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Otros aportes a la Andragogía

En los últimos años, ha habido una proliferación de literatura sobre la Andragogía. A nuestro parecer, buena parte de esa literatura gira en torno a mejorar la tecnología educativa, por un lado, y ubicar los aportes andragógicos a campos como la gerencia y la administración, por el otro.

Vamos a aproximarnos a algunos de los planteamientos que, a nuestro parecer, constituyen aportes valiosos a la Andragogía. Debemos confesar de antemano que estamos muy lejos de agotar sus presencias y sus radios de influencia.

Roque Ludojoski (2008), desde los 80, viene sosteniendo que la educación debe plantarse ante la vivencia de los seres humanos para autocapacitarles a vivir. Emplea un término interesante, hasta poético: lo agógico. Este tiene una doble connotación. Desde lo musical, nos habla de las variaciones que, con respecto a las partituras, se le imprime a una melodía para humanizarla aún más. Desde el trabajo social, se trata de una forma de darle sentido concreto a conceptos que pueden ser al principio abstractos.

En los dos casos anteriores, podemos intuir que se trata de orientar las acciones humanas en las situaciones de incertidumbre que nos ofrece nuestra cotidianidad, y ante lo cual no hay lineamientos predeterminados, aún cuando sí puede existir un bagaje de saber que, debidamente interpretado, nos ayude a salir adelante.

De ese modo, la Andragogía se entiende como una forma privilegiada de favorecer procesos de autodidaxis, en el sentido de ofrecer a los humanos posibilidades de aprendizaje continuo a partir de la búsqueda de satisfacción de las propias necesidades.

Ahora bien, como en el caso de Adam, tampoco aquí se hace referencia a una educación individualizada, personalista. Pues, Ludojoski deja claro que somos seres de relaciones, y la satisfacción de las necesidades las generamos entre todos.

Desde esta pauta relacionante, los seres humanos miramos, escrutamos y damos sentido a la realidad, puesto que somos todos una unidad totalizadora de esa realidad. Somos seres activos, siempre actuantes, y por lo tanto siempre estamos incidiendo en esa realidad, según nuestras escalas de valores. En consecuencia, el conocimiento de la realidad lo hacemos, con otros, desde adentro, por lo cual cualquier programación de nuestra conducta que se haga desde afuera sería algo artificial.

Desde esta perspectiva, la educación ha de fijar la vista en la necesidad de crecer y desarrollarse de los seres humanos, mediante un proceso de continuos cambios operativos de su conducta. Así, la persona que somos se transforma en una personalidad, mediante una progresiva humanización de su comportamiento, liberando creativamente todas sus potencialidades.

Lo anterior depende de la concurrencia de dos factores: la maduración y el aprendizaje. La maduración como la capacidad de asimilación del organismo humano, y el aprendizaje como las transformaciones en su conducta (agogía). Como ambos factores no se desarrollan paralelamente, los educadores hemos de estar atentos para no forzar a una persona a hacer algo que rebase sus posibilidades orgánicas y psicológicas.

A finales de los 90, nuestro amigo Juan Carlos Brandt (1998), nos presenta la Andragogía como propuesta de autoeducación. Los seres humanos, conscientes de nuestras posibilidades, libremente elegimos y asumimos nuestros propios modos de aprender, con responsabilidad ante nosotros mismos y ante los demás. Esta autoeducación, aunque es opción personal, ocurre mediante la interrelación con otras personas. Puede ser:

· Institucional, cuando ocurre en algún grupo humano organizado, donde todos se ponen de acuerdo en los fines y en los modos de llevar adelante los procesos autoformativos;

· Comunitaria, cuándo se desarrolla en un ámbito social específico, según las pautas culturales y los requerimientos de las personas involucradas.

La Andragogía, como autoeducación, supone que los seres humanos estamos permanentemente en situación de aprendizaje, y tenemos la autonomía y la capacidad de autorreflexión necesarias para asumir y decidir para qué, qué, cómo y con quién aprendemos. Ello implica establecer relaciones horizontales con otros, y fijar con ellos los propósitos y los modos de asumir los procesos formativos, desde los intereses compartidos.

En fin, también acudiremos a las palabras del profesor Adolfo Alcalá (1998), quien intenta una síntesis del pensamiento Andragógico. Señala, siguiendo a Knowless y a Adam, que la Andragogía es un arte y una ciencia, es decir, un hacer y un pensar sistemático.

Siendo parte de la Antropogogía y de la Educación Permanente, se viabiliza en una praxis que se sustenta en principios de participación y horizontalidad. Orientado en principios sinérgicos, los seres humanos incrementamos el pensamiento, la autogestión, la calidad de vida y la creatividad del participante adulto, en vías de su autorrealización.

Fragmento del libro: Andragogìa. Una mirada prospectiva.

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MICROCUENTO 3

Cuando pidió perdón ante las cámaras por haber dicho algo en lo que aùn cree, sintió que ya no era una sola persona, sino dos, tal vez tres. Si bien su esposa y él mismo seguirían disfrutando de esta forma de vida recién adquirida, tendrían que soportar aún por un buen tiempo las miradas escrutadoras. El problema era que, al enfrentarse al espejo, ya no sabría a quién realmente estaba mirando.

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EPISTEMOLOGIA DE LA INTEGRACION CULTURAL

Desde las ideas precariamente sintetizadas en el cuaderno anterior, intentaremos ahora proponer una plataforma de discusión para una posible epistemología de la integración cultural.

En este sentido, iniciaremos este cuaderno intentando establecer un perfil mínimo de la integración latinoamericana y del Caribe, enfatizando en lo cultural. Luego, apoyándonos en el camino antes recorrido, propondremos algunos lineamientos de la epistemología de la integración.

Lo primero que tenemos que decir es que eso que se llama “integración cultural” es algo bastante complejo y diverso, y de seguro significa distintas cosas para distintas personas. En ella se encuentra y se confrontan memoria ancestrales de los pueblos con el pensamiento secular del mundo moderno, y formas culturales locales, específicas, con los arrolladores procesos de la mundialización. No obstante, y sin pretender exponer acá un concepto acabado, existen algunos elementos definitorios que pueden fundamentar un constructo de integración cultural. Proponemos los siguientes:

a) Es posible hablar actualmente de un cambio radical en el polo de referencia desde donde se miran los procesos de integración cultural latinoamericana y caribeña. Desde la visión donde la cultura es un mero recurso para el logro de las metas económicas en la región, hasta los nuevos enfoques donde lo cultural, pasando por el desarrollo de una plena ciudadanía, es el eje articulador e integrador. Ello incluye el fortalecimiento de la institucionalidad democrática, la consolidación de la convivencia pacífica, la creación de un espacio cultural común dentro de la diversidad que nos es propia, el crecimiento de la autonomía en las diferencias y el mejoramiento de la calidad de vida de todos los ciudadanos y ciudadanas de nuestros países, particularmente de los que viven en situaciones de pobreza, desempleo y exclusión (Declaración de Cartagena de Indias, 2004).

b) Si antes la integración se pensaba desde los organismos internacionales que son sujetos económicos por excelencia (como el BID y el Banco Mundial), en el entendido de que el progreso económico traería a la larga el bienestar para todos, hoy día la integración comienza a pensarse desde la propia América Latina y el Caribe, desde las personas concretas en situaciones históricas, sociales y culturales definibles.

c) Anteriormente, se suponía que la apertura absoluta de los mercados generaría núcleos crecientes de progreso que a la larga terminarían permeando toda la sociedad; hoy día, la integración se concibe como un proceso multidimensional, que se sustenta en el fortalecimiento de los regímenes democráticos, en el mejoramiento de las condiciones de vida de las personas, en el fomento de la paz y el empleo de la negociación para la resolución de conflictos (Alba, 2005). En otras palabras, se trata de la constitución de sociedades democráticas, estables y activas, lo cual pasa necesariamente por la constitución de ciudadanías, por la vitalización de los derechos a oportunidades productivas y al desarrollo (Kliksberg, 2001).

d) Si en otro tiempo, los enfoques macroeconómicos (visión global de los conjuntos de factores económicos, atención al producto interno bruto y a la balanza comercial), eran empleados de manera privilegiada para evaluar el grado de desarrollo de una sociedad, hoy día (sin dejar de lado lo macroeconómico) es vital ocuparse de factores tales como el índice de desarrollo humano, el desarrollo endógeno, el desarrollo del concepto de “economías más pequeñas” (Alba, 2005), en fin, el impacto en la calidad de vida como un concepto multidimensional.

Si la concepción predominante ha sido la libertad absoluta de los mercados al capital internacional, minimizando el rol de los estados, ahora se retoma la importancia de estos, su rol activo en el establecimiento de equilibrios y en la promoción y coordinación de iniciativas y proyectos destinados al mejoramiento de los niveles de vida de la población en toda su diversidad y alcance.

Fragmento del libro: Hacia la integración cultural latinoamericana. 2006. Editorial Ipasme. Caracas

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Visión crítica del discurso de Knowles sobre Andragogia

Así, nos atrevemos a señalar que Malcolm Knowless abre luces y sombras para la concepción andragógica. Luces, en cuanto a lo que aporta, y sombras en lo que deja de lado siendo vital para la sociedad.

La Andragogía desarrollada por Knowless emerge en un momento de reacomodo de los poderes dominantes de la sociedad norteamericana, manifiestos en la educación. Ante un sistema educativo centralizado, regido por controles o reforzadores externos, Knowless señala la libertad plena de cada persona de regir su destino, que incluye escoger su propia manera de aprender.

Knowless toma de Carl Rogers la noción aristotélica de entelequia, es decir, la tendencia de cada ser a buscar la actualización (manifestación plena) de sus propias potencialidades. Según este principio, el ser humano, en un clima social propicio, tenderá a buscar y a hacer lo que más le conviene para lograr su propio desarrollo. Así, la educación, en vez de controlar, ha de ofrecerle oportunidades para que las personas se desarrollen integralmente.

Por otra parte, Knowless asume, de Kurt Lewin, su teoría de campo, derivada de la Física. Según esta, existe un espacio vital que comprende todos los hechos y elementos que afectan el comportamiento humano en un momento dado. Estos hechos y elementos están en la visión subjetiva de las personas, y pueden constituir puntos de apoyo o resistencias para que logre sus metas.

Desde lo anterior, Knowless visualiza la necesidad de contar con un ambiente social adecuado, estimulante, con normas claras para todos. Este ambiente ha de permitir y propiciar que el aprendiz adulto plantearse sus propósitos educacionales y los modos de lograrlos. De ese modo, retomando a John Dewey, la acción educativa, integra pensamientos/ acciones, la teoría/ práctica. Así, la propuesta andragógica pone la mirada en el ser humano, en toda la plenitud vital que puede alcanzar, y no en el hecho de ser una pieza de un sistema mayor.

Por otra parte, la propuesta de Knowless enfatiza una propuesta de desarrollo tecnológico (un saber hacer), más que una profundización teórica. Por lo tanto, sus planteamientos, si bien son altamente fecundos para otros pensadores, no pueden ser generalizables. Por ejemplo, él no asume una aproximación a una teoría del aprendizaje, para fundamentar sus hallazgos.

En tercer lugar, la propuesta de Knowles parece limitar las libertades humanas a la escogencia individual de metas y oportunidades dentro de las oportunidades que el sistema social ofrece. En otras palabras, no se señala explícitamente la posibilidad de transformar los fundamentos mismos de la sociedad. Habla de un mundo cambiante, como un hecho que ocurre por sí mismo, y al cual la educación ha de dar respuestas satisfactorias.

En contraste, MacLaren (2003) plantea que, más que adaptar los estudiantes al sistema, hay que hacerlos críticamente mal adaptados, para que puedan convertirse en agentes de cambio en las luchas anticapitalistas.

Fragmento del libro: Andragogía, una lectura prospectiva.

Conocimiento desde la educacion, Sin categoría, propuestas procesos y proyectos

MICROCUENTO 2


Desde este dolor ramificado, miro a mi nieta hablar y recolocar sus muñecas en el jardín. Sabiendo que pronto ya no estaré, aprendo a dejar fluir mi alma por estos momentos cotidianos y a la vez maravillosos. Es como si aprendiera afanosamente un nuevo lenguaje para cruzar el postrer umbral. No obstante, ya no hay tristeza. Los guiños de mi nieta, que al saberse observada escenifica un tierno teatro, parecen decirme que al amor ha de acompañarnos siempre.

Sin categoría, personas e ideas, propuestas procesos y proyectos

UN EJERCICIO DE MICROCUENTO

En la investidura apoteósica, recordaba mi viejo sueño de sembrar alguna semilla de bien. Pero rápidamente, personajes infaustos con la fuerza de corporaciones y ejércitos me arrastraban a convertirme en uno de ellos. Ahora, observo mi mano morena firmar una autorización para derrocar, a costa de sangre, a un pobre diablo en un país lejano. Extrañamente, el temblor moral ya no está presente.

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¿CÓMO HA DE SER UN EDUCADOR DESDE LA ANDRAGOGÍA?


En este capítulo, pretendemos referir algunas características de un educador que pretenda llamarse andragógico. Es conveniente que hagamos, muy brevemente, dos consideraciones preliminares:

1. Sólo hablamos de cualidades que tienen un carácter referencial, porque sabemos que edificar un “perfil” nos llevará a caer en un idealismo fácil y poco conveniente. Y

2. No estamos haciendo propuestas normativas, en el sentido de proponer categorías para evaluar qué tan andragógico somos o no en nuestra práctica educativa. Sólo queremos expresar algunas características referenciales gruesas, que por demás son absolutamente cuestionables, para orientarnos en la construcción de una propuesta formativa alterna.

Desde estas consideraciones, trazaremos entonces algunos rasgos a tener en cuenta por los educadores que asumamos la Andragogía como propuesta de trabajo, y aún de vida.

Ø Un educador andragogo es una persona con muchas ganas de aprender, de otros y de sí mismo. Ello implica que de desarrollar habilidades para buscar la información oportuna, pero también para socializar y fraternizar con otros seres humanos, para lo cual tiene que desarrollar su honestidad y su sentido de transparencia.

Ø Este educador necesita practicar sistemáticamente la lectura y la elaboración consciente de sus propios juicios y puntos de vista sobre la Andragogía como disciplina y como estrategia. No le vendría mal estudiar visiones y concepciones de educación, y sistematizar los elementos que considere más relevante de ellas.

Ø Pero es conveniente que enfatice la cualidad de observarse siempre a sí mismo, estar consciente hasta lo posible de sus propios procesos formativos. Esto le ayudaría a estar pendiente y comprender mejor los procesos formativos de otros.

Ø Un andragogo tiene que desarrollar el hábito de reflexión permanente sobre sí mismo, y sobre lo que ocurre en su entorno local, regional, nacional y mundial. No hablamos de que se convierta en un especialista en casi todo, cosa menos que imposible, pero sí intentar desarrollar opiniones y argumentos sobre el acontecer social cercano y más lejano. Así, en la medida de lo posible, podrá relacionar la vida interna del grupo y de sus integrantes con lo que ocurre a nivel local, nacional, regional y mundial.

Ø Ahora bien, el abordaje de experiencias que pueden cambiar la vida de las personas, implica que también puede cambiar la del educador. Ha de estar dispuesto a asumir ese riesgo.

Ø El educador andragogo tiene un papel fundamental en la creación del “nosotros” en el grupo, en un clima de libertad, respeto, equidad y dignidad. Para esto, ha de favorecer las relaciones horizontales, y la participación activa y afectiva de todos. De igual manera, ha de estar atento a los compromisos contraídos por las personas, y los modos de cumplirlos.

Ø Para intentar lo anterior, el educador ha de intentar un difícil equilibrio en el clima grupal. Por una parte, ha de propiciar relaciones agradables, acogedoras, de real calor humano, y por la otra ha de intentar mantener encendido siempre el fuego de la polémica, la criticidad, la problematización, de cara a diversificar las eventuales lecturas del mundo. Ninguno de estos elementos debe estar por encima del otro.

Ø Así, nuestro educador ha de desarrollar de habilidades relacionadas con la problematización de personas y situaciones vitales. Esto tendrá como propósito la búsqueda de las interrogantes adecuadas que nos hagan pensar y repensar bien nuestras ideas, opiniones y propuestas, así como para indagar en los fundamentos y supuestos que los soportan. Así, en el curso de reflexiones sucesivas, nos liberaremos cada vez más de los condicionamientos socio-culturales impuestos por los modos dominantes de producción de conocimiento y ser cada vez más auténticos en nuestro pensar y decir. Ello también pasa por practicar y compartir el ejercicio de diversas formas expresivas, tales como la práctica artística, las metáforas, los saberes ancestrales.

Ø El educador andragógico tiene en sus manos la orientación general de la dinámica de aprendizaje, para lo cual ha de solicitar oportunamente la opinión del grupo al respecto. Mientras no se decida lo contrario, el educador conducirá al grupo hacia los fines planteados por el grupo. Por otra parte, ha de velar por el cumplimiento de las normas establecidas por el colectivo, hasta que éste, de ser el caso, decida modificarlas.

Ø Por otra parte, debe favorecer que las personas cuenten sus historias, y escucharlas, y él mismo contará sus propias historias, y extraerá de todas ellas enseñanzas, y esquemas de acción futuros. Los relatos de vida son acciones de la más alta importancia en la estrategia andragógica, y sólo pueden surgir en ambientes humanos que nos agraden y a la vez nos reten.

Ø Uno de los grandes retos del educador andragogo es orientar los procesos formativos en dos direcciones simultáneas. Una enfocada al desarrollo pleno de las personas del grupo andragógico. Y otra proyectada a generar incidencias también formativas en el entorno socio-cultural.

Ø Lo anterior implica que hay que estar atentos y dar seguimiento a los procesos formativos que implican desarrollo personal e incidencia social. Hay que trabajar con calma los modos como las propias personas han de lograr una auto-observación sistemática y una interacción con las demás personas integradas a los proyectos formativos.

Ø Al mantener la posibilidad de crítica permanente en los equipos de formación andragógicos, será el colectivo –incluyendo al facilitador-, el responsable de hacer una vigilancia crítica del desarrollo de los procesos formativos. Para ello, ha de proponer que los proyectos se orienten asumiendo en lo posible un espiral creciente: familias, amigos, vecinos, la población donde se vive, la nación entera y aún la humanidad.

Ø También, le conviene practicar modos diversos de llevar registros y de sistematizar experiencias y aprendizajes. Y, como síntesis sociales que somos, la lucha cotidiana por el desarrollo pleno/ liberación abrirá infinitas lecturas para que otros se reapropien y retraduzcan sus propias realidades.

Extracto del libro: Andragogía. Una lectura prospectiva.

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Andragogía. La presencia de Félix Adam


En este escenario de grandes problemas y diversas y fecundas propuestas alternativas, Félix Adam reconceptualiza la Andragogía en Venezuela y en América Latina. El fue maestro de escuela, al tiempo que dirigente gremial. Militó en el partido Acción Democrática. Su oposición a la dictadura de Pérez Jiménez le llevó a la prisión.

Más tarde, ya en el período de la democracia representativa, fue jefe de la División de Adultos del Ministerio de Educación. Desde allí dirigió campañas alfabetizadoras a lo largo y ancho del país. También tuvo papel protagónico en procesos de alfabetización en América Central y América del Sur. Fue Decano de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Central de Venezuela, desde donde impulsó los estudios universitarios a distancia.

Adam se hizo presente en la Segunda Conferencia Mundial de Educación Universitaria para Adultos de 1970, en Montreal, bajo los auspicios de la UNESCO y de la Universidad de Montreal. Allí presentó la ponencia titulada Andragogía: Ciencia de la Educación de Adultos, logrando que este organismo asumiera el concepto.

Luego, fue rector de la naciente Universidad Simón Rodríguez, desde donde intentó experiencias de implantar en comunidades un sistema educativo completo (de preescolar a la universidad), ligado a los requerimientos productivos de los pobladores (experiencia que después se convertiría en el Núcleo Canoabo).

Imprimió a esta universidad la concepción andragógica que aún está presente. Coadyuvó a la creación de espacios organizacionales innovadores, tales como Acreditación del Aprendizaje por Experiencia y los Centros Regionales de Estudios Universitarios Supervisados, y dio apoyo al Centro de Experimentación para el Aprendizaje Permanente cuando éste era mortalmente acosado desde la propia institución. En los 80, Adam fue nombrado presidente del Instituto Internacional de Andragogía. Mas tarde, creó la Universidad de la Tercera Edad, fuertemente atacada desde instancias ministeriales. Esta Universidad cerró sus puertas durante muchos años, hasta que el año 2008, Henriette Adam logró refundarla y activarla nuevamente.

Félix Adam concibe la educación como parte de un sistema social mayor. Este sistema arrastra históricamente una fuerte carga autoritarita, vertical, que limita el desarrollo pleno de las personas y de la sociedad total. En este sentido, Adam aporta una visión crítica en torno al sentido y a la organización institucional de la educación de adultos, especialmente la universitaria.

Esta directividad del sistema, apoyada en criterios pedagógicos, y no andragógicos, induce que los jóvenes adultos sean tratados como niños. Aquí, son sometidos a currícula rígidos, y se les trata de inculcar teorías ajenas a su realidad, sin permitirles expresar sus opiniones y formas de disentir. Esta situación limita la posibilidad de que los seres humanos podamos desarrollar modos concretos de aprendizaje para enfrentar situaciones tales como el incremento de la pobreza y las injusticias sociales, la obsolescencia del conocimiento y la asimilación del impacto tecnológico en la vida cotidiana.

Ante esto, Adam (1977) esgrime que el proceso de aprendizaje de las personas se desarrolla a lo largo y ancho de sus vidas. Mas que anteponer la Andragogía a la Pedagogía, acuña el concepto de Antropogogía, como arte y ciencia del aprendizaje humano durante su ciclo psicobiológico total. En este sentido, la Pedagogía y la Andragogía sustentan la continuidad de los procesos de aprendizaje de los seres humanos.

A partir de lo anterior, la Andragogía ha de enfocarse en los procesos formativos del ser humano adulto. Es, a la vez, un arte y una ciencia (Adam, 1977). Es decir, constituye un campo del conocimiento humano, donde se integra la observación de los procesos formativos de los adultos con la construcción de teorías comprensivas y orientadoras de la acción educativa. Por otra parte, es también un arte, es decir, una forma de hacer las cosas no sólo bajo una guía racional, sino desde todas las dimensiones humanas, incluyendo el sentimiento y la intuición.

En consecuencia, la Andragogía, bajo la mirada de Félix Adam, intenta la comprensión y la preparación del ser humano en todas sus dimensiones: biológica (máximo desarrollo fisiológico y morfológico), histórica-antropológica (comprensión y definición de su rol histórico-cultural), social (definición de su rol en lo económico, cívico y político), psicológica (plenitud en lo cognitivo, emocional y en el plano de la acción) y ergológica (desarrollo de capacidades para accionar creativamente en el mundo del trabajo).

Se trata, pues, de una visión de la educación como vía privilegiada para el crecimiento pleno del ser humano tanto para el disfrute de la propia vida como para hacer aportes significativos al desarrollo social que involucra a todos los seres humanos. El adulto, desde la Andragogía, es el protagonista de sus propios procesos de vida y, por ende, de aprendizaje, de modo que el proceso formativo está centrado en el que aprende (Adam, 1977).

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La sistematización. un reto epistemològico

invitadas e invitados a leer este ensayo en el siguiente enlace:

http://dialogosaberes.ubv.edu.ve/index.php?option=com_content&view=article&id=52&Itemid=30

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¿Vale la pena seguir hablando de Andragogía hoy en día? (*)

Es válido hoy día hablar de Andragogía? Esta es una pregunta obligada para el abordaje de este libro. Y si hablamos de Andragogía, ¿en qué términos y en qué sentido lo haremos? Porque las complejas y dinámicas realidades actuales exigen nuevas formas y pautas para estudiarla, así como nuevas lecturas a las concepciones y teorías existentes.

 

La Andragogía, como recordamos, no es nativa de estas tierras latinoamericanas. El término viene de Europa, empleado por Alexander Kapp, desde 1833. No obstante, la Andragogía se recreó como disciplina en los Estados Unidos a inicios de los 70 del siglo pasado, en los planteamientos de Malcolm Knowless. Llega a Venezuela en esa misma década, a través de Félix Adam, quien más que un difusor fue un visionario estudioso que le imprimió interesantes aportes. Como rector de la naciente Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez, a finales de los 70, Adam quiso encarnar en esta institución los principios andragógicos. 

 

Mediante programas de postgrado, jornadas de investigación y diversas publicaciones, durante los años ochenta del siglo XX, la Andragogía logra expandirse por universidades y espacios comunitarios en buena parte del mundo. Sin embargo, desde nuestro punto de vista, con la muerte de su principal impulsor, Félix Adam, la Andragogía ha venido perdiendo fuerza en Venezuela. Sin embargo, en el resto del mundo algunos autores la han asumido y expandido.

 

La Andragogía nos ha señalado algunos planteamientos fundamentales:

 

1.    Hay diferencias fundamentales entre los modos de aprender de niños y de adultos. Por lo tanto, la manera de concebir y desarrollar las estrategias de aprendizaje ha de ser diferente para unos y otros. El adulto aprende desde la valoración y el análisis de su experiencia, y la de otros; desde la construcción permanente de sus proyectos de vida y enfocando los problemas que surgen del desempeño de sus roles sociales.  

 

2) Por ser el adulto responsable de su propio proceso de aprendizaje, y con una fuerte tendencia a la autodirección, la educación debe ser necesariamente personalizada.  Debe tener como punto de partida los intereses personales, las búsquedas vitales de los seres humanos concretos. Y, aunque parezca contradictorio, esto sólo se logra mediante la conformación de comunidades de aprendizajes entre personas.

 

3)   En la educación entre adultos, no existe el binomio enseñanza-aprendizaje; el aprendizaje lo es todo. Porque no es el sistema institucional el protagonista, sino cada una de las personas que decide aprender.  Siguiendo lo anterior, se hacen difusas las fronteras entre el educador y el educando. Independientemente de los roles formales, todos los involucrados en procesos formativos son aprendices permanentes. Este es un punto altamente revolucionario.

 

Así, volvemos a las preguntas: ¿Por qué hablar ahora de Andragogía? ¿Y en qué sentido debemos hacerlo?

 

Respondemos que sí conviene hablar hoy de Andragogía. Ella constituye un cruce de caminos diversos, que intentan enfocar un conjunto de fenómenos relacionados con procesos formativos entre adultos. Desde estas prácticas diversas y el intercambio de ideas han surgido interesantes principios y estrategias, que comentaremos más adelante.

 

La Andragogía nos permite fijar la mirada en el modo como los adultos vamos construyendo nuestros procesos de aprendizaje, y todos los factores asociados con ello. Es decir, nos ayuda a ensanchar la perspectiva que tenemos en relación con los ambientes, las formas y las temáticas referidas a la educación entre adultos en el complejo mundo de hoy.

 

Por otra parte, la Andragogía ha contribuido a refundar una visión humanista de la educación. Ello permite ver a las personas que aprenden como seres multidimensionales, integrales, que requieren de ambientes y oportunidades para crecer en todos los sentidos posibles. Esta es, aún hoy día,  una contribución interesante para dar relevancia a los seres humanos como tales, en una época en que predomina una visión mercantilista y atomizada de la educación. 

 

En cuanto a propuestas metodológicas, son innegables los aportes de la Andragogía a la educación entre adultos. Ha incidido en la adopción de prácticas más participativas, como por ejemplo la dinámica de grupos, el empleo del contrato de aprendizaje, y ha fortalecido el uso del método de proyectos.  

 

También podemos decir que la Andragogía lleva en sí misma una postura que puede ser transformadora. Supone que, por ser los adultos seres con tendencia a la autonomía, responsables de sí y de la convivencia con otros, con proyectos de vida en marcha, requieren para su formación ambientes flexibles, participativos, integrales. La apertura de estos espacios implica un ablandamiento de las estructuras educativas dominantes,  caracterizadas por su rigidez tanto en los ámbitos formales como en los comunitarios. La Andragogía, pues, puede ser una brisa fresca en el endurecido sistema educativo existente.  

 

No obstante, también consideramos que la disciplina andragógica en los últimos años ha vivido una ausencia de aportes significativos relevantes, que la ha desvalorizado como propuesta alternativa y la ha reducido a un conjunto de estrategias circunstanciales. De aquí que al preguntarnos por el sentido y los términos desde los cuales hemos de hablar de Andragogía, hemos de señalar que lo haremos no sólo considerando los legados originales de Knowless y Adam,  entre otros, sino también ofreciendo una mirada crítica a una corriente educativa que aún tiene mucho que decirnos,  y finalmente la estamos recreando según una perspectiva actual, científica y estratégica.

 

(*) fragmento del libro Andragogía, una lectura prospectiva. De mi autoría

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