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Archivo de Junio, 2012

Los Programas Nacionales de Formación: ¿A dónde nos conducen?

Sin duda alguna, el Ministerio del Poder Popular para la Educación
Universitaria ha asumido un trabajo titánico, en diversas direcciones,
para cimentar la transformación universitaria en Venezuela. Desde el
respeto que me inspira este trabajo, creo que es un buen momento para
profundizar en la discusión acerca de los propósitos y los modos de
llevar a cabo estos procesos. Tengo la plena seguridad de que estas y
muchas otras reflexiones ayudarán a mejorar y potenciar lo que con
gran esfuerzo se viene haciendo.

En esta oportunidad, quiero formular algunas observaciones sobre los
llamados Programas Nacionales de Formación (PNF). Me apoyaré
específicamente en los referidos a la formación para la salud:
Fisioterapia, Terapia Ocupacional, Ortoprótesis y Fonoaudiología, que
han surgido del diálogo fecundo entre los ministerios para la Salud y
para la Educación Universitaria.  Voy a referirme a continuación a
cuatro aspectos que considero vitales en su concepción y aplicación:

1.      Los Programas (PNF) pretenden responder a los fundamentos y
lineamientos estratégicos constitucionales, del Plan Nacional
Socialista Simón Bolívar, a la Misión Alma Máter y a la organización
Mundial de la Salud, en cuanto a fortalecer a la creación de un estado
democrático y social de derecho y de justicia, fortaleciendo el poder
popular y el desarrollo pleno de los seres humanos desde una visión
amplia y social de las llamadas discapacidades. Y se logra una buena
síntesis al respecto.

2.      No obstante, creo que existe una severa discrepancia entre los
propósitos y los lineamientos organizacionales-estratégicos y
curriculares que se proponen. Para crear redes sociales-populares de
conocimientos, sistemas de atención integral para el pueblo y
estrategias complejas de prevención y formar profesionales integrales,
necesariamente tenemos que propiciar un reordenamiento de las
instituciones en el sentido de prepararlas para la transformación
mediante un proceso intensivo de sensibilización y formación y una
acción de flexibilización normativa-administrativas de las
instituciones educativas.  En otras palabras, no es posible asumir
procesos de cambio educacional si las organizaciones no están
habilitadas para ello. Y esto requiere una directriz estratégica nada
sencilla, desde el MPPEU.

3.      Por otra parte, considero que las propuestas curriculares de
formación humanista, inter y transdisciplinaria, para la prevención
desde la organización institucional-comunitaria, corren el peligro de
diluirse en unas pautas curriculares fragmentadas, centradas en los
contenidos disciplinares, que contradicen la filosofía de los mismos
PNF. Creo que las estructuras formativas propuestas no sobrepasan la
concepción curricular tradicional, aún cuando traten de incorporar
claves que intentan una mayor apertura y diálogo interdisciplinario,
tales como unidad curricular, trayectos, tramos y temas. Conviene tal
vez pensar en pautas curriculares más abiertas, flexibles, dinámicas,
que propicien con mayor fuerza  la creación intelectual, el diálogo de
saberes, la incorporación de la vida diaria en el aprendizaje formal.
Ir más hacia la Andragogía, disciplina que sólo ocupa cuatro líneas en
el diseño de los PNF.

4.      Desde mi punto de vista, no queda clara la concepción del
aprendizaje que se maneja.  Se habla de Freire como alguien que aportó
en cuanto a teorías de inteligencia en el área social (¿?). Y se ponen
en un mismo plano, sin relieves, a concepciones tales como aprendizaje
significativo (Ausubel), aprendizaje por descubrimiento (Bruner),
constructivismo (Piaget), aprendizaje mediado (Feuerstein) y la zona
de desarrollo potencial (Vigotski). Estos autores, a excepción de
Freire y un tanto de Vigotski, que son tan diversos en cuanto a
concepción y fundamentos, coinciden en enfatizar el aprendizaje
personal, individual, y sin negar sus aportes, creo que poco pueden
aportar al aprendizaje que procuramos, más social, más compartido, más
colectivo, más transformador.  No estaría mal que miráramos con mayor
fuerza y profundidad en autores latinoamericanos que han realizado
interesantes y validados aportes en tanto en visiones conceptuales
como en  prácticas sociales: el citado Paulo Freire, Marco Raúl Mejía,
Alfonso Torres, Moacir Gadotti, Lola cendales, entre otros tantos.

5.      Siguiendo lo anterior, considero que hay poca valorización del
método de proyectos, siendo ésta una propuesta ya extendida y validada
en diversos espacios institucionales y sociales. Los PNF se limitan
sólo a “aprendizaje por proyectos”, en el sentido de tener un medio
para aplicar lo aprendido en las sesiones de clase. El método de
proyectos no está presente al menos como una vía propicia para la
llamada intervención comunitaria (¿No tendríamos que repensar el
término “intervención”?), ni aparece alguna oportunidad de aprenderlo
y desarrollarlo en ninguna unidad, tramo, trayecto o tema.

Finalmente, quiero insistir en que se trata de profundizar sobre la
discusión de la transformación universitaria venezolana, y estos son
sólo algunos insumos para ello.

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Del servicio (Conversaciones con el Maestro)

Me pregunto a mí mismo:

 

-¿Cuál palabra puede definir mejor lo que he venido a hacer?

 

Con fuerza, me responde el Maestro:

 

-¡Servir!

 

Aún sin recuperarme de la sorpresa, interrogo:

 

-¿Servir cómo?

 

Y la respuesta viene rápido:

 

-Mediante la palabra. La palabra está en ti desde siempre.

 

Me atrevo a preguntar:

 

-¿Y cómo debo asumir las palabras?

 

De nuevo viene la respuesta con rapidez:

 

-Las palabras son algo vivo, como tú, como yo. Ellas vienen de Dios y van hacia Dios. Debes tratarlas como a un ser vivo. E integrarlas a ti.

 

Y agrega el Maestro:

 

-Las palabras vibran, y por eso producen cambios en lo que ustedes llaman curvatura espacio-tiempo.

 

Sigo pensativo. El Maestro prosigue:


-La palabra viene unida a la fe. La fe no es una creencia ingenua. La fe es un estado de conciencia. Míralo así.

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Desde la Andragogía…¿Quién es adulto?

Para edificar una posible respuesta, volveré a los autores antes reseñados, enfocando su concepción del ser adulto. Luego, reforzaré lo anterior con la visión de algunas de las ciencias sociales y de aportes filosóficos sobre los seres humanos.

Knowless (1972) vincula al ser adulto con el ejercicio permanente de autoconcebirse, en oposición a una realidad que le circunda, lo cual le plantea retos que van direccionando su conducta. Es decir, el ser humano no es algo definido, acabado, sino alguien que se concibe y se define a sí mismo en acciones que se confrontan con la realidad.

Por otra parte, Félix Adam (1977) también concibe al adulto como un ser en proceso de aprendizaje permanente, para potenciar su desarrollo pleno en diversas direcciones:

1. En lo plenitud de los procesos fisiológicos y morfológicos.

2. En la comprensión y asunción de un rol histórico-cultural.

3. En la definición de su rol en lo económico, cívico y político.

4. En lo cognitivo, emocional y

5. En el plano de la acción, y el desarrollo de capacidades para accionar creativamente en el mundo del trabajo.

En este movimiento, el adulto definirá y decidirá de modo sinérgico los pasos a seguir, asumiendo conscientemente el despliegue de su experiencia, siendo principalmente él mismo su propio regulador (Adam, 1984b).

El adulto es un ser que construye saberes para orientarse en situaciones de incertidumbre. Somos personas en proceso de humanización creciente que conlleva un despliegue de nuestra creatividad (Ludojoski, 2008). En otras palabras, hablamos de un proceso de autoeducación, mediante el cual elegimos libre y responsablemente lo que hemos de aprender y los modos de hacerlo.

Desde la sociología, y de la mano con quienes enfocan la biografía humana como un medio de estudiar procesos sociales complejos (Ferrarotti, 1983 y Bertaux, 1983), podemos mirar al adulto como un ser con historia.

Como ser humano, el adulto sintetiza y retraduce el movimiento de la totalidad social. Podría afirmarse temerariamente que la sociedad se expresa por las acciones de las personas, sin restar a estas su autonomía y sus ámbitos de libertad. La historia no trata sólo sobre el pasado y el presente, sino también sobre el futuro, por lo menos como reto, como posibilidad abierta (Zemelman, 2002).

Los procesos formativos entre adultos pueden articularse con esas proyecciones al futuro, o pueden modificarlas. Tratar con el adulto es moverse entre historias comunitarias, locales, nacionales, regionales y mundiales, e historias personales de vida entrelazadas, conformando tramas desde lo cotidiano.

Con los enfoques de investigación cualitativa, asumimos que los adultos, en tanto humanos, son seres en relación, que construyen colectivamente sus espacios sociales. Van configurando la realidad desde sus actos de habla cotidianos (Taylor y Bogdan, 1990), articulándose bajo un sistema compartido de significados (Rusque, 1999). Ello les obliga a favorecer y maximizar las posibilidades de diálogo, acuerdos y negociaciones. En este sentido, los adultos pueden comprenderse como sujetos y autores (Dos Santos Filho, 1995).

La Andragogía, por lo tanto, debe enfocarse en la constitución de relaciones de intercambio, reciprocidad y horizontalidad entre los seres humanos. No obstante, la formación que se da en la relación, en la conjunción de un sujeto colectivo, no menoscaba sino que enaltece el desarrollo personal.

Desde las corrientes humanistas y existencialistas, podemos ver que el ser adulto tiene tendencia a la búsqueda de autonomía, al desarrollo de la conciencia del nosotros y del sí mismo, desde sus intereses y necesidades y desde su modo de vida. Para ello, es necesario acompañar un proceso intenso de formación, con la participación plena del sujeto, para que él logre y afiance progresivamente esos niveles de autonomía y de autoconciencia.

Hablamos de experiencia, y ello equivale a proyecto (Adam, 1977), como vía para comprender y superar una realidad mediante un conjunto sistemático de acciones compartidas. Esto implica que tanto los fines que se persiguen como las reglas de juego han de ser generadas y eventualmente modificadas colectivamente.

Mas que determinar que las personas desarrollen ciertas y determinadas competencias, se trata de propiciar ambientes para abordar visiones integrales de situaciones específicas, alimentar los modos efectivos de razonamiento, y permitir la libre escogencia de las opciones que los adultos determinen, personal y colectivamente.

Desde otro enfoque, el adulto es una persona socialmente productiva (se integra o busca integrarse al mundo del trabajo) y activamente recreativa. Sus procesos formativos han de tener en cuenta este sentido ergológico, mucho más allá de meros procesos de capacitación y adiestramiento, en búsqueda de la autorrealización y un sentido de existencia pleno, desde su medio laboral. Por otra parte, en el marco de la educación permanente, se propicia el disfrute como derecho y como modo de favorecer el desarrollo integral de las personas (Adam, 1977).


Un intento de síntesis

En síntesis, los adultos, desde la Andragogía, son seres:

1. Activos en el sentido pleno de la palabra, pero se trata de una actividad generada desde las relaciones mutuas. Los adultos actúan con autonomía en sus procesos de interpretar el mundo, en el reconocimiento, modulación y hasta control de sus emociones, y en la elección responsable de sus modos y ámbitos de acción.

2. Con tendencia a la integración de grupos y alianzas sociales con la familia, comunidades, grupos de amigos, y aún con la sociedad total (humanidad), como ente suprahumano. Ello implica el favorecimiento de la integración (no la reducción) de distintos niveles de conciencia: personal, grupal, comunitario, nacional, regional y mundial.

3. Inmersos en procesos evolutivos que despliegan todas sus dimensiones humanas: física, biológica, sociológica, cultural, social, ambiental, antropológica, histórica y económica.

4. Que transforman permanentemente las realidades de las cuales son parte indisoluble. En este sentido, la sociedad es una trama multidimensional, contingente, resultante y condicionante de la diaria relación entre personas. Estas relaciones pueden ser de armonía y consenso, pero también de tensiones, desacuerdos y conflictos. De aquí la concepción de una necesaria tensión persona-sociedad, en la que se interpenetran permanentemente.

5. Que constituyen síntesis sociales, reapropiándose y retraduciendo lo social, y son a la vez sujetos activos en su conservación o su transformación.

Fragmento del libro: Andragogía. Una lectura prospectiva. Edit. El perro y la rana. 2011

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