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EL RETORNO DE NIETZSCHE

¿Cómo leer a Nietzsche hoy? ¿Desde dónde leerlo? Sabemos que en su nombre se ha intentado sustentar cosas tan disímiles, como el nacionalsocialismo y la postmodernidad. Mas, aún en estos casos, se han extraído con pinzas retazos de su pensamiento cardinal, se les ha inoculado y se les presenta de una forma más bien amigable, domesticada.

Y es que Friedrich Nietzsche aún sigue siendo difícil de nombrar y de recordar. Su presencia sigue resultando incómoda. Porque este intelectual europeo, que vivió entre 1884 y 1900, que sufrió episodios de “locura” durante su vida, nos legó una obra que intenta romper los esquemas establecidos, que no se deja encasillar, y que abre nuevas puertas para la concepción del ser humano, de la sociedad y del cosmos.

Y bien, ¿cómo leer hoy a Nietzsche? Esta pregunta abre infinitos caminos, que cada cual ha de responder según sus trazos vitales. En este breve escrito, queremos leerlo desde lo que suponemos un estadio civilizatorio que se hunde y unas nuevas fuentes de vida y de organización social que han empezado a nacer. Queremos palpar a Nietzsche desde el principio del fin de un sistema de cosas caracterizado por el predominio del capital sobre la vida humana, donde lo “bueno” es asociar el individualismo, la supervivencia del “más apto”, al orden y al progreso, lo que trae una organización social desigual., asimétrica, que amenaza con la exclusión literal de muchos. Y, en cambio, queremos prefigurar un nuevo orden de cosas, cuyas semillas ya se encuentran en algunos movimientos sociales y políticos, caracterizado por la solidaridad y la cooperación como puntos de partida, la libertad como búsqueda colectiva de nuevas formas de vida, la relación amigable con la naturaleza, y el horizonte del desarrollo integral del ser humano como utopía fértil.

Desde el lugar antes señalado, pensamos que Nietzsche tiene mucho que aportar. Sin pretender reducir la diversidad vital de su pensamiento, enfocaremos los siguientes puntos:

1. El universo es una infinitud de fuerzas en movimiento, cuya máxima expresión del poder está en el ser humano. Esta óptica impide ver la sociedad como un cúmulo de cosas cristalizadas, como patrones ya definidos, delimitados y acabados (como el fin de la civilización, de la historia, y cosas parecidas). En cambio, nos empuja irremisiblemente al mundo de la física, de la energía, de los órdenes implicados, donde el universo (y nosotros con él) somos siempre procesos que ocurren, en múltiples dimensiones, y con diversas direccionalidades simultáneas. El ser humano tiene en sí el poder de decidir si se deja cosificar, y renuncia a sus propias fuerzas, o se sobrepone a todo, en el afán de ser, de vivir a plenitud. El poder es poder de crear y de crearnos en el empeño. De esta forma, el mundo espera por nosotros, por nuestra potencialidad creativa, que hará florecer la verdadera vida.

2. Siguiendo la idea anterior, el mismo conocimiento, si se cristaliza, se convierte en algo falso, muerto, que sólo persiste por el afán de los detentadores del poder y la aceptación de los débiles. La lógica (aún la científica) es una ficción, que amenaza siempre con limitarnos, someternos. En cambio, Nietzsche nos invita a trascender el conocimiento como centro absoluto, como regulador de nuestra vida bajo una pretendida objetividad, y asumir una sabiduría vital, ligada a la vida plena, para crear nuevamente al mundo y a nosotros mismos. El conocimiento, pues, sirve a la vida o termina oponiéndose a ella.

3. La idea del eterno retorno implica la humana afirmación, la auténtica expresión de poder. Nos invita a romper con la visión del tiempo lineal, externo a nosotros, y lo coloca como una manifestación de nuestro propio poder. Mas, no se trata tampoco, como algunos quieren hacernos ver, de un tiempo cíclico, eternamente repetido, tal como el año cósmico de Simplicio. El eterno retorno, su idea cardinal (según el propio Nietzsche), señala que el tiempo mismo responde a nuestra plenitud de fuerzas; es el gran placer (que nace del dolor) como algo que quiere ser vivido por siempre. Una forma de hacer una doblez en el tiempo, creando en él una resonancia permanente; una alegría que quiere la profunda eternidad.

4. La idea del superhombre apunta a que el ser humano, y la sociedad misma, tal como los conocemos, deben ser superados. Mas, para avanzar en este proceso evolutivo, es necesario derrumbar pautas y valores milenarios, nacidos del resentimiento (sustentados en la matriz judeo-cristiana). Y ese derrumbe ha de ocurrir en el escenario que somos nosotros mismos, puesto que nuestro yo es nuestro destino. Y, sobre esas ruinas (incluso sobre nuestras propias ruinas), nos elevaremos como un tránsito y un acabamiento, hacia la plenitud de la creación permanente, de la plenitud que todo lo da. En fin, mantiene completamente abierta la posibilidad de ser siempre más.

*La transmutación de todos los valores es en sí el valor supremo. La idea del progreso, en el sentido clásico, es rebatida por Nietzsche. Se trata sólo de una grotesca sucesión de errores, donde los hombres fuertes se han dejado someter por la moral del rebaño, sometiendo sus instintos a factores externos (Dios, el estado, la Moral). En cambio, Nietzsche plantea la urgencia de transgredir la escala de valores dominantes, colocar la vida, el exceso de fuerzas, la plenitud, sobre todo lo demás.

En fin, queremos comulgar con Nietzsche, desde un esquema civilizatorio en construcción, en que podemos considerarnos como parte, y a la vez como protagonistas, de un proceso cósmico de despliegue de la potencialidad creadora, donde dejamos atrás todo lo cristalizado, lo cosificado, en busca de la vida plena, de la creación constante del mundo y de nosotros mismos, asumiendo la alegría que busca la profunda eternidad, con lo cual transmutaremos los valores, de cara a la superación del modelo civilizatorio hoy predominante.

Julio C. Valdez

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Comentarios

2 respuestas a “EL RETORNO DE NIETZSCHE”
  1. Joise Morillo dice:

    Querido Julio, en verdad estoy de acuerdo con muchas acepciones de la máxima Nietzscheana, su genio involucra mucho acuerdo con la urgencia humana de concebirse tendiente a la perfección, por supuesto, siempre tratando de superar las trampas dogmaticas que generan las masas que mas que dóciles y sumisas su verdadero defecto es la ignorancia, por tanto proclives a ser arrastrados por la corriente del facilismo-servilismo que les inducen las falacias de los más astutos.

    Sin embargo lo apolíneo desde sus mas someros preceptos convierten a los seres más civilizados respecto a lo dionisiaco, ¿porque se cree el auge de la civilización en Alemania y/o el alto grado de democracia de Noruega? Os aseguro que no es por la tendencia dionisiaca.

    Ahora bien me maravilla la preclara acepción de Friedrich respecto a los pueblos y naciones donde como un Nostradamus del siglo IX adivina la necesidad de involucrarse en la política con energía y valentía en aras de evitar, por ejemplo, muchos gobiernos de facto y usurpadores que se han venido sucediendo en nuestra America .

    Otra cosa que me parece muy acertado de nuestro intelectual, es la infinita capacidad que tiene de observar que: muchos sectores del intelecto humano crean mas dificultades de las necesarias para desenvolverse con optimismo, me gusta el no a la complicación, y el sesgo que aunque no facilista, promueve Friedrich respecto a su doctrina en base a los conceptos de Zarathustra.

    Lo que no me gusta es su radicalismo antisemita y anti judío- cristiano, a tal punto de profanar el genio platónico, aunado a despreciar caprichosamente el genio de Wagner simplemente por no estar de acuerdo con la lirica de Parsifal. No querido Julio Friedrich no estuvo loco nunca su problema fue neurológico y no siquiátrico (más bien pudo haber sido sicológico).

    Si nos procuramos la doctrina Darwiana del más capacitado o apto para la sobrevivencia nos encontraríamos como retrogradas a la era de las cavernas o mas bien ante la ley del mas fuerte, antes que intelectual, físico. Por lo menos de inicio, hasta caer de nuevo en el mundo civilizado que tenemos hasta hoy con todo y sus imperfecciones.

    Os ama
    Joise

  2. julio c valdez a dice:

    Hola, Joice.

    Ya veo que conoces a Nietzsche, desde el sentir y el pensar. Para mí, es un autor muy importante. Y creo que muchos han empleado su obra, o parte de ella, para fundamentar doctrinas y acciones que de seguro el mismo Nietzsche hubiera rechazado. Creo que, como todo genio, invita a leer su obra con un espíritu siempre abierto, pues cada vez que vivamos un texto suyo encontraremos soplos y significados nuevos. Pero también, al leerlo, tenemos que situarnos en su vida, en su historia, en los procesos sociales que le condicionaban. Y tal vez así podamos ver que su rechazo a lo judeocristiano es una condena a lo más bajo y acomodaticio del ethos europeo, a los significados culturales inducidos que querían apagar el espíritu transformador de las personas. Y tal vez podamos ver que el Superhombre no era una apología al individualismo capitalista, o al ego tiránico, sino una propuesta de tránsito (él empleó esta palabra), hacia nuevas posibilidades de crecimiento y desarrollo humano. Y, en este sentido, coincido contigo, no tiene que ver con la doctrina darwiniana, muy cuestionada hoy incluso desde las propias ciencias de la vida.

    En fin, Joise, mi invitación es a leer a Nietzsche desde nuestras vidas, y de cara al mundo que aspiramos construir.

    Gracias por tu aporte.



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