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¿CÓMO HA DE SER UN EDUCADOR DESDE LA ANDRAGOGÍA?


En este capítulo, pretendemos referir algunas características de un educador que pretenda llamarse andragógico. Es conveniente que hagamos, muy brevemente, dos consideraciones preliminares:

1. Sólo hablamos de cualidades que tienen un carácter referencial, porque sabemos que edificar un “perfil” nos llevará a caer en un idealismo fácil y poco conveniente. Y

2. No estamos haciendo propuestas normativas, en el sentido de proponer categorías para evaluar qué tan andragógico somos o no en nuestra práctica educativa. Sólo queremos expresar algunas características referenciales gruesas, que por demás son absolutamente cuestionables, para orientarnos en la construcción de una propuesta formativa alterna.

Desde estas consideraciones, trazaremos entonces algunos rasgos a tener en cuenta por los educadores que asumamos la Andragogía como propuesta de trabajo, y aún de vida.

Ø Un educador andragogo es una persona con muchas ganas de aprender, de otros y de sí mismo. Ello implica que de desarrollar habilidades para buscar la información oportuna, pero también para socializar y fraternizar con otros seres humanos, para lo cual tiene que desarrollar su honestidad y su sentido de transparencia.

Ø Este educador necesita practicar sistemáticamente la lectura y la elaboración consciente de sus propios juicios y puntos de vista sobre la Andragogía como disciplina y como estrategia. No le vendría mal estudiar visiones y concepciones de educación, y sistematizar los elementos que considere más relevante de ellas.

Ø Pero es conveniente que enfatice la cualidad de observarse siempre a sí mismo, estar consciente hasta lo posible de sus propios procesos formativos. Esto le ayudaría a estar pendiente y comprender mejor los procesos formativos de otros.

Ø Un andragogo tiene que desarrollar el hábito de reflexión permanente sobre sí mismo, y sobre lo que ocurre en su entorno local, regional, nacional y mundial. No hablamos de que se convierta en un especialista en casi todo, cosa menos que imposible, pero sí intentar desarrollar opiniones y argumentos sobre el acontecer social cercano y más lejano. Así, en la medida de lo posible, podrá relacionar la vida interna del grupo y de sus integrantes con lo que ocurre a nivel local, nacional, regional y mundial.

Ø Ahora bien, el abordaje de experiencias que pueden cambiar la vida de las personas, implica que también puede cambiar la del educador. Ha de estar dispuesto a asumir ese riesgo.

Ø El educador andragogo tiene un papel fundamental en la creación del “nosotros” en el grupo, en un clima de libertad, respeto, equidad y dignidad. Para esto, ha de favorecer las relaciones horizontales, y la participación activa y afectiva de todos. De igual manera, ha de estar atento a los compromisos contraídos por las personas, y los modos de cumplirlos.

Ø Para intentar lo anterior, el educador ha de intentar un difícil equilibrio en el clima grupal. Por una parte, ha de propiciar relaciones agradables, acogedoras, de real calor humano, y por la otra ha de intentar mantener encendido siempre el fuego de la polémica, la criticidad, la problematización, de cara a diversificar las eventuales lecturas del mundo. Ninguno de estos elementos debe estar por encima del otro.

Ø Así, nuestro educador ha de desarrollar de habilidades relacionadas con la problematización de personas y situaciones vitales. Esto tendrá como propósito la búsqueda de las interrogantes adecuadas que nos hagan pensar y repensar bien nuestras ideas, opiniones y propuestas, así como para indagar en los fundamentos y supuestos que los soportan. Así, en el curso de reflexiones sucesivas, nos liberaremos cada vez más de los condicionamientos socio-culturales impuestos por los modos dominantes de producción de conocimiento y ser cada vez más auténticos en nuestro pensar y decir. Ello también pasa por practicar y compartir el ejercicio de diversas formas expresivas, tales como la práctica artística, las metáforas, los saberes ancestrales.

Ø El educador andragógico tiene en sus manos la orientación general de la dinámica de aprendizaje, para lo cual ha de solicitar oportunamente la opinión del grupo al respecto. Mientras no se decida lo contrario, el educador conducirá al grupo hacia los fines planteados por el grupo. Por otra parte, ha de velar por el cumplimiento de las normas establecidas por el colectivo, hasta que éste, de ser el caso, decida modificarlas.

Ø Por otra parte, debe favorecer que las personas cuenten sus historias, y escucharlas, y él mismo contará sus propias historias, y extraerá de todas ellas enseñanzas, y esquemas de acción futuros. Los relatos de vida son acciones de la más alta importancia en la estrategia andragógica, y sólo pueden surgir en ambientes humanos que nos agraden y a la vez nos reten.

Ø Uno de los grandes retos del educador andragogo es orientar los procesos formativos en dos direcciones simultáneas. Una enfocada al desarrollo pleno de las personas del grupo andragógico. Y otra proyectada a generar incidencias también formativas en el entorno socio-cultural.

Ø Lo anterior implica que hay que estar atentos y dar seguimiento a los procesos formativos que implican desarrollo personal e incidencia social. Hay que trabajar con calma los modos como las propias personas han de lograr una auto-observación sistemática y una interacción con las demás personas integradas a los proyectos formativos.

Ø Al mantener la posibilidad de crítica permanente en los equipos de formación andragógicos, será el colectivo –incluyendo al facilitador-, el responsable de hacer una vigilancia crítica del desarrollo de los procesos formativos. Para ello, ha de proponer que los proyectos se orienten asumiendo en lo posible un espiral creciente: familias, amigos, vecinos, la población donde se vive, la nación entera y aún la humanidad.

Ø También, le conviene practicar modos diversos de llevar registros y de sistematizar experiencias y aprendizajes. Y, como síntesis sociales que somos, la lucha cotidiana por el desarrollo pleno/ liberación abrirá infinitas lecturas para que otros se reapropien y retraduzcan sus propias realidades.

Extracto del libro: Andragogía. Una lectura prospectiva.

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