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Los Programas Nacionales de Formación: ¿A dónde nos conducen?

Sin duda alguna, el Ministerio del Poder Popular para la Educación
Universitaria ha asumido un trabajo titánico, en diversas direcciones,
para cimentar la transformación universitaria en Venezuela. Desde el
respeto que me inspira este trabajo, creo que es un buen momento para
profundizar en la discusión acerca de los propósitos y los modos de
llevar a cabo estos procesos. Tengo la plena seguridad de que estas y
muchas otras reflexiones ayudarán a mejorar y potenciar lo que con
gran esfuerzo se viene haciendo.

En esta oportunidad, quiero formular algunas observaciones sobre los
llamados Programas Nacionales de Formación (PNF). Me apoyaré
específicamente en los referidos a la formación para la salud:
Fisioterapia, Terapia Ocupacional, Ortoprótesis y Fonoaudiología, que
han surgido del diálogo fecundo entre los ministerios para la Salud y
para la Educación Universitaria.  Voy a referirme a continuación a
cuatro aspectos que considero vitales en su concepción y aplicación:

1.      Los Programas (PNF) pretenden responder a los fundamentos y
lineamientos estratégicos constitucionales, del Plan Nacional
Socialista Simón Bolívar, a la Misión Alma Máter y a la organización
Mundial de la Salud, en cuanto a fortalecer a la creación de un estado
democrático y social de derecho y de justicia, fortaleciendo el poder
popular y el desarrollo pleno de los seres humanos desde una visión
amplia y social de las llamadas discapacidades. Y se logra una buena
síntesis al respecto.

2.      No obstante, creo que existe una severa discrepancia entre los
propósitos y los lineamientos organizacionales-estratégicos y
curriculares que se proponen. Para crear redes sociales-populares de
conocimientos, sistemas de atención integral para el pueblo y
estrategias complejas de prevención y formar profesionales integrales,
necesariamente tenemos que propiciar un reordenamiento de las
instituciones en el sentido de prepararlas para la transformación
mediante un proceso intensivo de sensibilización y formación y una
acción de flexibilización normativa-administrativas de las
instituciones educativas.  En otras palabras, no es posible asumir
procesos de cambio educacional si las organizaciones no están
habilitadas para ello. Y esto requiere una directriz estratégica nada
sencilla, desde el MPPEU.

3.      Por otra parte, considero que las propuestas curriculares de
formación humanista, inter y transdisciplinaria, para la prevención
desde la organización institucional-comunitaria, corren el peligro de
diluirse en unas pautas curriculares fragmentadas, centradas en los
contenidos disciplinares, que contradicen la filosofía de los mismos
PNF. Creo que las estructuras formativas propuestas no sobrepasan la
concepción curricular tradicional, aún cuando traten de incorporar
claves que intentan una mayor apertura y diálogo interdisciplinario,
tales como unidad curricular, trayectos, tramos y temas. Conviene tal
vez pensar en pautas curriculares más abiertas, flexibles, dinámicas,
que propicien con mayor fuerza  la creación intelectual, el diálogo de
saberes, la incorporación de la vida diaria en el aprendizaje formal.
Ir más hacia la Andragogía, disciplina que sólo ocupa cuatro líneas en
el diseño de los PNF.

4.      Desde mi punto de vista, no queda clara la concepción del
aprendizaje que se maneja.  Se habla de Freire como alguien que aportó
en cuanto a teorías de inteligencia en el área social (¿?). Y se ponen
en un mismo plano, sin relieves, a concepciones tales como aprendizaje
significativo (Ausubel), aprendizaje por descubrimiento (Bruner),
constructivismo (Piaget), aprendizaje mediado (Feuerstein) y la zona
de desarrollo potencial (Vigotski). Estos autores, a excepción de
Freire y un tanto de Vigotski, que son tan diversos en cuanto a
concepción y fundamentos, coinciden en enfatizar el aprendizaje
personal, individual, y sin negar sus aportes, creo que poco pueden
aportar al aprendizaje que procuramos, más social, más compartido, más
colectivo, más transformador.  No estaría mal que miráramos con mayor
fuerza y profundidad en autores latinoamericanos que han realizado
interesantes y validados aportes en tanto en visiones conceptuales
como en  prácticas sociales: el citado Paulo Freire, Marco Raúl Mejía,
Alfonso Torres, Moacir Gadotti, Lola cendales, entre otros tantos.

5.      Siguiendo lo anterior, considero que hay poca valorización del
método de proyectos, siendo ésta una propuesta ya extendida y validada
en diversos espacios institucionales y sociales. Los PNF se limitan
sólo a “aprendizaje por proyectos”, en el sentido de tener un medio
para aplicar lo aprendido en las sesiones de clase. El método de
proyectos no está presente al menos como una vía propicia para la
llamada intervención comunitaria (¿No tendríamos que repensar el
término “intervención”?), ni aparece alguna oportunidad de aprenderlo
y desarrollarlo en ninguna unidad, tramo, trayecto o tema.

Finalmente, quiero insistir en que se trata de profundizar sobre la
discusión de la transformación universitaria venezolana, y estos son
sólo algunos insumos para ello.

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