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Desde la Andragogía…¿Quién es adulto?

Para edificar una posible respuesta, volveré a los autores antes reseñados, enfocando su concepción del ser adulto. Luego, reforzaré lo anterior con la visión de algunas de las ciencias sociales y de aportes filosóficos sobre los seres humanos.

Knowless (1972) vincula al ser adulto con el ejercicio permanente de autoconcebirse, en oposición a una realidad que le circunda, lo cual le plantea retos que van direccionando su conducta. Es decir, el ser humano no es algo definido, acabado, sino alguien que se concibe y se define a sí mismo en acciones que se confrontan con la realidad.

Por otra parte, Félix Adam (1977) también concibe al adulto como un ser en proceso de aprendizaje permanente, para potenciar su desarrollo pleno en diversas direcciones:

1. En lo plenitud de los procesos fisiológicos y morfológicos.

2. En la comprensión y asunción de un rol histórico-cultural.

3. En la definición de su rol en lo económico, cívico y político.

4. En lo cognitivo, emocional y

5. En el plano de la acción, y el desarrollo de capacidades para accionar creativamente en el mundo del trabajo.

En este movimiento, el adulto definirá y decidirá de modo sinérgico los pasos a seguir, asumiendo conscientemente el despliegue de su experiencia, siendo principalmente él mismo su propio regulador (Adam, 1984b).

El adulto es un ser que construye saberes para orientarse en situaciones de incertidumbre. Somos personas en proceso de humanización creciente que conlleva un despliegue de nuestra creatividad (Ludojoski, 2008). En otras palabras, hablamos de un proceso de autoeducación, mediante el cual elegimos libre y responsablemente lo que hemos de aprender y los modos de hacerlo.

Desde la sociología, y de la mano con quienes enfocan la biografía humana como un medio de estudiar procesos sociales complejos (Ferrarotti, 1983 y Bertaux, 1983), podemos mirar al adulto como un ser con historia.

Como ser humano, el adulto sintetiza y retraduce el movimiento de la totalidad social. Podría afirmarse temerariamente que la sociedad se expresa por las acciones de las personas, sin restar a estas su autonomía y sus ámbitos de libertad. La historia no trata sólo sobre el pasado y el presente, sino también sobre el futuro, por lo menos como reto, como posibilidad abierta (Zemelman, 2002).

Los procesos formativos entre adultos pueden articularse con esas proyecciones al futuro, o pueden modificarlas. Tratar con el adulto es moverse entre historias comunitarias, locales, nacionales, regionales y mundiales, e historias personales de vida entrelazadas, conformando tramas desde lo cotidiano.

Con los enfoques de investigación cualitativa, asumimos que los adultos, en tanto humanos, son seres en relación, que construyen colectivamente sus espacios sociales. Van configurando la realidad desde sus actos de habla cotidianos (Taylor y Bogdan, 1990), articulándose bajo un sistema compartido de significados (Rusque, 1999). Ello les obliga a favorecer y maximizar las posibilidades de diálogo, acuerdos y negociaciones. En este sentido, los adultos pueden comprenderse como sujetos y autores (Dos Santos Filho, 1995).

La Andragogía, por lo tanto, debe enfocarse en la constitución de relaciones de intercambio, reciprocidad y horizontalidad entre los seres humanos. No obstante, la formación que se da en la relación, en la conjunción de un sujeto colectivo, no menoscaba sino que enaltece el desarrollo personal.

Desde las corrientes humanistas y existencialistas, podemos ver que el ser adulto tiene tendencia a la búsqueda de autonomía, al desarrollo de la conciencia del nosotros y del sí mismo, desde sus intereses y necesidades y desde su modo de vida. Para ello, es necesario acompañar un proceso intenso de formación, con la participación plena del sujeto, para que él logre y afiance progresivamente esos niveles de autonomía y de autoconciencia.

Hablamos de experiencia, y ello equivale a proyecto (Adam, 1977), como vía para comprender y superar una realidad mediante un conjunto sistemático de acciones compartidas. Esto implica que tanto los fines que se persiguen como las reglas de juego han de ser generadas y eventualmente modificadas colectivamente.

Mas que determinar que las personas desarrollen ciertas y determinadas competencias, se trata de propiciar ambientes para abordar visiones integrales de situaciones específicas, alimentar los modos efectivos de razonamiento, y permitir la libre escogencia de las opciones que los adultos determinen, personal y colectivamente.

Desde otro enfoque, el adulto es una persona socialmente productiva (se integra o busca integrarse al mundo del trabajo) y activamente recreativa. Sus procesos formativos han de tener en cuenta este sentido ergológico, mucho más allá de meros procesos de capacitación y adiestramiento, en búsqueda de la autorrealización y un sentido de existencia pleno, desde su medio laboral. Por otra parte, en el marco de la educación permanente, se propicia el disfrute como derecho y como modo de favorecer el desarrollo integral de las personas (Adam, 1977).


Un intento de síntesis

En síntesis, los adultos, desde la Andragogía, son seres:

1. Activos en el sentido pleno de la palabra, pero se trata de una actividad generada desde las relaciones mutuas. Los adultos actúan con autonomía en sus procesos de interpretar el mundo, en el reconocimiento, modulación y hasta control de sus emociones, y en la elección responsable de sus modos y ámbitos de acción.

2. Con tendencia a la integración de grupos y alianzas sociales con la familia, comunidades, grupos de amigos, y aún con la sociedad total (humanidad), como ente suprahumano. Ello implica el favorecimiento de la integración (no la reducción) de distintos niveles de conciencia: personal, grupal, comunitario, nacional, regional y mundial.

3. Inmersos en procesos evolutivos que despliegan todas sus dimensiones humanas: física, biológica, sociológica, cultural, social, ambiental, antropológica, histórica y económica.

4. Que transforman permanentemente las realidades de las cuales son parte indisoluble. En este sentido, la sociedad es una trama multidimensional, contingente, resultante y condicionante de la diaria relación entre personas. Estas relaciones pueden ser de armonía y consenso, pero también de tensiones, desacuerdos y conflictos. De aquí la concepción de una necesaria tensión persona-sociedad, en la que se interpenetran permanentemente.

5. Que constituyen síntesis sociales, reapropiándose y retraduciendo lo social, y son a la vez sujetos activos en su conservación o su transformación.

Fragmento del libro: Andragogía. Una lectura prospectiva. Edit. El perro y la rana. 2011

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