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¿Cómo vemos los movimientos sociales la realidad actual?

Lo que sigue es un intento de sistematizaciòn de discusiones entre integrantes de movimientos sociales venezolanos. Tal vez sobra decir que son aproximaciones, entre grupos limitados de personas. Lejos de proponer que todos los movimientos sociales venezolanos (y menos los latinoamericanos) convergemos en esto. Son sòlo referencias que queremos compartir.

Desde ciertos movimientos sociales venezolanos se mira una realidad compleja, multidimensional, y sumida en intensas contradicciones. Es una realidad de la que somos partes, que compartimos, que nos hace y a la que vamos haciendo continuamente.

En esa realidad diversa, poliforme, plena de tensiones permanentes, transitamos con nuestras herencias ancestrales, nuestros tejidos espirituales, nuestra práctica de resistencia cultural, más o menos minimizados, bajo una trama social plena de injusticias, inequidades, oportunismo y afán de lucro.

Esta trama social, avalada desde las empresas transnacionales, nos ha sumergido en un sistema profundamente contradictorio. Proclama la igualdad de oportunidades, la libre competencia y la conveniente regulación del mercado. Y, en cambio, le da soporte al dominio económico, político y religioso de unas personas sobre otras, y afianza un esquema civilizatorio que somete y excluye a grandes porciones de la población.

Así, ese pulso colonial y capitalista nos envuelve, nos divide, nos hace egoístas y nos enfrenta contra nuestros propios hermanos. Tiende a inocular las instituciones del estado, abriendo cauces a la corrupción, haciendo que ellas traten de mediatizar, reconfigurar o destruir a las organizaciones populares. Puede penetrar nuestras organizaciones, por más revolucionarias que intentemos hacerlas. Nos convierte en ocasiones en gánsteres políticos, nos polariza, nos fractura, nos hace ejercer el poder a nuestro favor y en detrimento de otros.

Y por debajo de todo esto, transitan nuestras esencias telúricas, étnicas, espirituales, reclamando inéditos espacios para manifestarse. El dominio de un orden impuesto, depredador, desigual, por encima de nuestras raíces mutualistas, de reciprocidad, nos abre diversas opciones, como el aislamiento y la evasión, pero también la resistencia activa y la construcción de espacios de liberación. En esa medida, los movimientos sociales se integran a políticas y estrategias gubernamentales, en la medida que estas miran hacia un horizonte compartido. Y se sustraen de esas líneas en tanto favorezcan la emergencia de nuevos estamentos mojados en privilegios, impunidad y favoritismos.

Así, la realidad que vivimos está interpenetrada por una fuerza externa, impuesta, que nos fragmenta, nos materializa, nos divide, nos enfrenta unos contra otros, y otra interna, espiritual, planetaria, que nos une y nos hace mirar hacia el mismo horizonte.

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