tratamos todos los escritores responden a la temática universal: el amor, el odio, la muerte, etc. Tal como dice mi amigo el escritor Félix Luis Viera, lo que cambiamos los escritores son los asuntos, que no los temas que ya están establecidos.

También escribo dramatizados radiales, los cuales se producen en una emisora de mi ciudad, y trabajo sobre una novela que responde a una trilogía sobre el amor en la era postmoderna. Tengo algunos guiones de cortos cinematográficos inéditos y desde luego, hago poesía y ensayo.

Con esta presentación, espero que sigamos conversando y a la vez los invito que vean un blog personal que tengo en la siguiente dirección:
http://www.tunet.cult.cu/literatura/casanova/all.php

Espero que estemos conversando. Mis saludos.
Andrés Casanova

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