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Archivo de Mayo, 2012

Resumen de mi gestión como vicerrector académico de la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez

Carta a la Ministra de Educación Universitaria Dra. Yadira Córdova. Caracas, 07 de Mayo de 2012 (Continuar leyendo »)

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Otros aportes a la Andragogía

En los últimos años, ha habido una proliferación de literatura sobre la Andragogía. A nuestro parecer, buena parte de esa literatura gira en torno a mejorar la tecnología educativa, por un lado, y ubicar los aportes andragógicos a campos como la gerencia y la administración, por el otro.

Vamos a aproximarnos a algunos de los planteamientos que, a nuestro parecer, constituyen aportes valiosos a la Andragogía. Debemos confesar de antemano que estamos muy lejos de agotar sus presencias y sus radios de influencia.

Roque Ludojoski (2008), desde los 80, viene sosteniendo que la educación debe plantarse ante la vivencia de los seres humanos para autocapacitarles a vivir. Emplea un término interesante, hasta poético: lo agógico. Este tiene una doble connotación. Desde lo musical, nos habla de las variaciones que, con respecto a las partituras, se le imprime a una melodía para humanizarla aún más. Desde el trabajo social, se trata de una forma de darle sentido concreto a conceptos que pueden ser al principio abstractos.

En los dos casos anteriores, podemos intuir que se trata de orientar las acciones humanas en las situaciones de incertidumbre que nos ofrece nuestra cotidianidad, y ante lo cual no hay lineamientos predeterminados, aún cuando sí puede existir un bagaje de saber que, debidamente interpretado, nos ayude a salir adelante.

De ese modo, la Andragogía se entiende como una forma privilegiada de favorecer procesos de autodidaxis, en el sentido de ofrecer a los humanos posibilidades de aprendizaje continuo a partir de la búsqueda de satisfacción de las propias necesidades.

Ahora bien, como en el caso de Adam, tampoco aquí se hace referencia a una educación individualizada, personalista. Pues, Ludojoski deja claro que somos seres de relaciones, y la satisfacción de las necesidades las generamos entre todos.

Desde esta pauta relacionante, los seres humanos miramos, escrutamos y damos sentido a la realidad, puesto que somos todos una unidad totalizadora de esa realidad. Somos seres activos, siempre actuantes, y por lo tanto siempre estamos incidiendo en esa realidad, según nuestras escalas de valores. En consecuencia, el conocimiento de la realidad lo hacemos, con otros, desde adentro, por lo cual cualquier programación de nuestra conducta que se haga desde afuera sería algo artificial.

Desde esta perspectiva, la educación ha de fijar la vista en la necesidad de crecer y desarrollarse de los seres humanos, mediante un proceso de continuos cambios operativos de su conducta. Así, la persona que somos se transforma en una personalidad, mediante una progresiva humanización de su comportamiento, liberando creativamente todas sus potencialidades.

Lo anterior depende de la concurrencia de dos factores: la maduración y el aprendizaje. La maduración como la capacidad de asimilación del organismo humano, y el aprendizaje como las transformaciones en su conducta (agogía). Como ambos factores no se desarrollan paralelamente, los educadores hemos de estar atentos para no forzar a una persona a hacer algo que rebase sus posibilidades orgánicas y psicológicas.

A finales de los 90, nuestro amigo Juan Carlos Brandt (1998), nos presenta la Andragogía como propuesta de autoeducación. Los seres humanos, conscientes de nuestras posibilidades, libremente elegimos y asumimos nuestros propios modos de aprender, con responsabilidad ante nosotros mismos y ante los demás. Esta autoeducación, aunque es opción personal, ocurre mediante la interrelación con otras personas. Puede ser:

· Institucional, cuando ocurre en algún grupo humano organizado, donde todos se ponen de acuerdo en los fines y en los modos de llevar adelante los procesos autoformativos;

· Comunitaria, cuándo se desarrolla en un ámbito social específico, según las pautas culturales y los requerimientos de las personas involucradas.

La Andragogía, como autoeducación, supone que los seres humanos estamos permanentemente en situación de aprendizaje, y tenemos la autonomía y la capacidad de autorreflexión necesarias para asumir y decidir para qué, qué, cómo y con quién aprendemos. Ello implica establecer relaciones horizontales con otros, y fijar con ellos los propósitos y los modos de asumir los procesos formativos, desde los intereses compartidos.

En fin, también acudiremos a las palabras del profesor Adolfo Alcalá (1998), quien intenta una síntesis del pensamiento Andragógico. Señala, siguiendo a Knowless y a Adam, que la Andragogía es un arte y una ciencia, es decir, un hacer y un pensar sistemático.

Siendo parte de la Antropogogía y de la Educación Permanente, se viabiliza en una praxis que se sustenta en principios de participación y horizontalidad. Orientado en principios sinérgicos, los seres humanos incrementamos el pensamiento, la autogestión, la calidad de vida y la creatividad del participante adulto, en vías de su autorrealización.

Fragmento del libro: Andragogìa. Una mirada prospectiva.

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