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LA NOCHE DE SELENE STREINBERG

Era imposible predecir que en aquel pueblo encontraría una mujer como Selene Streinberg. Un colapso nervioso me arrastró allí, hasta una casa cedida por un amigo. Mi metódico distanciamiento de los lugareños me impedía escuchar sus alucinantes rumores sobre cosechas y animales destrozados por algún rapaz depredador.

Selene Streinberg era una sugestiva viuda, que excitaba a los hombres e intranquilizaba a las mujeres. Su difunto esposo, poco antes de morir, la hizo venir desde alguna ciudad remota. Pronto, supe de su amor, tan dulce como fogoso. Era un amor diurno, pues ella jamás permitía encontrarnos durante la noche.

En mi breve felicidad, quise intimar con los lugareños. Pero ellos sólo hablaban de una enorme ave, con ojos de fuego, pechos de mujer y garras de león, que devoraba sembradíos y ganado. Quise divertir a Selene con estos rumores, pero ella entristeció. Me pidió que no volviera a hablar del asunto. Esa noche, la seguí a su casa. Entré tras ella, pero no pude localizarla. Al día siguiente, confesé que la había seguido, por lo que se molestó grandemente. Me hizo prometer que no lo haría más.

Hasta que un día, una familia de campesinos apareció descuartizada. El pueblo se llenó de policías estatales. Los funcionarios aludieron una especie de culto satánico. Los lugareños estaban seguros que se trataba del animal volador. Entonces, Selene vino a mí. Lloraba intensamente la muerte de los campesinos. Tras su mirada misteriosa, dijo que debía confesarme el más terrible de los secretos. Empezó diciendo que el animal fabuloso de los campesinos era real. Y eso no era lo peor. Ella misma era ese animal. Se trataba de una arpía, reseñada por antiguas mitologías.

Ignoro cómo me dejé llevar por sus súplicas. La até con cadenas en el sótano, y luego la dejé sola… Extraños ruidos me despertaron esa noche. Al bajar al sótano, vi una figura terrible, intentando liberarse de las cadenas. Los ojos chispeaban en un rostro ligeramente parecido al de Selene. Era una enorme ave de presa, agitando sus garras de animal salvaje. Caí al suelo, aullando de terror. Me desmayé.

Al despertar, Selene estaba desnuda ante mí. Llorando, confesó que había tratado de romper la cadena para engullirme. Quise saber por qué haría eso. Me dijo que era una arpía, cuya naturaleza era devorarlo todo, incluso a un ser amado. La abracé, pero se negó a que le quitara la cadena. Me dijo que, por nuestro amor, debía pedirme algo. La miré, absolutamente asustado. Debía matarla, dijo, antes del anochecer. Grité algo y salí. Caminé como un loco por el campo, durante todo el día, destilando fiebres y locura.

Cuando entré a la casa, al anochecer, creí percibir mi nombre en un graznido. Corrí donde una Selene que ya empezaba a desfigurarse. Me gritó que la matara, que no la dejara asesinar más. Cuando me acerqué, sus uñas llenaron de sangre mi pecho. Subí a mi despacho, tomé la pistola que el dueño de la casa puso a mi disposición para algún eventual peligro. Volví al sótano. Pero el animal ya no estaba, y sólo quedaba un agujero en la pared. Temí entonces por mi vida.

Al buscarla, oí la estridencia de una ventana al romperse. Salí de la casa, y la arpía luchaba para liberarse de la enorme cadena que le impedía levantar el vuelo. Volvió su rostro hacia mí, y me di por muerto. En segundos, vino a mí, pero yo no podía dispararle. Ya muy cerca, creí escuchar la voz apagada de mi amada, implorando que disparara. Descargué la pistola en su cabeza, su cuerpo, y seguí apretando el gatillo aún cuando ya las balas habían desaparecido del cargador.

Lo demás está en las noticias. Alertados por un vecino, la policía rodeó el lugar. Con el revólver en la mano, me hallaron llorando ante el cuerpo inerme de Selene. Al final, privó la explicación más lógica. Yo debía ser un terrible demente, que até a aquella mujer para torturarla. Era posible que ella arrancara las cadenas de paredes bastante viejas. Al perseguirla, los cristales de la ventana me arañaron el pecho. Cuando ella salió de la casa, le di alcance, y luego la asesiné a sangre fría… ¡Nadie hubiera soportado la verdad!

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Comentarios

3 respuestas a “LA NOCHE DE SELENE STREINBERG”
  1. julio c valdez a dice:

    Ya que Mora hizo que nos reencontraramos con los vampiros, logrè desempolvar esta historia de uno de mis archivos…

  2. Juan Ramón Araujo López dice:

    ¡Caramba! Me parece una historia de ficción muy buena (Excelente) Aunque con un desenlace un tanto acelerado; yo esperaría un tanto más de expectativa en una historia como ésta… porque genera interés y uno podría leer muchas páginas, en espera del desenlace. Pero Gracias por tan interesante historia. Un fuerte abrazo.

  3. julio c valdez a dice:

    Gracias, Juan Ramòn. Asì es, a veces la estructura y el ritmo de un relato corto no es fàcil. Es un riesgo interesante que corremos los que osamos entrar en su dominio. Este era, en inicio, un relato mayor que deliberadamente compactè. Por eso, un ojo sensible y agudo como el tuyo de un vistazo descosiò las costuras…



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