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HOY JOSE DOMINGO HA SIDO SUPERADO

Con la luz vacilante que, a pesar de todo, entra por la ventana, Irma, desnuda, permanece abrazada al cuerpo de José Domingo. El, ahora, tal vez está mirando fijamente las sombras del techo, o acaso duerme. Ambos se han consumido en sí mismos. Fueron momentos absolutos de conquistar nuevos territorios con manos y con besos. Los cuerpos escribieron profundos lenguajes en el aquí y el ahora, entre sudores, anhelos, tibios gemidos y resonantes caricias. Ahora, el ruido de los aviones vigila este hotel del litoral. Irma dijo a sus padres que iría con Nancy, su amiga, a la playa. En cambio, se vino aquí esta noche, con José Domingo. No hay nada de qué arrepentirse. Ha sido feliz, es feliz, esta madrugada. La última vez que fue habitada por un hombre ocurrió hace demasiados meses, en el naufragio de su última relación de pareja. Y ahora está abrazada al cuerpo quieto de José Domingo, que tal vez duerme luego de horas enteras de besos, caricias, acoplamientos. Irma no puede, más bien no quiere, dormir. Siente que se siente distinta y quiere saborear eso. Es como si dejara su piel en un sitio y siguiera de largo. Como si el camino desconocido ya no lo fuera tanto. Como si naciera ahora a sus propios ojos. Fueron muchos días, semanas, meses, destilando ambigüedades, miedos. Pero algo ha cambiado ahora. Iba, Dios sabría hacia dónde, pero iba. Y esto no lo piensa, más bien se trata de una certeza interior. Su piel ha sido nuevamente descubierta. Hasta hora, no había percibido esa música que viene de ninguna parte, ahogada a ratos por las voces de los aviones, y la asume con regocijo. Su mano, sola, recorre el amplio pecho de José Domingo, quien definitivamente debe estar durmiendo. Irma trata de mirarlo, más bien de adivinarlo en la oscuridad, y parece que no puede. Sin pensar, siente que con él termina hoy un ciclo de su vida. Trata de retener, a la fuerza, la imagen de él, pero ésta se aleja inevitablemente. Unas palabras advienen de la nada: José Domingo, hoy, ha sido superado. Pero no. No quiere pensar en esto. Admitirlo es aceptar que ella ha utilizado a José Domingo, y eso la hiere de culpas. Busca sus labios para besarlo, para matar en la carne estos inoportunos pensamientos. Pero él no reacciona, sus labios están fríos. Irma quiere despertarle, pedirle que nuevamente hagan el amor. Más, ahora, es el cuerpo de ella el que no responde. Vuelve a sentir en sí esas fuerzas que le dicen que algo debe cambiar, que tiene muchos futuros enfrente, que puede hacerse de búsquedas en todas direcciones, que muchas cosas esperan aún por ella. Es entonces cuando trata nuevamente de imaginar a José Domingo a través de la oscuridad, y no lo consigue. Está abrazada a un desconocido. Así mismo, se le ocurre preguntarse hasta qué punto está enamorada de él, si realmente lo está, y hasta qué punto quiere continuar a su lado en busca de ese porvenir abierto hasta el infinito. A este punto, ha retirado la mano del cuerpo vacío de José Domingo. Con una calma salpicada de frialdad, reconoce que esta entrega de hoy, en vez de unirlos más, como esperaba él, los ha separado para siempre.

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Comentarios

Una respuesta a “HOY JOSE DOMINGO HA SIDO SUPERADO”
  1. Juan Ramón Araujo López dice:

    Es muy interesante la forma en que describes la fuerza de una pasión, que aunque efímera, no deja de tener toda la energía explosiva de los amantes; y a la vez, el fenómeno social que se encierra en el engaño que la joven de tu historia tiene que hacer a sus padres para poder realizarse sexualmente (Cuestionamiento de la moral) Muy bien.



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