MICROCUENTO 2
Desde este dolor ramificado, miro a mi nieta hablar y recolocar sus muñecas en el jardín. Sabiendo que pronto ya no estaré, aprendo a dejar fluir mi alma por estos momentos cotidianos y a la vez maravillosos. Es como si aprendiera afanosamente un nuevo lenguaje para cruzar el postrer umbral. No obstante, ya no hay tristeza. Los guiños de mi nieta, que al saberse observada escenifica un tierno teatro, parecen decirme que al amor ha de acompañarnos siempre.
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