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¿Revocar el premio Nóbel a Barack Obama?

De entrada, señalo que la revocatoria de un premio Nóbel es mera formalidad. La revocatoria es un ejercicio democrático y este premio no lo es. No obstante, el sentido de pensar esa posibilidad, creo, es un asunto de la mayor importancia. Por lo menos nos permite una reflexión crítica sobre el mundo de hoy.

Barack Obama no ha sido el único presidente norteamericano que ha recibido el premio Nóbel de la paz. Tenemos también a Teodoro Roosevelt (en 1906) y a Thomas W. Wilson (en 1919). Y a ninguno de los dos lo recordamos por su pacifismo. Roosevelt asumió la política del Gran Garrote, interviniendo a mansalva en otros países, especialmente los latinoamericanos, arrancando a Panamá de Colombia para construir el famoso canal. Y Wilson se deleitó invadiendo otros países, como México, Haití y la República Dominicana.

En consecuencia, el presidente Obama parece ir tras las huellas de los viejos presidentes nobelizados. Recibió este premio en 2009, según el Comité de Oslo, por sus «esfuerzos extraordinarios en fortalecer los procesos diplomáticos internacionales y la cooperación entre las personas». Es decir, se trataba de un premio otorgado por algo que estaba en proceso, no por una obra cumplida. Tal vez alguno de nosotros recibirá más adelante un Nóbel en literatura por una obra que algún día llegará a escribir.

No obstante, no hay nada más alejado de la paz que la actuación del actual presidente de los Estados Unidos. Siendo presidente electo, calló ante la masacre perpetrada por el gobierno de Israel contra el estado Palestino. Ha asumido posiciones contrarias a las señaladas en su campaña electoral, desde las cuales se presentaba como una persona pacifista y democrática. Así, Obama valida la intervención extranjera en otros países, como en Iraq y Afganistán, incrementando armas y soldados. Ha resucitado el fantasma del escudo antimisiles en Europa, cuando antes había congelado el proyecto. Ha decidido instalar siete bases militares en Colombia, lo que constituye una amenaza para nuestro país, Venezuela. Entre otras cosas…

De aquí viene la reflexión: si el premio Nóbel le fue asignado a Barack Obama para que trabajara por la paz y, al contrario, ha tomado la opción de la guerra, ¿no le debería ser revocado? Por ejemplo, en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (art. 72) existe la llamada revocatoria del mandato. Una vez cumplida la mitad del período para el cual fue elegido un funcionario, al menos un 20% de la circunscripción en la cual fue elegido, puede solicitar la revocatoria. Si el mismo número de electores o un número mayor de ellos vota por la revocatoria, el funcionario deberá dejar su cargo. Así, si un número significativo de personas solicitamos esta revocatoria, tal vez no convenzamos al Comité dador de los premios Nóbel, pero al menos estaremos en paz con nosotros mismos.

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