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CORRIENTES DE PENSAMIENTO DESDE AMERICA LATINA

 

Sabemos y sentimos el avance del sistema capitalista durante el siglo XX en América Latina y el Caribe. Avance que contó con la complicidad de gobiernos y sectores económicos locales. No obstante, ha habido movimientos, acciones y pensamientos que soportan una visión alterna del ser humano y del mundo.  En las siguientes líneas no se pretende ser exhaustivo. Sólo mostraremos brevemente algunas propuestas de interpretación de la realidad desde la región, a partir de enfoques específicos. A nuestro parecer, se trata de propuestas teóricas legítimas, surgidas en momentos históricos dados. Y, a pesar de que se sustentaban en realidades circunstanciales, su potencial de interpretación de la realidad aún pudiera aportarnos hoy elementos relevantes.

 

Estas propuestas no pretenden formular grandes teorías, sino referencias y claves para comprender realidades específicas (educativas, teológicas, económicas, entre otras). No constituyen cuerpos de leyes absolutas, sino propuestas de comprensión de universos vividos. Sus emisores son personajes ubicables  desde los puntos de vista geográfico, histórico y cultural (educadores, sacerdotes, economistas, militantes de la acción social…), y se refieren a los mundos de personas concretas, también reconocibles.  Indagan sobre el sentido de la realidad en las personas, en sus situaciones específicas (pobreza, explotación, marginalidad), y pretenden trazar lineamientos prácticos para la configuración de acciones de liberación, solidaridad, y búsqueda de sentido y de plenitud. He aquí algunas de estas propuestas teóricas:

 

Desde los años 60, diferentes autores latinoamericanos comenzaron a generar y difundir un conocimiento teórico alterno. Orlando Fals Borda, en los 60, representa un movimiento de generación de conocimiento sistemático, ligado al compromiso de emprender acciones para la transformación social. Para ello, esgrime la ya célebre investigación acción participativa. Pretendía que fuese el pueblo mismo el creador del conocimiento, desde sus propias referencias contextuales, y desde la acción misma de transformación de la realidad. Establecía la posibilidad de un desarrollo en espiral del conocimiento, que integraba el llamado conocimiento popular (empírico, práctico, inmediato) y el conocimiento científico (sistemático, replicable, mediato). Ello permitiría tanto el avance del conocimiento científico, como el aprendizaje orgánico en la acción y la organización comunitaria. Estos planteamientos alcanzaron una resonancia universal desde el punto de vista académico, pero no llegó a ser encarnado enteramente por las fuerzas de vanguardia.

 

Durante los 80 y 90, proliferaron diversos enfoques que intentaban replantearse tanto la visión de la realidad como los modos de aproximarse a ella y modificarla. Hubo construcciones teóricas (no desligadas de la praxis), desde enfoques socioculturales, económicos, religiosos y educacionales. La Teología de la Liberación (recordemos a Leonardo Boff, Gustavo Gutiérrez, entre otros), también supone al pueblo como un autor de conocimientos, y un actor de la liberación personal y social. El conocimiento se genera en el proceso que busca la emancipación de las llamadas estructuras de pecado: condiciones de dominación existentes en la sociedad, y sustentadas por los dueños de los medios de  producción y por las cabezas de instituciones militares, educativas, sociales y culturales. El ser humano concreto, específico, en su proceso de creación de sí mismo como sujeto abierto al futuro, a la trascendencia (Dios), a sus semejantes, genera sus propios esquemas y formas de aproximación a la realidad social, a la par que genera nuevas organizaciones para el soportes de la dignidad, la solidaridad, la fe activa y comprometida. Este pensamiento creció y se fortaleció en las organizaciones de base de la iglesia católica, y aún sufre la persecución severa por parte de las altas autoridades eclesiásticas, especialmente del actual Papa, Benedicto XVI.  

 

La teoría de la dependencia (Enzo Faletto, Fernando Cardoso, entre otros), de gran complejidad teórica, brinda esquemas para comprender mejor las sociedades del llamado tercer mundo, y su relación con las metrópolis (sociedades avanzadas, con mayor capital y superioridad militar y tecnológica). Nuestras sociedades latinoamericanas, por ejemplo, pueden mirarse como sociedades periféricas, cuyo comportamiento gira en torno a las demandas y requerimientos de las metrópolis. Es necesario, entonces, romper estos mecanismos de dependencia, conquistar cada vez nuevos espacios de autonomía, asumir la soberanía y la sustentabilidad. Esta teoría resultaba compleja para algunos, y si bien fue prolija en la generación de tesis y documentos, en cierto momento cesó su continuidad y su vigencia.

 

La educación popular (Julio Barreiro, equipo Dimensión Educativa, entre otros), está dirigida a las mayorías que viven situaciones de opresión por parte de los detentadores de las propiedades empresariales y de las instituciones que soportan tal orden. Esta educación trata de propiciar en estas personas actitudes y formas de ejercicio crítico de los poderes establecidos, a la par de forjar proyectos alternativos en diversos ámbitos (locales, nacionales, regionales). Se trata de ir abriendo nuevos espacios sociales de libertad, participación y gestión para las grandes mayorías, prefigurando rasgos de la sociedad del futuro, tales como la solidaridad, la armonía, la equidad, la justicia. Esta tendencia conserva su vigencia, aún cuando no cuenta con la resonancia pública de entonces. 

 

Estos diversos intentos de generar teorías sobre nuestra realidad, no agotan la totalidad de la creación latinoamericana. Aunque parten de supuestos diferentes, y abordan diferentes ámbitos de la realidad social, guardan notables coincidencias entre sí: 

 

1) El pueblo (totalidad de seres humanos que comparten una situación, un lugar y un destino común) es sujeto activo, dueño de su propio destino.

2) El pueblo se construye a sí mismo mediante un proceso de liberación de estructuras y formas impuestas a la consciencia por los dominadores.

3) El pueblo se opone a formas de dominación económica, política y psicológica, tanto a dominadores locales como a los grandes imperios, y

4) Las vías para lograr esta liberación implica el uso y generación de diversos recursos (conocimientos, formas dialógicas, estructuras de participación, redes comunicacionales). Puede convenir tener presentes estos elementos, mientras visualizamos los actuales retos del conocimiento en América Latina.

 

 

Julio C. Valdez

personas e ideas

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