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Chaplin y keaton

Hacia los años veinte del siglo pasado, se consolida la industria del cine, tanto en Europa como en los Estados Unidos. Este país, no obstante, llega a sobrepasar a los otros en materia de distribución. Ha nacido, después de la prensa, un nuevo poder mediático. El desarrollo del cine dará proyección mundial a personajes que hoy son parte de nuestra vida cotidiana (El Zorro, Frankenstein, Nosferatu, entre otros), y también a grandes creadores y visionarios. Entre estos, queremos referirnos a Charles Chaplin y Búster Keaton.

Chaplin encarna el mítico personaje Charlot, el vagabundo, especie de quijote bufonesco, personaje solitario que buscando la felicidad ha de atravesar innumerables conflictos. Pudiera mirarse como un ser que no sucumbe al sueño de la forma de vida americana, y lucha por ser auténtico. Al buscar siempre afirmarse, termina afirmando la vida y el amor. Se inmortalizó, en la década de los veinte, en películas como En las trincheras, La Quimera del Oro, El Chico (donde actúa con Jackie Coogan, el futuro abuelito de Los Locos Adams), Luces de la Ciudad (para muchos, la más tierna y mejor lograda). Mas adelante, Chaplin abordaría nuevos y complejos proyectos, como Tiempos Modernos, El Gran Dictador, Monsieur Verdoux y Candilejas, entre otros.

Keaton, por su parte, encarnaba a un personaje introvertido, estoico, que intentaba establecer relaciones auténticamente humanas ante una sociedad que amenazaba con excluirle permanentemente. Puede mirarse como un ser casi invisible, que se llena de sí y se hace pleno al luchar por los otros. Realizó grandes películas, como El Maquinista de la General (para algunos, la mejor película realizada), Sherlock Holmes Jr, El Camarógrafo, El Héroe del Río, En el Oeste, entre otras tantas.

Tanto Chaplin como Keaton conformaron prototipos del cine silente. No obstante, ambos tenían características y planteamientos cinematográficos completamente diferentes. Chaplin era extrovertido, jovial, que contrariamente a sus películas, llevaba un modo de vida plenamente burgués. No obstante, su discurso se acercaba a lo que hoy pudiera denominarse humanismo socialista. Por su parte, Keaton era introvertido, casi inexpresivo, nunca reía, y parecía llevar una vida marginal similar a sus filmes. No conozco sus planteamientos políticos, al parecer era un solitario que sólo contaba consigo mismo y con sus propios proyectos. La propuesta cinematográfica de Chaplin es provocativa, y tras la búsqueda de la risa fácil parece desmontar algunos esquemas del naciente modo de vida americano, y atentar permanentemente contra las figuras de autoridad. La propuesta de Keaton, en cambio, es más bien de tipo psicológico, intimista, donde el personaje se ve expuesto a grandes pruebas que tiene que superar para alcanzar su identidad través del otro. Desde mi punto de vista personal, la estética de Keaton, en el cine silente, superaba a la de Chaplin en riqueza, intensidad y lenguaje.

Más, hacia los años treinta, la fábrica de sueños intenta en vano ocultar la proximidad de una crisis económica sin precedente. La bolsa se desploma, y campea por doquier el desempleo y el desaliento. Sin embargo, la industria del cine no sólo sobrevive, sino que logra afianzarse con el surgimiento del cine sonoro. Empresarios visionarios asumieron los costos de la nueva modalidad, induciendo un profundo salto cualitativo en la industria del espectáculo. Ya los estudios de cine eran empresas internacionales, y su consolidación contribuyó en mucho a la recuperación económica y en la visión de sí de los ciudadanos norteamericanos, que culminó convirtiéndoles en la potencia que es hoy día.

El reinado de nuestros dos creadores se ve comprometido. Chaplin, que suponía que el cine sonoro iba a ser una modalidad pasajera, hace cantar al vagabundo en Los Tiempos Modernos, y luego asume la sonoridad plena con las memorables películas Monsieur Verdoux y Candilejas, y una caída espectacular en los sesenta con la película La Condesa en Hong Kong, a pesar de la sonrisa de Marlon Brando y los ojos de Sofía Loren. Keaton se vio en problemas, pues sus gags resultaban demasiado costosos para el nuevo cine, y nadie estaba dispuesto a invertir en ello. Tuvo entonces una gran crisis personal, y volvió al cine en papeles pequeños, casi imperceptibles.

Chaplin hizo apología de la guerra, y ayudó a la propaganda para el reclutamiento, tanto en la primera como en la segunda guerra mundial. No obstante, a finales de los treinta, filma El Gran Dictador, donde hace una caricatura grotesca de Adolfo Hitler, y anuncia al mundo que se trata de un personaje peligroso y siniestro. Se le acusa entonces de irrespetar a un político extranjero, hasta que se cumplen sus pavorosos presagios. Al final de la película, el discurso del barbero (confundido con el Dictador) es fiel expresión de lo que luego sería llamado el humanismo socialista. Su posición política de izquierda, crítica del modo de vida burgués, (aunque él mismo disfrutaba este tipo de vida), hicieron que se enfrentara al tristemente célebre senador Mac Carthy, quien logra que Chaplin sea exilado temporalmente en Europa.

Keaton no aludía directamente el tema político, y en sus películas los acontecimientos sociales eran sólo un escenario para las vivencias individuales. Frustrados sus planes para ingresar por la puerta grande al cine sonoro, su segundo divorcio y la prohibición de ver a sus hijos, debieron conducirle a una intensa crisis personal, un período de alcoholismo profundo, que superó para volver a la industria en papeles pequeños en grandes producciones, como La Vuelta al Mundo en Ochenta Días (donde el mexicano Cantinflas brilla por encima de los grandes del cine mundial), y Algo Gracioso Ocurrió Camino al Foro (con el genial Zero Mostel, quien también estuvo en la lista negra del macartismo). En alguna oportunidad, pudimos ver a Keaton en una película mexicana (Barbazul), donde comparte papel estelar con el recordado Andrés Soler.

Por primera vez (que yo tenga noticia) Chaplin y Keaton se encuentran cara a cara en la película Candilejas. Aquí, Chaplin escribe el libreto, compone la banda sonora, dirige y actúa (con la recordada Claire Bloom). Es una versión libre de la historia de Pierrot: un viejo comediante (Calvero) venido a menos, revive las ganas de vivir al conocer una joven bailarina que intenta suicidarse. El la ayuda a vivir y a triunfar, mientras él sigue siendo un casi olvidado bufón. Mas, un empresario decide recordar sus buenos tiempos, y le ofrece un espectáculo para él. Entonces, él contrata a un amigo (Keaton) y elaboran un inolvidable montaje en torno a un piano. Ambos demuestran su grandeza histriónica en este montaje.

Chaplin muere en plena gloria (recibió un Oscar honorario en Hollywood), y hubo una cierta desventura con el robo de su cadáver, como si aún entonces quisiera jugarnos una siniestra broma. Keaton revivió al público durante los años cincuenta, volvió a aparecer en películas (en pequeños papeles) y recibió un oscar honorario en el 59. Por otra parte, asumió su tercer matrimonio, con mayor éxito que los anteriores. Más, su muerte fue un tanto silenciosa para el mundo.

En fin, este escrito es un pequeño homenaje a estos dos grandes creadores, como dos prototipos humanos, que abrieron horizontes en la historia del cine y de la cultura del siglo XX.

Julio C. Valdez

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